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mediciones sobre el riesgo de la automatización también brindan valores elevados para los países en desarrollo, siempre por encima de los dos dígitos de riesgo de pérdida de empleo (resultados en esta línea se desprenden de nuestra propia medición publicada en Algoritmolandia). ¿Cómo impactarán en la región estos cambios tecnológicos exponenciales? Según China Daily, China avanza en el laboratorio de clonación más grande del mundo, en la ciudad de Tianjin, donde se prevé producir un millón de cabezas de ganado por año. La visión de una China especializada en productos intensivos, en mano de obra barata y compradora de alimentos resulta ingenua. Quizás en breve sea posible comprar en las góndolas del supermercado hamburguesas fabricadas en laboratorios sobre la base de procedimientos genéticos y biotecnológicos. Empresas como Memphis Meats, Mosa Meat y Modern Meadow compiten en Sillicon Valley por ser pioneras en abaratar y popularizar la carne artificial. Tenemos que estar atentos: sólo el Mercosur exporta al año 9 mil millones de dólares en carne bovina. Las estimaciones muestran que un incremento de 10% en la inversión en Inves-

tigación y Desarrollo (I+D) se traduce en un alza de casi 2% en la productividad total de los factores y China planea subir de 2% del PIB a 3% (un incremento de 50%) su inversión en I+D para 2020. América Latina precisa con urgencia mantenerse en línea con el ritmo de la innovación mundial; establecer los intercambios de tecnología y la transferencia de conocimiento que le permitan evitar la desglobalización tecnológica, al mismo tiempo que analizar con una visión prospectiva el impacto de las nuevas tecnologías en su estructura productiva y su comercio. Una cooperación que cierre la brecha tecnológica entre China y América Latina se puede lograr mediante acuerdos mutuamente beneficiosos. Al mismo tiempo, el riesgo de desglobalización tecnológica se suma a otras fuerzas que apuntan en igual dirección, como las guerras de monedas o la concentración oligopólica de técnicas productivas. La fase de complementariedad automática y fácil (2000-2008) y el impasse que siguió a la poscrisis (2009-2014) deben encontrar, en una convergencia inteligente, una etapa superadora. Los tiempos de la adaptación pasiva terminaron y urge un cambio de estrategia que venga de la mano de inicia-

tivas pujantes. La asociación que antes fue natural debe buscarse ahora de la mano de políticas públicas de integración activas. Este nuevo período (20142018) posee características muy distintas a los anteriores y requiere, por lo tanto, un enfoque diferente. Volatilidad macroeconómica y financiera, bajos precios de productos primarios y menores tasas de crecimiento son sólo algunas de las causas que debilitan la conexión meramente comercial entre China y América Latina y el Caribe. La modalidad de acuerdos comerciales “hechos a medida” firmados por China – tal la experiencia de Costa Rica, Perú y Chile– son antecedentes imprescindibles de toda perspectiva regional. Una receta para amortiguar las corrientes adversas puede tener múltiples ingredientes: diversificar exportaciones, ganar inserción en las cadenas globales de valor, fomentar las Pyms, reducir fricciones comerciales, capacitar a los funcionarios públicos, avanzar en la transparencia de las regulaciones, elevar los incentivos para la competencia local y la cooperación externa, ampliar la escala de las políticas de transferencia, mejorar los estándares ambientales, promover la seguridad alimentaria, la inclusión social, la inversión en innovación y tecnología y crear empleos de calidad. Una pregunta fundamental es cómo profundizar las sinergias entre la región y el gigante asiático en minería, energía y alimentos, entre otros rubros con evidentes intereses en común, pero superando la mera primarización e incluyendo valor agregado al intercambio. La era del viento favorable de Oriente y la navegación fácil han terminado. Es momento de trazar un rumbo creativo, calibrar con lucidez una estrategia de integración que nos permita sortear las dificultades que presenta el mar revuelto de la globalización en el siglo XXI. Retornando a Confucio, ocuparse más para preocuparse menos. Las oportunidades entre China y América Latina siguen estando ahí. Nota: Este artículo escrito por el autor para Dang Dai resume y actualiza conceptos expresados en el prólogo a Made in Chi-Lat, el informe del BID/INTAL dedicado al futuro de la cooperación entre China y América Latina y el Caribe y de cuya tapa se toma parte de la imagen que lo ilustra.

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DangDai 23: China en el G-20  

Edición nº23 (Primavera 2018) de la primera revista de intercambio cultural entre Argentina y China

DangDai 23: China en el G-20  

Edición nº23 (Primavera 2018) de la primera revista de intercambio cultural entre Argentina y China

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