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Mary and the Bear

Zena Wynn 1


Agradezco el esfuerzo que han hecho, ya que se han quitado horas de sueño y de su tiempo de lectura para terminar este libro para Letras de Corazón, gracias amigas por todos sus esfuerzos, qué dios me las bendiga…Os quiero. Mistral

Ayne

Lemta pero Segura

Lenta pero Segura

ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση

ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση P@ndor@

Quiero agradecer a toda la familia de Letras de Corazón, por todo su apoyo y comprensión... Os quiero con cariño… ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση

PD : Dios me las bendiga a todas y un especial agradecimiento a nuestra amiga Lenta pero segura, gracias amiga dios te bendiga por estar compartiendo tu tiempo en colaborar en los libros para letras del corazón, de tu amiga la loba 2


Argumento La vida de Mary Elizabeth era un espiral fuera de control. Su hermana gemela había muerto en un accidente automovilístico. Su cuñado, en el dolor de su duelo, había decidido que era un buen momento para renovar su romance de la universidad, y su madre, una mujer dominante, le exigía que volviese a casa y se transformara en una esclava, para cuidar de ella. ¿Qué debía hacer una mujer en esta situación? ¡Ver la forma de evadir el infierno! Ella aceptó un nuevo trabajo que le ofreció su mejor amiga, Kiesha Morgan, y se trasladó a ―Refugio‖, un pueblo de Carolina del Norte. Lo último que quería o necesitaba era un hombre. Ella tiene suficientes problemas en su vida. Hugh Mosely, dueño y creador del único comedor de Refugio, como un favor a Alex Wolfe, buen amigo y alfa de la manada Raven, se comprometió a alquilar el apartamento vacío que está encima de su comedor a Mary Elyzabeth y mantener una discreta vigilancias sobre ella. Hugh también es un ―cambia-formas‖, en búsqueda activa de una compañera, una ―osa‖ que pueda reproducirse y continuar con su especie casi extinta. A pesar de la atracción explosiva que surge hacia Mary Elizabrth, él no tiene interés en las hembras humanas. Por desgracia (o ¿por suerte?) para ellos, el vínculo de los verdaderos compañeros no se preocupa por intereses personales. Cuando ambos quedan atrapados en la fiebre del apareamiento, trataran de abrirse camino en medio de una relación que los supera.

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ÍNDICE Capítulo 1……………………………..5 Capítulo 2……………………………24 Capítulo 3……………………………39 Capítulo 4…………..……….………63 Capítulo 5…….….………….………84 Capítulo 6……………………………117 Capítulo 7……….……..……………125 Capítulo 8……………..…….………141 Capítulo 9……………..….…………153 Capítulo 10……………..……………163 Capítulo 11………………….…..……174 Capítulo 12………………….…..……183 Capítulo 13………………….…..……197 Capítulo 14………………….…..……211 Capítulo 15………………….…..……221 Capítulo 16………………….…..……237 Capítulo 17………………….…..……258 Capítulo 18………………….…..……271 Capítulo 19………………….…..……286 Capítulo 20………………….…..……299 Capítulo 21………………….…..……321 Epilogo…..………………….…..……327

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Capítulo 1 Mary Elizabeth Brown se sentó en la iglesia llena de gente, entumecida por el dolor y una variedad de otras emociones complejas a las que simplemente no tenía la energía para examinar de cerca. Los últimos días habían sido un torbellino infernal de actividad, que culminaría hoy, cuando se reunieron para rendirle un último homenaje a la mujer tendida en el ataúd, su hermana gemela, Bárbara Ann BrownRemington, más conocida cariñosamente como Babs. De vez en cuando, algunos comentarios llegaban a los oídos de Mary Elizabeth por encima de la música que sonaba suavemente. – ¡Oh, no! – ¡Qué lástima, era tan joven! –Ella era una persona hermosa. Un ángel, de verdad… 5


Ese último comentario casi atravesó su entumecimiento y atrajo una sonrisa a su rostro. ¿Un ángel? Si ellos supieran, pensó. Babs había logrado ser realmente malvada, siempre intentaba sobrepasar los límites. Desafortunadamente, era Mary Elizabeth, quien por lo general terminaba sufriendo a causa de sus acciones. Mary Elizabeth permitió a su mirada ir a la deriva alrededor de la iglesia. Los dos primeros bancos de la derecha estaban reservados para la familia. El esposo de su hermana por siete años, Charles A. Remington, III, se sentó al final de la banca, cerca de la nave central y más cercano al ataúd. Sentado junto a él estaban su madre, Susan Brown, y luego su padre, Richard. Desde donde estaba sentada Mary Elizabeth, en el extremo opuesto del banco, acurrucada en un rincón, podía ver los nudillos de la mano de su madre ponerse blancos como si fueran garras, ella sujetaba la mano de su padre. Su otra mano, estaba colocada sobre la rodilla de Charles en un calculado acto de apoyo silencioso, y también había sido cerrada. No había otros familiares presentes. Situada en el ataúd, Babs parecía el ángel con el que había sido comparada, con su largo cabello rubio natural, su tez de porcelana, y sus impresionantes ojos azules escondidos detrás de los párpados cerrados, enmarcados con largas pestañas. Con su figura, ella podría haber sido un modelo de trajes de baño. Ella había amado mostrar su cuerpo esbelto y tonificado, así como sus grandes pechos. Había desempeñado muy bien el papel de la bella e ingenua rubia, tan bien que hasta ahora, no muchos se habían dado cuenta que detrás de esa apariencia de muñeca de porcelana, existía una mente muy sagaz. 6


Sólo dos personas conocían la verdadera naturaleza detrás de esa mirada angelical, Babs y ella misma. Mary Elizabeth se llevaría esa verdad a su tumba. Nadie le iba a creer las historias, de ninguna manera, Babs había perfeccionado su acto angelical, mientras todavía estaba en la cuna. Sus padres habían sido realmente engañados. Ellos habían adorado la tierra sobre la que ella caminaba. ¿Y su marido? No tenía la menor idea de cuál era la verdadera naturaleza de la mujer con la que se había casado. En lo que se refería a Charles, su matrimonio había sido un cuento de hadas, con él en el papel del príncipe rico y atractivo, que rescató a la bella pero pobre princesa, de una vida de trabajo duro, dándole una vida de lujo. A cambio, la agradecida princesa se había dedicado a demostrar en todo momento el amor que sentía por el apuesto príncipe encargándose de todas sus necesidades. Si sólo eso fuese verdad. La realidad era que la princesa había muerto mientras se escapaba para encontrarse con su encantador jefe, también casado, en un ilícito fin de semana romántico. Sólo había dos personas vivas en este mundo que sabían dónde había estado realmente, y ninguna de ellas iba a hablar. Uno de ellos, porque tenía mucho que perder. En cuanto a ella, había jurado a Babs guardar su secreto. Uno más de los cientos que le había mantenido a Babs en sus treinta y dos años de vida. A pesar de que eran gemelas, Mary Elizabeth era exactamente lo contrario de su hermana en apariencia y en naturaleza. Mientras que Babs era alta, casi un metro ochenta, Mary Elizabeth era baja, apenas superaba el metro 7


sesenta de altura. Babs tenía una cascada de cabello largo que era tan fino como el de un bebé, mientras que el cabello de Mary Elizabeth era espeso, grueso, eternamente crespo. Eran tan opuestas en apariencia que la mayoría de personas no hubiesen dicho que eran hermanas, menos aún gemelas. No podía contar el número de veces que había escuchado: – ¿Ésta es tu hermana? El servicio había comenzado mientras ella recordaba. Mary Elizabeth prestó atención sólo para darse cuenta de que estaban en la parte del servicio que más temía. Era hora de caminar para darle una última mirada al cuerpo. Era el momento de decir su último adiós. Charles estaba en contra de tener una ceremonia junto a la tumba, por lo que ella le estaría eternamente agradecida. En primer lugar, la familia se reuniría junto al féretro. Luego se dirigirían al vestíbulo para recibir a los dolientes y aceptar sus condolencias. Entonces, finalmente podría volver a su casa, tenía la esperanza de poder descansar algo. Ella no había tenido un momento para sí misma desde que había recibido la llamada telefónica que le informaba de la muerte de Babs. Charles la llamó en primer lugar, dejando en manos de Mary Elizabeth la tarea de darle la noticia a sus padres. Al escuchar la noticia, su madre tuvo que ser tranquilizada. Su padre sólo se sentó, mirando al vacío. Había pasado la última semana en casa de sus padres, ocupándose de todo, respondiendo los teléfonos y cuidando de ellos, con miedo a dejarlos solos por mucho tiempo. Cuando no estaba ocupada con ellos, estaba ayudando a Charles.

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Charles llegó primero. Se puso de pie estoicamente al lado del ataúd, la expresión en su rostro intentaba ocultar sus sentimientos al dar una última mirada a su esposa. El corazón de Mary Elizabeth se sintió herido por él. Si la semana pasada había sido muy dura para alguien, ese era Charles. Se había comportado con mucha entereza en esta dura prueba, pero Mary Elizabeth sabía que tenía que sentirse herido, por haber perdido a su mujer tan de repente. Cuando él se detuvo más de lo que parecía justificado, el director de la funeraria discretamente le instó a seguir adelante. Tenían en horario que seguir y todavía había mucha gente esperando su turno. Luego vino su madre, de un lado recibía el apoyo de su padre y por el otro por un asistente de la funeraria. Durante el servicio, ella se había conducido sorprendentemente bien hasta que estuvo de pie junto al féretro. Con un fuerte grito, se abalanzó sobre el ataúd abierto, sollozando: – Dios, ¿por qué?, ¿Por qué tiene que ser mi bebé? Si una de ellas tenía que morir, ¿por qué no podría haber sido Mary Elizabeth? Su padre y el empleado se colocaron junto a la mujer angustiada, luchando para liberarla del féretro y seguir adelante. Su padre susurró algo al oído de su madre que Mary Elizabeth no pudo escuchar por sobre todos los gemidos que profería. Esto continuó durante algún tiempo hasta que su madre finalmente asintió con la cabeza en todo lo que estaba diciendo, y prolongó el suspenso para permitirle proseguir su camino. Mary Elizabeth estaba rígida, el dolor y la vergüenza atravesaron la coraza en torno a sus emociones, haciendo que 9


deseara encontrar un agujero donde esconderse. Ella estaba agradecida por el velo que llevaba, cubriéndole parcialmente el rostro. Podía sentir las miradas de simpatía hacia ella mientras caminaba en el pesado silencio de la iglesia. Ella sabía que no era la favorita de su madre, pero era algo totalmente diferente escuchar la declaración de su madre, y tener que escuchar a todos los demás también. Eso fue más allá de la humillación. Con la facilidad de años de práctica, Mary Elizabeth empujó el dolor a lo profundo. A continuación, ajustó su dignidad a su alrededor como si de un manto se tratara y se acercó al ataúd. Ella miró impasible el cuerpo que allí yacía, no pudo pensar en él como su hermana. Su hermana había sido vibrante y vivaz, no esa cosa dura extendida allí. Un extraño pensamiento atravesó su mente. ―Tal vez ahora puedo tener mi propia vida‖. Hizo a un lado ese pensamiento perturbador, avergonzada de tener esos pensamientos cuando, a su lado, su hermana estaba muerta. Ella se alejó del ataúd antes que se lo pidiesen, y se unió a su familia en el vestíbulo. De pie, en la línea de recepción con los demás, saludó a los dolientes, a medida que ellos salían del sagrario. Hubo viejos amigos de la familia, los amigos de Babs y Charles, vecinos, compañeros de trabajo y los miembros del club, y todos los que deseaban expresar su pesar por la pérdida de la familia. Había tanta gente que todos comenzaron a desdibujarse. Les estrechó la mano de memoria, a cualquier persona que se ponía delante de ella. Eso fue hasta que oyó una voz familiar y vio el rostro de la persona que estaba feliz de contemplar. Kiesha Morgan, 10


estaba delante de ella. Siempre protectora a su lado, era casi como un asombroso modelo de masculinidad, claramente dedicado a ella. Kiesha era más que su jefe. Ella era su amiga. Kiesha era la propietaria de una cadena de tiendas de envío en el que Mary Elizabeth era empleada como una de las asistentes de ventas para los administradores. – Mary Elisabeth, siento mucho hubiera podido estar aquí antes. Kiesha traslado a un pequeño pueblo en Carolina vuelta en Pirate's Cove para atar algunos

tu pérdida. Ojalá estaba en medio del del Norte, y sólo de cabos sueltos.

– Gracias. Que estés aquí significa para mí más de lo que crees. – De todas las personas presentes, Kiesha era la única persona a quien ella realmente sentía cerca. – Sé que no es ni el momento ni el lugar, pero cuando tengas oportunidad, llámame. Tengo algunos asuntos de negocios que quiero discutir contigo. – Bien – Quería saber más, pero como Kiesha había dicho, ese no era ni el momento ni el lugar. La fila de dolientes era larga y la gente se impacientaba. Luego de dar a Kiesha un abrazo final, pudo seguir adelante. Después de aproximadamente una hora, la iglesia estaba vacía y por último la familia era libre de irse a casa. Se alegró de ver a la última de ellas partir. Sus pies estaban matando. – ¿Vas a venir por la casa a buscar algo de comer, o vas a ir a la casa de tus padres? Hay mucho y tienes que comer, –dijo Charles. A pesar de no ser necesario, Charles asumió su papel de ―hermano político‖ muy seriamente. 11


– Ni una, ni otra. Me voy a casa. Mañana es un día de trabajo y tengo mucho que hacer hasta entonces Además, si no lograba estar algún tiempo a solas iba a terminar gritando. – ¿Cómo puedes ir a trabajar como si nada hubiera pasado?,– su madre le preguntó con voz chillona – Mi Babs está muerta, – se lamentó su madre, llevando nuevamente el pañuelo a sus ojos para secar un nuevo desborde de lágrimas frescas. – Susan, deja a la niña sola. Ella tiene que ganarse la vida. No hay nada que pueda hacerse por Babs ahora. Mary Elizabeth se sorprendió de que su padre saliera en su defensa, algo que nunca había hecho antes en su vida. Aprovechando la conmoción de su madre, dio a su padre y a Charles un abrazo, y apretó la mano de su madre, antes de caminar rápidamente hacia la puerta. Dios, ella se alegraba de que se hubiera terminado. Estos últimos días había estado intentándolo. Tal vez ahora las cosas podrían volver a la normalidad. Bueno, tan normal como fuera posible ahora que Babs se había ido. Aún era difícil de creer. Había un hueco en su corazón, donde su hermana solía estar. A diferencia de la mayoría de los gemelos, ella y Babs no habían tenido las mejores relaciones. Ella había amado a su hermana pero no podía decir que siempre le había gustado. Mary Elizabeth nunca imaginó que Babs moriría. Babs siempre había estado allí, y Mary Elizabeth asumió que siempre estaría. Se subió a su automóvil y se dirigió a su casa. Al igual que su padre le había dicho, no había nada 12


que pudiese hacer por Babs ahora. Era el momento de recoger los pedazos y rearmar su vida. * *** * * ** ** Se alegró de llegar a su casa, se cambió el vestido por un par de viejos y holgados vaqueros y una desteñida camiseta. Se miró en el espejo y suspiró. Como de costumbre, parecía una mujer de la limpieza. Madre y Babs siempre se quejaban de su evidente falta de estilo. Mary Elizabeth desesperadamente quería acostarse y dormir un poco, pero estaba demasiado tensionada y su apartamento era un desastre. La limpieza mantendría las manos ocupadas y su mente tranquila, y eso era lo que esperaba. Empezó por la cocina, cargó el lavavajillas y luego limpió los anaqueles. Desde allí, trabajó a su manera a través del resto del departamento, limpió todo a la vista, y mientras limpiaba, lavaba su ropa sucia. Su apartamento era tan pequeño, que no pasó mucho tiempo para terminar. Buscando algo más que hacer, se acordó de Kiesha y le dio una llamada. – Mary Elizabeth, no esperaba oírte tan pronto. – Llegué a casa inmediatamente después del funeral y me puse a limpiar. Sé que necesito descansar, pero estoy demasiado tensionada. Vuelvo a trabajar mañana. – Incluso ahora, Mary Elizabeth daba vueltas en su sala de estar, incapaz de estarse quieta.

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– Tú sabes que no tienes que volver a trabajar ahora si no lo deseas. Siéntete libre de tomarte todo el tiempo que necesites. – Estoy lista para volver. Sentarme a pensar en lo ocurrido sólo empeorará las cosas. – Bueno, yo lo ofrecí. Si cambias de opinión más tarde, la oferta seguirá en pie. Sé lo que estás pasando.– Ella sabía que así era, pensó Mary Elizabeth. Años atrás, Kiesha había perdido a su madre. –Pero no fue por eso que te pedí que me llamaras. Sabes que yo estoy abriendo otra tienda en Carolina del Norte, ¿verdad? – Sí. –Ella había oído hablar acerca de eso a otros gerentes en la tienda donde trabajaba. _Quiero que seas el gerente. Esto significaría tu traslado, pero estaría dispuesta a pagar todos los gastos de mudanza. Tengo que advertirte, esta tienda se encuentra en un pueblo muy pequeño en las montañas. – Yo no sé qué decir. Suena maravilloso, pero ahora…Babs se ha ido, más que nunca voy a ser necesaria en mi hogar. – Mary Elizabeth, es exactamente por eso qué debes irte. Tienes que estar lejos de tu familia. Es la única forma en que podrás tener tu propia vida. Tu madre no depende de ti, te utiliza y tú se lo permites. ¿Recuerdas cómo odiabas ser comparada con Babs? Si vienes a Refugio, estarás en un lugar donde nadie ha oído hablar de ella. No vas a estar por 14


debajo de su sombra y, finalmente, serás capaz de ser tú misma, sin la interferencia de tu familia. – Voy a pensar en ello. Te lo prometo. – Realmente la oferta parecía atractiva y en cualquier otro momento, habría saltado de alegría por esta oportunidad. – Tómate todo el tiempo que necesites, pero no todo el tiempo. No les he dicho a los otros directores lo que te voy a decir. ¿Recuerdas al tipo que estaba conmigo en el funeral? Su nombre es Alex. Nos vamos a casar pronto y ya estamos esperando nuestro primer hijo. Voy a necesitar mucha ayuda para poner la nueva tienda en funcionamiento, y por supuesto, realmente quiero a mi mejor amiga conmigo. – ¡Kiesha, es fantástico! Estoy tan feliz por ti. Yo ni siquiera sabía que estabas viendo a nadie. – No estaba. Esto ha pasado extremadamente rápido, pero estamos muy contentos. De todos modos, eso es lo que hay detrás de la promoción. Realmente necesito ayuda y sé que eres perfecta para el trabajo. Además, el momento es perfecto para ti. No quiero presionar, así que voy a dejar de hablar ahora. Piensa en esto y quiero saber tu respuesta. –Bueno, te haré saber muy pronto mi respuesta. – Su otra línea sonó y Mary Elizabeth miró a la identificación de llamadas.– Kiesha, me tengo que ir. Tengo que tomar otra llamada. –Bien, nos vemos más tarde. Adiós

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–Adiós– Toma la llamada– ¿Madre? –Mary Elizabeth, tu padre y yo hemos estado hablando. Ahora que Babs se ha ido, nosotros creemos que es hora de que vuelvas a casa. No somos jóvenes, no pasará mucho tiempo antes de que necesitemos a alguien para cuidar de nosotros. –Madre, tan sólo tienes cincuenta y tres años y papá ni siquiera llega a los sesenta. Los dos están en perfecto estado de salud. Podrían vivir otros veinte años antes de que alguno de ustedes necesite a alguien que los atienda o posiblemente más tiempo. –Estamos muy saludables por ahora, pero eso podría cambiar durante la noche. Tu misma no eres tan joven. Si te hubieses casado o tenido hijos, no te lo estaría planteando. Entenderíamos que tu familia te necesitaría, pero no lo eres y a tu edad es dudoso que pase alguna vez. – ¡Madre! Sólo tengo treinta y dos. Tengo un montón de tiempo para casarme y tener hijos. – Si fueses tan hermosa como mi Babs, yo diría que eso es cierto, pero no lo eres. De hecho, eres bastante sencilla, Dios te bendiga. Debes tomar un lugar al lado de tu padre. Además, ¿cuál es tu talla? ¿Cuántas veces te he dicho que si no acababas por perder peso, no podrás ser capaz de atraer la atención de ningún hombre? No, es el momento de ser razonables y aceptar que nunca encontrarás un hombre para casarte. Cualquier pequeña oportunidad de atraer un marido se ha ido. 16


Llamaron a la puerta. –Mamá, hay alguien en la puerta. Tengo que ir. Voy a hablar contigo más tarde–. Gracias a Dios, por quien estuviese en la puerta. Ella no tenía la energía para hacer frente a su madre en estos momentos. –No te olvides lo que dije. Te esperamos aquí pronto. Sólo tira tus muebles. La mayor parte es basura de todos modos. No sé de donde sacas tu gusto en muebles... Nuevamente llamaron a la puerta. –Tengo que irme, mamá. Adiós. –Sí, sí, está bien. Nos vemos luego. Mary Elizabeth lanzó un suspiro de alivio cuando se desconectó la llamada y se acercó a la puerta. Mirando a través de la mirilla, se sorprendió al ver a Charles allí. Abrió la puerta y dio un paso atrás, lo que le permitió entrar. – ¿Qué estás haciendo aquí? Charles indicó la caja en sus manos. – Puesto que no viniste a la casa, te he traído algo de comida. Tengo más de la que puedo comer. Les ofrecí algo a tus padres, pero ellos tienen igual cantidad de comida. Mary Elizabeth abrió el camino a la cocina. – Ponlo aquí abajo, en el mostrador. Si tu cocina se parece a mis padres, vas a tener suficiente comida para un mes, si no más.

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–Esta no fue la única razón por la que vine. Ya no podía permanecer otro momento en la casa. Esta tan vacía, y tan llena de recuerdos. Había cambiado su traje por un par de jeans ajustados y una remera polo blanco que mostraba su delgado y atlético cuerpo. Charles era un hombre muy atractivo, con su pelo rubio dorado y ojos azules como los de un bebé. –Lo siento, Charles. Es duro para todos nosotros, pero con el tiempo, va a mejorar. Vamos a la sala, a sentarnos ¿Has comido? ¿Desea algo para beber? - Mary Elizabeth guardo la comida. Iba a comer más tarde, cuando tuviese más apetito. – ¿Supongo que tienes una cerveza? Si el olor de su aliento era cualquier indicador, Charles ya había bebido lo suficiente. – No, lo siento. Yo raramente bebo. Las jugos, agua, leche o refresco.

opciones son

–Voy a tomar un refresco. – Tomó dos refrescos de la nevera y se unió a él en la sala de estar; contenta por haber limpiado, definitivamente no esperaba compañía. Ella buscaba algo que decir. – El servicio resultó muy agradable. –Sí, fue más que lo que esa perra merecía. –Hum, ¿Perdón?– Mary Elizabeth dejó de mirar la sala para centrarse en Charles. Ella no podía haber escuchado correctamente. 18


–Dije que era más de lo que merecía. La perra me estaba engañando con su jefe. – Mary Elizabeth no dijo nada, aunque por dentro, se sorprendió. ¿Charles sabía sobre el asunto? Al no responder o actuar sorprendida, dijo, –Tú lo sabías, ¿no? sabías que me estaba engañando con su jefe. Mary Elizabeth no sabía que decir. Podía admitir que conocía la verdad, pero le había prometido a Babs mantener el secreto y no iría contra sus principios. –No te molestes tratando de mentir. Puedo ver la verdad en tu rostro. Yo debería haber sabido que te lo diría. Ella te ha utilizado durante años para cubrirse. –No sé qué decir. – Una parte de Mary Elizabeth se sentía culpable. Si lo hubiese intentado un poco más, ¿habría sido capaz de hablar con Babs de lo que estaba planeando? Si lo hubiera hecho, tal vez Babs estaría viva. Charles estaba de pie a la izquierda de la ventana y se sentó a su lado en el sofá, tomando sus manos entre las suyas. –Sólo dime, ¿por qué lo hizo? Tengo que saber. ¿Qué le dijo él que yo no? ¿Qué no hice para que ella viese a otros hombres? –Charles, Babs no me dio una razón. Ella no daba explicaciones de sus acciones–. ¿Por qué Babs hacía cualquiera de las cosas que hacía? Eso era algo que Mary Elizabeth nunca había sido capaz de averiguar.

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–No puedo creer el tiempo que perdí con esa perra infiel. Sabes, ella era la razón por la que nunca tuvimos niños. Ella no quería arruinar su figura. No importa lo que yo deseara. Cometí un gran error cuando no me casé contigo. Debería haber sabido lo que era la noche en que me sedujo, a mí, el novio de su hermana. En vez de eso, me sentí halagado de lo mucho que me quería. ¡Qué tonto! Me sentí tan bien entre sus manos. –Charles, si me hubieses amado realmente, Babs no habría sido capaz de seducirte. Nunca fuimos más que buenos amigos, ¿qué sucedió para que se comprometieran?, ¿No te parece extraño que nunca tuvimos relaciones sexuales, pero estábamos pensando en casarnos? No, no ocurrió ningún error. Tú y Babs estaban destinados a estar juntos. Ella era una mujer mucho mejor para ti de lo que yo hubiera sido – Mary Elizabeth pensó en una reciente conversación que ella y Babs habían tenido relativa a los niños. Babs había tenido miedo de que si le daba a Charles los hijos que él quería, perdería toda su atención. No tenía ningún sentido que explicara eso a Charles ahora. Mientras hablaba, Charles se acercó, puso su brazo sobre los hombros y la apretó contra su pecho. –Yo no sé qué haría sin ti, Mary Elizabeth. Siempre has sido buena para mí, incluso después de todo lo que pasó entre nosotros. Siempre puedo contar con tu apoyo. ¿Por qué diablos no me case contigo? Tú nunca me hubieses engañado. Podríamos haber estado felizmente casados con nuestros diferentes puntos de vista y cinco niños, si no hubiera sido por Babs. 20


Antes de que pudiese responder, él bajó la cabeza y la besó. Mantenida de forma segura en sus brazos, se quedó inmóvil, sin saber qué hacer. En verdad, ella se sorprendió. Cuando ella no respondió a su beso, se trasladó de su boca, depositando besos por todo su rostro. Ella movía su cabeza de un lado a otro, mientras intentaba poner sus manos entre ellos para alejarlo, pero fue atrapada por los costados. –¡Charles, basta! Él empezó a besar su cuello. Se balanceó, tratando de alejarse de él. –¡Charles, basta! No eres tú ahora. No hagas nada que ambos lamentemos. Trató de besarla encontrando un camino hacia su pecho, pero estaban demasiado juntos. ¡Qué momento para descubrir que debió ponerse un sujetador! Se movió con más fuerza, echándose hacia atrás, tratando de romper su dominio sobre ella. Al mismo tiempo, de forma inesperada logró soltarse de su agarre. Como resultado de ello, lo único que consiguió fue aterrizar de lleno sobre su espalda en el sofá. Charles rápidamente se posó sobre ella. Podía sentir su erección contra su muslo. ¡Esto no podía estar pasando!. Ella no podía estar en su sala luchando contra el marido borracho de su hermana. Maldita sea, estaba furiosa. Ella no necesitaba esta mierda encima de todo lo demás. Por supuesto, el hombre había enterrado a su

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esposa y probablemente no estaba pensando con claridad, pero ella era su cuñada, no una fulana de un bar. –Charles–, dijo bruscamente, borracho. Tienes que irte a casa.

¡Suéltame!

Estás

–Yo no estoy borracho. Yo sé lo que estoy haciendo. Déjame mostrarte lo bueno que puede ser entre nosotros–. El pegó su boca sobre su camiseta, mientras trataba de abrir sus muslos. Ya era suficiente. Ella levantó su pierna, golpeando su ingle. No era su intención hacerle mucho daño, sólo el suficiente para llamar su atención. – Te dije ¡NO! - Ella lo empujó y se puso de pie, viendo como el rodaba en el piso, agarrándose las bolas.– Tienes que irte. ¡Ahora! Lentamente, se puso de pie y salió cojeando a la puerta, sin soltar sus bolas. Cuando pudo enderezarse, se detuvo. – Esto no está terminado entre nosotros. Sé que piensas que estoy hablando por el dolor y el alcohol, pero no es así. Ahora que te conozco desde hace tiempo, comprendo que cometí un error. Ahora que Babs ya no es una preocupación, tengo la intención de recuperarte como si no hubiera sido un estúpido. – ¡Adiós, Charles!– Abrió la ancha puerta, para que se fuera. Él le dio una última mirada cargada de determinación y lentamente se marchó. Mary Elizabeth cerró la puerta con un golpe detrás de él, apoyó su espalda contra ella y cerró los ojos, estaba cansada y no lo podía creer.

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Maldición, qué día. Primero fue el funeral, la llamada de la madre, y ahora Charles. Ella tenía la esperanza de que lo de Charles fuese temporal. Pero ¿su madre? Esa era una historia diferente. A Mary Elizabeth siempre le resultaba difícil decirle ―no‖ a su madre. Era un hábito que había desarrollado desde niña, cuando ella había estado dispuesta a hacer cualquier cosa para llamar la atención de su madre y su aprobación. ¿Qué iba a hacer? La imagen de sí misma vieja y gris, a la entera disposición de su madre exigente pasó por su cabeza, causándole un temblor de miedo. Lo que fuera, tenía que evitar que eso sucediera. Al igual que una bombilla de luz que se encendía en su cabeza, se acordó del ofrecimiento de Kiesha. ¡Lo que era un regalo del cielo! Arriba alguien la estaba cuidando. Mary Elizabeth descolgó el teléfono y marco su número. – Kiesha, soy yo. Acepto. ¿Cuándo debo partir?

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Capítulo 2 El paisaje de las montañas era increíble. Lástima que ella estaba demasiado cansada para disfrutarlo. Mary Elizabeth estaba mental y físicamente exhausta. Le había dado la noticia a la familia al día siguiente, durante el fin de semana, en su cena dominical. En retrospectiva, tal vez debería haber esperado, pero no hubo tiempo para demorarse. Cuanto más tiempo esperara, más tiempo tendría su madre para humillarla. Su madre no tomó muy bien la noticia. Decir que su reacción fue desagradable sería un tanto leve. Fue como una ráfaga de ametralladora. –Mary Elizabeth Brown, no puedo creer que hagas algo como esto. ¿Cómo puedes ser tan egoísta? ¿Sabes que tu hermana se ha ido, te necesitamos ahora más que nunca. ¿Quién va a cocinar la cena del domingo? ¿Quién va a llevarme a mis citas en la peluquería o a los juegos de bridge? ¿Quién se supone va a retirar nuestra ropa a la tintorería? Sabes que dependemos de ti. 24


–Mamá, papá y tú no me necesitan. Tú tienes un automóvil nuevo y sé que eres perfectamente capaz de conducir. Ustedes estarán muy bien y no se olviden de Charles. Sabes que pueden llamarlo si necesitan algo. Carolina del Norte no está tan lejos. Vendré a casa a visitarlos. Entre las llamadas telefónicas y correos electrónicos, será como si siguiese aquí. Nada de lo que Mary Elizabeth dijo pacificó a su madre. Ella estaba totalmente en contra de su partida e hizo todo lo que estuvo en su poder para impedirlo. Incluso involucró a sus amigos. El teléfono Mary Elizabeth no paraba de sonar con gente que la llamaba para comentar su decisión Ella no podía ir a ninguna parte de ciudad sin que alguien la detuviese para expresar su opinión acerca de sus acciones. Su madre incluso se quejó a su pastor y luego este fue a exponerle su caso. Si no hubiese sido por su padre, Mary Elizabeth habría cedido a todas las presiones. Justo cuando estaba dispuesta a llamar a Kiesha y decirle que no iba a viajar después de todo, su padre tuvo una pequeña charla con ella. –Mary Elizabeth, sé que no he sido el mejor padre cuando eran niñas. Deje a tu madre salirse con la suya siempre porque era más fácil ceder que luchar por lo que yo quería. Me ha puesto un pie encima con mucha frecuencia, especialmente en lo que a tu trato se refiere. Me di cuenta de eso cuando Babs murió. No seas como yo. Lucha por lo que deseas. Disfruta de esta oportunidad. Haz lo que tienes que hacer para salir de aquí y experimentar la vida. Te has 25


pasado bastante de tu vida atendiendo los caprichos de esta familia. Es hora de que hagas algo por ti misma. Mary Elizabeth ordenó sus pensamientos y consultó el mapa. Se estaba acercando y era necesario prestar atención si no quería perderse. Kiesha dijo que ―Refugio‖ estaba oculto en el camino y era difícil de encontrar, y este crepúsculo brumoso que hacía parecer más tarde de lo que en realidad era no servía de nada. Trató de salir temprano para asegurarse que hubiese luz al llegar a destino, pero Charles se presentó en su apartamento esa mañana en un determinado intento por revivir el pasado y para conseguir que se quedase, demorando su partida. Finalmente, detectó el desvío. Desde allí se trataba de un tramo directo al pueblo. Alex, el novio de Kiesha, había hecho los arreglos para el alquiler del único departamento que estaba disponible en la ciudad. Este se encontraba sobre el establecimiento de comidas de Refugio, que seguramente era el motivo por el que estaba vacío. No mucha gente quería vivir encima de ese lugar, que sería ruidoso y siempre olería como la comida. Aun así, estaba muy feliz de tener un lugar de propio. Una hora más tarde se detuvo en una plaza de estacionamiento delante de una cafetería llena de gente. El cartel anterior, decía, "Eat at Moe’s‖. Tenía un sentido muy extraño del humor. Hugh Mosely, el propietario de la vivienda, estaba esperándola. Le habían dado instrucciones para preguntar por él en el comedor.

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Después de cerrar la camioneta, se acercó en su interior. Varias personas dejaron lo que estaban haciendo para curiosearla. La camarera, se acercó a ella. En su tarjeta de identificación pudo leer Cyndi. –Disculpe. ¿Me puede decir dónde puedo encontrar a Hugh? Cyndi arqueó una ceja, la miró de arriba abajo y luego se volvió, con un gesto displicente como si ella no tuviese importancia. –¡Hugh! Alguien quiere verte, – gritó, y luego volvió a coquetear con los clientes de sexo masculino en el mostrador. –Estaré allí en un segundo. – Una voz profunda que envió escalofríos por su espalda vino de la zona de la cocina. Alrededor de ella, podía oír a los clientes especular acerca de los posibles negocios que ella tendría con Hugh. – ¿Quién me busca? - Se dio la vuelta al sonido de la voz detrás de ella. ¡Madre Mía! Una gran montaña de hombre se dirigía hacia ella. Era alto, muy alto y con la constitución de un jugador de rugby. Cuanto más se acercaba, más grande parecía y más cuando tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo, ¡Buen Dios!, y ella había creído que Alex era grande. Debía de estar en la cocina porque llevaba un delantal blanco y se limpiaba las manos en una toalla. Su pelo negro azabache, iba recogido en una cola. Desde su perspectiva, no podría decir cuánto tiempo pasó. Era un hombre atractivo, a pesar o quizá debido a su tamaño. Tenía los pómulos altos y una tez oscura que delataba su ascendencia nativa americana. Su nariz era larga y afilada y sus labios sensualmente llenos. 27


Ella trató de ordenar su mente. Su ―tamaño mamut‖ la había sorprendido brevemente y la obligó salir de su cansancio, pero ahora todo fue corriendo hacia atrás. –Yo…–, dijo con voz ronca. Se aclaró la garganta y volvió a intentarlo. –Quiero decir, me dijeron que lo viera por el departamento del piso de arriba. – ¿Es usted Mary Elizabeth? Dios, ya amaba su voz. Era profunda como la de Barry White y la hizo sentir escalofríos dentro. – Sí. – Lleve su vehículo a la parte de atrás. Hay una escalera hasta el apartamento. La busco con las llaves.– Dicho esto, se volvió y se marchó. Bueno, obviamente, un hombre de pocas palabras. Estaba lista para instalarse luego de un largo viaje, ella volvió al camión para seguir sus instrucciones. Salió del estacionamiento, dio la vuelta a la parte trasera de la cafetería, y nuevamente se estacionó cerca de la parte inferior de la escalera. Según Alex, el apartamento estaba amueblado, eso era una gran ventaja. Menos cosas que necesitaba para el transporte. Su camión estaba cargado con ropa y artículos personales de los que no podía prescindir, y por supuesto, sus utensilios costosos de cocina. El resto de sus cosas las había colocado en consignación en una tienda a la vuelta de su casa. Hugh estaba esperando en la parte inferior de la escalera, como había prometido. Apagó el motor, agarró su 28


bolso y saltó del camión. La condujo por las escaleras, hablando a mientras caminaba. – Es un apartamento de dos dormitorios, totalmente amueblado. El mobiliario es antiguo y el lugar necesita una nueva capa de pintura, pero el calor y la aireación están muy bien. Los electrodomésticos son nuevos y también el calentador de agua. Todo lo que no funcione, hágamelo saber. Abrió la puerta y le indicó su interior –Estoy abajo, en el comedor la mayoría del tiempo. La renta debe pagarse entre el uno y el cinco de cada mes. Si necesita más plazo, lo habla conmigo y vemos que podemos hacer. El alquiler es de trescientos al mes, más cien dólares de depósito. Siéntase libre para acomodar el lugar de cualquier manera que desee. Dios sabe que lo necesita. ¿Alguna pregunta? – ¿Usted tiene un contrato para que yo firme?– Él no tenía ninguna documentación en sus manos. Ella quería tener todo resuelto esta noche. –No será necesario ningún contrato de arrendamiento. Alex dice que eres buena gente y eso es suficiente para mí. Aquí están las llaves. Si se queda afuera, tengo un juego extra abajo, en la oficina. Si desea comer en el comedor, los inquilinos obtienen un descuento del cincuenta por ciento. Ven esta noche, cuando termines de descargar así cenas por cuenta de las casa. Por cierto, los servicios públicos están incluidos en el alquiler. No se pueden separar de los del comedor a menos que puedas conseguir un proyecto de ley. La estufa es a gas. Espero que no sea un problema. El teléfono ya está conectado y el número esta al lado de él.

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Dicho esto, puso las llaves en su mano, dio una última mirada al lugar y se dirigió hacia la puerta. Para ser un hombre tan grande, él se movió rápidamente y en silencio. Ni siquiera pudo oír sus pasos en las escaleras mientras descendía. Miró a su alrededor, al que iba a ser su nuevo hogar y se dio cuenta que había mucho trabajo que hacer. El lugar era definitivamente el ―departamento de arriba‖. Iba a necesitar unas latas de pintura y mucho trabajo para ponerlo presentable. Se notaba que habían pasado varios años desde que alguien había vivido allí. A pesar de su cansancio, sintió una pequeña chispa de excitación creciente. Siempre le había gustado eso de "hágalo usted misma‖ y ahora podía permitírselo. Lo había hecho, se había mudado, y ahora tenía dos semanas para instalarse en su nuevo hogar antes de presentarse al trabajo. Una breve mirada a su reloj le mostró que eran casi las seis de la tarde. Se obligó a moverse. Allí estaba el camión, tenía que descargarlo, tender la cama, hacer una limpieza antes de tener allí su primera noche. Necesitaba alimentos, pero eso tendría que esperar hasta la mañana siguiente. Menos mal que ella había preparado un par unos bocaditos y los había guardado en un refrigerador para el viaje. Deberían ser suficientes hasta que pudiese visitar la tienda. Caminando por las escaleras, hizo el primero de muchos viajes a la camioneta. Dudaba de que pudiese descargarlo todo esa noche, pero al menos tendría lo esencial. Una cosa era

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segura, después de todo esto, ella no debería tener ningún problema para dormir. Eran cerca de las ocho de la tarde cuando terminó. Estaba muy satisfecha con todo lo que había logrado hasta ese momento. Había sido un día largo. Estaba agotada, pero todavía había algunas cosas que debía hacer en la noche. Limpió el baño, hizo la cama y desembaló los elementos esenciales que iba a necesitar en la mañana. Una vez hecho esto, Mary Elizabeth suspiro de alivio. Ella consideró la idea de bajar al comedor y tomar una cena de verdad, pero estaba muy cansada. Se busco un bocadillo y lo comió de pie en el mostrador de la cocina. Ahora que ya no estaba en movimiento, se dio cuenta de que hacía frío en el apartamento. Después de buscar durante algunos minutos, logró encontrar el termostato y encender la calefacción. Se aseguró de poner llave a la puerta, apagó las luces y entró en el dormitorio. Cogió su ropa de dormir y se dirigió al baño para una ducha. Realmente deseaba bañarse en la tina sorprendentemente grande, pero tenía miedo de quedarse dormida y terminar ahogada. Tomó una ducha rápida y se vistió para ir a cama y se perdió en la noche. Normalmente tenía problemas para dormir en camas de un entorno poco familiar y extraño. Rogó que esta noche fuese una excepción. Necesitaba dormir. En las últimas semanas desde que Babs había muerto, ella sólo había podido dormir en la siesta. Si no conseguía descansar esta noche, iba a

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sufrir un colapso dormir.

y tendría que comprar pastillas para

Cuando ella se estaba adormeciendo, sus pensamientos a la deriva, volvieron a su nuevo casero. Era un hombre extraño. Era conmovedor, pero no atractivo en un sentido tradicional. La abuela Pete hubiese dicho que su rostro tenía carácter. Su último pensamiento la habría sorprendido si ella hubiese estado más alerta. Se preguntó si era cierto lo que dijo acerca de los hombres con grandes manos y pies. **** * ** * * * Hugh miraba por la ventana abierta de la cocina, en el comedor, cada vez que la puerta del departamento se abría. Se preguntaba cuando su nueva inquilina aparecería. No se sentía bien con él mismo, pues la había dejado sola para descargar todos los cuadros que había visto apilados en la parte trasera de su camioneta. Desafortunadamente, tenía que trabajar en el restaurante, pues los alimentos no se cocinan solos. Para ser humana, hizo un trabajo admirable tratando de ocultar su reacción a su tamaño. La gente temblaba de miedo al verlo por primera vez. Se equipara su grandeza con la violencia. Entonces, estaban las mujeres. Aquellas cuyos ojos medían el tamaño de su cuerpo antes de caer a la entrepierna, como si tuvieran visión de rayos X. Otras deseaban ver si el tamaño de su pene se equiparaba al resto del cuerpo. Así era, aunque él nunca lo entendería. Las mujeres agresivas no eran atractivas para él.

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Sabía que su tamaño era intimidante. Era algo que utilizaba, su ventaja, cuando eras necesario, de hecho le sirvió en el ejército. Al igual que todos los osos, era muy grande y muy fuerte. En forma de oso, eran más de quinientas libras de puro músculo. A pesar de su apariencia, era un hombre amable, hasta irritado. Afortunadamente, se necesitaba mucho para provocar su temperamento. Una hora más y podría empacar y regresar a casa. Una vez más sus pensamientos se desviaron hacia su nueva inquilina. Ella era una pequeña cosita. Admitió para sí mismo que, probablemente, comparado con él podía parecerle pequeña cualquier otra persona, pero todo era cuestión de puntos de vista. Con dos metros de altura y pesando ciento treinta y seis kilos de sólido músculo, para él, la mayoría de las mujeres eran pequeñas, en especial ésta que apenas lograba llegar hasta su esternón. Eso logró activar sus instintos de protección. Había mucha tristeza en sus ojos, lo que le golpeó directo en los intestinos. No conocía su historia, pero podría decir que recientemente había pasado por un exprimidor. Si sus ojos no le dieron una pista, los círculos oscuros debajo de ellos y la palidez de su piel si lo hicieron. Hizo su monólogo sobre el apartamento lo más breve que pudo, porque estaba tan cansada, que temió se desmayara a sus pies. Tuvo deseos de estrecharla y decirle que todo iba a estar bien. Tenía que abrazarla y besarla. El pensamiento lo detuvo en seco. ¿De dónde había salido? Él no podía recordar la última vez que una mujer logró hacerle recuperar su interés sexual. Las horas que pasaba en el restaurante eran largas. 33


No tenía ni el tiempo, ni la energía para una relación. Sí, tenía necesidades, pero estaba más allá de la edad en que necesitaba el sexo por el mero hecho de tener sexo. Estaba en un momento en su vida donde buscaba una relación a largo plazo, algo que lo llevara al matrimonio y a tener niños. Estaba buscando una compañera. Su inquilina estaba fuera de esos límites, por varias razones. En primer lugar, Alex le pidió que la cuidara. Eso significaba que estaba bajo su protección. Además, ella estaba viviendo en su edificio y eso era un impedimento para empezar una relación sexual, no se empieza una con alguien con quien se tiene una relación de negocios. En una demanda tenía todas las de perder. Además, ella no necesitaba ninguna atención de él. Pronto, habría hombres que saldrían del bosque para aspirar su aroma y eso era literal. Las mujeres jóvenes y solteras eran escasas en Refugio. Los hombres humanos de la ciudad querrían comprobar si podría tratarse de una potencial conquista. Los machos inhalararían su aroma para determinar si ella era una posible compañera de vida. Él no sería uno de ellos. Encontrar una compañera de verdad entre los seres humanos era raro. Compañeros de verdad entre los seres humanos cuyo ADN fuese compatible con su gente, eran destinados al acoplamiento. Las probabilidades de que su búsqueda de una hembra humana prosperara, eran entre pocas y ninguna. La falta de compañeros compatibles era uno los motivos por el cual los suyos estaban desapareciendo. No había una verdadera compañera para él. Él no tenía una. Por lo que sabía, los compañeras de verdad descubiertos hasta la fecha habían sido para Machos lobo. 34


No podía evitar los malos pensamientos, porque su especie estaba casi extinta. Sus tasas de natalidad eran muy bajas. En sus años vida, sólo había conocido a otros tres osos, y todos eran machos. La crianza con una hembra de otra especie no era una opción. Al igual que en la naturaleza los osos no podían mezclarse con los lobos, y eso se cumplía para todos. Si bien podía de vez en cuando tener relaciones sexuales con hembras de otras especies, nunca pudo procrear con ellas. Si él tomaba una mujer de otra especie – incluyendo a los seres humanos - como compañera, no habría niños, y él deseaba una familia. Estaba orgulloso de quién y qué era. Estaba decidido a hacer todo lo posible para continuar con su especie. A tal fin, había estado buscando una mujer oso. Él se había contactado con un servicio ―en línea‖ para encontrar una pareja, este servicio ya había ayudado a otras especies. El servicio era seguro y sabía guardar un secreto. El tenía esperanza de encontrar una pareja compatible, pero la competencia era mucha. Hasta ahora, el servicio había encontrado dos posibilidades que parecían prometedoras. Él había estado reunido con las dos hembras en una sala de chat supervisada, tratando de hacerse una idea de ellas. No tenía ni idea de cómo se veían o donde se encontraban. Él esperaba que una de ellas lo aceptara como pareja, pero la competencia era dura. Había varios machos para elegir. Podían darse el lujo de ser selectivas y tomarse su tiempo. Casi era la hora de cierre. Mary Elizabeth debería estar demasiado cansada para aceptar su oferta. No estaba muy seguro que lo obligó a hacerla. No era común en él ofrecer 35


comidas gratis o con descuento a nadie y menos aún descuento en las comidas a un inquilino. De alguna forma ella llegó a él, y eso no era bueno. Debía tener cuidado. Estaba decidido a tener descendencia y ella era una amenaza para todos sus planes cuidadosamente elaborados. * *** * * ** ** Era el sol lo que brillaba directamente sobre su rostro y lo que despertó a Mary Elizabeth a la mañana siguiente. Le golpeó directamente al cerebro, levantó una mano para protegerse los ojos y mirar a su alrededor. Eran las diez de la mañana, parecía que acababa de cerrar los ojos. Tener más horas de sueño parecía una buena idea, pero había mucho que hacer. Se levantó de la cama, y comenzó a hacer planes para el día. Un viaje a la tienda de comestibles para almacenar en su cocina fue lo primero en su agenda. Entonces, el apartamento necesita limpieza de arriba a abajo. Ella necesitaba ver que era lo más viable en su camino a la ciudad para conseguir la pintura y los suministros. Se alegró de que Hugh le diera permiso para realizar en el lugar cualquier cambio. No tenía nada para comer en su cocina. Cogió su bolso y se dirigió a la cafetería. El aroma celestial de la cocción de los alimentos le golpeó la nariz tan pronto como abrió la puerta, haciendo que su estómago protestara. Se sentó en el mostrador y estudió en el menú para ver sus opciones. – ¿Qué puedo hacer por ti?– Había una camarera diferente esa mañana. 36


– Una tortilla de jamón y queso con pan tostado. Y para beber, una taza de café. El nombre de la camarera era Anne. Después de colocar su orden en la ventana, volvió y vertió café en una taza para Mary Elizabeth. –Usted debe ser la nueva inquilina de la que Hugh me habló. ¿Usted es la amiga del compañero de Alex, Kiesha? –Sí, esa soy yo. Llegué anoche. –Eso es lo que dijo Hugh. Bueno, bienvenida a Refugio. No hay mucho aquí, pero la gente aquí es amable. Si necesitas algo, me avisas, me oyes? Te puedo dar instrucciones y ayudarte hasta que estés instalada. –Gracias. Agradezco la oferta. Tengo que comprar comida y pintura. Vi la tienda de comestibles camino hacia aquí ¿Hay alguien por aquí que venda pintura? –La ferretería cerró hace años, pero hay un almacén de ramos generales a unos cuarenta y cinco minutos camino al siguiente pueblo. Es posible que puedas obtener tus alimentos allí. La tienda de aquí está muy bien para algunas cosas, pero para un trabajo importante como lo que tú necesitas, creo que sería mejor que hagas tus compras en una de las tiendas de allí. Vas a encontrar una amplia selección de productos, mayor variedad y mejores precios. Te puedo dar instrucciones sobre cómo llegar a fin de que no te pierdas. –Gracias. Agradezco la ayuda y el consejo. 37


– ¡Uy, me tengo que ir! No es tu comida. Tendré que escribirte las instrucciones para que llegues bien. – se alejó de ella para ver a otros clientes. Anne era muy agradable, un verdadero ejemplo de amistad en una pequeña ciudad. Ella era una mujer mayor, de casi cincuenta años tal vez Su cabello rubio ceniza estaba generosamente veteado de gris. Tenía un rostro amable, y las líneas alrededor de la boca y los ojos le sugirieron que pasó mucho tiempo sonriendo. Había una mirada maternal en ella, y en su opinión quizá de manera forzada, Mary Elizabeth pensó que esta mujer seguramente era una buena madre. Estaba deseando llegar a conocerla mejor. Cuando terminó su desayuno, tomó una taza más de café antes de ir al registro para pagar. Anne le dio las instrucciones como le había prometido. Mary Elizabeth le dio una buena propina, después buscó su camioneta y se fue a hacer sus compras.

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Capítulo 3 La semana pasó volando, demasiado rápido. Vio poco a su casero o cualquier otra persona, porque pasaba sus días desembalando cajas y decorando, convirtiendo su departamento en un cómodo hogar. Cuando no estaba pintando o de compras, ella estaba durmiendo. Se puso al día con el descanso y se sentía mucho mejor. En su segundo día en Refugio, tuvo que llamar a casa para que sus padres supieran que llegó bien. Su recompensa por ser considerada fueron otros de treinta minutos de charla de su madre recordándole lo decepcionante que era como hija y cómo Babs nunca se hubiese ido, marchándose cuando más la necesitaban. Su padre obtuvo su eterna gratitud cuando le sacó a su madre el teléfono. Un par de días más tarde, Charles llamó. Mary Elizabeth estaba cubierta de pintura. – ¿Hola?

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- ¿Cómo es el nuevo trabajo? Se sentó en el suelo. – No he comenzado todavía. Kiesha me está dando tiempo para instalarse primero. –Sabes, nunca me di cuenta de lo importante que eras en mi vida hasta que partiste. Te echo de menos. Me gustaría que volvieras a casa. – Charles, acabo de llegar. Sólo han pasado unos días desde que me fui. Además, no es que pasáramos mucho tiempo juntos antes de que Babs muriese. – Después de su muerte, Charles estaba constantemente en su apartamento. Mary Elizabeth entendía que las cosas habían sido difíciles para él y no se había quejado. De hecho, fue una gran ayuda cuando ella tuvo que preparar su mudanza. – Pero yo sabía que estabas allí, y ahora sé que no estás. ¿Por qué no llamaste para decirme que estabas bien? –Parecía herido. –Honestamente, no pensé en ello. Pero llamé y hablé con mi madre. ¿No te ha dicho? –Sí, así es como llegué a este número. Pero debería haber salido de ti. ¿No significo nada para ti? –Ummm... –Sigo siendo de la familia, ¿no? Incluso más que eso, pensé que éramos amigos.

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Maldita sea, ahora se sentía culpable. -Tienes razón. Debí haber llamado. No se me ocurrió que te preocuparas. Lo siento. –Te perdono. ¿Has pensado en lo que te dije? – ¿Acerca de...? –Acerca de nosotros. Ya te dije, que no hablaba el alcohol. Últimamente, he estado pensando mucho. –Charles, no se puede recrear el pasado. Eres mi cuñado y mi amigo. Vamos a dejarlo así. – Tú tienes mucho en que pensar. Sé que estás ocupada, así que voy dejar que vuelvas a lo que estás haciendo. – ¡Charles... Charles!– Colgó. Ella no entendía esta necesidad de volver a examinar el pasado. Cuando rompieron la primera vez, ella se había sentido herida, y habría sido feliz de saber que él había cometido un error, pero eso había ocurrido casi ocho años atrás. Era demasiado tarde para cambiar las cosas. Ella no le había dicho a su madre sobre el incidente con Charles. Ella sólo la acusaría de estar celosa, de ser una seductora intrigante y de querer robar la vida de Babs ahora que se había ido. Y esperaba que Charles no fuera a su madre con esas tonterías.

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Fue divertido de verdad. Aunque ella nunca había estado celosa de Babs, a veces se había preguntado si su hermana podría decir lo mismo. Babs había convencido a la gente que Mary Elizabeth no podía estar separada de ella. En realidad, había sido todo lo contrario. Babs necesitaba a Mary Elizabeth porque ella le daba brillo. Se había negado a aumentar su propia belleza natural, ya que eso intimidaba a Babs y la hacía sentir insegura. Babs necesitaba ser el centro de la atención y con la excepción de su madre, a Mary Elizabeth no le importaba, nunca se había percatado de ella. Al crecer, su madre centró tanto su atención sobre el aspecto de Babs , dado que su vida había girado en torno a su imagen. Babs necesitaba creer en su belleza porque estaba convencida de que era todo lo que tenía. Su madre le había enseñado a Babs a utilizarla para conseguir lo que quería en la vida, y Babs había aprendido sus lecciones muy bien. Así fue como atrapó a Charles. Después del fiasco con Charles, Mary Elizabeth centro su atención a obtener su título y llegar a ser financieramente estable. Estaba ahorrando para comprar su propia casa. Había estado ahorrando para la casa de sus sueños desde la secundaria. Un día, ella la tendría. Sería sólo suya, en su tierra, construida a su gusto y condiciones. Ella tenía el dinero suficiente para comprar el terreno y dar un buen enganche por la casa. Estaba buscando la propiedad, cuando la llamada sobre Babs se produjo. ¿Ahora que estaba en el Refugio? Bueno, el tiempo lo diría. La vida era corta y ella no estaba rejuveneciendo. Un día, tendría hijos y querría darles toda la atención, el amor 42


y la aceptación que nunca había recibido como niña, con o sin un marido. Había un montón de niños en este mundo que necesitan un hogar amoroso. Ella estaba más que dispuesta a adoptar y eliminar algunos niños pobres del sistema. Basta de introspección. Había estado encerrada en el apartamento el tiempo suficiente. Ya era hora de salir y conocer a algunos de los lugareños. Empezaría por cenar en el restaurante. De allí, iba a averiguar qué tenía que ofrecer Refugio en forma de entretenimiento. Estaba segura, tenía que haber un agujero que oficiara de bar local. No bebía, pero incluso un bar sería mejor que pasar otra noche en casa. * ** ** * * ** * Eran alrededor de las cinco cuando Mary Elizabeth entró en el comedor. Para su sorpresa, Anne seguía trabajando. Anne la llamó mientras corría con un plato lleno de comida. –Coge un asiento, cariño. En seguida estoy contigo. – ¿Qué estás haciendo aquí todavía?, ¿Pensé que trabajabas hasta las tres?– tomó su asiento habitual en el mostrador. Ella y Anne se habían hecho amigas durante la última semana. Mary Elizabeth había bajado para el desayuno cada mañana, más por la compañía que por cualquier otra razón. Por lo general se quedaba durante una hora antes de volver al apartamento para terminar cualquier proyecto que estuviese programado para ese día.

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– Cyndi llamado de nuevo. Hugh no tenía a nadie más, así que estoy trabajando doble turno. –Ella distribuyó la comida que llevaba y se apresuró a regresar a la ventana para recoger otra orden que estaba listo. ¡Uhhh, eso debía ser duro! Recoger una multitud de órdenes para cenar y tener que distribuirlas. Rápidamente tomó una decisión, Mary Elizabeth tomó uno de los pases de Anne. – Dame un delantal y una libreta para ordenes y te ayudaré. –Oh, cariño eso es muy dulce, pero no tienes que hacerlo. Puedo manejarlo. Esta no es la primera vez que esto sucede. –Déjame ayudarte. No me importa. Estaba cansada de estar arriba. Esto me dará algo que hacer y me dejará conocer a algunos de los lugareños. Además, yo sé lo que estoy haciendo. Así es como he apoyado mis estudios en la universidad. –Está bien, cariño. Si estás segura de que quieres ayudar, las áreas de circulación están allí y las libretas están en el mostrador. Maneja el mostrador y yo me ocupo de las mesas. ¿Está bien para ti? –Seguro. Lo que tú digas. Encontró los artículos adecuados donde Anne le dijo, se puso el delantal e inmediatamente la actividad se inició. Detrás 44


del mostrador tomó las órdenes, recibía a los clientes y actuaba por su cuenta, básicamente, como una profesional. Podía ver a Anne controlándola de cerca, pero una vez que vio que Mary Elizabeth sabía lo que estaba haciendo, se detuvo y se concentró en sus propios clientes. Las próximas horas pasaron rápidamente. Muchos de los clientes de sexo masculino eligieron sentarse en el mostrador, donde la nueva camarera prestaba servicio. Había pasado una largo tiempo desde que un hombre había coqueteado con ella. En realidad estaba disfrutando la atención, pero no tomaba en serio nada de lo que decían. Ella era mucho más madura y segura de sí misma ahora de lo que había sido en la universidad, la última vez que había hecho esto. Con el paso de las horas, el negocio se fue calmando e incluso los hombres más persistentes en el mostrador se quedaron sin excusas para permanecer y se vieron obligados a abandonar o parecer tontos. Cuando en el negocio sólo quedaron unos pocos clientes, hizo a Anne sentarse y tomar un descanso mientras ella tomaba sus órdenes. Ella sabía que Anne debía estar muy cansada. Ella misma estaba un poco cansada y no había estado de pie durante doce horas. Puso un billete en la ventana y luego se sentó en el mostrador al lado de Anne mientras esperaba el fin de la jornada. –Gracias, cariño. ―Me has salvado la vida". – ¿Es así cada noche?"

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–Sí, casi todas las noches. Creo que esta noche ha sido un poco más dura de lo habitual. La gente viene a ver si pasa algo, pero en su mayor parte, esto es normal. – ¿Y son sólo dos? Quiero decir, ¿no tiene Hugh más camareras? –En realidad somos cinco, dos para cada turno y un relevo. Candy está con licencia de maternidad y no regresará hasta dentro de dos semanas. Misty tuvo que salir de la ciudad inesperadamente para ver algo sobre un pariente enfermo y no estamos seguros de cuándo volverá. La otra chica está en tratamiento para dejar de fumar. Hugh va a tener que contratar un poco más de ayuda. No puedo seguir haciendo mi turno y el de Cyndi, y ella es cada vez menos confiable. Cuando sonó la campana, Mary Elizabeth se levantó y llevó la comida a los clientes que esperaban, además de comprobar si necesitaban algo más antes de ir a sentarse abajo. –¿Tendrá él problemas para encontrar ayuda? –Señor, no. Puestos de trabajo en Refugio son difíciles de encontrar y Hugh paga bien. Las propinas son bastante buenas, también. –Hablando de propinas, ¿dónde quieres que ponga las tuyas?

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Anne la miró con asombro y luego sacudió la cabeza. – Cariño, tú te las ganaste. Son tuyas. Agradezco tu intención, pero tú te las has ganado. Dispuesta a argumentar lo contrario, Mary Elizabeth lo dejó ir cuando vio que Anne era inflexible. Cuanto más tiempo permanecía quieta, más cuenta se daba de lo hambrienta que estaba. Eran cerca de las nueve. Era un poco más tarde de lo que a ella le gustaba cenar, pero tenía hambre. Ella escribió una orden para una hamburguesa, sin papas fritas y la puso en la ventana. Anne aprovechó el momento tranquilo para comer también. En lugar de colocar la comida en la ventana, Hugh salió de la cocina y se sentó en el mostrador. Por lo general, venía a ayudar con el almuerzo y la cena si había multitudes, antes de desaparecer en su oficina para gestionar el papeleo. Se sorprendió al ver a su nueva inquilina ayudando en el comedor y siendo capaz de hacerlo tan bien. No la había visto desde la noche en que llegó. Hugh puso el plato delante de ella, se sirvió una taza de café y luego se sentó en un taburete junto a ellas. –La cena la invita la casa. Es lo menos que puedo hacer por toda tu ayuda. Te manejaste muy bien. ¿Dónde aprendiste a ser camarera de esta manera? Anne habló, radiante como un padre orgulloso. –Ella fue camarera durante la universidad, lo hizo para ayudarse a pagar los estudios y me alegré por la ayuda. Hugh, tienes que hacer algo. Soy demasiado vieja para seguir trabajando tantas horas. 47


Sonrió ante la idea de Anne de ser vieja antes de responder. –Tú no eres vieja y estoy trabajando en el problema. Cuando llegue a la oficina, voy a ver algunos formularios y chequear si algunos de los solicitantes todavía están interesados. Gracias de nuevo por permanecer más tiempo. Sé que no es fácil. Terminó su café y se incorporó. Todavía tenía que hacer el papeleo en la oficina. Antes de que abandonase el lugar, Mary Elizabeth puso su mano en su brazo. El gesto le hizo detenerse y mirar fijamente su mano, ella era arrebatadora. – Tengo que darte mi renta y el depósito, pero lo dejé arriba. ¿Cuándo lo quieres? –Si lo tienes listo, cuando termines de cenar, me acerco y me lo das ahora. –No, ahora está bien. Terminó de beber y se Anne antes de salir. Hugh iba detrás de ella. cuando ella se detuvo a tomar una bocanada de antes de continuar subiendo las escaleras apartamento.

despidió de Él esperó, aire fresco hacia su

Mary Elizabeth abrió la puerta y se quedó a un lado para dejarle entrar antes de cruzar a la mesa donde había dejado el cheque. Hugh se detuvo en la puerta. La diferencia en el lugar era increíble. –Dijiste que lo podía arreglar. Yo te tomé la palabra. Espero que no te importe.

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Sus palabras lo sacaron de su aturdimiento y miró a su alrededor. Cerró los ojos y luego miró de nuevo. El cambio era increíble. – ¿Esto es lo que has estado haciendo encerrada aquí toda la semana? – Sí, sólo tengo dos semanas para instalarme en el departamento antes de presentarme a trabajar. Yo quería tener todo listo. –¿Te molesta si miro alrededor? –No, hazlo, es tu departamento después de todo. Entró en la cocina y reparó en todos los cambios. Le gustaba lo que había hecho con los ganchos, mostrando las ollas, mientras que al mismo tiempo las dejaba al alcance de la mano. En la mesada, cerca del grifo había un pastel de chocolate, su favorito. – ¿Tú lo hiciste? – Sí. ¿Quieres un pedazo? Me gusta hornear, pero no he aprendido el arte de hacer porciones más pequeñas todavía. Frotándose las manos con anticipación, se sentó a la mesa de la cocina mientras le servía un trozo. Se quejaba de placer cuando el rico sabor del chocolate le explotó en la boca. Hombre, esto era bueno. Era tan húmedo que se derretía en la boca. Todo lo que necesitaba era un vaso de leche y se estaría satisfecho. Se preguntaba cómo podría conseguir más, sin parecer codicioso. – Esto es realmente bueno. A mis clientes les encantaría. 49


– ¿Lo quieres bajar a la cafetería? Si se queda aquí me lo voy a comer y ciertamente no necesito las calorías adicionales. El comentario dirigió la atención hacia su cuerpo. Lo estudió lentamente de la cabeza a los pies, sonriendo cuando se ruborizó y empezó a juguetear. –Si estás segura de que no lo quieres, estaré encantado de llevarlo conmigo. Se levantó y colocó los platos sucios en el fregadero. Luego se volvió y miró el lugar otra vez. –¿Hiciste algo en las habitaciones? –Sólo en la mía. No he decidido qué hacer con la otra, todavía. Pienso que podría convertirla en una oficina, pero realmente no tengo mucho trabajo para hacer desde casa. Claro que eso puede cambiar con mi nuevo puesto. Voy a tener que esperar y ver. Puedes ver si lo deseas. Se dirigió hacia el dormitorio, tenía curiosidad de saber cómo se veía ahora. El resto del lugar se veía bien. La combinación de tonos en azul y verde que había elegido era muy relajante, creaba una sensación muy hogareña sin llegar a ser recargada. Era un lugar donde un hombre podía relajarse Él podía fácilmente imaginarse a sí mismo pasando tiempo allí. Cuando atravesó la puerta de la habitación, sintió que su aroma lo impregnaba todo, casi cae sobre sus rodillas con su bestia agitada y el interés despierto. Su polla se endureció y se alargó, como un faro en la oscuridad buscó la fuente de ese olor increíble. La lujuria lo golpeó con fuerza, y sus ojos 50


comenzaron a cambiar mientras su bestia se abría camino a la superficie, exigiendo que tomara medidas. Se retiró de la habitación rápidamente, conteniendo la respiración, hasta que regresó a la sala donde el fuerte olor de la pintura, el chocolate y el perfume que llevaba cubrían su fragancia natural. Ella lo miró como si estuviese en duda respecto de su cordura, pero no podía ocuparse de su impresión sobre él en ese momento. Prefería que pensara que era un lunático. Tenía que salir de ahí antes que la tirara al suelo y la follara ahí mismo. Por la reacción de su bestia, se podría pensar que ella era su compañera, pero eso no era posible. No había manera de que ella fuese su ―elegida‖. No sabía qué hacer. Nunca antes había tenido una reacción tan fuerte al olor de una mujer. Lo único que sabía era que tenía que salir de allí y hacerlo ahora, antes de hiciera algo criminalmente estúpido. Le arrancó la torta de la mesada.– El lugar se ve muy bien. Gracias por la torta. Tengo que volver al trabajo –con estas palabras, corrió hacia la puerta, golpeando la cerró detrás de él. Se apresuró a bajar las escaleras y al ingresar al comedor, no paró hasta que pudo encerrarse en su oficina. Su respiración era entrecortada y sus manos temblaban. Había luchado por cada paso que había dado alejándose de ella, su lucha era contra la bestia que le exigía se quedara y tomara lo que quería. Se apoyó en la puerta de su despacho y miró el pastel en sus manos, el sudor corría por su rostro. No sabía 51


―que‖ en ella había desencadenado esa reacción, pero no se podía permitir que volviese a ocurrir. * *** * * * * * * Brrringg! Brrringg! Brrringg! ¿Qué diablos era ese sonido? Metió cabeza bajo la almohada para ahogarlo. Brrinngg! Brrinngg! Brrinngg! ¡El teléfono! Ella se volteó y saltó de la cama. Sus pies se enredaron en las mantas y cayó sobre una rodilla. Incorporándose del suelo corrió hacia la sala para contestar la llamada antes que colgasen. – ¿Hola?– dijo jadeando, sin aliento y un poco mareado por la adrenalina. –Mary Elizabeth, soy Kiesha. Lo siento. ¿Te he despertado? –Sí, pero está bien. ¿Qué pasa? –Nosotras no hemos pasado tiempo juntas desde que has llegado aquí. He estado muy ocupada con la finalización de la compra del edificio y no me lo podía permitir, pero hoy es para ti. Pensé que podíamos encontrarnos y ponernos al día. ¿Qué te parece?

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Mary Elizabeth se sentó en el brazo del sofá.– Creo que es una gran idea. ¿Qué tienes en mente? –Bueno, se que puedes cocinar y yo no, ¿qué tal si voy a tu casa para el almuerzo? Tu comida es la mejor de los alrededores. Se rió de alegría.– Date prisa, así ves lo que hice al lugar. Estoy segura que puedo prepar algo para nosotras. ¿A qué hora? –Tengo una reunión con un contratista, a las diez. ¿Qué tal a mediodía? Debería haber terminado para entonces. –Perfecto. Nos vemos entonces. Horas más tarde, Kiesha llegó justo cuando estaba a punto de sacar su almuerzo del horno. –Adelante la puerta está abierta. –Wow, huele delicioso aquí. ¿Qué estás cocinando?– Kiesha puso las cosas en el sofá y entró en la cocina. –Esto es realmente agradable. Cuando Alex me contó acerca de este lugar, yo no estaba muy segura. Pero esto es genial. –Gracias. Se ve mucho mejor ahora que cuando llegué por primera vez. He estado trabajando en él durante la última semana. Espero que tengas hambre. Hice lasaña, con carne y queso, espero te guste y pan de ajo casero. La comida está en la mesa. Sírvete tu misma.

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Mary Elizabeth supo el momento en que Kiesha vio los brownies porque ella gritó.– Oh, muñeca. Hiciste brownies. Yo amo los brownies, especialmente ahora. No puedo conseguir el chocolate suficiente. –Ya lo sé, idiota. ¿Por qué crees que los hice? –platos, cubiertos, utensilios para servir, vasos y servilletas. ¿Qué faltaba? ¡El té! Se levantó, buscó la jarra del refrigerador y la puso sobre la mesa. Ahora podían comer. Mary Elizabeth tomó asiento, frente a Kiesha.– ¿Entonces, dime lo que está pasando? La última vez que hablamos, tú no veías a nadie y a continuación bamm ! Un hombre nuevo y un bebé en camino. Hablemos acerca de movernos rápido. ¿Qué pasó? Kiesha tenía ese aspecto en su rostro que Mary Elizabeth no podía descifrar. –No me creerías si te lo dijera. Sí, todo está sucediendo muy rápido, pero ¿sabes? Soy más feliz que nunca. Realmente él me completa. Hizo una pausa contenta de escuchar cuidado, está bien. Sé un montón de cambios para ti.

con el tenedor en el aire.– Estoy eso. Realmente, lo estoy. Sólo ten lo que estás haciendo. Estás haciendo por ese hombre. Espero que funcione

–Estara bien. Han estado pasando cosas en las cuales no estás consciente. Cosas que hay que discutir, pero vamos a comer primero y luego hablamos. Es un poco complicado. Mientras tanto, dime lo que está pasando contigo. ¿Cómo te las has aguantado desde la muerte de Babs'? ¿Y qué te hizo 54


decidir a venir aquí? No me malinterpretes. Estoy totalmente feliz de que lo hayas hecho. Simplemente no estaba segura de que lo harías. Mary Elizabeth la puso al día en todo lo sucedió mientras ella estaba de viaje. Ella le contó el asunto sobre Babs, la visita de Charles y la llamada telefónica de su madre. –Ya sabes cómo es mi Madre. Ella puso todas las trabas que pudo, hasta involucró a la ciudad en el asunto. Si no fuera por papá, estoy segura que habría cedido. –entonces le contó a Kiesha lo que le dijo su padre. –¡Wow! ¿Tu padre se preocupa por ti? Debes haber estado por el piso. Y Charles, ¿Está loco? Después de siete años, pensó que podía llegar y decir que cometió un error y ¿que se supone que acabarías cayendo en sus brazos? –No, creo que está un poco perdido. Creo que esta tomando la muerte de Babs peor de lo que creía y está intentado usarme como una muleta. Sólo espero que él no vaya a mi madre con esa locura. La mano de Kiesha se cernía sobre el pan, con su boca abierta. – ¿Tú crees que haría eso? Tú madre va a dispararle. –No lo sé. Sin embargo, otra razón es que ya era hora de que me fuera. Yo no necesito el drama en que iba a transformarse mi vida. Por fin he tenido la oportunidad de verme libre de mi familia. No me malinterpretes. No estoy 55


feliz, Babs murió. Ella fue una gran parte de mi vida y ese era el problema. Ella y mi madre tomaron gran parte de mi tiempo y energía es hora que me ocupe de mi propia vida. Nunca me di cuenta hasta que mi padre hablo desde su corazón. Ahora tengo la oportunidad de hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera sin preocuparme por lo que mi madre piense o cómo afectará eso a la familia. Tengo la intención de disfrutar cada momento de eso. Kiesha le ofreció una gran sonrisa. –Bien por ti. Tú sabes que te dije hace mucho tiempo que necesitabas cortar los lazos, especialmente con Babs. Ella era demasiado dependiente de ti. Mary Elizabeth se encogió de hombros. –Sé que lo hiciste y coincidimos totalmente, pero era algo más fácil de decir que de hacer. Es difícil perderse de alguien que no quiere dejarte ir. Por mucho que me molestaba a veces, la entendía muy bien. Ella era mi hermana, mi gemela. Eso es un vínculo que no es fácil de romper. –No tener un gemelo, voy a tener que tomar tu palabra sobre eso. Bueno, esta es tu oportunidad. ¿Has pensado en lo que vas a hacer? –No realmente. Dejaré que las cosas se asienten por un tiempo. Voy a darme tiempo para adaptarme a estos cambios antes de decidir dónde quiero ir desde aquí. Después de todo, sólo ha habido dos cambios importantes en mi vida, un nuevo hogar y un nuevo trabajo. Vamos a guardar algo para el próximo mes, ¿vale?

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Riendo, Kiesha estuvo de acuerdo con ella. Hablaron de temas más mundanos, hasta que terminaron de comer, entonces se llevaron los brownies a la sala de estar con ellas. Una vez que estuvieron sentadas cómodamente, Kiesha se dirigió a Mary Elizabeth y comenzó. – Voy a contarte algunas cosas que serán difíciles de creer para ti, pero quiero que sepas que es la verdad absoluta. Después de esta introducción, se puso a contarle a Mary Elizabeth todo lo que pasó con ella, empezando por Alex como se encontraron y entregaron en el bosque, hasta el funeral a través de tres semanas atrás. Le explicó sobre los compañeros de verdad y los efectos del proceso de unión. Mary Elizabeth estaba sentada escuchando en silencio mientras hablaba, sin decir una palabra hasta que Kiesha terminó. –Así que me estás diciendo que Alex es un hombre lobo, y ¿qué poco a poco te estás transformando en uno? –Para Mary Elizabeth era difícil creer lo que estaba oyendo. –No dejes que Alex te escuche llamarle hombre-lobo. Ellos prefieren el término ―cambiadores de forma‖, pero sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo. ¿Me crees? –Es mucho para entender. Es evidente que tú crees lo que me estás diciendo. Voy a necesitar algo de tiempo para pensar en ello. ¿Qué te hizo decidir compartirlo conmigo? ¿Por qué no lo guardas para ti? –Si me hubiese ocurrió a mí, no se habría dicho a nadie, pensó. 57


Kiesha se encogió de hombros y sonrió. –Porque eres mi mejor amiga y yo necesito desesperadamente a alguien como yo, con quien pueda hablar de esto. Es todo nuevo para mí, también. Pero lo más importante, porque esto te afecta a ti también. – ¿De qué manera?–Intentaba entender, porque Mary Elizabeth no podía saber lo que Alex, un hombre lobo, tenía que ver con ella. –Bueno, Alex es el macho alfa del grupo Raven. Eso significa que es su líder. Cuando me convertí en su compañera, me convertí en alfa también. –Eso es muy generoso y con visión de futuro por parte de él, pero todavía no veo la conexión. ¿Cómo me afecta esto a mí? –Porque tú eres mi amiga, Alex extendió la protección de la manada hacia ti, haciendo de ti un miembro de la manada indirectamente, como un miembro honorario. ¿Recuerdas lo que dijo acerca de compañeros de verdad y la lógica detrás de ellos? –Sí. Los compañeros de verdad son las únicas personas que pueden hablar tanto a la naturaleza del ser humano como de la bestia. Ellos son reconocibles por el olor y el sabor. En pareja humana, el ser humano tiene un gen o algo en su ADN que los hace compatibles y les permite aparearse y tener descendencia. – Mary Elizabeth habló de memoria.

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Ella había escuchado cada palabra que Kiesha dijo. Aún debía decidir si creía o no en eso. Pero por ahora, ella estaba dispuesta a dar a su amiga, el beneficio de la duda. – Bueno, me estabas escuchando. Lo que no dicen es que la mayoría de los varones en el grupo de Raven busca compañeras. Todos ellos están ansiosos de conocerte para ver si tú podrías ser su compañera. Es por eso que Alex tuvo que ponerte bajo la protección de la manada. De esta manera tendrá el control y tú no tendrás que preocuparte de todos los machos que te buscaran al mismo tiempo para intentar follarte. Mary Elizabeth retrocedió con sorpresa. –Espera un minuto. ¿Hay más hombres como Alex por aquí? ¿Y todos quieren conocerme? ¿Deo cuántos hombres estamos hablando aquí? –Tal vez ella no había escuchado tan bien como ella creía. –Bueno, Alex dijo que había unos setenta hombres en su manada. De setenta, aproximadamente la mitad están apareados. Rápidamente haciendo cuentas en su cabeza, miró a Kiesha en estado de shock.– ¡Treinta y cinco! ¿Estamos hablando de treinta y cinco hombres que me van a olfatear para ver si puedo ser la futura madre de sus hijos? –Incluso si no creen que este disparate de las parejas únicas son todavía una gran cantidad de hombres. Tal vez venir aquí no ha sido tan buena idea después de todo. Kiesha desechó su preocupación. –No te preocupes. Alex va a cuidar de ti. Ese número puede ser un poco exagerado.

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No sé cuántos son demasiado jóvenes o demasiado viejos para desear pareja, y algunos de los mayores de edad pueden no desear una compañera. Alex organizará una fiesta para presentarte a ellos. Todos los miembros están obligados a asistir. Él quiere que vayas, para que te conozcan. Creo que es una buena idea. Los hombres pueden tener una pizca de ti sin ser obvios al respecto y tú podrás conocer a algunos de los locales. – ¿Qué pasa si uno de ellos decide que soy su compañera? ¿Qué sucede entonces? Tengo suficiente en mi vida ahora, sin un hombre tratando de complicar las cosas. – Sacudió la cabeza con fuerza. No va a suceder. No, si podía evitarlo. Kiesha le sonrió con comprensión y simpatía. –Nadie va a obligarte a hacer nada. Pero si es algo como lo que me pasó a mí, nadie tendrá que hacerlo. La atracción será mutuamente abrumadora. Alex y yo apenas podíamos mantener las manos fuera del otro. Ella vio que Mary Elizabeth necesitaba más tiempo para convencerse. Kiesha puso la mano en su brazo.– Mira, tú no serás la única mujer sola allí. Acabamos de incorporar a una mujer soltera que formará parte de nuestra manada. Ella será presentada en la fiesta también. Su nombre es Shannon McFelan. Ella es la CPA que contraté para manejar todas las cuentas de la tienda. Ustedes se estarán viendo mucho en la tienda, por lo que será un buen momento para que se puedan conocer. – ¿Cuándo es la fiesta? 60


–La noche del viernes en nuestra casa. Te daré instrucciones para llegar a la casa. Espero que vayas de compras y busques algo impresionante para la fiesta. Considera la posibilidad de deslumbrar. Imagínate, estas personas no saben de Babs. Nadie puede hacer comparaciones. A Mary Elizabeth le gustaba como sonaba eso. Una ―fiesta de presentación" para que la conozcan a ella, sólo que nadie sabría que era una nueva y mejorada versión de sí misma. Tendría que pensar en la otra parte, la parte de los hombres. Ella no tenía mucha experiencia y no estaba segura de querer estar dispuesta a ser el objeto de tanta atención. Kiesha se levantó para irse, no sin antes hacer un comentario final .–Nos vemos el viernes. Ponte algo sexy y hazles ver lo atractiva que realmente eres. Deja de esconderte. Deberías ser la atractiva mujer, tal como Dios te creó para ser. –Lo voy a pensar. –Kiesha le dio un abrazo y cerró la puerta detrás de ella. Mientras limpiaba la cocina, pensaba en el cuento de Kiesha. Era difícil de creer, pero ¿por qué no? Había un montón de cosas en este mundo que no podían ser explicadas. Estar convencidos de que los seres humanos eran la única especie inteligente en la tierra era tan arrogante como la creencia de que los seres humanos eran los únicos seres inteligentes en el universo. Los seres humanos se reprodujeron en todos los tamaños, formas y colores. No debería ser tan sorprendente que otras especies, también lo hubiesen logrado.

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Volvió a pensar en la atracción de la que Kiesha habló de entre compañeros. Por alguna razón, Hugh vino a su mente. Era una idea tonta. Era tan humano como ella, y por lo que ella sabía, ni siquiera se sentía atraído por ella. En cuanto a ella, bueno, le gustaba su tamaño y lo pequeña y femenina que la hacía sentir, pero eso fue todo. Como le había dicho a Kiesha, no quería un hombre en su vida en este momento. Tal vez más adelante, cuando las cosas se calmasen un poco y se hubiese ajustado a todos los cambios en su vida. Incluso si se interesase por ella, su casero taciturno no sería una opción.

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Capítulo 4 Mary Elizabeth quería gritar. Las paredes se le venían encima. Tenía que salir del apartamento. Estar sentada sin hacer nada la estaba volviendo loca. Al mirar alrededor frenéticamente por algo - cualquier cosa – que hacer, sus ojos cayeron sobre los brownies que sobraron. Cuanto más pronto los sacara de la casa, sería mejor. Tan aburrida como estaba, ella se comería todo y con ella el dicho era cierto– Una vez en los labios, siempre en las caderas. Eran casi las cuatro. Anne debería irse pronto. Tal vez Anne los llevaría a su casa. Se puso los zapatos, cogió las llaves y los brownies, y salió rápidamente por la puerta antes de que cambiase de opinión. Estas cosas no podían quedarse en la casa otro momento. Ella tenía que encontrar a Anne antes de que se fuese. Tan pronto como entró en el comedor, pudo ver que no necesita tener prisa. Desde su perspectiva de las cosas, Anne no iba a ninguna parte. Cyndi había llamado otra vez. Se sentó en el mostrador hasta que pudo llamar la atención de 63


Anne. En su camino a la ventana con un pedido, se detuvo a hablar con Mary Elizabeth. – ¿Qué deseas comer, cariño? –Nada para mí. Vine a verte antes que partieras. Yo quería darte estos brownies para llevar a casa, pero no parece que te vayas pronto. ¿Qué pasó? ¿Cyndi llamó de nuevo? –Sí, esa perra egoísta. Oh, lo siento, cariño. ‖Perdonen mi francés‖. Es sólo que me pone tan loca. Ella sabe que los sábados son las noches más ocupadas. Es por eso no viene. No lo puedo creer, esa vaca perezosa. Ella sabe que no me voy a ir dejándolo a Hugh sólo. – ¿Él no tiene ayuda en la cocina? – La tiene, pero los necesita a ambos para mantener el ritmo. Escucha, me tengo que ir, cariño. Los pedidos salieron. Te agradezco la intención, pero soy alérgica al chocolate. Tal vez alguno de los clientes quiera llevarse algunos.– Dicho esto ella se apresuró, saludó a un cliente que entró por la puerta incluso cuando puso un plato frente a otro. Bueno, yo estaba buscando algo que hacer. Esto es tan bueno como cualquier otra cosa. Mary Elizabeth cogió un delantal y se puso a trabajar. Ella atendió los diez lugares del mostrador, dejando las mesas a Anne. No era mucho, pero aun lo poco que hiciera podía ayudar. En el Jukebox, de la esquina estaba sonando una canción country, la que era difícil escuchar. El lugar estaba lleno y las conversaciones en voz muy alta, la gente había llegado por una cena temprana,

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antes de continuar con el resto de sus planes de sábado por la noche. Se puso a trabajar y se mantuvo ocupada hasta bien después de las nueve. Mary Elizabeth no tenía ni idea si esta gente vivía en la zona. Justo cuando pensaba que las cosas estaban disminuyendo, los que salieron del cine, llegaron por un postre y un café. Se dio cuenta que en sus días tan ocupados, no había visto una sala de cine en Refugio. Ella no sabía hasta ese momento que había una. Ellas casi echaron al último cliente cerca de las once. Hugh cerró las puertas, volvió el cartel que indicaba ―cerrado‖ y apagó las luces del exterior. Para las damas, dijo, – Gracias por toda tu ayuda. Vete a casa. Los chicos y yo limpiaremos este lugar. No tuvo que decirlo dos veces, Anne tomó su bolso, se despidió y se fue. Hugh cerró la puerta detrás de ella y luego se dirigió a Mary Elizabeth, que aún estaba limpiando el mostrador. –Deja el mostrador. Nosotros lo limpiamos. Tú ya has hecho lo suficiente por una noche. Si sigues ayudando así, voy a tener que añadirte a la nómina. –Estoy casi terminado. Me voy a casa en un minuto. En lo que va del pago, puedes deducirlo de mi renta. –Ella le guiñó un ojo y se echó a reír, demostrando que sólo estaba bromeando con él.

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Hugh lo consideró seriamente –Es un trato. Un día de salario va a ser deducido de tu renta el próximo mes. Dame los recibos de la pintura y los suministros que has comprado y los voy a deducir también. –Yo estaba bromeando. – Sus ojos redondos lo observaban asombrada, una mirada de incredulidad cruzó su rostro. El trapo de limpieza colgaba de su mano. –Yo no. Por lo que hiciste, tienes derecho a cobrar. Dado que no puede legalmente pagarte sin añadirte a la nómina de pago, esta es la mejor manera. Te voy a deducir sesenta y cinco dólares de la renta por tu trabajo de esta noche y otros treinta y cinco, para la pintura y el trabajo que hiciste. Dame los recibos y veremos si aún corresponde más. –Eso es demasiado. No puedes hacer esto, –se quejó. – ¿Quién lo dice? Yo pago a mis camareras seis dólares la hora más las propinas. Tú trabajaste siete horas esta noche. No puedes decirme que pagaste menos de treinta y cinco dólares, por la pintura, y eso no incluye la mano de obra. Has incrementado el valor de mi propiedad, por lo tanto, mereces una indemnización. Ella movía constantemente la cabeza mientras él hablaba. Pequeña cosita terca. –Yo estaba aburrida y no necesitaba ayuda. Es una situación de ganancia para ambos. –Ella echó el trapo en el agua con desinfectante.–No está bien, no se hacen así las cosas. El apartamento me lo dieron a mí. Yo soy quien vive 66


allí y me gustó ser capaz de decorarlo de cualquier manera que yo quisiera. Esa es toda la compensación que necesito. – Agarró sus cosas y el sobre con sus propinas y se volvió para salir por la puerta delantera. – Ve por la puerta de atrás. Está más cerca de tú apartamento. –La guió por la salida trasera. –Estoy deduciendo cien dólares del pago de tu renta. No veo cuál es el gran problema en eso. Es lo menos que puedo hacer. –No quiero tu descuento. Hice más de cincuenta dólares en propinas esta noche. Eso es más que suficiente dinero, si esa fuese mi meta, pero no lo es, trabajé para ayudar a mi amiga. Si yo lo hiciese por el dinero, te hubiese pedido el pago desde la primera noche. –Gracias por recordármelo. Te voy a sacar otros cincuenta. El mes que viene, sólo me pagas la mitad de la renta. –Abrió la puerta para ella. – ¡Argh! ¿Eres grande y estúpido? Recibirás el total de trescientos dólares el próximo mes. El alquiler ya es ridículamente bajo. ¿Cómo logras que el restaurante funcione, regalando el dinero como lo haces? Dicho esto, se dio la vuelta para salir, pero la puerta se cerró antes. Hugh la rodeó hasta que ella quedó apoyada contra la puerta, se agachó y plantó sus manos a cada lado preparado para una pelea. Él bajo su rostro hasta que estuvieron cara a cara y se vieron a los ojos. –No soy estúpido, y deja de ser tan terca. Si deseo reducir tu renta, es mi prerrogativa. 67


–No. – Vas a tomar la rebaja. No voy a aceptar el pago hasta que no lo hagas. –Su oso se removió en respuesta a su ira en aumento. –No. – ¿Te das cuenta de lo infantil que estás siendo? ¿Qué estúpido es este argumento? Deja de pelear conmigo y acepta el recorte de precios. – Eso era todo, él no podía gritar. –No puedo y no puedes obligarme. – Entonces ella le sacó la lengua. Hugh dejó escapar un gruñido de frustración, al igual que su aroma le golpeó la nariz. Ya en el límite, no tenía el control necesario para resistirse a la tentación de besarla y dejarla sumisa. La tomó de la cabeza y apretó su boca a la suya. Su beso fue dominante y contundente, una expresión de la frustración que sentía. Su sabor se le fue a la cabeza como el vino, embriagándolo, intoxicándolo. Gruñó desde el fondo de su pecho mientras profundizaba el beso, metiendo su lengua en la boca, queriendo y necesitando más. Siguió adelante y trató de fundir su erección contra ella. Era demasiado pequeña. La levantó por las caderas hasta que encajó perfectamente en la ranura entre los muslos. Allí se apretó contra ella, frotando su polla contra su montículo. Quería estar en su interior y lo quería ahora.

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Hugh tomó el material de su pantalón de chándal y comenzó a tirar de ellos fuera de su cuerpo hasta que desnudo sus caderas. Para quitarlos por completo, tendría que moverse, algo que no iba a hacer. Le acarició con sus dedos contra la entrepierna, cerca de sus bragas, reduciendo a cero la distancia. Sus bragas estaban húmedas, pero la quería muy mojada. Él deslizó sus dedos en el borde de sus bragas y frotó sus pliegues abriéndolos. Le acarició el coño hasta que su mano estuvo llena de crema. Una vez que estuviese lo bastante húmeda, le arrancaría la ropa interior de su cuerpo y la tomaría a ella. Tenía dos dedos justo en su entrada, cuando la penetró; ella sollozó. Eso sorprendió de nuevo a sus sentidos. ¿Qué demonios estaba haciendo? Él retiró la mano de sus piernas y la dejó caer sobre sus pies, tirando hacia arriba sus pantalones, al mismo tiempo. Luego saltó fuera de su alcance. Ella cayó contra la puerta, jadeando, con una mirada aturdida en la cara. La bestia en él, su excitación y el aroma de su perfume lo hicieron rugir, ¡Tómala! ¡Llévatela ahora! Antes que perdiese de nuevo el control, se apartó de la puerta, la abrió, y rápidamente la empujó fuera.– Lo siento. Perdí la cabeza. Prometo que no volverá a suceder. Vete arriba, de prisa. Hablaremos sobre la renta más adelante. –Entonces él le cerró la puerta en la cara. Una vez que ella estuvo a salvo en el otro lado, y cerró la puerta, con un suspiro de alivio se apoyó sobre ella. ¡Menos mal, que estaba cerca! Unos minutos más y la habría follado, y entonces se podía ir al infierno el pago. Alex lo habría matado. Se suponía que debía protegerla, no violarla. Y no había pensado en los hombres que trabajan en el 69


comedor. Podrían haber entrado en cualquier momento. ¿Qué le estaba ocurriendo a su control? En el otro lado de la puerta, Mary Elizabeth se quedó mirando a su alrededor sin comprender. ¿Qué pasó? Se acordó de estar enojada y discutiendo con Hugh, algo que rara vez hacía con nadie. Entonces él la besó. En realidad, era más que un beso. Fue una reclamación, como algo sacado de una novela romántica. Antes que su mente pudiese procesar el hecho de que el taciturno Hugh la había besado, él literalmente la empujo hacia afuera y le dio un portazo en la cara. Le había dicho algo en ese momento. Una disculpa pero no mucho más. Sus palabras salieron todas juntas, no tenían mucho sentido. Se apoyó contra la puerta con los labios aún hormigueándole y el cuerpo latiéndole. ¿Por qué se había detenido? Las cosas se estaban poniendo interesantes. Al subir las escaleras, le temblaban las piernas, se dijo que estaba agradecida de que él hubiese recobrado el sentido, cuando aún podía. Hugh podía representar una complicación que no necesitaba por ahora en su vida. No importa cuán intensa fuese la atracción entre ellos, o cuánto le gustara discutir con él, el hombre era su casero. Nada bueno podía salir de eso. Sí, era una suerte que él la hubiese dejado cuando lo hizo. Ahora bien, si sólo pudiese convencer de eso a su cuerpo. * * * * * * * * * *

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El resto de la semana paso rápidamente. Mary Elizabeth se esforzó en evitar a Hugh y sólo entraba en el restaurante por las mañanas, cuando sabía que no estaba allí. Ella sonrió al recordar su conversación con Anne a la mañana siguiente. –Le di los brownies a los clientes y fueron un éxito. Deberías hacer más y venderlos en el comedor. Sería un buen ingreso extra para ti. Los chicos ya están pidiendo para ellos. ¡Qué bueno que no les dije que los hiciste o estarían llamando a tu puerta, día y noche, pidiendo que hagas más! –Me gusta hornear, pero es sólo un hobby, algo tengo que hacer para relajarme. No estoy interesada en convertirlo en un negocio. –Deberías pensar en ello. Si el resto de las cosas que haces son tan buenas como los brownies, deberías saber que podrías ganar una fortuna. Mary Elizabeth se rió de ella y no había nada que Anne pudiese decir para convencerla de lo contrario. El martes, Mary Elizabeth compró un traje para la fiesta del viernes. Cuando ella iba de compras, compraba un lote de ropa nueva en los colores y estilos que mejor iban con su figura. Pensó en lo que Kiesha le había dicho y se dio cuenta que éste era el momento perfecto para crear una nueva apariencia. También se había recortado el cabello y se había peinado. Ahora le caía en una cascada de seda sobre los hombros en un estilo que convenía a su cara en forma de corazón. Con el equipo perfecto en la mano, ella estaba lista para el viernes. 71


El miércoles, se dirigió a la tienda para ver cómo se avanzaba y se reunió con Shannon. Se entendieron a la perfección inmediatamente. No tenía ninguna duda de que iban a ser grandes amigas. Por fin, el viernes llegó y era hora de prepararse para la fiesta. Se vistió con cuidado, prestando especial atención a su maquillaje. Terminó, y se miró por última vez en el espejo. Completamente satisfecha con su aspecto, cogió sus cosas y se dirigió a la puerta. Kiesha no le había pedido que llevase nada, pero su madre le enseñó a llevar un regalo para el anfitrión, sobre todo si se trataba de su primera visita a su casa. Tenía la mano en el pomo de la puerta cuando sonó el teléfono. Ella gimió. No podía ser Kiesha de nuevo. Ella juraría que su amiga estaba más nerviosa esa noche que ella. – ¿Sí, señora? –¿Me extrañas querida? Yo te extraño. Maldita sea, quiero decir ¡Maldición! Tenía que conseguir un identificador de llamadas.– ¿Cómo estás, Charles? – Se obligó a ser cortés. – No has respondido a mi pregunta. ¿Me extrañaste? ¿No te sientes sola, no estás lista para volver a casa? –Charles, hablamos ayer y el día anterior. De hecho, llamas cada día, y te digo lo mismo. Este es mi hogar ahora. Hemos hablado de esto antes y te diré lo mismo que le dije a 72


mi madre cuando ella me preguntó. Me gusta estar aquí. – ella no trató de ocultar su impaciencia. –Ella no entiende esta locura más que yo. Tu madre y yo hablamos hoy y yo le expliqué acerca de nosotros. Lo entiende y ha dado su aprobación. – ¿Qué?, ¿Qué está mal contigo?, ¿Por qué hiciste eso?, ya sabes cómo es mi madre. Por favor, deja de llenarle la cabeza con estas cosas. No hay un nosotros, y ha sido así por mucho tiempo, mucho tiempo. Tú te casaste, ¿recuerdas? Tú te casaste y yo me mudé. Somos amigos, Charles, eso es todo. Eso es todo lo que alguna vez habrá. ¡Ahora, tú irás y le dirás la verdad! –Cariño, siento mucho que estés molesta por decirle a tu madre acerca de nosotros antes de que estuviésemos listos. Tienes razón. Debería haber esperado, pero tus padres tienen derecho a saber que tu hermana me engañó. Esa perra mentirosa, ocultó su verdadera personalidad de todos nosotros. –Esa ―perra mentirosa‖ era mi gemela, y durante siete años estuviste felizmente casado con ella. –Ella se burló de mí. Tú nunca lo habrías hecho. Tú me amabas. –Así es, Charles. Te amé, en pasado. Mira, sé que estás dañado y tu ego esta golpeado. Lo siento, pero las cosas son de esta manera. Tú hiciste tus elecciones hace mucho tiempo y estoy contenta con ellas. Eres mi cuñado. 73


Somos una familia, y eso es todo lo que puede llegar a ser. Ahora, me tengo que ir. Me has cogido en camino hacia la puerta. Adiós, Charles. –Puso el auricular en su lugar y se quedó allí por un momento, miraba al teléfono con la mente en otra parte. Inmediatamente comenzó a sonar otra vez, pero hizo caso omiso de eso. Ella sabía que el dolor hacía cosas extrañas en la gente, pero Charles tenía algunos problemas graves que tenía que tratar. No es mi problema – se dijo, y salió por la puerta. Kiesha vivía en lo alto de la montaña en una zona conocida como ―Pico de Raven‖. Conducía lentamente y seguía las instrucciones cuidadosamente. El camino estaba oscuro y cubierto de bosques. Una media hora más tarde, ella estaba frente a la casa de Kiesha, buscando un lugar para estacionar su camioneta. El patio era enorme y estaba lleno de los vehículos. Ella salió de la camioneta, y acomodó la falda en su lugar, metió la mano y cogió sus cosas antes de acercarse a la casa. Cuando se abrió la puerta, ella exclamó: — ¡Oh, qué gran casa. Parece que pertenece a una de esas revistas de diseño de origen, etiquetado como ―el refugio perfecto de montaña‖ — Entregó a Kiesha el pastel de chocolate hecho en casa que había traído como regalo. –Ya lo sé, –se rió, – ¿No es maravillosa?, Alex la ha construido. Es un ―cara o cruz‖, porque no sé qué me gusta más si la casa o el hombre. –¡Hey! He oído. No tienes dudas mujer. Tú me amas, y luego a la casa .–Habló en confianza y le tendió la mano a 74


Mary Elizabeth en la recepción. –Hay algo que me he estado muriendo por saber. ¿Todo el mundo te llamará Mary Elizabeth? Nadie te ha dado un apodo o ha tratado de acortar su nombre, ¿tal vez a mencionar uno solo de ellos? – ¿Y arruinar una fina tradición sureña? - Ella sonaba horrorizada. Al ver la mirada incómoda en su cara, se echó a reír. Kiesha se unió a ella. –Lo siento Alex. No pude resistirme. En realidad, las personas lo han intentado, pero nada parecía bueno. Mi madre era una fanática de la propiedad. Ella corrigió a alguien que trató de acortar mi nombre, hasta que la gente dejó de intentarlo. Estoy acostumbrada. –Vamos, vamos a poner esta torta en la cocina y luego te voy a presentar a nuestros invitados. Por cierto, te ves bien. Amo tu cabello — le dijo Kiesha. Mary Elizabeth miró a su alrededor mientras Kiesha se abría el camino hacia a la cocina. La sala estaba dominada por una enorme chimenea en un lado y una escalera que conducía a un nivel superior en el otro. El techo de la sala era abovedado, y dirigió la atención hacia de uno de los tragaluces en el techo. Alguien había envuelto luces de Navidad alrededor de la barandilla de la escalera, dando a la sala un resplandor festivo. La casa estaba llena. Había gente por todas partes, en las escaleras y el rellano anterior, así como esparcidos por todo el salón. Kiesha depositó el pastel en la cocina antes de volver a la sala donde estaba reunida la mayoría de la gente, y la llevó a uno de los sofás, cerca de la chimenea. Una vez allí, le 75


presentó a Carol Johnson, una mujer afro-americana muy embarazada que parecía que iba parir en cualquier momento. Los ojos de Mary Elizabeth viajaron del vientre hinchado de Carol a su rostro. – No quiero ser grosera, pero ¿es seguro que estés aquí? Parece que vas a explotar en cualquier momento. –Eso es exactamente lo que le dije y el por qué estaba en contra de su venida, pero ¿qué sé yo? Sólo soy su esposo y el padre de su hijo por nacer, –dijo el muy atractivo y calvo hombre sentado a su lado. Kiesha lo presentó como Mark, el marido de Carol y único farmacéutico de Refugio. –Bienvenida a Refugio y a la manada de Raven. –Gracias, –dijo mientras se acercó a estrechar la mano, extendida hacia ella. Poniendo los ojos en blanco, Carol se movió en su asiento. – ¡Por favor!, aún no se inició. Soy enfermera. Yo sé lo que puedo y no puedo manejar. Estoy sentada, ¿no? Además, soy una beta de la manada y esta es una reunión oficial. Es obligatorio que este aquí. Alex se acercó a tiempo para escuchar el último comentario. –No quiero echar más leña al fuego, pero sabes que no es cierto. La salud y el bienestar de un individuo esta antes de cualquier reunión social. Lo habría entendido si no venías. Y habiendo dicho mi parte, me retiro de esta discusión.

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Carol le sacó la lengua, –Cobarde. Estoy bien, realmente lo estoy, –le dijo a Mary Elizabeth. –Alex es mi médico. Si algo me sucede, él está aquí. Kiesha y Alex llevaron a María Elizabeth por los alrededores, para presentarla al resto de la manada y a los vecinos. Aunque principalmente era un espectáculo, algunos amigos cercanos de Alex, también asistieron a fin de que él pudiese mostrar a su nueva compañera. Kiesha le presentó a los que ella conocía. Alex realizó el resto de las presentaciones. Casi al final, vio un rostro familiar. –Al menos un conocido, me alegra encontrarte. Hola, Shannon. Estoy feliz de no ser la única novata aquí. Siento que estoy con un cartel que dice: ¡Carne fresca, venga y sírvase! Shannon se echó a reír. –Yo sé lo que quieres decir. Ha pasado un largo tiempo desde que me han olfateado y medido en la forma en que lo han hecho esta noche. – ¿Es esto normal? Kiesha me dijo qué esperar, pero incluso con su advertencia, no me esperaba esto. Alex respondió antes que las mujeres lo hicieran. –Eres muy observadora. La mayoría de las personas no se darían cuenta. Los machos están rastreando para ver si el acoplamiento es posible. Algunos lo hacen como prueba de compatibilidad y otros desean saben cómo huelen. Por cierto, que huele tan bien.

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Ambas Kiesha y Shannon le habían explicado sobre machos con un agudo sentido del olfato. Debido a ello, Mary Elizabeth no utilizó la loción corporal con aroma y el perfume que solía ponerse, y sólo utilizó el gel de baño perfumado, con el se dio sólo un toque de fragancia. Esperaba que fuese mucho más fácil para las narices sensibles presentes. Se mantuvo de pie conversando con tres hombres hasta que algunos de ellos, los más audaces de la manada se acercaron al alfa para pedir a las damas para un baile. Escuchó a alguien decir ―que demonios‖, Mary Elizabeth y Shannon estuvieron de acuerdo en unirse a la línea de gente que estaba bailando en la pista improvisada. Esto fue muy divertido. Ella no era una gran bailarina, pero aquí no importaba. Canciones rápidas y canciones lentas. Ella las bailo todas, sobre todo debido a la corriente constante de invitados que no le permitieron sentarse. Rápidamente entró en calor y con un encogimiento de hombros se quitó chaqueta manga larga roja, revelando el cuero negro y el corsé de encaje que llevaba debajo. El corsé con orgullo levantó y mostró su generoso pecho al tiempo que marcaba su fina cintura. La falda cubría su generoso trasero dándole una hermosa forma y marcando su figura, que era su mejor ventaja. Ella no era una mujer pequeña, pero era extremadamente curvilínea. Curvas que había escondido en el pasado y se mostraban con orgullo esta noche. No podía dejar de notar que eran observadas y apreciadas por los hombres presentes. Con toda la atención y el deseo en las miradas de los hombres a su alrededor, se lanzó a romper corazones, disfrutando de ser el centro de atención por una vez.

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Hugh llegó tarde. Él había esperado hasta que las cosas se tranquilizaran en el restaurante antes de venir. Luego se había ido a su casa, se había duchado y cambiado por un par de jeans negro y un jersey negro de cierre ajustado que mostraba todo el poderío de su cuerpo y su mejor ventaja. Cuando ingresó por la puerta, fue de inmediato el centro de la atención femenina, lo cual no era noticia. Le dio a Alex una palmada en la espalda y se agachó para darle un abrazo a Kiesha, felicitándolos por la llegada de su cachorro. Mientras caminaba alrededor, lo llamaban para saludarlo, ya que conocía a todos los presentes. Vio a Mary Elizabeth en la pista de baile, rodeada por los lobos y ¡se la veía caliente! Ella había hecho algo a su cabello, algo que le hizo desear deslizar sus manos a través de su sedosa longitud. Su mirada se deslizó por su cuerpo, deteniéndose en el la falda que llevaba y sintió que su pantalón se ponía tenso. Se agachó y se ajustó la polla a una posición más cómoda. Ella llevaba una falda de cuero, corta y negra, eso a él le gustaba, se imaginaba abrazándola. Hombre, él amaba el cuero sobre el cuerpo de una mujer. La forma en que el cuero le formaba el cuerpo debería estar prohibida. Iba a deshacer la sonrisa que ella llevaba en su rostro, por largo tiempo. Su mirada se dirigió al cachorro que estaba bailando con ella y dio un paso adelante antes de que pudiese detenerse. Se podía oler la lujuria del lobo desde donde estaba. Dominándose a sí mismo, se vio como dentro de una fotografía. Él tenía un plan para su vida, que incluía una pareja y cachorros osito bebé. Mary Elizabeth no era parte de ese plan. No se desviaría de su plan, se advirtió a sí mismo. 79


Mientras se daba un duro sermón, otro lobo se acercó por detrás de Mary Elizabeth y le puso las manos en las caderas, frotando su cuerpo contra el suyo en una parodia de sexo. Su movimiento la empujó más cerca del hombre con el que ella estaba bailando, quedando intercalada entre dos de ellos. Los hombres estaban tan cerca de ella que dudaba de que pudiera apretar una hoja de papel entre ellos. Cuando el hombre de enfrente metió las manos por el costado de su cuerpo para descansar justo debajo de su pecho, Hugh estuvo perdido. Un gruñido se desató cuando caminó hacia el trío de baile. ¡Al diablo el plan! **** * * * * * * Alex estaba en la cocina rellenando los cubos de hielo cuando Shannon se acercó a él. –Alex, ¿tienes un minuto? –Claro, Shannon. ¿Qué necesitas? –Quiero hacer una cita para verte. – ¿Cómo tu Alfa o como tu médico? – Como mi médico. Preocupado, puso el cubo de hielo hacia abajo y cruzado donde estaba apoyado contra el centro de la mesada. –¿Hay algún problema? Pareces estar curándote bien. ¿Te duele? – Hacia unas tres semanas, algunos lobos que habían formado parte de la manada, habían atacado a Shannon. Uno de ellos 80


era su hermano, Rory McFelan, macho alfa de la manada Sparrowhawk. Trató de forzarla a aparearse y criar para mantener su raza y evitar que se extinguiese. Él había escogido a dos de los machos más fuertes de su manada, esperando que uno de ellos fuese lo suficientemente fuerte para someterla. Lamentablemente para los hombres implicados, no pudieron. Fue una pelea dominante, pura y simplemente, y como tal se había luchado en forma de lobo. Shannon derrotó a los hombres en combate antes de ir sobre su hermano. Aún herido y cansado, él la derrotó fácilmente antes que ella también herida y sola, pudiese huir por la ribera del río. Shannon fue encontrada y llevada ante él para recibir tratamiento médico por uno de sus residentes vampiro, Nikolai Taranosky. Ella había sufrido mucho daño y estaba demasiado débil para volver a su forma humana, de modo que Nikolai la llevó a ellos después de dominarla bajo presión para evitar que lo atacara. Aunque ella recordaba perfectamente las peleas, no tenía memoria del rescate, que, en su opinión, había sido una buena cosa. Nikolai había demostrado demasiado interés en Shannon para su comodidad. Ella había sanado increíblemente rápido, incluso para un miembro de la manada. A Carol le preocupa que la curación fuese demasiado rápida, pero Alex no había pensado en ello. Tal vez debería haberlo comprobado, como Carol se lo solicitaba. – No, no tengo nuevas heridas. Quiero decir, mis puntos están sanando y todo funciona correctamente. Es sólo que, bueno, esto va a sonar muy extraño. Creo que algo está pasando conmigo, dentro de mi cuerpo. No me duele nada, 81


pero me siento rara. No puedo decir que es o señalar algo en particular. Sólo sé que algo está mal. Alex trató de no mostrar preocupación delante de ella – No creo que sea extraño. Tú conoces tu cuerpo mejor que nadie. Si piensas que algo está mal, definitivamente tenemos que verificarlo. Llama a la oficina el lunes y dile a la recepcionista que te dé un turno lo antes posible. Voy a examinarte, posiblemente realizaremos algunas pruebas para ver si podemos determinar lo que está pasando. Cuando vio el rostro de Shannon, sus hombros caídos y la decepción, algo le pareció sospechoso. – ¿Hay algo que no me estás diciendo? Después de un rápido vistazo alrededor, bajó la voz y se acercó. – No puedo dormir por la noche. Sólo he estado teniendo tres a cuatro horas de sueño al día. Estoy inquieta, de mal humor e irritable. Mi cuerpo esta tan sensible que a veces no puedo soportar la ropa en mi cuerpo. Si yo no me conociese, juraría que voy a entrar en celo, pero eso es una locura. Ya he tenido mi celo este año. Alex sintió que se le aceleraba el pulso. – Olvídate del lunes. Te vienes la oficina mañana por la mañana. La práctica no empieza hasta el mediodía. Quiero que estés allí a las nueve. Mientras Alex estaba esperaba que Shannon asintiese, Mark corrió a la cocina, interrumpiéndolos. – Alex, tenemos un problema. Carol rompió aguas. Kiesha la llevó a la habitación para acostarse. Puedes convencerla de que no 82


mienta respecto a que puede hacer vida de mujer normal. La tonta mujer está en labor de parto y decide no contármelo. Compartió una mirada de simpatía con Shannon, y puso su mano sobre el hombro de Mark, en un gesto tranquilizador. – Ya voy para allá. Déjame ir por mi bolso. –Carol esta lista. La mujer es enfermera. Creo que está preparada. ¿Se puede saber porque ella no se acuesta como una mujer normal? La única razón por la que acepto ir al cuarto, es para que no le haga una escena. Sonriendo porque él conocía a la hembra beta, Alex se negó a hacer promesas. –Veré qué puedo hacer. Shannon, mañana por la mañana a las nueve. No llegues tarde. –Voy a estar allí. Ve a ver a Carol.– Se podría decir de Mark estaba perdiendo la paciencia. Los vio alejarse. Sólo esperaba que Alex pudiese descubrir lo que estaba mal con ella. El estrés de no saber la estaba afectando. La última cosa que ninguno de ellos necesitaba era un lobo estresado, sobre todo cuando se trataba de un lobo alfa como ella.

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Capítulo 5 Mary Elizabeth bailaba con un hombre llamado Eric. Era alto, delgado de buena constitución, y atractivo, del tipo ―niño bonito universitario‖. Él era muy joven para su gusto, pero era un bailarín muy bueno. Él la abrazó, pero no demasiado cerca. De la forma en que la miraba, ella sabía que le gustaba la ropa que llevaba, o más específicamente su revelador escote, por la forma en que su mirada viajaba por encima de su pecho. En realidad no presto mucha atención cuando sintió que alguien venía detrás de ella. Era una fiesta en una casa después de todo, y el espacio era limitado. Entonces, alguien colocó sus manos en sus caderas y un cuerpo masculino muy excitado presionado contra el suyo. Su acción la empujó contra Erik, cuyas manos estaban ya en su cintura. Erik aprovechó la situación tirando de ella aún más, hasta que con cada movimiento, su pecho rozaba contra el suyo y su erección se frotó contra su estómago.

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Nunca había sido colocada entre dos machos en celo antes, pero ella lo manejaba bien hasta que sintió las manos de Erik que comenzaban a avanzar hacia su pecho. Al mismo tiempo, las manos en las caderas se deslizaron hacia el ruedo de la falda. ¡Oh,diablos! Las cosas se le estaban yendo de las manos. ¿Qué iba a hacer ahora? Babs sabría qué hacer, pensó con tristeza. Pero ella estaba fuera de su elemento. Deslizó sus manos alrededor del cuello de Erik, y contrajo los codos en un intento de forzar algo de espacio entre sus cuerpos. Apenas había terminado cuando él cuerpo del hombre pegado a la espalda desapareció. Oyó un gruñido bajo, amenazador a sus espaldas que erizó los bellos en la parte posterior de su nuca. El sonido, hizo que Erik se volviese pálido y enfermizo bruscamente, quitó los ojos de su pecho y las manos de su cuerpo. Tenía las manos en el símbolo universal de rendición demostrando que era inocente, mientras que retrocedía lentamente. Una vez que hubo espacio suficiente, se volvió y desapareció rápidamente entre los bailarines que llenaban la estancia. En realidad, no quería saber quién o qué pudo causar ese tipo de reacción en un hombre adulto, Mary Elizabeth dio un paso adelante sólo para ser detenida en seco por una mano grande y pesada, que aterrizó en su hombro. Realmente no quería saber quién estaba detrás de ella, pero reconociendo que no tenía una opción en la materia, se volvió lentamente. Hugh estaba de pie detrás de ella, pero un Hugh que nunca había visto antes. Era más grande, más agresivo, casi daba miedo mirar la ira que reflejaba su rostro. Y ¿qué eran esos gruñidos que surgían de su pecho? La mano en el 85


hombro se deslizó a su brazo y termino de hacerla girar por completo. Su otra mano bajó a su cadera y tiró de ella para entrar en su cuerpo. – ¿Qué diablos estás pensando? Cualquier gratitud que pudiese haber sentido hacia él por sacarla de una situación incómoda desapareció cuando le gritó – ¿Discúlpame? – El hielo en su tono podría haberla congelado. Nadie le hablaba de esa manera, excepto tal vez su madre. – ¿Y qué diablos estás usando? ¿Dónde está el resto de tu ropa? ¿Qué estas publicitando? O debería preguntar ¿Cuánto cuesta una hora? Tal vez podríamos cambiar nuestro trato. Ella contuvo el aliento bruscamente, sus palabras eran hirientes. – ¿Estás insinuando que parezco a una prostituta? – Ella puso las manos sobre su pecho y empujó con violencia, mientras que al mismo tiempo, llevaba su cuerpo fuera de su alcance. La combinación de ambas acciones aflojaron su control lo suficiente para que ella pudiese escapar. –¡Vete al diablo!– Se dio la vuelta y se marchó, sin darse cuenta de la tensión que se dibujo en el ambiente. Maldiciendo violentamente, Hugh fue tras ella. Llegando afuera, le agarró la mano y tiró, atrayéndola con el impulso, colocando sus brazos alrededor de su cuerpo. Cerró un brazo alrededor de su cintura y le metió la mano en el pelo, usándolo para tirar su cabeza hacia atrás. Luego, la besó. Bueno, 86


algunos podrían llamar a eso un beso. Más bien lo llamaría: "un macho, que sello el nombre de su propiedad‖. Ella colgaba inerte en sus brazos mientras le apretaba la boca contra la suya. Cuando trató de forzar su lengua en su boca, ella se puso violenta. Retiró el pie, y le dio una patada en la espinilla muy duro. Ella estaba muy contenta, ya que había dejado a la señora hablar cuando le vendió sus botas. Estos chicos malos, eran capaces de hacer mucho daño. Hugh hizo un gesto aún con su boca sobre la suya. – ¡Ay! ¿Qué fue eso? –Por maltratarme. Me sorprende que no saques tu pene para orinar sobre mí. Ponme sobre el piso ¡Ahora! ¿Qué les pasa a los hombres? Primero tuve que lidiar con Charles, y ahora esto. Él aflojó su control y la deslizó por la parte delantera de su cuerpo antes de que sus pies tocaran el suelo. Le permitió dar un paso alejándose de él, pero su brazo alrededor de su cintura le impedía alejarse demasiado y aún tenía su mano en el pelo. – ¿Maltratarte? Todo lo que hice fue besarte. Estaba tratando de pedir disculpas. –No, eso no fue un beso. Un beso es lo que pasó entre nosotros la semana pasada. Esto fue como orinar sobre mí, como un perro marcando su territorio. ¡Ustedes, los hombres me están volviendo loca! ¡Primero Charles, salido de no sé dónde y ahora tú!

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– ¡Charles!, ¿Quién diablos es Charles?– Estaba conmocionado y la liberó. –No es tu asunto. –Ella se dio la vuelta al instante, pero no fue demasiado rápida y Hugh la cogió de nuevo. – ¿Quién es Charles? — Él casi le gritó las palabras, ejerciendo la presión suficiente en sus brazos para impedir que se alejara antes de que hubiera respondido a su pregunta. – ¿Por qué sería asunto tuyo? No estamos involucrados ni nada. Ahora me voy a ir. Estás haciendo una escena. – Esta última parte la dijo casi silbado sobre él, quien se dio cuenta de que todas las miradas estaban dirigidas hacia ellos. Al darse cuenta de que eran el centro de atención, la soltó y se marchó. No estaba muy seguro de lo que pasó. En un momento se estaba ocupando de sus asuntos y al siguiente estaba perdido. ¿Qué había en ella que le afectaba de esta manera? Él nunca perdió el control, especialmente con una mujer. Salió de la casa, la expresión de su rostro era feroz. Un camino se abrió ante él, como por arte de magia. Nadie quería meterse con un oso enfurecido. Caminó por el sendero, esperando que el aire frío le despejara la mente y le ayudara a entrar en razón. Todo el tiempo que paseaba, una pregunta rondaba su mente. ¿Quién era Charles? * * ** * * * * * * En lo que se refería a Mary Elizabeth, el incidente con Hugh había terminado y él lo había hecho. El hombre tenía problemas, graves problemas. Ella no entendía el conjunto " no 88


te quiero, pero tampoco quiero que nadie más te tenga‖, esa era su actitud. La besó sin sentido, se disculpó y luego pasó toda la semana evitándola. Bueno, para ser justos, ella también lo había evitado a él. Entonces, esta noche, porque alguien le estaba prestando atención a ella, el montó en cólera e hizo una escena de celos, el hombre era un payaso. Él no podría haber enviado un mensaje más claro si le hubiese golpeado en la cabeza con un garrote y la hubiese arrastrado fuera de los pelos.

Ningún hombre era su propietario. Esta mierda machista tenía que detenerse. O vamos… te gusta la forma en que se maneja y te encanta saber que esta celoso, le dijo una voz en su cabeza antes que lograra acallarla. Su vida finalmente le pertenecía y la iba a disfrutar, cada pedacito de ella. Por una vez, ella no tenía que preocuparse de nada, más que de sí misma y eso era precioso. Salió a la cubierta en la parte trasera de la casa para ver lo que estaba ocurriendo allí. Hacía frío, pero no era insoportable. Alex había colocado estratégicamente estufas que proporcionan calor y luz. El bar se encontraba en la terraza, donde había más espacio. Una vez fuera, podía ver que lo que ella creía que era un piso en realidad era un porche que cubría alrededor de tres lados del perímetro de la casa. Era agradable y muy bonito. Su camino la llevó cerca de la barra. El camarero sonrió y le dijo. – Hey, señora bonita. ¿Qué te gustaría tomar? Sacudió la cabeza y se rió. –No soy buena bebedora.

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–Vamos, es una fiesta. Vive un poco. Voy a hacerte lo que quieras. Vio a varias personas que parecían deportistas con lindos vasos de esos a los que adornan con paraguas. –¿Qué están tomando? Miró en la dirección que ella hizo un gesto. – Oh, eso es un ―Shifter Sorpresa‖. Tú no quieres eso. Es muy fuerte. Déjame ofrecerte algo más. – y procedió a recitar de un tirón una lista de bebidas que podía preparar. Ella lo interrumpió, más interesada en la bebida que no quería que ella tomase que en cualquiera de las que estaba en la lista. – ¿Qué me ofreces? – ¿Qué, tal un daiquiri de fresas? –No, yo sé lo que hay en un daiquiri. Estoy hablando de la Shifter Sorpresa. ¿Cómo se hace eso? De mala gana, le dijo. – Es una mezcla de zumos de frutas y licores, dándole un sabor dulce y amargo. Pero si no eres una bebedora, va a ser demasiado fuerte para tí. Permíteme hacerte un daiquiri. Su actitud realmente comenzaba a molestarla. –Yo no quiero un daiquiri. Quiero un ―Shifter Sorpresa‖. Si es demasiado fuerte entonces tendré que comer algunos alimentos. En realidad, eso no era una mala idea. No había comido y beber con el estómago vacío siempre era una mala idea. La 90


comida lograba que el alcohol no se fuese directamente a la cabeza. Además, con la clase de noche que estaba teniendo, una bebida sonaba muy bien. El barman hizo la bebida y se la dio. –El alfa no va a estar feliz con esto. –Tú le dices que yo insistí. –Sí, señora. Ciertamente se lo diré, –dijo el joven camarero. Mientras caminaba hacia la casa para buscar algo de comida, Mary Elizabeth probó su bebida. Normalmente no le gustaba el sabor del alcohol, esa era una de las razones por las que no bebía. –Oh, esto es bueno.– Dio otro sorbo, uno más grande esta vez y entró en el comedor para buscar comida. Ella veía la mano de Kiesha en todo y con mucha abundancia. Había quesos, todo tipo de carnes, galletas, patatas fritas y salsas, los ingredientes para los nachos, y por supuesto, postres. Ella cargó su plato con una variedad de comidas, entre ellas en la carne y quesos, y luego buscó un rincón para sentarse a comer. Mientras comía, observaba a la gente. Era difícil de creer que la mayoría de ellos eran criaturas con capacidad de transformarse. Con sólo mirarlos, no se podía distinguir los humanos, de los no-humanos. Todos le parecían iguales a ella, a excepción de su nariz y de lo que los había atrapado haciendo. Todos parecían tan normales. Ella no estaba segura 91


de cuando Kiesha tomo la decisión de crear un cuento, o si realmente estaba viviendo uno. Ella confiaba en que su amiga le estaba diciendo la verdad, por extraño que pudiese parecer. Ella no sabía qué hora era, pero se dio cuenta que la multitud empezaba a decrecer. Muchas de las personas mayores ya se habían ido. Vio que las familias conducían a sus hijos hacia la puerta. Ahora que había menos personas, se daba cuenta de que no había visto Kiesha durante mucho tiempo. Ella terminó de comer y había terminado su bebida cuando se dio cuenta de algo extraño. Cuando ella llegó, los hombres pululaban a su alrededor. Ahora, aunque la seguían con la mirada, ninguno de ellos se acercó. Encogiéndose de hombros, sacó esas ideas de su mente, su cabeza se balanceaba al ritmo de la música. El ánimo de la fiesta había cambiado. Alguien apagó las luces y colgaba una bola de de espejos, creando un efecto de discoteca. La música era buena, y el ritmo más sensual. Sus pies se movían mientras se balanceaba de un lado a otro. El ritmo se metió en su alma, obligándola a moverse. Dejó de seguir el ritmo, para dirigirse a la pista de baile, uniéndose a los otros cuerpos que ya estaban girando. * * ** * * * * * * Hugh apoyó su hombro contra una pared, en una esquina lo que le dio una buena vista de la habitación. Él cubrió con su mirada a Mary Elizabeth, observando todos sus movimientos. Siempre que un hombre se le acercaba, él gruñía posesivo, pues sabía que los sonidos se transportan. Los 92


lobos, reconocían el sonido como lo que era, y se mantenían alejados de ella, no querían arriesgarse a contrariar a un oso ya furioso. Él gimió mientras ella se contoneaba en la pista de baile. Se enderezó y su postura era físicamente tan agresiva que desanimaba a cualquier hombre se atreviese a acercarse a ella. Hugh vio como se pavoneaba, hipnotizado por el balanceo de sus caderas. El cuerpo de ella lo llamaba como una sirena, y él era incapaz de resistirse. Se abrió paso entre la multitud hasta que estuvo justo detrás de ella. Como no quería que se detuviera, armonizó sus movimientos a los de ella, acercándose cada vez más. Él quería que ella se acostumbrara a la sensación de su cuerpo contra el suyo. * ** * * * * * * * Una pequeña parte de su mente era consciente de que Hugh estaba bailando con ella. Lo podía decir por la forma en que su cuerpo respondía. Ella no reaccionaba de esa manera con cualquier otro hombre. Retrocedió contra él, disfrutando de la sensación de su cuerpo contra el suyo. Ella no se quejó cuando él aseguró sus caderas con las manos, tirando con firmeza hacia su cuerpo excitado. En su lugar, levantó sus brazos hacia arriba y hacia atrás hasta que pudo colocar sus manos alrededor de su cuello. Esto impulso la posición de sus pechos hacia arriba, dejando una peligrosa cantidad expuesta. No le importaba. Ella quería que él los viese, quería saber lo que él sentía. El ritmo era excitante, sensual, de naturaleza sexual. Cerró los ojos y se entregó a la música, dejando que sus inhibiciones 93


desapareciesen. Quería a este hombre, lo necesitaba para calmar el dolor en su cuerpo. Ella abrió las piernas y arqueó la espalda, cambiando el movimiento de su cuerpo para que él se frotara sensualmente. * * * * * * * * * * Hugh maldijo en voz baja, su movimiento reveló el marrón de las areolas de sus pechos. Un poco más y él sería capaz de ver sus pezones. Quería verlos. Quería tocarlos y apretarlos, para luego poner su boca sobre ellos y ver qué tan sensibles eran. Quería saber si podía hacerla correrse sólo con la succión de sus pechos. La mujer lo estaba volviendo loco. El olor de su excitación lo estaba haciendo marearse. Ella se ondulada sobre él, haciendo que su pene se hinchara aún más. El sudor brotaba de su cuerpo, tratando de frenar la urgencia que tenía de venirse. Hugh dejó que su mano se moviese de sus caderas para descansar bajo el vientre, la punta de los dedos estaba a unos centímetros de su falda, que se había subido, como consecuencia de sus movimientos. La otra mano se deslizó por su cuerpo hasta que se detuvo justo debajo de su pecho. Cedió a la tentación, permitió que su dedo pulgar le acariciara un pezón a través del suave cuero. Él quería sacar el material hacia abajo y acariciarle el pecho desnudo. Su cordura colgaba de un hilo. Mary Elizabeth sintió que humedecía su ropa interior, pensando en todas las cosas maravillosas que podía hacer con sus dedos, si sólo desliza la mano unos pocos centímetros. Hugh puso su nariz contra su cuello, frotándolo contra su 94


garganta. Luego jugó con el oído, mordisqueando y lamiendo hasta que a ella se le puso la gallina y el escalofrío le recorrió todo el cuerpo. La mano en su estómago presionaba más, casi tocando el bello por la proximidad a su montículo. Tomándolo del cuello, ella puso su boca sobre la de él, para darle uno de esos besos que funden los huesos. Luego metió la mano por su brazo hasta que la detuvo sobre la mano que él tenía sobre su estómago. Uniendo sus dedos, ella movió su mano y la colocó por encima de su clítoris, apretando con fuerza, lo que le demostraba lo que ella quería que hiciera. ―Tócame‖ pensó mientras frotaba ambas las manos sobre su cuerpo. Hugh arrancó su boca de la de ella gimiendo profundamente. Esto se estaba saliendo de control. Si no tenía cuidado, iba a follarla donde se encontraban, sin preocuparse de la gente a su alrededor. En ese momento, Mary Elizabeth soltó un gemido sexy de necesidad, y le dio un movimiento extra a sus caderas. Oh, demonios, necesitaba privacidad y lo necesitaba rápido. Si seguían en la pista de baile, su control se iría al diablo. Iba a tirarla al suelo y enterrar su polla profundo en ella. Tenían que salir de allí. Miró a su alrededor con desesperación, tratando de determinar su mejor opción, algo muy difícil de hacer cuando estaba casi ciego, con la necesidad pulsando a través de su cuerpo. La gente estaba por todas partes, en el patio, fuera de los vehículos, y sentados en la escalera. ¡La cocina! Él le pasó su brazo por la cintura y sujetándola se la llevó hacia la cocina. Mary Elizabeth ahuecada contra su polla podía sentirla a través de sus pantalones vaqueros y se apretó 95


contra ella. Hugo perdió la paciencia. Había gente en la cocina, igual que en la sala. Por último, pensó en la única habitación donde habría nadie. Realizando un cambio de rumbo, la llevó por la cocina y a través de un pasillo hasta una sala lateral, cerrando la puerta a los intrusos. Estaba oscuro, pero la luz brilló en el cuarto a distancia por debajo de la puerta. Él la hizo girar hasta que su espalda se apretó contra la puerta, en una posición que le recordaba a su primer beso. Con una mano cubriendo la parte posterior de su cabeza, él tiró de ella hasta encontrarse con su boca. Saqueo su boca y tomó lo que era suyo. Le metió la rodilla entre las piernas, la apertura de su contacto. Su mano se deslizó al interior de su muslo hasta que cubrió su coño. Sintió lo mojada que estaba, y un estremecimiento sacudió todo su cuerpo. Metió sus dedos en la tanga y tiró, arrancando hacia abajo. Ya no quería nada que le impidiese tocarla como él deseaba. Deslizó un dedo y luego otro dentro de su mojado y hambriento coño. Demasiado bajo, la necesitaba alto. Arrancó su boca de la de ella y se inclinó, enganchando la mano debajo de su rodilla y la levantó, deslizando su cuerpo sobre la puerta. – Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura y espera. Ella se agarró fuertemente con los muslos, afirmando la espalda sobre la puerta para mantener el equilibrio. – Por favor – suplicó. 96


– Sólo un minuto. Ábrete el top. Quiero chupar esos pechos voluptuosos que tienes. Buscó los ganchos. Cuando no los encontró, metió la mano y levantó sus senos hasta que descansaron en la parte superior. – Son perfectos cariño. Levántalos hasta mi boca. Eso está muy bien. Justo así. – bajó la cabeza y tuvo una gran parte de su pecho dentro de su boca y pudo mamarlo profundamente. – ¡Hugh! – ¡Shhh! Tenemos que estar en silencio. No quiero que nadie venga a investigar. – Por favor – se quejaba. – Necesito... – Aguanta, cariño. Te daré lo que necesitas. – Él metió sus dedos dentro de su vagina y extendió su crema sobre ellos todo lo que pudo. Con la humedad de su lubricación, su pulgar la frotaba, trazando un movimiento circular alrededor de su clítoris, mientras que buscaba por dentro, hasta encontrar su punto G. Luego él la frotó con mucha firmeza. Dios, era una gritona. Preocupado porque ella atrajese atención no deseada, puso su boca sobre la suya, comprobando que los sonidos que hacía eran muy sexy. No pasó mucho antes de que se pusiera tensa, el cuerpo se apretó con fuerza alrededor de sus dedos cuando el orgasmo

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la sacudió. Maldita sea, ella era muy sexy. La próxima vez que viniese, sería alrededor de su polla. Se apartó de su boca y permitió que sus piernas cayesen al suelo. Atraía los dedos hacia su boca para probar su sabor cuando Mary Elizabeth se deslizó hasta el suelo de rodillas. Él extendió su mano y trató de alcanzarla, horrorizado de ver que había permitido su caída. O al menos, eso era lo que él pensaba que había sucedido, hasta que sintió las manos de ella en su cinturón, desabrochándoselo. Ella hizo rápidamente el trabajo de abrir la correa y bajar la cremallera. Ella estaba caliente, su calor llegaba a sus manos cuando las puso sobre su dolorosa excitación. El sintió su aliento caliente, un segundo antes de sentir el calor húmedo de su boca sobre él. Oh, diablos, sí que se sentía bien. Apoyó la palma de la mano contra la puerta y la vio llevarlo a su boca. Era un hombre grande. Su boca era pequeña y el ajuste apretado. Trabajó sobre su polla con una experiencia que lo habría conmocionado si su cerebro hubiese estado funcionando. Todo lo que podía hacer era sentir, hasta que comenzó a empujar sus caderas, observando su polla que caía dentro y fuera de la boca. – Eso es nena, chúpamela. Maldita sea, que se siente bien. – tenía los puños apretados alrededor de su eje, dejando caer una ligera caricia de vez en cuando sobre sus bolas. Su escroto empezó a elaborar lo que se sentía como un orgasmo, sentía como se aproxima. Agarrando la parte 98


posterior de su cabeza con la mano, él mantuvo el ritmo constante para sus golpes. La cabeza de su polla golpeó la parte trasera de la garganta, ella estaba como amordazada. Trató de retroceder, pero ya era demasiado tarde. El maldijo y sintió como su semilla hacía erupción. – ¡Maldición, bebé!. Lo siento. Eso fue muy torpe. Mary Elizabeth se apoyó contra la puerta, con un absceso de tos. – Está bien, –dijo una vez que el ataque de tos había terminado. Desanimado, Hugh extendió la mano y encendió la luz. Mary Elizabeth parpadeó mientras sus ojos se acostumbraban. Estaban en la sala de lavandería. Hugh pasó a un lavabo pequeño y se lavó las manos antes de ajustar su ropa. – Tenemos que acomodarnos a menos que desees que todo el mundo se dé cuenta de lo que estábamos haciendo.– Hugh no sabía que pasaba, pero su aroma lo envolvía. El oso dentro de él rugió en su aprobación. ¡Mía! Ahora que la bruma de la lujuria se estaba despejando de su mente, él se preguntaba a sí mismo. Si realmente no quería a esta humana, ¿por qué le estaba resultando tan difícil permanecer lejos de ella? Tenía que hacerlo mejor que eso. Aunque no la había follado, se había acercado. Su oso todavía tenía hambre. Sabía lo que quería, y lo que quería era a Mary Elizabeth.

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Necesitaba dar un paso atrás y reajustar sus pensamientos. Por difícil que resultara de creer para él, había una gran posibilidad de que Mary Elizabeth fuese su compañera. En este momento, no estaba seguro de lo que sentía por ella. Si la hubiese probado como deseaba antes de ser distraído, lo sabría con certeza. Sí, él quería una compañera, pero él quería hacer la elección. A pesar de cómo se sentía su oso acerca de la situación, era el hombre quien tendría que vivir con ella. Tenía que estar seguro de que ella era la elegida. * * * * * * * * * * ¿Qué demonios estaba haciendo? Lo último que necesitaba era un hombre de su vida. En primer lugar, ella vivía en su departamento, que se parecía demasiado a vivir con él, y eso le daba un adicional de control sobre ella que no le gustaba. Además, era una firme creyente en no mezclar negocios con placer. Había visto de primera mano los resultados de lo que sucedía cuando las cosas se echaban a perder en ese tipo de relaciones, y siempre lo hacían con el tiempo. Si esta relación fuese mal, ella tendría que mudarse, y eso podría resultar difícil, ya que su apartamento era el único en alquiler disponible en la ciudad. Por una vez, tenía el control de su vida. No había nadie que le dijese qué hacer, cómo pensar, y qué ropa usar. Ella era finalmente libre. La única persona que tenía a favor era ella misma y Hugh arruinaría todo eso. Lo triste era que había sido ella quien lo había alentado. Por lo tanto, ella era

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la que tenía que arreglarlo. Era hora de verificar los daños y tomar el control. – Mary Elizabeth, creo que tenemos que dar un paso atrás y reflexionar sobre lo que estamos haciendo antes de que esto vaya más lejos. Eres una mujer bonita, pero eres mi inquilina. Una relación entre nosotros no sería una buena idea. –Oh, estoy tan feliz de oírte decir eso. Esto es un error. Sé que te dí la impresión equivocada de este momento. Yo realmente no soy el tipo de mujer para una sola noche. Lo último que quiero es una relación contigo. – Estaba tan aliviado. Entendía perfectamente cómo se sentía y estaba en la misma sintonía. Metió sus senos en su parte superior de su traje y tiró de la falda, haciendo que todo quedara cubierto. Hugh se puso ceñudo y un gesto feroz cruzó su rostro. – ¿Qué pasa conmigo? – ¿Qué?–, preguntó distraída, su mente ya estaba en otra cosa. Ella tuvo que arrastrar su mente nuevamente a la conversación. – Por lo que yo sé, nada. – Ella misma lo había inspeccionado para ver si algo estaba fuera de lugar. –Tú dijiste: "Lo último que quiero es una relación contigo‖, ¿Por qué conmigo, en concreto? ¿Es por Charles?– Mary Elizabeth cuadró sus hombros. – ¿Estás loco? ¿No acabas de decir una relación entre nosotros no sería una buena idea? –¡Hombres! Esta era una razón más por la qué 101


no necesitaba un hombre en su vida. Ella se volvió y abrió la puerta, se asomó para ver si alguien estaba cerca. Sí, pero fue diferente cuando él se lo dijo. Nunca se esperó que ella estuviese tan de acuerdo. ¿Por qué estaba tan en contra de una relación con él específicamente? Era un buen partido. Era dueño de su propio negocio. Era bastante decente y era un buen tipo. ¿Qué más podía querer? Las mujeres siempre lo querían. Nunca tuvo problemas para atraer a las mujeres. Él por lo general tenía que ahuyentarlas. La vio buscar debajo de la falda, quitarse las bragas y tirarlas a la basura antes de volverla a su lugar. Luego ella salió por la puerta. Saber que estaba desnuda debajo de la falda causó una fuga de sangre de su cabeza y el flujo fue directamente a su polla. Salió de la sala detrás de ella, decidido a obtener una respuesta a sus preguntas. ¿Qué tenía en su contra y quien infiernos era Charles? Era de él, no de este tipo, Charles. No importaba que hasta ahora no hubiese querido. Todo eso cambió en el instante en que descubrió que no lo quería. ¿Qué clase de juego estaba jugando? La mujer prácticamente se arrojó a él y ahora le estaba diciendo que fue un error? Casi la alcanzó en la cocina, pero Kiesha se interpuso en primer lugar. * * * * * * * * * * – Kiesha, ¿dónde has estado? Te busqué, pero no te vi por ninguna parte. – Mary Elizabeth estaba tan contenta de verla. Podía sentir Hugh caliente y pesado detrás de ella. 102


–Carol tuvo a su bebé. – Kiesha estaba realmente brillante por la emoción. –Y lo llegué a ver. Este es el primer nacimiento al que he asistido. – ¡Qué! – El impacto que le causo lo que le estaba diciendo hizo que Mary Elizabeth se olvidarse de Hugh, que estaba allí ceñudo. – Lo sé. ¡Increíble! Al parecer, ella tenía contracciones y no le dijo a Mark. Estaba decidida a estar aquí esta noche. Tú viste eso. Bueno, rompió bolsa y fue a buscar a Alex. Consiguió eso, en lugar de tumbarse y pedir a gritos ser sedada, como cualquier mujer sana debería hacer, ocuparon el dormitorio de invitados, convirtiéndola en una sala de partos. Se llevaron los elementos, los suministros necesarios... Alex tuvo que hacer que se acostara . – ¡Cerca de esta habitación!, ¿En serio?– La idea misma de que era alucinante. – Muy serio. – En ese momento, Shannon se acercó y le preguntó acerca de Carol a Kiesha. – ¿Cómo te enteraste? Yo no era consciente de que cualquiera que no estuviese en el dormitorio con nosotros sabía lo que estaba pasando. Tratamos de no llamar la atención hacia lo que estaba pasando. – Yo estaba hablando con Alex cuando Mark vino a buscarlo, – explicó Shannon.

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–Carol está muy bien. Es un niño. Mark está fuera de sí de la emoción. – ¿Qué nombre le van a poner? ¿Se han decidido por un nombre? – Tanto Shannon como Mary Elizabeth hablaban, a la vez superponiendo sus palabras – El nombre de su padre, por supuesto. Mary Elizabeth miró a Shannon y ambas intercambiaron gestos. Conocían esa tradición. Las mujeres rara vez optaban por llamar a sus hijos con un nombre diferente del de su padre. Con todos los bellos nombres para elegir, por no mencionar la confusión que implica tener dos personas en la misma casa con el mismo nombre. No, eso era una cosa de hombres. Riendo, sacaron algunas sillas en el bar y se instalaron para conversar. Hablaron acerca de los nacimientos, de otros sobre los que habían visto u oído algo. Mary Elizabeth, quien no estaba haciendo un buen trabajo tratando de ignorar a Hugh como pretendía fingir, lanzó un suspiro de alivio en silencio cuando finalmente este se marchó. Tan pronto como se fue, Shannon se dirigió a Mary Elizabeth. –Entonces, ¿qué fue todo eso? – No sé de qué estás hablando. – Pero su rostro se puso rojo y miro hacia cualquier lado, evitando mirar a Shannon. 104


Kiesha miró hacia atrás y hacia los lados antes de dirigirse a Shannon. – ¿Qué está pasando? ¿Qué me perdí? – Nada, – murmuró Mary Elizabeth, con la esperanza de Shannon se dejase pasar. – Oh, no lo sé. ¿Que nada sería eso? La nada que comenzó después de que golpearas a Hugh por besarte en la pista de baile o la nada en la que los dos estaban calientes y duros mientras bailan, justo antes de desaparecer juntos – Shannon sonrió, obviamente disfrutando de ella. – De verdad. Oh, Dios. Dime Mary Elizabeth, ¿hay algo que te gustaría compartir? Señora, ―yo no tengo tiempo para una relación‖. Ahora que lo pienso, ¿dónde estabas? Sé que no estaban en la cocina cuando entré por primera vez, y Entonces ¡puf! Me doy la vuelta, y ahí estás. Pero tú no viniste de la sala de estar. Shannon se inclinó hacia adelante y olió a Mary Elizabeth, causándole una sacudida de incomodidad. Un brillo diabólico iluminaba sus ojos. – Hugh se huele sobre toda ella. Dondequiera que estuviese, Hugh estaba allí, también. Kiesha levantó ambas cejas, en silencio, demandando que dijese algo. – No hay nada que decir. – Por supuesto que no, – afirmó Shannon con una sonrisa.

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– No lo hay. Coincidimos en dar un paseo por el jardín. Eso no quiere decir nada. – Ninguna cosa, – se hizo eco de Kiesha, obviamente, tratando de no sonreír. –Incluso si estuviese interesada en él y no digo que lo esté, no podría salir de él. Piénsenlo. El hombre es el propietario del departamento que alquilo. – Correcto. El propietario. Gran problema, – bromeó Shannon. –No funcionaría. Es demasiado masculino... demasiado dominante... demasiado... demasiado... – ¿Alpha? – sugirió Kiesha. Mary Elizabeth chasqueó sus dedos – ¡Sí! Eso es. Es demasiado alpha. Ya he tenido suficiente de gente que me diga qué hacer. Esta noche fue interesante, pero simplemente no funcionaría. Hugh opina lo mismo. Kiesha y Shannon se miraron dubitativas. – Realmente, es cierto.¿ Ambos estuvimos de acuerdo? – ¿Estás segura de que ambos están de acuerdo? Ese hombre se veía poderoso y determinado hace un minuto. No creo que esto esté terminado en lo que a él respecta.

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Mary equivocada.

Elizabeth

esperaba

que

Kiesha

estuviese

* * * * * * * * * * De regreso en la sala de estar, Hugh se encontró con Alex. – Escuché las noticias. ¿Todo el mundo bien? A Alex se le dibujo una gran sonrisa en el rostro. – Todo el mundo está muy bien. Desearía que todos mis partos fuesen tan suaves como fue éste. Hugh también sonrió. – ¿De verdad esperabas algo menos de Carol? – No, no puedo decir que lo esperaba. –Compartieron una sonrisa. – No puedo esperar a verla corriendo detrás del pequeño. Está obligado a tener su terquedad y su obsesión por los detalles. Quizá herede el sentido del humor de Mark, eso sería muy interesante. Alex miró a su alrededor. –¿Has visto a mi pareja? Desapareció mientras me estaba limpiando. – Está en la cocina con Shannon y Mary Elizabeth. – Quién estaba intentando hacer su mejor esfuerzo por ignorarlo. Desde donde estaba, él debía ser capaz de verla en el instante en el minuto en que ella saliera. – ¿Qué piensas de ella?

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– ¿De quién? — Esperaba que no estuviese hablando acerca de Mary Elizabeth. No había tomado una decisión sobre el tema todavía. – Mary Elizabeth. ¿Cuál es tu impresión acerca de ella? Maldita sea, era Alex. Hugh no podía mentir. Alex sería capaz de olerlo. Lo mejor que podía hacer era contestar con evasivas. Él realmente no quería hablar de sus sospechas en ese momento. – Yo realmente no he estado mucho alrededor de ella. Ha ayudado en el restaurante un par de veces y lo que hizo a ese apartamento es poco menos que increíble. – Esperaba que Alex lo dejaría ir con eso. Él no estaba dispuesto a decirle a nadie que ella quizá podía ser su compañera. Todavía estaba teniendo dificultades para creerlo él mismo. – ¿Así que ella no te ha dicho nada acerca de sí misma? – No. ¿Por qué?– ¿Qué sabía Alex que no le estaba diciendo? Alex parecía como si estuviera debatiendo sobre si continuar o no. Hugh contuvo la respiración, mentalmente empujó a Alex a seguir. Por último, Alex asintió con la cabeza, como si hubiese llegado a una decisión. Indicó a Hugh un lugar más cerca de la pared, lejos de cualquier oído que pudiese escuchar lo que iba a decir. – Una de las razones por las que quería que le alquilases tu departamento, fue para que tuvieses tus ojos sobre ella. Tú lo sabes. Lo que no sabes es que Mary Elizabeth acaba de enterrar a su hermana gemela. 108


Por lo que Kiesha me dijo, la relación entre ellas no era buena. Pero aún así, era su hermana. Yo estuve en el funeral con Kiesha cuando la madre se arrojó sobre el ataúd y gritó que hubiese querido que fuese Mary Elizabeth la muerta y no su hermana. Hugh silbó por lo bajo, – Hombre, eso no está bien. – Hay más. Al parecer, ella era la hacía todo en esa familia. La que murió era la hermosa, y la consentida caprichosa. Mary Elizabeth era el guardián de esa familia, el que nunca se reconoce. Kiesha la quería aquí para sacarla de esa horrible familia. Hugh digirió la información en silencio antes de preguntar: – ¿Sabes quién es Charles? – Si no me equivoco, ese era el nombre del marido de la hermana. ¿Por qué? – Sólo algo que ella dijo. ¿ Así, que ella vino aquí para escapar y volver a empezar? – Eso podría explicar algunas cosas. – Sí. Espero que ella esté a la altura de alguno de mis lobos. Kiesha estaría feliz de tenerla aquí de forma permanente. Hugh sintió a su bestia revelarse, rechazando la idea de Mary Elizabeth con nadie más que él. Entonces, lo que Alex dijo lo deprimió, – Pensé que se había mudado aquí para siempre. ¿Estás diciendo que esto es temporal? 109


– No, no se supone que lo sea. Kiesha está preocupa de que su familia se dé cuenta de cuánto dependen de ella, y ejerzan presión para que vuelva. Acaban de perder a una hija. No pueden estar felices por la pérdida de Mary Elizabeth, también. – ¿Crees que volverá si le aplican la presión suficiente? – Encima de su cadáver. Ella no se iba a ninguna parte sin él. – Es posible. Ella no tiene familia aquí y estaba muy pendiente de su familia. La única persona que conoce aquí es Kiesha. Esta su trabajo, pero Kiesha sabe que eso no la detendrá si decide volver. Si ellos juegan el factor de culpabilidad correctamente, pueden llegar profundo en ella y hacerla retroceder. Vamos a esperar. Ellos van a intentar llegar a ella, si ella no tiene oportunidad de echar raíces. Entonces será más vulnerable a la persuasión. – Si, ella me dijo que perdió a su hermana, yo no le entendí. Ella no está actuando muy afectada por la pena. Bueno, parecía un poco triste cuando llegó por primera vez, pero nada desde entonces. – Por lo que observé en el funeral, Mary Elizabeth no es del tipo para que demuestran sus sentimientos. Cuando su madre le hizo ese comentario, sólo hubo un parpadeo breve de dolor, pero luego nada. Es como si se lo guardara en su interior, muy profundamente. Kiesha no cree que se dé cuenta aún de lo sucedido. Ella cree que Mary Elizabeth ha estado tan ocupada cuidando de todo el mundo que no se ha permitido darse tiempo para el duelo. Los dos estamos preocupados 110


acerca de lo que sucederá cuando el dolor la afecte. Ella no debería estar sola cuando eso suceda. Ahí es donde tú entras, te necesitamos para mantener un ojo sobre ella sin hacerlo en forma sospechosa. Hugh pensó por un momento. – Creo que sé cómo hacerlo sin su conocimiento. Ella pasa mucho tiempo en el restaurante con Anne, aunque esto puede cambiar cuando comience a trabajar. Ella hace deliciosos postres. Puedo preguntarle si estaría dispuesta a hacer algunos para la cena. Eso me daría una razón distinta de ser su casero para mantenerme en contacto con ella. – ¿Crees que funcione? – No lo sé. Anne lo sugirió, pero no hizo caso. Todo lo que puedo hacer es intentarlo. Si no da resultado, voy a pensar en otra cosa. – Eso le daría la excusa que necesitaba para acercarse a ella sin que sospechara nada. Él dejó de hablar cuando Kiesha se acercó, y miró a su alrededor, expectante, buscando a Mary Elizabeth. Alex se acercó y aproximó a Kiesha a su lado. – ¿Cómo lo llevas? Con un suspiro, Kiesha miró a Hugh y puso los ojos en blanco. –Alex, todavía estoy en mi primer trimestre. Estoy bien. ¿Vas a hacer la misma pregunta todo el embarazo? – Sí. – Hugh y Alex respondieron ambos sonriéndole.

al mismo tiempo,

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– ¿Tienes hambre? ¿Tienes sed? ¿Te traigo algo? ¿Es necesario que te sientes a descansar? – No, me agarré un plato mientras estaba en la cocina hablando con Shannon y Mary Elizabeth. Mary Elizabeth me dijo sobre esta bebida que probó y lo buena que era. Ella dijo que realmente tenía sabor a fruta y apenas si se notaba el alcohol. Me gustaría beberla. Quiero probar una. Hugh y Alex se miraron con preocupación. Alex preguntó: – ¿Les mencionó el nombre de esta bebida? – Algo como Shifter. Pensé que era una especie de fresco pero es un trago al que nombraron ustedes. – Nosotros, cariño. Tú eres uno de nosotros ahora, – le recordó. –¿Fue un Shifter Sorpresa? Kiesha señalo con un dedo. – Sí, ese es su nombre. – ¿Dónde está ahora? – Esta vez la pregunta vino de Hugh. Miraba alrededor, tratando de localizarla a ella. – Ella se fue a su casa. – Kiesha sonreía como si supiera algo que ellos no. – ¡Qué! – Una vez más Hugh y Alex hablaron a coro, esta vez en estéreo.

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La sonrisa instalada en la cara Kiesha pasó a ser sustituido un ceño fruncido. – Me dijo que se marchaba. Ella estaba cansada. ¿Es eso un problema? Hugh se volvió a Alex. – Voy a ir tras ella para asegurarme que está bien. Explícale a tu pareja. – Y cuando encuentre a la mía, la voy a girar sobre mis rodillas. Hugh se volvió y se fue. – ¿Qué está pasando? ¿Por qué se va detrás de Mary Elizabeth? Si está en problemas, es mejor que empieces a hablar... Ahora. Es de mi amiga de la que estamos hablando. – ―Shifter Sorpresa‖ es una bebida hecha especialmente para nuestros machos. Debido a nuestro alto metabolismo y la masa corporal magra, es difícil para nosotros intoxicarnos no importa cuánto bebamos. El alcohol no se queda en nuestro sistema el tiempo suficiente para obtener siquiera un zumbido. Para evitar esto, alguno de los chicos creó una bebida especial el Shifter Sorpresa. Está hecho con varios diferentes licores y jugos de fruta, más un ingrediente adicional que refuerza el alcohol en nuestro torrente sanguíneo para golpear fuerte y rápido, antes de que nuestro metabolismo pueda quemarlo. Es como tener cinco tiros extra en nuestro cuerpo al mismo tiempo. – Así que esta bebida es muy fuerte, entiendo eso. ¿Pero, por qué Hugh salió corriendo tras ella? Se veía bien para mí.

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– ¿Es Mary Elizabeth una buena bebedora? – Estaba permitiendo a su cerebro tiempo para llegar a la conclusión correcta. – No, no lo es. Ella se emborracha con un vino espumante. – ¿Qué va a pasar cuando todas las muestras de licor de su sistema hagan efecto, especialmente si ella está conduciendo por una carretera de montaña oscura? La boca de Kiesha formó una silenciosa "O", cuando ella finalmente entendió a lo que él quería llegar. Antes de que ella pudiese emitir un comentario, Shannon se reunió con ellos. – ¿Qué está mal Kiesha? Puedo oler tu miedo. Alex respondió a Shannon, sabiendo que entendería su preocupación. – Mary Elizabeth bebió un Shifter Sorpresa. – Lo sé. La vi beber. – ¿La viste y no la detuviste? – Alex no podía creerlo. – No. Ella sólo tomó uno y estaba comiendo todo el tiempo mientras sorbía su trago. Si va a tener un impacto importante en su sistema, no lo ha hecho por ahora. ¿Es por eso que Hugh partió? – Sí. Se fue a garantizar que llegue a su casa en una sola pieza

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– Bueno, ella va a estar bien. Mary Elizabeth es una mujer inteligente. No sé por qué están tan preocupados por ella. – Tal vez no, – Kiesha dijo lentamente, con una mirada pensativa en su rostro. Su tono de voz llamó la atención tanto de Shannon y como de Alex. –¿Por qué dices eso, cariño? – No, Alex quería más malas noticias. Estaba empezando a relajarse. – Le gustó tanto el trago que se bebió otro camino a la puerta. * * * * * * * * * * Mary Elizabeth llegó a su casa, con la bebida en una mano y la bolsa en la otra. ¡Qué noche! Tiró el bolso encima de la mesa de café y se sentó a desatarse las botas. Con un suspiro de alivio, movió los dedos de los pies. Eso estaba mucho mejor. Se quitó la chaqueta, apoyó los pies en la mesa de café, y se sentó tomando su bebida. La había pasado muy bien en la fiesta, pero estaba cansada. Recordaba bastante. Sería mejor que se moviese, de lo contrario se despertaría en el sofá. Ella terminó su bebida y tiró la copa sobre la mesa. La recogería en la mañana. Después de apagar las luces, se dirigió a su habitación, despojándose a su paso. En el último minuto, se desvió hacia el baño. Estaba sudorosa por todos los bailes y necesitaba una ducha. El súbito cambio de dirección le hizo tropezar y se cayó contra la pared, se sentía un poco mareada. Cuanto 115


antes se bañara mejor. Estaba muy cansada, y estaba mareada. Tenía la intención de darse prisa en la ducha, pero el agua caliente se sentía latir tan bien sobre sus músculos cansados que ella se quedó. Otra ola de mareos la invadió y decidió que era mejor que terminara. Se dio prisa con el resto de la ducha y casi se cayó tratando de lavar sus piernas. ¡Hombre! sería mejor irse rápido a la cama rápido. Cerró el agua, y dejó la toalla en el estante. No tenía ningún sentido cubrirse. Acababa de caer en la cuenta, que nadie podía ver que estaba desnuda. Abrió la puerta del baño, su mente se centró en meterse en la cama y le gustaba pensar que no se toparía con una pared invisible.

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Capítulo 6 Hugh dejó la fiesta en medio de un pánico controlado, tratando de no pensar en todas las cosas que le podían pasar a su compañera antes que él pudiese llegar a ella. El envenenamiento por alcohol era una de las pocas cosas que no pasaron por su mente. Conducía despacio, escaneaba ambos lados de la carretera en caso de que ella hubiese perdido el control de su vehículo y se hubiese salido de carretera. Con todos esos árboles, sería demasiado fácil conducir a la derecha, tener un accidente y no verlo hasta que fue demasiado tarde. Sus nervios estaban más alertas que en su última misión. Le había dado al Tío Sam veinte años de su vida, realizando misiones y poniendo el peligro su vida en la línea del enemigo. En cierto modo, podía entender a Mary Elizabeth. Él sabía lo que era tener otras personas controlando sus acciones, siempre tener que responder a alguien que no es uno mismo. Si bien entendía cómo se sentía, eso no cambiaría nada. Ella era su compañera e iba a tener que ajustarse a eso.

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Había tenido dudas antes, no ahora. La bestia estaba tirando de la correa, instándolo a toda prisa. Su compañera estaba en peligro y quería salir. El control que, a sabiendas de la paciencia fue la clave, no podía permitirse el lujo de joderla por correr. Podía provocar que se perdiera algo que tenía que ver. Para calmarse, se concentró en su conversación con Alex. La idea de que ella se marchara le provocó un gruñido desde lo profundo de su pecho como si su bestia se sacudiese contra su jaula. Él y su bestia estaban en perfecto acuerdo. Su compañera no se iría a ninguna parte, no si él tenía algo que ver con eso. Sus pensamientos volvieron hacia el misterioso Charles ¿Por qué había hablado de él? ¿Tenía algo que ver con su cuñado? Ella no parecía del tipo para hacer algo así. Tal vez se refería a otra persona. No importaba. Ella le pertenecía a él, no importa lo que nadie pensara. No estaba seguro de por qué, pero algo tenía esta mujer, que sacaba en él a su cavernícola. Quería agarrar a Mary Elizabeth por su pelo y arrastrarla a su cueva, usando su garrote contra cualquiera que se pusiera en su camino. Una vez que estuviese seguro que ella estaba bien, él iba a aclarar un par de cosas. No importaba lo que ella quisiese. Ella era suya. Ella podría salir de cualquier problema estando con él. En la primera oportunidad que tuviese, él la reclamaría. Dada la forma en que se sentía, él probablemente tendría que engañarla. Debía pensarlo un poco, y crear su plan de batalla. Una vez, había destacado en la planificación estratégica. Reclamar a Mary Elizabeth sería la 118


misión más importante de su vida. Iba a necesitar de todas sus habilidades para lograrlo. En primer lugar, tenía que aprovechar la atracción que ella sentía por él. Ella podía negar que él le gustaba, pero había algo de gran alcance entre ellos, algo explosivo. Todo lo que tenía que hacer era convencerla de explorar su atractivo y dejar que la naturaleza siguiese su curso. Dejarla pensar que era su elección. Debía conseguir que bajara la guardia y el calor del apareamiento haría el resto. Le pareció una eternidad, pero logró hacer todo el camino a la ciudad sin dañar su vehículo. Vio el comedor, y condujo a la parte trasera. Su camión estaba estacionado al azar en el lote. Veía con temor, pero aliviado de que ella había llegado a casa, aunque preocupado porque normalmente estacionaba con más cuidado de lo que estaba viendo. Subió la escalera de dos en dos hasta llegar a la cima. Hugh golpeó a la puerta, y luego esperó en vano una respuesta. Las paredes de la vivienda eran demasiado gruesas para que se escuchase nada en el interior, incluso con su sensibilidad auditiva. Cuando él hubo esperado lo que consideró una cantidad razonable de tiempo para ella a abriese la puerta, sacó sus llaves y entró. Una vez dentro, podía oír la ducha. Él no se iría hasta que viese por sí mismo que estaba bien. Cerró la puerta, y en el último momento, le hecho llave también. Había una copa dejada con descuido en la mesa de café, que él reconoció de la casa de Alex. Se sentía el olor del alcohol desde estaba. Maldita sea, ella debió tomar otro trago al salir por la puerta. 119


La ducha se cerró. Cuando se volvió hacia el cuarto de baño, vio la falda en el suelo. A pocos pasos más allá estaba la parte superior que había llevado. Se quitó la chaqueta y la tiró sobre el sofá, su temperatura corporal aumentó repentinamente. Él iba y venía, esperando a que ella saliese del baño. ¡Joder con eso! Ella llevaba demasiado tiempo. Iba a entrar para ver como estaba. Cuando extendía su mano para alcanzar el picaporte, la puerta se abrió y salió Mary Elizabeth, mojada, desnuda y reluciente. La sangre drenó al instante de su cabeza a la ingle. Todo, menos la necesidad de aparearse quedó olvidado, llegó para estar con ella. Mary Elizabeth lo vio y se puso blanca como una hoja, y luego un interesante matiz de verde. Ella golpeó una mano sobre su boca, sus ojos reflejaron la necesidad de ayuda antes de que ella se diera la vuelta y se arrojara en el inodoro. Sonidos de arcadas se escuchaban y también como su cuerpo se liberaba del contenido de su estómago. Oh, demonios, él había tenido miedo de esto. Elevó las mangas de su camisa y la siguió al baño. Se arrodilló en el suelo abrazando el inodoro viendo como su cuerpo se hinchaba por los espasmos. Recogió su cabello, tirando de él hacia arriba y atrás, y le dijo palabras tranquilizadoras. Se quedó así hasta que su estómago estuvo vacío, aunque agitado y seco. Hugh tomó paño lo mojó en agua fría y lo colocó en su frente caliente y sudorosa. Usando su pelo como un mango, 120


tiró la cabeza hacia atrás hasta que se detuvo en el muslo. Cuando se detuvo jadeante, la ayudó a ponerse de pie y la sostuvo mientras ella enjuaga su boca y hacía gárgaras. Luego la levantó cuidadosamente en sus brazos, la llevó al dormitorio, y la puso en la parte superior de la cama. Buscó hasta que encontró un analgésico. Con un vaso de agua en una mano y las pastillas en la otra, volvió a la habitación y se sentó en la cama junto a ella. Se deslizó su mano por debajo de su cuello y la levantó en medio sentado. – Bebe esto. No quieres deshidratarte. Toma pequeños sorbos, tu estómago aún esta revuelto. Cuanta más agua logres beber, mejor te vas a sentir. Él llevo el vaso hacia su boca y lo mantuvo allí, sosteniéndola solo en caso de que su debilidad la dejara caer. Ella tomó con cautela unos pocos sorbos pequeños, y cuando estos se quedaron en su estómago, ella tomó un poco más. Cuando ya había tenido suficiente, empujó la taza y volvió la cabeza. Hugh trajo la taza a la boca y la apretó contra los labios. – Si puedes, trata de beberlo todo. Tú cuerpo ha sufrido un shock y cuanto más agua bebas ahora, mejor te sentirás más tarde. Se tragó un poco más de agua, y luego volvió la cabeza, sus labios apretados. – No más. Creo que voy a vomitar. Hugh tomó la copa y la puso en la mesita de noche, y luego bajó su cuerpo de nuevo a la cama. 121


– ¿Qué pasa conmigo?, ¿Fue algo que comí?, ¿Y qué estás haciendo aquí? – No, nada estaba mal con la comida. No es lo que comiste el problema. Es lo que bebiste, un ―Shifter Sorpresa‖. ¿No te advierto el cantinero no beberlo? Tu cuerpo está reaccionando al alcohol. – Si ella no pareciera tan miserable, la estaría poniendo encima de su rodilla derecha ahora, para darle la paliza de su vida. – El cantinero mencionó algo acerca de que la bebida era algo fuerte, pero yo no estaba de humor para escuchar. ¿Cómo te enteraste? – Kiesha nos dijo, gracias a Dios. No tienes idea de lo preocupados que estaban, sobre todo cuando descubrimos que te habías ido. Cualquier cosa podría haberte sucedido. – Y eso fue antes de que él supiese que ella había conseguido un segundo trago. Él sabía que era un caso perdido, no tenía sentido. – La próxima vez que un camarero te diga que un trago es demasiado fuerte, lo escucharas. Ella no tuvo la oportunidad de responder. Se tambaleó fuera de la cama y echó a correr de nuevo en el cuarto de baño para el número de la segunda ronda. Hugh la siguió de cerca y la asistió, como lo había hecho antes, hasta que volvió a la cama de nuevo. Pasaron por esto dos veces más hasta que su sistema estuvo totalmente depurado. Después de ponerla en la cama la última vez, llamó a Alex y le hizo saber que estaba bien. Alex quería enviar a alguien, pero Hugh lo convenció de que no lo hiciera. Había jugado a la niñera con

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abundancia de soldados borrachos en su tiempo, así que sabía exactamente qué hacer. Volvió a la habitación, esperando encontrarla dormida. En cambio, estaba en posición fetal, temblando. Maldiciendo, corrió a su lado y puso su mano sobre la frente. Ella se inclinó en su contacto. – Frío. Tengo mucho frío, –se las arregló para decir con los dientes apretados. Sin demora, Hugh la cogió, pasó de nuevo las sábanas, la acostó y la arropó. Esperó a ver si eso ayudaba. No lo hizo. Estaba acurrucada con tanta fuerza que no era más que un pequeño bulto bajo las sábanas. Maldita sea, su cuerpo estaba reaccionando al alcohol. Tenía que lograr calentarla. Si no podía, que iba a tener que llevarla a la sala de emergencias por intoxicación alcohólica. Se quitó la ropa y se metió bajo las sábanas con ella. Se inclinó y enderezó su cuerpo, tirando de ella hacia él, y la envolvió con sus brazos. Ella luchó contra él como un gatito débil hasta el calor de su cuerpo comenzó a penetrarla. Luego se envolvió alrededor de su cuerpo como una enredadera. Él gimió y sintió que su cuerpo respondía, como su pecho desnudo perturbaba al pequeño puñado de pelo en su pecho, mientras sus arrugados pezones se iban metiendo dentro de él. Su polla se levantó, empujando contra su abertura. Sus colmillos pugnaban por salir, apretó los dientes, obligándolos a retirarse, a resistir la necesidad de empujar hacia arriba, hacia la vaina de su cuerpo, hacia su calor. 123


Ahora no es el momento, pero pronto, muy, muy pronto. Se obligรณ a pensar en otras cosas, de ese modo hasta que tuvo el control sobre sus instintos mรกs bรกsicos. Cuando la ganรณ, obligรณ a su cuerpo para relajarse y descansar mientras que pudo. Se perfilaba como una noche muy larga.

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Capítulo 7 –Mary Beth. Mary Beth.– Oyó una voz llamándola por su nombre. – Mary Beth.– ¡Esa era Babs! Sólo una persona la llamaba por ese nombre. – Babs, ¿dónde estás? – Sus ojos se abrieron, pero ella no podía ver. Su cama y la habitación habían desaparecido. Había una densa niebla cubría el lugar donde se encontraba. – Mary Beth, ¿dónde estás? Mary Beth! – Gritó la voz. – Babs, estoy aquí. ¿Dónde estás? No puedo verte. La niebla es muy espesa. – Ella daba vueltas en círculo, tratando de identificar la dirección desde la que la voz de Babs que se acercaba. Niebla en todas partes. Apenas podía ver a dos metros delante de ella. – Mary Beth, te necesitaba y tú me has defraudado. Es todo culpa tuya. Estoy muerta por ti. ¿Por qué no me detuviste? – La voz vino de nuevo, esta vez a su izquierda, su grito más urgente. 125


– Lo he intentado. No quisiste escucharme. No es mi culpa. – A medida que se movía a la izquierda, con las manos delante de ella, algo oscuro pasó a su derecha, inquietante en la niebla. Se dio la vuelta en esa dirección, sólo para encontrar nada allí. – Babs! ¿Dónde estás, Babs? Ya voy. – Se suponía que me protegerías, Mary Beth. Me dejaste sola. Me fallaste cuando más te necesitaba. Algo oscuro pasó a su izquierda, y giró en esa dirección, tratando de ver lo que era. – Tú tomaste tus propias decisiones. Nunca hiciste caso. Nunca escuchaste. – Se suponía que tenías que velar por mí. Nuestra madre te dijo que me protegieras. – la cara de Babs surgió de la niebla. Era gris y su aspecto era extraño, como algo sacado de una película de terror. Mary Elizabeth se estremeció y se apartó, para caer sobre su trasero. En el fondo, como una voz en off del mal, podía oír a su madre. – Eres un fracaso, Mary Elizabeth. Ni siquiera puedes hacer las cosas más simples. Ahora tu fracaso le costó a tu hermana su vida. – No es mi culpa. Yo no soy responsable de Babs. – Ella dio marcha atrás, tratando de alejarse de la aparición fantasmal de su hermana. Babs y la cabeza sin cuerpo de su madre giraban a su alrededor en un círculo, cortando todas las vías de salida, con sus voces cantando –Es tu culpa. Por tu culpa.

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Mary Elizabeth despertó sobresaltada, respirando jadeante. Las lágrimas corrían por su rostro y su corazón latía como si quisiera salirse de su pecho. Las palabras resonaban en su mente. Una luz se encendió, obligándola a parpadear rápidamente a medida que sus ojos luchaban por adaptarse. – ¿Qué pasa? ¿Estás nuevamente enferma? – La voz de Hugh sonaba aturdida por el sueño. Se sentó y se pasó la mano por la cara, como si estuviera tratando de despertar. Mary Elizabeth sacudió la cabeza. Se acostó y se volvió dándole la espalda, esperando que volviese a dormirse. Su garganta estaba demasiado apretada para que le diera una respuesta verbal. Hubo un pesado silencio. Podía sentir su mirada. Ella se encogió de hombros a la defensiva, resistiendo la necesidad de secar las lágrimas de su rostro. Ella realmente no quería que él supiera que estaba llorando. Que pensara que ella iba a volver a dormirse. Podía sentir sus ojos, abriendo un agujero en su espalda como si tuviese visión de rayos X. Que estaba causando sus nervios para estuviesen tan dura. Podía sentir la tensión en el cuello y los hombros. – Si no estás enferma, ¿qué pasa? Silencio. – Sé que algo está mal. Tu cuerpo está demasiado tenso para que pretendas estar durmiendo. 127


Cuando se negó a responder, le dio un largo suspiro, como si le molestara. Deslizó las piernas fuera de la cama, tenía que ir al baño para tener algo de intimidad. Pero antes que sus pies tocaran el suelo, el brazo de Hugh se extendió enganchándola por la cintura, arrastrando a través de la cama a su regazo.– Si no estás enferma, debe ser algo más. Ella mantuvo su cara apartada de él, aún sin contestar. Ella estaba haciendo todo lo que no podía por no romper a llorar. Si abría la boca, todo saldría. – Alex me contó lo que le pasó a su hermana. Debe haber sido duro. ¿Quieres hablar de ello? Sus palabras la tomaron desprevenida y sacudió la cabeza rápidamente, un sollozo escapó antes de que pudiera ahogarlo de nuevo. Ella no iba a llorar. Odiaba a llorar. Hugh la envolvió con sus brazos, apoyando su barbilla en su hombro. – Está bien llorar, tú lo sabes. Tú necesita la pena. Déjalo salir. No lo mantengas dentro. Sólo vas a enfermarte si lo haces. Lo empujó, tratando de escapar. Él la abrazó con fuerza. – ¡Déjame ir! – No hasta que sueltes esas lágrimas que estás conteniendo, debes sacarlas de tu sistema – No estoy llorando. Detesto a llorar. No hay nada que llorar. Ella está muerta, se ha ido y el llanto no va a traerla de vuelta. Traté de pararla, pero ella no quiso escucharme. 128


Ella no me escuchaba, y ahora está muerta. ¡Oh, Dios, Hugh, porque está muerta. ¿Por qué no me escucho? – Con eso, el dique se rompió y ella comenzó a llorar en serio. Luchó contra Hugh, ella trató de soltarse y apartarse de él, no quería que nadie la viese así. Hugh la encerró en un abrazo de hierro, negándose a dejarla en libertad. En cambio, la atrajo aún más a su cuerpo, se balanceo, murmurando palabras tranquilizadoras. Sin embargo, ella luchó contra él, incluso cuando luchó contra su dolor, hasta que se agotaron sus fuerzas. Cedió y se apoyó contra él, dejando salir toda su tristeza y los sentimientos contradictorios que guardaba hacia su hermana, a la que amaba pero ahora podía admitir que odiaba con la misma pasión. Lloró por los años de maltrato de su madre, pero principalmente lloró por todo lo que debería haber sido y no fue. Sus lágrimas fluían y fluían, hasta que todo lo que quedó fue su hipo. Hugh la levantó fue hasta el baño. Ella se acurrucó a su lado, de espaldas a él. El subió de nuevo las sábanas y la atrajo hacia sí, antes de entregarle un pañuelo de papel. Se secó los ojos y aún sollozando intentó sonar su nariz, obstruida por la congestión. Su rostro se sentía caliente e hinchado, y su cuerpo dolorido. Hugh se amoldó a su alrededor como una cuchara, acuno su cabeza debajo de su barbilla y colocó su brazo alrededor de su cintura, sosteniéndola con fuerza. Cerró los ojos y trató de detener el flujo de las lágrimas que seguían cayendo por su rostro. Ellas no se detendrían. Recuerdo tras recuerdo, de buenos y malos momentos, todos atravesaban su 129


mente como un río. Con cada recuerdo sobrevenía una descarga fresca de lágrimas. Tenía que dejar de llorar. Tenía que hacer algo para distraerse de los recuerdos. Ya era suficiente. Se dio la vuelta quedando enfrentada a él, y se acercó a su pecho hasta que él quedo casi sobre su espalda. Luego puso sus brazos alrededor de su cintura y empezó a extender húmedos besos en todo su pecho. – Uh, Mary Elizabeth. ¿Qué estás haciendo? Debería ser obvio. Si tenía que preguntarlo, no lo estaba haciendo bien. Ella lo empujó de nuevo hasta que estuvo completamente de espalda. Su mano se deslizó hacia abajo para acariciar su polla, que se endureció rápidamente. – Cariño, que bien se siente, pero no creo que sea una buena idea. Vamos a esperar hasta que te sientas mejor. Mary Elyzabeth no le hizo caso. Ella cruzó sus piernas por encima de él quedando a horcajadas sobre sus muslos. Se deslizó hacia atrás, ella trabajó con su boca en la parte inferior de su torso. - Mary Elizabeth, detente. Vamos a discutir esto. Cariño, por favor. No creo que sepas lo que estás haciendo. ¿Por qué no se callaba? Ella no quería hablar. ¿No podía decirle?

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Hugh tenía que tomar una decisión. Él no quería aprovecharse de su frágil estado emocional. Eso podría poner en peligro su objetivo a largo plazo, es decir, no podía permitir que continuara con su actual curso de acción. Su cuerpo respondió bruscamente a las sensaciones de su aliento cálido y húmedo sobre su pene. Le agarró la polla con ambas manos chupando frenéticamente la cabeza. Esto no era para nada como antes. Su cabeza subía y bajaba como si estuviera en una carrera por acabar con él tan rápido como fuera posible. Se agachó y trató de mirarla de frente. Ella luchó contra él, apretando los dientes contra su polla cuando él insistió. Elevo sus manos al aire, se rindió y la dejó salirse con la suya. Esto no estaba bien. No estaba seguro de cómo deseaba fuese su primera noche juntos, pero esto no era como lo había previsto. ¿Cómo detenerla sin hacerle daño o, peor aún, sin infligir dolor a su activo más valioso? Mientras estudiaba estrategias de las opciones disponibles para él con la menor cantidad de daños colaterales, ella se detuvo abruptamente. Ella se elevó por encima de él, se colocó sobre su cuerpo y trató de atravesarse a sí misma con su polla. No funcionó. La mujer obviamente no sabía lo que estaba haciendo. Su polla estaba firme y seca. No era fácil guiarla a su interior, no importa lo mucho que lo intentara. Por último, dio un grito de frustración y le dio una palmada en el estómago. –¡Ayúdame! Él tomó sus muñecas en sus manos y tiró hasta que la tumbó sobre la parte superior de su cuerpo. Luego rodó hasta que él estuvo encima. – Si quieres que te ayude, tienes que 131


decirme qué es lo que estamos tratando de hacer. – Su tono era absolutamente razonable, pero guardaba cierto tono de sorna. Ella le sostuvo la mirada todo lo que pudo antes de deslizar sus ojos por la vergüenza. Una vez más se le llenaron los ojos de lágrimas. Era un fracaso, tal y como lo dijo su madre. Allí estaba, desnuda y dispuesta, y ni siquiera podía seducir a un hombre a tener relaciones sexuales con ella. –Unh, uhh, uhh, mírame a mí. Ella hizo acopio de valor y luego levantó los ojos para encontrarse con sus ojos clavados en ella. – Lo siento, Hugh. Yo sólo quería una distracción, algo para ocupar mi mente de los recuerdos de Babs y todo lo que ha pasado. No puedo lidiar con ellos ahora. Él la estudió durante un momento, midiendo su sinceridad. Se quedó callado durante tanto tiempo que ella comenzó a retorcerse debajo de él. –Yo puedo ayudarte, si eso es lo que quieres. Pero tienes que saberlo. Esto será un contrato por un tiempo. Tú no puedes utilizarme esta noche y luego lanzarme por la mañana. ¿Entendido? Tienes que saber lo que estás pidiendo, porque si hacemos esto, es sólo el principio. No habrá ninguna marcha atrás. No voy a dejarte ir. ¿Se aceptan mis condiciones? Ella lo miró parpadeando nerviosamente, mientras mordía su labio inferior. Casi podía ver sus pensamientos mientras examinaba cuidadosamente sus palabras, buscando la trampa 132


que contenían. Lo vio como un depredador con su presa, dispuesta a aceptar sus términos. Un simple "sí", y ella sería suya. – Entiendo. Acepto tus términos –, dijo solemnemente. La bestia rugió en señal de triunfo, pero el hombre era más moderado. No quiso dejar pasar esta oportunidad, pero no podía comportarse como un salvaje liberando al animal y alegando que era lo que la naturaleza exigía de él. Eso tendría que venir más tarde, y habría un después. Ella estaba agotada, física y emocionalmente. En realidad no quería sexo. Lo que quería y necesitaba desesperadamente era dormir. Ella buscó una manera de cerrar su mente para poder descansar, y él necesitaba dejarle su marca, la afirmación de que era suya. Le daría lo que tanto deseaba. Él re posicionó su cuerpo de modo que tenía las piernas por encima y en el exterior de ella, con su erección fuertemente apretada contra de su montículo. Apoyó los antebrazos a ambos lados de la cabeza y apoyó su peso sobre ellos. Después bajó su rostro hasta que fueron sus ojos a la misma altura. Ella inmediatamente rehuyó su mirada – No, mírame. Mírame a los ojos. Sus ojos estaban muy cerca. Ella pensó que jamás había estado tan cerca de alguien en su vida. Sus ojos eran extraños. Desde la distancia, parecían ser negros. De cerca, podía ver que había manchas de oro en sus ojos. Ella sintió que sus ojos perdían el foco. – Hey, mantén tus ojos y tu mente enfocados en mí. 133


Ella rompió de nuevo la atención, sin saber que una vez más su mente se había desviado. Esto era tan incómodo. Si los ojos realmente eran las ventanas del alma, se pregunta qué le había revelado. ¿Podía ver lo que era una fracasada? ¿Habría revelado todas sus decepciones? Tal vez su madre tenía razón. Tal vez era demasiado vieja y demasiado gorda para estar tratando de atraer la atención de un hombre. Lo que tenía que ofrecer ¿valía la pena? – Mary Elizabeth. – Le tomó el rostro, y puso la punta de su nariz contra la suya. – Mírame a mí. No a través de mí. Necesito que te enfoques, cariño. No dejes a tu mente divagar. Respira conmigo. Inhala y exhala. Concentra tu atención en mí. ¿Puedes hacer eso por mí? – Voy a intentarlo. – Buena chica. Mary Elizabeth se concentró en adecuar su respiración a la de él. Se centró en la sensación de su pecho, subiendo y bajando, la suave caricia de su aliento en los labios, todo el tiempo mirándolo profundamente a los ojos. Cuando él inhalaba, ella exhalaba, cuando él exhalaba, ella inhalaba. En y sobre ella se dejó ir– inhala, exhala, inhala, exhala – hasta que su esencia impregnó todo su cuerpo. Fue la cosa más íntima que jamás había hecho. Nunca se había dado cuenta de cuán rara vez tuvo contacto visual completo con alguien. Mary Elizabeth lo vio, realmente lo vio, como si estuviera buscando algo en su alma.

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Su respiración sincronizaba con la de él y ya no tenía que seguirlo acompasando. Ella sintió su cuerpo alrededor de ella. Sintió el calor de su sexo, ubicado frente al de ella. Sentía su aliento sobre su rostro, ya que respiran el mismo aire. Ella respiró profundamente, tratando de aspirar más de su olor. Podía sentir su cuerpo, débil debajo de él, y la tensión que lo invadía. Sus pezones comenzaron a apretarse en pequeños brotes que rozaban su pecho con cada inhalación. La humedad comenzó a surgir de las profundidades de su cuerpo, filtrándose y empapando su montículo antes de deslizarse por sus muslos. Poco a poco, su respiración aumentó, su ritmo creció con ella, como la excitación que recorrió su cuerpo. Sin embargo, no hizo más que mirarla. Miraba en ella, como si pudiese ver su alma y parecía fascinado por lo que veía. Ella se movía inquieta, tratando de cerrar el contacto. – Estate quieta, – susurró. – Estate quieta y siente. – Estoy tratando. – Podía sentir como se construía algo dentro de ella. Algo fuerte. Ella quería, no, necesitaba algo que sabía él podía darle. Poco a poco, ¡oh!, muy despacio, él cerró la distancia entre ellos y puso su boca sobre la suya. Él no se movió. No trató de besarla. Él sólo estaba allí con sus labios apretados contra ella, obligándola a respirar por la nariz, sus ojos mantuvieron el contacto durante todo el tiempo. Se obligó a quedarse allí como le había indicado y a seguir su ejemplo. Finalmente, como recompensa por su buen comportamiento, él le dio más. 135


Le pasó suavemente la lengua sobre su boca cerrada, primero por uno de sus labios, luego por el otro. Esbozó los labios con su lengua, a partir de la unión entre estos. Tiró de su labio inferior, succionándolo y mordisqueándolo, antes de centrarse en el labio superior. Se secó los labios hacia atrás y adelante a través de ella suavemente, sin jamás perder el contacto visual. El enorme placer que le estaba proporcionando, hizo que sus ojos se entrecerraran. – Mantén tus ojos abiertos. Déjame verte, – le ordenó y regresó a la succión de su labio superior, mordiéndolo con suavidad y saboreándolo con su boca. No podía aguantar más, se elevó, intentando capturar su lengua. Ella quería probarlo a él. En su insistencia, lentamente profundizó el beso. Le lamió el interior de los labios antes de sumergirse en el interior para saborearla profundamente. La besó a fondo, sin dejar de saborear ningún lugar. Lo abarcó todo, mientras mantenía los ojos abiertos y la mirada penetrante sobre ella. Las cosas tomaron otro nivel, empezó a frotar su erección contra su montículo, abriéndose camino entre su crema humedeciendo los muslos. Ella trató de abrir las piernas, pero las piernas de él la bloquearon. Ella habló en su boca. –Hugh, permíteme abrir las piernas. – No. Mantenlas cerradas. – Tomó su boca de nuevo en otro beso que le llegó a los huesos. Se mantuvo a un ritmo constante en sus caderas, lentamente se abrió camino entre sus muslos. Fue un proceso lento, el movimiento era sensual, aplicando una presión constante contra su clítoris. 136


– Hugh ven dentro de mí. – Trató de arquearse contra él, para moverlo más cerca de su apertura, pero era demasiado pesado. – No, no todavía. No hay necesidad de apurarse. – Pero, Hugh... – No podía encontrar las palabras para decirle lo que ella lo necesitaba. Su mente estaba en blanco. Su cuerpo se había hecho cargo. – Sin peros. Estás cansada. Confía en mí. Te daré lo que necesitas. Sólo déjate ir y yo cuidaré de ti. Todo lo que necesitas hacer es permanecer acostada y dejar que tu mente se relaje. Siénteme. Siente lo que hago contigo. – Él estaba decidido a hacerlo durar el mayor tiempo posible. Él se estaba tomando su tiempo, haciéndola sentir una abrumadora sensación. La besó para evitar que hablara. El placer se iba construyendo de a poco, ella arrastro su boca fuera de él, jadeante, tratando de conseguir algo de aire. No podía moverse. Él tomó su cabeza entre sus manos, evitando que se torciera de un lado a otro. Tenía que encontrar una salida para toda esa presión que crecía dentro de ella, pero no había ningún lugar a donde ir. Él la abrazó con la fuerza suficiente para impedir que se moviese, pero no tan apretado como para hacerle daño. – Hugh, déjame ir. Tengo que moverme. – No, te muevas. Sólo siente.

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Mantuvo una presión sensual, acariciando su polla de manera constante contra su clítoris. Ella se estaba volviendo loca. Todos los nervios de su cuerpo ardían. Los dedos de sus pies estaban doblados, sus pantorrillas y sus muslos duros, los músculos de sus nalgas apretados. Su estómago se contrajo. Sus brazos, atrapados contra los lados de su cuerpo, se apretaron hasta que pudo sentir cada músculo individual. – Más. Necesito más presión. – No. Lento y constante, al igual que este. – Hugh, – se quejó. Abrió las manos, la única parte de su cuerpo podía mover, lo tomo de la cintura y clavó sus uñas en la carne. Estaba justo al borde. Podía sentir el clímax creciendo dentro de ella, pero fuera de su alcance. Él gruñó ante el pequeño dolor y la besó de nuevo. Al verla de cerca, vio como sus pupilas se dilataban, señalando que su orgasmo se aproximaba. Cuando sus ojos comenzaron a cerrarse, para captar mejor la sensación, le dijo – Abre los ojos. Déjame verte llegar. – Bajó la cabeza hasta que su frente tocó la de ella, la obligó a mantener los ojos fijos en los suyos. Ella debía estar consciente de que él la estaba viendo, pero también estaba muy lejos de allí. Su orgasmo crecía y crecía, hasta que como una ola gigantesca se estrelló sobre ella. A continuación, y como Hugh mantuvo la presión constante, empujando, los orgasmos llegaban, uno tras otro.

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En el último se perdió, Hugh presionó uno de sus muslos entre los de ella y maniobró hasta abrir sus piernas. Cambio de ángulo y penetró profundamente su coño, hasta que llegó a la empuñadura. Pero en lugar de empujar de inmediato como esperaba, rotó sus caderas con un movimiento circular que ejercía una presión continua sobre su clítoris, tanto dentro como fuera, alcanzando hasta su punto ―G‖. –¡Ay dios mío, ay dios mío, ay dios mío! ¿Qué estás haciendo? ¡Para! Espera, no te detengas. ¡Para! No puedo más. Es demasiado.¡ Espera! Hugh! Oh mi dios. ¡Ya viene! Si me dejas ahora, me voy a matar! Más duro, Hugh, más fuerte! Su orgasmo se aproximaba y cuando llegó, fue feroz. Se sacudió de la cabeza a los pies. La boca abierta en un grito silencioso y sus ojos en blanco. Las lágrimas corrían por su rostro. Ella vio manchas y todo se volvía negro, tenía dificultades para manejar su cuerpo y la intensidad misma de lo que le estaba pasando. Como su coño podía albergar a toda su polla, Hugh amplió la apertura entre las piernas. El enganchó sus rodillas y levantó sus piernas hasta que casi fue doblada por la mitad. Con su cuerpo muy abierto, empujó duramente, tratando de llegar a la apertura de su matriz. El instinto le exigía que plantara su semilla y dar a luz una nueva vida, proclamando que era su compañera en la más básica de formas. Él pudo sentir sus ojos cambiando y sus colmillos creciendo, a su bestia intentando liberarse. Ocultó su rostro contra su cuello, para que ella no pudiese ver su cambio parcial. Sus colmillos 139


fijos en la curva de su cuello y hombro, como él, luchaban por su liberación. Cuando golpeó, le mordió con fuerza hasta que sacó sangre, marcándola como su compañera para toda la eternidad. ¡Mía! Por fin tenía una pareja. Él la abrazó con fuerza, aplastando en sus brazos mientras su cuerpo se estremeció con su liberación. Cuando se recuperó, se dio la vuelta para no aplastarla con su peso, arrastrándola con él. Su cuerpo yacía inerte como un spaguetti muy cocido. Él la había agotado totalmente. Su polla, todavía estaba incrustado en su interior, dura como el acero. No le hizo caso. Con esta pequeña muestra, para ella tendría que ser suficiente. – Duérmete. – Le frotó las manos sobre su espalda.

de arriba a abajo

– Bien… — murmuró, a mitad de camino de dormirse. Aún la tenía mientras dormía. Mentalmente, revisó su plan de batalla. La primera fase de su plan estaba cumplida. Mañana sería muy pronto para la segunda fase. Objetivo cumplido, se dejó dormir.

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Capítulo 8 Siempre tenía un sueño ligero, por eso Hugh lo escuchó sonar y se despertó. Una mirada a su izquierda, le aseguró que Mary Elizabeth no se había levantado a contestar el teléfono. Dudaba incluso de que lo hubiera oído. Se quedó tendido sobre el estómago usando su brazo como almohada para su cabeza. El otro brazo colgaba fuera del borde de la cama cuando el teléfono volvió a sonar. Ella no debía tener correo de voz o lo estaría tomando ahora. Consideró dejarlo sonar hasta que se diera por vencido, pero lo desecho por dos razones. Mary Elizabeth necesitaba dormir. Ella había tenido una noche muy dura con todo lo que sucedió, y él no quería molestarla. Además, ella sólo conocía a algunas personas aquí en la ciudad. A juzgar por la forma en que el teléfono seguía sonando, quien estaba en de otro lado debía ser alguien de la familia. A regañadientes, se levantó pesadamente y cruzó a la habitación de enfrente para responder.

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– ¿Hola?, – Respondió en torno a un bostezo, con su voz distorsionada por el sueño. – Lo siento, número equivocado. – La persona que llamaba era un macho y colgó antes que Hugh pudiese hablar. Con un encogimiento de hombros, colgó y se volvió a la cama. No había dormido lo suficiente. Antes de hacer dos pasos el teléfono sonó de nuevo. Él suspiró y respondió. – Hola. Hubo una pausa, y luego una confusa voz masculina dijo: – Debe haber algún error. Estoy tratando de hablar con Mary Elizabeth Brown. – Esta es su residencia. Está dormida. Si me dices quién le está llamando, yo le daré el mensaje. – ¿Quién diablos es usted? Si ella está durmiendo, entonces, ¿qué estás haciendo usted ahí? ¿Por qué está respondiendo su teléfono?– La confusión que expresaba la voz de la persona que llamaba hizo que su tono se volviese arrogante y exigente. – Soy el hombre que contestó el teléfono. ¿Y tú? Hugh tenía la imperiosa ―necesidad de saber". En lo que a él respectaba, esta persona no necesita saber quién era o lo que hacía allí. – Soy Charles Remington, III y Mary Elizabeth es mi novia. Tengo derecho a saber lo que está haciendo en su 142


departamento, respondiendo su teléfono a las ocho y media de la mañana, mientras ella aún duerme. La postura de Hugh se convirtió en un bloque de mármol y su puño se cerró sobre el teléfono. – Bueno, Sr. Charles Remington el Tercero, ella pudo haber sido su novia pero ella me pertenece a mí ahora. Le diré que has llamado. – Ahora escúchame a mí. ¿Quién eres tú? ¡Exijo una respuesta! – Soy el hombre que pasó toda la noche follando a tu novia, – dijo Hugh con calma, y cortó la llamada. Luego de eso, desconectó el enchufe de la pared. No quería que el Sr. Charles Remington el Tercero volviese a llamar, al menos no antes de conseguir algunas respuestas. Así que ese era Charles. Parecía que él y su compañera necesitaban tener una pequeña charla. Aclarar algunas cuestiones. Regresó a la habitación y se quedó contemplándola. Ella estaba allí completamente ajena a la confusión que invadía su alrededor. Si realmente apareciese un novio en escena, esto iba a requerir un ajuste de minutos a su estrategia. Su objetivo seguía siendo el mismo, pero necesitaría un cambio en su metodología. Su calendario sólo se acortó. Había previsto ser sutil en sus maniobras, pero ahora este nuevo panorama cerraba posibilidades. Iba a tener que ser más directo, más responsable. La imagen de una apisonada humana le vino a la mente. Su compañera nunca sabría que la golpeó. * * * * * * * * * *

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Shannon se reunió con Alex en su oficina a las nueve de la mañana de día siguiente, como estaba previsto. Estaba nerviosa, pero emocionada. Tal vez ahora ella obtendría algunas respuestas. En su opinión, saber era siempre lo mejor. Si ella supiese lo que estaba sucediendo, podía tomar medidas. Esto de no saber qué pasaba con ella era una lenta pero segura agonía. – Dime lo que te está pasando. Quiero saberlo todo. No dejes nada fuera. Quiero saber si estas comiendo, ¿cuánto estás comiendo?, estás durmiendo por las noches, con qué frecuencia te despiertas. Dime acerca de cualquier dolor o molestia que estés teniendo y donde se encuentra. Se totalmente franca y honesta. Ningún síntoma es demasiado pequeño o demasiado extraño. Cualquier cosa y todo lo que me ayude a reducir las posibilidades de lo que está sucediendo en tu cuerpo. Ella le contó todo. Su inquietud, y los sentimientos de ser observada. Ella mencionó la sensación de hormigueo en las piernas y los períodos de calor extremo. Ella habló de los sueños de tener sed todo el tiempo y de lo extraño que resultaba nunca poder recordarlos. Los sueños que la dejaban mojada y anhelante, pero nunca del todo satisfecha. – ¿Y el ataque? ¿Te has acordado otra cosa de esa noche? – ¿Crees que esto está de alguna manera relacionados con el ataque? – La idea cruzó por su mente, pero no veía cómo podría estar relacionado.

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– Cualquier cosa es posible. Estoy tratando de cubrir todas las posibilidades. ¿Y qué? ¿Te acuerdas de algo más? Sin acceso a tu historial médico anterior, no tengo forma de saber si algo de esa noche es responsable de lo que estás experimentando ahora. – Recuerdo las peleas, y luego el resto está en blanco hasta que desperté en la casa de Carol. – Nadie le diría quién la encontró y la trajo a ellos. Todos pensaron que sería mejor si ella se acordaba sola. – Está bien. Ahora quiero que pasemos a la sala de examen, desvístete. Hay una bata de papel sobre la mesa de examen para que puedas cambiarte. Una vez que estés lista, voy a entrar y hacerte un examen completo, incluida una extracción de sangre. Cuando terminó el examen, arrojó los guantes descartables a la basura y ayudó a Shannon a sentarse. – Vístete y ve a mi oficina. Quiero hacer algunas pruebas y luego estaré listo para que hablemos. Shannon se vistió y luego fue a su oficina a esperar. Miraba mecánicamente las revistas de salud y de vida saludable, su mente viajó de escena a escena, intentando entender lo que podía ser su diagnóstico. Alex entro muy relajado a su oficina. Se instaló en su silla, colocando su informe sobre la mesa delante de él. –¿Has oído hablar de una condición llamada policitemia?

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– No. ¿Qué es? ¿Es esto lo que llamo ―lo que está mal en mí‖? –Shannon se irritó al descubrir que ella estaba vagamente alarmada y por el momento ni siquiera sabía de lo que se trataba. Afirmándose, esperó con impaciencia su respuesta. –PV es un trastorno de la sangre en la cual el cuerpo produce demasiados glóbulos rojos, espesando la sangre. Es muy raro, y explica algunos de los síntomas que estás experimentando. – ¿Está seguro? Quiero decir, si es tan raro, ¿cómo lo tengo?– Esto no era lo que esperaba. Por supuesto, ella no sabía realmente qué esperar. Los ―cambia-formas‖, rara vez se enfermaban. Tenía que ver con sus habilidades de curación rápida. – No, no estoy al ciento por ciento seguro. Tendría que efectuarte más pruebas. Tu recuento de glóbulos rojos es más alto que lo normal, lo que causa que tu sangre se espese. Me di cuenta cuando te sacaron sangre. En conjunto con tus otros síntomas y después de un poco de investigación en la materia, este es el diagnóstico al que llegamos. – ¿Así que esta PV es lo que está causando mis problemas? – No del todo. Esto es sólo una parte de ellos. Pero explicaría la sensación de hormigueo en las piernas, picor en la piel y posiblemente tu falta de sueño. Normalmente no sería una cuestión importante, no en sus fases más leves, como la que tienes, pero hay complicaciones. Algo ha arrojado tu 146


cuerpo en un segundo celo. No te equivocas. Estás entrando en calor y eso va a crear un problema. – ¿Tú crees?, – Preguntó con sarcasmo. Una vez al año ya era bastante malo. Dos veces en un año era desquiciante. Los hombres no tenían ni idea de lo que pasaba una mujer cuando su cuerpo entraba en celo. – Hay más. ¿Tomas algo para el control de la natalidad, lo que sea? – Sus palabras eran francamente desalentadoras. Ella no sabía hacia donde iba la conversación, pero no tenía un buen presentimiento. Muchas lobas tomaban la píldora durante su temporada de celo. Eso ayudaba a la mujer para no montar a cualquier pene que se presentara en la cima de su calor. Eso es cuando la mujer estaba más vulnerable. El instinto de aparearse y reproducirse literalmente hablando, podría hacerlas actuar como perras en celo, aceptando a todos los interesados. – Sí, tomo la píldora. – dijo ella, dándole el nombre y la marca. –Tienes que dejar de tomarla. Su boca se abrió y se tragó el impulso de golpearlo a él. ¿Entendía él lo que le estaba pidiendo hacer? – Alex, sabes que no puedes pedirme eso, especialmente ahora. – Si lo hizo, es más, que le pidiese que se acostara en la calle desnuda y colgara un cartel en su cuello con la leyenda, "fóllame", sería lo mismo. 147


– Shannon, lo siento, pero realmente no tienes ninguna alternativa. No me gusta parecer melodramático pero realmente es una elección entre tu virtud y tu vida. Con el extra de sangre que tu cuerpo está produciendo, la píldora aumenta dramáticamente tus posibilidades de formar un coágulo de sangre, y no tengo que decírtelo, son mortales. Eso no es un riesgo que estoy dispuesto a correr. Necesitas dejar la píldora y otras sustancias naturales que estés tomando para controlar el calor. Todos ellos tienen el potencial de la misma amenaza. Shannon nunca había pasado por su celo sin algún tipo de ayuda. Ella no sabía cómo hacerlo. Sólo las hembras apareadas lo hacían sin tomar nada. ¿Sería que Rory percibió una falta de esto? – Alex, si no puedo controlar esto, yo podría terminar acoplada a cualquier lobo que fue lo bastante astuto como para llegar hasta mí, lo desee o no. – Sé cuál es el riesgo, Shannon, pero ¿prefieres perder la vida? Este es un asunto serio. No quiero que tus opciones tomen más de ti de lo que puedes dar. Mira, aquí está el problema. El aumento de la producción de glóbulos rojos hace que tu sangre se espese en las venas, aumentando el potencial de formación de coágulos sanguíneos en tu cuerpo. Las hormonas presentes en las píldoras anticonceptivas, también aumentan considerablemente la probabilidad de que se formen coágulos en la sangre. Las hormonas producidas por el organismo durante tu ovulación, también aumentarán el factor de riesgo. No puedo controlar la producción de sangre, porque no hay tratamiento o cura. Todo lo que podemos hacer es vigilar y tomar medidas cuando sea necesario. No puedo cortar tu celo, porque no sé qué lo está causando. El único factor en esta ecuación que tenemos posibilidad de manejar es 148


el control de la natalidad. Todo lo que podemos hacer para disminuir el potencial de riesgo de formación de coágulos en tu sangre y es lo vamos a hacer. Shannon no quería renunciar a sus pastillas, pero podía ver que no tenía elección. Aún tratando de lograr algún control sobre las circunstancias, ella trató de encontrar otra salida. – ¿Hay alguna otra cosa que puedas hacer sobre el problema? Hacer que los machos apareados me dejen en paz o algo así. Él la miró con tristeza y sacudió la cabeza. – Bajo circunstancias normales, podría intentarlo, pero está previsto que tu ciclo de celo alcanzará su pico máximo durante la semana de luna llena, una luna azul. Ella lo miró con horror entendiendo las consecuencias de lo que estaba diciendo. Estaba establecido que una luna azul era la segunda luna llena que se producía en un mismo mes. Sólo ocurría una vez cada dos años. Debilitada como estaba, ya tenía poco control sobre su bestia durante una luna llena normal. Pero las Lunas azules eran peores, ya que provocaban un frenesí sexual. Los hombres sin pareja en secreto se referían a la semana de la luna azul como ―la Gran Follada‖ La urgencia de los machos lo convertía todo y lo consumía todo, nadie quedaba fuera de ello, incluso los alfas. Había siempre más embarazos después de una fase de la luna azul. ¡Oh, mierda! Y su celo estaría llegando a pico máximo durante una luna azul. No había un peor momento para que eso sucediese. – Vas a estar bien, Shannon. Nosotros pensaremos en algo, ¿vale? Te lo prometo. Mientras tanto, te voy a dar 149


algo para ayudarte a dormir por la noche. – Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y le dio unas pastillas. – Gracias, Alex. Te agradezco tu ayuda. Por lo menos ahora sé lo que me está pasando. Hazme un favor. No le digas nada a nadie sobre esto, por favor. – Yo no podría. Se violaría la confidencialidad médicopaciente. Trata de no preocuparse. Lo último que necesitamos ahora es un cuadro de estrés. Relájate por lo menos ahora sabes que no te estás volviendo loca. – Trató de sonreír, pero su mueca no tenía mucho de sonrisa. – Creo que hubiese preferido volverme loca. Probablemente podría manejarlo mejor. Te veo más tarde, Alex. Gracias por las pastillas para dormir. Se levantó y se fue, dejando un alfa muy preocupado por detrás. Shannon iba en el camión, tratando de recomponerse. Piensa, Shannon, piensa. No es momento de entrar en pánico. Ella era una mujer inteligente. Tenía que haber algo que pudiera hacer. Bien, echemos un vistazo a esta lógica. ¿Cuál era la moraleja de la oración? Algo acerca de no preocuparse por las cosas que no se pueden cambiar, para centrarse en aquello que si se puede cambiar Muy bien, ¿qué pasaba con este pésimo estado de situación del cuál no tenía poder de cambio?

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Ella no podía hacer nada acerca de lo que estaba pasando con su sangre, ni con su celo. El PV se había llevado el control que podría haber tenido sobre eso. Está bien, dejemos que pase y seguir adelante. Si no quería caer en el primer pene expuesto en cuanto lo viera, entonces ella iba a tener que hacer que fuera difícil para los penes llegar hasta ella. Esta cuestión estaba en claro. Sabía que ―cambiadores de forma‖, había por todas partes y lo último que deseaba era ser sorprendida por algunos de los lobos del área. Ahora la ventaja estaba del lado de los machos. Una vez que su celo llegara a su apogeo, todo lo que un macho tenía que hacer era presentarse y ella haría el resto. Lo que necesitaba era una manera de mantener los machos lejos de ella. Ella podía no ser capaz de controlarlos, pero podía ser capaz de limitarles o impedirles el acceso a su cuerpo. Al darse cuenta que tenía algo, dejó que sus pensamientos vagaran en su mente. Si pudiera hacerles lo suficientemente difícil el camino hacia ella, podría pasar por su celo y el calor del apareamiento de una sola pieza. Lo que necesitaba era un lugar seguro donde pudiese encerrarse dentro y dejar a todos los demás fuera. Necesitaba una habitación del pánico, porque el Señor sabía que iba a ser presa del pánico cuando llegara la Luna Azul. Eso era todo. Eso es lo que haría. Tenía que crear un ambiente seguro en su casa. Estaba segura de que a Alex no le importaría. Es probable que hasta la ayudara si le decía lo que estaba a punto de hacer. Ella se retiró del estacionamiento y se dirigió a su casa. Tenía que encontrar una habitación 151


adecuada para su prop贸sito. Ella estaba muy agradecida de haber pasado tiempo ayudando a Rory con su negocio de construcci贸n. Cada trocito de conocimiento que ella hab铆a ganado iba a ser muy 煤til ahora.

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Capítulo 9 Mary Elizabeth arrugó su nariz y aspiró profundamente. ¿Qué era ese olor? Su increíble aroma la impulsó a salir de su sueño. Se obligó a abrir los ojos, y esperó a que estos hicieran foco. Estaban secos y arenosos, con la visión nublada y borrosa. Ella estaba en el borde de la cama, con un brazo y la pierna colgando fuera. Siguió a su nariz hasta la mesita de noche, en la que su sentido del olfato le dijo que estaba el café. Con cuidado para no caerse de la cama, se apoyó en un codo, y gimió para sus adentros cuando el baterista del mal comenzó un ritmo vicioso en el interior de su cabeza. Cerró los ojos y rezó para que su cabeza se cayese del cuerpo. Ella podía vivir sin una cabeza, ¿no es así? Y si no, bueno, ahora mismo, la muerte no parecía una mala opción. Necesitaba desesperadamente el café. Ella no podía verlo, así que lo buscaba a tientas, con cuidado de no derramarse la taza encima. Se quemó la mano cuando uno de sus dedos se deslizó dentro de la taza, pero no era nada 153


comparado con el dolor en la cabeza. Ella llevó la taza a su boca. ¡Ahh! Cerró los ojos y lo saboreó intensamente. No estaba como a ella le gustaba, pero estaba fuerte y caliente, justo lo que necesitaba. Se había tomado la mitad de la taza, antes que su visión mejorara lo suficiente como para verlo. La forma en que trabajaba la cafeína era mágica, poco a poco tomó conciencia sobre el hecho de que estaba desnuda. Hmmm, ¿cuándo fue eso? Ella no solía dormir desnuda. No fue hasta que estaba colocando la taza sobre la mesa de noche que se dio cuenta de que el vaso de agua y la botella de calmante para el dolor estaban allí. Justo lo que necesitaba. Abrió la botella y tomó dos. Estaba a punto de cerrarla cuando el baterista de villanos ejecutó una combinación particularmente dolorosa. Introdujo otras dos pastillas en su boca y bebió el agua. Demasiado débil para levantarse, se acostó preguntándose si alguna vez se iba a sentir humana de nuevo. Ella debió haberse quedado dormida ya que fue la intensa presión sobre la vejiga lo que la despertó la siguiente vez. Sus ojos todavía se sentían como papel de lija, pero estaba más alerta. El baterista del mal había renunciado a sus malos hábitos y se había quedado callado, al menos por ahora, por lo que estaba muy agradecida. Se arrastró fuera de la cama y tropezó con sus pies. Esperaba que alguien le hubiese tomado el número de patente a la camioneta que la golpeó. Seguramente había estado en un

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accidente, y luego había sido asaltada. No había otra explicación para la forma en que se sentía. Alivió su vejiga y se metió en la ducha, de pie bajo el chorro de agua caliente, dejando que le cayese directo en la cabeza y por su cuerpo, mientras que todavía estaba medio dormida. Después de un tiempo, se despertó a sí misma lo suficiente para lavar su cabello. Cada momento que pasaba, más despierta estaba, terminó de lavarse y salió de la ducha. Ahora que estaba despierta, su boca sabía a algo que murió dentro de ella. Se lavó los dientes, la lengua y pasó un largo tiempo con el enjuague bucal. Cuando se levantó del lavado, miró en el espejo y gritó. Tenía los ojos hinchados e inflamados con ojeras, su piel pálida. Ella tenía un aspecto terrible. Estaba en el vestidor cuando algo en la cama le llamó la atención. En realidad, se dio cuenta de las almohadas. Las almohadas de ambas partes estaban abolladas como si se tratase del rastro de dos cabezas, o sea, alguien había dormido en su cama la noche anterior. Los cojines decorativos que guardaba en la cama estaban en el suelo, como si hubieran sido arrojados allí durante la noche. Su cama entera era un desastre, cosa sorprendente porque rara vez se movía en sueños. Siguió a un lado de la cama y eso fue todo. Mientras permanecía allí, la memoria de daba una patada en el trasero. Desde muy lejos, todo volvió a ella. La fiesta. Las bebidas. Ella llorando la muerte de Babs y Hugh. ¡Oh Señor, se había acostado con Hugh! Miró a su alrededor con ansiedad. ¿Dónde estaba? 155


¡Tonta! No es como si lo pudiese perder. Él es demasiado grande. Debe estar en la sala. ¿A dónde fue? ¿Qué hora es? Casi la una. No es de extrañar que la hubiese dejado. Era necesario en el comedor. Los sábados estaban muy ocupados. Se vistió y acomodó la habitación. Su ropa olía como a sexo y a Hugh. Quitó la ropa de cama y la cambió por sábanas frescas. Una vez que terminó, se dirigió a la cocina a buscar algo de comer. En la nevera había una nota de Hugh.

Te tuve que dejar. Esperé tanto tiempo como pude. Cuando estés lista para comer, baja al comedor y te estaré esperando, Hugh. Qué considerado de su parte, pero no estaba lista para enfrentarse a él todavía. No todos los días una mujer obtiene un nuevo amante. Por lo menos había quedado a salvo de una escena embarazosa por la mañana, después de que él la escuchara hablar tanto. Aunque si estuviera aquí, eso ya estaría en el pasado. Un rápido vistazo a los contenidos del refrigerador le mostró que no había nada atractivo en su interior. Ella tenía hambre, pero no tenía ganas de cocinar. Parece que estaría tomando la oferta de Hugh después de todo. * * * * * * * * * * Hugh colocó otra orden en la ventana y llamó al timbre. "Prip, prip" Su mente estaba con Mary Elizabeth. ¿Estaba arriba? Deseó poder haberse quedado y ayudarla cuando 156


despertase. Probablemente era mejor para ella que la hubiese dejado. Tuvo una mala noche. Cayó enferma, lloró a su hermana y luego él, que necesitaba todo el resto de ella que le fuese posible dar. Será mejor que descanse mientras pudiese, porque ella no iba a dormir muy bien esta noche. Fue después de la una, cuando finalmente entró por la puerta. La examinó cuidadosamente. Ella se veía un poco ojerosa, por lo demás parecía estar bien. Ella se dirigió directamente a su asiento en el mostrador y cogió el menú. Lo vio y se puso colorada hasta las raíces de su cabello. Humm, que reacción interesante. Él descubriría más tarde que era lo que sucedía. Sacó otro pedido de los torniquetes en la ventana y volvió a trabajar. Si quería pasar más tiempo con su pareja, tendría que contratar más ayuda. Mientras trabajaba, hizo una lista de personas confiables a las que iba a llamar. Mary Elizabeth pidió el plato del día. Reconoció la letra. Hugh salió a entregar su comida cuando estuvo lista. Miró a su pareja en forma posesiva. – Buenos días, ¿te sientes mejor? – Estoy bien. – jugar con la comida.

Ella se sonrojó de nuevo y empezó a

Su compañera estaba claramente incómoda. Por la forma en que sutilmente miraba a su alrededor, ella estaba preocupada por lo que la gente pudiese opinar. Sonriendo maliciosamente en su interior, Hugh puso en marcha la Fase II de su operación: ―la reivindicación‖. Su marca ya estaba 157


en ella, sólo había que notificarlo a todos los ―cambiadores de forma‖, de los alrededores, que ella le pertenecía. Ahora era el momento para que el resto de la población lo supiese. – Quiero que descanses todo el día. Descansa lo suficiente. No te permití dormir mucho anoche. – Habló bajo, pero sabía que su voz se escuchaba claramente. Su boca se abrió en shock. Se hizo un silencio demoledor en el comedor y todas las miradas se volvieron hacia ellos. Aparentemente ajeno a la tormenta de chismes que acababa de iniciar, Hugh se inclinó y la besó largamente en la boca, por si acaso había alguna duda sobre cómo la mantuvo despierta. – Soy necesario en la cocina. Te veo cuando termine. – Él caminó de nuevo hacia la cocina. Tardíamente se le ocurrió a Mary Elizabeth que, cuando se acordaron las condiciones de Hugh, tal vez debería haber escuchado lo que esos términos decían. Ahora, debido a su falta de memoria, él tenía la ventaja. Correcto, pero ¿qué tenía ella ahora? Bueno, algo distinto del sexo. ¡Era un gran sexo! ¡Fabuloso sexo! Muy bien, si iban a tener una aventura sería su pequeño secreto. Tenía que ser realista. Ella había hecho un trato con él. Podía hacer frente a casi todo el tiempo que fuese necesario, si él se entregaba como lo había hecho la noche anterior. O eso creía ella. Puso en entredicho su capacidad para manejar las cosas cuando llegó a la caja a pagar por su comida. La voz de Hugh salió desde la cocina.– Cyndi, el almuerzo de Mary Elizabeth corre por mi cuenta. Sólo rompe su ticket. 158


Cyndi le dio una mirada de complicidad y una vez más pudo sentir los ojos de todos sobre ella. Miro a Hugh de mala manera y salió del restaurante, de regreso a la seguridad de su apartamento. * * * * * * * * * * Shannon observaba su casa, repasando mentalmente las habitaciones que esta poseía. Necesitaba un área con un único punto de entrada, y no podría ser demasiado pequeña porque no estaba segura de cuánto tiempo estaría allí. Se podría utilizar su dormitorio. Tenía un cuarto de baño, pero el problema eran las ventanas. Había una pequeña en el baño y una grande en el dormitorio. Estacionó y estudió casa. Era pequeña pero linda, de madera enmarcada, tenía un porche delantero antiguo. En realidad la casa no era tan pequeña como parecía ser. Tenía tres niveles hasta el ático, el nivel principal, y un sótano. El ático, utilizado principalmente para almacenamiento, podía ser una opción, pero no había cuarto de baño, y, posiblemente, no había electricidad que no fuese el enchufe de la luz única en el techo. Ella empezó su examen por allí. Pero no sería suficiente. Había demasiadas ventanas, y no había manera de bloquearlas a todas. Ella salió y se dirigió al sótano. Ahora bien, esto era más seguro. Fue parcialmente remodelado. El suelo y las paredes están hechos de hormigón, que habían sido aisladas y cubiertas de pared seca. Existía un baño a medias y tuberías para las conexiones de lavadora y secadora.

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Era fácilmente defendible. Sólo había un punto de entrada. Había dos ventanas a nivel del suelo y eran muy pequeñas. Sin embargo, ella fácilmente podría reforzarlas con rejas de acero o barras, por si acaso. Eliminaría la puerta de madera en la parte superior de la escalera e instalaría en su lugar una puerta pesada, con refuerzos de acero, con varios cerrojos. Si la amurallaba por la escalera, se podría instalar una puerta de acero en el fondo como una medida de seguridad adicional. El sótano era grande, abarcaba toda la longitud de la casa, con sólo una sección amurallada para el baño. Además estaba vacío, excepto por un juego de dormitorio antiguo, que todavía estaba en buenas condiciones. Podía usarlo y se ahorraría la molestia de arrastrar el suyo por las escaleras. Ella iba a encerrarse por un buen tiempo, al menos una semana. En la medida en que tuviese comida, agua, un baño y un lugar para dormir, ella podría conseguir atravesar la mayor parte de su celo. Su atención se dirigió hacia el exterior. Tenía que poner trampas explosivas en el perímetro de la casa. No para matar, sino para aminorar su velocidad. Tenía que darles algo en que pensar. Su olor. Ese sería un gran problema. Su aroma transmitiría su celo a cada lugar de la zona e iba a poner alerta a todo el mundo. Su aroma desencadenaría una respuesta sexual sobre ella. Si ella los olía a ellos, todos sus esfuerzos serían en vano. Necesitaba algo lo suficientemente fuerte como para bloquear el olor de los machos, pero no tan fuerte que le dañara la nariz. Si ella pudiese deshabilitar 160


temporalmente su sentido del olfato, sobre todo mientras se encontraban en forma de lobo, podría reducir el número de perseguidores. Todos los hombres débiles, los omegas, adoptarían la forma de lobo. Eliminarlos a ellos iba a ser fácil, dejando sólo a los más fuertes, las versiones beta y alfa. Estos podían controlar su cambio y podrían cambiar fácilmente a su forma humana si la estaban cazando a ella. La única forma de protegerse de ellos sería la de poner un montón de barreras y la esperanza de que nada pasase. La única esperanza que tenía era que les fuera difícil llegar a ella, sabía que los machos harían el intento. Cada obstáculo podría causar la lucha entre ellos hasta que sólo los más fuertes se mantuviesen. Sería que era entonces cuando todas sus precauciones de seguridad iban a ser puestas a prueba. Tal vez debería llamar a Rory por ayuda. No importaban las diferencias que pudiesen tener, ella sabía que él vendría a su rescate si se lo solicitaba La cuestión era, en el momento final, ¿iba a ser capaz de confiar en él? Si él la ayudaba a establecer su cuarto seguro, ¿cómo sabía que en su momento de mayor debilidad, no se deslizaría adentro? Cada habitación tenía sus debilidades y ningún plan era infalible. ¿Cómo sabía que no iba a utilizar su ventaja? Ella no lo llamaría porque era un riesgo que no podía tomar. No podía llamar a cualquier macho para que la ayudase. Bueno, no conocía a todos los lobos-cambiadores de forma y no sabía demasiado de los otros tipos, pero tal vez 161


podría contratar a un humano. Alguien que no fuese local. Debía pagar lo suficiente para hacer que valiese la pena, siempre y cuando la habitación estuviese lista cuando lo necesitara. Midió los marcos de las puertas y las ventanas, cálculo de la cantidad de material que necesitaba. Esta habitación era perfecta. Todos los paneles de control y las válvulas se encontraban allí, junto con el horno. No podían obligarla a salir. Se necesitaba otra fuente de calor y luz, en caso de que supiesen algo que ella no. Las noches eran frías y no quería congelarse, ya que era demasiado arriesgado cambiar a forma de lobo sólo para mantener el calor. No había teléfono, pero estaba bien. ¿Quién iba a llamar? Todo el mundo estaría fuera de sí, con la lujuria por la luna azul. Ella estaría sola, por su cuenta. Tenía que planearlo muy bien. Se dirigió a Colbyville para conseguir las cosas que necesitaba.

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Capítulo 10 Hugh había movido sus influencias, ofrecido horas extras y había logrado salir temprano del comedor. Eran las seis de la tarde cuando subió al departamento de Mary Elizabeth. En cuanto abrió la puerta, el aroma de las galletas de chocolate con un aroma subyacente de miedo le golpeó la nariz. Cerró la puerta sin hacer ruido detrás de él y fue a buscar a su compañera. El temor emanaba de ella. Ella estaba en la cocina. Él habría sonreído por el cuadro que representaba, si no estuviese tan preocupado por ella. Tenía harina en la sudadera y en el pantalón y una mancha de chocolate en la cara. Un mechón de su cabello había escapado de su cola de caballo, dejando rizos en desorden alrededor de su rostro. Estaba retirando una bandeja con galletas del horno. – ¿Qué pasa? Ella tiró la bandeja de galletas sobre el mostrador. Hmmm, no debió haberme oído entrar. 163


– ¡Maldita sea!, ¡Hugh! Me asustaste. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué no estás en el trabajo? – Ella estaba chillando. Algo andaba mal. – Salí temprano. Tú no has respondido a mi pregunta. ¿Qué pasa? Estás tensa. Mary Elizabeth cerró los ojos y visiblemente lo pensó antes de responder impulsivamente: – Hugh, lo siento, pero esto no funcionará. Sé que estuve de acuerdo con tus términos, pero yo… simplemente no puedo, no puedo manejar una aventura. Quiero decir, mírame, soy un manojo de nervios. No tengo idea de lo que estoy haciendo, o cómo proceder. Tenía la expresión más suplicante que había visto en su rostro. Él separó sus piernas y elevó sus brazos cruzándoles sobre su pecho, busco su mirada hasta estar a la misma altura. – Bueno, tú estuviste de acuerdo y yo no te voy a dejar libre. Te lo dije anoche, esto no es de una noche. – No dijo nada acerca de su idea errónea de que estaban involucrados en una aventura. Si ya estaba en pánico, se habría asustado mucho más si sabía lo que realmente él quería, que fuera para siempre. Ella transfirió las galletas a un plato, evitando su mirada. – Nunca hablamos sobre el control de la natalidad, las enfermedades, y cosas similares. Tú no utilizaste protección anoche y no pensé en preguntar. ¿Cómo sabes que estoy a salvo? ¿Cómo sé que estás a salvo? ¿Qué pasa si estoy embarazada?

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Su timidez le hacía gracia. Que necesitaba para que se sintiera cómoda. Sabía que eso no iba a ocurrir mientras se encontraba en la cocina. –Tienes razón. Necesitamos hablar, pero no lo haremos aquí. – Le tomó la mano y la arrastró hacia la sala. Se sentó en el sofá y tiró de ella hacia su regazo, le bloqueo sus brazos cuando ella trató de retorcerse. – Estate quieta. No voy a dejarte ir. Esperó hasta que se instaló antes de comenzar. Ella miró por todas partes, pero lo evitaba a él. Su compañera tenía un problema concreto con las conversaciones íntimas. – Ahora, lo primero es, tú no estás embarazada. Esto le llamó la atención y la hizo mirarlo. – ¿Cómo lo sabes? – Lo sé. – Él no le dijo que sería capaz de sentirlo por el cambio en su aroma. – Ahora en segundo lugar, estoy limpio. Nos hacían pruebas con regularidad en las fuerzas armadas y no he estado con nadie desde que he salido. Los pocos encuentros sexuales que he tenido, he usado protección. ¿Y tú? – No le dijo que como ―cambia-forma‖, no podía coger ninguna enfermedad. Su cuerpo era resistente a todas ellas. Ella se sonrojó y agachó la cabeza. – Sólo una vez, – murmuró.

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Colocó un dedo debajo de su barbilla y le levantó la cabeza para poder ver su rostro. – ¿Un qué? ¿Amante? – Sí, bueno, no. Fue sólo esa vez. No creo que lo calificara como mi amante. – ¿Sólo has tenido relaciones sexuales una sola vez? ¿Pensé que habías estado comprometida? – ¿Tú sabes eso? Me sorprende que Kiesha te lo haya dicho. Nunca dormí con Charles. No me sentía atraída por él de esa manera. En retrospectiva, creo que no debe ser sorprendente que Babs me lo robara. Éramos más amigos que cualquier otra cosa. – ¿Estabas comprometida con tu cuñado Charles? – Se estaba perdiendo de algo aquí. Tenía previsto seguir excavando hasta llegar al fondo de la historia. – No. Ella debió haber visto su confusión y prosiguió.– Conocí a Charles en la universidad. Por razones que no voy a contar, yo no había salido mucho mientras crecía. Nos conocimos en un grupo de estudio y empezamos a salir. Era agradable y todo el mundo estaba en pareja. Cuando me pidió que me casara con él, le dije que sí. Entonces conoció a Babs, y eso fue todo. Podía ver algo en sus ojos. Alguna información que le fue retenida. – ¿Así que eso es todo? ¿No hay nada malo? ¿No falta algo? – Tenía que haber más que esto en la historia. 166


Podía verla debatiendo internamente si le contaba el resto y contuvo la respiración, deseando que ella confiase en él. –– No, eso no fue todo. Babs me siguió hasta la universidad. Yo se lo presenté a Charles pues éramos novios. Tú sabes, estábamos comprometidos, ―Esta es mi familia" y esas cosas. Era el momento de rendir finales y el final del semestre yo estaba sobrecargada por las clases. No tenía mucho tiempo libre, así que no vi mucho a Charles. Él dijo que lo entendía. Estaba estudiando, también. Cuando el semestre finalizara, él iba a venir conmigo a mi casa a conocer a mis padres. Yo iba a sorprenderlos con mi compromiso. Cuando llegamos a casa, yo era la sorprendida se habían comprometido. – Ella se encogió de hombros con tristeza. – Babs y Charles anunciaron su compromiso a nuestros padres. No tenía idea de lo que estaba pasando. Todavía tenía el anillo que Charles me dio en mi bolsa para que mis padres no lo vieran hasta después de que hiciéramos nuestro anuncio. Las manos de Hugh le rodeaban la cintura en el momento en que terminó .– ¡Hijo de puta! No me extraña que no quisieras entrar en detalles. Alguien debería haber golpeado a esa mierda de tipo. ¿Qué pasó entonces? ¿Aún sientes algo por este tonto? – ¿Qué clase de hombre hacía algo así? Y la hermana. ¿Qué clase de perra había sido? – No, no tengo sentimientos hacia él ni los tendré nunca más. Yo no tuve relaciones sexuales con él cuando estábamos juntos. Tenía esa idea pintoresca de llegar virgen al matrimonio. Ahora me doy cuenta si realmente lo hubiese amado, no habría esperado. Después de su traición, tomé el anillo que me había dado y lo vendí. Usé parte del dinero para financiar unas vacaciones para mí y guardé en el banco 167


el resto del dinero. Tuve que alejarme de todos ellos. Ahí fue cuando mi pequeña aventura de una noche sucedido. Me enojé con Babs y Charles, pero estaba más enojado conmigo misma. Pensé que ya que no iba a haber una boda, no había ninguna necesidad de aferrarme a mi virginidad. La experiencia fue tan horrible que no me molesté en repetirla. Su compañera no era virgen, pero estaba cerca. Le gustaba saber que era su primer – y si tenía algo que ver con eso, – único amante. El payaso que tuvo su virginidad no contaba. Se movió un poco, acomodándola mejor sobre las piernas para aumentar su circulación. Pensó en todo lo que le había dicho. – Tú dijiste que no habías salido mucho. ¿Por qué fue eso? – Quería saberlo todo sobre ella, lo más que pudiese averiguar. – También podría decirte el resto. Babs era la belleza en la familia, y muy popular en la escuela. Cada vez que alguien se hacía amiga mía, no sabía si era porque les interesaba o si simplemente me estaban usando a mí para llegar a Babs. Y no eran sólo los chicos. Las chicas también lo hacían. Cuando la mayoría de las chicas tenían citas, o aprendían a conducir yo estaba en casa estudiando u horneando. Esa es la razón por la que podía elegir entre cuatro becas en un año a varias universidades después de la escuela secundaria. Yo no tenía mucha vida social. Él la atrajo hacia sí y le dio un largo beso en los labios. – Esto es lo que vamos a hacer. Vamos a volver y recoger algunas de las cosas que te perdiste. Ve toma una ducha y vístete. Ponte unos vaqueros. Cuando regrese, vamos a tener una cita. Vamos a perder el tiempo y hacer el tonto, y si 168


juegas bien tus cartas, puede ser que apenas te permita llegar a segunda base. Ella lo miró y sonrió. Era como ver el sol al final de un día oscuro y sombrío y le calentó el corazón al mismo tiempo – ¿De veras? Suena divertido. Se abrazó a él antes de saltar fuera de su regazo, y se apresuró a ir a prepararse. Antes de llegar a la habitación, ella se volvió. – ¿Cuánto tiempo tengo? Miró su reloj. La película comenzó a las siete y media. – ¿Puedes estar lista en una media hora? –Sí. Voy a estar lista y esperando. –Luego se volvió y se precipitó al dormitorio. La vio entrar en su habitación antes de irse. Tenía una media hora para prepararse y poner su plan en movimiento. * * * * * * * * * * Mary Elizabeth no podía creer lo emocionada que estaba. Se sentía como una adolescente a la que habían invitado a una fiesta el chico del que había estado enamorada en secreto durante años. ¿Qué llevar? Hugh dijo vaqueros. ¿Debería ir con los pantalones vaqueros o debe tratar de impresionarlo? Sería mejor quedarse con los pantalones vaqueros. Ella no sabía a dónde iban. Ni siquiera había pensado en preguntar. Había estado demasiado excitada.

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Sacó un par de jeans negro, tiro bajo, de esos de calce perfecto, que le moldeaban el trasero. Los acompañó con una remera de cuello en V y una chaqueta de punto negro que abotonado en el frente. Debajo de ella llevaba una camisola de un vibrante color rojo. Eligió un par de botas negras vaqueras con tacón bajo, y recogió su cabello en una trenza, añadió un toque de maquillaje y ya estaba lista para salir. No era demasiado temprano. Un golpe enérgico y fuerte sonó en la puerta. Tenía que ser Hugh. Sus manos se pusieron sudorosas de repente y se las secó en los muslos para luego abrir la puerta. Su boca se le hizo agua ante tan imponente estampa. Él se veía muy bien Estaba vestido completamente de negro. Llevaba una camisa de manga larga y remera negra que amorosamente se aferraban a cada uno de sus músculos, y había muchos. Los vaqueros se adherían de tan forma que marcaban muy atractivamente la protuberancia entre sus piernas. Mientras ella estaba comprobando hacia fuera, se dio cuenta que él había estado haciendo lo mismo. Silbó y le entregó una rosa. – Una flor para mi señora. ¿Estás lista? Ella olió la flor y corrió sus pétalos a través de sus labios, sintiendo su suavidad. Hugh movió la flor de sus labios y la reemplazó con los suyos. El beso fue suave y dulce, muy romántico. Se hundió en el beso, con ganas de más. Profundizó el beso y luego se alejó antes de que las cosas se le fueran de 170


las manos. Apoyando su frente contra la de ella, le preguntó de nuevo. – ¿Estás lista? Porque uno más de estos y vamos a permanecer aquí – él frotó su erección contra su estómago para dar énfasis. A pesar de la tentación que significaba, ella realmente quería tener una cita. – Estoy lista. Sólo déjame buscar mi bolso. – Se volvió para buscarlo de su dormitorio. Él la cogió por las caderas y le dio la vuelta. – No lo necesitas. Solo tienes que venir. Yo me encargo del resto. Hablaba en serio. Ella siempre tuvo su propio dinero, pero esto no era por el dinero. Se trataba de confianza. ¿Iba a confiar en él para cuidar de ella? Eso es lo que le estaba pidiendo. Tomó su llave de la casa y la metió en el bolsillo de los vaqueros. – Estoy lista. Él sonrió con aprobación antes de acompañarla a la puerta. Él la llevó a un Hummer Verde, la ayudó a ingresar en el interior antes de caminar alrededor hacia el lado del conductor y subirse Ella esperó hasta que se sentó antes de preguntar: – ¿Dónde vamos? – Vamos al auto cine. – Él sonrió.– Piensa en toda la diversión que podemos tener. Sin embargo hay algunas reglas. No podemos quitarnos la ropa, ni tener sexo. Se trata de un lugar familiar. Tienen guardias que caminan entre los autos 171


con linternas de gran alcance para mantener a las parejas con las manos quietas. Él extendió la mano y le cogió la suya, sosteniendo mientras conducía. Ella nunca se había dado cuenta de lo especial que podía ser un gesto tan simple como que un hombre le sostuviese la mano mientras conducía, ni lo bien que podía hacer que se sintiese. La Película de esa noche era una película de Disney Pixar, que estaba orientada hacia las familias. El lugar estaba repleto. Las plazas de estacionamiento se llenaron de adolescentes que fueron, probablemente, más interesados en acariciarse que en ver la película. Había muy pocas familias y unos pocos ancianos probablemente intentando pasar la noche en la ciudad. Hugh encontró un lugar cerca del frente y al costado, pero no demasiado cerca. Estacionó y buscó la sintonía de la estación de radio en la que era transmitida la banda sonora. Sacó su asiento hasta la medida en que estuvo cómodo y le dijo que hiciera lo mismo y, a continuación le indicó que pasara al asiento trasero. Ella levantó una ceja en forma interrogativa, pero hizo lo que él, le indicó. Una vez que estuvieron allí, él empujó a la parte trasera de los asientos hacia adelante, en la medida en que pudo, Hugo llegó a la parte trasera del asiento trasero y al refrigerador que allí había. – La cena está servida. Hay pollo frito, ensalada de papas, verduras y salsa, y refrescos para beber. También

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recogí algunas galletas de chocolate de postre, aunque estoy seguro de que no son tan buenas como las tuyas. – Vaya, has pensado en todo. – dijo, él retiraba los platos y los utensilios y los distribuía. – Te dije que me haría cargo de ti. – Sacó la comida del contenedor y en un momento se habían llenado ambos platos. Apilando todo de nuevo en la nevera, sacó las bebidas y las colocó en los sostenedores de taza. En ese momento la película empezó. Se inclinó hacia adelante y ajustó el volumen de la radio a un nivel cómodo y luego se acomodó para comer. Se sentaron en un cómodo silencio y mientras comían veían la película. Cuando hubo terminado de comer, Hugh tomó su plato y lo puso en la bolsa de basura que había traído. Él busco dentro de la nevera y sacó un trapo húmedo para limpiar sus manos y lo mismo cuando terminó. Una vez más, fue a la parte de atrás y salió con una manta. – ¿Qué más tienes allí? – Ella no podía ver nada, pero era obvio que él tenía todo lo que necesitaban. Él hizo un movimiento para abarcarlos a ambos. – Sólo las cosas que necesitábamos para esta noche. Creo en la preparación previa. Ven aquí. Se deslizó por el asiento hasta que ella se acurrucó junto a él y él puso la manta sobre ambos. Él acomodó su cabeza en el asiento, buscando una posición que le pareciese cómoda. Colocó un brazo por los hombros, tiró de ella hasta que le puso la cabeza sobre su hombro. 173


Capítulo 11 Mary Elizabeth estaba totalmente absorta en la película cuando Hugh hizo su movimiento. Empezó colocando pequeños besos en su cuello, abriéndose camino hasta la oreja. Mordisqueaba y jugaba con el lóbulo de la oreja, pasando su lengua alrededor del borde exterior. Ella mantenía sus ojos centrados en la película, pero inclinó la cabeza hacia un lado, dándole un acceso más fácil. Su atención se desplazó de la película a Hugh cuando sus besos comenzaron a viajar hacia el cuello. Sólo por diversión, intentó fingir que tenía su atención puesta en la película. Hizo caso omiso cuando se le puso la piel de gallina y trató de controlar su respiración. Ella no sabía que Hugh podía oler el aroma de su excitación en aumento. Entrando en el juego, Hugh decidió ver cuánto tiempo podía mantener su actuación. Mientras succionaba y mordisqueaba su cuello, desabrochaba su suéter. Cuando estuvo abierto, él puso su mano sobre el estómago justo debajo

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de su pecho. Dejó que su mano descansara allí, mientras crecía la expectativa de lo que iba a hacer a continuación. Le pasó la punta de la lengua desde el cuello hasta la parte inferior de la mandíbula. Allí, colocó pequeños besos a lo largo de la línea de la mandíbula, abriéndose camino hacia su boca. Sin embargo, ella no le hizo caso. Había una pequeña sonrisa en su boca que le dijo que estaba disfrutando de esto. Era hora de subir la apuesta. Subió la mano hacia arriba hasta que estuvo sobre la parte inferior de su pecho. Con su dedo pulgar, le acarició suavemente su pecho, causando que su pezón se endureciera. Al mismo tiempo, le lamio la esquina de su boca con la punta de la lengua. Él sonrió cuando volvió su rostro hacia él, tratando de capturar su boca con la suya. Jugaba con ella, movía sus labios alrededor de su la boca y la besaba a lo largo de la parte inferior de la mandíbula. Cuando ella se volvió nuevamente para ver la película, hizo el camino inverso besando la esquina de su boca. Esperó un poco más esta vez antes de dar vuelta su rostro y darle un beso. Una vez más, se apartó de su boca. Esta vez, viajando de regreso a su oído. Ella dio un resoplido de frustración cuando se volvió hacia la película. Deslizó su mano hasta cubrir todo el seno. Luego la ahuecó, jugando con su pezón. Un pequeño escalofrío sacudió su cuerpo. Usó los dedos de la mano que yacía sobre sus hombros para acariciar su cuello mientras le besaba el camino de regreso a la boca. Una vez más, se detuvo en la esquina de su boca, esta vez con pequeños besos. 175


No hubo respuesta. Ella cerró su mandíbula y clavó sus ojos en la película, negándose tercamente a morder el anzuelo. Se acomodó a unos cuantos centímetros de ella y esperó. Nada. Ni siquiera miraba en su dirección. Humm, un desafío. Esto iba a ser divertido. ¿Cuánto tiempo podía esperar antes de quebrarse? Sería su placer descubrirlo. Viendo de cerca la reacción de ella, le permitió a su mano ir a la deriva de su pecho hasta la cintura. Metió la mano bajo la manta y jugó con el botón de sus pantalones vaqueros. Ninguna reacción. Ni siquiera parpadeó. Soltó el botón, y luego pasó el dedo por el cierre, manteniendo siempre la misma presión. Sus pupilas se dilataron, pero aparte de esa reacción involuntaria, nada. Dejó que sus dedos se deslizan más bajo, más allá de la cremallera y sobre la costura entre sus piernas. Volvió a jugar con su cuello. Tenía un punto caliente, donde era particularmente sensible situado a continuación y ligeramente detrás de su oreja. Trabajó ese lugar mientras aumenta la presión de su mano, que se frotaba una y otra vez, justo encima de su clítoris. Sus piernas relajadas, se abrieron para darle un mejor acceso ya que su cabeza cayó hacia atrás para descansar sobre su brazo. Su pecho subía y bajaba mientras sus pulmones luchaban por conseguir más aire. Se mordió el labio inferior para contener el gemido que se formaba en la parte posterior de su garganta. Pero aún así, nunca apartó los ojos de la pantalla de cine.

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El olor de su excitación causaba que su control estuviese al límite. Se estaba volviendo loco, haciendo que su bestia se levantase. Quería poder bajar y probar la dulce miel que podía sentir empapaba sus vaqueros. Quería quitarle la camisa y succionar el pezón que se alzaba con orgullo a través de la camisa. Le raspó el cuello con los dientes, resistiendo las ganas de morderla. El juego que estaba jugando se volvió contra él y fue capturado en una trampa de su propia creación. Bajó la cremallera y le metió sus dedos en el interior, necesitaba sentir su piel contra la de ella. Su dedo se deslizó entre los pliegues de su sexo, haciendo que arqueara su espalda cuando el placer atravesó su cuerpo. Metió el dedo pulgar, lubricándolo para luego frotar su clítoris. Con un gemido, se desplomó. Ella se acercó y le agarró los cabellos, tirando de la cara a la suya reclamando un beso. Ni siquiera pensó en resistirse. El tiempo de juego había terminado. Su boca devoraba la suya. Ella cruzo su pierna sobre su muslo, abriéndose aún más a sí misma, buscando más de su tortura. Sus caderas empezaron a bombear, tratando de forzar a sus manos a ir más profundo, al vacío que sentía por dentro. La mano que le acariciaba el cuello se deslizó por el hombro, tirando de las finas correas de su blusa y el sostén de la misma. La parte superior y el sujetador se deslizaron hacia abajo hasta que apenas cubrían la punta del pezón. Su mano empujó el resto de manera que él le tomó el pecho desnudo, acariciando y tirando de su pezón. Con la parte superior del cuerpo se inclinó hacia adelante, obligando a su cuerpo a reclinarse hacia atrás hasta que casi 177


quedó recostada en el asiento de adelante. Arrancó la boca de la de ella y la dejó caer hacia abajo para cubrir su pecho. Liberó sus manos, cogió la cintura de los vaqueros preparándose para despojarlos de su cuerpo. El sonido de su respiración entrecortada ahogaba la banda sonora de la película que se reproducía a través de los altavoces de la radio. Justo cuando sus manos habían enganchado los pantalones y estaba listo para tirar, el haz de luz de alta potencia de una linterna inundaron la oscuridad del interior del vehículo. Con una maldición muy clara, atrajo a posición vertical a Mary Elizabeth, levantando la parte superior de su camisa, al mismo tiempo. Acomodó su cabeza con la mano y colocó su cuerpo herméticamente contra el de ella, en un intento de protegerla de miradas indiscretas. El guardia llamó a la ventana, con indicación de Hugh para bajarla. Después de asegurarse de que la manta cubría la parte inferior de sus cuerpos, Hugh ligeramente bajó la ventanilla. – ¿Cómo estás, Bobby? – Bien, Hugo, muy bien. Muy buena la película, ¿no te parece? Por supuesto, tú podrías estar teniendo un momento difícil ya que con las ventanas de este Hummer tan empañadas como están... Tal vez deberías contar con el desempañador. Úsalo, te ayudaría. – Él sonrió maliciosamente e intentó dar un vistazo a la mujer que estaba con Hugh cuando le oyó gruñir. Hugh dio a Bobby una mirada amenazante. Bobby también era un ―cambia-forma‖. Tan pronto como la ventana 178


fue abierta, él olió el aroma de su excitación y sabía que ver la película no era lo que estaban haciendo. – Voy a hacerte caso. Como has dicho, no quiero perderme una muy buena película. – Bueno, me voy ahora. Tengo que hacer mis rondas. Ya sabes cómo es. Tengo que asegurarse que nadie esté haciendo nada ilegal o indecente. Este es un lugar familiar. Tengo que pensar en todos los niños que están aquí con sus familias. No quisiéramos escandalizar a nadie, ¿verdad? – Vete y haz tu rondas. Voy a hablar contigo más tarde. – La advertencia fue fría. Lo habían encontrado en falta y él lo sabía. La última vez que había sido capturado tan caliente era un adolescente probándose a sí mismo y a su desatada sexualidad aquí en este lugar. Aunque ahora era tan embarazoso como lo había sido entonces. Cuando subió la ventana y se dirigió a Mary Elizabeth, sus miradas se cruzaron por unos segundos y luego estallaron en carcajadas. Mary Elizabeth rió hasta que le dolió el estómago. Cuando la risa se perdió, se quedó apoyada contra Hugh, totalmente agotada. – No puedo creer que nos atraparan haciendo esto. Hugh sonrió. – Sólo me alegra de que se produjera cuando lo hizo. Unos minutos más y hubieras estado desnuda y gritando mi nombre. – De sólo pensarlo, su rostro se endureció por la excitación renovada, que en forma de calor le llenó los ojos. Llegó para ella, con la intención de terminar lo que había empezado antes de que fueran groseramente interrumpidos. 179


– ¡Oh, no, no — Se arrastró hacia atrás, tratando de eludir las manos de él. – No vamos a comenzar de nuevo. Casi nos descubren la última vez. – Ella le dio una palmada en las manos para alejarlas. – Voy a ser rápido. Lo podríamos hacer antes de su próxima ronda. — Le sonrió triunfante mientras trataba de agarrarla y tirar de ella hacia él. – No, no y no. Una vez fue suficiente. – Ella rió cuando intentaba echar a perder la ropa que estaba arreglando. Mientras cerraba la cremallera de sus pantalones vaqueros, él descubría sus pechos. Cuando ella se levantó la parte superior y enderezó su sostén, él le desató la cremallera de sus pantalones vaqueros. La lucha se convirtió en un combate de lucha libre, con muchas risas en ambos lados. Se movió y retorció guardando de distancia hasta que finalmente Hugh logró alcanzar el pasador en el asiento. Capturó sus manos y la pasó por encima de su cabeza. Él puso la mitad del cuerpo en el asiento y la otra mitad libre, acunado entre sus muslos. La cosa se puso seria cuando sintió que su erección presionaba contra el calor centrado entre sus piernas. Ella lo quería a él dentro de ella y lo quería ahora. Su cuerpo todavía pulsando por la excitación. La llama que había encendido aún no se había extinguido. Gimiendo, se arqueó contra él, frotando su coño contra su excitación. – Haz eso otra vez y no me importara donde estemos o quien venga. – dijo con sus dientes apretados como si librara una batalla consigo mismo para resistir lo que ella le ofrecía. 180


Ahora no era el momento, pero definitivamente iban a terminar lo que habían empezado. Se frotó contra él de nuevo, tentándolo. – Si no me quieres tentar a debes bajarte de encima mío. No puedo pensar contigo como estas. – Se arqueó contra él de nuevo, deseando poder decir al diablo con todos. Ella que nunca había conoció la lujuria que la estaba consumiendo. Fue casi hasta el punto en que no le importaba dónde estaban y que estaban viendo. Ella sólo quería que terminara lo que había empezado. Su pecho retumbaba en el cuadro de situación que él había creado. Sus labios estaban hinchados y mojados por sus besos. Su pelo se había soltado de la trenza y estaba revuelto sobre su cabeza. Sus ojos brillaban con la necesidad. En la lucha, sus correas habían perdido la batalla para permanecer en sus hombros y se encontraban alrededor de su codo. Lo único que le impedía mostrar su pecho era su peso sobre su cuerpo. Odiaba dejarla así, pero pensaba en Bobby. Él vendría sólo para asegurarse que Hugh estuviese haciendo lo correcto. Y tenía razón. Este no era el lugar para hacerlo. – Vamos a terminar más tarde. – Se sentó y atrajo a Mary Elizabeth con él. La besó suavemente en la boca, empujándola a su lado cuando ella trató de profundizar el beso, y luego la ayudó a enderezar su ropa. Bajó un poco las ventanas para dejar entrar el aire, él la acomodó en sus brazos y se acomodó para ver el resto de la película. No tenía idea de lo que estaba pasando, porque habían perdido el 181


hilo de la historia hacĂ­a mucho tiempo. Lo hizo para obtener un poco de auto-control. Estaba deseando llegar a su casa y terminar lo que habĂ­an empezado.

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Capítulo 12 El viaje de regreso a la casa fue en silencio, cada uno ocupado en sus propios pensamientos. Un murmullo sutil de anticipación flotaba en el aire. Hugh estacionó el Hummer en un lugar justo detrás de su camión, bloqueando la salida. Mientras él estuviese allí, ella no se iría a ninguna parte. Se preguntó si ella captaría el significado sutil de sus acciones. Tomó las llaves de encendido, dio la vuelta para el lado del pasajero y le abrió la puerta. Cogió la rosa de su mano y la ayudó a descender del automóvil. Tomándola del codo, cerró la puerta y la acompañó por las escaleras hasta el apartamento. En la puerta, puso la llave en la cerradura y luego apoyó su espalda contra su fuerza sólida, negándole la entrada .– La pasé realmente bien esta noche. Gracias. ¿Se pregunta qué juego estaba jugando, y arqueó una ceja. – Es temprano todavía. ¿No vas a invitarme a tomar

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un café y un postre? – Nunca lo hicimos luego de comer galletas de chocolate. – No lo sé. Mis padres no están en casa. No estoy autorizada a tener compañía cuando están fuera. – El tono era jovial e inocente, pero la expresión de su cara era maliciosa. Apoyó los brazos sobre la puerta por encima de su cabeza y se inclinó hacia adelante, con lo que su rostro, casi rozó el de ella. – Invítame a entrar cariño. Voy a ser bueno. Confía en mí. Nunca sabrán que estuve aquí. – Movió a sus cejas, el halago de su tono indicaba que estaba más que dispuesto a jugar su juego. Se mordió el labio inferior, y miró a su alrededor con incertidumbre. – No estoy segura. Tú viste lo que pasó en el cine. Casi nos pillaron. Si te dejo entrar, tú tienes que prometer ser muy, muy bueno. Y tienes que irte cuando te lo diga. Puso su mano sobre el corazón y prometió solemnemente,– "Oh cariño, te lo prometo, seré pecaminosamente correcto. – Giró la llave en la cerradura y abrió la puerta en un mismo movimiento, y luego la apoyó sobre el apartamento. Al cerrar la puerta con llave, Mary Elizabeth se dirigió hacia la cocina. Hugh alargó un brazo y la enganchó por la cintura, tirando de la espalda en su cuerpo duro. – ¿Dónde crees que vas? – Él le sacó la rosa de las manos y la arrojó sobre el sofá. 184


– Iba a preparar el café, por supuesto. ¿No dijiste que querías? – Su voz le salió sin aliento. Hugh había encontrado el lugar en su cuello que le debilitaba las rodillas y la hacían flaquear. – Olvídate del café. – Le desabrochó el suéter y lo deslizó fuera de sus hombros. – ¿Qué hay del postre? Tengo algunas galletas recién horneados de chocolate. – La camisola de Hugh salió por su cabeza apagando su voz. – No quiero más galletas. – Le desabrochó el sostén, sacándoselo entre brazos y lo dejó caer al suelo con el resto de su ropa. La besó en la parte inferior de la mandíbula, abriéndose camino por el cuello mientras sus manos acariciaban y masajeaban su pecho. Su anterior excitación volvió con fuerza. Llegó hasta su espalda y los brazos, y en círculos alrededor de su cuello. Arqueo la espalda, apretando sus senos firmemente en sus manos. – ¿Qué tal un helado? ¿No quieres algo dulce para comer? – Ella gemía mientras sus pechos se hinchaban y sus pezones se tensaban. Le desabrochó los vaqueros y le bajó la cremallera. Deslizó su mano dentro, le tomó el sexo, describiendo una respiración irregular contra sus labios. – Quiero un poco de esta miel que ha estado volviendo loco toda la noche. – Sus dedos estaban flexionados, frotándola, tratando de ir más profundo, pero sus movimientos eran obstaculizados por el ajuste perfecto de los vaqueros. 185


Con la otra mano, él tiró de sus pantalones, tratando de bajarlos sin desplazar la mano entre sus piernas. Ella ayudó a empujar hasta que estuvieron por debajo de las rodillas. Levantó una pierna, tratando de sacarse los pantalones vaqueros y casi se cayó de costado. Sólo la mano que tenía ahuecada entre sus piernas le impidió caer. –Whohhhh, tómalo con calma cariño.– Él la estabilizó cuando ella se aferró a su brazo, tratando de recuperar el equilibrio. – ¡Uy. Se me olvidaron las botas. Ellas tienen que salir antes de los vaqueros. – Ella no podía creer que había hecho algo tan estúpido. Antes de que pudiera ser consciente de sus movimientos poco sexys, Hugh la hizo girar. Se inclinó, apretó su hombro contra su estómago, y luego levantó sobre su hombro. Ella dio un grito de sorpresa y se tomó de su cinturón para mantener el equilibrio. Tenía las piernas al aire cuando él se volvió hacia su dormitorio. Tratando de impresionarla, la balanceó un poco sobre su hombro. – ¡Hey! ¡Basta! – Ella le golpeó duro el culo. Entonces, impresionada con la forma en que sintió, ahuecó sus manos dándole un pequeño apretón, en sus nalgas. Muy agradable. Él era alto y firme, tenía un buen culo, no era plano o inexistente, como algunos hombres. Ella no podía creer lo audaz que estaba siendo. Su mundo se vio al revés cuando Hugh la sacudió de su hombro arrojándola en la cama. "Oomph!" Ella aterrizó con un 186


rebote, los brazos abiertos en un intento de capturase a sí misma. Ella reía sorprendida de que estaba siendo tan juguetón. Su risa trajo una sonrisa en su rostro. Agarró el talón de la bota, y se volvió a horcajadas sobre su pierna. Consiguiendo un buen agarre en él, tiró duro intentando lograrlo. La bota se quedó en el lugar, pero su cuerpo se deslizó hacia el borde de la cama. Cuando miró a Mary Elizabeth se echó a reír como un loco. – Prepárate para que yo saque la bota. – Ella se apoyó sobre sus codos y se preparó colocando el otro pie contra su trasero mientras tiraba. Con un sonido de sordo, salió de la bota y lao arrojó a un lado.– Dame la otra. Poco a poco ella fue arrastrando la parte superior de su pie a lo largo de la cresta de su excitación, entre las piernas y sobre los testículos hasta que estuvo preparada sobre su lado izquierdo. – Cuidado. Estás jugando con fuego, – advirtió que su acción causó fuego recorriendo sus venas. – Oooh, me vas a quemar, – respondió en broma. Se deslizó el otro pie a través de la apertura en las piernas y lo mantuvo suspendido hasta que él lo tomó. Hugh tiró con un sonido apagado y sin soltar la pierna, se volvió hacia ella. Ella lo miró, para ver lo que haría después. Sujetó firmemente sus vaqueros por las piernas y tiró, sacándolos completamente fuera de su cuerpo. Cuando 187


terminó, ella estaba allí vestida solamente con un sostén de encaje, un par de medias y una diminuta braga de encaje negro. El hombre tenía una misión, y llegó a sus bragas para sacarlas. Ella dio una palmada en las manos, haciéndole retroceder de la sorpresa. – No tan rápido, amigo. Tú estás con demasiada ropa. ¿Qué hay de equilibrar un poco las cosas? Con una ceja arqueada consideró sus palabras. Miró su vestimenta, y luego a ella. –¿Qué te gustaría que me quitara primero? Oh, le gustaba esto. Con una amplia sonrisa, ella lo miró de arriba abajo lentamente desde la cabeza a los pies, como si buscara algo. – Deshazte de la camiseta. Él liberó la camiseta de sus pantalones vaqueros, la tomó por el borde y se la quitó por la cabeza antes de dejarla caer al suelo, junto a los vaqueros. Se puso de pie en espera de su siguiente orden. Mmm, mira todos los músculos. Sus ojos enormes recorrieron sus hombros y bíceps, y luego bajaron en línea recta sobre su vientre plano que agitó con los músculos. A pesar de que había visto su torso desnudo antes, no había tenido oportunidad de apreciarlo. Tenía planeado disfrutarlo cada minuto esta vez.

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Para Hugh, ella parecía estar en trance. Se puso las manos en la cintura y esperó a que reaccionara. Por último, cansado de esperar, le preguntó: – ¿Mi señora desea que permanezca así o me quito algo más? O ¿puedo volver a lo que estaba haciendo? Sus palabras la hicieron salir completamente del sueño en el que lo recorría con las manos y la boca por todo su cuerpo. Ella se agitó incómoda como si su índice de calor se levantara y subrepticiamente comprobó su boca, para ver si estaba babeando. –Tus pantalones. – Su voz se quebró y tuvo que volver a decirlo. – Quítate los pantalones. Ella miró con avidez, mientras sus manos se dirigían a su cinturón y desabrochó la hebilla. Se soltó el botón y bajó la cremallera. Enganchó los pulgares en la cintura de los pantalones, tiró hacia abajo. Una vez alrededor de sus pies, vaciló, recordando claramente lo que le pasó. – Tengo que quitarme las botas primero. – Déjame a mí. – Saltó de la cama y le obligó a sentarse en el borde. Se inclinó con sus pechos colgando y agarró el talón de la bota. Consiguió un buen agarre, le dio una lucha feroz. No pasó nada. Ella miró hacia abajo, sorprendida. – ¿Tal vez si la desabrochas primero? — Sugirió con ironía. Ella lo miró, luego a la bota en su mano. Sus pies 189


tocaron el suelo con un ruido sordo, ella se llevó las manos a las caderas. Arqueando la ceja, le preguntó sarcásticamente, – ¿No podrías haber dicho algo antes? – Yo estaba disfrutando de la vista. – Él abrió la cremallera de sus botas y se las quitó antes de pararse para luego despojarse de sus pantalones vaqueros. Luego se paró frente a ella totalmente desnudo. La réplica que ella iba a hacerle murió en sus labios mientras le daba un buen vistazo. El hombre era enorme. Hablaron algo acerca de estar bien dotado. Ella no entendía cómo se las había arreglado para introducir ese monstruo dentro de ella. Vio como sus ojos se agrandaban hasta llegar al tamaño de platos. – No te preocupes, cabrá. Ella lo miró dubitativa. –No puedo creer que lo tuviste dentro de mí anoche. – Totalmente erecto, el pene le llegaba hasta el ombligo. Ella no era una experta en estas cosas, pero tenía que ser por lo menos veinticinco centímetros. Él pasó un brazo por su cintura y cayó de espaldas sobre la cama con ella sobre él. Rápidamente se volcó de modo que ella se acostó sobre la espalda con él en la parte superior. Él hizo un hueco entre sus piernas, apoyando sus antebrazos encima de ella. – Encajamos. Hemos sido creados a encajar. – Sin darle ninguna otra oportunidad para pensar en ello, bajó la cabeza y la besó. Él sabía que ella amaba sus besos. La besó apasionadamente, vertiendo toda la pasión que sentía por ella en sus besos.

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Se olvidó de todo, pero no de su boca sobre la suya, y la sensación de su cuerpo duro pulsando sobre ella. Envolvió sus piernas alrededor de él, frotando su pequeña braga contra su erección. Acercó sus manos y tomó los lados de su rostro, sosteniendo su boca contra la de ella, quien cayó de cabeza en su beso apasionado. Sus bocas quedaron fusionaron hasta que el suministro de oxígeno escaseó. Despegó su boca de la de él, necesitaban respirar, mientras Hugh deslizaba su boca hacía su cuerpo, hacia su pecho. Cuando lo encontró y se pegó a el, ella dio un grito agónico, hundiéndose más en la cama. Oh Dios, no sabía que su pecho fuera tan sensible. Ella empujó su cabeza, tratando de empujarlo a él. Era demasiado. La sensación era demasiado intensa. Hugh le cogió las manos y las subió por encima de su cabeza. Las mantuvo en su lugar con una mano y volvió a saquear su pecho. De un lado al otro iba mamando profundamente un pecho por vez, mientras que Mary Elizabeth se volvía loca debajo de él. Ella se resistía a él contra su pecho palpitante. Su cabeza giraba de un lado a otro. Hugh apretó sus manos y se amamantó más profundamente de su pecho, hasta que un grito que llegó violentamente debajo de él. Maldita sea, que caliente estaba. Le encantó saber que podía hacer que se viniese sólo con la succión en sus pechos. – ¡Otra vez! – Le ordenó. – Hazlo otra vez., – Y continuó jugando con su pecho hasta que llegó de nuevo, llorando debajo de él.

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Como era profunda la agonía de su segundo orgasmo, le soltó las manos y le desgarró la ropa interior de su cuerpo. Se sentó sobre sus talones, y la agarró por debajo de las rodillas tirando su cuerpo hacia adelante hasta que su coño quedo abierto y expuesto. Elevándola por sus caderas, se impulsó hacia adelante, tratando de encontrar por sí mismo el camino a casa. Ella estaba demasiado apretada. Sólo pudo hundirse un par de centímetros antes de que se viera obligado a detenerse. Su orgasmo estaba trabajando en su contra, le había endurecido de los músculos que ya se habían ajustado. Él comenzó a bombear sus caderas, abriéndose camino en un poco más cada vez. Mary Elizabeth yacía en ángulo, con los muslos la espalda y los hombros apoyados tocando la cama. Sus brazos se extendieron hacia los lados, ayudando a su equilibrio. Si Hugh hubiese sido un hombre más pequeño, en esta posición sus pies tocarían la cama, dándole un poco de control sobre la situación. Así como estaban las cosas, sus piernas colgaban en el aire detrás de él. Él golpeó un punto que causó ella contuviese el aliento. Reconociendo lo que era, él ajustó el control sobre su cuerpo y comenzó a trabajar sobre su punto G, una y otra vez. Al manipular su cuerpo, sus garras se clavaron en la colcha nueva que ella había comprado. Ella quería moverse, empujar, para hacer algo, pero temía que si se movía, perdería todo lo que había ganado y a él volviendo loca de placer. – Por favor. Sólo un poco más. – Podía sentir la presión acumulada. Todo en ella comenzó a endurecerse. Sintió

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un poco de miedo, cómo todo fuese más Inconscientemente comenzó a luchar contra él.

intenso.

– Oh, no, no. – Hugh bloqueaba su cuerpo con el de él, lo que le impedía mover mientras trabajaba un punto sin piedad. – ¡Alto! Por favor, Hugh. Es demasiado. Yo no puedo tomarlo. No puedo. – Esto la mataría. Nadie podía manejar esto, todo este placer y sobrevivir. Ya su corazón estaba tratando de encontrar la forma de salir de su pecho. – Tú puedes, cariño. Tú, ven por mí. – Él no iba a parar ahora, no cuando estaba tan cerca. Él no le permitiría que por miedo diese marcha atrás. –Vamos,– exigió con un gruñido. Como si su permiso fuese todo lo que necesitaba, ella sentía que su cuerpo de oso se agolpaba con fuerza sobre su polla. Sus ojos se volvieron locos cuando sintió algo romperse y soltarse dentro de ella y un chorro de líquido irrumpió en libertad. Ella se sacudió toda, como una persona en medio de una convulsión. Hugh se perdió cuando sintió su eyaculación. La bestia se soltó y empezó a cambiar parcialmente. Sus ojos cambiaron y comenzaron a brillar. Garras brotaron de sus dedos y su rostro se transformó en una mueca mientras sus incisivos y afilados se alargaban. Su polla aumento en masa y tamaño mientras golpeaba contra ella, utilizando toda la fuerza de su cuerpo, sus bolas golpeando contra su trasero con cada empujón hacia adelante. Estaba fuera de control. 193


Mary Elizabeth cerró los ojos, se apoyó en la cama y se aferró a la dulce vida. Con cada movimiento, sus pechos rebotaban. Era tan profundo que sentía como que estuviese en la parte posterior de su garganta. Con cada movimiento, él embestía contra su cuello uterino. Ella no podía decidir si era placer o dolor que sentía, posiblemente una mezcla compleja de ambos. Abrió la boca para decirle que lo tomara con calma, para explicarle que le dolía y en lugar de eso gritó. Otro orgasmo se estrelló sobre ella de la nada. Ella arañó la cama, su cuerpo colgaba tenso como un arco mientras él seguía martillando. No más. Ella no podía aguantar más. Su visión se torno oscura al filo de la inconsciencia. Apenas sintió cuando, como si una ventana fuese abierta y surgieran de su pecho los estertores, antes del rugido, Hugh la embistió hasta la empuñadura bombeando en su vientre, que esperaba su semilla. Tenía la espalda arqueada, la cabeza hacia el techo. Suspendido en el borde de la inconsciencia, se estremeció cuando su cuerpo llegó a su clímax de nuevo, y ordeño su semilla en su cuerpo. Gracias a Dios que era poca esta vez. Ella no creía que su corazón pudiese manejar otro violento orgasmo. Hugh hizo una inspiración profunda, temblando y tiró de su bestia hacia el interior. Este no era el momento para que su compañera supiese lo que él era. Cerró los ojos, deseando la retracción de sus garras y esperó que sus dientes cambiaran de nuevo a la normalidad. Nunca antes había perdido así el control. Sí, le gustaba el sexo rudo. A la mayoría de los 194


Machos Alfa les gustaba, pero nunca había perdido el control de su bestia y parcialmente desplazado al humano cuando hacía el amor. Nunca pensó que le iba a ocurrir, aunque él sabía que cualquier emoción fuerte atraía a su bestia a la superficie. En el pasado, él siempre había ejercido un control considerable sobre sus emociones, y por lo tanto sobre su bestia. Mary Elizabeth empujó ese control al infierno y de regreso. Una vez que él estuvo seguro que su bestia estaba de vuelta en la jaula y todos los signos de ella se habían ido, miró a su compañera. Si bien había podido recuperar el control, se había dormido con su polla aún incrustada en su interior. Su pasión había sido demasiado para ella. Tenía que recordar que su compañera era humana, y por lo tanto frágil. Todavía estaba duro, listo para una segunda ronda. Al parecer, sin embargo, su compañera iba a necesitar algo de tiempo para recuperarse de la primera ronda. Su gemido, apenas cubría el sonido de succión que su cuerpo hizo mientras él sacaba su polla del perfecto ajuste de su vaina. Ella le encajaba a la perfección y por eso odiaría renunciar a ella, ni siquiera temporalmente. Hugh miró hacia abajo, con ganas de no ver lo que veía. Su corazón latía fuerte en su pecho cuando vio la sangre, su polla estaba toda manchada con ella. También el interior de sus muslos y el vello púbico estaba lleno de sangre y otros fluidos corporales. Suavemente retiró su cuerpo sobre la cama y se dirigió hacia el baño a buscar una toalla. No quería que Mary Elizabeth viese esto. El mojó el paño y volvió

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a la habitación, la limpió suavemente pero a fondo. Ella apenas se movió durante todo el proceso. Hugh la movió más arriba sobre el colchón, y revisó si había más sangre sobre las sábanas. No la había. Bueno. Estaba seguro que ella se volvería loca si la veía. Volviendo al cuarto de baño, él rápidamente lavó la toalla, para desaparecer la sangre antes de salir y apagar la luz. Caminó por el resto del departamento, asegurándose de que todo estaba cerrado y las luces apagadas. Al darse cuenta de que teléfono seguía desconectado, debatió consigo mismo por unos segundos antes de decidirse a dejarlo de esa manera. Por último, bajó el calor en el termostato. Con él, acostado junto a ella, Mary Elizabeth no necesitaría tanto calor. Volviendo a la habitación, él vio a su compañera dormir. Ella había rodado sobre uno de sus lados y se encontraba hecha un ovillo. Levantándola en sus brazos, sacó las sábanas antes de volverla de espalda para volver a cubrirla. Ella murmuró algo que no entendió y se hizo de nuevo en una bola. Se metió en la cama junto a ella y la tomó en sus brazos. – Hugh, –murmuró soñolienta y mientras se envolvía alrededor de él. Hugh extendió la mano y apagó la lámpara. Mientras se quedaba dormido, se hizo una promesa a sí mismo. Nunca más volvería a perder el control y heriría a su compañera como lo había hecho esta noche.

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Capítulo 13

Shannon estaba preparada para ir a la cama, la pastilla para dormir que había tomado volvía lentos sus movimientos. Había sido un día muy productivo. La casa de suministros para la construcción había hecho la entrega del material esa mañana. Había tenido que pagar extra por la entrega en domingo, pero valía la pena. En la tienda, se había encontrado con un hombre que había trabajado para su hermano años atrás. Todavía hacía algunos trabajos ocasionales y accedió a estar en la casa cuando los suministros llegaran. Como se habían dado las cosas no podía quejarse de la forma en que transcurrió su día. La ducha la había relajado y tenía aún más sueño. Ella se secó a medias y dejó caer la toalla en el suelo. La recogería mañana. Bostezo tan amplia que oyó un crack en su mandíbula, apagó la luz y se arrastró a la cama. Cayó en un profundo sueño, en el momento en que su cabeza tocó la almohada, sin darse cuenta de la presencia que entró en su habitación y se quedó observándola. 197


Nikolai se materializó junto a la cama de la loba que había rescatado, después de una primera exploración para asegurarse de que estuviese dormida. Lo que comenzó como una fascinación, rápidamente se transformó en una obsesión. Era cada vez más difícil estar lejos de su loba. Sólo la mera presencia en su pensamiento era suficiente para causar que los colmillos latiesen en su la boca. Él quería devorarla a ella. Quería ahogarse a sí mismo en su crema femenina, y saciarse con su sangre. Con cada visita, era empujado a los límites de su control. Se había fusionado profundamente con su mente, él físicamente se derramaba en su cerebro y acariciaba su cuerpo, despertando su piedad. Él no parecía poder ayudarse a sí mismo. Cada vez que estaba más cerca de la orilla, el lobo dentro de ella tomaba el control, y empezaba a cambiar, entonces tenía que irse. Si bien el vínculo de sangre que había formado con ella le daba algo de control sobre su mente, no podía controlar a su bestia. Era demasiado fuerte. Al final de la cama, Nikolai utilizó su mente para correr la sábana, dejando al descubierto su cuerpo desnudo. A pesar de que la había examinado a fondo muchas veces antes, todavía no podía determinar que había en ella que lo fascinó así. Era pequeña y pelirroja como un duende y también corta como uno. Dudaba de que le llegara a su esternón cuando estaba de pie. Había algo diferente en ella esta noche. Algo andaba mal. Amplió sus sentidos, hasta que encontró la fuente del 198


problema. Había un olor metálico ligero, a medicina que emanan de su cuerpo. Con su conexión mental comprometida, buscó en profundidad. Cualquier cosa que ella tuviese, no obstaculizaba su capacidad de conectarse con su mente subconsciente, pero había dejado a su animal indefenso. ―Su bestia estaba impotente‖. Una sonrisa maliciosa cruzó el rostro de Nikolai. Su bestia lo sintió a él y trató de moverse, pero el medicamento era demasiado poderoso. Sabía que estaba allí, pero no podía hacer nada al respecto. Nadie le mira la boca a un caballo regalado, y él iba a aprovechar la oportunidad que tenía, y que sin saberlo, ella le proporcionó. Usó sus dedos fantasmales, para acariciarle suavemente la frente y sus ojos, su mano se deslizó por su mejilla y un dedo por sus labios. Sus labios entreabiertos debajo de su contacto, invitándolo a entrar. Hizo caso omiso de su invitación en favor de sus dedos, para acariciarle otras partes. Sus dedos fantasmales se deslizaron por su cuello, obligándola a arquear el cuello en respuesta. Él noto como su piel se erizaba en respuesta. Continuó su exploración por los pechos en forma generosa. Su carne le gritó, exigiendo que cesara con los juegos mentales y dejara de tocar su cuerpo. Por un segundo, consideró en ceder a la tentación de tomarla mientras ella estaba indefensa. Su código de honor no le permitiría hacerlo. El abandono de la idea, volvió a tocarla al usar nada más que sus ojos y su mente. Jugaba con sus pechos, haciendo que sus pezones se arrugaron endurecidos. Usando su mente, le dio la sensación de tener una boca succionándolos. Reprodujo su cuerpo como 199


un maestro de música, le tocó simultáneamente por todas partes. Su boca se amamantaba de sus pezones y entre las piernas, mientras sus dedos fantasmales acariciaban y acariciaban todo su cuerpo. El mantuvo un firme control de su mente, no tenía miedo de que ella se depertara y lo encontrara jugando con ella. Su cuerpo empezó a ondular. Sus piernas se separaron y sus dedos se tomaron de la sábana. Los latidos de su corazón se aceleraron, haciendo que su sangre corriese descontrolada por sus venas. El calor de la emoción la hizo llorar sangre, pidiéndole que él la probara. La bestia de él se movió y su sed de sangre comenzó a subir. Su mirada se deslizó sobre ella, observando cada detalle. El rápido aumento y la caída de su pecho, sus bien erectos pezones. El color rosado de su piel, la sangre que corría por sus venas y arterias. Los rizos rojo brillantes que cubrían su montículo. Su clítoris hinchado, pidiendo que lo toquen. Podía ver el cierre y la liberación de sus músculos vaginales cuando sus dedos fantasmales empujaban sin tregua dentro y fuera de su coño formando una suave crema. Cuanto más la miraba, más hambre sentía. Degustarla, le susurro su tentación, sólo probar su sabor. ¿A quién podía herir eso? Sí, pensó, sólo una pequeña muestra. Tal vez si él la probaba sólo por esta vez, podría descubrir por que tenía tanto dominio sobre él. Puso una rodilla sobre la cama, seguida por una mano, y luego la otra, como un gran felino acechando a su presa. Sus ojos estaban completamente enfocados en su objetivo, la carne 200


reluciente entre sus piernas. Una niebla de lujuria le cubrió la cabeza. Probarla, eso era todo lo que quería. Probarla y entonces podría irse y nunca regresar. Se apoyó sobre su cuerpo ondulante, que realizaba movimiento coordinados a la perfección. Rápido como un gato, él la golpeó con su lengua. Su sabor causó que sus colmillos estuviesen a punto de explotar en su boca, sus ojos se desangraron hasta quedar rojos y comenzaron a brillar. Incapaz de resistirse, fue por más y más y más hasta que sus colmillos estaban apretados contra su carne. Había rodado sobre ella, tratando de obtener más y más de su esencia en la boca. Presionado como estaba en contra de ella, era inevitable que sus colmillos rasparan en su carne, sacando una gota de sangre. El sabor de la sangre provocó a su bestia, para romper con su sed de sangre y hacerse con el control. Como una serpiente golpeó, hundiendo sus colmillos profundamente en la arteria femoral que corría bajo la piel de la cara interna del muslo. Lo sintió profundamente, la sangre rica corriendo por su cuerpo y llevar una oleada de poder con ella. Él apenas era consciente de sus convulsiones, por debajo de él como orgasmo tras orgasmo cruzaban a través de su cuerpo. Su sangre era adictiva de espesor, rico y poderoso. Él deseaba atiborrarse de ella. Pero una pequeña parte de su mente que no había sido tragado por la sed de sangre le gritó que retrocediera. Demasiado, él estaba tomando demasiado. Utilizando todo el control del que era capaz, cerró la herida y tiró de él fuera de ella. Se pasó la lengua por su 201


boca para obtener la última porción de sangre que quedaba. Su pecho subía y bajaba bruscamente así de dura era su lucha contra el deseo de dejar en ella su marca y reclamarla como suya para toda la eternidad. Se puso de pie rígidamente al lado de la cama, con los ojos cerrados y las manos apretadas en puños, luchó para recuperar el control de su cuerpo, la lucha era contra sus instintos. Rompió el vínculo entre ellos, sabiendo que la distancia era necesaria, pero odiaba perder el contacto con cada fibra de su ser. Después de un período de meditación silenciosa, fue capaz de recuperar el control. Sus colmillos se retrajeron y sus ojos volvieron a su color negro habitual. Sus manos empezaron a relajarse, aflojó sus puños, incluso su respiración, retomó un curso agradable, lenta y constante. Cuando ya estaba listo, abrió los ojos y se centró en la mujer que yacía frente a él. Una determinación dura como el acero se instaló en su mirada. Él quería que ella lo quisiera. Nadie se iba a interponer en su camino. Ella era suya. Caminó alrededor de la cama hasta que estuvo más cerca de su cabeza, una vez más vinculó su mente con la de él y la puso bajo coacción. Acercó su muñeca a su boca, permitió que sus colmillos bajasen e hizo un agujero en su piel, causando que la sangre fluyese. Al presionar la muñeca contra su boca, le obligó a beber. Cuando había bebido suficiente de su sangre, le ordenó que se detuviera. Llevó su muñeca hacia atrás y se lamía la herida para cerrarla. Instintivamente, comenzó un ritual de 202


apareamiento tan viejo que quedó impreso en su ADN. Dos ingestas más de su sangre y ella sería suya. Dándole una intensa mirada persistente, se desmaterializó y salió de la casa. Pronto, muy pronto, él la reclamaría. * * * * * * * * * * Mary Elizabeth despertó rodeada de un calor delicioso. Con el sueño aún embotando su mente le tomo algún tiempo reconocer la fuente de calor. Hugh yacía a su espalda, con su brazo alrededor de su cintura, lo único que la mantenía en la cama. El hombre era un acaparador de camas, probablemente debido a su tamaño. Si esto se iba a hacer un hábito, iban a necesitar una cama más grande. Su ―plaza y media‖ no era lo suficientemente grande. Se apartó de él, tratando de obtener una posición más segura en la cama. Se tragó un gemido cuando sus músculos protestaron por sus movimientos. Iba a pagar caro por la noche anterior. Podía sentirlo en sus huesos. Se sentía en carne viva y dolorida, a diferencia de la época en que ella perdió su virginidad. Supuso que era comprensible. Su experiencia anterior no la había preparado para que alguien del tamaño y de la fuerza de Hugh. Un largo baño en la tina y uno o dos días para recuperarse y estaría bien. Con cautela, levantó el brazo de Hugh de alrededor de la cintura, tratando de no despertarlo. Su brazo se apretó brevemente en señal de protesta, antes de relajarse, lo que le permitió deslizarse por debajo. Se quedó inmóvil mientras se movía, sólo para relajarse cuando lo único que hizo fue girar sobre su espalda. 203


Una vez más, en el borde de la cama, ella debatió su próximo movimiento. Cualquier movimiento que hacía era doloroso y ella no era una gran fanática del dolor. La decisión debería ser fácil, simplemente colocar sus pies en el suelo y sentarse, ella logró seguir el pensamiento con la acción. Hasta ahora, todo bien. Ahora llegaba la parte más difícil, ponerse de pie. Tomando una inspiración profunda mientras se preparaba, plantó sus pies en el suelo, se apoyó en el colchón y se apartó de él poniéndose de pie. Bueno, era más que estar agachada. Estaba encorvada, como una anciana con un mal caso de artrosis. Dio su primer paso y tomó aliento por el duro dolor que le produjo un tirón en su pelvis. Se preguntaba si podría hacerlo. Pero era una mujer fuerte. Ella podría manejar un poco de dolor a la luz de todo el placer que recibió anoche. Diciéndose a sí misma "animo", se obligó a mantenerse erguida y caminar hacia el cuarto de baño. No importaba que un bebé pudiera haberse arrastrado más rápido. Ella estaba caminando y esa era la parte importante. Es en momentos como estos que ella le hubiera gustado tener un cuarto de baño privado junto a su habitación. El cuarto de baño nunca le había parecido tan lejos como le parecía ahora. * * * * * * * * * * Hugh la vio cojeando por la habitación, y se maldijo a sí mismo con cada paso que ella daba. Quería levantarse y ayudarla. Lo hería verla con tanto dolor, sabiendo que él era la causa de todo ello. Lo único que le impedía ayudarla era el conocimiento de que iba a avergonzarla con su asistencia. Era 204


evidente que no quería que supiese que estaba sufriendo, o no habría tenido tanto cuidado en no despertarlo. Ella no tenía forma de saber que se había despertado con sus primeros movimientos, todo su ser se centró en ella, incluso en el más profundo sueño. No podía patearse lo suficiente a sí mismo por haberle hecho daño como lo hizo. Renovó su voto para asegurarse de que nunca perdería nuevamente el control de esta manera. No podía entender lo que le pasó. La protección de la pareja era una prioridad, entre los machos de la especie. Era tan arraigado como el instinto. Lo que había hecho ayer por la noche iba en contra de todo lo que él creía Todos los principios que alguna vez le habían enseñado. Fue una lección muy valiosa, he iba a asegurarse que no se repitiese. Si bien había estado reprendiéndose a sí mismo, su compañera había salido de la habitación y estaba en el cuarto de baño. Lo menos que podía hacer era ser útil y preparar el desayuno. Se levantó de la cama y se puso sus pantalones vaqueros. Al acercarse al cuarto de baño, oyó el grifo en vez de la bañera. Bueno, ella estaba tomando un baño. Eso debería ayudar. Golpeando ligeramente en la puerta, le gritó: – Estoy haciendo café y el desayuno. ¿Vas a estar ahí mucho tiempo? – Debería estar lista cuando el café esté hecho. ¿Tienes que usar el baño antes que entre en la bañera? – No, estoy bien. Puedo esperar hasta que salgas. – Si fuese necesario, él bajaría hasta el restaurante antes de

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hacerla salir del baño. Esperaba que el agua caliente deshiciera parte del daño que él había hecho. * * * * * * * * * * Mary Elizabeth se estiró, tratando de aflojar sus músculos apretados. Una vez que se puso en movimiento, en realidad no fue tan malo. Fue muy conciente de partes de su cuerpo que normalmente se sabía que existían. Su sexo estaba todo hinchado y magullado. Tenía un dolor sordo en su interior, donde su polla había martillado sobre su cuello uterino. Sólo pensar en ello le trajo el placer de recordar, y un eco del dolor. Era un hombre grande y como los hombres más grandes, él no siempre sabía de su propia fuerza. No era culpa de él. La verdad era que no podía esperar a que lo hicieran de nuevo. Hizo bien a su ego el saber que la encontraba tan deseable que había perdido el control. Cuando un hombre que valoraba tanto el control como Hugh lo perdía, ella no podía menos que sentirse halagada y un poquito henchida de satisfacción. Le hizo preguntarse qué pasaría si realmente tratase de hacerle perder el control. Ahora si tenía algo en que pensar. Se metió en la bañera y abrió las piernas para dejar que el calor la calmara. Se sentía tan bien. Ella podía sentirlo hasta en los huesos. Se quedó allí hasta que el agua comenzó a enfriarse. Después de drenar fuera un poco, volvió a llenarla tan caliente como era capaz de soportarlo. Nuevamente se relajó hasta que se enfrió. Se lavó con rapidez, sacó el tapón y salió de la bañera. Todavía estaba un poco sensible allí 206


pero por lo demás se sentía mucho mejor, lista para enfrentar al mundo. Salió del cuarto de baño y se vistió con algo suelto y cómodo antes de unirse a Hugh en la cocina. Debido a la sensibilidad de su vulva, había renunciado a usar ropa interior y eligió usar una falda suelta, fluida que caía por debajo de las rodillas. Arriba llevaba una túnica que le llegaba hasta las caderas, y creía que había ocultado totalmente el hecho de que estaba desnuda debajo de su ropa. Hugh se había hecho cargo de la cocina, haciendo café y cociendo unos huevos para el desayuno. Acompañando a los huevos, había tostadas y salchichas para el desayuno. Cuando ella entró en la cocina, Hugh la besó brevemente antes de dirigirse él al baño. Se sirvió una taza de café, algunos huevos y tostadas, dejando la mayor parte para Hugh. A juzgar por la enorme cantidad de comida en la estufa, aún tenía que comer. Mientras estaba sentada en la mesa escuchando la ducha, examinó mentalmente la mañana hasta el momento. Aunque no estaba segura de lo que debía esperar que sucediese esta no era la mañana "después de" la que todo el mundo hablaba tanto. Todo era bueno, normal. Se sentía como si hubieran estado despertando mucho tiempo juntos, lo suficiente como para caer en una rutina. No hubo que preocuparse por el estado de su cabello o por el mal aliento de la mañana. Sólo había ido a prepararse para el día como si hubieran estado haciéndolo juntos durante años. Era un poco desconcertante, sin embargo, muy relajado al mismo tiempo. 207


* * * * * * * * * * En la ducha, Hugh pensó en sus planes para el día. Tenía por delante una jornada de trabajo y no había tiempo suficiente para hacer un cambio por su lugar o para cambiarse de ropas antes de bajar. El comedor se cerraba el domingo por la mañana pero reabría a las once para el almuerzo. No había mucho que pudiese hacer entre ahora y entonces, sobre todo porque le había dado a su ayudante el día libre para compensar su reemplazo en la noche anterior. Realmente odiaba dejar sola a Mary Elizabeth. La última vez que lo hizo, ella cambió de opinión acerca de su relación. No quería dejar lugar a la posibilidad de que ocurriese de nuevo. Ese puente había sido cruzado y no había vuelta atrás. Regresó a la cocina justo cuando ella terminaba de comer. Mirando fijamente los alimentos que aún quedaban, preguntó: – ¿Eso es todo lo que vas a comer? – Yo no estaba segura si habías comido. Además, no suelo desayunar. – Tendrás que empezar. Vas a necesitar mucha energía si vas a seguir conmigo. – Levantó las cejas sugestivamente, haciéndole saber exactamente a lo que indirectamente se refería. Ella se sonrojó atractivamente, haciéndolo sonreír. – Voy a tener eso en mente, – dijo secamente. – Sí, lo harás. Ahora bien, ¿cuáles son sus planes para hoy? 208


Ella se encogió de hombros y miró a su alrededor como si una idea que saltar sobre ella. – Realmente no había pensado en ello. No creo que pensara en hacer algo. ¿Por qué? – Tengo que irme y yo no conmigo. Te sentaras y hablaremos sientes realmente generosa, puedes postres para acompañar la cena de ellos.

quiero. Ven al comedor mientras yo cocino. Si te hacer que algunos de los hoy. Te voy a pagar por

– ¿Vas allí ahora? – No, necesito ir a mi casa en primer lugar y buscar mi ropa de trabajo. Entonces voy a volver aquí al comedor. – Si lo hubiera pensado, se habría traído la ropa con él anoche. Iba a asegurarse de dejar suficientes cosas aquí para que en el futuro, los viajes a su casa no fueran necesarios, al menos hasta que la convenciera de vivir con él. Un paso a la vez. – ¿Estás seguro de que no seré una molestia? – No habrá nadie en la cocina, excepto yo. – ¿Vas a cocinarlo todo tu mismo sin ayuda? – No será la primera vez. Además, el menú esta previsto y las comidas están preparadas. Se me acaba de ocurrir y seguro surgirá algo más. No es la gran cosa.

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– Si tú lo dices. Con su mente en lo que tenía que hacer, se dirigió hacia la puerta después de extraerle una última promesa. – Piensa en hacer los postres. Mis clientes realmente los disfrutan. Puedes hacerlos abajo en el comedor. – Prefiero hacerlo aquí, donde sé dónde está todo. – Nada de lujo o que lleve demasiado tiempo, entonces. Quiero que estés conmigo. – Voy a tener eso en cuenta y estaré abajo en cuanto se haya terminado. – Usa la puerta de atrás. Voy a dejarla abierta. – Está bien. Vete antes de que se haga tarde. Maldijo cuando miró hacia abajo. – Tengo que irme. Baja o vendré a buscarte. Los clientes pueden esperar. – Voy a estar allí. – Será mejor. –Le dio otro beso y se fue.

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Capítulo 14

Shannon se dio vuelta adormilada y se estiró. Lo que quería era una o dos horas de sueño, pero una mirada al reloj le aseguró que no lo obtendría, al menos no hoy. Rodó fuera de la cama sobre sus piernas y se tambaleó antes de lograr su equilibrio. Luego se dirigió hacia el baño, su boca se extendió en un bostezo, mientras caminaba. Tenía un sabor extraño en la boca. Probablemente era de la medicina, pero sabía a sangre. Se preguntó si se mordió el interior de su boca mientras dormía. En cuanto a la medicina, le funcionó de maravilla. Esta había sido la noche más descansada que había tenido en las últimas semanas, incluso sus piernas se relajaron. Ella realmente había dormido profundamente la noche anterior. Normalmente se despertaba varias veces durante la noche sobresaltada, con su lobo agitado. No había pasado la noche anterior, por lo que estaba agradecida. Ella no tenía intención de que tomar las píldoras se transformase en un hábito, pero era agradable saber que podía recurrir a ellas cuando fuese necesario.

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El camión de reparto debería llegar en una hora. No había tiempo suficiente para preparar el desayuno. Cuando se dirigía a la cocina, oyó un vehículo familiar en la propiedad ¿Qué quería? Abrió la puerta y salió al porche. Su hermano Rory salió de la nada, manejaba el camión con cabina que utilizaba para el negocio. – ¿A qué debo este placer? – Ella tenía un poco de cautela, considerando todos los asuntos pendientes entre ellos. Se acercó a la galería como si fuese el dueño del lugar, deslizando sus sombras en la parte superior de su cabeza de color rojo rizado. Los rizos deberían haber sido los de una fémina, pero no había nada ni remotamente femenino de él. Era un gran hombre corpulento, aunque un poco bajo. Se quedó con sólo 1,75 centímetros pero parecía mucho más grande, como un aura, él emanaba poder. La traspasó con una dura mirada. – Si necesitabas ayuda, ¿por qué no me llamaste? Sigo siendo tu hermano, ¿no? Oh, diablos. Kyle se había ido de lengua. – ¿Supongo que te encontraste con Kyle? – Se podría decir eso, pero ese no es el problema. Un hombre me llamó y quería saber por qué mi hermana tuvo que contratar ayuda cuando su hermano era dueño de una empresa de construcción. Lo mismo que yo quiero saber, dime. ¿Hay alguna razón por qué no me llamaste?

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Infierno, él estaba enojado. Su acento lo demostraba. Vamos, Shannon. Piensa rápido. Él no debía saber lo que realmente estaba pasando con ella. Seguramente encontraría la manera de usarlo en su contra. – Estos son negocios con la manada de Raven. No se refiere el Alfa del clan Gavilán. – Tal vez eso le haría retroceder. – En la medida en que afecta a mi hermanita, me afecta. Estoy aquí, no como el Alfa, pero si como su hermano mayor. Y te vuelvo a preguntar, ¿por qué no vienes a mí si necesitas ayuda? Porque no sabía si podía confiar en ti. Ella lo pensó, pero no lo dijo. A pesar de sus diferencias, era su sangre, y ella nunca haría o diría nada para hacerle daño deliberadamente. ¿En el calor de una discusión? Eso era diferente. Ambos tendían a ser un poco flojos con los labios cuando estaban enojados. Pero deliberadamente no podía decir las palabras que sabía que iban a herirlo, no lo podía hacer. Así que ahora tenía que encontrar una razón para darle, que no fuese una mentira, sin embargo, no podía decirle toda la verdad. El podría oler una mentira. Tenía que ser algo que él creyese. Por mucho que quisiera a su hermano, no podía decirle lo que le pasaba. No se sabía qué haría, a que agujero podía querer hundirla "por su bien." Ellos ya no estaban unidos, ella había tenido que luchar por conseguir lo que consideraba bueno para ella. No le daría armas para que luego utilizara en su contra.

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– Estoy construyendo una caja fuerte para el Alfa. La manada de Raven no tiene una y uno será necesario en breve. El compañero de Alfa es humano y no ha pasado por su primer cambio, y la Beta acaba de tener un cachorro. Un lugar será necesario también para su primera vez. Estoy viviendo aquí sin pagar alquiler, así me ofrecí de voluntaria para crear una para la manada. Lo que dijo era verdad hasta cierto punto. Cada manada tenía una casa de seguridad o una caja de seguridad. Era un lugar donde los nuevos ―cambia-formas‖ iban en su primer par de cambios hasta que aprendiesen a controlar su bestia. También podía ser utilizado por el Alpha como una celda de detención para miembros de la manada, que se salían de la línea hasta que una adecuada acción disciplinaria pudiese ser determinada. Sólo esperaba que no recordara que a ella nunca le gustó la idea de habitaciones de seguridad. Ella pensaba que eran muy bien decoradas celdas de una cárcel. No se permitiría ningún indicio de debilidad para demostrar, en silencio que estaba desafiandolo a estar en desacuerdo con ella. – Entonces es una buena cosa que haya traído mis herramientas. Vamos a suponer que tú tomaste todas las medidas necesarias y que ¿pediste todo lo que vamos a necesitar? Él lo estaba dejando así. Era lo que pensaba. Estaba mejorando en la mentira o, por alguna razón que su mente no entendía, él estaba dejando que se saliese con la suya, al menos por ahora. – Sí, tomé las medidas. Los suministros 214


deben llegar en aproximadamente una hora. Ya que estás aquí, y no parece que te vayas a ir pronto, ven adentro. Estaba a punto para preparar el desayuno. – Parece que llegué justo a tiempo. – Él la siguió a la cocina y le ayudó a cocinar. Cayeron en una rutina nacida durante muchos años de hacer lo mismo. Había una extraña clase de comodidad en él, a sabiendas de que no importaba lo que en su relación había cambiado, él seguía siendo el mismo. Mientras comían, hablaban de cosas mundanas. Rory la actualizada sobre los acontecimientos dentro de la manada desde que se había ido. No había encontrado a nadie que pudiese reemplazarla, y antes de darse cuenta, estaba de acuerdo en continuar manteniendo los libros de su negocio y para la manada, tal como lo hacía antes. – No voy a entrar a Esparta. Vas a tener que traer los libros hasta mí. – Eso me parece bien. Cualquiera que sea el papeleo que tenemos que no pueda ser transmitido por vía electrónica serán entregados en mano o por correo. Su acuerdo sospechoso.

tan

rápido

le

resultó

inmediatamente

– Muéstrame la habitación. –Habían comido y los platos habían sido lavados y guardados. – En realidad, es el sótano. Creo que es perfecto para lo que hemos planeado. – Yo te diré lo perfecto que es después de que lo haya visto .– La siguió hasta la puerta de fuera de la cocina que 215


daba a continuación. – ¿Qué vas a hacer con respecto a esta puerta? – He pedido un acero reforzado de una pulgada para reemplazarla. En realidad compré dos. Pienso poner una aquí, y la otra se instalará en la parte inferior de la escalera. Abrió la puerta y le mostró el camino hacia abajo. – Ahora está abierto, pero tengo la intención de cerrar esta escalera y poner la segunda puerta aquí para mayor seguridad. – Así que si alguien consigue ir más allá de la primera puerta, todavía tienen que pasar de la segunda. – Sí, eso es exactamente lo que estaba pensando. Caminó por el sótano, mirando a su alrededor. – Hay un baño aquí abajo. Eso es bueno. Parece que alguien había comenzado la remodelación de esta área y se detuvo a mitad de camino. Las paredes necesitan ser terminadas. ¿Qué pasa con estas ventanas? – Son relativamente pequeñas. Compré malla de acero para cubrir las ventanas. Creo que no son lo suficientemente grandes para pasar nada, pero nunca se sabe. – La malla no las protegerán, a menos que las rocíes con aerosol con plata. No serán lo suficientemente resistente. Las garras de un ―cambia-formas‖ a voluntad puede atravesarlas. Necesitas instalar barras en el exterior.

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– ¿Por qué simplemente no pones barras fuera de la ventana, si nadie está tratando de entrar? Ella maldijo en silencio. Le había dicho que estaban tratando de mantener algo dentro. Si ese fuera el caso, ella no debería estar preocupada porque alguien tratara de entrar. Le dio una mirada que decía mucho, pero no hizo comentarios sobre la combinación. – Vamos a poner la red en primer lugar, a continuación de la red, vamos a poner la reja. Vamos a colocarle aerosol con pintura de plata. El olor de la plata debería ser suficiente para disuadir a cualquier ―cambia-formas‖ del uso de la ventana como un medio de salir, o entrar, pero aún serás capaz de abrir las ventanas. Tú no quieres cortar su suministro de aire. Grandioso, le preocupaba porque aún no había hecho comentarios sobre su resbalón de lengua, le dio a las ventanas otra mirada. Ella no había pensado en la ventana como una fuente de aire fresco. Estaba más preocupado por los riesgos de seguridad que planteaban. – ¿Tienes localizada la caja de interruptores? – Sí, es por la lavadora y secadora. La válvula de cierre para el agua está aquí, también, junto con el horno. – Bien. Este sería un buen lugar para poner una habitación del pánico. También puede funcionar como una caja fuerte pero funcionará mejor a la gente de mantenimiento que este fuera.

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Ella lo miró severamente. Vio su conocimiento de causa. Pero no confirmó ni negó su sospecha y no iba a seguir con el tema. Él sabía lo que iba a hacer, pero no por qué lo hacía. Su fino oído recogió el sonido de un vehículo que se aproxima. – El abastecimiento está aquí. – Lo escucho. ¿Kyle, será el quién viene? – Sí, él está llegando. He cambiado su hora de reparto. Cuando llegue aquí, él estará trabajando para mí. Ya he establecido mecanismos de pago. Shannon no se molestó en discutir. Esta fue una de las razones por las que ella y Rory lo hacían. Era una cuestión de de manipulación, control y dominación. No era sólo por el alfa que habitaba en él, era su naturaleza. Tenía que estar a cargo, las cosas tenían que seguir su camino y él siempre tenía razón. Añadía a eso su mal genio y era un milagro que no luchara con más frecuencia con ellos. Kyle apareció justo a tiempo para ayudar con el camión. Este fue descargado, acumulando todo en el sótano de fácil acceso. Bajo la dirección de Rory, le quitaron la puerta al sótano y enmarcaron la escalera en primer lugar. Una vez que terminaron, Rory y Kyle se ocuparon de las paredes del interior, un proceso tedioso y que consumía mucho tiempo debido a todos los diferentes niveles. Una vez hecho esto, descansaron para tomar el almuerzo que Shannon había preparado.

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Después del almuerzo, Shannon se preparaba para pintar la pared, mientras que los tipos instalaban la puerta de acero. Rory trabajaba como un poseso. Cuando la dejaron tarde en la noche, habían instalado dos puertas, las paredes, la pared seca entre ellas, y las ventanas estaban aseguradas. Él iba a volver a instalar sensores de movimiento y una cámara de vídeo que pudiese ser controlada desde el sótano. En el momento en que su hermano terminase, el sótano sería más seguro que Fort Knox. * * * ** * * * * * Mary Elizabeth acompañó a Hugh mientras trabajaba. Ella no se ofreció a ayudarlo, pues sólo habría sido un estorbo en su camino. El hombre había convertido su rutina en una ciencia. Él era rápido y competente. Era evidente que había hecho cientos, si no miles de veces las mismas cosas. El hombre era un maestro en múltiples tareas. Mientras seguía con la comida, mantenía el seguimiento de los comensales y los servidores de todos, manteniendo un flujo constante de conversación con ella. Él no dijo mucho sobre sí mismo, sino que prefirió hablar de ella. Le hizo muchas preguntas, sentía que estaba siendo entrevistada. Quería saberlo todo. Le preguntó por su infancia, su relación con sus padres y su hermana. Le preguntó acerca de las relaciones anteriores, sus años en la universidad, todo y cualquier cosa entre ellos. Sus preguntas eran perspicaces, obligándola a pensar mucho y llegaba hasta las profundidades con sus respuestas. Era fácil ser abierta con él, revelando cosas sobre sí misma que nunca había hablado con otra 219


persona. Contribuyó a ello que a pesar en que sabía que su mente estaba completamente centrada en lo que estaba diciendo, los ojos se centraron en lo que estaba haciendo. Esto le dio una sensación de anonimato, la seguridad ilusoria de confesiones compartidas en la oscuridad. Ella se quedó hablando con él a través de la cocina y durante la cena, que sirvió para ella personalmente. Sus pasteles fueron un gran éxito. Ellos recibieron tantos elogios que dejó que Hugh hablara de tomar al menos un postre de su elección para cada domingo. Hugh se aseguró de que todo el mundo supiese que ella horneaba la deliciosa tarta de limón en el menú. A pesar de que se sentía incómoda con todas las atenciones, tenía que admitir que no había un lugar en su alma que no se sintiese bien al saber que había complacido a tantas personas. En torno a las seis, se excusó y volvió a casa a prepararse para el día siguiente. Estaba dispuesta a volver al trabajo, incluso entusiasmada. Ella estaba en una ciudad nueva, una nueva empresa, y con nuevos compañeros, todo sería nuevo. Ella haría la selección de la mayoría de ellos. La contratación de empleados hombres para la tienda era una de sus nuevas responsabilidades como Gerente General. Había mercancía para seleccionar para la nueva tienda y sabía qué más debía hacer. Los próximos meses serían desafiantes y estaba deseando hacerlo. Se sentía un poco rígida, sacó su cinta de yoga y ejercicio. Luego tomó otro largo baño en la tina, encerrada, y se envolvió en la noche.

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Capítulo 15 Ella escapó a su lugar privado. El rancho era una presión, con el negocio de la primavera, pero ella estaba allí decadente y en todo el esplendor natural. Cada vez que tenía la oportunidad, se escapaba de la casa y las tareas interminables, y subía hasta el pajar encima del establo. Allí tenía una manta especial, hecha con sus propias manos. En días como hoy, cuando las puertas del desván estaban abiertas, ella extendía la colcha sobre los fardos de heno y se quedaba allí, a veces leyendo, a veces soñando despierta. Hoy se sentía particularmente traviesa. A pesar del frío en el aire, el sol se sentía tan bien que se había despojado de su piel. Puso Spread Eagle, como una ofrenda de sacrificio pagano a la calidez del sol. Como la brisa fresca acariciaba su piel desnuda, le permitía a su mente ir a la deriva, sin advertir que sus meditaciones se convertían en sueños. Fue el toque de una mano en su cuerpo lo que la despertó. Sus ojos se abrieron lentamente para ver a Jake, uno de los muchos peones de su padre, de pie sobre ella. Él 221


se quedó allí, con el pecho desnudo mostrando su musculatura magra y sus pantalones vaqueros libremente apoyados sobre sus caderas. Como la mayoría de los peones, Jake necesitaba una litera enorme, y parte de ella sabía que era debido a su tamaño. El hombre era un verdadero gigante. La otra parte se debía a su herencia indígena evidente. Nadie se atrevería a decírselo a la cara, pero por detrás, se referían a él como el ―'maldito mestizo‖. Él no ocultaba quién o qué era. Uno lo aceptaba como era o no lo aceptaba. Su pelo negro como la medianoche fluyó hasta los hombros, haciendo hincapié en su sangre materna. Normalmente lo mantenía atado y fuera de su camino, pero hoy lo llevaba suelto, soplaba una suave brisa que entraba por las puertas abiertas. Jake era un buen hombre y era bueno con las manos. Tenía dos áreas en las que se especializaba: los caballos y los cuchillos. Lo primero le garantizaba trabajo en cualquier rancho en el estado. El segundo, garantizaba que no importaba cuánto lo detestara un hombre, se mantenía lejos de él. Ella había puesto sus ojos en él desde hacía un tiempo. Oh, ella nunca pensó en tener nada con él. No porque fuese demasiado buena para él, no, eso nunca. Sino porque era demasiado grande y demasiado blanca para que él la notara. Él podía tener a cualquier mujer que desease. Si bien muchas de ellas no se mostrarían en público con él, se preguntaba si no se abrirían los muslos al instante en el oscuro secreto de la noche. Ella no tenía esperanzas de que alguna vez él mirara a alguien como ella. Incluso si lo hacía, no había futuro en ello. 222


A su padre le daría un patatús de histerismo. No había forma de que su pequeña y blanca hija se casara con un maldito mestizo. Ella tuvo que contentarse con sus fantasías virginales, sabiendo que era todo lo que alguna vez tendría con él. La mano que sostenía su pie lentamente se deslizaba por la pierna, recordándole que ella estaba desnuda delante de él. Un rubor pintaba su de color rosa, pero ella no hizo nada para cubrirse. Esta era su fantasía viviente e iba a disfrutar de ella. Este hombre que quería por encima de todos la miraba con deseo en sus ojos. Él podía hacer con ella lo que quisiera. Su mano se deslizó hasta el interior de su muslo todo el camino, hasta el vértice de las piernas, que pasó por alto y se apoyó en su vientre, cerca de sus pechos. Dio la vuelta con el dedo alrededor de la base de uno, a través del espacio entre ellos y luego alrededor de la base del otro. Su dedo en círculos disminuyó más y más hasta que finalmente, le tocó el pezón. Se sentía tan bien que se tragó un gemido. Una parte de ella tenía miedo de que esto fuese realmente un sueño y que cualquier sonido por su parte lo haría desaparecer. Se arrodilló sobre la colcha a su lado y bajó su boca a su pecho. Ella había jugado con sus senos en la intimidad de su habitación, preguntándose cómo se sentiría tener la boca de un hombre sobre ellos, pero nunca podía haber imaginado esto. Había oído a algunas de las más chicas rápidas de la escuela hablando, contando acerca de algunas de las cosas que en secreto permitían hacer a los niños y lo bien que se sentía. Ella había estado escéptica pero ahora era una firme creyente. 223


Su boca bajó por encima de su vientre y usó su rodilla para apartar sus piernas, haciendo un hueco entre ellas. Observó, sin poder creer lo que estaba sucediendo realmente con ella. Tenía que ser un sueño. No había ninguna otra explicación. Su boca se perdía en el terreno y contuvo la respiración cuando vio la dirección que estaba tomando. Seguro que no la besaría ahí!. ¡Lo hizo! ¡Estrellas Ardientes! Nunca ni en sus sueños más locos se había imaginado que un hombre acercaría su boca a esa parte del cuerpo de una mujer. Se sentía tan extraño, prohibido. Apenas si alguna vez se había tocado a si misma allí cuando se bañaba. Las cosas que él estaba haciendo con su boca la asombraron. Se mordió el labio inferior, tratando valientemente de guardar silencio. Ella no quería distraerlo o hacer algo para causar que se detenga. Se agarró la manta debajo de ella con tanta fuerza, con los nudillos se pusieron blancos. Completamente fuera de su control, ella abrió más las piernas y sus caderas empezaron a moverse, empujando hacia arriba para estar más cerca de su boca. Algo extraño estaba sucediendo en su cuerpo. Había una presión, una tensión que crecía dentro de ella. Aparecieron sentimientos de miedo, pero ella se sentía demasiado bien para detenerlo. Empezó a sollozar en silencio, con los ojos cerrados para recoger mejor las sensaciones que se estaban creando dentro de ella. Por último, como una banda elástica estirada muy fuerte, la sensación que la atravesó, causó que su espalda se arqueara fuera de la manta, se estremeció y gimió. Jake se 224


quitó los pantalones y se subió entre sus muslos abiertamente separados. Su polla estaba gruesa y pesada por el deseo. Se apoyó en un codo y usó su mano para guiarla a su apertura. Ella sentía su polla, ya que le dio un empujón suave y sintió los latidos de su corazón antes de que se hundiese en su interior. Los ojos de Mary Elizabeth se abrieron de golpe, ella siseó entre dientes de dolor, sus uñas se clavaban en los músculos de la espalda de Hugh tan fuerte que lo hizo sangrar. Él se detuvo inmediatamente y se quedó quieto sobre ella, reconociendo el sonido como de un intenso dolor, no placer. Se inclinó hacia un lado, extendió la mano y encendió la lámpara de noche. Su movimiento causó que se adhiriera aún más a los sensibles tejidos vaginales que aún trataban de adaptarse a su presencia, he hizo que ella tomara una amplia bocanada de aire, intentando mitigar su molestia.. Después de dar una mirada al dolor en su rostro, Hugh apoyó sus antebrazos por encima de ella y comenzó a retirarse suavemente. Sabiendo por instinto lo que estaba a punto de hacer, cerró sus piernas alrededor de sus caderas y usó los músculos de sus fuertes piernas para mantenerlas cerradas. – No, está bien. No te detengas. Estaré bien en un minuto. – No estás bien. Mírate. Estás dolorida. Caray, yo sabía que no debía hacer esto. Todavía estás dolorida de anoche. –– Él comenzó a maldecirse a sí mismo en voz baja por permitir que su lujuria sacara lo peor de él. 225


– Hugh, estaré bien. Si lo tomamos con calma, todo irá bien. – Ella lo atrapó entre sus piernas. Era muy tierno, y no se trataba de algo que no pudiese manejar. Ya que su cuerpo estaba empezando a aflojarse y a relajarse a su alrededor. Ella lo quería a él. No iba a dejar que un poco de dolor le impidiese disfrutar la ternura de su tacto. – No estoy dispuesto a correr ese riesgo. No voy a ser nuevamente responsable del daño. Con una vez fue suficiente. ¿Crees que no te he visto cojeando alrededor esta mañana? Pues te vi y más de lo que yo esperaba. Yo fui el que limpió la sangre de tu cuerpo ayer por la noche mientras dormías. Hasta que estés completamente curada, no voy a tocarte y eso es definitivo. Asombrada por un minuto al saber que había sangrado, ella abrió la boca para protestar. Hugh cortó el argumento de que estaba a punto de decir al hacer caer la parte superior de su cuerpo sobre ella. El peso de su pecho la dejó sin aliento y le impidió hablar. Luego rodó hacia atrás, abrió sus piernas y se liberó.

Cuando Hugh se sentó al borde de la cama, la alarma de su reloj se disparó. Con ira golpeó el aparato. Hugh aprovechó su breve distracción para deslizarse sobre sus pantalones y salir de la habitación. Mientras atravesaba la puerta, le dijo por encima del hombre, – Voy a preparar el café, mientras tú te preparas para el trabajo.

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Las palabras que salieron de su boca hubiesen conmocionado a su madre. Se dirigió hasta el baño y cerró la puerta. Estaba caliente y frustrada. No importaba que Hugh la hubiese llevado al clímax momentos antes. Había sido el sueño y pensó que estaba soñando. ¿Quién demonios le había dicho que podía pasar la noche con ella de todos modos? ¿No tenía una casa? Se lavó y regresó a la sala de vestir, mientras llamaba a Hugh con cada nombre insultante que se le ocurrió en voz baja. Cuando estuvo vestida, se acercó a la cocina a tomar un café con, la ira golpeándole en cada línea de su cuerpo. – Obstinado, terco. Como si yo no conociese mi propio cuerpo. – Hizo caso omiso de la voz de la razón, que le decía que Hugh había hecho lo correcto. También lo evitó a él, y se fue hasta el baño a prepararse para el día. Cerró los gabinetes, buscando algo para comer. – Al diablo. Estoy muy enojada. Ni siquiera me gusta el desayuno. Hugh entró en la cocina vestido de manera diferente a la noche anterior. Debía de haber preparado una bolsa el día anterior, lo que significaba que había planeado quedarse aquí anoche. – Sí, Hugh. Me encantaría que te quedaras a pasar la noche. Que bueno que así lo hagas, – murmuró entre dientes. Sin embargo, esa era otra cosa sobre la que estar molesta. – Se necesita más que café esta mañana. Tú necesitas comer. Tú no sabes con que te encontraras en el almacén hoy

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y tu cerebro funcionará mejor si comes un poco. No tiene que ser mucho. ¿Por qué no te hago una tostada? Terminó su café y caminó alrededor de él para poner la taza en el fregadero. Después de recuperar su comida de la nevera, se salió de la cocina y fue a buscar su bolso para poder salir. Ella no tenía nada que decir. ¡No quería ni mirarlo! Con su bolso y el almuerzo en la mano, se acercó a la puerta y la abrió. – Oh, no, no. No te vas a ir de aquí enojada. Vamos a resolver esto aquí y ahora, antes de salir. La puerta se cerró con una explosión cuando él la hizo girar. Golpeando sus cosas de las manos, él la agarró por los muslos y la levantó, presionando la espalda contra la puerta. La decisión la sorprendió a se agarró de sus hombros. – Sé cuál es tu problema y lo voy a arreglar. ¡Aquí y ahora! Apoyó su polla en la muesca entre sus muslos, la mantuvo abierta mientras apretaba su erección contra su clítoris palpitante. Se frotó contra ella en un movimiento que hizo que rápidamente ella se retorcierá en sus brazos. Cuando ella estaba lo suficientemente excitada, bajó la boca y la besó. Estaba tan nerviosa que no le tomó mucho tiempo para hacerla estallar en sus brazos. Siguió frotándose contra ella, extrayéndole hasta la última gota de placer. Con su cuerpo todavía tembloroso, rompió el beso y se deslizó hasta sus rodillas. Metió la mano bajo su falda y le 228


quitó la ropa interior. Luego subió una pierna sobre su hombro y bajó su boca a su coño, que brillaba con la miel. Le pasó la lengua por su raja, antes de concentrarse en su clítoris. Tomó un solo dedo y la acarició dentro y fuera de su vaina, hasta que se deshizo en sus brazos. Cuando ella jadeaba contra la puerta, le pasó la lengua por la boca y los dedos limpios. - ¿Mejor? Mary Elizabeth se cubrió la cara con las manos. – Dios, yo actuaba como una perra con este hombre. Lo siento, me siento muy mal. – Eso hace la frustración sexual a una persona. – ¿Y tú?– Ella tocó su erección. – Aún no te has venido. – Tú no tienes tiempo para cuidar de mí. Tienes que llegar al trabajo. Ve a limpiarte para que puedas salir antes de que se haga tarde. Entró en la sala y se enderezó. Cuando regresó, le entregó las cosas a ella, la besó suavemente en los labios y abrió la puerta. – Que tengas un buen día en el trabajo. Ven a cenar esta noche cuando llegues a casa, después de haber tenido la oportunidad de relajarte. Voy a darte de comer. Espero que tú almuerzo este bien.

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– Incluso si no lo está, no cambia el sabor y eso es lo que importa .– Ella llegó hasta él, para un último y prolongado beso antes de salir por la puerta. En la parte inferior de la escalera, ella se volvió y lo saludó al verlo todavía de pie, mirándola. Hugh se quedó allí hasta que llegó a su camioneta y se alejó. Tan pronto como se fue, se dirigió directamente hacia el cuarto de baño, desabrochando sus pantalones mientras caminaba. Se los bajó y se puso sobre el inodoro. Su polla estaba tan erecta que podía clavar un clavo, y también dolorosa. Tres a cuatro golpes más tarde estaba disparando su carga en el recipiente. Guardándola pensó que esa había sido una de las cosas más difíciles que había tenido que hacer. Pero como su compañera, sus necesidades estaban antes que las de él, aunque ella no había dado las gracias. El pequeño amiguito poco sabía del gran temperamento de ella. Una sonrisa maliciosa cruzó por su rostro antes de que él se riera. Afortunadamente, era lo suficientemente hombre para manejarla. Maldita sea, los próximos días esperando a que se curase iban a ser difíciles. * ** * * * * * * * Kiesha se abalanzó tan pronto como entró por la puerta. – ¿Dónde demonios has estado todo el fin de semana? Te he estado llamando desde el sábado y nunca respondiste. El teléfono sólo sonó y sonó.

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– Bueno, hola a ti también. Y para tu información, nunca sonó el teléfono. Lo hubiese oído si hubiese sonado. He estado en casa todo el fin de semana. – Excepto por el tiempo que pasó con Hugh, pero ella no estaba dispuesta a hablar de eso todavía. –Estaba muy preocupada por ti. Sé que Hugh le dijo a Alex que estaban bien, pero yo necesitaba saberlo con seguridad. – Yo estoy bien. Se puso un poco bruto la noche del viernes, pero todo salió bien. Puedo garantizarte que no voy a beber más el Shifter Sorpresas, no importa lo mucho que me gusto. Una única experiencia con su potencia fue suficiente. – Alex me dijo que estabas enferma, pero que Hugh quedó el tiempo suficiente para asegurarse de que estabas bien. Estaba muy preocupado por ti cuando te fuiste de la fiesta. ¿Estás segura de que ustedes dos no tienen algo entre manos? Mary Elizabeth había olvidado de su conversación acerca de Hugh. Le pareció una eternidad. Habían pasado tantas cosas desde entonces. – Estoy segura de que por ahora, no estoy preparada para una relación seria, con nadie. Podría ser persuadida para perder el tiempo y divertirme un poco, pero tendría que llegar a un acuerdo para mantener las cosas ligeras. – Luego se echó a reír, pensando para sí misma, Hugh es definitivamente divertido.

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Kiesha rió con ella. – Bueno, me alegro de que estés bien. No me gustaría que hayas hecho todo este camino y que algo grave te sucediera. Tu madre me mataría. – Lo dudo. – Había un toque de amargura en su tono. Ella había aprendido hacía mucho tiempo a aceptar las cosas como eran. Cambiando de tema, miró a su alrededor en el sitio de construcción, que era su nuevo lugar de trabajo. – Bien, ahora que estoy aquí, ¿por dónde empiezo? Kiesha le mostró todo lo que iba a ser cuando se terminara la obra. Ella le explicó con todo detalle lo que serían sus funciones y le mostró la oficina que ella sola ocuparía. Había una oficina para Kiesha y otra para Shannon, que probablemente no sería utilizada. Kiesha le dio a María Elizabeth un presupuesto, la puso a cargo de la contratación y le dio la libertad para trabajar. Pasó la mañana en la publicación de avisos de empleo y pensando lo que sería su oficina. El resto de la tarde hizo llamadas, se entrevistó con otros gerentes de las tiendas, repasaron la mercancía potencial para la nueva tienda. Kiesha todavía estaba estudiando la posibilidad de reubicar la tienda on-line para Refugio. Era una medida que requeriría de mucho más personal que lo que estaba planeando en la contratación y / o reubicación de algunos de los funcionarios actuales. Había mucho que considerar antes de tomar una la decisión. Mary Elizabeth salió de la tienda al final del día, cansada, pero fortalecida, y deseando que llegue el siguiente 232


día. Recordando lo que le dijo Kiesha, acerca de no poder comunicarse, recordó que tenía previsto comprar un teléfono nuevo. Ella fue a la farmacia local y encontró uno con identificador de llamadas incorporado en el contestador automático. Mientras lo conectaba, advirtió que en realidad el cable de teléfono había sido desconectado de la pared. Eso era extraño. No recordaba que el cable estuviese suelto. Ella lo conectó nuevamente y pasó unos cuantos minutos configurando el teléfono antes de estar completamente satisfecha. Luego se cambió de ropa y fue a reunirse con Hugh en el comedor, hambrienta y lista para cenar. Era lunes y el negocio estaba atrasado. Hugh gritó al entrar en el comedor, – Vamos a esperar en mi oficina. Así lo hizo, y apenas alcanzó a mirar a su alrededor cuando Hugh entró a la oficina con dos bandejas apiladas con alimentos. – Estoy tan hambrienta. – Bueno, eso espero. – Se sentó colocó las bandejas en su escritorio y le indicó a comer. – ¿Cómo fue tu primer día de trabajo? – Bien. Pasé la mayor parte del día viendo cómo vamos a crear mi oficina y revisando el presupuesto que Kiesha me dio. También he publicado anuncios de empleo en el diario. – ¿Cuánta gente estás buscando contratar?

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– Por ahora, hasta que tengamos una mejor idea del volumen, sólo dos o tres contadores de tiempo completo. Más tarde, podemos añadir algunos de tiempo parcial. La conversación acerca de como transcurrió su día, terminó en la forma en que cada uno de ellos terminó en sus carreras actuales. Hugh le habló de su carrera en el ejército y su decisión de abrir el restaurante al retirarse. Con cada conversación que compartían, iban conociéndose mejor. Antes que se hiciera demasiado tarde, ella se excusó para irse a casa. Hugh la acompañó hasta la puerta, le dio el beso de las buenas noches y la vigiló mientras subía la escalera hasta que entró en el apartamento. Ella tenía sed, tiró las llaves sobre la mesa, y se fue a la nevera a buscar algo de beber. – ¿Qué diablos? El refrigerador estaba lleno de comida. Alimentos que ella no había comprado. Cerró la nevera y empezó a abrir los armarios. Era la misma historia. Sus gabinetes, incluso la despensa, estaban llenos de alimentos que no había comprado. Algunos artículos le eran familiares pues eran sus favoritos, mientras que otros eran cosas Hugh, suponía que de su preferencia. – ¿Por qué iba ...? Salió de la cocina y se quedó en la sala de estar, mirando al vacío, tratando de entender el motivo por el cual hizo una cosa así. Finalmente, se le ocurrió ver qué otras cosas había hecho mientras estaba en el trabajo. En el cuarto de baño, el cepillo de dientes que había usado en la mañana todavía estaba allí. En el interior del 234


espejo, una lata de crema de afeitar y una navaja de afeitar descansaban sobre el estante. Esto no es tan malo, pensó. En su habitación, todo parecía estar igual hasta que abrió el armario. Varios de sus pantalones y camisas, lo suficiente como para toda una semana, colgaba al lado de su ropa. En el piso había una bolsa que contenía varios cambios de calcetines y ropa interior. Ella retrocedió lentamente y se hundió en la cama que todavía olía a él. Él estaba haciendo esto demasiado, demasiado, muy demasiado rápido. Más de lo que era cómodo. Sólo habían estado en pareja íntimamente durante tres días y el hombre prácticamente se había mudado con ella. Ella trató de darle el beneficio de la duda. Tal vez no se trataba de quedarse a vivir Tal vez sólo estaba dejando algunos enseres aquí por conveniencia; de la misma manera que a las mujeres les gusta dejar sus cosas en casa de su amante, donde pasan mucho tiempo. Después de todo, que eran algunos equipos en su armario. Ella trató de creérselo mientras hacía su rutina de yoga, tomaba una ducha y se preparaba para ir a la cama. No funcionó. Parte de ella estaba sorprendida y ofendida de saber que se había atrevido a invadir su espacio de esta manera. Desde que se fue por su cuenta, siempre había vivido sola, incluso en la universidad. No estaba acostumbrada a compartir su espacio, y era una persona muy reservada, rara vez invitaba gente a su casa. Disfrutaba demasiado de su privacidad.

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Otra parte de ella, el lado más bestial de su naturaleza, reconocía sus acciones por lo que eran y estaba profundamente perturbada. El hombre estaba reclamando su espacio, incluso como había reclamado su cuerpo. Era demasiado para que ella lo pudiese manejar, así que ella hizo lo que siempre hacía, lo enterró para tratarlo más adelante. Ella sacó su CD con los sonidos del mar que utilizaba cada vez que necesitaba relajarse. Con los sonidos de la naturaleza a su alrededor, se metió en la cama e inmediatamente fue tragada por el olor de Hugh, que la ayudo para calmar sus nervios más que cualquier otra cosa.

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Capítulo 16 Cuando su alarma sonó, se despertó rodeada por Hugh. Su brazo alrededor de su cintura, su pierna cruzada sobre ella, y estaba acurrucado contra su espalda. Al menos esta vez no estaba colgando del borde de la cama. Ella no era de sueño pesado, pero una vez más, Hugh consiguió entrar en el apartamento y acostarse en la cama, sin que ella se diese cuenta. Al desactivar la alarma, Hugh le besó en el cuello. – Buenos días. Gruñó en respuesta y se lo sacudió. Él rodó sobre sí mismo y salió de la cama, se puso los pantalones, mientras ella aún estaba tratando de obligarse a sentarse. –Voy a hacer café, mientras tú te vistes. En el momento en que salió de la sala vestida para el trabajo, no sólo estaba el café hecho, sino que había hecho el desayuno y estaba sentado en la mesa. 237


La besó en la mejilla al pasar, dirigiéndose al cuarto de baño – Come. Te sentirás mejor. Quiero ver el plato vacío en la mesa cuando vuelva. – Come, te sentirás mejor. – Ella lo imitaba a la ligera en voz baja. Dios, odiaba las mañanas. Se sirvió una taza de café y se sentó a la mesa a comer, según le habían ordenado. Lo triste era que tenía toda la razón. Ella se sintió mejor. Más alerta y lista para enfrentar el día. Durante el próximo par de días, cayeron en una rutina. Despertaba con Hugh en la cama junto a ella. Siempre hacía el café y el desayuno, mientras se preparaba para el trabajo. Ellos desayunaban juntos y luego de recoger sus cosas y dirigirse a la puerta. Hugh se detenía en la puerta, la besaba y le daba uno de sus alucinantes orgasmos. Luego la empujaba fuera y en su camino a la oficina los latidos de su corazón tenían la oportunidad de calmarse. Nunca la tocó en cualquier otro momento o le quitó más ropa de lo necesario, es decir, lo que había dicho acerca de darle tiempo a su cuerpo para sanar. Después del trabajo, iba a descansar y a entretenerse en el apartamento antes de la bajar para pasar tiempo con Hugh. Había dejado de trabajar el tiempo suficiente para comer con ella y luego le hablaba mientras trabajaba. Alrededor de las nueve, se iría a casa y se prepararía para el día siguiente. Una vez en la cama, se dormiría sabiendo que en algún momento durante la noche, Hugh se uniría a ella.

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Entre el trabajo y el tiempo que pasaba con Hugh, estaba muy poco en casa. Aun así se le ocurrió a ella, ahora que tenía su nuevo teléfono, que era muy extraño el silencio desde su casa. Realmente había esperado que Charles volviese a llamar después de que ella colgó como lo hizo. Había llamado todos los días antes de esa última vez. Que él no hubiese llamado de nuevo era un motivo de preocupación. Él había estado actuando un poco apagado últimamente. Cuando la llamó por última vez, ella le sugirió hablar con un terapeuta. Había algunos problemas graves que tenía que tratar. La próxima vez que ella llamara a casa, le pediría a su padre que hablase con Charles sobre la búsqueda de ayuda profesional. Ella no llamaría Charles por si misma. Él lo vería como una señal de debilidad de su parte y la última cosa que quería hacer era alentarlo a él. * * * * * * * * * * A medida que su cuerpo sanaba, ella empezó a sentir hambre y excitación. Los orgasmos que Hugh le daba, la satisfacían por el momento, pero sólo servían para aumentar su hambre general que sentía por él. Tenía que hacer algo para llegar hasta él. Ella no quería ser tratada como una frágil flor. Ella era una mujer con las pasiones de una mujer y quería todo de él, su pasión y su fuerza. Él no la molestó mientras se estaba curando, pero ya estaba bien y ahora necesita más. Trató de convencer al hombre terco de que ya estaba sana y que estaba bien tener relaciones sexuales, pero él no quiso escuchar. Se negó a ella en todo momento.

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Necesitaba sentirlo golpeando en ella, empujando sin piedad hasta que todo lo que pudiese sentir fuese a él. Ella lo quería profundo y duro. Humm, sí, así era como lo quería, profundo, duro y rápido. Ella quería que él ejerciera su poder hasta que su mundo explotase y fuese lo único que quedase a lo qué aferrarse. Ella planeó su ataque cuidadosamente. Los jueves eran tranquilos. Se iba a retirar temprano de su oficina. Tomó una ducha y se afeitó, dejando su piel suave y sedosa. Se frotó aceites esenciales sobre la piel hasta que esta brillaba saludable y vital. En su habitación, se puso un par de medias de encaje negras que terminaban en sus largas piernas, enmarcando su coño. Uno de sus labios había sido rapado, mostrando una piel suave y brillante. El otro, fue recortado muy corto, presentando un contraste interesante. Sobre las medias llevaba una falda muy conservadora que se sujetaba en la cintura y corría hasta los tobillos. En sus pies había un par de botas color negro con enormes tacones de aguja. Sumergió los dedos entre sus piernas, recogiendo la humedad que encontró y se los secó entre sus pechos, detrás de las orejas, y en el hueco en la base de su cuello como si fuera el perfume más caro. Por último, se puso una camisa de seda, negra que se ataba a la cintura. Jugo con sus pezones hasta que se irguieron, llamando la atención sobre su estado sin sostén. Un último movimiento de su cabello, al que dejó suelto y alborotado como a él le gustaba, y ya estaba lista para ir a su encuentro.

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Dejar todo atrás, incluyendo las llaves, cerró la puerta y caminó hasta el comedor. Hugh abriría la puerta para ella más tarde. Además, no tenía intención de volver a casa sola. Entró en el comedor por la puerta trasera, que Hugh dejaba abierta sólo para ella. Ella llamó su atención mientras caminaba hacia su oficina. Le indicó que lo estaría esperando ahí. Él asintió con la cabeza para mostrarle que entendía y volvió a dar instrucciones a su personal. Ella no tenía mucho tiempo. Él le seguirá en breve. Movió los pesados sillones que estaban delante de su mesa y lo empujó hacia un lado. La posición anterior podía bloquear su visión de lo que ella quería que viera. Siguiendo con su plan, despejó su escritorio de cualquier cosa que parecía importante o que pudiese ser dolorosa si la recostaba sobre él. Con algo de suerte, tendría su espalda sobre la mesa en breve, con la ayuda de ella. Salto en la parte superior, y se acomodó en una forma que estaba segura de captar su atención. Con sus caderas en el borde, separó las piernas tan amplias como pudo. Luego plantó los pies sobre la mesa apuntando hacia el exterior. Si hubiese sido menos flexible, ella no habría sido capaz de mantener esa posición. Gracias a Dios por el yoga. Enderezó su espalda y apoyó los codos en las rodillas levantadas, mientras se aseguraba de que su falda la cubría por completo. Estaba tan entusiasmada con lo que hacía que pudo sentir sus jugos femeninos escapando entre los labios de su vagina para humedecer la tela de la falda por debajo. Sus 241


pezones estaban ajustados, se marcaron un poco presionando contra de la seda de su camisa, traicionando su excitación. Terminó de arreglarse, aunque no demasiado pronto. Cuando Hugh se acercó a la oficina, lanzó un último comentario por encima de su hombro antes de abrir la puerta con una mano. Tan pronto como entró, el olor de su excitación le golpeó como un martillo entre los ojos. Podía olerlo por sobre la comida que llevaba en sus manos. Su polla saltó a la vida, tragó con dificultad y rezó por el control. Había sido extremadamente difícil retenerse estos últimos días. Su bestia le exigía que la reclamara en su totalidad, como lo había hecho la noche en que la hizo sangrar. La fiebre de apareamiento iba a ser dura en ambos, y sólo el miedo de lastimarla o causarle dolor le permitió contenerse. Parecía que estaba tomando el asunto en sus propias manos. Cerró la puerta y se apoyó en ella, manteniendo los platos como una persona que se está ahogando y celebra tener un salvavidas. No se atrevió a llegar más cerca, porque en el momento en que sus manos estuviesen vacías, iba a saltar sobre ella. Sí, era mejor para él quedarse donde estaba. Su control ya era extremadamente limitado. Cualquier cosa podía empujarlo derecho al borde. – Cierra la puerta, Hugh. – Tenía la voz ronca por la excitación. Equilibró las dos bandejas en un brazo, llegó a ciegas detrás de él para hacer lo que ella le dijo. Por la forma en que estaba sentada en su escritorio, él sabía que estaba en problemas. 242


– Quiero tu opinión sincera, ¿de acuerdo? Tragó saliva para aclararse la garganta, que se le había cerrado, y sujetó con firmeza las bandejas. – Claro. Voy a ser honesto. – Vio que ella empezó a subir su falda. Tenía los ojos pegados a lo que estaba siendo lentamente revelado. – No podía decidir que era mejor, así que he decidió dejarte tomar la decisión final. – Tenía la falda hasta las rodillas ahora. Sus ojos se posaron en los zapatos y las medias, pero era lo que esperaba entre las piernas que hizo que su corazón empezara a tartamudear. Usando un dedo para ilustrar, le señaló lo que había hecho. Dibujo su dedo índice hacia el lado de su sexo que parecía piel de bebe sin problemas y le preguntó: – ¿Prefieres totalmente desnuda? O…– se deslizó el dedo lentamente por el otro lado, continuó, – ¿Apenas una pelusa? Cuando llegó al final, se deslizó un dedo profundamente en su orificio que goteaba y propagó la humedad en su clítoris distendido. Frotando su dedo en un movimiento circular, se masturbaba mientras él observaba con avidez. –Esto se siente mucho mejor ahora que no está todo ese pelo en el camino. Se acercó a ella como un hombre hipnotizado, nunca los ojos abandonaron el movimiento de dedos. Las bandejas en sus manos se movieron de manera alarmante, los alimentos se 243


deslizaron hasta el borde, y luego un tazón cayó invertido en el suelo. Se estremeció, sintiéndose delicada por el placer de lo que estaba haciendo, y este recorría su espalda de arriba a abajo sobre su columna vertebral. – ¿Sabes qué se siente aún mejor que esto?– Ella continuó antes de que pudiera responder, sus palabras salían entrecortadas como el orgasmo se acercaba.– Tú gran polla gruesa golpeando en mi coño húmedo de la manera que lo hiciste la noche del sábado pasado. Muumm, se sentía muyyyyy bien. Me encanta la manera en que me follaste. Profundo y duro. Golpeando dentro de mi coño, hasta que casi no podía respirar. Tú me hiciste gritar, tuve deseos de morder, y de empezar de nuevo. Has traído a la mujer salvaje que habita en mí. Jadeaba ahora. Estaba tan cerca. Ella podía oler su excitación, ver la guerra que estaba librando internamente por mantener el control y no abalanzarse sobre ella y devorarla como él quería. Sólo un poco más y ella lo tendría donde lo deseaba. Aceleró el movimiento de su mano, el dedo presionaba más firme. Sus caderas estaban haciendo movimientos de empuje, a raíz de los movimientos de su mano. – En el trabajo pienso en ti, te imagino follándome duro. La fantasía es tan vívida, tan real que la crema inunda mis bragas y hace que me venga. _ Ella estaba tan en sintonía con su cuerpo que su atención se desvió de él, enfocándose hacia su interior. Nunca notó sus ojos cambiando a medida que su animal comenzaba a subir a la superficie. El movimiento de las aletas 244


de su nariz al respirar profundamente su aroma. Las bandejas cayeron al suelo con estrépito. Sus manos se apretaron en puños. Perdió la batalla por mantener el control. Su mano se deslizó hacia su polla, acariciando su rígida longitud a través de los pantalones. La presión era tan grande que se desató la cremallera y lanzó su martillo para darle un poco de alivio. Su dedo se aceleró. Llevó su otra mano a su doloroso pezón exprimiéndolo, hasta que con un grito agónico echó atrás la cabeza e introdujo sus dedos. Su grito rompió el último fragmento de su control. Saltó hacia adelante y le agarró las caderas con sus manos, mientras la estabilizaba ella sintió como si se estrellase contra una casa, deslizando su polla hasta la empuñadura de un solo golpe. Empujándola hacia abajo sobre la mesa, cerró sus dientes sobre su hombro y le dio a su bestia control total. Golpeó en ella, con cada embestida daba a luz un gruñido de su boca. Las uñas de ella le arañaban la espalda. Sus pies clavados en la mesa como ella se había preparado para hacerle frente a cada uno de sus empujes con uno propio. Sus tacones probablemente fueron dejando marcas en su escritorio, pero a ella no le importaba. Esto era lo que había querido. Esto es lo que ella había estado anhelando. – ¡Sí! Fóllame. Fóllame duro. ¡Justo así! Él gruñó y bombeó aún más duro, golpeando contra su cuello uterino. Deslizó sus dedos por su espalda y le clavó las uñas en su culo, agarrándole con fuerza. Ella quería que él

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fuese tan profundo que no pudiese decir donde comenzaba uno y terminaba el otro y él se lo dio. La ráfaga de sensaciones que recibía su cuerpo era tan intensa, que no podía recuperar el aliento. Ella quería más. Quería que todo lo que él tenía, lo quería todo de él. Ella le insistía con sus palabras, no apartaba la boca de su oreja derecha. – Se siente tan bien. Eres tan grande y duro. Me encanta la manera en que me llenas. Te necesito. ¡Más fuerte! ¡Más rápido! ¡Dámelo todo! No guardes nada. ¡Dámelo todo a mí! Gruñó bajo siempre, aún cuando comenzó a cambiar. Sus uñas se alargaron en garras. Sus incisivos se convirtieron en colmillos y se clavaron en su hombro sacándole sangre. El pequeño dolor era todo lo que necesitaba para caer sobre el borde. Tomó aliento para gritar, pero en vez de eso se irguió y le mordió en el tendón de su cuello, casi unido a su hombro, bloqueo su mandíbula con tanta fuerza que le sacó sangre. Él dio un potente rugido y salió de ella. Rápidamente la cambió de posición sobre su estómago y antes que su mente pudiese comprender el cambio de posición su polla ya estaba golpeando en su totalidad. Sus pechos eran aplastados contra el escritorio. El movimiento de martillo de sus caderas hacía que le masajeara la espalda y el otro lado de la superficie lisa de la mesa lesionaba sus pezones y el envío de rayos de fuego a su vientre.

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Sus manos, se habían vuelto automáticamente sobre sus palmas en el escritorio para amortiguar la caída cuando recuperó su confianza. Hugh tenía un brazo por debajo de sus caderas, alzándola y sosteniéndola de sus golpes constantes. Con su otra mano la tomaba por su muslo, la levantaba a su altura y mantenía su apertura, para empujarla con su máximo potencial. – Oh Dios, sí. ¡Correcto!, ¡Hugh. Justo así! Oooooh! – En esta posición alcanzaba todos sus puntos calientes, y le provocó otro orgasmo que la mantuvo en una alta cresta de placer. De un orgasmo sangriento a otro, hasta que con un empuje poderoso y un potente rugido, Hugh se vino, su semilla corrió profundo en su matriz, llenándola de esperma. Continuó empujando aún cuando se vino, llenándola hasta el punto donde el esperma comenzó a fluir hacia afuera de su cuerpo, recubriendo sus muslos. Cuando se lanzó por última vez dentro de ella, se dejó caer en la parte superior de su cuerpo, con la respiración pesada. El olor fuerte y almizclado del sexo llenó la oficina. Él se quedó allí, mientras sus colmillos se retiraban y sus garras se retraían. Su mente estaba echa papilla. Su coño le dio un último espasmo y su polla se contrajo, pero se quedó blando. Él estaba totalmente agotado. Cuando su mente empezó a funcionar de nuevo, se dio cuenta que estaba aplastando a Mary Elizabeth. Reuniendo todas sus fuerzas, sacó su brazo de debajo de ella y se despegó de ella, tratando de mantener el equilibrio sobre sus pies inseguros. Se volvió sobre su espalda y tiró de la silla más cercana antes de derribarse en ella. El empezaba a convertirse cuando 247


notó que Mary Elizabeth no se movía. Se levantó de un salto y la agarró sacándola de la mesa, antes de volver a sentarse con ella en su regazo. – Cariño, ¿estás bien? ¿He estaba demasiado áspero? – Él le inclinó la cabeza hacia atrás para que pudiera ver su rostro. Ella le dio una sonrisa de ensueño y lo miró con ojos desenfocados. – Ummm,– ronroneó, – Eso fue genial. Tan pronto como la sensibilidad vuelva a mis piernas, quiero volver a hacerlo. Pero la próxima vez, vamos a hacerlo en la cama. En el escritorio es un poco difícil. Sus palabras lo sorprendieron y lo hicieron reír y causó que su polla se endureciese. Eso le dio una gran satisfacción. Su compañera era un desafío para él en todos los sentidos. Él debería haber sabido que sería capaz de manejar su pasión. Miró a su alrededor todo el desorden que había hecho. Se preguntó si Mary Elizabeth se daba cuenta de que todo el mundo sabía lo que habían estado haciendo. Sus gemidos eran tan altos, que estaba seguro que hasta los clientes en el área de comedor los habían oído. Le dio una pequeña risa. Estaba sentado en la silla con la camisa y los pantalones hasta los tobillos. La blusa de Mary Elizabeth se había desprendido, algo de lo que no tenía memoria, y la falda estaba alrededor de su cintura. Una de sus medias había caído y ahora se hundía alrededor de su tobillo. Los documentos estaban esparcidos en el suelo. Había comida en la alfombra, así como fragmentos de cerámica y los 248


platos rotos. Si la hubiera tomado en el piso, ella estaría cubierta de alimentos en este momento. Menos mal que ella se colocó sobre el escritorio. – Nunca respondiste a mi pregunta. – ¿Qué pregunta fue esa?– Tenía un vago recuerdo de que había hablado, pero no podía recordar una palabra de lo había dicho. Tomando su mano en la suya, ella abrió las piernas y usó su mano para frotar sobre su montículo húmedo de su sexo. – ¿Qué lado te gusta más?– Ella soltó su mano y el siguió frotando como una buena mascota, frotando de un lado y luego del otro. – No estoy seguro. Creo que necesito una mirada más cercana. Se quedó con ella en sus brazos, y luego se volvió y la sentó en la silla, él acomodó sus piernas para que se quedaran por encima de los brazos de la silla. Sacó las caderas hasta el borde del asiento y levantó la falda a un lado. Luego se quitó los zapatos y los pantalones y los tiró en la otra silla antes de caer de rodillas. Se dejó caer hacia atrás hasta que descansó sobre sus talones, sus manos sobre las rodillas extendidas. Su polla se enderezó orgullosa y sus bolas colgando hasta el suelo. – Levanta la falda para que yo pueda ver mejor.

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Ella hizo lo que él le dijo, apretando su vientre, en respuesta a su intensa mirada en sus partes más íntimas. – Lo he tocado, y lo he mirado y todavía no puede decidir. No tengo otra opción. Voy a tener que usar la prueba de lengua. Es la única manera, – le informó solemnemente. Sus ojos se abrieron al ver como sus pezones se erizaban y endurecían, ajustándose en respuesta. Se aferró a la falda estrecha y se preparó para lo que iba a hacer. Él colocó las manos sobre sus muslos y se inclinó hacia adelante desde la cintura. Ella vio cómo su cabeza oscura descendía hacia su coño, la anticipación la hacía tensionarse. Empezó delicadamente, pasando la lengua por un lado y luego el otro. ¬– Este lado es realmente suave. Mi lengua se desliza simplemente por la superficie sin problemas, especialmente cuando tú estás tan húmeda como ahora.– Lamió otra vez para demostrar lo que estaba hablando. – Ahora este lado, es un poco más duro, un poco espinoso. Se siente bien a mi lengua y sabe bien, también. Los pelos realmente encierran tu miel y la mantiene cautiva para mí. Mira. – Le pasó la lengua por el lado con vello, su lengua estaba reluciente de la humedad aferrada allí, provocándole cosquillas. – ¿Ves lo que quiero decir? La miró seriamente cuando terminó. – Todavía no puedo decidir. Para esto va a ser necesario un mayor estudio. – Miró a su coño como si fuera el resultado de un experimento científico particularmente desconcertante que estaba intentando descifrar. ¡Señor, dame la fuerza! 250


Le pasó la lengua por la línea del muslo, y luego por el otro, haciendo una pausa por un momento, comparando el contraste. Luego recorrió con la lengua el labio exterior de un lado, y, a continuación, una vez más por el otro. Después de haber comparado los dos, le pellizcó los labios interiores nuevamente y corrió la punta de la lengua por la raya de un lado, y luego el otro. Desde allí suavemente se amamantó de ambos labios en su boca, antes de extenderse y correr con la lengua por la hendidura del medio. En ese momento, Mary Elizabeth se retorcía. Nunca nadie le había prestado tanta atención a su sexo antes y estaba volviéndola loca la forma en que se detenía al inicio, tomándose el tiempo para ofrecer observaciones científicas entre todos y cada golpe de lengua. – Vamos a ver cómo se siente cuando froto la lengua contra el clítoris. – ¡Dios! su clítoris no había sido lamido en años, pero se detuvo cuando sus caderas traicioneras empezaron a bombear, presa por su excitación. – Eso está bien, pero no me ayuda a decidir. Vamos a ver qué diferencia hace aquí. – Abrió sus labios separándoles y hundió su lengua dentro del agujero, chasqueándola dentro y fuera, así la folló. Él la llevó hasta el borde de la liberación y luego se detuvo. Con un gruñido de ira y frustración, se lanzó de la silla y empujó a Hugh de espalda. Después que él estuvo abajo, agarró su polla con una mano y se empaló en él.

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Con las manos sobre su pecho para mantener el equilibrio, montó como si fuera un potro salvaje, saltaba y lo follaba hasta que él se vino lanzando un chorro de líquido. Agotados, ella se hundió hasta quedar sobre él, acostada sobre su pecho, su polla palpitante todavía estaba incrustada en su interior, profundo. Él le acarició la espalda con languidez. – ¿Satisfecha ahora? Ella dio un murmullo de satisfacción. – Oh, sí. Le permitió relajarse por unos momentos antes de sentarse y traerla con él. – Mi turno. – Extendió sus pantalones y los arrastró más cerca. – Tira los pantalones sobre mis piernas y ponme mis zapatos en mis pies. – Se detuvo cuando ella se movió fuera de él. – No, no te levantes. Gira a mí alrededor. –Como no entendía lo que quería que hiciera, dirigió sus caderas con las manos. La giró lentamente a su alrededor, sobre su polla hasta que su espalda estaba a ras con su pecho. En esta posición, se balanceaba sobre sus rodillas y se inclinó hacia adelante hasta que pudo llegar a sus pies y tirar de sus pantalones en las piernas. Hugh hizo su tarea más difícil. Se recostó sobre sus codos y contra las mejillas de su trasero, hizo que su polla dentro de ella se flexionara. Cuando ella se quejó y buscó sus pantalones, él se rió .– ¿Tú has terminado? ¿Qué está tomándote tanto tiempo?

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– Hugh, no estás siendo justo. No me concentrarme contigo haciendo eso.

puedo

– ¿Qué? ¿Esto? – Flexionó de nuevo y su polla se frotó contra las paredes internas de su vagina. Tratando de ignorarlo, se estiró hacia adelante para tomar su zapato. Mientras lo hacía, levantó unos pocos centímetros la pelvis hasta que sólo la punta de su polla quedó sepultado en su interior. Una vez que tuvo el zapato en su pie, ella se dejó caer hacia abajo, dándole una excelente vista de su vagina al tragar su polla. Él se adelantó y propagó la sensación por las mejillas de su culo, orientando sus caderas en un lento movimiento arriba y abajo, cuando él la levantó unos pocos centímetros, y luego tiró de ella hacia abajo. La vista de su polla brillante en trance de él, desaparecía y reaparecía después, dentro y fuera de su vaina mojada. Se mordió el labio y luchó para permanecer en la tarea. No lo haría fácil para ella y muchas veces ella se distraía de lo que estaba haciendo. Cuando terminó, ella apoyó la cabeza entre sus piernas, disfrutado de las sensaciones que estaba creando en su cuerpo. – ¿Has terminado? – ¿Eh? ¿Qué? Oh, sí, he terminado. – Sus pantalones estaban en sus piernas hacia abajo alrededor de las rodillas y los zapatos en sus pies con los cordones atados.

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– Bien. Voltea de nuevo. – Se quedó quieto y se echó hacia atrás haciendo el camino inverso, rotándola alrededor de su polla hasta que ella quedó enfrenta a él. – Sostente a ti misma. – Esa fue la advertencia que dio cuando plantó sus pies, levantó el culo y tiró de los pantalones alrededor de sus caderas. Luego se empuja hacia arriba en posición de cuclillas. El movimiento repentino hizo que ella envolviese sus brazos alrededor de su cuello y le agarrara fuertemente con los muslos para no caer. – Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura y sostente. – Cuando había hecho lo que dijo, utilizó sus poderosas y musculosas piernas para empujar hacia arriba y ponerse de pie mientras sostenía sus pantalones en su lugar. Levantó sus nalgas con una mano, manteniendo su polla incrustada en el interior y los pantalones ajustados de manera que no tenía que preocuparse porque se cayeran. Se aseguró de que su falda le cubriese la parte inferior y la agarró con las dos manos para sostenerlo, y en su lugar. – Hugh, ¿qué estás haciendo? - Preguntó con alarma cuando comenzó a caminar hacia la puerta. – Me estoy buscando un lugar más cómodo. – Dio unos cuantos pasos más y luego se dio la vuelta. – ¿Has olvidado las llaves.– Cogió las llaves y se las metió en el bolsillo, y luego regresó a la puerta, del lado donde más lío en el suelo se veía.

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Tan pronto como se abrió la puerta, Mary Elizabeth hundió el rostro en su hombro. – No te avergüences ahora, – le dijo, muy divertido. Él llamó a Ralph, – Me voy a casa. Hazme un favor y que alguien limpie el desorden en mi oficina. Tú estás al mando. Asegúrese de bloquear la puerta al salir. Cuando salió de la puerta de atrás, ella lo miró. – No puedo creer que acabes de hacer esto. Gruñó en respuesta y apretó los dientes, luchó contra el deseo de terminar esto aquí y ahora. Las escaleras casi lo destrozaron con cada paso que daba, sus músculos internos cerrados y apretando a su alrededor, acariciando su polla y empujándolo hacia el borde. En el momento en que llegó a la puerta, estaba sudando, su control pendía de un hilo. – Tengo que llegar a la cama,– murmuró - Son sólo unos paso, – Sólo un poco más y estarás en una buena cama, cómoda. Mary Elizabeth le lamió el cuello y luego poco un poco hacia abajo, dándole un mordisco amor. Cuando abrió la carne entre sus dientes y lo chupó duro, su control se rompió. – Oh mierda, te voy a clavar a la cama. En ese momento se encontraban en el apartamento. Él cerró la puerta y se quedó con ella apoyando su espalda contra la puerta, cuando se dirigió a ella, montada en su polla. Mary Elizabeth colgaba en sus brazos y se apoyó en ella, incapaz de moverse y disfrutando cada minuto.

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La fuerza de sus golpes fue violenta, provocando que su cabeza golpeara contra la puerta, con su empalamiento. Tendría un dolor de cabeza en la mañana, pero valdría la pena. No pasó mucho tiempo antes que Hugh le bloqueara sus rodillas y llegó con un rugido de carga. Menos mal que ella no tenía ningún vecino que compartiese sus paredes o estarían golpeando las paredes en protesta por lo que ellos estaban haciendo. Hugh descanso sobre ella por un minuto antes de llegar abajo para cerrar la puerta. – No puedo creer que acabo de hacer eso. – Había perdido, llegando en un segundo como si fuera un joven inexperto. Él la llevó a la habitación y la dejó caer sobre el colchón. Se puso de pie sobre ella y empezó a quitarse la ropa. – Espero que no estés cansada, porque estamos empezando. Tengo varios días de abstinencia para compensar. Esto fue sólo un aperitivo. Ella se quedó boquiabierta de asombro al ver que él seguía duro como el acero. – Si te gusta esa ropa te sugiero que te la quites. De lo contrario te la arranco para alejarla de ti. – Tragó saliva y se esforzó para quitarse la ropa rápidamente. Hugh puso una rodilla sobre la cama y luego una mano, agachándose sobre ella. – ¿Tienes hambre? Ella sacudió la cabeza. – ¿Tienes sed? 256


De nuevo se sacudió la cabeza. – ¿Necesidad de ir al baño? Lo pensó por un momento. – No. – ¿Hay algo que tengas que hacer o quieras conseguir? ¿Quieres decir unas últimas palabras? Sus ojos se agrandaron y ella movió la cabeza negando, indicando que no. – Bien. Él sonrió, justo antes de abalanzarse sobre ella.

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Capítulo 17 A la mañana siguiente, Mary Elizabeth estaba en una bañera llena de espuma perfumada. Con un delicioso dolor y un cansancio placentero, después de haber recibido muy poco, casi nada de sueño en la noche. Cuando Hugh dijo que tenía días de abstinencia para compensar, pensó que había sido una broma. Había sido insaciable, en su pasión haciendola subir una y otra vez, mucho más allá de lo que jamás creyó que su cuerpo capaz de resistir. Él verdaderamente había puesto de manifiesto la mujer salvaje que habitaba en ella, reduciéndola a su naturaleza más animal. Ella se convirtió en una criatura de sensaciones, todo pensamiento y razonamiento fueron barridos. Él la tocó y ella respondió. Exigió y ella le dio. Se habían mordido, garras, arañazos, y gritos. El cuerpo de Hugh parecía como si hubiera estado en una guerra, pero una de las más sensuales. Había sacado la parte más salvaje de su naturaleza y domado a la bestia que él creó.

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Ella miró como se abría la puerta y Hugh entraba en el cuarto de baño desnudo, con una taza de café. Su polla sobresalía de su cuerpo con orgullo. Después de los excesos de la noche anterior, eso debía haber sido difícil. Una cosa que había aprendido la noche anterior, era a no subestimar la capacidad de este hombre para lograr y mantener una erección. Concedido que no era un novato, pero tampoco se ajustaba a los parámetros normales para otros hombres, Hugh definitivamente estaba fuera de la norma. Se acercó a la bañera y se puso en cuclillas, sosteniendo el café hacia ella. Ella extendió la mano, evitando el café y tomando su polla en su lugar. Sólo la mera visión de su deseo por ella avivaban su deseo de responderle. Le acarició con la mano de arriba abajo y dio un suspiro de placer. – Mujer, no tenemos tiempo para esto. Tú tienes que ser trabajar en una hora. Haciendo caso omiso de él, se levantó de la bañera y sustituyó la mano con la boca. Hizo golosos sonidos mientras chupaba en él por todo lo que valía la pena. Suspiró. – Traté de advertirte. No me culpes si llegas tarde. – Habiendo dicho eso, él la tomó por debajo de los brazos y la arrastró fuera con él. Como se puso de pie, la levantó goteando, con su cuerpo resbaladizo de la bañera. – Envuelve tus piernas alrededor de mí. Ella obedeció de inmediato. Él le tomó sus caderas con las manos y se hundió en el interior, enterrándola hasta la 259


empuñadura. Después de una noche de intenso amor, su cuerpo estaba tan sensible que de inmediato se vino. Se meció a través de su primer orgasmo, y pasó directamente al segundo. Le encantaba la forma en que respondía a él. Sabiendo que no tenía tiempo para detenerse, se preparó contra la pared y la tomó la fuerte y rápido, gruñendo como cuando se vino. Una vez regularizada su respiración, la llevó a la tina y la bajó en el agua. Besándola con persistencia en la boca, se apartó de ella y la recostó, con su cuerpo saciado por el momento. Le entregó el café y le dijo por encima del hombro cuando se fue, – El desayuno estará listo en diez minutos. ¡Date prisa y acaba de una vez!. No voy a ser la causa de el retraso. Ella sonrió maliciosamente con satisfacción al salir. Algo tendría que decir acerca de tener toda esa potente masculinidad a su disposición. Ella odiaba la forma en que le respondía, su reacción era tan fuerte, sino más fuerte que la de él. Debido a que ella nunca había deseado a cualquier hombre antes de Hugh, secretamente había temido que fuera frígida. Debido a Hugh, ahora sabía que era de sangre caliente, más que cualquier otra mujer. Humm, se imaginó todo eso en su cama para el resto de su vida. En este momento la idea pasó por su mente, pero ella la descartó. Esta era una aventura e iba a disfrutar de ella mientras durase. No iba a arruinar las cosas permitiendo que esos pensamientos sobre el futuro se entrometiesen.

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Aunque Hugh parecía ser su pareja perfecta en todo sentido, ¿qué sabía realmente sobre él? Había conocido a Charles mucho más y mucho mejor y mira cómo terminó esa relación. Puesto que ella no esperaba nada de Hugh, no sería una decepción cuando la relación terminara, y seguramente lo haría. Era mejor así. Había menos posibilidades de ser herida. Terminó de lavar su cuerpo y salió de la bañera, ofreciendo sólo una punzada de dolor en protesta. Conociendo a Hugh vendría a buscarla si ella perdía más tiempo. Se vistió con un traje suelto tratando de ocultar su cuerpo. Se recogió el pelo aún húmedo en forma de nudo en la nuca, después de asegurarse que su cuello estaba lo suficientemente cubierto. Ella no quería responder a preguntas embarazosas sobre las marcas de amor en su cuerpo. Su estómago gruñó recordándole que era hora de comer. Debido a que Hugh, la había echado a perder, su apetito estaba cambiando. Antes despreciaba el desayuno, ahora lo necesitaba, y no sólo el café y las tostadas que estaba acostumbrada a comer, sino huevos, tocino, salchichas, y mucho más. Ella lo quería todo, y mucho de eso era proteína, lo que era sorprendente, ya que nunca había sido una gran consumidora de carne. Últimamente anhelaba las cosas que suponía buenas para ella, ya que Hugh hacía la mayor parte de la comida, y él consumía mucha carne. Se sirvió otra taza de café antes de sentarse a comer. Ella tenía mucha hambre, las costumbres se fueron volando por la ventana mientras ella devoraba todo a la vista, yendo tan lejos como para arrebatarle el último trozo de tocino que 261


quedaba en la bandeja a divertida.

Hugh. Ella se sentó y miró,

Una vez que hubo comido y estuvo llena, toda la comida había desaparecido. – Te dije que tendrías que comer más si querías estar conmigo. Se recostó en su asiento, sosteniendo su café entre las manos antes de responder. – Después de anoche, yo diría que sigo muy en contacto contigo. El calor ardía en sus ojos con el recuerdo de la noche anterior, que aún circundaba en el aire. Con un gruñido, se puso de pie y llegó hasta ella. Riendo, se deslizó de la silla y se lanzó fuera de su alcance. – No, no, no. Tú no quieres que yo llegué tarde al trabajo, ¿verdad? – Kiesha lo entendería. - Se desabrochó los pantalones y se bajó la cremallera, para permitir a su enorme polla salir hacia adelante. La vista la detuvo durante un minuto y su lujuria subió a la superficie, causando que ella perdiese el hilo de sus pensamientos. Afortunadamente, el teléfono eligió ese momento para sonar, sacándola de su trance y le permitió salir de sus manos bailando con gracia. Corrió hacia el teléfono para responder. En cuanto a la identificación de quien llamaba, sintió deseos de morirse cuando se reconoció el nombre. Cogió el receptor.

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– Hola, madre. – Mary Elizabeth, tú necesitas volver a casa.– La voz de su madre era tan imponente como siempre. – No voy a volver a casa. Tendremos esta conversación cada vez que llames. Este es mi hogar ahora. Me gusta estar aquí y me quedo. Cuando Hugh se dio cuenta quien estaba en el teléfono, se subió la cremallera del pantalón y se acercó a ella, ofreciendo apoyo en silencio. – Esa no es tu casa. Es hora de que renuncies a esta locura y vuelvas a casa donde perteneces. – Mamá, esto no es una tontería. Esta es mi vida y mi carrera. Te expliqué todo esto antes. No pienso volverme atrás. –Bueno, ya que te niegas a volver aquí para estar con tu padre y conmigo, ¿cuándo vienes de visita? Has estado fuera mucho tiempo y tu padre te echa de menos. El comentario acerca de su padre llegó hasta ella y debilitó su determinación. – Sólo han pasado tres semanas. Acabo de empezar a trabajar. Es demasiado pronto para pedir días libres y la distancia es demasiado lejos para viajar sólo por el fin de semana. – Mary Elizabeth, eres nuestra única hija, ahora que se ha ido tu pobre hermana. Es natural pensar que nos 263


gustaría pasar más tiempo contigo, no importa cuán breve sea el plazo de tiempo. Así que, ¿cuándo podemos esperarte? Se sintió acosada, con los ojos inconscientemente buscaba el apoyo de Hugh. Debió haber entendido, porque la envolvió con sus brazos. Su presencia le dio la fuerza que necesitaba. – Mamá, no puedo ir a casa para una visita en este momento. Iré cuando las cosas sean más estables en mi trabajo. – No puedo creer el egoísmo que estoy escuchando. Muy bien, vamos a esperar hasta que el trabajo esté más estable. Imagínate, poner un puesto de trabajo antes de tus ancianos padres. Desde cuando tenemos que esperar para que tú puedas hallar tiempo para visitarnos, por lo menos dime dónde vives. Todo lo que tengo es este número de teléfono y una dirección de correo electrónico. Yo no sé ni tu dirección de correo. ¿Qué se supone que les diga a mis amigos cuando preguntan por ti? Mary Elizabeth inmediatamente se sintió culpable. Ella no le había dicho a su familia, donde vivía. Todo lo que sabían era que ella vivía en un pequeño pueblo de Carolina del Norte. Ella ni siquiera les dijo el nombre de la ciudad. Se resistía a darles más información una vez que llegó, pero ahora se arrepentía de ello. – Tienes razón. Perdóname. Te daré mi dirección. Si tienes una pluma, te la daré ahora. Cuando su madre estuvo lista, le recitó la dirección. A la vez, ella dijo: –_ Mira mamá, me tengo que ir o llegaré tarde al trabajo. Te prometo que cuando pueda iré casa para una visita y verlos a papá y a ti, lo haré tan pronto como pueda. 264


– Está bien, querida. Ve a trabajar. Voy a hablar contigo más tarde. – Adiós, mamá. Dale saludos papá de mi parte. – Mary Elizabeth colgó el teléfono, cogió sus cosas y se dirigió a la puerta, con Hugh detrás de ella. – ¿Todo bien en casa? – Todo está bien. Tengo que apurarme o realmente llegaré tarde. – Ella le rozó los labios antes de salir por la puerta. En el otro extremo de la línea, Susan Brown colgó el teléfono y se dirigió al hombre sentado a su lado. – ¿Cómo estuvo eso? Charles sonrió y dijo: – Lo has hecho bien, mamá. Yo no podría haberlo hecho mejor. – ¿Vas a hacer lo que dijiste?– Sus ojos estaban llenos de esperanza, cuando le entregó la hoja de papel con la dirección. – Voy a traer a casa a tu pequeña. Te lo prometo. – No importaba lo que constase, Mary Elizabeth volvería a casa donde pertenecía. * * * * * * * * * *

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A pesar de todo, Mary Elizabeth llegó con sólo unos minutos de retraso. Ambas Kiesha y Shannon la esperaban. Llamó y entró sin preocuparse, – Siento llegar tarde. Las cosas estaban enloquecidas esta mañana. Hey, Shannon. Estoy sorprendida de verte aquí. ¿Pensé que Kiesha dijo que preferías trabajar en casa? Shannon la miró. – Sí, pero mi hermano está allí ahora mismo. Vine aquí por un poco de paz y tranquilidad. Kiesha se volvió hacia ella con sorpresa. – Tengo la impresión, que Alex dijo, que desde pequeños tú y tu hermano no se hablan. – Es una historia larga y complicada. Prefiero escuchar acerca de Mary Elizabeth. ¿Tengo entendido que has cambiado de opinión acerca de Hugh? Estás realmente resplandeciente… Mary Elizabeth se impresionó por la sorpresa, provocando a su vez, que Kiesha la examinara de cerca. – Sabes, ahora que lo mencionas, hay algo diferente en ella. – Ella olió el aire alrededor de Mary Elizabeth. – Incluso su olor es diferente. ¿Estás usando un perfume diferente? – ¡Dejarías de olerme! Esto es extraño, la forma en que la gente hace eso. Shannon, sacudió la cabeza. – Eso no es el perfume, a lo que está huele. Es Hugh. Su aroma esta sobre toda ella.

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Kiesha miró a Mary Elizabeth y sonrió mientras ella comenzaba a inquietarse por el peso combinado de sus miradas. – – No tienes algo que decir, sonrió con picardía. ¿Tienes todo lo que deseamos saber? Mary Elizabeth empujó su flequillo de su cara y se preguntó si podía pasar por encima de ellas y en su oficina. Sabiendo que ellas, iban a seguirla, se sentía atrapada. Maldita sea, eran entrometidas. ¿Una mujer no puede satisfacer algunas necesidades sin que nadie lo sepa? ¡Denme sentidos de lobo! – Si ustedes deben saber que Hugh y yo nos hemos estado viendo un poco. Shannon resopló con incredulidad. – Sí, trata de explicarle eso a alguien que no los conozca un poco mejor. Ustedes han estado haciendo más que verso «un poco». El hombre dejó su huella en ti. Kiesha gritó y se abrazó a Mary Elizabeth. – Oh, estoy tan feliz por ti. Ahora sé que te vas a quedar. Espera hasta que se lo diga a Alex. Mary Elizabeth empujó a Kiesha tomando distancia. – ¿Decirle a Alex qué? ¿Y qué quieres decir, con eso de ―ahora se que vas a quedarte‖? Yo no tenía intenciones de irme. – En cuanto a Shannon, le dijo, – ¿Y de qué diablos estás hablando cuando dices que, ―puso su marca en mí"? Hugh no es un hombre lobo. Yo no he sido marcada por nadie.

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Kiesha de inmediato se puso seria. Ella y Shannon intercambiaron una mirada que decía mucho, antes de volver a mirar a Mary Elizabeth. – Cariño, no es un hombre lobo, pero también es un ―cambia-formas‖, ¿No te lo dijo? – ¿Qué quiere decir que es un ―cambia-formas‖?, si él no es un hombre lobo, ¿qué más hay que podía ser? Shannon olfateó – Yo no sé realmente que es el hombre, pero por su olor yo diría que es oso. – ¡Un oso! ¿Hay osos? Nadie dijo nada acerca de los osos. Kiesha frunció el ceño, pensando obviamente retractarse.– Bueno, no. Pero yo te dije que además había aquí, de otros ―cambiadores de formas‖, además de Alex. – ¡Pensé que significaba que había otros hombres-lobo! Nadie dijo nada acerca de otros tipos de ―cambiadores de formas‖. Sólo los demás ¿Cuántos hay? Shannon comenzó a contar a alejarse. – Bueno, Roma, el sheriff. Es algún tipo de gato. Fátima, la dueña de la tienda de alimentos saludables, es una zorra. Y, por supuesto, esta Hugh. Él es un oso. Eso es todo lo que personalmente conozco, pero yo soy nueva. Si realmente quieres saber, tendrías que preguntarle a alguien como Alex, o Hugh. Kiesha llevó la conversación hacia el tema principal. – Supongo que Hugh no quiso decirte lo que era antes de que se apareara contigo. 268


– ¡Deja de decir eso! No estoy casada. Esto es sólo una aventura. Estamos de acuerdo en eso. No voy a permitir que sea más. – Mary Elizabeth quería tirarse del cabello. Shannon dijo en voz baja, – Maldito y astuto oso. Kiesha asintió. – ¿Así que no te ha marcado en el tendón de tu cuello cuando se unieron? Mary Elizabeth se llevó instintivamente la mano a ese lugar, como si tratara de ocultar la evidencia, olvidando que su camisa cubría la marca en el cuello. Su movimiento probó únicamente que lo sabía. Kiesha le dio unas palmaditas en el hombro con simpatía. – No te preocupes. Aún hay esperanza. Según Alex, el enlace de apareamiento no se completa hasta que se intercambian marcas. Mientras tú no lo mordieses como él te mordió, no debería haber problemas. Si realmente no lo quieres, sin embargo, tendrías que permanecer lejos de él a partir de ahora. Mary Elizabeth miró a Kiesha en su desesperación por los recuerdos de la pasada noche que estallaron en su mente. Sí había marcado a Hugh. No una, sino varias veces. ¿Qué diablos iba a hacer ahora? Con la correcta interpretación de la expresión de su cara, Shannon preguntó: – Puedo entender por la expresión de tu cara que es demasiado tarde, ¿Ya lo has marcado a él?

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Mary Elizabeth asintió con la cabeza. – La pasada noche, pero yo no sabía lo que estaba haciendo, lo juro. ¿Qué voy a hacer? Kiesha volvió a Shannon. – Soy nueva en este negocio de apareamiento conjunto. ¿Se cuenta si ella no sabía lo que estaba haciendo? ¿Hay alguna manera de salir de ella? ¿Cualquier tipo de laguna me serviría? Shannon negó con la cabeza y Mary Elizabeth sabía que no iba a ser feliz con lo que iba a decir. – Ustedes están bien y verdaderamente acoplados ahora. Si esto fuese sólo un apareamiento normal quizá podría haber una forma, pero tengo la sensación de que por la forma en que reaccionan el uno hacia el otro, son uno sólo. Incluso si hubiera una manera, él nunca te dejaría ir. Para ellos, ustedes estan casados. No hay divorcio en nuestro mundo. Mantienes a tu compañero de estancia hasta el día que muera.

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Capítulo 18 Los ojos de Mary Elizabeth iban de un objeto a otro, instintivamente buscando una manera de escapar. – Tengo que salir de aquí. Necesito pensar. Yo sólo conocí al hombre hace tres semanas y ¿ahora me estás diciendo que estoy casada con él? – Ella comenzó a caminar, demasiado agitada para quedarse quieta. Kiesha extendió la mano y la agarró por el brazo. – Mary Elizabeth, cálmate. No hagas nada apresurado. Si hay una cosa que he aprendido, es que el Creador no cometer errores cuando se trata de un compañero de verdad. Creo que si tú te das un poco de tiempo, acabaras por acostumbrarse a la idea, y encontrarás que todo está bien. Créeme, sé cómo te sientes. Yo no lo aceptaba más que tú, cuando Alex me lo dijo, y mira como estamos ahora. Creo que cuando tengas oportunidad para superar el choque, tú encontrarás que Hugh realmente es el hombre perfecto para ti, tu alma gemela. Así fue para mí y Alex. Tú sólo necesitas tiempo para ajustar tu pensamiento.

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Se envolvió en sus brazos, para hacer el camino inverso, lanzando sus manos al aire en señal de frustración. -- ¿Y cuando se supone que encontraría tiempo para hacer eso? El hombre prácticamente vive en mi apartamento. Él sabía que yo sólo quería una aventura. Eso estaba muy claro. Yo le dije al hombre que no podía manejar ninguna cosa más seria. – Él estaba esperando por ti. Los osos son animales muy inteligentes y astutos. Sabía que si se quedaba el tiempo suficiente, la fiebre de apareamiento se haría cargo y antes de que tú lo supieras, el vínculo de compañeros los uniría a los dos. Una vez que la fiebre comienza en el apareamiento, la única manera de detener las cosas es que uno de ustedes muera antes que se complete el ciclo. – Shannon continuó, – me di cuenta en la fiesta que ustedes dos se encontraban en las garras de la fiebre de apareamiento. Yo no sabía en ese momento que no tenías idea de lo que Hugh era. El debería haberte dicho por lo menos algo sobre sí mismo. – Probablemente pensó que no le creerías o en el peor de los casos que la información podría espantarte. Estoy segura de que ninguna de estas opciones le atraía. Tendría que habértelo dicho Mary Elizabeth, pero eso no es para los hombres. Hay muchas cosas de las que no me habría enterado hasta que fuese demasiado tarde si Carol no me hubiese hablado primero. Las personas que aman hacen algunas cosas extrañas cuando el que está amenazado es el amor.

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Mary Elizabeth alzó las manos en forma protectora frente a sí misma. – Whoa, bajemos del lomo del caballo. Nadie dijo nada acerca del amor. Tanto Shannon como Kiesha la miraron como si fuese estúpida. – ¿De qué crees que hemos estado hablando? El vínculo de parejas es sinónimo de amor. Es el amor en su forma más elevada. Puede no haberte dicho las palabras a ti, pero dime, no puedes decirme que no te ha mostrado cómo se siente acerca de ti. Basada en mi experiencia con Alex, no tengo ninguna duda de que es amor, y no el sexo lo que lo motiva a Hugh a hace todo por ti. Mary Elizabeth pensó en todo lo que Hugh había hecho. La forma en que le daba de comer y se ocupaba de ella. La forma en que estaba preocupado por su seguridad e hizo lo mejor para ella, incluso cuando tenía que negarse a sí mismo algo que realmente quería. Ella lo había estado negando. El hombre estaba enamorado de ella. Mostró su amor a través de cada palabra que decía y cada acción que tomaba. De repente se sintió abrumada. Esto fue sólo una verdad demasiado evidente para que su mente la manejara. Tenía que salir de allí. Encogiendo los hombros en forma protectora, le dijo a Kiesha, – Tengo que irme. Necesito pensar. Mi mente está a punto de estallar. Sé que esto es apresurado pero tengo que irme unos pocos días. Ir a algún lugar donde pueda conseguir poner en orden mi cabeza. Necesito espacio. Me estoy ahogando. - Se volvió para salir por la puerta, respirando como alguien que tenía un ataque de asma.

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Kiesha la agarró por los hombros. – ¡Espera! No te vayas. Al menos, no todavía. Estoy de acuerdo en que necesitas tiempo para pensar y tú no serás capaz de hacer eso aquí con Hugh, pero no puedes simplemente salir corriendo de cualquier manera. Tú necesitas un plan. ¿Dónde vas a ir? – ¿Ir? No lo sé. Sólo necesito poner distancia. Tengo que irme de aquí. – Entiendo. Escúchame. Tengo una idea. Tú puedes tener el espacio que necesitas y ocuparte de los negocios, al mismo tiempo. Esto es algo que iba a tener que hacer de todos modos, por lo que bien podría hacerlo ahora. Da la vuelta a todos los pueblos vecinos y echa un vistazo a sus tiendas de segunda mano. Descubre lo que están vendiendo y lo que no. Tenemos una idea de lo que la gente de por aquí compra, por no lo que compra el resto y nos servirá para no tener mercancía inútil. Te doy la tarjeta de crédito del negocio y con ella puedes cargar la gasolina, pagar el alojamiento y las comidas. De esta manera tú puedes matar dos pájaros de un tiro. Obtén esos datos para la empresa, y tendrás tiempo para ordenar tu cabeza al mismo tiempo, ¿de acuerdo? Mary Elizabeth no lo dudó. Ella tomó la cuerda de salvamento que Kiesha le ofreció con ambas manos. – Es un trato. Voy a salir tan pronto como me des la tarjeta. Ni siquiera voy a ir a casa a empacar. Voy a comprar lo que necesito cuando este fuera. No puedo enfrentarme a Hugh ahora.

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– Entiendo. Haz lo que tengas que hacer. Voy a buscar la tarjeta. No habrías sido capaz de hacer mucho aquí de todos modos. Ahora que las computadoras han llegado, no hay mucho que podemos hacer con ellas hasta que Shayla trate de establecer los sistemas. Este es el momento perfecto para que puedas estar lejos. – Se volvió para buscar la tarjeta. Cuando Kiesha se había ido, Shannon le dijo a María Elizabeth, – No puedo decir que sé cómo te sientes, pero he oído hablar de los compañeros de vida. Una cosa que sé, es que no importa cómo empiecen las cosas, siempre terminan por ser los más dedicados, comprometidos y amantes de la relación que alguien haya visto alguna vez. Es por lo que todos los Machos ruegan, encontrar a su ―compañera‖, la única que puede hacerlo realmente feliz. Puedes tomarte este tiempo para pensar en las cosas si lo necesitas, pero tienes que saberlo, ahora que Hugh te ha encontrado, nunca te dejaré ir. Él no puede. Tú tienes su corazón en tus manos. Ten cuidado con lo que haces con él. Mary Elizabeth asintió con la cabeza, lo que indica que ella entendía. Kiesha regresó y le entregó la tarjeta. – Ten cuidado y mantente a salvo. ¿Qué quieres que le diga a Hugh cuando venga a buscarte? – Sólo díganle que yo necesitaba tiempo para pensar, y si llama a mi teléfono celular, voy a tenerlo apagado a menos que lo necesite para hacer una llamada. – Está bien, voy a hacer eso. Tú asegúrate de reportarte todos los días, o le diré cómo localizarte.

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Mary Elizabeth se estremeció, Kiesha sabía lo que decía. Y estaba segura que lo haría también y él la arrastraría de nuevo a Refugio, aunque patalease o gritase. – Lo haré. Voy a llamar y te diré dónde estoy y lo que he encontrado. Kiesha le dio un abrazo, se volvió y salió de la tienda. Al verla alejarse, Kiesha preguntó a Shannon, – ¿Qué te parece? – Creo que Hugh va a tener un ataque de mierda cuando se entere que ella se ha ido. No me gustaría estar cerca de él cuando eso suceda. Aunque, no es menos de lo que merece por no haber sido honesto con ella. Kiesha estuvo de acuerdo. – Eso es exactamente lo que siento por él. Compartieron una mirada de hermandad y camaradería que las mujeres han compartido en todas las épocas, inmersas en el conocimiento de que a veces las mujeres tienen que permanecer juntas sólo para ser capaces de contener a los hombres en sus vidas. * * * * * * * * * * Hugh tenía una mala sensación, tan grande como la noche, sólo una de las alucinantes relaciones sexuales con la mujer que amaba podían lograr que se dejara de sentir así. Su compañera estaba en el trabajo. Cada vez que se unían como uno el lazo de unión entre sus almas se fortalecía. Pronto, su compañera sería totalmente suya. En este 276


momento, ella se estaba resistiendo activamente a la idea de que entre ellos podía haber algo más que una diversión temporal. En algún lugar de su pasado, su compañera había aprendido a ser recelosa al amor, probablemente por culpa de su mala relación con su madre y su hermana desde su infancia. Ella no tenía una alta opinión de amor, algo que su breve relación con Charles le había reforzado. Si no hubiera sido porque ella se enfermó aquella noche, ella nunca le habría dejado estar lo suficientemente cerca como para poder desarrollar una relación. Ella había pasado el último par de años manteniendo a los hombres lejos de ella y sabía exactamente qué hacer para mantenerlos a distancia. Esta última semana había sido una danza delicada que la impulsaba dentro de sus límites aún dándole su espacio para ser libre. A pesar de que estaba viviendo con ella, le permitía creer que era simplemente un visitante nocturno. Sin darse cuenta ya había caído en una rutina. Cada mañana desayunaban juntos antes de irse a trabajar. Después del trabajo, tenía tiempo para sí misma para relajarse y disfrutar de su privacidad. Se había dado cuenta de que su compañera era una persona que respetaba su privacidad y no necesitaba mucho espacio personal. Sus noches de trabajo le permitían el tiempo que necesitaba sola, para recargar baterías. Cuando estuvo listo para la comida, llegó hasta el comedor y la buscó. Él le dio la excusa de que necesitaba ir por el suministro de alimentos para que comiese. En realidad, ella bajó porque quería estar con él tanto como él quería estar con ella, y no por una comida gratis. Sabía que era la 277


verdad, porque cualquier mujer a la que le encantaba cocinar tanto como Mary Elizabeth nunca le habría entregado toda la cocina a él. Lo que tenía era simplemente la manera en que su mente le daba una razón válida para hacer lo que su corazón quería hacer. Ella aún no estaba dispuesta a admitir para sí misma que lo amaba. Ella definitivamente no estaba dispuesta a escuchar que él la amaba. En su mente, el amor tenía que ser ganado. Ella no se consideraba digna de ser amada. Esa era una lección que había aprendido de sus padres cuando había tenido que ganarse su lugar en sus afectos. Ella no había aprendido que era digna de ser amada tal como era. El mensaje que la había perseguido desde su primera infancia era que sólo la gente guapa tiene derecho a recibir amor, todos los demás tenían que ganarse el suyo. Nunca vio su propia belleza. No sólo era hermosa en el exterior, lo más importante, es que era hermosa en el interior. Su belleza interior se extendía fuera como un sol, visible para todos. Había muchas cosas que tenía que decirle que ella no estaba dispuesta a escuchar. Todavía no tenía idea que él era un ―cambia-formas‖. Ella no tenía idea de que se habían apareado, que en su mundo era más vinculante que el matrimonio y más permanente que la muerte. Ella pensó que estaba implicada en un asunto, algo a lo que podría poner fin en cualquier momento. De alguna manera él iba a tener que encontrar una forma de obligarla a enfrentar sus sentimientos. Tenía que saber que lo que tenían era para siempre, pero tenía que llegar el momento justo. Si se enfrentaba a ella antes de que estuviese 278


lista, ella habría huido. Prefería soportar su temperamento que verla huir de él en un ataque de pánico. – Hey, Hugh. ¿Dónde está tu señora? ¿No debería estar aquí ahora? Hugh miró el reloj. Era mucho más tarde de la hora en que Mary Elizabeth generalmente se le unía. – Sí, debería. Tal vez ella tomó una siesta. Le daré una hora antes de ir a buscarla, – dijo a Ralph, su cocinero. El negocio estaba lleno y antes que se diera cuenta, habían pasado dos horas. Al darse cuenta de que todavía no había llegado, decidió "ir" a cenar con ella. – Me voy a tomar un descanso. Vuelvo en una hora. – Está bien, jefe. Salió por la puerta de atrás y empezó a subir las escaleras. Recorrió hasta la mitad del camino hacia la puerta antes de darse cuenta que su camión no estaba en el estacionamiento. Dio la vuelta y comenzó a descender por las escaleras. Eran pasadas los ocho, a esa hora ella no podía estar en su trabajo. Tendría que haber llegado al departamento varias horas atrás. Se subió al Hummer, puso la comida en el asiento del pasajero y se dirigió a la tienda. Mary Elizabeth normalmente estacionado en el frente. No había ninguna señal de su vehículo y el almacén estaba cerrado. Todas las luces estaban apagadas en su interior. 279


Se sentó en el vehículo, tratando de pensar donde podía estar. Ella todavía era nueva en la ciudad y no conocía a mucha gente. Eso lo condujo a Kiesha, la mejor amiga de Mary Elizabeth y la razón por la que ella estaba aquí. Él salió del estacionamiento e hizo un giro en U en medio de la calle. Iba en busca de la única persona que sabía dónde estaba su compañera. * * * * * * * * * * Kiesha se balanceó como un gato de cola larga en un salón lleno de sillas mecedoras. Cada vez que sonaba el teléfono, se esperaba que fuese Hugh, exigiendo saber sobre el paradero de Mary Elizabeth. Alex le había informado que nadie podía interferir en el proceso de unión entre compañeros, ni siquiera los machos Alfas, y esa era una norma que ella había olvidado. Corría el riesgo de ser de ser condenada al ostracismo por esa acción. Cuando Hugh llegó, ella no tenía duda que tendría dos hombres furiosos en sus manos. Ambos se miraron cuando escucharon el sonido de un vehículo cerca de su casa. Alex dijo: – Eso suena como Hugh. Me pregunto qué es tan importante para que conduzca todo el camino en lugar de tomar el teléfono y llamar. – Se dirigió a la puerta. Kiesha se bajó de la mecedora y comenzó a ascender por las escaleras. Ella sabía que era inútil correr, pero tenía que intentarlo de alguna manera. En realidad no tenía salida, así que se quedó allí, sabiendo lo que se venía. 280


En la mitad de la escalera en el momento en que Alex abría la puerta para Hugh. – Entra, ven y dime qué está mal. – Alex, siento molestarte, pero necesito hablar con tu pareja. Es extremadamente importante. Alex hizo un gesto hacia la sala. – Claro, ella está por aquí. ¿Dónde está mi mujer? Estaba aquí hace un minuto. Kiesha se estremeció cuando escuchó crujir las escaleras bajo sus pies, sabiendo que la estaban oyendo. – Kiesha, ahí estás. Hugh está aquí para hablar contigo. Kiesha se volvió lentamente, sabiendo que la expresión de su cara gritaba su culpabilidad. Al ver su expresión, Alex preguntó, – Kiesha, ¿qué has hecho? Ella enderezó los hombros y mantuvo la cabeza en alto, la decisión la mantenía firme como el acero. – Yo no he hecho nada. Simplemente estaba yendo al baño. – Entonces, ¿por qué tienes esa cara de culpable? Cuando Hugh preguntó – Kiesha, ¿sabes dónde está Mary Elizabeth? Ella no está en casa, ni está en la tienda. Tenía la esperanza de que ella estuviese aquí. 281


Kiesha comenzó a inquietarse. Era el momento que tanto había temido. Alex tenía una expresión sospechosa en la cara. – Kiesha, tú sabes dónde está Mary Elizabeth, ¿no? – Bueno, técnicamente, realmente no lo sé. – Ella no estaba mintiendo. Mary Elizabeth no había llamado todavía, así que no sabía dónde estaba. Sólo sabía que no estaba, y que no se encontraba en Refugio. Hugh, obviamente, estaba al borde de su paciencia, cuando le preguntó: – ¿Por qué no nos dice lo que sabes? – Su voz sonaba tensa, como si estuviera tratando de no gritar. – Mira cómo le estás hablando a mi compañera, – le dijo Alex con una mirada dura. Hugh le devolvió la mirada con una de las suyas. – Tan pronto como tu compañera me diga dónde está mi pareja me iré y no me veras el pelo. – ¿Tu pareja? ¿Mary Elizabeth es tu? Maldición, eso es una gran noticia. Tenía la esperanza de que esto pasara. – Alex sonrió de oreja a oreja y le dio una palmada en el brazo a Hugh, felicitándolo. – La noticia sería fantástica excepto por el hecho de que parece haber desaparecido, y tu compañera es la única que sabe lo que sucedió, – dijo Hugh secamente.

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En ese momento, ambos dirigieron su atención a Kiesha, que había logrado subir dos escalones más. – Amor, no te muevas, ni un paso más, ¿me oyes? De lo contrario, podría verme obligado a ir por ti. ¿Dónde está Mary Elizabeth? Kiesha se detuvo, sabiendo que no dudaría en hacer exactamente lo que había dicho. De vez en cuando podía empujar a Alex, pero ella había aprendido a no cruzar la línea. Hizo una inspiración profunda y exclamó: – Ella salió de la ciudad. – Su mano se apoderó del pasamanos y su cuerpo se tensó y se preparó para correr. Si ellos iban tras ella, no tendría mucha oportunidad. – ¿Qué quieres decir, con eso de que ella dejó la ciudad? – La pregunta provino de Alex. Hugh estaba demasiado ocupada gruñendo, lo cual era una buena señal. No tenía deseos de ver un oso enfurecido. Las palabras de Shannon vinieron a su mente. – Bueno, es que se enteró por casualidad de que estaba acoplada a un macho ―cambiador de formas‖, un hecho que ella desconocía, – se volvió para mirar a Hugh y rápidamente se volvió hacia Alex cuando vio cómo Hugh la miraba furioso. – Ella se asustó y necesitaba tiempo para pensar, así que la envié en un viaje de negocios. – Al ver las expresiones en las caras de los hombres, ella habló más rápido.– Ella sólo iba a huir, pero se tranquilizó cuando le di algo constructivo que hacer, mientras esté afuera. Volverá una vez que se haya tomado un tiempo para hacerse a la idea. Hugh estaba tan furioso que sus ojos y su mandíbula había cambiado alargándose alterando los rasgos de su rostro.

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Alex estaba en modo Alpha. – ¿Y cómo hizo, según tú dices, para descubrir " accidentalmente " que ella estaba acoplado a Hugh? – Bueno ... ella entró en la tienda y Shannon estaba allí. Le pregunté si ella llevaba un perfume nuevo, porque olía diferente, pero Shannon reconoció el aroma de Hugh. Mary Elizabeth mencionó que ella y Hugh se veían y así, ya sabes cómo es. Una cosa lleva a otra y antes de que todo hubiese terminado, supimos que Mary Elizabeth y Hugh habían completado su unión, pero ella no sabía nada y cuando se enteró, ella enloqueció. – Kiesha tragó una gran bocanada de aire. Había conseguido decir todo eso sin parar para respirar. Hugh cerró los ojos, se veía un poco desesperado. – ¿Sabes dónde se fue? Al ver la angustia en su rostro, Kiesha sintió que su corazón se derretía. Este hombre realmente amaba a su amiga. Estaba segura de que tenía una buena razón para mantener su secreto. – No, Hugh Lo siento. Se supone que debe estar yendo a los pueblos vecinos para visitar las tiendas de segunda mano de la zona, comprobando que artículos venden realmente, para compararlos con los de nuestra tienda. Le hice prometer que llamaría cada noche y chequearía donde está o le dije que te enviaría tras ella. Si sirve de algo, creo que ella realmente te ama, es sólo que necesita tiempo para ordenar sus ideas y pensar las cosas. Ella nunca hubiese permitido que estuvieras cerca de ella si no le importaras. Los hombros de Hugh cayeron derrotados. – Prométeme que me vas a llamar tan pronto como sepas algo de ella.

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– Hugh, estoy segura que no tardara mucho, – Kiesha trató de tranquilizarlo, mientras caminaba hacia la puerta. Una vez que se hubo ido Hugh, Alex se volvió hacia ella con una mirada en su cara que no le gustó para nada. – Veo que tenemos que hablar un poco acerca de mantenerse al margen de asuntos de los demás. – Cerró la puerta y empezó a subir los escalones hacia ella. Kiesha echó a correr, sabiendo que sería atrapada, pero intentaba darle trabajo. Alex nunca le haría daño, pero el hombre tenía una manera de conseguir su punto a través de modos que dejaban en ella una profunda impresión, una que deseaba evitarse a toda costa. Apenas había llegado a la puerta de su habitación cuando lo sintió detrás de ella. Él la cogió en brazos y la llevó al dormitorio, cerrando la puerta detrás de ellos. – Permíteme darte un curso actualizado sobre la manera de no interferir en la vida de los compañeros, a ver si puedo hacer que lo entiendas en este momento. Lo hizo y fue una lección que no olvidaría en mucho tiempo.

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Capítulo 19 Charles repasó mentalmente su lista para asegurarse que tenía todo lo necesario para su viaje. Un boleto de avión desde Knoxville en su bolsillo. Los trámites de confirmación de la camioneta de carga que había alquilado estaban en su maletín. Estaba familiarizado con los pueblos pequeños, sabía que la forma más rápida de hacerse notar sería ir por ahí siendo un desconocido, conduciendo por la ciudad un coche de lujo. No quería atraer la atención sobre él mientras estaba allí. También en su maletín, tenía una botella de una solución tranquilizante de efecto rápido, sólo en caso de su novia resultara ser un poco renuente. Había sido graciosa su pequeña rebelión hasta la fecha, pero su paciencia ya estaba llegando a su límite. Sí, había cometido un error al casarse con la prostituta de su hermana y su verdadero amor tenía derecho a estar resentida, – había sido despreciada –, pero ya era suficiente. Era hora de poner fin a esta locura y traerla a su casa donde ella pertenecía.

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Ninguno de los dos era joven. Tendrían que trabajar para producir herederos tan pronto como fuese posible. Tenía que tener a alguien para heredarle su imperio, y sería uno de los suyos. Se aseguraría que Mary Elizabeth fuese debidamente atendida, también. Él ya había tomado recaudos para su futura seguridad financiera en su testamento, como todo buen marido haría. Ella iba a descubrir que él era un excelente proveedor. Ya había establecido para ella un subsidio mensual muy generoso que comenzaría a efectivizarse el mes próximo, para que pudiera renunciar a ese trabajo ridículo que se empeñaba en tener. Él no podía permitir que cualquier mujer que estuviese a su lado trabajase, sobre todo después de lo que sucedió la primera vez. No, ella podía pasar su tiempo cuidando de él y los niños. Si eso no era suficiente para mantener su espíritu inquieto ocupado, existía la beneficencia. Siempre se necesitaban trabajadores dedicados. Eso no sólo sería darle la oportunidad de utilizar las habilidades en los negocios que había adquirido en la universidad, sino que le haría lucir bien también. Había encontrado una boutique con una buena reputación y les hizo crear un guardarropa sólo para su amor. A pesar que habían hecho un excelente trabajo con el guardarropa de ―la prostituta‖, él había optado por no utilizar a los mismos diseñadores, que ―la prostituta‖ había utilizado cuando estaba viva. No creía que su prometida apreciaría nuevamente las comparaciones que se hicieron con su hermana. Algunos de los artículos que había pedido ya habían sido entregados, y el resto llegaría en breve. Cuando Mary

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Elizabeth llegara a casa, descubriría que tendría un armario lleno de ropa esperándola sólo a ella. Dejarían en Carolina del Norte, ese horrible cacharro al que ella llamaba ―su camión‖. Tendría que elegir un vehículo nuevo y si no había nada quisiera conducir entre los seis que estaban en su garaje, él la acompañaría a buscar un automóvil de su elección. Lo podía comprar fácilmente bajo su nombre comercial y luego lo utilizaría para descontar impuesto a las pérdidas y ganancias. No debería tomarle más de un par de días para recuperar a su novia. Él ya tenía reservado el turno en el ministro y los anuncios de matrimonio listos para salir. Se dio cuenta que era mejor una reunión privada, de muy buen gusto, sería lo apropiado en esta ocasión ya que todavía era un viudo. Sus socios de negocios tendrían que entender su matrimonio apresurado. Después de todo, se casaría con la hermana de su esposa, manteniéndolo todo dentro de la familia, como se dice. Él ya sabía que su historial era impecable y esta práctica era común entre los de su círculo. Informó a su personal que iba a traer a su novia de vuelta y lo tenía todo preparado. Todo lo que podía pensar que tenía que hacer, lo hizo. Oh, sí, su póliza de seguro. Su esposa podía, en ocasiones, ser muy terca. Fue a la caja fuerte, y sacó su arma secreta, algo que todo caballero sureño que se precie de tal tenía. Dudaba de que la necesitara. Estaba seguro de que ella iba a ver el error de sus decisiones una vez que él tuviese la oportunidad de hablarlo cara a cara. Si no, pues no había nada como una automática de nueve milímetros para ayudar a tomar decisiones. 288


Abrió la caja fuerte y sacó el estuche con el arma y las municiones. Él no estaba preocupado por la seguridad en el aeropuerto. Su arma la registraba con el equipaje y el dado que tenía toda la documentación apropiada, no debería haber problema. Si no, bueno, por eso tenía dinero. ¿De qué servía si no lo podía utilizar para allanarle el camino de vez en cuando? * * * * * * * * * * El primer día, el pánico la mantuvo en movimiento. Se pasó todo el día huyendo de sí misma y de Hugh. No era sorprendente viniendo de ella. No tenía problemas con que su hombre fuese un ―cambia-formas‖. Era lo que él sentía por ella lo que le daba miedo. No tenía ninguna experiencia con el amor. Ella sabía cómo dar, pero no tenía práctica en recibir. En su experiencia, el amor venía con cadenas y sólo se daba cuando una había hecho algo por merecerlo. Ella no había hecho nada para ganarse el amor de Hugh. Dar y recibir, esas eran las bases de sus relaciones. Lo único que le había dado era su cuerpo, y ella no entendía como eso era algo que contara, porque estaba segura que siempre recibía más placer del que jamás dio. Era desconcertante y ella no podía confiar en que lo entendiese. No se daba cuenta que el amor no tiene que tener sentido, que no siempre es lógico. Estaba asombrada de que Hugo realmente pudiese amarla. Después de todo, nadie más en su vida lo había hecho. 289


Al día siguiente, el pánico remitió y pudo pensar con más claridad, pero aún no estaba lista parta volver a casa. Volver a casa significa enfrentar a Hugh, y definitivamente no estaba lista. Todavía no estaba segura de cómo se sentía acerca de todo. Era difícil comprender que lo que ella consideraba una aventura, fuese algo más, algo permanente. De sólo pensarlo, le dolía la cabeza. Al tercer día, reconoció que, aunque no entendía la razón, Hugh realmente la amaba. Lo demostró en cada una de sus acciones, y en cada palabra que conversaron. Era evidente en la forma en que se preocupaba por ella. Se había empapado de su atención como una esponja, y no a la inversa. Ella siempre había sido la cuidadora de todas sus relaciones. Nadie se había ocupado antes de ella. No había examinado muy de cerca sus acciones, porque si lo hubiese hecho, su innato sentido del juego limpio no le hubiese permitido gozar de sus atenciones, sabiendo que él quería más de ella de lo que estaba dispuesta a dar. Pero todavía no podía ir a casa. No hasta que haya averiguado lo que quería. No sería justo para Hugh, ni para su relación seguir cuando no sabía lo que había en su corazón y en su mente. Ella no era una perra y no iba a usarlo. Sobre el cuarto día, la soledad comenzó a atenazarla Quería seguir compartiendo las cosas que había tenido con Hugh. Por algún motivo, en las dos últimas semanas, se había convertido en su mejor amigo. Echaba de menos el compartir su día con él, las cosas divertidas y, a veces inquietantes que le pasaban. Se encontraba a sí misma pensando, – Oh, no 290


puedo esperar para contarle a Hugh sobre esto, – Hugh le encantaría esto.

o – A

Las noches eran lo peor. Ella daba vueltas, buscando el calor de su cuerpo. Echaba de menos el sonido de su respiración en la quietud de la noche. Echaba de menos su olor, que llenaba su nariz. Eso era mucho más profundo que el sexo, aunque también echaba de menos eso. Ella no sólo perdería el sexo. Echaba de menos a Hugh. Aunque no lo había buscado, se había grabado a sí mismo en su alma. Se sentía incompleta sin él. Sutilmente se había hecho a sí mismo, una parte importante de su vida, y ella no se había dado cuenta de lo grande que esta parte era, hasta que lo había dejado, aun siendo su decisión. ¿Realmente quería pasar el resto de su vida de esta manera? No, no lo quería. Ella lo quería a él en su vida, total y completamente. Una de las cosas que sabía con certeza, Hugh no era Charles. Con él, ella nunca tendría que preocuparse por la infidelidad. Tal vez ella no sabía qué hacer con su amor y tal vez ella no confiaba completamente en que durase, pero estaba de acuerdo con Kiesha y Shannon, en que podía confiar en el vínculo de pareja. Según ellas, era más permanente que el matrimonio, y más vinculante en el amor. Sí, podía poner su fe en algo como eso. Al quinto día, sólo su tozudez se mantenía en pie. Ella tenía motivos para volver a casa. Echaba de menos su cama, su apartamento, y echaba de menos la comida de Hugh, pero sobre todo, echaba de menos a Hugh. Ella tenía una misión que terminar y estaba decidida a hacerlo. Una vez que llegara 291


a casa, no pensaba en salir de nuevo a menos que Hugh fuese con ella, y con su calendario en el restaurante, que veía que eso ocurriese en el corto plazo. Esa era una de las cosas que tenían que discutir, el tiempo que pasaba en el restaurante. Estaba muy bien, por ahora, pero cuando los niños empezaran a llegar las cosas iban a tener que cambiar. Por la forma en que habían estado follando como conejos, no pasaría mucho tiempo antes de que hubiese un niño en camino. Otra de las cosas que tenían que hablar eran los arreglos sobre la vivienda. Mientras que el apartamento era agradable y conveniente para ambos por sus lugares de trabajo, ella quería una casa. Lo había previsto hacia la mitad de su vida, ella construiría la casa de sus sueños y no iba a abandonar el sueño ahora. Estaba segura de que a Hugh no le importaría. Antes de ella, había estado viviendo en un monoambiente. Dijo que no necesitaba más que una cama para dormir ya que pasaba la mayor parte del tiempo en el restaurante. Era un milagro que no durmiese en su oficina. Fue después de las tres cuando ella terminó con el último almacén. Tenía la información que Kiesha necesitaba y estaba dispuesta a volver a casa. Le esperaba un viaje de cuatro horas hasta llegar a Refugio. Había dejado el hotel, empacado sus cosas y estaba lista para volver a casa. Una parada en la casa de comidas rápidas, para conseguir algo de comer y que estaría en su camino. Próxima parada, Hugh y el hogar. * * * * * * * * * *

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¿Dónde estaba? Había estado en esta tonta, pueblerina y pequeña ciudad desde hacía dos días y no había visto un signo de ella. No estaba en su apartamento, a pesar de que había visto a un tipo que iba y venía por el lugar como si él viviese allí. Su camión no estaba en casa y tampoco en la tienda donde trabajaba. Sabía que no podía simplemente presentarse en la tienda y preguntar por ella, no después de que había pasado por tantos problemas para mantener su presencia en secreto. Redujo lo más que pudo su permanencia en el lugar, y sólo se quedaba en las noches, con la esperanza de que apareciera su camión. No podía arriesgarse a ser visto conduciendo demasiado por el lugar o que la gente lo viese como sospechoso. No había ningún turista como para mezclarse con él y como resultado, se sentía como un dolor de dedos. Estaba empezando a darse cuenta que Mary Elizabhetl iba a ser más difícil de lo que había planeado. Susan no le dijo que ella vivía en el centro de la ciudad en un restaurante. Esa perra egoísta probablemente ni siquiera lo sabía. Después de todo, Mary Elizabeth no era su preciosa Babs. Si Mary Elizabeth no venía de buena gana, entonces quizá iba a ser difícil sacarla de allí. La única cosa buena acerca de su ubicación era que la entrada de su apartamento estaba en la parte trasera del edificio. Desde que lo había comprobado, sólo un vehículo se había estacionado allí, un Hummer que debía pertenecer al tipo que tenía el restaurante. Corriendo un gran riesgo, entró en el comedor la tercera noche que estuvo allí. Si le preguntaban, él fingiría estar 293


perdido y pediría que le indiquen una dirección. Se sentó en el mostrador con algunos de los hombres del lugar y recogió el menú. Afortunadamente, se había comprado ropa que no era de su estilo habitual para vestir. Con unos pantalones vaqueros y una camisa de franela que compró en uno de los almacenes del ahorro local, él se mezcló entre ellos. Una hora y media más tarde, estaba de vuelta en la calle y en posesión de alguna información muy necesaria. Al parecer, Mary Elizabeth estaba fuera de la ciudad en viaje de negocios. Nadie sabía a ciencia cierta cuando ella regresaría, pero no se esperaba que fuera más de una semana. Ella y el chico grande que tenía el restaurante tenían una aventura, caliente e intensa, pero parecía que Mary Elizabeth estaba tratando de poner fin a las cosas. Ella debía presentir su llagada. Ni siquiera le había dicho al gran hombre que se iba. Simplemente se fue, quitándoselo de encima. El tiempo que había pasado en el restaurante bien valía la pena el riesgo. Se apartó del edificio y luego encontró un lugar en el parque. Agradecido que estaba vestido con colores oscuros, se dirigió de nuevo al comedor, ocultándose entre calles y callejones. Una vez allí, encontró un lugar donde sentarse a observar. Estaba tan concentrado que ni siquiera notó el frío. Observó, esperando, y planeando. Tenía los próximos días para conocer el horario de todos y determinar la mejor manera de completar con éxito su plan. * * * * * * * * * * Mary Elizabeth llamó por teléfono Kiesha. – terminado y estoy camino a casa.

He

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– Eso es genial. ¿Se lo has dicho Hugh? – Esta era una noticia que definitivamente él querría saber. Había estado llamando todos los días para comprobar su progreso. – No, quiero darle una sorpresa. Tenemos mucho que discutir y prefiero no entrar en él por teléfono. – Entiendo. Para ser honesta contigo, me sorprende que lograses mantenerte lejos de él tanto tiempo. – Kiesha caminaba mientras hablaba. – Yo estaba lista para volver a casa hace dos días. Sólo quería asegurarme de recoger toda la información que necesitamos mientras estuviese fuera. Una vez que finalmente llegue a casa, no voy a dejarlo de nuevo pronto. – Como si Hugh fuese a dejarte, – se rió – Bueno, yo sé en lo que respecta al negocio el viaje fue un éxito porque lo hablamos a diario pero ¿Qué te pasa emocionalmente? ¿Estás bien con todo lo que ha ocurrido? – Me da miedo lo mucho que lo he echado de menos mientras he estado fuera. Él es una parte tan importante de mi vida y ni siquiera me había dado cuenta. Sí, estoy bien con esto de estar acoplada a él, porque tengo que estar bien con él. La alternativa es vivir sin él y esa ya no es una opción para mí. Kiesha suspiró, la comprendía totalmente. – Da un poco de miedo, a veces, por todo lo intenso que es, pero no te arrepentirás. Tenía miedo de dejarme ir con Alex, de confiar en mis sentimientos por él, pero me alegro de haberme dado la 295


oportunidad de tener un futuro con él. Las cosas no han hecho más que mejorar con el tiempo. ¿Cuándo llegaras a casa? – Probablemente en dos horas, si no me pierdo. Estoy siguiendo las instrucciones que me dieron en el hotel. Salvo alguna complicación imprevista, definitivamente debería estar en casa a tiempo para la cena. – Bueno, de mi parte, estoy contenta de que vuelvas a casa. Te eché de menos, y sé que ese oso grande en la tuya te echa de menos, también. Llámame cuando llegues, si es que Hugh te permite salir de la cama el tiempo suficiente para llegar a un teléfono. Va a ser un hombre feliz. – Kiesha podía sentir como su rostro se estiraba en una sonrisa demasiado grande como para contener. Mary Elizabeth volvía a casa y todo estaba bien. – Recuerda, no le digas que estoy de camino a casa. – No lo haré. Ten cuidado y conduce tranquila. – Lo haré. Bye. Alex se acercó por detrás a su compañera. – ¿Era Mary Elizabeth? Kiesha se volvió hacia él y se apoyó en el mostrador donde había estado de pie, feliz con el mundo. – Sí, ella está de camino a casa. Todo va a estar bien. Ella ha tenido tiempo para adaptarse a la idea de ser compañera de Hugh y lo ha aceptado. Lo llamaría a Hugh y se lo diría, pero se lo he prometido. Ella quiere darle una sorpresa.

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Alex la besó suavemente en la boca y luego se fue a la nevera para conseguir las cosas que necesitaba para su cena esta noche. – Bien. Me alegro de que las cosas funcionen. Te ves un poco cansada. ¿Por qué no te vas a relajarte en la bañera mientras yo empiezo la cena? Sus ojos se iluminaron, como si él hubiese sabido lo que harían. Amaba su bañera. – ¿Está seguro de que no necesitaras ayuda con la cena? – Estoy seguro. Tú ve por delante y relájate. Te llamaré cuando la cena está lista. – Esperó a que ella estuviese en el baño con el agua corriendo para coger el teléfono. Él llamó al restaurante y pidió hablar con Hugh. Cuando Hugh llegó al de teléfono, dijo brevemente, – Tu compañera está en camino a casa. Ella acaba de hablar Kiesha, debería estar aquí en unas dos horas. – Gracias Alex por el dato. Te debo una, – dijo y colgó el teléfono. Alex también cortó, Hugh no le debía nada. Eran hombres y los hombres tenían que permanecer juntos o superados por las mujeres en sus vidas. Hugh hizo un par de llamadas y convocó a algunos de los trabajadores para que lo sustituyeran. Luego ajustó el calendario que le permitiría permanecer libre los próximos días. Una vez que llegaron sus trabajadores, se marchó y volvió a su departamento. Se había quedado sin ropa en lo de Mary Elizabeth y tenía que buscar más. También empacó el resto de sus cosas. Ahora que ella sabía la verdad, no había necesidad de ser cautos y jugar a lo seguro. Ambos vivirían juntos y ella tendría que adaptarse a su nueva realidad. Ellos 297


iban a tener una larga charla cuando ella llegara a casa, una vez que se deshiciera de un poco de la frustración reprimida, que tenía. * * * * * * * * * * Charles observó al gran hombre entrar en el Hummer e irse. Eso era extraño. Su vehículo no se había movido en los cinco días de que Charles había estado allí. Quizá su suerte finalmente estaba cambiando. Aprovechó que el Hummer se había ido para mover su furgoneta cerca del comedor. Había encontrado el lugar perfecto que le permitió mantener un ojo en el apartamento sin ser visto fácilmente.

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Capítulo 20 Mary Elizabeth se detuvo en su apartamento con un suspiro de alivio. Ella estaba en casa, por fin. El viaje de regreso le había parecido, mucho más largo que las tres y media horas que había durado en realidad. El Hummer no estaba en el estacionamiento, por lo que significaba que Hugh no estaba en el comedor. No entendía como él no estaba allí en una noche de sábado. Por un momento, se preguntó si Kiesha había roto su palabra y le había llamado de todos modos. Pensándolo bien, si Kiesha le hubiese dicho a Hugh ella volvía a casa, él se habría plantado en el apartamento, esperando por ella. Es hora de afrontar la sensación de nauseas. No sabía cuánto tiempo tenía, pero esperaba que fuese el suficiente para tomar una ducha y prepararse. Cogió su bolso y las bolsas de ropa que había comprado, mientras estaba fuera. Sus brazos iban cargados con las bolsas y se preguntó si tal vez debería haber comprado una maleta, cuando comenzó a subir. Ella no necesita más equipaje, pero si lo hubiera hecho,

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ella sólo tendría que hacer un viaje arriba, en lugar de los dos que le iba a tomar el trasladar todo al interior. Ella dejó sus cosas en el dormitorio, debería guardar todo más tarde, pero Hugh podía llegar en cualquier momento, así que mejor lo hacía mientras podía. Había comprado algo más de lo poco que había necesitado usar mientras se había ido. ¿Quién iba a decir que comprar podría ser tan terapéutico? Además, había huido previo hacer algunos acuerdos que ella no podía dejar pasar. Con Kiesha pagando sus gastos de viaje, ella había sido perfectamente capaz de pagar sus compras. Después de colgar la ropa nueva y tirar la ropa sucia en el cesto para lavado, regresó a la camioneta para obtener el resto de sus pertenencias sólo para preguntar sorprendida. –¿Qué estás haciendo aquí? * * * * * * * * * * Charles no podía creer su buena fortuna. Sólo había estado en su posición durante unos minutos, cuando Mary Elizabeth llegó. Ni una sola vez miró en su dirección. No sólo estaba de espalda, sino que convenientemente había dejado la puerta abierta para él. Él no tendría una oportunidad mejor que ésta. Se giró hacia atrás y tomó su maletín. Todo estaba preparado y esperando. Una vez que la tuviese, podían ponerse en camino y salir de este infierno dejándolo atrás. Comprobó para asegurarse que no hubiese nadie cerca, salió 300


de la camioneta y cerró la puerta. Subió las escaleras con rapidez, queriendo atraparla mientras ella todavía estaba dentro. Lo hizo en el interior y estaba empujando la puerta cerrada, cuando Mary Elizabeth salió de una de las habitaciones en la parte posterior. – ¿Qué estás haciendo aquí? Sorprendentemente, su futura esposa no parecía feliz de verlo. Oh, bueno, eso iba a cambiar pronto. – ¡Caramba, Mary Elizabeth. He venido hasta aquí para visitarte y tú no pareces contenta de verme. ¿Es esa la manera de tratar a la familia? Ella respondió como sabía que lo haría. – Lo siento, Charles. Me tomas por sorpresa. Por supuesto que estoy feliz de verte. ¿Por qué no llamaste primero para decirme que ibas a venir? – Porque entonces no habría sido una sorpresa. Llevo varios días aquí, esperando a que llegaras. Kiesha tu amiga me dijo que estabas fuera de la ciudad por negocios. – Sí, es cierto,– dijo lentamente. – De hecho, acabo de llegar a casa, no hace cinco minutos. Es extraño. Acabo de hablar con Kiesha y no hizo mención ... – ¿No vas a invitarme a que me siente? – le interrumpió rápidamente, sin darle tiempo a terminar ese pensamiento.

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– Oh, ¿dónde están mis modales? Entra y toma asiento. ¿Te traigo algo? No estoy segura de lo que tengo, pero eres más que bienvenido. – No, estoy bien. Ven, siéntate a mi lado y vamos a hablar. Ella se sentó, pero siguió mirando a expectante. – ¿Estás esperando a alguien?

la

puerta,

– A mi arrendador. Kiesha dijo que estaba buscándome. Así que el tipo grande era su propietario. Tenía sentido. Tal vez la gente en el restaurante había entendido todo mal. – Charles, ¿por qué estás aquí? – He venido para llevarte a casa. Tus padres te echan de menos y me pidieron que te llevase a casa. Mary Elizabeth cerró los ojos y suspiró. – Charles, me gustaría que no lo hubieses hecho. Te lo he dicho infinidad de veces y también a mi madre, me gusta estar aquí. No voy a volver a casa. Refugio es ahora mi casa. – Mary Elizabeth, creo que esta locura ha ido demasiado lejos y tu madre está de acuerdo. Ya te he dicho lo que siento por ti. Sí, he cometido errores, pero es hora de que nos olvidemos del pasado. Tú has tenido tu venganza, y te has alejado, lo que me persigue y sé que incluso has estado jugando con ese patán. Ahora es el momento de dejar de jugar

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y regresar a casa para poder casarnos en la forma en que debimos haber estado todos estos años. Ella lo miró como si él no estuviese muy cuerdo. – Charles, yo no estoy jugando a hacerme la difícil. Esta es mi casa y no me voy a casar contigo. Te dije eso antes de salir y de nuevo por teléfono la última vez que hablamos. Tu insistencia en referirte a mí como tu prometida no está bien. Creo que no has tomado bien la muerte de Babs, y creo que tal vez deberías busca ayuda profesional . – ¡NO ESTOY LOCO!– Le gritó, causando que ella se apartara lejos de él, lo que lo hizo deslizarse hasta el borde de la cama, listo para saltar a sus pies, mientras la miraba con recelo. Respiró hondo para calmarse y le tendió una mano en un gesto silencioso. – Lo siento, querida. No quise asustarte. Es sólo que tu hermana solía decirme cosas de ese tipo a todo el tiempo. Es por eso que tuve que hacerlo, ¿ves? * * * * * * * * * * – ¿Tuviste que hacer qué, Charles? – Ella no se levantó pero se movió más lejos de él, todavía sin resolver que pensar acerca de lo que había dicho hacía un minuto. Nunca había visto a Charles actuar de esta manera. – Tenía que deshacerme de ella, por supuesto. Ella quería dejarme. Ella iba a decirle a quien quisiera escuchar que yo estaba loco, no es que alguien le hubiese creído. Sin embargo, el escándalo habría sido horrendo. ¿No podíamos permitir eso, como podríamos hacerlo? No puedo tener ninguna mancha asociada con el nombre de Remington. – Se rió, con 303


sonido horrible, maniático, que provocó el erizamiento de los pelos en la parte posterior de la nuca. Mary Elizabeth lo miró con terror, había algo seriamente mal en Charles. Estaba empezando a creer que su mente se había quebrado. – Charles, la muerte de Babs fue un accidente, ¿recuerdas? Ella fue golpeada por un conductor ebrio. Él le sonrió como si le divirtiese su ingenuidad. – En realidad, fue un choque y huída. ¿No te acuerdas? Supuestamente causada por un conductor que había estado bebiendo y huyó de la escena para evitar la detención. En realidad no fue tan difícil sembrar esa idea en la mente del agente investigador. Pasa todo el tiempo. No hay testigos que contradigan las pruebas circunstanciales de apoyo y caso cerrado. Ahora debemos partir. Hemos perdido bastante tiempo. Vámonos antes que tu amigo con el Hummer decida volver. – Se puso de pie y le tendió la mano a ella en espera. Mary Elizabeth sacudió la cabeza en negación. – Charles, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? ¿Estás diciendo que has matado a Babs? –En realidad, querida. Tenía que matarla. No veo cuál es el problema. Ella lo miró, realmente como si lo viera por primera vez. – Estas loco. Estás ahí y confiesas haber matado a Babs y ¿crees que me iría a cualquier parte contigo?

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Se puso de pie y comenzó a retroceder hacia la puerta. Charles se movió para interceptarla, bloqueándole el camino hacia la puerta. – ¡Fuera de mi casa. No quiero volver a verte otra vez! – No seas tonta. Por supuesto que me quieres ver. Tú me amas. Nos vamos a casar, ¿recuerdas? Ahora, vamos, no tenemos tiempo para esto. Tenemos que salir de aquí antes de que su propietario llegue. Realmente era una locura. Tenía que sacarlo de allí. Se puso de pie entre la puerta y el dormitorio. Eso le dejó el teléfono. – Charle, si no te vas por tu cuenta, voy a llamar a la policía. Dio un paso hacia ella y ella se apartó, acercándose más al teléfono. Se detuvo y una expresión de asombro cruzó su rostro. – Mary Elizabeth, ¿tienes miedo de mí? Te quiero. Yo nunca te haría daño .– Dio un paso hacia adelante. Mary Elizabeth puso su mano sobre el teléfono. – Déjalo, Charles. No me obligues a llamar a la policía. Se quedó allí, mirándola herido y confundido. – Obviamente, necesitas un poco de tiempo para ti misma. Me olvidé de que acabas de regresar de un viaje. Estás cansada y no piensas con claridad. Déjame tomar mi maletín y me voy. Podemos terminar de hablar más tarde. Se acercó a ella y apretó el teléfono, hasta que se dio cuenta de lo próximo que estaba el maletín que había dejado sobre la mesa de café, cerca de donde estaba ella. 305


– Sé que te fuiste a causa de tu madre. Nunca has recibido el amor o el reconocimiento que te mereces. Todo eso va a cambiar una vez que estemos casados. – Dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta, con una mano sosteniendo el maletín, y la otra sosteniendo algo que tenía en el bolsillo. Mary Elizabeth iba detrás, con cuidado de no acercarse demasiado. Quería cerrar la puerta tan pronto como él estuviese afuera. – Me gustaría que hubieses visto su cara cuando le dije que pensábamos casarnos. Ella estaba tan feliz, sobre todo cuando me comprometió a que íbamos a darle un montón de nietos. Mary Elizabeth se mordió la lengua, tratando de no hacer comentarios. Estaba casi a la puerta. Sólo unos pasos más. – Se le llenaron de lágrimas los ojos cuando le dije que íbamos a nombrar Anne, a una de nuestras hijas en honor a Babs. En ese momento, sonó el teléfono. Ella miró de forma automática en su dirección. Charles se giró y la golpeó con el maletín en la cabeza, conectando con uno de los lados de su rostro. La fuerza del golpe la hizo girar en un semicírculo y cayo pesada como una roca. El dolor estalló en su cabeza, tan intenso, que casi vomitó. Ella estaba allí arrugada en el suelo, luchando para llegar con sus manos y ponerse de rodillas. Sacudió la cabeza, tratando de despejar la mente. Un zumbido en sus 306


oídos tapados, le hacía escuchar a Charles como ruido de fondo. – Mira lo que me hiciste hacer. Yo sabía que esto iba a ser difícil. Tú puedes ser tan terca, Mary Elizabeth. Pero no importa, yo vine preparado. – Dejó su maletín en la mesa y lo abrió. – Puesto que no puedes ser razonable acerca de esto, tendré que atarte. He traído un montón de cinta y seguros, por si acaso. – Tenía una pistola hasta donde podía ver, la que puso sobre la mesa. Entonces busco de nuevo dentro del maletín y sacó un rollo de cinta adhesiva. Mary Elizabeth logró ponerse de rodillas y como un borracho se arrastró en dirección a la puerta. Charles la interceptó. – ¿A dónde crees que vas? Realmente no me gustaría poner una bala en ese hermoso cuerpo tuyo... pero... si eso es lo que se necesitas. He traído tranquilizantes para que no sientas ningún dolor en el largo viaje a casa si tengo que atarte. Me doy cuenta de que estás enfadada, pero una vez nos casemos todo será perdonado. Yo realmente soy un excelente partido. Tengo la intención de cuidar bien de ti. Dejar toda esta basura atrás. Ya he comprado un vestuario acorde con tu posición como mi mujer y te está esperando en casa. Y puedes olvidarte de este tonto trabajo que tienes, como mi esposa, tu única responsabilidad será cuidar de mí, y de nuestros hijos, por supuesto. Vamos ahora. Ya he pasado más tiempo aquí del que tenía planeado.

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Cada palabra que dijo hizo que la ira dentro de ella creciera más fuerte. El enojo era bueno. Le aclaró la cabeza y fortaleció su decisión de salir de esta con vida, no importaba el costo. Charles no se saldría con la suya en su intento de secuestrarla, porque eso es lo que era. – Vamos a tener que conducir toda la noche para acortar el tiempo hacia nuestra boda. Déjeme atarte. Luego te llevará hasta la furgoneta, lo que no será fácil. Estás un poco pesada, eso es algo en lo que tendremos que trabajar una vez que estemos casados. Mary Elizabeth estaba tan enojada, que estaba, literalmente, al rojo. Sentía un extraño cosquilleo en los brazos y las piernas del que hacía caso omiso, toda su atención estaba centrada en Charles. – Tienes que apreciar el trabajo que estoy tomándome por ti. – El sonido de rasgaduras llenó el aire cuando Charles arrancó varias tiras de cinta y las colgó en el maletín para facilitar su uso.– Ahora vamos a abrigarte. Realmente deseaba que esto no fuese necesario, pero no puedo tenerte resistiéndote a mi alrededor mientras abandonamos el departamento, me distraerías. Puso la cinta de nuevo en el maletín y golpeó accidentalmente el arma fuera de la mesa. Viendo su oportunidad, con un potente rugido, se levantó de prisa y se lanzó contra él.

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Su rugido le hizo saltar y el tiró en su dirección. Sus ojos se abrieron en estado de shock y el color a la izquierda de su cara. – ¿Qué diablos? Era todo lo que logró hacer antes de que le golpeara. Su mano buscaba a tientas la pistola que nunca encontró con otro rugido de pura furia, ella lo golpeó con toda la fuerza de su cuerpo. Voló a través de la sala y se estrelló contra la pared antes de caer al suelo como muñeca de trapo, los ojos en blanco y girados en la parte posterior de la cabeza. La puerta se abrió unos segundos después y Hugh llegó corriendo, le tomó un segundo comprender la escena con una mirada, sus ojos cada vez más grandes cuando la vio, se volvió y vio a Charles arrugado en el suelo. Hugh le tomó el pulso a Charles, mientras ella iba y venía, maldiciendo en voz baja. Mary Elizabeth quería golpearlo otra vez. No le importaba si estaba loco. ¡Le había golpeado! Ella nunca había sido golpeada en su vida. ¿Quién se creía que era? En primer lugar, tranquilamente anunció que mató a su hermana. Entonces, a pesar de cuántas veces le dijo que no se casaría con él, el hombre va y organiza su boda, y estaba dispuesto a secuestrarla para asegurarse de que lo aceptara. Entonces, él la golpeó, después la llamó ¡gorda! A la mujer que supuestamente amaba. ¡Quería matarlo! Era lo único que podía hacer para mantenerse a sí misma contenida de las ganas de ir y tomarlo a patadas hasta romperle varias costillas mientras yacía inconsciente. Era lo menos que se merecía.

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Hugh se acercó al teléfono e hizo una llamada. – Roma, se trata de Hugh. Tengo una situación complicada por aquí. Un intento de secuestro. De hecho esta inconsciente ahora. Voy a atarlo antes de que él vuelva en sí. – Escuchó un momento y luego dijo: – Correcto. El apartamento por encima del comedor, la puerta está abierta. – Él se tomó un momento para atar a Charles y luego se dirigió hacia su compañera furiosa. – Mary Elizabeth, necesito que te calmes. Gruñó en respuesta. – Cariño, sé que estás enojada ahora y tienes todo el derecho a estarlo, pero realmente necesito que te calmes para que tu temperamento se enfríe. Sacudió la cabeza con tanta fuerza que se tambaleó mientras ella iba y venía, citando todas las cosas que habían pasado. Ella no se calmaría en un futuro previsible. Hugo respiró hondo, colocó sus manos sobre sus caderas y sacudió la cabeza. – Quiero que recuerdes que he intentado hacer esto de manera fácil. Mary Elizabeth, mira tus manos. De todas las cosas más estúpidas que jamás había escuchado en su vida, esta fue la peor. ¡Mirar sus manos! Ella sabía lo que sus manos parecían. El hombre no la había visto en días. Sufrió un intento de secuestro y ¿todo lo que podía decirle era que se calmara y mirara sus manos? Ella le dio una mirada que mostraba lo estúpida que pensaba que era su orden. 310


– Lo digo en serio, cariño. Confía en mí. Tienes que mirar tus manos. Con un arrebato de indignación, ella hizo lo que le había dicho y gritó de la sorpresa. Sus manos no estaban ahí, en su lugar habían unas grandes patas peludas, con garras letales en el final. Ella siguió la línea de la pata hasta el brazo por lo que ella podía ver. Sus brazos también estaban cubiertos de piel. Todo lo que podía ver era una gruesa piel marrón en él. Ahora que estaba más tranquila, se dio cuenta que estaba en cuatro patas. Miró entre sus patas delanteras en el resto de su cuerpo y vio que había dos en la parte trasera al igual que la parte delantera. Trató de conseguir una visión del resto de su cuerpo, sólo para descubrir que cuando se dio la vuelta, giraba en círculos. Miró a Hugh con miedo en sus ojos. A menos que se equivocaba, era un oso. Ella no sabía cómo había llegado a este estado. Más importante aún, ella no sabía cómo modificarlo. – Tómalo con calma. Tan pronto como te calmes, vas a cambiar de nuevo. Es una fuerte emoción la que provoca el cambio. Respira profundamente. Práctica de la respiración de yoga. Miró hacia arriba, como Roma y uno de sus ayudantes, un hombre con el nombre de Harris entraban por la puerta. Roma echó un vistazo a las pruebas, y luego miró a Mary

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Elizabeth con interés. – ¿Puedo entender que es tu pareja?, ¿Es su primer cambio? – Sí, estoy tratando de conseguir que se calme el tiempo suficiente para cambiar de nuevo. Ella tiene genio del infierno, y estoy seguro de que es lo que desencadenó el cambio. Mary Elizabeth se sentó sobre sus patas traseras abruptamente. Ahora que la crisis había terminado, la adrenalina salía de su cuerpo. De repente, ella estaba demasiado cansada para estar enojada nunca más. Ella sólo quería que este día termine. Sentía un cosquilleo en la espalda y miró hacia abajo para ver cambios de su cuerpo. En cuestión de segundos, estaba de vuelta en su propia piel. Su piel muy desnuda. ¿Dónde estaban sus ropas? Hugh se quitó la camisa y la puso a su alrededor, antes de levantarla en sus brazos. – Vamos a estar aquí cuando nos necesites, – dijo mientras se dirigía hacia el dormitorio. Mary Elizabeth miró sobre su hombro y vio trozos de material triturado en el suelo de la sala. Eso explica la ropa que falta. Roma, asintió con la cabeza, dirigió a Harris para poner al prisionero inconsciente en el coche patrulla. Luego sacó una cámara y comenzó a tomar fotos mientras otro ayudante comenzaba a recoger pruebas. Después de haber tomado todas las fotos que necesitaba, se dirigió a la habitación para obtener la declaración de Mary Elizabeth. * * * * * * * * * * 312


Hugh la acostó en la cama con cuidado y le quitó la camisa, pasando sus manos sobre su cuerpo, para hacer el control de daños. Tenía un nudo a un lado de la cabeza cerca de su sien, que poco a poco se curó ante sus ojos. – ¿Ese hijo de puta te tocó? Si lo hizo, él es un hombre muerto. – No, él me golpeó con el maletín, cuando se dio cuenta que yo no iría con él de buena gana. – ¡Qué! En ese mismo momento, Roma llamó a la puerta. Hugh cogió las mantas y envolvió en ellas a Mary Elizabeth antes de dejarle entrar. Roma entró en la habitación con un pequeño cuaderno en la mano. Mary Elizabeth lo miró con interés. Esta era la primera vez que veía a la fuerza de policía en el mes que ella había estado viviendo en Refugio. Él era latino, y muy guapo. En lugar de los uniformes de la policía de costumbre, estaba vestido con un par de jeans desteñidos y una camisa polo negro con el Departamento de Policía del Condado de Refugio bordadas en el bolsillo en rojo. Tiró de la gorra de beisbol con la insignia del departamento de policía, sacándola de su cabeza y se pasó la mano por su melena de brillantes, de rizos oscuros antes de deslizarla nuevamente en su cabeza. – ¿Estás bien para responder a algunas preguntas? Si no, tú puedes venir a la estación de mañana y responder a ellas. Sé que has pasado por una prueba. 313


– Estoy bien. Terminemos con esto. Enderezó sus hombros caídos y se envolvió con las mantas en forma más segura, incómodamente conscientes de su desnudez. Hugh se sentó en la cama junto a ella y envolvió un brazo reconfortante sobre sus hombros, en silencio ofreciéndole su fuerza. Ella se inclinó hacia su calor, luego se volvió hacia Roma y le preguntó: – ¿Qué necesitas saber? – Todo lo que puedas decirme, a partir de quien es el tipo inconsciente en la parte trasera. Simplemente comienza desde el principio. Entonces, si tengo alguna pregunta o necesita alguna aclaración, voy a interrumpirte y te pregunto, ¿de acuerdo? Sé lo más detallada posible. Ella respiró hondo antes de comenzar. Esto iba a tomar un tiempo. – Su nombre es Charles Remington y él es mi cuñado. – Sintió la tensión de Hugh a su lado cuando dio la información, pero no dijo nada. – Estaba casado con mi hermana, Babs que enterramos hace unas semanas. Hasta esta noche, pensé que había muerto como consecuencia de un accidente por un conductor ebrio. Roma la interrumpió. – ¿Qué pasó esta noche para hacerte pensar diferente? – Charles confesó haberla matado. No estoy segura de cómo lo logró, pero dijo que él era responsable de su muerte. – Sin darse cuenta, Hugh tomó sus manos apretándolas hasta que ella hizo una mueca de dolor. – Hugh, por favor, me haces daño. – Lo siento. – dijo aflojando su agarre. 314


– Está bien, volveremos a eso más adelante. Así que Charles es tu cuñado. ¿Qué está haciendo aquí? Esta era la parte que odiaba. Parecía todo tan sórdido. – Después del funeral, Charles vino a verme. Estaba haciendo ruido acerca de que debería haberse casado conmigo, y cómo ahora, Babs estaba muerta, esta era su oportunidad de hacer las cosas bien. Me imaginé que la pena lo hacía hablar. Ya me habían ofrecido el trabajo aquí, pero no había decidido todavía. El incidente con Charles, junto con algunas otras cosas que no voy a detallar, me empujaron a aceptar. – Esa es una noticia que acaba de salvar su vida, – dijo Hugh con un gruñido. – Hugh, – dijo Roma, en señal de advertencia. – ¡Está presente la Ley, en la habitación! Roma le preguntó a Mary Elizabeth – ¿Por qué dice que debería haberse casado contigo? ¿Qué le hizo pensar que tú estarías interesada? – Charles y yo estábamos comprometimos cuando conoció a mi hermana. — Mary Elizabeth creía que cuanto menos se dijese sobre este tema, era mejor. Charles ya estaba loco en esa época, creo que fue una suerte. En lugar de estar enojada con Babs cuando sucedió, creo que debería haberme puesto de rodillas, dándole las gracias a ella. – Así que se casó con tu hermana en tu lugar, y ahora siente que cometió un error.

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Mary Elizabeth asintió con la cabeza. – Babs lo estaba engañando. Yo creí que él no lo sabía, pero me enteré después de su funeral que si lo hizo. Es por eso que creo que está tan obsesionado conmigo. Se imagina que si se hubiese casado conmigo, yo no me habría extraviado. Le dije que eran siete años tarde y yo ya no estaba interesada. De todos modos, ha venido aquí. Charles me llamaba a diario, pidiéndome que volviese a casa. La última vez que llamó, hace unas dos semanas, se refirió a mí como su novia. – Volviéndose hacia Hugh, dijo, – Esa fue la noche de la fiesta. Yo volví a decirle que no me iba a casar con él, y que estaba aquí para quedarme. Eso fue lo último que escuché de él hasta que apareció esta noche. – Entonces le dijo todo lo que sucedió desde el momento en que entró por la puerta hasta que llegó Hugh. Hugh gruñó y vibró a su lado durante la narración, su enojo era algo tangible. Una vez que hubo terminado, Roma se volvió a Hugh y le preguntó: – ¿Tienes algo que añadir a esto? – Sí, Charles volvió a llamar, sólo que esta vez yo contesté el teléfono. Se presentó como el novio de mi pareja. Yo no le dije quién era yo, pero le dije que me pertenecía. Luego colgué y desconecté el teléfono para evitar que volviese a llamar y preocupara Mary Elizabeth. – Así que él era consciente de que había un hombre en su vida. Eso probablemente fue lo que lo empujó por el borde. Mary Elizabeth sacudió la cabeza. – Yo no creo que me hubiese importado. Pensé que estaba pasando por un difícil 316


proceso de duelo. Yo sabía que diciendo que no a su propuesta lo pondría peor, pero después de esta noche, me di cuenta de que está muy loco. Hugh pensó que Mary Elizabeth tenía razón. Charles estaba loco y que por lo que había contado ella, tenía mucho dinero para cubrir los signos de su enfermedad. Podía permitirse una buena representación legal. Del tipo que no se preocupan por la culpabilidad o inocencia, sino por el trabajo que le pagan por hacer - llegar a su cliente y liberarlo. Él y Roma compartieron una mirada que mostraba que estaban pensando la misma cosa. Con un pequeño gesto, Roma le indicó que se ocuparía de ello. Mary Elizabeth no se dio cuenta. Estaba apoyado contra Hugh. Su reacción fue acurrucarse contra él, todo lo que deseaba era que la envolviese con su abrazo y celebrar que estaba viva y con el hombre que amaba. Las cosas podrían haber resultado tan diferentes esta noche. Ella deseaba que todas las personas saliesen de su apartamento para que pudieran estar a solas. Este no era el regreso a casa que ella había imaginado. Roma cerró su libreta. – Eso es todo lo que necesitamos por ahora. Estaremos aquí una poco más, para seguir recopilación pruebas, pero visto como están las cosas, colabora todo lo que me has contado. Charles ya ha sido llevado a la comisaría. Hugh, lleva a Mary Elizabeth a la estación de mañana, así ella podrá firmar su declaración y los gastos de prensa.

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– ¿Qué hay de Babs? ¿Puede ser acusarlo de asesinato? – Ella realmente no quería que se saliese con la suya en la muerte de su hermana, pero sabía cómo eran las cosas cuando había dinero de por medio, especialmente si se tenía el suficiente. – Me olvidé de tu hermana. ¿Qué puedes decirme sobre el accidente? – Parecía un coche con un conductor dado a la fuga. Babs perdió totalmente el control de su auto. El conductor del segundo vehículo nunca fue encontrado. El vehículo figuraba como robado, habían recipientes abiertos y un fuerte olor a alcohol en su interior. Babs se desangró de camino hacia el hospital, sin haber recuperado la conciencia. – Parece que tu cuñado cubrió muy bien sus huellas. Incluso si él confesara, no hay pruebas y probablemente no sea suficiente para obtener una condena. – Sí, eso es lo que me imaginaba. Así que se saldrá con la suya después de todo. – La idea era deprimente, y le daba un poco de miedo. Ella esperaba que se pudieran hacer las acusaciones. Ella no quería estar mirando sobre su hombro para el resto de su vida. En este momento Charles estaba obsesionado con ella. ¿Qué pasaría si él decidiese que si no podía tenerla, nadie lo haría? Roma dijo a Hugh que él hablaría con él más tarde, que ahora consolara a su compañera. Tan pronto como la puerta se cerró, Mary Elizabeth salió de las cubiertas y se subió sobre Hugh. Se abrazó a él y lo mantuvo apretado. – Te 318


extrañé tanto. Cuando vi por primera vez Charles, estaba tan enojada con él por estropear mi sorpresa. Eso fue antes de que me diese cuenta de lo loco que estaba. – No me dejes nunca de nuevo, – dijo con severidad. Ella pasó los dedos por su cabello antes de acunar su rostro con las manos.– Lo siento. No volverá a suceder. Sólo necesitaba tiempo para ordenar mi cabeza. Para averiguar lo que quería – ¿Y has pensado las cosas?– Su mirada era muy intensa, como si pudiese ver a través de su alma. Tal vez podía. – Sí, te quiero a ti. Lo que sea que eso signifique y haré lo que sea necesario. Te has metido en mi alma y ahora no puedo imaginar mi vida sin ti. – Eso se llama amor y siento lo mismo por ti .– Él quiso decir más, pero ella lo besó obligándolo a guardar silencio. – Más tarde. Tengo varios días de abstinencia que compensar. Sus ojos brillaban como reconocimiento a sus palabras, mientras ella hablaba abrazada a su espalda. Bajó la boca hasta la suya. Ella tenía razón. Podían hablar más tarde. Mucho, mucho más tarde.

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Los sonidos provenientes de la habitación, no exigían ninguna capacidad de investigación de su parte para saber lo que estaba pasando allí. Roma sacó a su adjunto del apartamento. Todo lo que necesitaran, tendría que esperar hasta más tarde. Salió de la vivienda y cerró la puerta detrás de él con una sonrisa triste en su cara. Se alegró que la compañera de Hugh estuviese sana y salva, en sus brazos, donde pertenecía. Era su trabajo asegurarse que se quedara de esa manera. Él daría cualquier cosa por ser capaz de mantener a su compañera en sus brazos. Ahora que por fin la había encontrado, y que estaba trabajando en un plan para traerla de vuelta a Refugio, donde pertenecía. Una vez que estuviese aquí, él nunca la dejaría ir otra vez.

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Capítulo 21 En la estación, y dentro de la habitación de interrogatorio, Roma miró al hombre sentado frente a él con disgusto. El Sr. Charles Remington Tercero era tan arrogante como su nombre sonaba. Era evidente por su comportamiento que el hombre los considera nada más que montón de pueblerinos palurdos. Por el momento, convenía a sus propósitos que les restara importancia a su imagen y a ellos. Miró hacia los papeles que tenía delante y se enderezó ligeramente sobre la mesa, con nerviosismo fingido. – Hay algunas discrepancias entre su declaración y las de los otros dos, pero desde que la Sra. Brown no está dispuesta a presentar cargos, no tengo más remedio que dejarlo ir, a condición de que salga de la ciudad de inmediato. La Sra. Brown ha expresado su deseo de estar sola. Cualquier otro intento de su parte para verla o contactase con ella en modo alguno será visto por este departamento como una señal de acoso, y se pedirá una orden de restricción en su contra, con o sin su consentimiento. Dado que tanto usted, como la Sra. Brown sólo tienen unas contusiones leves, esto oficialmente 321


pasará a la historia como una disputa doméstica. – Roma levantó la vista, y luego rápidamente miró a la mesa de nuevo. – Una vez que su declaración haya sido firmada, sus pertenencias le serán entregados. Le aconsejo dejar la ciudad ahora. No se quede por ningún motivo. Para asegurarnos de que no haya cualquier tipo de problemas, uno de mis adjuntos lo escoltará hasta la línea del condado. – Roma dejó caer los papeles sobre la mesa. Charles sonrió triunfante mientras firmaba su declaración, sin molestarse en leerla para asegurarse de que estuviese correcta. Ahora sabía con certeza que Mary Elizabeth lo amaba. Se había negado a presentar cargos contra él, aunque no habría importado si ella lo hacía. Los dos sabían que él no había hecho nada malo. Si estos patanes hubiesen tratado de detenerlo, él habría tenido a su equipo de abogados pululando por todos lados antes de saber lo que los habría golpeado.. En cuanto a Mary Elizabeth, todavía no estaba en claro que había pasado. Él hubiese dicho que el gran hombre había llegado después que Mary Elizabeth se encontró con su maletín. Había pensado que estaba siendo atacada y había hecho lo que cualquier hombre haría en las circunstancias, protegiéndola y devolviendo devolver el golpe. Le dio un infernal golpe, de hecho borro la memoria de Charles luego de que le informara a Mary Elizabeth sus planes de boda. Lo que le recordaba, que todavía tenía una novia por recoger. Dejaría el juego por ahora. Seguiría las instrucciones, pero volvería, nada ni nadie iba a impedir que tuviese a la mujer que amaba. 322


Más tarde, en la recepción, cuando el sheriff le entregó las llaves, le dio una advertencia amistosa. – Hemos encontrado su camioneta y la dejamos en el estacionamiento del lado. Si yo fuera usted, la llevaría a un mecánico y haría que la revisen. Parecía que tiraba un poco hacia la derecha mientras la conducía. Ah, y tenga cuidado con la fauna silvestre, especialmente en las carreteras durante la noche. Ellos tienden a surgir de la nada con todos los bosques que tenemos en los alrededores. Con las curvas de la carretera, a veces estás sobre uno antes de darse cuenta. Maneje con cuidado. No queremos que usted tenga que regresar aquí por cualquier motivo. Manténgase dentro de los límites de velocidad y estará usted bien. Mi ayudante, Harris se asegurará de que llegue a la frontera del condado en una sola pieza. – El Agente Harris inclinó su sombrero hacia Charles, y luego fue a su patrulla a esperar. Charles le dio el sheriff una mirada de desprecio al tomar sus pertenencias. Comprobándolas para asegurarse de que todo estuviese allí, y se dio cuenta de su arma no estaba. – ¿Dónde está mi pistola? – El Agente Harris la tiene. Él se la devolverá a usted una vez que lleguen a la línea del condado. Sabiendo que no había nada que pudiera hacer al respecto por el momento, Charles tomó sus cosas y se fue. No sería lo último que escucharían de él. Tan pronto como Mary Elizabeth estuviese a salvo en casa, instruiría una demanda en esta ciudad tan grande que se quedaría con todo lo que poseían. Sonriendo ante la idea, salió y se metió en la furgoneta. 323


Siguiendo las instrucciones, la revisó cuidadosamente. Todo parecía ser como él lo dejó. Una vez en la furgoneta, se ciñó su cinturón de seguridad. No quería darles ningún motivo para que lo molestaran nuevamente. Se volvió hacia la carretera principal saliendo de la ciudad, según lo prometido, El Agente Harris estaba detrás de él. Una vez que abandonó la parte principal de la ciudad, cogió velocidad sin pasar el límite permitido. La carretera de montaña era oscura y llena de curvas, cuesta abajo todo el camino. Varias veces presionó los frenos para disminuir su velocidad, pero la misma carretera causaba que su vehículo rodara cada vez más rápido. Cada vez le resultaba más difícil y la dirección asistida parecía fallar. Estaba usando más sus músculos para dirigir dentro y fuera de las curvas cerradas. Los frenos se sentían livianos también. Habían estado bien al principio, pero cuanto más tiempo llevaba, menos respuesta obtenía cuando presionaba el pedal de freno. La sospecha de que alguien había manipulado sus frenos empezó a formarse en su mente cuando algo grande y peludo se lanzó a la calle en frente de él. Pensando que era un ciervo, instintivamente tiró duro en la rueda para evitar chocar con él. El último pensamiento que se cruzó por su mente justo antes de que el mundo se pusiera al revés, – que era el lobo más malditamente enorme que había visto nunca. Debido a que había llegado a una curva pronunciada, su acción causó que la camioneta perdiese el equilibrio y derrapara. El cinturón de seguridad estalló y desapareció 324


mientras la camioneta daba varias vueltas antes de estrellarse contra el tronco de un enorme roble. El impacto del accidente causó que la camioneta se arrugara como un acordeón. El Agente Harris, que iba varios metros detrás de él cuando ocurrió el accidente, desaceleró el móvil policial antes de llegar a una parada al lado del lobo sentado en cuclillas en medio de la carretera. Cuando abrió la puerta y salió, la forma de lobo pasó a revelar al Agente Wilson de pie allí, en la gloria de su desnudez. Casualmente se acercó al vehículo para recoger su ropa del lado del pasajero mientras el Agente Harris iba a ver a la víctima del accidente. Después de examinar las cosas con cuidado, se comunicaron por radio a la sede. – Jefe, es mejor que envíe al juez de instrucción. El Sr. Remington ha tenido un accidente. Parece que estaba conduciendo demasiado rápido por la montaña y se desvió para evitar la fauna local. Lo vi todo con mis propios ojos. – Algunas personas no escuchan. Yo le advertí que condujera lento y tuviese cuidado con la fauna silvestre. Oh, bueno, voy a esperar hasta mañana para informar a los familiares. No tiene sentido despertar a más gente de lo necesario a esta hora de la noche. – Roma dejó la radio con una sonrisa de satisfacción en su rostro. ¡Sí, señor!, algunas personas simplemente no escuchan. * * * * * * * * * * Hugh le dijo a Mary Elizabeth sobre la muerte de Charles a la mañana siguiente, cuando por fin despertó. Ella pensó que 325


era sospechoso, pero por dentro estaba muy aliviada de que la amenaza de Charles fuese efectivamente eliminada de su vida. Era una forma de justicia poética, Charles murió de una manera similar al método que utilizó para tomar la vida de Babs. Decidió esperar antes de llamar a sus padres para darles las malas noticias. Fue cobarde con la esperanza de que alguien se los dijera en primer lugar. En algún momento entre todos sus actos amorosos, ella y Hugh habían hablado, sobre los mal entendidos en su relación e hicieron planes para su futuro juntos. Ellos no se guardaron nada, cada uno de ellos aseguro en la fuerza de su unión y que el amor crecería aún más. Le iba a tomar algún tiempo antes de ajustarse a la idea de ser amada por Hugh. Hugh le dijo que no tenía problemas con eso. Pero él sólo quería decir que nunca tomaría el amor de ella por supuesto. También dijo que le estaría dando las gracias al Creador todos los días de su vida por la bendición de haberle dado a Mary Elizabeth, su pareja. Y, pensó para sí misma, que ella realmente no podría pedir más que eso. La vida, después de todo este tiempo, era finalmente bueno.

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Epílogo Nikolai Taranosky se situó en el borde de la cresta que dominaba el río, con su pelo oscuro al viento y la luz de una luna creciente que brillaba a su alrededor. En unos días más, la luna estaría llena, y entonces sería el momento de reclamar a su compañera. No había podido acercarse a ella desde la noche de su intercambio de sangre inicial. Pronto, él no tendría que colarse en su vivienda por la noche. Ella iba a venir a él. Tenía unos cuantos días más para prepararse. Luego, nada, ni nadie se interpondría en su camino.

Fin 327

Saga verdaderos compañeros 02 mary y el oso  
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