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Crónica del Bochinche Fiestero en Hualañé

Francisco, mi pololo, trabaja en el programa Servicio País de la Fundación para la Superación de la Pobreza desde marzo de este año. Lo mandaron a Hualañé, una localidad de la VII región que de nombre bastante nos costó aprender a recordar. Desde entonces su círculo de amigos ha aumentado poco a poco, incorporando una serie de personajes que transformaron nuestro fin de semana de Fiestas Patrias en una colorida serie de eventos celebrativos.


Cuecas, Restaurant Ally (17 de Septiembre)

Paleta de Color

Pura Choreza #CB821B

Layout Web En mayo un nuevo compañero de trabajo llegó a Hualañé. Francisco temía que por ser Ingeniero Comercial fuera muy “cuadrado”, hasta que supo que Pancho (que así también se llama el compañero) era un cuequero choro de tomo y lomo. Entre los amigos que hasta entonces ya había hecho Francisco se encontraba Alejandro Carrasco, el flamante nuevo delegado cultural de la Municipalidad de Hualañé. Alejandro es lo más embalado que existe, “prende con agua”, como dicen. Entonces, “los Panchos”, Alejandro y un cuarto integrante armaron un grupo de cuecas choras, bautizado “Los Tintolios del Mataquito”. En esta imagen, Alejandro canta una cueca a todo pulmón.

Nuestra celebración comenzó el miércoles 17 en el restaurant Ally de Hualañé, ubicado en una de las dos calles principales del pueblo. Los “Tintolios” se presentaron sin necesidad de amplificación frente a un público reducido, pero entusiasta. Entre cueca y cueca mascaban completos y tragaban vino. Interesante fue lo que le pasó al Negro (mi pololo) con la cueca. A él no le gustaba, porque “no se podía bailar apretadito”. Entonces llegó Pancho con su cueca chora, y le mostró al Negro de qué se trataba realmente el cuento. Le pasó un pandero y le enseñó la técnica. El Negro se levanta todos los días pandero en mano, y con Pancho se pasean por la casa cantando cuecas a todo chancho, en la mañana, después de almuerzo y en la noche.

Marcelo, en la foto, es otro de los amigos del Negro en Hualañé. Su negocio de frutos secos se quemó completamente hace pocos meses. Diana, la dueña del restaurant, es separada hace menos de un año, y con sólo 26 años administra su exitoso negocio. Yo cada vez que voy me como un burrito de pollo en el Ally (y esta noche no fue la excepción). Si bien había poca gente, la intensidad del bochinche era alta. Entre los cuequeros, los aplausos y las palmas, los pocos que éramos creábamos la fiesta. A la gente le gusta escuchar música en vivo, y más aún cuando es tan cercana que cualquiera se puede unir y guitarrear o cantar. No hay amplificación, no hay un programa, y todos contribuimos a hacer la música.

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Desfile, Plaza de Hualañé (18 de Septiembre)

Paleta de Color

Pura Chochera #755250

Pieza Gráfica

El desfile del 18 en Hualañé atrae más gente de la que generalmente hay en el pueblo. Los ánimos están altos porque comienza el fin de semana, y el olor a caballo se respira en el aire. No había visto tanta gente vestida de huasos y chinas en harto tiempo, y eso que aquí la gente se viste así cualquier día del año y es normal. El ruido de las herraduras golpeando el pavimento, combinado con los relinchos y las voces de la gente creaban un ambiente festivo del que era imposible escapar. Me paré al costado del desfile para obtener buenas fotos, y de pronto no vi nada más que patas de caballo. Un jinete de poncho y sombrero me pidió que me alejara porque su caballo se ponía nervioso. Era eso o pararse detrás de la densa pared de espectadores y mirones.

La chochera también se respira. Gente con cámaras de fotos o de video, agitando brazos en el aire para llamar la atención de los que desfilan. A medida que avanzaban la cosa se desordenaba cada vez más. Cuando pasó la educación parvularia la gente perdió toda la compostura. Las tías del jardín trataban de arrear a los niñitos como si fueran ovejitas. Se escuchaban los nombres de los desfilantes vociferados por sus progenitores, y los pasitos firmes de algunos que creían que marchar se debe como los militares: rodilla al pecho! Fue la parte más entretenida del desfile. La gente adulta se ve muy seria desfilando, mientras que los niños van como jugando, bien desordenados, uniformados pero independientes y moviéndose como una masa orgánica, llena de vida.

La conversación más tarde llevó a exponer visiones dispares respecto al desfile. Los niños desfilando no entienden muy bien el propósito de la actividad, más allá de la chochera de sus padres. Una profesora decía que a los niños se les debe inculcar el orgullo patrio, y su participación solemne en las actividades cívicas es parte de su formación como ciudadanos chilenos. Alejandro dijo que a él no le gustaba desfilar porque incluso a su corta edad estaba muy consciente de sus rasgos más distintivos (léase su nariz). Entonces me acordé de una niñita que desfilaba en la primera fila con un jumper más largo que sus compañeritas, y con las calcetas bien encumbradas, arriba de la rodilla. ¿Qué habrá estado pensando esa mamá digo yo?

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Almuerzo, Casa de Alejandro (18 de Septiembre)

Paleta de Color

Puro Cahuín #3C9054

Pieza Gráfica

Para el almuerzo nos invitaron a la casa de Alejandro. Él estuvo ausente durante largo rato porque sus obligaciones como delegado cultural le exigían aparecer en todos y cada uno de los eventos municipales (la noche anterior había estado en todas las inauguraciones de ramadas de la comuna).

El almuerzo consistía en carne y ensaladas. La mesa puesta se veía fresca, llena de copas cristalinas y ensaladas verdes. El chagual, una planta cuyas hojas nuevas son comestibles, me recordó otro almuerzo en familia, también en una casa a donde yo era invitada. Y las aceitunas, que daban el toque decorativo, son mis favoritas.

En una esquina de la mesa estaba sentada la abuela, de unos 90 y tantos años. Ella es la matriarca, la que reúne.

Alejandro tiene muchas tías. Durante el almuerzo todas conversaban, muchas voces femeninas al mismo tiempo, mezcladas con las de los pocos machos presentes. Yo vengo de una familia en la que se habla poco, y sólo en contadas ocasiones nos sentábamos a la mesa o compartíamos con grandes grupos familiares.

Durante la comida se escuchaba la conversación mezclada con el sonido de los tenedores y cuchillos golpeando los platos, aunque aparte de estos sonidos suaves el barullo del desfile ya se había disuelto hace mucho. Quizás algún caballo relinchaba en la distancia.

En un momento la abuela se paró y caminó derecho a la cocina. La mamá de Alejandro salió detrás de ella. La abuela se había ahogado con un pedazo de carne. No pude oír más que eso y el almuerzo continuó.

Siempre me llaman la atención los temas de conversación de las familias que acostumbran a comer juntas. Y ésta nos acogió como si fuéramos parte de ella.

Con Francisco estábamos lejos, él a un lado de la mesa y yo al otro, por lo que me mantuve en silencio y simplemente escuché lo que se conversaba.

Pero la abuela era de esas abuelas con mañas. No comió nada, y las hermanas estuvieron pendientes de ella durante todo el almuerzo.

Me pareció interesante cómo la abuela, sin participar activamente, lograba crear ambiente a su alrededor. Ella era el centro, la fuente desde donde fluían las voces, la creadora de la familia y la razón por la que estábamos todos reunidos en ese lugar.

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Once, Valle de los Pitíos (18 de Septiembre)

Paleta de Color

Pura Paz #000000

Layout Web Al atardecer subimos al Valle de los Pitíos. Hay que pasar por el costado del cementerio y andar por un camino de tierra hasta llegar a la casa de Marcelo. Él acaba de instalar un canopy, y el tema de conversación esa noche giraba en torno a la nueva atracción.

Marcelo y Daniela viven en una casa pequeña, dentro de un inmenso campo. Les gustaría hacer un circuito turístico de aventura para aprovechar la amplia naturaleza que rodea la casa. El canopy es el primer paso.

Dos amigas de Daniela estaban de visita en la casa ese día. Jazmín, embarazada de siete meses, y su hija Sara llenaban el espacio con su conversación. Sari y sus monólogos concentraban la atención de los presentes, especialmente porque había sido la estrella durante la tarde: su mamá embarazada la tomó en brazos y la familia completa se lanzó en un único arnés.

Nos invitaron a pasar a la casa, para tomar once, y en el pequeño living toda la iluminación provenía de las velas. Las paredes de cemento crudo contrarrestaban el calor del fuego , y de las vigas a la vista colgaban diversos objetos.

Cada vez que estoy en un lugar así, pienso que nos hemos vuelto demasiado cómodos. Pienso que la vida es naturalmente más tranquila, y siento que el tiempo se dilata perceptiblemente.

Sobre la mesa apenas se distinguían los objetos. Había miel, mantequilla, y tortilla de rescoldo partida. El té se sirvió en vasos plásticos. Yo unté un pedazo de tortilla con mantequilla y lo perdí sobre la mesa. Cuando lo recuperé y lo mordí me di cuenta de que no era mi pan.

Ese día estuvimos más de tres horas donde Marcelo. No vimos salir la luna sobre el cerro porque se tardó demasiado, pero apenas decidimos alejarnos el tiempo volvió a la normalidad. Salió la luna y al dar la vuelta en el cementerio nos llegó clarito el bochinche de la ramada. Pura cumbia.

Otro de los presentes hablaba de lo relajado que se sentía después del golpe adrenalínico que había significado para él volar sobre el bosque suspendido de un cable.

La conversación era calmada. No había ruido porque estábamos lejos del pueblo, y los zumbidos típicos de las casas estaban ausentes. Era como cuando se corta la luz, pero perpetuo. Una tranquilidad que proviene de la conciencia de no tener nada más que hacer que respirar y disfrutar la paz.

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Paseo Campestre, Rinconada (19 de Septiembre)

Paleta de Color

Pura Tradición #C21C28

Layout Web El viernes 19 todo Hualañé se movió hacia la localidad de Rinconada, en donde se realiza un paseo campestre. La oferta de comida consiste en anticuchos, empanadas, y diversos platos típicos del campo chileno. Al llegar al lugar había un concurso de cuecas, donde se ganaba por aplausos. Cuando nos dio sed nos dirigimos al bar. Por todos lados había gente, niños, familias enteras relajándose y compartiendo con otras familias. El bochinche era considerable, entre la banda que tocaba cuecas, el animador, la gente, los niños y los animales. La oferta del bar era como la oferta gastronómica. Acotada. Vino, cerveza o Coca-Cola. Interesante cómo el reconocido logo aparece aunque uno no lo quiera, recordándonos que nuestra identidad nacional es mestiza.

La actividad se centraba en la ramada principal y la arena donde se desarrollaban los juegos para niños. En la periferia del recinto se agrupaban familias, tendidas en mantones a manera de picnic. Fuimos a hablar con un caballero campeón de cuecas. Nos habló de que la cueca ahora estaba más reglamentada, de que así no era la cueca de campo, y de que él y su señora la bailaban “valseada”. Su nieto, cultor de la cueca en Santiago igual que Pancho, había desfilado temprano sobre la yegua “Princesa”, que además estaba preñada. La Princesa se asustó cuando me acerqué. Aquí, más alejados del centro del evento, el bochinche era menos. Se oían sin embargo las conversaciones de los huasos, los autos que iban y venían, algunos incluso llevando a los caballos de vuelta a sus potreros.

A la entrada había un letrero: Estacionar. Más allá se podía ver desde motos y camionetas con acoplados, hasta caballos bien ensillados. Cualquier medio de transporte vale para llegar hasta Rinconada. Y las micros (que normalmente hacen el viaje a Curicó), cobran $500. Durante toda la tarde hubo movimiento en el camino. Gente que llegaba y otros que se iban, los motores agudos de las motos y los relinchos de los caballos se mezclaban con los ruidos de la gente. En la noche, desde el Valle de los Pitíos, vimos un desfile de luces volviendo desde Rinconada. La polvareda semejaba una nube sobre el camino. Seguro no hay otra época del año en que el camino a Rinconada sea tan recorrido, y que en el Valle de los Pitíos haya tanto rumor de tráfico automovilístico.

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Almuerzo, Casa de Francisco (20 de Septiembre)

Paleta de Color

Puro Comer! #DB7422

Pieza Gráfica

El sábado en la casa todos se levantaron tarde. Cuando bajé al baño no había nadie: habían salido a comprar.

Para cuando estuvo todo listo estábamos satisfechos de sopaipas con pebre y choripán en hallulla (no había otro pan).

En la cocina se preparaba arroz desde temprano. Los comensales éramos Pancho y su polola Diamela, yo, el Negro, la Eva, su pololo Raimi, Mario y el Balta. Para tan poca gente, trajeron demasiada comida. Y encima al Mario se le ocurrió hacer sopaipillas.

Las papas estaban buenísimas, y justo cuando empezábamos a comer llegó la Carla, en representación de Alejandro Carrasco que había tenido que ir, una vez más, a ejercer sus funciones de delegado de cultura.

El Balta hizo el pebre en una fuente gigantesca, y mientras tanto afuera se cocinaban las carnes. Desde la cocina se oían órdenes, y todos se reían medio en broma, medio en serio, de que Pancho (como buen Ingeniero Comercial) se había auto denominado supervisor y acto seguido se había sentado en la mesa a leer el diario.

La conversación se enfocó en diversos temas, siempre a un volumen normal. Risas, ruidos de plato y cuchillo, que pásame la mostaza o quédan más papas y por favor coman arroz que la fuente todavía está llena. Si hay papas mayo y arroz, ¿por qué todos prefieren las papas mayo? A las seis de la tarde me paré a lavar la loza, ya que no había ayudado a preparar comida.

Entonces agarraron panderos, guitarra, tañador y platillos y se lanzaron con las cuecas. Había un instrumento para cada uno y si no había, se hacían palmas. El improvisado conjunto de cuecas se oía desde seis casas a la redonda. La cueca chora se canta no fuerte, sino que juerte, así con la bocota abierta y la garganta raspando:

Por favor carabinero/ Por qué me toman del brazo, lárgueme la manga/ O es que usted nunca le ha puesto/ entre pecho y espinazo, lárgueme la manga. Yo vengo de un casorio/ recontra güeno y le dimos al tinto/ como chileno, lárgueme la manga. Como chileno si/ vengo enfiestao y usted dale que dale/ que estoy curao Y total si es por eso/ las huinchas me llevan preso...

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Observación de Ambientes