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Había una vez una pequeña aldea al oeste de la Isla que llamaban colegio, era un sitio grande, verde, lleno de árboles y lleno de vida. Todos los que allí habitaban soñaban con un aire puro, con un campus verde. Mientras que las malignas cucarachas, se dedicaban a talar y destruir una finquita cercana al lugar, para construir caminos y aliviar “la pena” de unos cuantos cerditos desesperados. Pero un día llegó la maldad a la aldea, la primera vez disfrazada de fuego, encendiendo en llamas la caldera del lugar. Entre las llamas y el humo todos corrían tratando de salvarse, y corría y gritaban, buscando la manera de escapar. El fuego fue controlado y desapareció, así como si nada, como desaparece el polvo en el viento. Esa noche, todo estuvo tranquilo, fue inclusive una noche eclipsada de luna llena, todos pensaron que era señal de un buen augurio. Temprano en la mañana, los cerditos encontraron un animalito herido al costado del camino, el animalito gemía, suplicaba ayuda; y ahí fue cuando se dieron cuenta de que la maldad vino vestida de carruaje, y arrolló al pobre animalito. “¿Porqué nos pasa esto?”, se preguntó uno de los cerditos. Y justo cuando pensaban que todo estaba controlado, volvió la maldad a aparecer, pero esta vez apareció en forma de árbol, “¿será la naturaleza revelandose contra nosotros por destruir la finca y dañar tanto terreno?”, se preguntaron los cerditos. Esta vez un árbol de la nada cayó, un tronco simple y sencillamente se desplomó. Pudo haber sido la vejez, una grave enfermedad o la triste agonía de la naturaleza que dice BASTA!. Adivinen que sucede después!! No tan sólo se desplomó el árbol, sino que su paso arrollador arrasó con una palma y lo más triste de todo…agredió a nuestra princesa dormida, si! la golpeó. Con un fuerte golpe en la cabeza la sacudió, pero el héroe del pueblo, Tarzán, vino a su rescate y la tomó en sus brazos, la abrazó, la ayudó y la acarició mientras despertaba. Los cerditos todos se acercaron a ella, preocupados, tristes, unos lloraban, otros entre sollozos oraban, pedían que despertara bien, con fuerzas, con ganas de luchar y levantar su voz. Mientras la princesa, abría sus ojos, y se levantaba poco a poco, sentía un frío que le recorría toda su espalda pero el calor de los cerditos le permitió ponerse de pie y ver la luz del sol. Fue un despertar un poco tardío y lento, pero con paso fuerte, seguro y firme. Esa pequeña aldea parece haber entendido y apreciado a la princesa (su voz), algo que no cambiarían ni venderían por nada. Y muy a lo lejos se escuchó a Tarzán gritar desde la selva… COÑO! DESPIERTA COLEGIO!!

Dania García 21-febrero-2008


Caos Colegial