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Diseño de cubierta: Daniela Gutiérrez Flores. Ilustración de cubierta e imagen: Amaury Brondo Gaona. 1a edición: abril de 2011. Monterrey, Nuevo León, México. Esta publicación tiene fines educativos y no lucrativos, por lo que queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.


La presente publicación recopila las memorias del II Congreso Vox Orbis: Eros y Literatura, organizado por la Sociedad de Alumnos de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, que se llevó a cabo los días 16, 17 y 18 de Marzo de 2011 en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México.


ÍNDICE Prefacio

pág. 9

Sexualidad en la nueva narrativa mexicana Tryno Maldonado

pág. 7

El deseo: pulsión de vida en Los nombres del aire de Alberto Ruy Sánchez Jorge Alberto Andrade Sánchez

pág. 15

Ponencia pág. Autor Ponencia pág. Autor Ponencia Autor pág.


PREFACIO

Me llena de alegría y de orgullo estar aquí hoy frente a ustedes. Inauguramos hoy la segunda edición del congreso Vox Orbis—voz del mundo— organizado por la sociedad de alumnos de nuestra carrera. Este congreso constituye el esfuerzo más grande de nuestros estudiantes por promover, compartir y celebrar lo que más nos apasiona: la literatura.

La presente edición del evento está dedicada al vínculo estrecho que poseen la literatura y el erotismo: ese complejo fenómeno humano que encierra el cuerpo, la sexualidad, el amor, el deseo, la belleza. La elección del tema no es gratuito. De Safo a Octavio Paz, pasando por Georges Bataille y Vladimir Nábokov, sin dejar de lado las manifestaciones artísticas populares, el erotismo parece encontrar su máxima expresión en la palabra escrita. El mismo Octavio Paz decía que el erotismo era una metáfora de la sexualidad, mientras que la poesía era una erotización del lenguaje. Sólo a través de la pluma de los escritores, del pincel de los pintores, del verdadero lenguaje artístico es que lo más elemental se convierte en poesía, que tiene la capacidad de elevarse, convirtiéndose en objeto de contemplación estética.

Hablar sobre el erotismo y el arte implica abrir la mente de los estudiantes, rompiendo tabúes y despertando una reflexión profunda sobre la naturaleza humana. Hoy, al ser continuamente bombardeados por imágenes vacías sobre sexo y el cuerpo humano, esta reflexión se vuelve no sólo pertinente, sino también indispensable. Hace unos días, en el encuentro con el premio Nobel, Vargas Llosa decía que la literatura crea ciudadanos más críticos. Ojalá quienes pugnan por una sociedad con mejores ciudadanos se casaran con esta idea, porque hoy más que nunca en la historia de nuestro país, la presencia de las humanidades y las artes resulta fundamental.

Abrirle las puertas a la literatura significa dirigir nuestra mirada hacia el individuo, hacia aquello que nos hace humanos. Sólo estas perspectivas nos darán las herramientas para comprender y afrontar la realidad que vivimos.

Discurso inaugural pronunciado por Daniela Gutiérrez, presidenta de la Sociedad de Alumnos de la Lic. en Lengua y Literatura Hispánicas del Tecnológico de Monterrey.

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Sexualidad en la nueva narrativa mexicana Tryno Maldonado

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novela de cincuenta cuartillas que no cuenta nada. Te hablará de Sebald y Levrero, la memoria y el discurso vacío. Que su novela inédita no es novela pero que aniquilará a la novela como género. Desdeñará por

Sexualidad en la nueva narrativa mexicana Tryno Maldonado

sistema a los escritores del norte aunque sea incapaz de señalar Tijuana o Monterrey en un mapa. Desdeñará a los escritores del sur, aunque lo más al sur que conozca sea Puebla o Xochimilco. Desdeñará a los escritores de la mesa de al lado. Y a los de la barra. Y a los que acaban de ir al baño. Se cagará en los que hayan ganado becas y premios literarios o publicado en el extranjero. Así que, por favor, cuando llegue ese momento de la noche, nunca, por ninguna razón, pierdas de vista que a fin de cuentas sólo lo quieres para cogértelo. Tampoco es para tanto. Pon la mente en blanco. Cuenta en reversa desde mil. Tararea en tu mente una canción que oíste en la radio. Pasado ese desagradable momento en que tu escritor hablará de literatura pero, sobre todo, de sí mismo, felicidades, estarás del otro lado. Recuerda todo el tiempo que aunque él

1. Cómo cogen los jóvenes escritores mexicanos

insista en invitarte, no trae ni un clavo en los bolsillos. Paga sólo tus tragos. No eres beneficencia pública.

Cógete a un escritor joven mexicano. Puedes encontrarlo en cualquier cantina de la Roma, del Cen-

varte a su departamento es fundamental que no pierdas de vista sus zapatos. Si son Ferragamo, trabaja o

tro o la Condesa. Elígelo entre los que rondan los treinta años. Lo menores de eso son tan pobres que

escribe en Letras Libres. Te cogerá en posición de misionero y en cinco minutos tendrás que fingir un orgas-

no te podrán invitar ni un trago. Pero evita a los mayores de cuarenta. A esos ya no se les para tan se-

mo. Si son Flexi, es probable que sólo sea periodista y publique en Replicante o la Jornada. Te cogerá toda

guido. Demasiado alcohol. Demasiada cocaína. Dicen que alguna vez estuvo de moda entre ellos.

la noche pero querrá a quedarse a vivir en tu casa al siguiente día sin pagar un peso de renta. Si son unos

Evita el melodrama de los que están casados. Que tu escritor no sea ni muy sucio ni muy limpio. Fí-

Converse estratégicamente desgastados será un hispter que trabaja para una revista de arte contemporáneo

jate que se haya esmerado lo suficiente en ese look despeinado o en los indicados lentes de pasta.

que paradójicamente tiene en sus páginas más publicidad que arte. Código. Celeste. O la Tempestad. Se

Si es pobre, que no pretenda ser chico condechi, haber estudiado en el Franco-Alemán y en la Ibero y

considerará demasiado cool para tener sexo contigo. Si son Nike o Adidas olvídalo. Tu escritor es virgen.

hablar tres idiomas. Si es rico, por favor que no vista de huipil y suela de llanta, ni diga pertenecer a

Sólo lee comics, vive con su madre y no tiene trabajo. En fin. Estás a tiempo de dejar esas fantasías de co-

la APPO y que los fines de semana trabaja en una editorial de Oaxaca. Los clasemedieros son los que

gerse a un escritor e ir pensando en los pintores. O en los políticos. Ingenieros en sistemas. O arquitectos.

mejor cogen, pero tienen la pésima costumbre de no usar condón y dejar mojada la tapa del baño.

De mantener a los escritores ya se encarga CONACULTA y el Estado. Cuando al final quiera lle-

Sea cual sea tu elección, no te quedes mucho cerca con los que para describir a otro escritor usan la

2. Una generación huérfana, desencantada y asexuada

palabras fresa o naco. Lo más seguro es que sea un escritor fresa pretendiendo ser un naco. Que no sea ni muy festivo ni muy azotado. Que no haya sido Joven Creador del FONCA, becario de la Fundación para las Letras

Mexicanas o del Centro Mexicano de Escritores. Eso, en al menos dos sentidos, lo habrá castrado. Evita a los

En su mayoría puede decirse que a la que pertenecen los nuevos narradores y narradoras mexi-

canos, es una generación huérfana y dispersa. Pero también asexual. Y, en algunos casos, asexuada

que son hijos de políticos o diplomáticos. Nadie quiere amanecer muerto o encajuelado. Procura que sea de

o castrada por el espíritu de corrección política que flota en el aire de la época. Tomemos como corte

temperamento melancólico pero que sepa atizar las ascuas del sarcasmo. Que le de un aire a Salvador Elizondo

generacional a aquellos autores nacidos a partir de 1970 y hasta inicios de los ochenta. Hablemos de

o a Juan García Ponce cuando eran jóvenes. Pero jamás a Octavio Paz ni a Carlos Fuentes. En esos casos huye

aquellos narradores y narradoras que han profesionalizado su escritura y que han conjurado comuni-

como si el diablo te persiguiera. Si es feo como Monsiváis o Ibargüengoitia, acéptalo sólo si te hace reír de vez en cuando. Pero, eso sí, que invariablemente nunca le falten chismes de sus coetáneos. Sobre todo los sexuales.

dades lectoras gracias a sus carreras, lo significativo de alguna de sus obras, o por haber aparecido en

tuño, Jaime Mesa, Brenda Lozano, Luis Felipe Lomelí, Ximena Sánchez Echenique, Bernardo Esquin-

sellos consumados. Alberto Chimal, Heriberto Yépez, Yuri Herrera, Guadalupe Nettel, Antonio Or-

Considérate entonces de suerte si tu escritor es guapo. La mayoría escribe porque son feos como

ca, Liliana Blum, Jorge Harmodio, Gilma Luque, Nadia Villafuerte, Juan José Rodríguez, Emiliano

el escroto de un perro. Sobre todo los críticos literarios. A esos les gusta quedarse en casa a masturbarse

Monge, Rafael Lemus, David Miklos, Bernardo Fernández, Julieta García González, Eduardo Montag-

con dildos réplica del pene de Walter Benjamin. De los poetas ni hablamos. Desconfía de tu escritor, sin

ner, Antonio Ramos, Martín Solares, Vivian Abenshushan, Luis Jorge Boone, Daniela Tarazona, Édgar

embargo, cuando al tercer o cuarto trago le aflore la falsa modestia. Dirá que aún no ha publicado porque

Omar Avilés, Will Rodríguez, Pablo Raphael, José Ramón Ruisánchez, Gonzalo Soltero, Socorro Ve-

todavía no es el tiempo. Que incluso no le importaría morir inédito. Que no le interesan las modas literarias.

negas, Mariño González, Eduardo Huchín Sosa, por nombrar solamente a algunos de los más visibles.

Que devora a los clásicos. Que todo lo que se publica en México actualmente es una mierda. Citará mucho a Barthes y hablará de crear un lenguaje dentro del propio lenguaje. Que lleva cinco años escribiendo una

Salvo los casos de los autores con más tiempo en activo, se puede hablar de que ésta es la primera generación

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que comenzó a escribir y publicar sin la sombra de una figura patriarcal y hegemónica. Tomemos en cuenta

En diciembre de 2009, Katie Roiphe, profesora de crítica en la NYU, publicó en el New York Times

que cuando Octavio Paz recibía el Nobel los más viejos estaban cumpliendo veinte años y los más jóvenes

un ensayo titulado The naked and the conflicted, donde habla de cómo la corrección política ha mermado

cursaban apenas la primaria. Cuando se carece de padre, suele recurrirse al abuelo o al tío: otras tradiciones,

directamente en la manera de abordar los temas sexuales en la nueva generación de narradores varones

otras geografías, pues las nuestras no ofrecen nada en particular que le quite el sueño a los nuevos autores. Para

norteamericanos. Entre los que enlista a Benjamin Kunkel, Dave Eggers, Jonathan Safran Foer, Michael

esta generación ya no es cool cometer parricidio simplemente porque no hay contra quién hacerlo. El poder

Chabon o David Foster Wallace. Roiphe cuenta que una de sus alumnas leía en el metro la entonces más

patriarcal está disperso y no tiene rostro. La tradición nacional tampoco es algo que les entusiasme ni les quite

reciente novela de Philip Roth, The Humbling. Llegada la escena de un trío sexual sumamente explícita,

el sueño. Ésta ha sido la primera generación que recibió buena parte de su educación sentimental del plástico de

como de las que Roth sabe echar mano, la estudiante no pudo contener las ganas de arrojar al libro a la

una computadora, que fue arrullada con la televisión y entretenida con el joystick de un Atari o de un Nintendo.

basura. Y lo hizo. No era un berrinche post-feminista lo que la impulsaba a hacerlo, cuenta Roiphe, pues

Ésta es, además, una generación que nació cuando ya todo parecía estar hecho y cuando aparente-

la chica, como todos su alumnos, estaba bastante sensibilizada en la crítica literaria feminista de Kate Mi-

mente ya nada nuevo se podía hacer. Las formas y los temas, desde luego, estaban agotados. To-

llett. Lo que llevó a la muchacha tirar el libro fue el coraje y la indignación, que la repugnó y la sacudió.

dos los prefijos “post” como formas de resistencia o de novedad (post-humanismo, post-rock, post-punk, post-hardcore, etcétera), comenzaron a sonarles sospechosos. Por eso es que tal vez

Ese mismo brío, esa provocación, y esa misma ambición de sacudir a los lectores que los na-

creyeron que su misión en el mundo y dentro de la tradición era simple: pasársela bien, no to-

rradores más jóvenes parecen haber renunciado. Lo que lleva a preguntarse a la autora del ensayo cómo

marse nada en serio –mucho menos a ellos mismos– y tratar de ser cada día un poco más cool.

es posible que un escritor tan viejo y ahora parte del establishment literario como Philip Roth siga provocando en los lectores ese misma reacción de disgusto moralino a más de cuarenta años de las esce-

Manifestarse en contra de su propio tiempo está mal visto, mostrar empatía por causas políticas

nas explícitas de los tríos de El lamento de Portnoy (como aquella donde Portnoy contrata a un puta y

o ideológicas ya tampoco es trendy. Cuando abrieron los ojos, se dieron cuenta de que se había vendi-

ésta a la vez trae a su hijo menor a la cama para completar el trío). Pareciera que después de que Nor-

do muy bien la idea de un mercado global, un mercado que astutamente había aprendido a adoptar y a

man Mailer, John Updike, Saul Bellow y el mismo Roth, que agotaron en sus novelas todas las posibi-

vender incluso las posturas estéticas en apariencia más radicales y contestatarias. Por eso en el presente

lidades y variaciones del acto sexual de los jóvenes de la clase media de los Estados Unidos durante los

la rebeldía y la radicalidad son lo más chic, y ellos, los nuevos escritores, han optado por resguardarse

años sesenta, el sexo como tema de ficción había quedado clausurado. Es más, prohibido, vuelto tabú.

en las formas tradicionales para, bien que mal, resistir a este embate. Lo reaccionario, lo conservador, las formas probadas, la literatura de géneros (novela negra, novela histórica, ciencia ficción, fantasía, te-

La revista Time, en su artículo de portada de 1968, llegó a denunciar la novela Pare-

rror, etcétera) están siendo sus trincheras de resistencia. ¿Habrá una muestra más clara de lo contradic-

jas de John Updike por considerar que “las escenas sexuales, y el lenguaje que las acompa-

torio que resulta el espíritu de esta generación? Sólo algunos de estos narradores se han aventurado a un

ña, son remarcablemente explícitos, aun para esta nueva era de total libertad de expresión”.

poco más: llevar a cabo ejercicios posmodernos de hibridación, parodiar las formas tradicionales e intentar

Todo lo que, traído a nuestro continente narrativo, podríamos formular de otra manera: ¿cómo es posible que la

sabotear los grandes relatos, pero ésos son los menos y sus resultados de variada suerte. Los registros

sensibilidad de algunos lectores de una nueva generación sigan quedando perturbada por la penetración simul-

narrativos son también ascéticos, algunos pretendidamente neutrales, nadie quiere ensuciarse las botas.

tánea de las dos vergas que recibe Mariana en la primera escena de Crónica de la intervención de Juan García Ponce? Y más aún, ¿por qué parecería que nuestros nuevos narradores mexicanos, a diferencia por ejemplo

Estamos,

en

ción

conservadora.

su ¿La

mayoría, “gran

frente novela

a

lo

mexicana”?

que ¿En

promete qué

ser canal

una pasan

de los pertenecientes a la Generación de Medio Siglo, no practican el sexo, ni dentro ni fuera de sus libros?

generaeso?

En los nuevos discursos de los narradores mexicanos el individuo queda desnudo y vindicado a pesar

de (o gracias a) lo conservador de sus formas, con las que no se distraen más. Lo que estos narradores

donde son referidas con elegancia literaria la sodomización, el masoquismo, el juego de roles, la esclavitud

exponen, sea cual sea el escenario, real o ficticio (es lo de menos, que no los distraiga el topos), son las

sexual, pero donde, por un aparente prurito del narrador, jamás aparece la palabra pito, ni verga, por no hablar

nuevas dinámicas que ha encontrado el ser humano para entablar nexos con la comunidad en este nuevo

ya del más correcto pene. Vamos, ni una triste y solitaria felación. O el libro Pétalos, de Guadalupe Nettel, que

orden global, las maneras en que se reagrupa y en que se reconoce en sociedades propias o de exterrados

se nos anuncia como un libro de “cuentos incómodos” por su supuesto contenido desvergonzado y pervertido,

en otros países. De esta forma, la identidad de lo mexicano ya no es buscada con anteojeras en su propio

pero donde curiosamente no existe una sola referencia sexual ni por alusión y donde lo más incómodo que el

ombligo ni en la propia literatura, como sucedía desde la novela de la revolución hasta la novela de Carlos

lector encuentra es pasar la página con el dedo ensalivado. O tomemos Rabia, de Jaime Mesa, novela como

Fuentes, sino que ahora es indagada mediante dispositivos mucho más sutiles: por efecto de un barrido de

las de Updike dedicada a las infidelidades pero donde lo más cercano a una escena sexual que uno hallará son

resonancia sobre el exterior que espera que le sean retornadas señas de identidad, en la silueta que pro-

los chats de tono adolescente que un hombre de mediana edad sostiene en Internet impostando identidades.

yecta sobre los otros y en las maneras en que intenta crear vínculos afectivos y de identidad con aquéllos.

La

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Tomemos como ejemplo la novela Los esclavos, de Alberto Chimal, de tema abiertamente sexual,

respuesta,

trasladando

los

argumentos

de

la

propia

Roiphe,

pare-

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ce

ser

sencilla:

nuestros

nuevos

narradores

son

demasiado

cool

para

hablar

de

la oferta de la experiencia seudo amorosa y el aparato erótico-mercadotécnico que la envuelve, se ha

sexo.

multiplicado y diversificado. Y aún así nuestro anhelo nunca se verá satisfecho. Amor libre de ataduras

Demasiado auto-conscientes, demasiado movidos por cierta clase de educación moderadamente

en un mercado con una oferta vastísima para ser explorada cuanto antes. Sin compromiso a largo pla-

liberal pero políticamente correcta que linda a veces con el franco puritanismo, al grado que sus perso-

zo. Pero con póliza de garantía para una satisfacción instantánea o a ejercer nuestro derecho a reposi-

najes se frenan, contienen sus propios impulsos sexuales. El sexo, su abundancia, su anhelo, están pasa-

ción. No por nada, una de las industrias más exitosas de nuestra época es la industria de los deshechos.

dos de moda en nuestra literatura. Darle demasiada importancia en un libro de ficción, crear un personaje que le otorgue demasiado peso al sexo como una fuerza avasalladora, una vindicación de movimiento

El amor tradicional es uno de los mitos fundacionales decimonónicos del capitalismo y del liberalis-

existencial igual que en las novelas de Norman Mailer, será juzgado por nuestros autores y por nues-

mo patriarcal que sostienen su institución de control más refinada: la familia modular. Tal vez, por el contra-

tros críticos como algo poco trendy y retrógrado. La pasividad, un candor abúlico, una visión infanti-

rio, todo lo que hay de intención en una relación sexual sea el conjuro de todos esos temores, la exaltación

lizada del sexo, una profunda ambivalencia ante el propio apetito sexual, son en cambio valorados en

de esos instintos arcanos, la vuelta a la animalidad y al núcleo de esas tinieblas que a los seres humanos,

nuestra nueva literatura como signos de una complejísima y admirable vida interior. Sobre todo si esa

imbuidos en las maravillas rutilantes y embaucadoras de la liberación de los mercados y la mundialización

vida interior está teniendo lugar en un departamento de la Roma o de la Condesa. Estos autores, iróni-

de sus enseres domésticos, nos aterra mirar de frente. Al fin, todo se reduce a la confrontación del deseo más

cos y desconfiados frente a los grandes relatos, demasiado concientes y enamorados de sí mismos y de

profundo y puro de aniquilación que puede existir entre dos personas o más que deciden colapsar sus cuer-

sus talentos literarios y de sus lecturas, clausuran casi siempre el mínimo monto de abandono necesario

pos de formas violentas y que comparten sus fluidos. Sólo el compromiso con la auto-destrucción demuestra

en sus procesos de escritura para interesarse por un acto básico como el sexual, tal como indica Roiphe.

la pasión abismal por lo real, la pasión a muerte por el otro, la pasión por el sujeto inherentemente político que se fragua cuando dos cuerpos o más colisionan desnudos, la pasión por vivir auténtica y completamente en un mundo que tiende a uniformarlo y a edulcorarlo todo. El orgasmo y sus preámbulos son la válvula de

3. Prácticas de mercado y prácticas sexuales

salida de todas esas cosas, el mecanismo infatigable alrededor del cual se han erigido las civilizaciones desde hace miles de años. Lo que viene cuando todo se termina, lo que pasa cuando los cuerpos se desembonan y se destensan, es mero asunto de etiqueta, y en nada, absolutamente en nada, tiene que ver con lo primero.

Parecería que para toda una generación, desear es el anhelo consumir. De aniquilar al otro o a la otra. Fornicamos, follamos, garchamos, templamos, cogemos apremiados por una fiebre ingobernable de destrucción del otro cuerpo. Todo lo demás, lo que sucede en la cama antes y después de coger, es mera política.

El concepto de erotismo, el concepto de amor, son maleables, se adaptan al espíritu de una épo-

Somos cautivos de una estética sexual de lo efímero fomentada por la sociedad de consumo y sus rit-

ca según lo requiera en turno el sistema hegemónico. Una de las grandes confusiones de nuestro tiem-

mos. Hay belleza en un episodio sexual en tanto se mantenga así, episódico, de eyaculación estéril, li-

po ha sido la de entender al amor como el suceso pedestre de una persona que se une a otra para paliar

bre de riesgo de contagio, libre de ataduras y consecuencias a futuro entre los implicados. En un sec-

la apabullante soledad y el vacío de nuestro siglo que, de otra forma, serían intolerables. La idea con-

tor de la generación de mexicanos de clase media individualizada y narcisista al que pertenezco,

yugal de espíritu en equipo y de tolerancia mutua, como dos empleados trabajando eficiente y mansa-

suele confundirse la lógica de los mercados y las prácticas de consumo con una moral liberal y pro-

mente para una empresa, es relativamente nueva y la engendró el capitalismo para justificar y promo-

gresista. La idea de compromiso, de enamorarse o de entablar un vínculo sentimental duradero ha-

ver un boom mercantil, los principios de competencia y de acumulación a partir de ese núcleo. De la

cia un compañero sexual es a veces considerada, por tanto, obsoleta. Reaccionaria. Incluso peligrosa.

misma forma que en el período de entre guerras que alentó un baby-boom, se tenía la ilusión de que la clave para un buen matrimonio estribaba en las apropiadas técnicas sexuales y la consiguiente satisfac-

ción de ambas partes, idea que alimentó la óptica de un pujante nuevo mundo, técnico e industrializado.

Con frecuencia, desear es confundido con amar. Hemos rebajado tanto los estándares con que

nuestros padres y madres solían medir el fenómeno conocido como amor, que solemos creer haberlo encontrado incluso en una cogida casual de una noche. Pero no hacemos más que apaciguar el temblor

existencial por unas horas. Llenos de angustia por el vacío que esa pérdida nos causa al siguiente día,

puesto, el del amor: del énfasis en ahorrar al énfasis en gastar, de la autofrustración como puen-

siempre en pos de la novedad, hijos e hijas de la cultura del consumo, cada vez que iniciemos una expe-

te para el éxito económico al consumo como principal satisfactor para el individuo angustia-

riencia seudo amorosa lo que realmente haremos será desaprender desear, desaprender a amar. Consu-

do. En lo sexual como en lo material la clave era no postergar la satisfacción de ningún deseo.

mir implica desechar. Cerrar la posibilidad con la certeza de que el siguiente encuentro, la versión 2.0,

Consumir. Coger. Son las consignas. No es de extrañarse que en nuestra época tanto las salas del sexo

será más estimulante, más satisfactoria, menos dolorosa. Eso solamente hasta que aparezca la versión 2.1.

servicio como las salas de los sicoanalistas, estén saturadas no de gente que se culpa a sí misma por sus

excesos, sino de clientes y de pacientes que se sienten culpables por no excederse lo suficiente día a día.

Al concluir la Primera Guerra Mundial, el espíritu del capitalismo viró y con él, por su-

Así como el mercado multiplica sus productos para satisfacer nuestra ansiedad y nuestro vacío,

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Al igual que las de Darwin, las teorías de Freud cobraron un auge inusitado durante el siglo XX

gracias a que el capitalismo encontró en ellas un aliado inmejorable para apalancar su piedra angular: la idea del hombre prevaleciente. El capitalismo se debatía por demostrar que era el sistema en correspondencia a las necesidades y prácticas naturales del ser humano, por lo que hubo que comprobar que los seres humanos eran hostiles los unos a los otros, competitivos, por naturaleza. Los economistas lo demostraban teóricamente a partir del insaciable deseo de beneficios económicos, los darwinistas mediante la ley de supervivencia del más apto, en tanto que Freud solapó al sistema del capital a partir de la suposición patriarcal y androcéntrica de que el motor básico del hombre era su deseo incontenible de cogerse a todas las mujeres que se le pusieran delante, incluida a su hermana y a su madre, y que lo único que le impedía hacerlo eran las diversas presiones sociales y culturales que lo reprimían. Así, de la urgencia de liberar el deseo sexual a la urgencia de liberar los mercados para obtener la ilusión de plenitud, satisfacción y felicidad, ya nada más había un paso. Y lo dimos.

La sexualidad de los jóvenes de clase media en nuestro país es una cosa complicada. Si la ge-

neración de algunos de nuestros padres y madres, especialmente los del centro del país y de ciertos estratos de las clases media y alta, pasó por una revolución sexual, la generación a la que pertenecemos le puso hielo seco a esas luchas que no tenían efecto práctico en las trincheras sino en sus camas, y que fueron, a diferencia de las otras, las que realmente prosperaron. En cambio, la esperanza desbordante puesta por nuestros gobiernos en la liberación de los mercados nos trajo a nosotros, una generación entera, únicamente una sexualidad chata, una sexualidad de valores binarios, una sexualidad aséptica, una sexualidad de poliestireno, una sexualidad de realidad virtual y banda ancha.

El deseo: pulsión de vida en Los nombres del aire

Jorge Alberto Andrade Sánchez

Nuestra revolución no fue troskista ni marcusiana, sino profiláctica y cibernética. Nuestra revo-

lución no fue una que tuviera como armas la pastilla anti-conceptiva ni mucho menos un fusil, sino una que abrevó de una sicosis profiláctica mundializada y encapuchada en un condón. El terror al cuerpo del otro. Terror a nuestro propio cuerpo. Al final nos despojamos de nuestros cuerpos, nos volvimos cyborgs. Con los tratados de libre comercio nos fueron gravados los costos arancelarios para el intercambio sexual en esta doctrina global de ascetismo y profilaxis. Las nuevas enfermedades se cargaron de connotaciones admonitorias y de miedos y se izaron como estandarte contra la sodomía en una razia que formaba parte de un discurso reaccionario, moralizante, con plena justificación y respuesta en esa nueva asepsia asexuada promovida por un régimen mundializante sin cuarteles y sin cabeza visible contra el que, por lo tanto y de quererlo, es imposible rebelarse.

Pertenecemos,

en

fin,

a

una

generación

cuya

educación

sentimental

tuvo

efec-

to en una época en que se abrieron las fronteras de los países para el libre tránsito de las mercancías, pero en la que se decretó el cierre de puertas para el libre intercambio sexual entre individuos.

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MemoriasEros y Literatura  

3er parcial - Diseño editorial

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