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A mi familia, con quienes he vivido experiencias poco convencionales.


Agradezco a mi familia y amigos, en quienes he podido confiar al abrir mis experiencias e ideas, a todos con los que he podido tener el placer de percibir cosas extraĂąas y que entre broma y miedo la situaciĂłn se vuelve un poco divertida al contarse.


—Y es que su cabello era hermoso, era perfecto…— Cierto día que almorzaba ya tarde en el café de la esquina, me extrañó que la chica que me atendía me viera con ojos de amor; nadie me había visto así. Me puse nervioso y respiré profundo por mostrar mi mejor y más interesante actitud. Acostumbré a llegar todos los días para verla, sentía una atracción extraña, y es que me llamaba la atención cada mínimo detalle, su cabello, sus ojos, su piel clara y delicada como seda. Al llegar a casa guardaba en mi caja sus facturas y siempre le dejé grandes propinas para que supiera mi interés por ella.


El tiempo pasó y finalmente me digne a hablarle, —Nada es mejor que verte cada vez que almuerzo— dije con admiración, su respuesta fue clara y sin palabras, sus ojos me vieron con desagrado y extrañez, pues mi comentario la ofendió. Volví a casa y me pregunté profundamente en que había sido tan malo, la noche llegaba como cada día impidiendome dormir con toda la oscuridad corriendo en mi habitación, hasta que entendí. La tarde siguiente estaba ahí como de costumbre, pero esta vez ella no se encontraba, me atendió Blanca, la mesera vieja y amargada que tanto detestaba. — ¿Dónde está?— pregunté. —Si adivino por quien preguntas, pues le volé la cabeza— dijo agresividad y amargura.


Muy dentro de mí entendí a lo que se refería, la había despedido, no quise continuar la plática asi que me quedé en silencio y me retiré, pero algo dentro de mí, una idea pesada yacía en mi mente, y es que su cabeza era tan bella, su cabello, sus ojos, sus labios, daría lo que fuera por volverla a ver. La noche se llegó, y acostado en mi cama me digné a ver por la ventana, la luz de la luna me permitió ver que justo a un costado de mi habitación se encontraba su cabeza moviéndose de lado a lado muy rápidamente y poco a poco acercándose hacia mí, — ¡Que hermoso!—.


Al llegar la mañana corrí eufórico buscándola. Volví al café con la esperanza que estuviera ahí, y como por derecho y suerte de mi gran apetito, había vuelto, la vi recostada en una banca llorando por volver a trabajar; no podía esperar, tenía que actuar antes de perderla de nuevo. Blanca la echó con rabia, y en cuanto salió del café seguí sus pasos, fui cuidadoso, pues no quería que se enterara de la sorpresa que le tendría. Mientras más avanzaba más se percataba de mi presencia tras ella, acelerando el paso cada vez más. En cuanto abrió la puerta de su casa entré con ella bailando cual compás del forcejeo, la tomé del cuello y la hice dormir. —Y es que su cabello era hermoso, era perfecto y jamás pensé que supiera tan bien...—


Mi esposa y yo nos casamos en enero de 1996, éramos jóvenes y estabamos muy entusiasmados por formar nuestro hogar y comenzar a vivir juntos. Me habían transferido a una fábrica de calzados como administrador de bodegas puesto que el anterior había muerto de un infarto días antes y en vista a la confianza y buen historial laboral que tenía me asignaron esa tarea. La fábrica estaba en una zona alejada por lo que nos dimos la tarea de buscar una casa provisional en los alrededores mientras conseguía un mejor trabajo. Fue entonces cuando encontramos una casa a buen precio, anteriormente había sido una tienda de embutidos y los dueños se había mudado fuera del país dándole poca importancia a la casa; sin duda la compramos con la idea que fuera una casa de campo cuando partieramos de ahí ya que a mi esposa le había gustado mucho la zona por su frescura y muchos arboles. Fue entonces una noche cuando comenzó nuestro infierno.


Estabamos dormidos cuando de pronto escuchamos unos rechinidos que nos hizo levantarnos rápidamente, esperamos a que se escuchara algo más y nada pasó, mi esposa un poco asustada me pidió que fuera a revisar si había dejado una puerta abierta o alguien había entrado a la casa, bajé cuidadosamente con un bate en la mano y encontré todas las puertas y ventanas cerradas. Cuando volví a la habitación le dije a mi esposa y eso la tranquilizó hasta quedarnos nuevamente dormidos, un rato después volvimos a escuchar el mismo ruido pero esta vez más cerca dela habitación; realmente lo habíamos escuchado por lo que decidimos levantarnos los dos y encender las luces. Buscamos por toda la casa y no encontramos nada fuera de lugar. Me encontraba bastante inquieto y decidí ver por la ventana, me fui de espaldas al ver que un cerdo pasó corriendo por todo el patio haciendo el ruido que habíamos escuchado, me pareció extraño, pero al ver que solo era un animal me tranquilicé, subimos de nuevo a seguir descansando, le conte lo que había visto y por como era la zona no nos extrañamos mucho del porque había visto aquel animal.


La mañana siguiente me fui a trabajar dejando a mi esposa en casa, cuando llegué al trabajo me presentaron a los demás empleados, iniciamos platica hasta que me preguntaron si era de la zona, les conté a donde me había mudado y con el ceño fruncido me dijeron que no les fuera a cortar un dedo, lo tomé a broma recordando que anteriormente la casa había sido una tienda de embutidos y comenzamos a trabajar. Cuando llegó la tarde y volví a casa mi esposa estaba llorando en cuclillas en la habitación, salí corriendo y le pregunté qué había sucedido, dijo que había visto a un hombre con una bolsa en la cabeza que andaba dando vueltas en el patio, dijo que forzó la puerta y al no poder abrir chillaba como cerdo, en seguida tomé el bate y salí de nuevo pensando en que quizás no me fijé si había algo afuera; busqué por un rato pero definitivamente no había nada.


La noche llegó y traté de distraer a mi esposa buscando una película en la televisión, estaba preparando algo de comer cuando escuché los chillidos del cerdo, mi esposa paranoica me llamó y me dijo que ese era el hombre que forzaba la puerta, de nuevo salí con el bate al patio, en ese momento la luz se fue y nos quedamos a oscuras, volví a la casa para no dejar sola a mi esposa y comenzamos a encender unas velas para sentirnos seguros, fue entonces cuando comenzamos a escuchar quejidos en la habitación de arriba, se me puso la piel de gallina con solo pensar que era lo que me iba a encontrar cuando subiera, pensé en salir corriendo pero la casa más próxima estababa a unos 15 metros, por lo que me armé de valor y subí gritando —¡¿Quién está ahí?!— inmediatamente los quejidos se detuvieron y mi esposa llorando me dijo que nos fueramos de la casa. Le alcance sus zapatos y nos fuimos a oscuras hasta la casa de los vecinos.


Cuando toqué la puerta nadie nos atendió, el miedo nos cubría como una manta calurosa. Comenzamos a escuchar a un hombre que gritaba por ayuda dentro de la casa, forcé la puerta y la golpee con el bate hasta poder entrar, la puerta tronó y en cuanto estuvo abierta vi como de la habitación salía un hombre alto y robusto con una cabeza de cerdo, sus ojos eran saltones y pandos, estaba empapado en la sangre de las pobres personas que vivían ahí, mi esposa al borde del colapso salió corriendo pidiendo ayuda en las calles, me quedé petrificado solo viendo a semejante criatura acercarse a mi con los ojos saltones mientras hacia como un cerdo hambriento,


se quedó viéndome fijamente y sonrío con esa boca ancha y espantosa diciendome con dificultad y casi en susurro que ahora me tocaba a mí, salí corriendo siguiendo los desgarradores gritos de mi mujer, las autoridades aparecieron y les dijimos que un sujeto estaba en la casa. El día llegó y nos fuimos inmediatamente de ese lugar, jamás había sentido tanta paz al ver mi casa, mis padres salieron y nos preguntaron sobre lo ocurrido. Pasaron los días y no podía sacarme de la mente aquella escena, me olvidaba por ratos de lo sucedido puesto que cargaba un radio todo el tiempo y mis compañeros de trabajo decían cosas graciosas.


La radio comenzó a dar interferencia, moví los canales tratando de sintonizar la señal cuando poco a poco comencé a escuchar entre el ruido aquella voz que decía — Es tu turno— mi corazón comenzó a palpitar tan fuerte y rápido, comencé a ver a todos lados y entre las personas lo vi, un hombre alto y robusto con una cabeza de cerdo, con ojos saltones y pandos, que triste pues está vez venía por mí.


Dicen que cuando vives un evento traumático se queda contigo, perdura en el tiempo y se arraiga a tus sentimientos, pues esta es una de esas historias, de aquellas que no da gusto contar. Fue un poco tarde, en los días de Octubre de aquel entonces, mi madre decía que jamás debes sacar la locuras que sueñas, que si tienes una pesadilla no dibujes lo que te causó tanto temor; En aquel entonces no lo comprendía hasta que una terrible historia se coló entre mis sueños. Caminaba por el largo sendero de mi escuela, era de tarde y la luz era opaca, mis amigos quienes se encontraban conmigo se sujetaban los labios, —No hables— decían con cautela, ignoraba las razones del porqué, fue en ese momento cuando la vi, con un par de metros de altura, robusta y de piel lisa y rosada, desagradable a mis ojos, vestida con una falta pequeña y una camisa blanca, sin rostro ni cabello, su cabeza era pequeña y de


forma extraña, goteaba como si sudara de todo el cuerpo, inmediatamente un terrible olor se apoderó del ambiente, mi espanto ante esa cosa era indescriptible. Se acercó a mí con intenciones de sujetarme, corrí sin duda mientras escuchaba sus quejidos al tratar de alcanzarme.


Desperté; mi corazón resonaba en toda mi habitación, el miedo me cubrió obligándome a gritar de desesperación, mi hermano inmediatamente entró viéndome postrado en cama. Le conté lo que había sucedido y dibujé aquella criatura; el olor de mi pesadilla se había vuelto realidad, mi piel se puso de gallina, viendo que de mi armario se asomaba la cabeza espantosa de mi sueño haciendo quejidos y sudando como un animal. Mi hermano al parecer no escucha nada, me veía con aflicción— ¡Que sucede!— gritaba con temor; dejé de escuchar, y mi vista comenzó a perderse mientras veía salir completamente al monstruo de mi armario hasta el punto de quedarme totalmente ciego y sin nada que escuchar. Me congelé, solo sentía los brazos de mi hermano sujetarme fuerte. Jamás he vuelto a escuchar ni a ver nada, me pregunto si alguna vez desperté o mi rostro se volvió como el de aquella criatura.


— ¿Escuchas eso? Te están susurrando— decía Jeremy tratando de atemorizar a su hermano en la oscuridad. Fue una tarde equivocada, de silencio y suspenso, Jeremy y su hermano se encontraba en casa de su abuela, y como toda casa de una pequeña anciana no había mucho por hacer sino más que cuidarla y escucharla. Para unos niños como Jeremy y Lucas eso era sin duda aburrido. Merodeaban por la casa buscando algo que pudiera llamar su atención; la casa de la abuela era vieja y con malos recuerdos pero tras los años se volvía un elemento de antigüedad y por tanto con un precio alto, tenía pasillos largos y una gran cantidad de cuartos innecesarios. La abuela contaba que su casa era tan grande que podías perderte en ella, claro era la solución para poder mantener a sus nietos en un solo lugar y no tener que buscarlos y esforzarse demasiado. Jeremy quién era el mayor le gustaba sentarse en una de las ventanas cerca del jardín, observaba como los arboles se movían con el viento.


— ¡Jeremy!— gritó su hermano desde la planta superior de la casa, —ven que encontré a Frederick— agregó Lucas. Jeremy al no saber de quien hablaba subió rápidamente, cuando llegó a la habitación donde se encontraba su hermano se tomó la sorpresa de ver un muñeco un poco más pequeño que Lucas. Estaba sentado en una silla como si estuviera viendo por la ventana; Lucas le dijo a Jeremy que el muñeco le había dicho que su nombre era Frederick y que tenía mucho tiempo de esperar a alguien con quien jugar, Jeremy se tomó esto como un juego de un niño pequeño y decidió continuarlo. El muñeco era extraño y descuidado, y Jeremy sentía una sensación extraña al estar cerca de el. Pocas veces había sentido algo igual pero decidía ignorarlo y jugar con Lucas. En cuanto la abuela se entero de donde estaban, inmediatamente los sacó del cuarto y les prohibió volver a entrar. Los niños le contaban a su abuela de Frederick y Lucas le rogaba por dejar al menos sacarlo del cuarto y jugar en la sala a lo cual la abuela se negó.


Al caer la noche la señora se quedó sola en casa y comenzó a ver uno de sus programas preferidos con los que siempre se quedaba dormida. Sus ojos comenzaron a sentirse pesado a tal punto de quedarse dormida. — ¡Mamá sácame de aquí por favor!— se escuchó Lucas en toda la casa. La anciana abrió sus ojos y pudo escuchar una y otra vez como Lucas suplicaba que lo dejaran salir de un cuarto; la ancianita se levantó adormitada y sin pensar en la hora y comenzó a buscar el cuarto en el que Lucas estaba metido — ¿Dónde estás hijo? ¿Cómo es que te quedaste encerrado?—


preguntó la anciana mientras caminaba. — Vine por Frederick— dijo Lucas entre risas. La abuela comenzó a correr al escuchar lo que había dicho Lucas abriendo así la puerta del cuarto de Frederick, el cuarto estaba vacío, el muñeco se encontraba como siempre, sentado en una silla viendo hacia la venta, la luz que entraba permitía ver como de repente su cabeza daba vueltas —Ahora si me dejaras salir mamá— dijo con voz ronca y burlista. El día amanecía gris, la madre de Jeremy y Lucas, tendida en llanto, había encontrado a su madre en aquel cuarto, en lugar de Frederick, viendo hacia la ventana, sin pulso ni ojos.


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Puertas que Chillan  

Abre la puerta y acompáñame en este camino lleno de suspenso y escalofrío. Estos son pequeños relatos de terror que a través de pesadillas,...

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