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Tiempo para Cuentos AntologĂ­a


Tiempo para Cuentos AntologĂ­a


Titulo Original:Tiempo para Cuentos Autores: Daniela Bostock Galloway Portada: Jose Maria Flores

1a Edición: Abril 2014

© 2014 DLIBROS Editorial.

Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

© 2014 DLIBROS Editorial. México, D.F. Prado Sur #230 ISBN:84-9836-6718-922 Déposito Legal:NA-1108-7625 Fotocomposición: Equitherma Impresión: Gráficos México Impreso en México

Tiempo para Cuentos Antología Daniela Bostock Ana Marina Gómez Jose Maria Muñoz Miguel Franco Maria Elena Robles Cesar Silva Ivan Maraña Lizbeth Gutierrez Leila Guja


El Relojero Daniela Bostock Galloway

Cada uno de los relojes movía sus manecillas de forma sincronizada, tic toc sonaban a las siete de la mañana. La casa de Bernard Muller se encontraba silenciosa con excepción de los numerosos relojes sobre la pared y los ronroneos de su gato llamado “Baron”. Por cada segundo que pasaba, Bernard respiraba. Cada segundo que se movían las manecillas de los relojes, significaba un recuerdo perdido para él. Bernard a sus 78 años de edad trataba de medir su vida con el tiempo. Para él, todo era el tiempo. Con el tiempo había envejecido, con el tiempo había perdido lo que más había querido y había visto a sus seres queridos irse de su vida. Cada segundo, cada minuto, cada hora tenían un significado. El tiempo incluso había marcado su rostro con sabiduría. Su obsesión por el tiempo lo había llevado a coleccionar relojes desde que era pequeño. El tiempo lo había dejado en completa soledad. No era por extrañarse, que Bernard se dedicara al negocio del tiempo. Actualmente era conocido por tener la mayor colección de relojes en todo Paris. Algunos incluso tenían más de 200 años. Su soledad lo había llevado a que llegara a desarrollar el gran don de poder arreglar cualquier tipo de reloj. Pero lo más sorprendente de todo esto, es que Bernard tenía el poder de controlarlo, en el sentido de permitir a las personas revivir recuerdos. Este talento lo había heredado de su padre que también había sido un relojero. Para que Bernard hiciera esto, una persona tenía que llegar con un reloj que tuviera un gran significado y pedirle a Bernard revivir un determinado momento. Con esto, Bernard desarmaba el reloj y lo volvía armar. Después ponía una determinada fecha y hora que aquella pers ona ansiaba en revivir. 1


El último hombre al que había ayudado era un señor llamado Jean Luc, el ansiaba por ver a sus hijos de nuevo antes de que se fueran a la guerra y fallecieran. Llegó con Bernard y le trajo un reloj que le había dado uno de sus hijos, Bernard sin dudarlo aceptó. Logró que Jean Luc viera a sus hijos de nuevo y lo vio morir frente a sus ojos. Bernard no sabía bien lo que sucedía cuando las personas volvían a revivir sus recuerdos. Su padre le había contado que esto sucedía porque iba contra el ciclo natural de la vida, se podían atesorar momentos de la vida pero no volver a vivirlos ya que en la vida uno debía ir hacia delante y no hacia al pasado. Si uno regresaba a aquellos recuerdos, simplemente se borrarían y no quedaría ninguna razón por la cual haber vivido. Pero Bernard ya no se dedicaba a esto, le traía demasiado dolor. No era tan sencillo ver a las personas revivir algún recuerdo, ya que con esto venia la muerte. Bernard había visto a demasiadas personas morir y no era fácil. El les explicaba las consecuencias, pero ellos tenían tantas ganas de regresar a un determinado momento que no les importaba. El las entendía, el sentía el mismo sentimiento de querer regresar aunque fueran 5 minutos con su esposa Geraldine. Era la única persona que había amado y desde su muerte todas sus ilusiones se habían ido a la tumba con ella. Eran las 8 de la mañana y finalmente Bernard se paró de su cama y prendió la radio. Se escuchaba la canción de “The Starlit Hour” de Ella Fitzgerald, Bernard se preparo un café y se sentó en su mesa para ver fotos viejas. El tiempo pasaba demasiado lento para él. Los días de Bernard eran muy rutinarios, todos los días se despertaba a la misma hora, se preparaba un café, algo de comer y se sumergía en alguna novela. En la tarde, siempre iba al “Parc de Bercy” a observar el atardecer. En la noche regresaba a su casa y pasaba horas tratando de arreglar un reloj que le había dado su padre cuando era pequeño. Era el único reloj que no lograba arreglar. Ese reloj había dejado de funcionar el día de la muerte de su esposa. Pasaba todas las noches tratando de descifrar que hacer para que el reloj volviera a mover sus manecillas, pero parecía inútil. Llevaba haciendo esto desde hace 30 años. Su determinación por arreglarlo era por intentar regresar a estar con su esposa. Su padre le había dicho que él tenía el don de regresar a las personas a ciertos momentos en la vida pero que por más que intentara él no lo podría hacerlo consigo mismo. Pero a Bernard no le importaba, el recuerdo de su esposa era lo único que lo mantenía vivo pero a la vez, el dolor era tan fuerte que muchas veces deseaba estar muerto para estar junto con ella. El estaba decidido en lograr regresar al recuerdo de ella. Ese reloj lo era todo para él. Una noche, Bernard se encontraba trabajando en su reloj. Era inútil, el reloj simplemente no funcionaba. Bernard ya había intentado de todo, había cambiado todas las piezas numerosas veces, lo había desarmado y vuelto a armar numerosas veces. 2

Desesperado y en desconsuelo, se vio en un espejo que se encontraba justo enfrente de su mesa de trabajo. Se vio la cara y se dio cuenta que era patético seguir intentando. Habían pasado ya demasiados años sin lograr nada. En furia, se levanto de su silla y aventó el reloj contra la pared y comenzó a llorar en desahogo. De pronto, agarro el álbum de fotos con su esposa y lo abrazo. Desesperado, se dirigió a la cocina y agarro un gran cuchillo y se lo puso sobre la garganta y cayó al suelo en llanto. La casa de Bernard se encontraba en total silencio, el gato “Baron” se acercó a su dueño mientras este lloraba desconsoladamente en el piso con el cuchillo en mano. De pronto se comenzó a escuchar un ligero tic toc, diferente al sonido de los demás relojes en su casa. Bernard levantó la mirada y se dio cuenta que el sonido provenía del reloj que tanto había intentado arreglar. Se levanto lentamente y se dirigió al reloj que se encontraba derrumbado en el piso. Lo levanto y en asombro verificó que el reloj después de 30 años volvía a funcionar. Se sentó de nuevo en su mesa y se observo en el espejo, se sentía en un ensueño. Recordó, la fecha y la hora en la que quería estar y lentamente movió las manecillas y la fecha para que marcara el 14 de agosto de 1938. Instantáneamente imagino aquel momento donde se encontraba con su esposa sentados en el “Parc de Bercy”, era una tarde de verano y empezó a sentir el viento en su cara. Bernard abrió los ojos y se observó de nuevo en el espejo, nada había cambiado pero seguía sintiendo el viento sobre su rostro. De pronto todos los relojes en su casa comenzaron a sonar. Eran las 12 de la noche, sólo se escuchaban los tic tocs de cada uno de ellos. Observó detenidamente su reloj más preciado y cayó de nuevo en desconsuelo. Nada había sucedido. De pronto las manecillas se detuvieron. Bernard se paró de su silla y se dirigió al baño para lavarse la cara, hasta que se dio cuenta que no había absolutamente ningún sonido en su casa, no se escuchaba ninguna manecilla de ninguno de sus numerosos relojes. Regresó a su mesa y observó a su gato inmovilizado. Observó los relojes y todos habían dejado de funcionar. De pronto su reloj preciado comenzó hacer tic toc de nuevo. Lo agarro y se dio cuenta que la fecha se había cambiado por si sola al momento actual donde se encontraba, hasta que las manecillas rápidamente comenzaron a moverse en sentido contrario. Bernard comenzó a marearse y observó como los otros relojes en su casa hacían lo mismo. Todos movían las manecillas en sentido contrario. Comenzó a sentir un fuerte ardor en el pecho y se sentó en su silla totalmente desorientado. Cerró los ojos y volvió a sentir el viento sobre su rostro. Bernard comenzó a escuchar la risa de Geraldine diciendo su nombre. Lentamente abrió los ojos y se encontraba en el “Parc de Bercy”, ahí estaba ella, Geraldine, el amor de su vida. -Bernard, ¡no te duermas! – 3


Lentamente Bernard se reincorporó y vio a su hermosa esposa. Por fin había podido regresar a aquel recuerdo que tanto atesoraba. Se sentía vivo de nuevo. Parecía un sueño. Geraldine se sentó junto a el y lo abrazó detenidamente. Se encontraba en el momento más feliz de su vida. Geraldine lo jalo y caminaron por el parque. -Te he extrañado demasiado…he estado esperando por esto durante 30 años- le dijo Bernard. -¿De qué hablas? Andas muy raro hoy Bernard- exclamó Geraldine. De pronto, Bernard sintió un sentimiento de nostalgia. Se encontraba en el recuerdo más feliz de su vida que a la vez era el más amargo. Aquel día donde se encontraba en ese exacto momento era el día que había muerto su esposa. El valoraba tanto ese recuerdo por haber sido la última vez que había estado con ella. Geraldine había muerto tras haber sido asesinada por un hombre que estaba obsesionada con ella. -Geraldine, vámonos a casa- exclamó Bernard. -No pienso estar en casa, hay que aprovechar el día- le contestó Geraldine. -Tengo un mal presentimiento-¿Sobre qué?- preguntó Geraldine. -Siento que algo malo va suceder, por favor hay que regresar Bernard observó su preciado reloj y vio la hora. Recordó la hora en que había sido asesinada frente a sus propios ojos. El maravilloso recuerdo se había convertido en una pesadilla. Faltaban tan solo unos pocos minutos para que sucediera. -¡Ven conmigo!- exclamó Geraldine. Bernard trató de jalarla, pero Geraldine no se dejaba. Comenzó a correr y a Bernard no le quedó nada más que seguirla. De pronto, todo se empezó a tornar borroso para él. El cielo se había nublado y sentía que no podía alcanzarla. Geraldine comenzó a desaparecer y vio a lo lejos al asesino. Bernard comenzó a gritar, pero no salía ni una sola palabra de su boca. Estaba detenido en el tiempo. El parque lentamente comenzó a desaparecer y los muebles de su casa comenzaron a aparecer en el fondo. Bernard se encontraba en su casa sentado en su silla frente al espejo. No podía moverse y lo único que escuchaba eran los tic tocs de sus relojes sonando en un paso más acelerado de lo normal. De pronto escucho un grito desolado de Geraldine. Abrió los ojos y se encontraba en su casa solo. Había vivido una pesadilla por lo cual comenzó a llorar incontrolablemente. Levantó la mirada y sintió un gran vacío. Abrió su álbum de fotografías y estaba vacío, con excepción de fotos de su familia. El recuerdo de Geraldine se había borrado, Bernard no sentía nada. Geraldine no había existido en su vida, no tenía ningún recuerdo alguno de ella. El sentimiento de vacío era tan grande que Bernard sujeto de nuevo el cuchillo y acabo con su vida. 4

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“Algunas veces queremos regresar al pasado, pero en el futuro queremos regresar más veces al presente”. Una recopilación de historias sobre el tiempo de diversos autores celebres mexicanos para conmemorar los diez años de la editorial DLibros.


Tiempo para cuentos