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ANTOLOGÍA DE POEMAS

Antología de poemas escritos por poetas españoles e hispanoamericanos del siglo XX

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Modernismo Rubén Darío: (Metapa, 1867 - León, 1916) Seudónimo del gran poeta nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento. Sus tres obras más importantes y conocidas son: Azul (1888, segunda edición ampliada en 1890), Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza.

EL FAISÁN:

Dijo sus secretos el faisán de oro: En el gabinete mi blanco tesoro, de sus claras risas el divino coro,

las bellas figuras de los gobelinos, los cristales llenos de aromados vinos, las rosas francesas en los vasos chinos.

(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia donde en el retiro de la dulce estancia esas frescas rosas dieron su fragancia.)

La cena esperaba. Quitadas las vendas, iban mil amores de flechas tremendas en aquella noche de Carnestolendas.

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La careta negra se quitó la niña, y tras el preludio de una alegre riña apuró mi boca vino de su viña.

Vino de la viña de la boca loca, que hace arder el beso, que el mordisco invoca. ¡Oh los blancos dientes de la loca boca!

En su boca ardiente yo bebí los vinos, y, pinzas rosadas, sus dedos divinos me dieron las fresas y los langostinos.

Yo la vestimenta de Pierrot tenía, y aunque me alegraba y aunque me reía, moraba en mi alma la melancolía.

La carnavalesca noche luminosa dio a mi triste espíritu la mujer hermosa, sus ojos de fuego, sus labios de rosa.

Y en el gabinete del café galante ella se encontraba con su nuevo amante, peregrino pálido de un país distante.

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Llegaban los ecos de vagos cantares y se despedían de sus azahares miles de purezas en los bulevares.

Y cuando el champaña me cantó su canto, por una ventana vi que un negro manto de nube, de Febo cubría el encanto.

Y dije a la amada un día:

¿No viste

de pronto ponerse la noche tan triste? ¿Acaso la Reina de luz ya no existe?

Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro:

«¡Pierrot, ten por cierto

que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»

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Edgar Degas (2011)

Juan Ramón Jimenez: Nacido en 23 de diciembre de 1881, Moguer (Huelva), muere en 29 de mayo de 1958, Santurce, Puerto Rico. Obras más importantes: Rimas (1900-1902), Trescientos poemas (1963), etc.

LA ROSA AZUL:

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía! Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color; y los bellos cojínes, que pongo como ella los ponía, florecen sus jardines; Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano, surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.

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¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía! me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella y parece que el pobre corazón no está solo. Miro al jardín de la tarde, como ella, y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía! Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía. Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso, y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!y mis pisadas dejan resplandores.

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D. Sharon Pruitt (2010)

Generación del 27 Pedro Salinas: Escritor español, nace en Madrid el 27 de noviembre de 1891. Escribe grandes obras como: Agua de noche, serpiente indecisa (1923); Amor, amor, catástrofe; Horizontal, sí te quiero, Que pareja tan hermosa la nuestra.

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AGUA EN LA NOCHE, SERPIENTE INDECISA:

Silbo menor y rumbo ignorado: ¿Qué día nieve, qué día mar? Dime. ¿Qué día nube, eco de ti y cauce seco? Dime. —No lo diré: entre tus labios me tienes, beso te doy, pero no claridades. Que compasiones nocturnas te basten y lo demás a las sombras déjaselo, porque yo he sido hecha para la sed de los labios que nunca preguntan.

García Lorca: Entre sus poemas podemos encontrar Gacela de la terrible presencia, Alba, Alma ausente, La casada infiel, Muerto de amor y Ciudad sin sueño. Federico nació en 1898 en Fuente Vaqueros y murió 1936 en Alfacar.

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MUERTE:

¡Qué esfuerzo! ¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro! ¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina! ¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja! ¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo! Y el caballo, ¡qué flecha aguda exprime de la rosa!, ¡qué rosa gris levanta de su belfo! Y la rosa, ¡qué rebaño de luces y alaridos ata en el vivo azúcar de su tronco! Y el azúcar, ¡qué puñalitos sueña en su vigilia! Y los puñales dimínutos, ¡qué luna sin establos, qué desnudos, piel eterna y rubor, andan buscando! Y yo, por los aleros, ¡qué serafín de llamas busco y soy! Pero el arco de yeso, ¡qué grande, qué invisible, qué diminuto!, sin esfuerzo.

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Eduardo Alfaro (2012)

Rafael Alberti: Fecha de nacimiento: 16 de diciembre de 1902, El Puerto de Santa María. Fecha de la muerte: 28 de octubre de 1999, El Puerto de Santa María. Obtuvo el premio Miguel de Cervantes (1983). Marinero en tierra (1969) y La amante (1925).

NOCTURNO: Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre se escucha que transita solamente la rabia, que en los tuétanos tiembla despabilado el odio y en las médulas arde continua la venganza, las palabras entonces no sirven: son palabras.

Balas. Balas.

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Manifiestos, artículos, comentarios, discursos, humaredas perdidas, neblinas estampadas. ¡qué dolor de papeles que ha de barrer el viento, qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Balas. Balas.

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste, lo desgraciado y muerto que tiene una garganta cuando desde el abismo de su idioma quisiera gritar lo que no puede por imposible, y calla.

Balas. Balas.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras.

SIN TÍTULO: Por amiga, por amiga. Sólo por amiga.

Por amante, por querida. Sólo por querida.

Por esposa, no. Sólo por amiga.

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Miguel Hernández: Nació en 30 de octubre de 1910, Orihuela y murió en 28 de marzo de 1942, Alicante. Obras más importantes: Perito en lunas (1933), Poemas sueltos (1933-1936), etc.

JORNALEROS: Jornaleros que habéis cobrado en plomo sufrimientos, trabajos y dineros. Cuerpos de sometido y alto lomo: 12


jornaleros.

Españoles que España habéis ganado labrándola entre lluvias y entre soles. Rabadanes del hambre y el arado: españoles.

Esta España que, nunca satisfecha de malograr la flor de la cizaña, de una cosecha pasa a otra cosecha: esta España.

Poderoso homenaje a las encinas, homenaje del toro y el coloso, homenaje de páramos y minas poderoso.

Esta España que habéis amamantado con sudores y empujes de montaña, codician los que nunca han cultivado esta España.

¿Dejaremos llevar cobardemente riquezas que han forjado nuestros remos? ¿Campos que ha humedecido nuestra frente dejaremos?

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Adelanta, español, una tormenta de martillos y hoces: ruge y canta. Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta adelanta.

Los verdugos, ejemplo de tiranos, Hitler y Mussolini labran yugos. Sumid en un retrete de gusanos los verdugos.

Ellos, ellos nos traen una cadena de cárceles, miserias y atropellos. ¿Quién España destruye y desordena? ¡Ellos! ¡Ellos!

Fuera, fuera, ladrones de naciones, guardianes de la cúpula banquera, cluecas del capital y sus doblones: ¡fuera, fuera!

Arrojados seréis como basura de todas partes y de todos lados. No habrá para vosotros sepultura, arrojados.

La saliva será vuestra mortaja, vuestro final la bota vengativa, 14


y sólo os dará sombra, paz y caja la saliva.

Jornaleros: España, loma a loma, es de gañanes, pobres y braceros. ¡No permitáis que el rico se la coma, jornaleros!

LA OLIVA Y EL LIMÓN: La oliva y el limón las desentrañaron desde tu corazón.

¿QUIÉN LLENARÁ ESTE VACÍO? ¿Quién llenará este vacío de cielo desalentado que deja tu cuerpo al mío?

ROPAS CON SU OLOR: Ropas con su olor, paños con su aroma. Se alejó en su cuerpo, me dejó en sus ropas. Luchas sin calor, sábana de sombra. Se ausentó en su cuerpo. Se quedó en sus ropas. 15


VIDA SOLAR: Cuerpo de claridad que nada empaña.

Todo es materia de cristal radiante, a través de ese sol que te acompaña, que te lleva por dentro hacia adelante.

Carne de limpidez enardecida, 16


hueso más transparente si más hondo, piel hacia el sur del fuego dirigida.

Sangre resplandeciente desde el fondo.

Cuerpo diurno, día sobrehumano, fruto del cegador acoplamiento, de una áurea madrugada del verano con el más inflamado firmamento.

Ígnea ascensión, sangrienta hacia los montes, agua sólida y ágil hacia el día, diáfano barro lleno de horizontes, coronación astral de la alegría.

Cuerpo como un solsticio de arcos plenos, bóveda plena, plenas llamaradas.

Todos los cuerpos fulgen más morenos bajo el cenit de todas tus miradas.

Cuerpo de polen férvido y dorado, flexible y rumoroso, tuyo y mío.

De la noche final me has enlutado, del amor, del cabello más sombrío.

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Ilumina el abismo donde lloro por la consumación de las espumas.

Fúndete con la sombra que atesoro hasta que en la transparencia te consumas.

León Felipe: nació el 11 de abril de 1884, Tábara y murió el 18 de septiembre de 1968. Versos y oraciones del caminante (Madrid, 1920), La insignia (1937), El hacha (Méjico, 1939) son tres de sus más importantes obras.

COMO TÚ: Así es mi vida, piedra, como tú. Como tú, piedra pequeña; como tú, piedra ligera; como tú, canto que ruedas por las calzadas y por las veredas; como tú, guijarro humilde de las carreteras; como tú, que en días de tormenta te hundes en el cieno de la tierra

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y luego centelleas bajo los cascos y bajo las ruedas; como tú, que no has servido para ser ni piedra de una lonja, ni piedra de una audiencia, ni piedra de un palacio, ni piedra de una iglesia; como tú, piedra aventurera; como tú, que tal vez estás hecha sólo para una honda, piedra pequeña y ligera...

ELEGÍA: A la memoria de Héctor Marqués, capitán de la Marina mercante española, que murió en alta mar y lo enterraron en Nueva York.

Marineros, ¿por qué le dais a la tierra lo que no es suyo y se lo quitáis al mar? ¿Por qué le habéis enterrado, marineros,

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si era un soldado del mar? Su frente encendida, un faro; ojos azules, carne de iodo y de sal. Murió allá arriba, en el puente, en su trinchera, como un soldado del mar; con la rosa de los vientos en la mano deshojando la estrella de navegar.

¿Por qué le habéis enterrado, marineros? ¡Y en una tierra sin conchas! ¡¡En la playa negra!! ... Allá, en la ribera siniestra del otro mar; ¡Nueva York! piedra, cemento y hierro en tempestad

.

Donde el ojo ciclópeo del gran faro que busca a los ahogados no puede llegar; donde se acaban las torres y los puentes; donde no se ve ya la espuma altiva de los rascacielos; en los escombros de las calles sórdidas que rompen en el último arrabal; donde se vuelve la culebra sombría de los elevados a meterse otra vez en la ciudad... Allí, la arcilla opaca de los cementerios, marineros, allí habéis enterrado al capitán.

¿Por qué le habéis enterrado, marineros, 20


por qué le habéis enterrado, si murió como el mejor capitán, y su alma

viento, espuma y cabrilleo

está ahí, entre la noche y el mar...?

SÉ TODOS LOS CUENTOS: Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre... ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos... y sé todos los cuentos.

Generación del 36 Luis Rosales: su nacimiento tuvo lugar el 31 de mayo de 1910 en Granada, mientras que su muerte tuvo lugar el 26 de abril de 1992, Madrid. Aparte de recibir el Premio Miguel de Cervantes en 1982 escribió conocidas obras como La casa encendida (1949).

CONTIGO:

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No hay noche, no hay luna, no hay sol cuando estoy contigo, tiemblo de quererte tanto, tiemblo de sentirme vivo,

tiemblo de saber que un dĂ­a la espuma se lleva al rĂ­o, y en el corazĂłn del hombre 22


se lleva al tiempo el olvido.

No hay luz, no hay jardín, no hay noche de otoño contigo, ¡quisiera que se acortara el tiempo cuando te miro!

contigo para perderme, para salvarme contigo, contigo, Abril, para siempre por los siglos de los siglos.

***

Tiemblo de verme en tus ojos sin comprender el bautismo, contigo, Abril, primavera, el nombre nace contigo,

y el ser también en el seno de tu vientre estremecido, nieve niña y madre virgen de mi tiempo y mi destino;

por ti se agrupa el rebaño por ti se doblan los trigos, por ti los álamos tiemblan 23


y el mar se levanta en vilo

como los pueblos que llevas en la mirada perdidos para siempre, como el tiempo que vuelve a nacer contigo,

contigo para salvarme, para perderme contigo como el beso que no sabe sobre qué boca ha nacido.

¡No puedo verte, no puedo verte cuando estoy contigo! ¡no sé mirarte, no sé mirarte, pero te sigo!

tuyo seré madreselva, madre viento y madre río, isla de ti solamente mi nacimiento continuo,

que estoy con dolor queriendo lo que muero y lo que vivo, lo que vivo y lo que muero de tenerlo sin vivirlo.

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***

Ya el tiempo es sólo el espejo donde te sueño lo mismo que los chopos en invierno sueñan su verdor florido.

VERTE QUE VISIÓN TAN CLARA: Verte, qué visión tan clara. Vivir es seguirte viendo. Permanecer en la viva sensación de tu recuerdo.

Verte. La distancia nace. El cielo suprime al cielo. La vida se multiplica por el número de puertos.

Todo colmado por ti. No ser más que el ojo abierto, y eternizar el más leve escorzo de tu silencio.

Verte para amarlo todo. Claustro en tranquilo destierro. Dulzor de caña lunada. Luz en órbita de sueño. 25


Mortal límite de ti. Cielo adolescente y tierno. Núbil paciencia de playa. Vivir es seguirte viendo.

¡Verte, Abril, verte tan sólo! Tranquilísimo desierto. Pena misericordiosa. Sosegado advenimiento.

Verte: qué oración tan pura, islas, nubes, mares, vientos, las cinco partes del mundo en las yemas de los dedos.

Generación del 50 Gabriel Celaya: Fecha de nacimiento: 18 de marzo de 1911, Hernani. Fecha de la muerte: 18 de abril de 1991, Madrid. España y epílogo fueron conocidos poemas de Gabriel.

MOMENTOS FELICES:

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Cuando llueve y reviso mis papeles, y acabo tirando todo al fuego: poemas incompletos, pagarés no pagados, cartas de amigos muertos, fotografías, besos guardados en un libro, renuncio al peso muerto de mi terco pasado, soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego, y así atizo las llamas, y salto la fogata,

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y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento, ¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente el pitillo en los labios, el alma disponible y les hablo a los niños o me voy con las nubes, mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando, las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos desnudos y morenos, sus ojos asombrados, y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando, salpican la alegría que así tiembla reciente, ¿no es la felicidad lo que se siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía, pero mi amada saca jamón, anchoas, queso, aceitunas, percebes, dos botellas de blanco, y yo asisto al milagro

sé que todo es fiado

,

y no quiero pensar si podremos pagarlo; y cuando sin medida bebemos y charlamos, y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos, y lo somos quizá burlando así la muerte, ¿no es la felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido con el balcón abierto. Y amanece: las aves trinan su algarabía pagana lindamente: y debo levantarme pero no me levanto; 28


y veo, boca arriba, reflejada en el techo la ondulación del mar y el iris de su nácar, y sigo allí tendido, y nada importa nada, ¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo? ¿No es la felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores y, apretando los dientes, las redondas cerezas, los higos rezumantes, las ciruelas caídas del árbol de la vida, con pecado sin duda pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio, regateo, consigo por fin una rebaja, mas terminado el juego, pago el doble y es poco, y abre la vendedora sus ojos asombrados, ¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado. Y con el día digo su trajín, su comercio, la busca del dinero, la lucha de los muertos. Y cuando así cansado, manchado, llego a casa, me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos, y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi, y la música reina, vuelvo a sentirme limpio, sencillamente limpio y pese a todo, indemne, ¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones, 29


me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice: «Estaba justamente pensando en ir a verte». Y hablamos largamente, no de mis sinsabores, pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme, sino de cómo van las cosas en Jordania, de un libro de Neruda, de su sastre, del viento, y al marcharme me siento consolado y tranquilo, ¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo; pasar por un camino que huele a madreselvas; beber con un amigo; charlar o bien callarse; sentir que el sentimiento de los otros es nuestro; mirarme en unos ojos que nos miran sin mancha, ¿no es esto ser feliz pese a la muerte? Vencido y traicionado, ver casi con cinismo que no pueden quitarme nada más y que aún vivo, ¿no es la felicidad que no se vende?

DESPEDIDA: Quizás, cuando me muera, dirán: Era un poeta. Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.

Quizás tú no recuerdes quién fui, mas en ti suenen los anónimos versos que un día puse en ciernes. 30


Quizás no quede nada de mí, ni una palabra, ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.

Pero visto o no visto, pero dicho o no dicho, yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!

Yo seguiré siguiendo, yo seguiré muriendo, seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.

Generación del 60 Jaime Gil de Biedma: Nació el 13 de noviembre de 1929 en Nava de la Asunción. Murió en 1990. Una de sus obras más importante es Poemas póstumos (1968).

AMOR MÁS PODEROSO QUE LA VIDA La misma calidad que el sol de tu país, saliendo entre las nubes: alegre y delicado matiz en unas hojas, fulgor de un cristal, modulación del apagado brillo de la lluvia.

La misma calidad que tu ciudad, tu ciudad de cristal innumerable 31


idéntica y distinta, cambiada por el tiempo: calles que desconozco y plaza antigua de pájaros poblada, la plaza en que una noche nos besamos.

La misma calidad que tu expresión, al cabo de los años, esta noche al mirarme: la misma calidad que tu expresión y la expresión herida de tus labios.

Amor que tiene calidad de vida, amor sin exigencias de futuro, presente del pasado, amor más poderoso que la vida: perdido y encontrado. Encontrado, perdido...

DÍAS DE PAGSANJÁN Como los sueños, más allá de la idea del tiempo, hechos sueños de sueño os llevo, días de Pagsanján.

En el calor, tras la espesura, vuelve el río a latir moteado, como un reptil. 32


Y en la atmósfera oscura

bajo los árboles en flor, —relucientes, mojados, cuando a la noche nos bañábamos— los cuerpos de los dos.

Desde 1970 hasta la actualidad Félix de Azúa: Nació en Barcelona en 1944. Obras más destacadas: Cepo para nutria (1968), El velo en el rostro de Agamenón (1870), Edgar en Stephane (1971), Lengua de cal (1972), Pasar y siete canciones (1978) y Siete poemas de la farra (1983).

AHORA ES MI TURNO, CUANDO CIERRO LOS OJOS Ahora es mi turno, cuando cierro los ojos y me olvido de ti, de tu salvaje higuera y tus higos salvajes, cuando tu carne, como un libro de cuentos, resplandece en la noche a la luz de un hogar mediterráneo; y me dejo cegar por el brillo solar de la memoria mientras mi cuerpo entero se quema en un chispazo.

Ahora infantiles yemas te descubren, y entre las llamas muertas rescato el viejo yugo, los utensilios viejos y las viejas guirnaldas del buey, de la cebada y de la Pascua de Resurrección. Es mi turno, no el tuyo. Te levanto en mis palmas como se exponen los recién nacidos a las nubes plomizas, irritadas

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como vacas repletas que atronan el establo los campos secos, el pozo, la uva amarga.

Pero tú, hecha una niña, también tientas las ubres, y arqueada jadeas entre brasas; es mi turno y tú danzas resonando perpleja y sonriente, átomo, brizna, astilla de una combustión que no puedo pensar sin sentirme infinito.

Tus yemas y tu sonrisa atónita me invitan al incendio… pero me venden luego por la espalda como cosa fútil, como ese azar minúsculo, gratuito que te alcanza las nubes y se empeña en durar.

Y mientras tú contratas con terribles clientes a los que yo sólo conozco por el nombre, y cuyas sombras, mantos, miradas esquinadas, me hacen alzar la sábana aterrado; hundido al fin, hundido, olvidado por fin, perdido y solo, cobijado en mí mismo, puedo gritar, gritar hasta romper el techo y por la grieta ver la esplendorosa faz sin ojos y sin boca que me agarra del cuello y me disuelve en risas, fuego de azufre, espanto y aroma de castaños.

GABINETE DEL MAGO Mientras de mi clepsidra se destila 34


un nuevo no man’s land la piel se resquebraja pierde su liso color pálido Anglada Camarasa cuando a través de la laguna de cigüeñas los picos de metal deshacen tristes fríos peces fríos peces.

Nueva ausencia sin fondo y por detrás del aire donde esos pájaros espían.

Belén Reyes: nacida en el barrio de Lavapiés el 22 de octubre de 1964. Entre sus poemas cabe destacar Gloria Fuertes que estás en los cielos y La poesía es un arma cargada de mercurio. SIN TÍTULO Sucede que mi boca es una herida Los ojos de las monjas son medallas. Mirando al mar de espaldas a la vida. La espuma es una novia destrozada.

Sucede que es muy tarde para todo Los niños saben cosas y se callan Mirar el mar sin ti, me da tristeza. Soy la costra de un sueño, si me levanto sangro.

Sucede que me duele aquí, en la tinta. La radio tiene manos y te abraza.

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Tengo que irme ya, me necesito. Copular con la luz de sombras me embaraza.

Ana Rossetti: Italoespañola de origen, nació en San Fernando (Cádiz) el 15 de mayo de 1950. Entre su poesía cabe destacar Where is my man y Nocturno.

LA BUHARDILLA DE THOMAS A Thomas Chatterton (1752-1770)

Y tan pronto amanece, cada vez más intensa, la roja cabellera mana sobre su rostro.

(Encantadora curva la del cuello que emerge del entreabierto escote).

La arrugada blancura de la amplia camisa muestra el brazo que pende hasta el entarimado donde, pálidamente, se fruncen, rotos, todos los poemas.

(La usada tela, tan lisa como el hombro que descubre, dulce resbala).

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Excepto los papeles por el suelo esparcidos está la habitación en riguroso orden: incluso se acostó sin deshacer la cama.

(Parece muy cansado, tan minuciosamente, con tanta saña y con tanta pena desgarró cada línea de escritura...)

Ya desde el tragaluz desciende el ámbar. Se afilan y se encrespan los contornos y el color justo adquieren.

Y al fin sabe que, salvo la boca tan horrorosamente contraída, que salvo el tinte azul de sus mejillas ralas, el muchacho es hermoso.

NIGHTINGALE

«Cada palabra es una herida mortal. Debo tener cuidado». Jorge Díaz

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Noche, palabra mía henchida de sucesos La aflicción, el vacío, la muerte, la tiniebla avivan en tus sílabas sus temores y ansias. Extenuado nombre, fatigada corola, para caer de ti como cansino pétalo, o hundirse en tus confines, abiertos, afilados, beso ardiente, última sensación, locura extrema. Noche, noche, amor mío, ¿es que acaso me atreveré a saltar traspasada de ti hasta la muerte? Lengua: nupcial espada. Apenas te mencione, convocadas estrellas insistirán solícitas mostrando el desvarío de tus ojos vibrátiles. 38


Oh noche, qué incitante, qué turbadora eres; madre devoradora, acercas tu regazo, y cómo quiero huir, cómo desertar quiero de tus lágrimas ávidas, cómo intento esconderme de tus manos, oh noche, mi tristeza. Y quizás seas la única, la palabra final que todo amor explique. Y el estremecimiento. Y el magnífico instante que ni aún la memoria más fiel y enamorada consiente en repetir. Noche, tristeza mía, todavía es posible que te llame, y me abreve en el láudano amargo que destilan tus letras. Que a tu herida entregue y a tu abismo, mi tristeza, mi noche, todavía es posible. Oh noche mía, acaso... acaso te amaría.

A James Forestal, que se arrojó al vacío antes de terminar de escribir la palabra ruiseñor, es decir, NIGHTingale.

Poesía hispanoamericana Pablo Neruda: Nació el 12 de julio de 1904 en Parral (Chile) y murió el 23 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile (Chile). Obras más importantes y conocidas del autor: Crepusculario (1923), Residencia en la tierra (1933),

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Canto general (1950) y Confieso que he vivido (1973).

EL BARCO

Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo por quĂŠ, por quĂŠ no nos dejan sentarnos y comer? Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal, francamente no se trata de molestar a nadie, es tan sencillo: somos pasajeros.

Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros: pasa el mar, se despide la rosa, pasa la tierra por la sombra y por la luz, y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros.

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Entonces, qué les pasa? Por qué andan tan furiosos? A quién andan buscando con revólver?

Nosotros no sabíamos que todo lo tenían ocupado, las copas, los asientos, las camas, los espejos, el mar, el vino, el cielo.

Ahora resulta que no tenemos mesa. No puede ser, pensamos. No pueden convencernos. Estaba oscuro cuando llenamos al barco.

Estábamos desnudos. Todos llegábamos del mismo sitio. Todos veníamos de mujer y de hombre. Todos tuvimos hambre y pronto dientes. A todos nos crecieron las manos y los ojos para trabajar y desear lo que existe.

Y ahora nos salen con que no podemos, que no hay sitio en el barco, no quieren saludarnos, 41


no quieren jugar con nosotros.

Por qué tantas ventajas para ustedes? Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido?

Aquí no están contentos, así no andan las cosas.

No me gusta en el viaje hallar, en los rincones, la tristeza, los ojos sin amor y la boca con hambre.

No hay ropa para este creciente otoño y menos, menos, menos para el próximo invierno. Y sin zapatos cómo vamos a dar la vuelta al mundo, a tanta piedra en los caminos? Sin mesa dónde vamos a comer, dónde nos sentaremos si no tenemos silla? Si es una broma triste, decídanse, señores, a terminarla pronto, a hablar en serio ahora.

Después el mar es duro.

Y llueve sangre.

EL AMARILLO DE LOS BOSQUES 42


El amarillo de los bosques es el mismo del año ayer?

Y se repite el vuelo negro de la tenaz ave marina?

Y donde termina el espacio se llama muerte o infinito?

Qué pesan más en la cintura, los dolores o los recuerdos?

TAL VEZ NO ES SER SIN QUE TÚ SEAS: Tal vez no ser es ser sin que tú seas, sin que vayas cortando el mediodía como una flor azul, sin que camines más tarde por la niebla y los ladrillos,

sin esa luz que llevas en la mano que tal vez otros no verán dorada, que tal vez nadie supo que crecía como el origen rojo de la rosa,

sin que seas, en fin, sin que vinieras brusca, incitante, a conocer mi vida, ráfaga de rosal, trigo del viento,

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y desde entonces soy porque tú eres, y desde entonces eres, soy y somos, y por amor seré, serás, seremos.

Octavio Paz: nació el 31 de marzo de 1914 en la Ciudad de México. Su muerte tuvo lugar el 19 de abril de 1998 en la Ciudad de México. PazLuna silvestre (1933), ¡No pasarán! (1936) y Raíz del hombre (1937) son tres de sus obras más conocidas.

PRIMAVERA A LA VISTA Pulida claridad de piedra diáfana, lisa frente de estatua sin memoria: cielo de invierno, espacio reflejado en otro más profundo y más vacío.

El mar respira apenas, brilla apenas. Se ha parado la luz entre los árboles, ejército dormido. Los despierta el viento con banderas de follajes.

Nace del mar, asalta la colina, oleaje sin cuerpo que revienta contra los eucaliptos amarillos y se derrama en ecos por el llano.

El día abre los ojos y penetra en una primavera anticipada.

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Todo lo que mis manos tocan, vuela. Está lleno de pájaros el mundo.

ELEGÍA INTERRUMPIDA Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al primer muerto nunca lo olvidamos, aunque muera de rayo, tan aprisa que no alcance la cama ni los óleos. Oigo el bastón que duda en un peldaño, el cuerpo que se afianza en un suspiro, la puerta que se abre, el muerto que entra. De una puerta a morir hay poco espacio y apenas queda tiempo de sentarse, alzar la cara, ver la hora y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. La que murió noche tras noche y era una larga despedida, un tren que nunca parte, su agonía. Codicia de la boca al hilo de un suspiro suspendida, ojos que no se cierran y hacen señas y vagan de la lámpara a mis ojos, fija mirada que se abraza a otra, ajena, que se asfixia en el abrazo y al fin se escapa y ve desde la orilla 45


cómo se hunde y pierde cuerpo el alma y no encuentra unos ojos a que asirse... ¿Y me invitó a morir esa mirada? Quizá morimos sólo porque nadie quiere morirse con nosotros, nadie quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al que se fue por unas horas y nadie sabe en qué silencio entró. De sobremesa, cada noche, la pausa sin color que da al vacío o la frase sin fin que cuelga a medias del hilo de la araña del silencio abren un corredor para el que vuelve: suenan sus pasos, sube, se detiene... Y alguien entre nosotros se levanta y cierra bien la puerta. Pero él, allá del otro lado, insiste. Acecha en cada hueco, en los repliegues, vaga entre los bostezos, las afueras. Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Rostros perdidos en mi frente, rostros sin ojos, ojos fijos, vaciados, ¿busco en ellos acaso mi secreto, 46


el dios de sangre que mi sangre mueve, el dios de yelo, el dios que me devora? Su silencio es espejo de mi vida, en mi vida su muerte se prolonga: soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. El pensamiento disipado, el acto disipado, los nombres esparcidos (lagunas, zonas nulas, hoyos que escarba terca la memoria), la dispersión de los encuentros, el yo, su guiño abstracto, compartido siempre por otro (el mismo) yo, las iras, el deseo y sus máscaras, la víbora enterrada, las lentas erosiones, la espera, el miedo, el acto y su reverso: en mí se obstinan, piden comer el pan, la fruta, el cuerpo, beber el agua que les fue negada.

Pero no hay agua ya, todo está seco, no sabe el pan, la fruta amarga, amor domesticado, masticado, en jaulas de barrotes invisibles mono onanista y perra amaestrada, lo que devoras te devora, 47


tu víctima también es tu verdugo. Montón de días muertos, arrugados periódicos, y noches descorchadas y en el amanecer de párpados hinchados el gesto con que deshacemos el nudo corredizo, la corbata, y ya apagan las luces en la calle ¿saluda al sol, araña, no seas rencorosa? y más muertos que vivos entramos en la cama.

Es un desierto circular el mundo, el cielo está cerrado y el infierno vacío.

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Bibliografía: http://www.poemas-del-alma.com http://www.poesi.as http://www.alvaro.net/poemas/poeta/felix-de-azua/ http://www.los-poetas.com http://commons.wikimedia.org http://www.wikipedia.org/

Daniel Paniagua 4ºA

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Antología de poemas *corregida*