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Es mejor, para Dios y para la humanidad, desacelerar cualquier necesario cambio con tal de menguar el precio de una catastrófica reacción social. Un mercado se amplía integrando economías equiparadas, diversificando los productores para cada producto, y aumentando el poder adquisitivo de sus ciudadanos con sujeción a la productividad. Lo mejor de uno sucede cuando se acepta humilde y constructivamente que hay mejores que uno. Pueblos que se enorgullecen de las agresiones de sus gobiernos se condenan a padecer terriblemente sus derrotas, o a cargar con el peso de una larga condena histórica. El que más pierde es quien falla en credibilidad. El ahorro de dinero y de divisas permite a un gobierno intervenir en el mercado sin violentar sus leyes y procesos. Muchas veces es mejor usar todos los recursos para amortizar una caída desde cuyo fondo podamos impulsarnos de nuevo, que tratar de mantenernos a flote en derroche de esfuerzos y sacrificios. Para reencauzarnos bien lo mejor es recomenzar. El mejor negocio está en todo aquello donde ganan de alguna manera todos. No puedes, como solución, regresarte al pasado que en su derroche de bonanza ocasionó los problemas actuales. Quien siempre trata de ganar sólo recortando costos y gastos es generalmente un perdedor. En el mercado debe haber mejores y no únicos. Una integración comercial que aún no posea moneda única debe exigir unas políticas económicas equilibradas y armónicas entre los países socios que eviten las alteraciones monetarias unilaterales. La emisión de dinero, los márgenes deficitarios, los niveles prestatarios, y otras variables, deben tener cierta garantía constitucional de no sobrepasar determinados topes. Es peor maldad cuando haces que otros la hagan para evitarte la culpa. Sólo habrás invertido el eje de la injusticia si por combatirla otorgas injustos privilegios a quienes la padecen. Una buena democracia protege al individuo hasta de las tiranías mayoritarias. El mejor plan ha de ser opcional que convenza, y no imposicional que venza, so pena de convertirse en el peor. Sacar ventaja de las derrotas es estrategia de triunfadores. La estabilidad puede ser una desventaja si no se exige correspondencia a sus socios que pueden acudir a alteraciones arbitrarias o a juegos sucios. No se está haciendo patria cuando se exige a sus individuos criterios patrióticos para todas sus decisiones. Es mucho mejor hacer que cada uno decida por sí, que obligarlos a que escojan lo mejor. La confianza en un buen sistema económico depende más de la propia confianza que le otorguen quienes se la exigen.


Antes de juzgar considera primero en cuánto has contribuido a mejorar la labor de quien juzgas. El mayor triunfo es agotar todas las formas pacíficas de arreglar un conflicto, de tal manera que si no dan resultados, al menos se habrá logrado el apoyo de todas las partes de buena voluntad. La verdadera ganancia se mide respecto al capital total invertido y no con el adscrito en la venta. Peor que el peor de los gobiernos es la ingobernabilidad. La peor perdida puede suceder cuando dejas de ganar más, y la mejor ganancia puede ocurrir cuando lograr perder lo menos. Una comunidad económica es plena cuando permite la movilidad de capitales, de productos, y sobre todo de mano de obra, de lo contrario sólo será factible la funcionalidad con una libertad exclusiva de capitales y no de productos. Un estado puede tener empresas de servicio público pero nunca en su carácter monopólico.


Nuestro apoteósico triunfo no es más que una virtual derrota cuando heredamos un desierto. Se disfruta más y mejor de las gentes y de las cosas si no dependemos tanto de ellas. No es tan justo aquél que hace justicia sólo al que la reclama. No hay tal sacrificio si haces las cosas con gusto. Hay sueños de riqueza que empobrecen. Mejor que la verdad que decimos es la que nos dicen. Sin una identidad fuerte la voluntad se diluye o se desborda. El exclusivismo, la negligencia, y la indiferencia, son los grandes pecados de las personas buenas. Es incultura cuando alguien se siente exclusiva y discriminantemente culto. La moderación, el ayuno, y la abstinencia temporal, nos mantienen vivo el apetito por las cosas buenas. Si te aseguras contra la escasez futura disfrutarás mejor tu abundancia presente. Muchas veces lo que más nos conviene es lo que menos deseamos A todos conviene conocer la verdad, pero no a todos conviene que todos la conozcan. La amistad tiene un precio que es lo que estás dispuesto a prestar para que no se te devuelva. El mejor uso de la sabiduría ha de ser para la bondad. Toda abundancia en dependencia unilateral de otros resulta propensa al chantaje. Un pueblo que olvida el pasado es un pueblo sin alma, y un pueblo que vive sólo sujeto al pasado es un pueblo con un alma decrépita y vetusta. Nuestro orgullo se convierte en asesino cuando se pudo evitar un nefasto conflicto con tan sólo haber callado o volteado la espalda. El azar y las mezclas entre diferentes generan gran parte de lo nuevo y de lo mejor. Lucha con todas tus fuerzas contra el mal, pero jamás lo desafíes ni ofendas su orgullo porque entonces le añadirás poder.


Pretender ser lo que no eres puede restarte mérito y atractivo en lo que realmente eres. Cuando el amor genera posesión sobre lo amado se niega a sí mismo. La singularización de las partes enriquece el todo. Patria no es la que me obliga a defenderla con exclusividad sino la que me defiende y respeta mi libertad, incluyendo la posibilidad de amar a otras patrias. Crear exigencias excesivas que ni Dios mismo ha ordenado, terminarán por alejarte de él. Quien tiene poco no arriesga mucho. Aquel que siempre interese quedar bien, no siempre es tan bueno. Lo inesperado sólo se consigue cuando vamos tras imposibles. Dos coincidencias pueden condenar un inocente Las verdades entremezcladas con las mentiras generan las realidades más fascinantes que ni la verdad ni la mentira por sí pudieran lograr. Sólo sabemos si una cosa esta dispuesta para hoy o para mañana si lo intentamos hoy. Cuidaros más de quien te defiende de tu enemigo con odio y crueldad. Los hay que de tanta maldad se hacen estúpidos o de tanta estupidez se hacen malos. Si cuidas bien en la infancia la vida será tanto como una gloria. Trata siempre de ser lo mejor en lo que tú eres bueno. No es lo mismo mejorar nuestras vidas por temor que por amor, porque con lo último no habrá retrocesos ni altibajos. Si lo bueno que viene se va ante el menor incidente, mejor que no venga.


II La guerrilla -Ven y cava tu propia fosa, malparido Más frío que el frío de la montaña, recorríase como un remolino estacionario de aire gélido la orden impartida por aquel narigón y escuálido hombre, de barbas escasas y desordenadas. Tan disperso el pelaje de su enjuto rostro que pareciase a sus propios mítines tan políticos como obligados en los pequeños poblados. No se sabía con certeza si esa mirada perdida de osado como espejuelado intelectual era producto de una viciosa erudición, o bien resultado de su asiduo consumo de marihuana, o de un recóndito odio para el cual bastaba como gasolina, la más exigua chispa que hiciese explotar aquel almacén de pasiones conflictivas y de ansias criminales. Con sus mahones gastados a la usanza hippie, legado inolvidable de sus ahora apreciados americanos, este locuaz y voraz cuarentón dictaba y dictaminaba los quehaceres del diario vivir subversivo o antisubversivo de un país desgastado por la violencia. Relativamente alto, encorvado y muy gesticulante, con sus agarradas manos de poeta panfletero, tal cual aquellos lideres guerrilleros fabricados en las universidades públicas tercermundistas, no cejaba de mirar como ave rapaz presta a la caza, y cuyos graznidos ocasionales eran sus repetidos slogan de corte político. Hoy, su suculenta presa era un hombre muy joven de contornos regordetes y amulatado, maestro de tecnología en una escuela pública del poblado del Queremal. Con un aire resignado a la adversa suerte a la que siempre aludía le seguía por doquier, acogía con desgano la pala ofrecida por uno de los cinco acompañantes del mefistofélico líder y comenzaba a destapar de hierbas su futura tumba. El apúrate guevón del mismo servidor le impregnaba las entrañas de un terror adrenalínico que bien pudiera hacerlo defecar, orinar, o climatizar un orgasmo pavoroso. Con una genética enraizada ya en la cultura de violencia ancestral, jamás vacilaría, ni vaciló ni titubeó, obedecer cualquiera fuese la orden impartida porque según la dimensión de la mansedumbre así mismo renacía la esperanza de poder sobrevivir al intento sádico de matar por matar. O que peor fuera, de sufrir por sufrir, que por la envergadura de la condición mamagallística colombiana pudiera entonces ser la más cruel broma sospechosamente traslucida en la sonrisa maliciosa de un séquito de hombres gruesos, de pequeñas estaturas y espaldas anchas, con unas siluetas nada en común a su respetado líder. De tal concordancia los físicos respecto a sus posiciones, de soldados rasos, que parecían predestinados. Y este liderzuelo, que por su prestancia diligencial y direccional fuese ahora un subjefe de las derechas cuando su porte y manerismos resultaban mejor identificados como jefe de las izquierdas, podría conjeturarse que en la negación de alguna posición de mando hubiese optado entonces por traicionar a sus correligionarios. La tierra estaba suelta y la concavidad se agrandaba al paso lento de los pesados palazos, la de un maestro diezmado física y emocionalmente,


mientras los demás adormitaban indiferentes entre las pendientes: cuatro arriba y dos abajo. No comprendía Javier, la realidad que se le enrostraba de una nación en derrumbe, y nunca como a todos se les ocurriría que les podría pasar lo que a distancia leían en los periódicos. En la cercanía del peligro agradecían el que no fuera a ellos, por eso sonreían cuando la tragedia se les aparecía en sus inmediaciones sin tocarlos. No había más que recién llegado a aquella escuelita saturada de muchachos ávidos de conocimientos para descubrir entre líneas las complejidades del conflicto colombiano. Un silencio y una aparente mansedumbre escondían los borbotones de una vida en ebullición que distanciaba a unos de otros por fanatismos, pero más por los temores y las presiones para decidirse por uno de los bandos sin consideraciones de edad ni de afanes de neutralidad.


-Papi, estoy asustada- le contesta Jessica con expresión apesadumbrada-. Siento que ahora va a volver a aparecer la cucaracha rara - Le hablaba todavía sin mirarlo y con la vista puesta más hacia su interior donde un pensamiento le abrumaba tanto por lo desfachatado como por lo asqueante de la imagen que se le enrostraba. - ¿Cómo que raras?-Le interrogó su padre mientras contraía su rostro para indicar la desfachatez de lo dicho-. Son como todas, lo que pasa es que les tienes mucho asco y miedo, pero te prometo que voy a averiguar por dónde se entran para matarlas. Va a ser fácil porque es el único lugar que se ven; en el resto de la casa no se ve ninguna, y no creo que sea muy difícil atraparla. Le conversaba mientras sostenía su rostro con sus dos manos cuyos brazos se acodaban en la superficie blanda del colchón, y apenas pronunció la palabra averiguar estiró y empuñó su diestra a ras y longitudinalmente, para otorgar de forma bromista connotaciones de fuerza y valor como un superman volando, para volver luego a su posición original con la misma intriga y desmotivación de la situación previa. En el interludio silencioso aprovechó para acariciar unos rizos color oro que cubrían un sonrosado como redondeado rostro de ojos grandes tan verdes como pícaros, todavía reflejo de lo que otrora era la más degustante de cuanto suntuoso como dulzoso manjar se le presentare y la más saludable y anímica mujercita que llenaba de brillo y esplendor con su ristra de ingenios verbales y conceptuales que la hacían muy precoz y muy madura para su edad. -No papi, es bien rara, anda como parada, no se arrastra como todas, y da unas vueltas y vuelve y se esconde, como si quisiera expresar algo…no sé, tengo miedo papi. Además no se mueren con el veneno que una vez echaste. Mientras Jessica hablaba, acariciaba igualmente con sus deditos el cabello oscuro y lacio de su progenitor pero seguía mirando hacia arriba aún sorprendida e intrigada, lo que en consecuencia afectaba la expresión del padre quien la observaba minuciosamente sospechando había algo más que la niña percibía sin poder explicarlo bien. Los dos presentían quizás, sin poder reconocerlo conscientemente, de que había algo anormal en el asunto; pero el padre lo atribuía sencillamente a imaginaciones con un toque de anormalidad como suele sucederles a muchas personas normales. Incluyéndose él mismo en su análisis porque, aunque vacilante, estaba por convencerse o creerse de alguna verdad en tales suposiciones. Según conocía la personalidad y carácter de su hija le era casi que imposible la de aceptar que pudiera ser víctima de la imaginería hasta estos extremos patológicos. Todo tiene un proceso, de ser una anormalidad, pero Jessica no lo tuvo. Fue un cambio abrupto sin percibir deterioro alguno. Presentía este espigado abogado que estaba sucediendo algo real alrededor de su hija y que ésta no podía conjeturar bien. Un frío tenebroso recorríase como quiera por otras dimensiones que ellos dos, padre e hija, trataban de interpretar o de trasladar a su mundo conciente pero aún sin poder hacerlo totalmente. Era como saber que hay algo sin poder especificar qué. Lo que sí surgía como producto de este esfuerzo de ver cuan real resultaba


la visión, imaginación o suposición, era su preocupación que para los que estuviesen fuera de tal campo de percepciones resultaba exagerada y pudieran al final ser tildados como locos o paranoicos en línea descendente de herencia, dado que ya hasta el padre estaba envuelto en el trazo de posibilidades del insectivo enigma. Del trasunto se derivaba por tal la actitud compinchera de su padre a diferencia de la de su madre quien consideraba mejor, en insinuaciones bajo sábanas, dejar en manos profesionales el caso, o darle un viso pasajero como sucesos normales en ciertas épocas donde la imaginación discurre sin frenos para disloques anormales, y la indiferencia a tal representa una cura. Porque para ella era su caso como de esos problemas que se agrandan o se reducen en relación directa a la importancia que se les dé dado que en el fondo funge como un llamado de atención. Dando un giro a la forma un tanto dramática con que se había empezado el tema del insecto, comenzó su padre, en expresa forma teatral, a contar historias y situaciones de las cucarachas que por su


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