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A 35 años de la Guerra de Malvinas / Nuestros héroes CAMBIO 2000 cumplió 22 años este martes 27 de junio y, como es tradicional, edita un suplemento especial que, en esta oportunidad, hace referencia a la gesta de Malvinas. Se pretende, de alguna manera, homenajear a “nuestros héroes”, los que son oriundos del distrito

de Adolfo Alsina y los que eligieron este lugar para vivir, al haberse cumplido el pasado 2 de abril 35 años de un doloroso sueño que duró apenas 10 semanas y que tenía un siglo y medio de historia: la recuperación del territorio de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Por tal motivo entrevis-

tamos a los veteranos de Malvinas, nuestros héroes, nuestros vecinos, con los que convivimos cotidianamente, quienes con el paso del tiempo están siendo reconocidos en toda su dimensión, aquellos soldados que padecieron hambre y frío, mal entrenados, sobre todo los jóvenes conscriptos, que suma-

ron 256 muertos, quienes fueron utilizados, lisa y llanamente, como carne de cañón. Y quienes, una vez terminada la guerra, sufrieron el olvido y la negación colectiva, en primer lugar, por parte del Gobierno militar, que los obligó a firmar un documento en el que se comprometían a no hablar de lo sucedido.

Todo comenzó hace poco más de 35 años, el 2 de abril de 1982, y terminó dos meses y medio después con una derrota triste y dolorosa, producto de una decisión política suicida y unilateral. El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional creyó que con la guerra salvaría su gobierno, pero lo único

que logró fue la muerte de centenares de soldados que, en total desventaja, lucharon hasta el límite de sus fuerzas y, además, el repudio generalizado de los argentinos hacia la dictadura militar. A nuestros héroes, nuestro humilde homenaje en las páginas que siguen…


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SUPLEMENTO 22º ANIVERSARIO

Carhué, JUEVES 29 de JUNIO DE 2017

AUGUSTO BEDACARRATZ

CON LA PRESENCIA DEL SUBSECRETARIO DE JUSTICIA ADRIÁN GRASSI

“Hay dos generaciones que no vivieron la guerra y necesitan conocer nuestras experiencias”

Conocido por ser uno de los pilotos de los aviones Super Etendard que mediante el uso de misiles Exocet hundieron el destructor británico “Sheffield”, brindó su testimonio sobre la guerra y sostuvo que es importante hablar de lo ocurrido en 1982.

En su Super Etendard. Bedacarratz fue uno de los dos pilotos que hundió al destructor Sheffield. En diálogo con CAMBIO 2000, el Capitán de Navío Augusto Bedacarratz contó su vivencia en el conflicto y, luego, habló de la importancia de transmitir esas experiencias a los más jóvenes. Como ha manifestado en otras oportunidades, Bedacarratz -quien nació en

Villa Maza y actualmente reside en Macachín- ingresó a la Escuela Naval a los 16 años y, posteriormente, en 1967, ingresó al curso de entrenamiento de vuelo naval. “Finalmente la aviación naval fue mi vida y mi pasión”, dijo en una entrevista para la prensa internacional. El 4 de mayo, Bedaca-

rratz y Armando Mayora fueron despertados a las 7 de la mañana para cumplir su misión. La misión era sumamente riesgosa. La Armada sólo tenía cinco misiles Exocet -el resto no había llegado por el embargo impuesto por Francia a raíz del conflicto- y se desconocía la verdadera efectividad de este tipo de misil. Es que esta versión del Exocet aire -mar para ser lanzados desde aviones de ataque, no había sido utilizada en ningún lugar del mundo. La Aviación Naval Francesa tampoco lo tenía en funcionamiento. “Los probamos en Malvinas”, relató. Su misión fue exitosa, y ambos misiles, el

lanzado por Bedacarratz y el lanzado por Mayora dieron en el blanco. El “Sheffield” se hundiría seis días después mientras era remolcado hacia la isla Ascención. Consultado por este medio acerca de la enseñanza que le dejó esta experiencia, Bedacarratz puntualizó: “Han transcurrido ya 35 años del conflicto de Malvinas, hay prácticamente dos generaciones que no la vivieron, y son principalmente ellos quienes más necesitan conocer nuestras experiencias. Fuimos todos conscientes de la gran responsabilidad que teníamos, representábamos el derecho y el sentir de los argentinos, que lo manifestaron unánimemente desde el mismo día que recuperamos las Islas”. “Me impactó la vocación que, en general, percibí desde el primer momento en todos los que participaron, cada uno en su función, donde se luchó y se combatió con un espíritu de entrega que no tuvo límites, en todas las jerarquías, empezando por los más jóvenes, nuestros soldados conscriptos”, delimitó. “He escuchado muchas exposiciones de Veteranos de Malvinas, y aún hoy me sensibiliza mucho ver el orgullo que transmiten por haber defendido su patria, y como honran la memoria de sus camaradas caídos en combate. Es este espíritu lo que yo más rescato de esta guerra, porque refleja la esencia de nuestro pueblo, de lo que somos capaces de hacer cuando se trata de defender el patrimonio nacional, y es por eso que tenemos que sentirnos to-

Bedacarratz. “Siempre consideré una obligación transmitir la vivencia personal en el conflicto”. dos muy orgullosos de ser argentinos”, dijo. Más adelante, el Capitán Augusto Bedacarratz dijo que “exponer y transmitir la vivencia personal en el conflicto, siempre lo consideré una obligación que tenemos los que participamos. Para cualquiera que haya actuado, no existe satisfacción más grande que la de poder compartir con sus compatriotas las experiencias vividas como Veterano de Malvinas”. Asimismo, indicó que ha recibido reconocimientos por su actuación en combate, fundamentalmente porque la tecnología no estaba probada. “Todas las acciones aéreas en general han tenido un reconocimiento destacado, por los daños muy importantes causados a los buques de la flota inglesa, con una repercusión muy fuerte en la opinión pública de ese país. En el caso particular de la escuadrilla de aviones Super Etendard de la Armada, de la que yo formé parte, estaban equipados con misiles Exocet, y lo que realmente trascendió fue el nivel de profesionalismo demostrado por esta escuadrilla en la utilización de alta tecnología, no solamente por parte de los pilotos, sino también por parte del personal de mantenimiento, quien debió alistar un sistema de armas que aún no tenía la homologación final del fabricante”.

Para cerrar, el Capitán Bedacarratz fijó su postura respecto a la posible recuperación de las Islas Malvinas en un futuro, augurando que “hay que seguir luchando en todos los foros diplomáticos que correspondan”. “La disputa con Gran Bretaña por la soberanía de las Islas es histórica, y ha sido reconocido por las Naciones Unidas desde su creación. Este organismo, luego de la finalización del conflicto del año 1982, reafirmó que la guerra y su resultado no alteraron la vigencia de esta disputa, instando a los dos países a reanudar negociaciones. En los años siguientes a la guerra de Malvinas, ha habido sucesivos pronunciamientos de las distintas asociaciones de países latinoamericanos, todos considerando legítimos los derechos de Argentina en su disputa con el Reino Unido, pronunciamientos que históricamente nunca existieron con anterioridad al conflicto”. “En las Islas quedaron 649 argentinos, que entregaron lo más preciado que es su propia vida, para custodiar nuestros derechos, y recordarnos que debemos seguir luchando en todos los foros diplomáticos que correspondan, hasta que podamos lograr la ocupación definitiva y soberana de nuestras Islas Malvinas”, remarcó el Capitán de Navío Augusto Bedacarratz.


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DELMO DÍAZ

“Si tuviera que volver a defender la patria lo haría” El ex combatiente oriundo de Bahía Blanca, que reside desde hace unos meses en Carhué, brindó su testimonio sobre su experiencia en el conflicto bélico como parte del BIM 5.

Delmo Díaz. Infante de Marina, fue a Malvinas como parte de los buzos de combate. Delmo Díaz, oriundo de Bahía Blanca, es un veterano de Malvinas que reside en Carhué desde 2016 y rápidamente se sumó al grupo de ex combatientes local, donde comparte tiempo y anécdotas con sus pares. Para adentrarnos en su historia, conversamos con él sobre su actuación en la Gesta de Malvinas en 1982. “Soy Infante de Marina, me retiré con el grado de Cabo Principal en 1996 y cuando fui a Malvinas era Suboficial. Había hecho el curso de buzo de rescate, nadador de rescate y buzo de hasta 60 metros y buzo de alta profundidad”, expresó. Sobre la experiencia en Malvinas, contó que supieron

que se dirigían a las islas australes “cuando ya casi estábamos allá. Habíamos salido embarcados en la Corbeta Drummond, iba como parte de los buzos de combate -preparado para operar dentro y fuera del agua-, era parte de un grupo especial de combate. Nos llamó la atención que cuando íbamos a hacer ejercicios de práctica se embarcaban municiones para hacer 50 tiros, y que esta vez, se embarcaron muchas municiones y víveres. Salimos el veintipico de marzo y el 1° de abril el Capitán nos reunió a todos y nos dijo que íbamos a escribir la historia, porque íbamos a tomar las Islas Malvinas”. En ese orden, comentó

que una vez en las islas, “el 2 de abril formamos parte de la cabecera de playa, con equipos anfibios y fuimos hasta la Casa del Gobernador. Nos recibieron 40 Royal Marines. Nosotros teníamos la orden de no producir bajas en esos enfrentamientos, pero ellos no nos tiraban con confites. En esas operaciones fue herido Giacchino, otro teniente, etc.”. “Si bien uno estaba entrenado para eso, no es lo mismo jugar a la guerra que estar en la guerra”, opinó, al tiempo que agregó que “lo primero que sentí fue orgullo porque íbamos a recuperar algo que es nuestro y, lo segundo, fue miedo cuando empezaron los balazos. Te-

nía 18 años. Nos tiraban de enfrente pero no podíamos producir bajas, así que el grupo de Giacchino fue por adelante y a nosotros nos mandaron por atrás, donde había un nido de ametralladoras y una cancha de fútbol. No teníamos cómo resguardarnos”. Delmo manifestó que luego, durante el conflicto, fue parte del Batallón (BIM) 5, donde actuó como “un tirador de elite”, bajo órdenes del Almirante Carlos Robacio. “Estábamos metidos en un pozo entre las piedras con una ametralladora y dos tiradores de piezas. Era una playa larga, de 600 metros, donde con un grupo de ingenieros habíamos instalado un campo minado y veíamos cómo volaban en pedazos quienes intentaban cruzar por ahí. Dormíamos media hora porque sentíamos que permanentemente nos cañoneaban, porque la fragata de ellos estaba a 8.000 metros, nosotros no les podíamos tirar con nada pero ellos nos disparaban de forma constante”, reveló Díaz sobre su actuación durante el conflicto armado. “Cuando sos parte de un grupo especial de combate, estás programado para eso, psicológicamente te mantenés pensando en la misión”, sostuvo. “Se me venía a la cabeza mi madre, mi familia. Hacían 28°C bajo cero y la llovizna era total. Sin embargo, en mis cartas no contaba eso”, recordó. Al referirse a lo ocurrido al finalizar el conflicto armado, contó: “Fuimos el único batallón que desfiló

por Malvinas con todo el equipo de combate hasta Puerto Argentino. Nos dejó un barco en Buenos Aires y nos trajo un avión de la aviación naval, por la noche. Durante el vuelo, el Comandante en jefe nos dio la orden de no hablar de la guerra”. “Veníamos de estar 74 días a los tiros, en combate cuerpo a cuerpo, y nos mandaron a no hablar. Algo que por muchos años no hicimos”, dijo. En otro orden, dijo que recibió “reconocimientos por mi desempeño y por trasladar a un compañero herido bajo fuego de artillería, porque un compañero herido jamás se abandona. Hoy, está vivo porque lo llevamos”. Luego, indicó que para él, “los héroes de Malvinas son los que están allá. Nosotros la podemos contar. Ellos

están allá”. “Ese territorio es nuestro, aunque estén los ingleses. De todos modos, los habitantes de las Malvinas, los kelpers, no quieren ser ni argentinos ni ingleses”, aseguró. “Los recursos naturales que tiene esa zona son muchos: la pesca, el petróleo, en el que algunos de los interesados son los chilenos, entre otros. Y la base en ese lugar para los ingleses, como sitio estratégico, tiene muchísimo valor. Dudo mucho que dejen un territorio que tienen ocupado”, puso de relieve. “Tuve posibilidades de volver, pero no lo hice. La tomo como una etapa que ya pasó. Me tocó estar. Igualmente, si tuviera que defender la patria nuevamente, lo haría sin dudarlo. Ahora tenemos que intentar recuperarlas por la vía pacífica”, cerró Díaz.


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HÉCTOR CORREA

Su vivencia a bordo del Portaaviones ARA Veinticinco de Mayo, de donde partían los aviones “El 2 de abril asistimos a la partida de los aviones, aunque los militares no nos daban información y mucho menos explicaciones”, contó a este medio.

Héctor, durante el conflicto, en el Portaaviones. “El 2 de abril asistimos a la partida de los aviones”. Actualmente radicado en la ciudad pampeana de General Pico, Héctor Correa fue testigo privilegiado del inicio de las acciones bélicas en el Atlántico Sur, dado que se encontraba a bordo del legendario Portaaviones ARA Veinticinco de Mayo, desde donde partieron las aeronaves que dieron inicio a la toma. “Recuerdo que cuando

se dio lo del conflicto, nosotros estábamos navegando ya desde el mes de marzo y, cierto día, estando embarcados, nos dijeron que íbamos a tomar las Islas Malvinas; y así, el 2 de abril asistimos a la partida de los aviones, aunque los militares no nos daban mucha información y mucho menos explicaciones”, relató Héctor Correa a CAMBIO 2000.

“No teníamos demasiado conocimiento de lo que sucedía o sucedería; no sabíamos nada, menos aún en ese momento, que de Malvinas no se hablaba mucho, sumado a que teníamos 18 años, con lo que eso implica; o sea no teníamos real dimensión de lo que nos estaban diciendo”, expresó. “En realidad, desde lo

personal no entré en combate directo; sí navegábamos la zona, y obviamente fuimos testigos de la partida de los aviones, ya que la toma de las islas se hizo precisamente desde ahí. En principio, nos parecía una novedad, pero hoy por hoy siento que no es fácil explicar con palabras lo que se vivió en ese momento”, destacó. “Creo que tampoco analizábamos lo que significaba estar en plena guerra arriba de un buque que era ni más ni menos que un portaaviones; todo nos sorprendía, pero no estábamos cara a cara con la lucha en sí; y con la edad que teníamos, no terminábamos de entender la realidad. Después que todo terminó, sí pudimos saber dónde habíamos estado, para qué, y por qué pasó lo que pasó”, acotó Correa. Luego agregó que “al regreso, y si bien no fue fácil recrear la experiencia en palabras, no tuve mayores problemas en contar o hablar de lo que habíamos vivido, quizá porque no fue tan cruel lo que atravesamos. De todos modos, naturalicé los suce-

Héctor Correa. Fue testigo privilegiado del inicio de las acciones bélicas desde el Portaaviones. sos, aunque debo reconocer que por aquel entonces, del tema no se hablaba mucho; pero sé que hubo gente a la cual le ha costado hablar, le ha sido difícil readaptarse, y a algunos incluso les ha costado la vida”. “Desde lo personal, nunca había hablado del tema Malvinas públicamente, no he ido a los colegios a relatar mis vivencias; y es más, ni siquiera sé si son muchos los que saben que estuve en las Islas; y nunca recibí un reconocimiento oficial por haber estado en el escenario de guerra”, acotó. Más adelante, Héctor Correa expresó que “la guerra no es una experiencia fácil de digerir; en lo personal he recibido atención psicológica, pero por inquietud propia, para superar cualquier huella que pudiera haber dejado en esos días del ‘82; pero sé que mi situación es muy diferente a la de aquellos que sí estuvie-

ron en el frente de batalla, en el territorio, a quienes seguramente, la guerra les pega con otra emotividad”. “Actualmente estoy de acuerdo en que se sigan haciendo intentos por recuperar las Islas, obvio que siempre por la vía diplomática; creo que la historia lo merece y mucho más aún quienes quedaron allí; debe intentarse por la vida de los chicos que nunca pudieron regresar”, puntualizó. “Los gobiernos constitucionales que siguieron al de facto, olvidaron un poco a los ex combatientes; pero luego, tarde pero seguro, a partir de la presidencia de Néstor Kirchner se les ofreció otra mirada, se los comenzó a reconocer; y el gobierno actual les está dando cabida a través de los desfiles en las celebraciones y fiestas patrias; pero en los primeros años, nada de eso sucedió”, dijo para finalizar Héctor Correa.


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CARLOS TELLO

“Sufrí la guerra, pero más sufrí la post guerra porque nos faltó contención psicológica” En diálogo con este medio, el riverense reveló que le costó la reinserción social al regresar de la guerra y que necesitó hablar de su experiencia para sanar. Hoy -contó-, se dedica a la ayuda social junto a otros ex combatientes. Carlos Tello -oriundo de Rivera aunque reside desde 2013 en Córdoba-, aseguró sentirse orgulloso de ser reconocido en su ciudad y en el distrito. Además, contó que en la actualidad, se volcó a la actividad solidaria junto a los ex combatientes cordobeses. “Tenía 18 años cuando fui a Malvinas, como parte de la Policía Militar, en Puerto Argentino. Nuestra misión era custodiar la zona del aeropuerto”, indicó. Recordó que durante la guerra “estábamos en el pozo zorro y escuchábamos explosiones que no sabían de dónde venían. Éramos tan inocentes que pensábamos que venían de los buques y resulta que las bombas eran de los aviones”. “Sufrí la guerra, pero más sufrí la post guerra, porque cuando volví a Rivera me sentía raro, no lograba insertarme en la sociedad. Por un lado, estaba la cuestión laboral porque nadie nos daba trabajo y por otro, el tema psicológico, porque en esa época no había tantos psicólogos como hoy. Recuerdo que consulté por cuenta propia a una psicóloga que atendía en Carhué”, apuntó, al tiempo que aseguró que “no podía relacionarme con la gente. Además, los padres de esa generación eran distintos, por ejemplo en mi casa, me decían ‘No vamos a hablar de esto porque te hace mal’”. “La primera charla que pude dar con otro veterano fue en el año ‘90 en Darregueira. A todo esto, se le sumaba la prohibición de hablar que nos habían hecho desde las FFAA en Campo

de Mayo, cuando volvimos de Malvinas”, contó. “Con el paso de los años maduramos y pudimos contar las cosas sin temores, porque (en las islas) vivimos cosas muy serias. Hoy en día no hay temor de contar, queremos que la gente sepa lo que sucedió. No vi compañeros heridos, pero sí estaqueados, algo que antes no se contaba. Ahora bien, hay que diferenciar porque hubo jefes de nuestra compañía que se comportaron excelente, como nuestro jefe, Roberto Berazain, que fue para nosotros un padre, y hubo otra gente que se portó muy mal”, detalló. En otro tramo de la entrevista, Carlos Tello se refirió a la necesidad de reconocimiento de los veteranos. “Mediante las charlas en los colegios, nosotros ‘malvinizamos’. Sin embargo, el otro día recibí un llamado de un funcionario de Carhué -que me invitó a un homenaje- y le comenté que en 35 años no me llamaron nunca. Sólo Antonio Lapacó, quien era intendente en 1982, nos entregó un diploma. Me sentí contento por este llamado porque si bien resido en Córdoba, soy y me siento un hijo del distrito de Adolfo Alsina”, expresó. “Ahora tenemos más reconocimientos porque hacemos muchas cosas y, por ejemplo, en Córdoba nos dedicamos a la tarea social. Vamos a localidades del sur donde hay necesidades y llevamos alimentos y ropa. Creo que es una forma de devolver lo que la gente hizo por nosotros en el ‘82. Y lo agradecemos día a día. Nos

volcamos a lo social para devolver un poco lo que la comunidad hizo por nosotros en esa situación”, sostuvo. “Para mí, los héroes de Malvinas son los 649”, aseguró Tello, al tiempo que acotó que “los suicidios se dieron porque no hubo contención psicológica. Ningún gobierno se interesó y luego, a los veteranos nos incluyeron en el plan de salud del PAMI, que no contaba con especialistas en traumas de post guerra. Creo que si hubiéramos contado con ese apoyo, se hubieran evitado muchos suicidios”. Por último, se refirió a la gestión diplomática para recuperar las islas australes. “Ojalá que nunca más haya guerra. Soy pesimista en ese sentido, creo que no se va a lograr la recuperación”, concluyó.

Carlos Tello. “No vi compañeros heridos, pero sí estaqueados, algo que antes no se contaba”.


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WALTER ACEVEDO

“Como experiencia de vida uno madura muy rápido al encontrarse en situaciones extremas” El riverense admitió que en todos estos años le costó mucho hablar de lo ocurrido en las Islas, “hasta que el 2 de abril del 2006 volví a Malvinas, encontré mi posición y pude cerrar el final de esa película que estaba en blanco y negro”.

Acevedo en el cementerio de Darwin. Fue en 2006, donde tributó un homenaje a los compañeros caídos. Walter Acevedo estaba en la pensión del Club Gimnasia y Esgrima La Plata, donde jugaba en las

inferiores, cuando el 2 de abril de 1982 un soldado del Regimiento 7 llegó con un telegrama donde le informa-

ban que se tenía que presentar en forma inmediata, cosa que hizo al día siguiente. “En el transcurso de esa semana comienzan a incorporar al resto de los soldados que habían salido de baja y el día viernes 9 nos llevan a El Palomar, nos suben a un avión de Aerolíneas, nos bajan en Trelew

Regreso a Malvinas. Walter se reencontró con su posición durante la guerra. donde pasamos a un avión de menor porte, y a las 6 de la mañana del día 10 me entero que estoy en Malvinas”, contó el riverense radicado en La Plata a CAMBIO 2000. “De esa forma me enteré que iba a Malvinas ya que en todo el transcurso, desde la reincorporación del día 3

al 9, nos decían que íbamos a reemplazar a un regimiento del sur”, añadió. “Como experiencia de vida uno madura muy rápido al encontrarse en situaciones extremas. Yo pertenecía a la sección apoyo (cargador de mortero) de la compañía A del Regimiento 7 de la Plata y sí, entramos en combate los últimos 2 días”, expresó. Walter admitió que en todos estos años le costó mucho hablar de lo ocurrido en las Islas, “hasta que el 2 de abril del 2006 volví a Malvinas, encontré mi posición y pude cerrar el final de esa película que estaba en blanco y negro”. Dijo que de parte de las Fuerzas Armadas no ha recibido ningún reconocimiento

por su participación en la Guerra, “pero sí a nivel Municipalidad de La Plata, que nos han reconocido como Ciudadanos Ilustres”. También contó que “este pasado 2 de abril en la ciudad de Carhué y en Rivera, mi pueblo natal, después de 35 años pasé los actos más emotivos desde que volví de Malvinas, y estoy muy agradecido”. Por último, Walter Acevedo se mostró de acuerdo con las gestiones diplomáticas encaradas por los distintos gobiernos democráticos para recuperar Malvinas. “Es la única forma de reclamo para las generaciones venideras, nos hemos dado cuenta que con una guerra no llegamos a nada, solo se han perdido vidas”, cerró.


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ABEL TASSELLO

“Me tocó conocer el resultado de la guerra, acompañando la muerte de muchos compatriotas” El radiólogo jubilado expresó su sentir acerca de la experiencia a bordo del ARA Bahía Paraíso y de la importancia estratégica de las islas por sus recursos naturales y por su ubicación geográfica.

Abel Tassello. Fue parte del equipo de Salud del Buque Hospital Bahía Paraíso. El radiólogo jubilado Abel Tassello habló de la Gesta de Malvinas, de la cual participó hace 35 años como parte del equipo de salud del Buque Hospital Bahía Paraíso, hecho por el cual fue recientemente reconocido por la Cruz Roja. Al momento de la guerra de Malvinas, Abel era parte de la Armada, como médico radiólogo, carrera que había elegido y a la que se dedicaba con esmero. Al ser consultado acerca de cómo definiría esta experiencia, Abel sostuvo que fue “la experiencia más triste y dolorosa de mi existencia. Somos personas simples que cuando estamos en peligro de muerte sólo tiene valor lo espiritual que se valora

manteniendo los ideales de Dios, patria y familia. Las horas de la noche suelen transformarse en un largo insomnio”. “Entre todos formamos una jerarquizada hermandad donde los sufrimientos de uno son los sufrimientos de todos”, admitió. “Me tocó compartir muchas vivencias y conocer el resultado de la guerra acompañando la muerte de muchos compatriotas. Seres de la talla de los que lucharon y pelearon en Malvinas sólo pueden temerle a la vida, pero no a la muerte”, dijo. Luego, Tassello se refirió a la posibilidad de hablar de lo vivido durante la guerra.

En ese sentido, aseguró que no le costó “en absoluto.

Sólo un breve lapso hasta que me di cuenta de que la desmalvinización que reinaba en el país era una constante”. “Por otro lado, sentía que la juventud tenía más interés en el futuro que en el pasado y que observaban esa etapa de la historia como algo casi desconocido, como un cuento de la guerra, del que se sentían totalmente ajenos”, dijo y acotó que entonces comprendió “que debía hacer un aporte para tratar de modificar esta realidad”. Más adelante, a pesar de que en los últimos años ha recibido reconocimientos por parte de distintos organismos, uno de ellos de la Cruz Roja Internacional, indicó que “todos los reco-

nocimientos verdaderos son para los caídos. Sus familias tienen las medallas de estos verdaderos héroes de nuestra patria. Sólo ellos conocen el resultado de la guerra. Muchos sueños y esperanzas se fueron al cielo y hoy están junto al ejército de Dios”. Por último, consultado acerca de la posibilidad futura de recuperar las islas por vía diplomática, Abel respondió: “Dijo Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura ‘Las armas van en sentido contrario a la inteligencia’. El petróleo, el gas, los recursos pesqueros y el

dominio militar de una zona que puede ser la puerta de entrada a otro territorio sobre el cual presumiblemente se abra una nueva disputa, la Antártida, el mayor reservorio de agua del mundo”. “Entiendo que por el momento la situación no va a cambiar a pesar de que hubo señales de un pequeño avance en las negociaciones y aunque los años de espera para la reafirmación de nuestros legítimos derechos sobre las Islas Malvinas sean largos, sólo la diplomacia con los acuerdos bilaterales es el único camino a seguir”, concluyó.


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LINO RICARDO LEONHARDT

“Mis compañeros y yo fuimos estaqueados durante tres horas al aire libre y en ropa interior” El veterano de Malvinas, oriundo de Rivera, recordó aspectos de su estadía en las Islas y, entre otras cosas, hizo referencia al castigo que los integrantes de su grupo recibieron cuando algunos compañeros se durmieron durante la guardia.

Lino Leonhardt. “Cuando escuchábamos los aviones nos refugiábamos en los pozos zorros”. “En 1982 fui llamado al Ejército en la Compañía Policía Militar a los 18 de edad, en la ciudad de Bahía Blanca, prestando el Servicio Militar Obligatorio en el mes de marzo. El 3 de abril estaba cumpliendo mis funciones como ayudante en el depósi-

to de Intendencia (en lo civil una tienda), fui llamado por el subteniente Amuchástegui para incorporarme al grupo como tirador de Fap (Fusil Automático Pesado), pero no teníamos conocimiento de cuál era el objetivo. Al otro día nos levantaron a las 7

Am, nos llevaron en camión al aeropuerto, subimos a un avión Hércules y ahí nos dijeron que íbamos a Malvinas”, contó Lino Leonhardt a CAMBIO 2000. El veterano de Malvinas, oriundo de Rivera, relató que llegaron a Puerto Argentino, “y del Aeropuerto nos llevaron al pueblo, nos alojaron en un gimnasio. Al otro día el Jefe de Compañía distribuyó los grupos, yo pertenecía al grupo del subteniente Amuchástegui. Mi misión en Malvinas con mi grupo fue custodiar la casa del General Menéndez, siendo el rol de los PM (Policía Militar)”. Leonhardt recordó que “las guardias se hacían en diferentes lugares del exterior de la

vivienda del Gral. Menéndez. Un día tuvimos un inconveniente en el grupo (algunos compañeros se durmieron durante la guardia) y castigaron al grupo, el castigo de guerra es estaquearte o fusilarte”. “El grupo de mis compañeros y yo fuimos estaqueados durante tres horas al aire libre y en ropa interior. Después del sufrimiento que nos hicieron pasar fue muy difícil la recuperación física y psicológica sufrida, teniendo en cuenta la edad, el frío y los comentarios que estábamos próximos a una guerra. No combatí cuerpo a cuerpo pero teníamos el temor de que nos alcanzara una bomba o un misil, pero cuando escuchábamos los aviones nos refugiábamos en los pozos llamados pozos zorros”, subrayó. Lino también mencionó que al momento de la rendición los concentraron a todos en un galpón, donde los malvinenses guardaban la lana. “Dos días después fuimos embarcados, llevándonos a Puerto Madryn, desembarcamos y fuimos en avión a Buenos Aires. Allí nos hicieron un estudio médico y nos enviaron en tren a Bahía Blanca, luego fuimos a nuestro cuartel y al otro día salimos con licencia para ir a nuestros hogares. Me vine a mi pueblo, Rivera, a dedo”. Contó que “el encuentro con mi familia fue muy emocionante, ya que en un período no tuvieron noticias mías. Con lo vivido no

Servicio Militar. Lino, en el cuartel en Bahía Blanca. tenía ganas de recordar los momentos pasados. Luego de haber obtenido la baja me dediqué a las actividades agropecuarias con mi padre, no tocando el tema Malvinas, y perdí contacto con mis compañeros. Es de destacar que mi Jefe de Compañía, el Mayor Berazay me envió durante todos estos años el 2 de abril una carta saludándome como ex soldado”. Por otro lado, dijo que durante estos años ha tenido invitaciones para diferentes actos, “pero por las distancias y por no recordar lo vivido no asistía. De todos

modos mis compañeros me hicieron llegar pergaminos y medallas entregadas”. Por último, al ser consultado respecto a si está de acuerdo con la gestión diplomática encarada por los distintos gobiernos para recuperar Malvinas, Lino Leonhardt respondió: “Estoy de acuerdo con las gestiones diplomáticas. Considero que fue un error la guerra por los compañeros que perdieron su vida. Creo que es un tema pendiente para nuestro país recuperar diplomáticamente las islas Malvinas, que por derecho son argentinas”.


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DANIEL ZURITA

“Me costó más de 10 años hablar de Malvinas” El ex soldado explicó que si bien él no tuvo que entrar en combate, necesitó hablar del tema, pero le llevó mucho tiempo poder hacerlo. Además, opinó que la vía diplomática “es la única manera de recuperar un territorio”. Daniel, oriundo de Merlo (Gran Buenos Aires), reside en Carhué desde hace algunos años y actualmente vive y trabaja en la Escuela N° 26 del paraje Masallé. Como ex soldado, nos contó su experiencia en la Guerra de Malvinas, a bordo del Portaaviones 25 de Mayo, y el regreso a su hogar. En primer lugar, Daniel, que durante el conflicto bélico se encontraba realizando el Servicio Militar Obligatorio, resaltó que en la Marina, “no la pasamos tan mal como otros soldados”. “Lo feo era que desde el barco no veíamos a quienes disparaban ni a quien dispararle. Estábamos esperando un ataque o algo por el estilo. Salimos el 28 de marzo, nuestra misión era llevar provisiones para quienes iban a tomar las islas, porque el Operativo Rosario estaba planificado en detalle. Estaba pronosticado

qué día se iban los ingleses con una parte de la flota, cómo quedaban custodiadas las islas y era muy importante que no se produjeran durante estas acciones bajas ni de kelpers ni de soldados ingleses”, relató. Daniel contó que al regresar “nos cambiaron la ropa y nos recomendaron no decir nada sobre lo vivido”, y que a raíz de este hecho, pasó “15 o 20 años hasta que pude hablar de Malvinas”. “Regresé a mi casa, eran como las siete de la tarde cuando llegué. No tenía dinero ni para tomar el tren de Once a Merlo y casi me llevan preso. Mi familia sabía -porque les había enviado un telegrama que anunciaba que en esos días llegaría- y mi madre me estaba esperando junto a uno de mis tres hermanos y a mi padre. Nadie dijo nada, cenamos porque yo tenía hambre y luego

Daniel Zurita. Vivió el conflicto a bordo del Portaaviones 25 de Mayo. de cenar, mi mamá se fue a dormir. Mi padre se sentó en su sillón, se puso a fumar y yo le pregunté: ‘Papi, ¿puedo

dormir con mami?’ y ambos nos largamos a llorar. Yo sabía que ella me necesitaba por todo lo que había sufrido

pensando en mí y en lo que podía pasarme y yo también la necesitaba a ella”, rememoró Zurita. “Mi esposa se enteró a los 10 años de casados que estuve en Malvinas. No hablaba del tema porque habíamos perdido la guerra y creía que no nos correspondía hablar, ya que estando en el mar no entramos en combate, etc. Y además, se sumaba el malestar que sentíamos por el olvido de la gente”, expresó. “Antes no era común que nos hicieran notas sobre Malvinas. Hoy, luego de 35 años, es algo muy grato. Hace 15 años que estoy muy involucrado en la causa Malvinas, luchando por los compañeros y por el reconocimiento”, aseguró Zurita. Daniel también contó cómo se siente Malvinas en su familia. “Mis hijos reivindican la causa Malvinas aun-

que nunca se los inculqué. Ellos no usan, tampoco yo, remeras con distinciones en inglés. Es una elección, prefiero salir a la calle con una remera con la insignia de Malvinas”, resaltó. Sobre sus compañeros ex combatientes del distrito comentó que lo recibieron “muy bien”, aunque cada cual vivió la guerra desde su “ángulo, que está relacionado a lo que nos tocó vivir”. Por último, se refirió a la posibilidad futura de recuperar las islas por la vía diplomática. Al respecto dijo: “Es la única manera, yo no quiero que haya nuevamente una guerra para recuperar un territorio porque quienes atraviesan la experiencia de una guerra vuelven con secuelas, por lo que les toca ver y vivir, y esa es una de las razones por las que los ex combatientes, a pesar del tiempo, se suicidan”.


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Carhué, jueves 29 de JUNIO DE 2017

JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ MARIANI

“Estaba 100 por ciento concentrado y me sentía física, mental y emocionalmente bien” El Capitán de Navío, veterano de la Guerra de Malvinas, se refirió a su experiencia como piloto de un avión Super Etendard durante el conflicto bélico. “El tema Malvinas da para charlas de horas porque hay muchos aspectos que son muy personales, y también hay mucha información que no se conoce, que no se divulgó en forma masiva, relacionada a la actuación de los Super Etendard de la aviación naval en el conflicto de Malvinas”, expresó el carhuense Juan José Rodríguez Mariani al ser entrevistado por este medio por su participación en la Guerra de Malvinas como piloto de uno de los aviones de origen francés. “Me estoy refiriendo a la Operación Mikado, que fue una operación que realizó el servicio especial de los Comandos británicos para destruir los aviones nuestros después que habíamos hundido al destructor Sheffield”, sostuvo el Capitán de Navío. “Pero antes que nada, es

En el teatro de Operaciones. Rodríguez Mariani tripulando el Super Etendard. necesario recalcar que tanto el Capitán (Augusto) Bedacarratz como yo, éramos

oficiales de carrera. Nosotros no fuimos obligados a ir a Malvinas, habíamos elegido como profesión ser oficiales de la Armada, éramos aviadores navales y, para eso, habíamos jurado defender la bandera aunque fuera necesario perder la vida”, expresó Rodríguez Mariani. “Nosotros contábamos

con un entrenamiento de muchos años, en mi caso más de 10 años, para las operaciones de combate. De manera que, en el conflicto, nosotros trabajamos en un 100% tratando de conducir las operaciones de la mejor manera posible en nuestra unidad, como cualquier profesional que está en una

operación que le exige toda su capacidad y entrenamiento”, resaltó. “Veníamos de estar un año en Francia, en el ‘81, donde aprendimos a volar y a operar el sistema Super Etendard con el misil Exocett y, en mi caso, era el jefe de armamento, así que tenía una doble responsabilidad. El conflicto nos encuentra recién regresados al país e intentando poner en servicio el poco material que habíamos recibido hasta ese momento, que eran 5 aviones, de los 14 que se habían comprado, y 5 misiles AM39 Exocett, de los 30 que se habían comprado”, reveló. “Entonces -prosiguió-, tuvimos que hacer un trabajo contrarreloj para que

estos misiles, que nunca habían sido utilizados en un conflicto y que no estaban totalmente homologados, pudieran lanzarse con éxito desde los Super Etendard. Para eso yo contaba con un grupo de gente que habíamos entrenado en Francia y con documentación, pero era algo que no estaba probado”. “De manera que toda la primera parte del conflicto fue de muchísimo trabajo, primero en (la Base Aeronaval) Espora, que era nuestra base, y después trasladándonos a Río Grande, que era la base aeronaval en la isla Grande de Tierra del Fuego, donde estábamos con muchas escuadrillas de aviación de la Fuerza Aérea y de la aviación naval”, expresó. “Todos estábamos sumamente ocupados, no teníamos tiempo para nada, nos levantábamos muy temprano para planear las operaciones, para hacer el mantenimiento de los aviones y los misiles, y particularmente a mí me tocaba la tercera misión con el Capitán (Roberto) Agotegaray, a partir del 4 de mayo, por lo que estuve preparado para salir hasta el día 23, que fue cuando me tocó mi misión”, contó. “Desde el 18 de mayo, debido a la operación que mencioné al principio, ‘Mikado’, cambió muchísimo nuestra vida, porque esperábamos el desembarco de una fuerza especial británica que venía a destruir nuestros aviones o a matar a los pilotos para evitar que se lanzaran los misiles


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Carhué, JUEVES 29 de JUNIO DE 2017

Juan José Rodríguez Mariani. Capitán de navío, de destacada participación en la Guerra de Malvinas. Exocett. Eso hizo que todas las noches tuviéramos que guardar los aviones en lugares diferentes, dispersarlos en los caminos en torno a la base y los pilotos dormíamos todos los días en lugares diferentes: en la base, en el pueblo, en el casino de oficiales, etc.”, narró Juan José Rodríguez Mariani. Contó que “después del hundimiento con el tercer y el cuarto misil del Atlantic Conveyor (atacado el 25 de mayo), le quedaba un solo misil a la escuadrilla y la Superioridad decidió que, excepto dos aviones que se quedaban para hacer una última misión, el resto volviéramos al ARA Espora para hacer un entrenamiento intensivo de lanzamiento del Exocett en vuelos nocturnos,

porque estábamos esperando que llegaran más misiles desde Francia, situación que no se dio porque Gran Bretaña bloqueó por todos los medios cualquier tipo de envío o de triangulación a través de otros países”. “Así fue que antes del 30 de mayo estábamos nuevamente en el Espora, practicando la misión nocturna en la zona de Puerto Belgrano, volando a las dos de la mañana para estar listos, si llegaban los misiles, para hacer lanzamientos en vuelos nocturnos”, detalló.

“Recibí muchos reconocimientos” Acerca de cómo vivió la experiencia de la Guerra de Malvinas, expresó que “durante el conflicto viví la máxima expresión operativa de lo que un Oficial Aviador Naval puede encontrar. Tenía sólo 27 años y estaba bien entrenado y piloteaba un avión que era el armamento más moderno que voló en todo el conflicto. No había otro avión con el nivel de desarrollo electrónico y operativo que tenía en ese momento el modelo de avión que volábamos. Estaba 100 por ciento concentrado y me sentía física, mental y emocionalmente bien. Así

fue que nos desempeñamos los 10 pilotos que estábamos allí, independientemente de todas las cosas que iban aconteciendo día a día”. Con respecto a si esperaba entrar en combate, indicó: “Por supuesto que no, pero no nos extrañó estar combatiendo en el sur porque era algo para lo que estábamos preparados. Por otro lado, yo había participado con un gran entrenamiento y con desplazamientos al sur en el conflicto -por el Paso Fronterizo Cardenal Samoré- que tuvimos en el año ’78. En ese año se vivió una situación tensa y yo era uno de los pilotos designados para entrar en operaciones. Formaba parte de las posibilidades, yo era soltero, no conocía a quien sería mi mujer, estaba concentrado en mi adiestramiento aeronaval”. “Nunca me costó hablar de Malvinas, al contrario, puedo hablar horas, resaltando el excelente nivel que tenía la aviación naval y el grupo con el que yo me desempeñé, donde había gente de un excelente nivel, que fue realmente un ejemplo desde todo punto de vista y una gran motivación a lo largo de toda mi carrera”, destacó Rodríguez Mariani. “Mi escuadrilla no perdió ni un avión, ni un piloto. Pero,

por supuesto, perdimos la guerra. Sin embargo, nuestro grupo recibía permanentes felicitaciones, no solamente de nuestros camaradas sino del extranjero. Los pilotos de la aviación francesa, con los que habíamos volado, por ejemplo, nos llamaban y nos alentaban permanentemente. Y después hubo mucha prensa internacional que escribió sobre el tema y que venía especialmente a la Base Espora a entrevistarnos y a consultarnos sobre cómo habíamos llevado a cabo la operación con los Exocett”, puso de relieve el Capitán de Navío. “De hecho, el Capitán (de Navío) Bedacarratz fue citado a Estados Unidos con el comandante de la escuadrilla y nuestra operación está en muchos libros extranjeros y nunca nos costó referirnos al tema Malvinas”, acotó. “Recibí muchos reconocimientos por parte de la ciudadanía que no esperaba, porque simplemente hice lo que tenía que hacer y lo que cualquier argentino, que hubiera elegido la carrera militar, hubiera estado orgulloso de hacer. Fue un privilegio participar en el conflicto de Malvinas en la situación en la que nosotros participamos”, puntualizó. “Años después tuve el

privilegio de que el país no solamente me reconociera, sino que tuviera misiones únicas como ser agregado adjunto en Estados Unidos, Comandante de Instrucción Aeronaval y ocupar diferentes cargos. Fue un orgullo representar a un país como Argentina y al sentimiento de todos los argentinos, aún a costa de peligros como los que enfrentamos y en los que varios de mis compañeros perdieron la vida”, dijo.

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“Con respecto a si vamos a recuperar las islas o no, no lo sabemos, depende de los argentinos, de las condiciones políticas. Se pueden recuperar por la vía diplomática, realmente todo es posible, pero hoy no puedo aventurar ninguna respuesta inmediata, no puedo imaginar qué es lo que va a pasar”, sintetizó para finalizar Juan José Rodríguez Mariani, quien estuvo 37 años de servicio activo en la Armada.

JOSÉ CORREA

Otro héroe José Correa, quien desde hace unos años reside en Carhué, es otro de los veteranos de Malvinas. Como sucediera con todos los ex combatientes que residen en el distrito de Adolfo Alsina, se lo consultó para formar parte de este suplemente en homenaje a quienes defendieron este pedazo de patrimonio nacional en la guerra de 1982, pero prefirió no hablar, decisión que respetamos.


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Carhué, JUEVES 29 de JUNIO DE 2017

JULIO HINDING

“No pensé que iba a participar de una guerra” “Cuando nuestro jefe preguntó ‘¿quién quiere ir a Malvinas?’, levanté la mano, pensando que íbamos tres o cuatro meses y nos volvíamos para irnos en la primera baja”, dijo al hablar sobre su experiencia en las islas como parte de la Policía Militar. Además resaltó la importancia del apoyo familiar para poder seguir adelante una vez finalizada la guerra. Uno de los veteranos de Malvinas más conocidos en el distrito es Julio Hinding, quien forma parte de ese grupo que cada 2 de abril sale a la calle con la frente en alto a contar su experiencia y a pedir que no vuelva a ocurrir. Para conocer en profundidad lo vivido por Julio y su opinión acerca de la guerra, CAMBIO 2000 lo entrevistó. Acerca de cómo se enteró que iría a Malvinas, Julio recordó que “en febrero había entrado a hacer el servicio militar, así que estaba ‘adentro’. En realidad, ya habíamos terminado la instrucción y yo estaba en la compañía. Mi puesto había sido en la oficina de Logística, donde se llevaba la contabilidad. Para poder salir a fumar, ponía la excusa de ir a preparar mates y me iba al baño a fumar. Ahí en el baño había una radio y me acuerdo que el 2 de abril escuché que se habían tomado las Islas Malvinas”. “Me enteré antes que mis compañeros, pero no dije nada. Me senté, con el mate

Julio Hinding. Participó del conflicto como integrante de la Policía Militar 181 de Bahía Blanca. preparado y en ese instante, cuando entró nuestro jefe y preguntó ‘¿quién quiere ir a Malvinas?’, levanté la mano,

pensando que íbamos tres o cuatro meses y nos volvíamos para irnos en la primera baja. Quienes salimos desde

Bahía nunca pensamos que podía haber un conflicto armado. Pertenecíamos a la Policía Militar 181 de Bahía

Blanca”, dijo. “No teníamos formación militar, estábamos haciendo la Colimba, que era obligatoria. Nuestra instrucción había sido de 30 días, un lapso muy corto, y lo que más quería era venirme a casa. Eso no era lo mío, estaba haciendo algo obligado y pensaba que yendo a Malvinas obtendría la baja más rápido”, afirmó. “Nos enteramos el 2 de abril y el 4 al mediodía ya estábamos en Malvinas, en la Isla Soledad. Llegamos a Puerto Argentino luego del

desembarco porque éramos una compañía de seguridad. La compañía se dividió en tres secciones: una se quedó custodiando la Casa del Gobernador -que fue mi primer destino-; la segunda, custodiaba integralmente el pueblo y la tercera fracción custodió la planta Antares, que era la planta de servicio argentina, a donde fui trasladado posteriormente”, contó. “En Antares, dormíamos en los galpones, donde no había baño, situación que duró hasta el 1 de mayo, cuando se produjo el primer ataque, y a partir de allí vivimos en los pozos, donde estuvimos hasta el 1 de junio, cuando nos mandaron nuevamente a reforzar la custodia en la Casa del Gobernador, haciendo la custodia adentro de la casa”, relató. Manifestó que “Malvinas fue una guerra donde se usó mucho el ataque aéreo y el ataque naval, donde cayeron muchas bombas y todo el personal que estuvo en las islas estuvo bajo fuego, debido a las bombas. También hubo una fracción de soldados que tuvieron que entrar en el combate cuerpo a cuerpo, que a nosotros no nos tocó, gracias a Dios”. “En los pozos nuestra función era rogar que la bomba cayera lejos de nuestra posición. Estábamos apostados sobre la bahía de ingreso, de noche sentíamos los bombardeos navales que meten mucho miedo porque uno siente cuando dispara el


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Carhué, JUEVES 29 de JUNIO DE 2017 cañón, siente el silbido de la bomba cuando va en el aire y el estruendo cuando cae”, comentó. “Sufrimos un ataque directo a la casa del Gobernador, ocurrido en la madrugada del 14 de junio, que fue uno de los últimos actos de guerra, porque nos habían dado la orden de que teníamos que dejar la casa la noche anterior y cuando amaneció -los ingleses- atacaron con artillería liviana la casa. En ese momento, nos retiramos hacia el pueblo. Esos fueron los peores momentos porque había órdenes y contraórdenes y recién al mediodía nos avisaron que habían dictado el alto al fuego y que la guerra se había terminado”, sostuvo.

“Todos los días le escribía una carta a mi mamá” Consultado acerca del acceso a los alimentos durante su estadía en Malvinas, contó que “era muy difícil organizar la logística para repartir. Se cocinaba en Puerto Argentino para todos los puntos cercanos, pero supongamos que ellos (los ingleses) empezaban a bombardear a las 20.00 con un ataque naval y el camión de la comida no podía salir, tenía que esperar. Entonces, algunas noches comíamos a un horario, otras a otro, o llegaba fría, y alguna noche creo que no comimos”. En cuanto al clima, dijo que “fue lo que más fuerte pegó y eso que no fue tan duro. Tuvimos dos nevadas solamente, cuando en esa época del año en Malvinas nieva mucho. Recuerdo que eran días muy cortos y las noches muy largas”. Sobre el contacto y el apoyo de la gente, contó que llegó a recibir “dos o tres encomiendas de mi familia, de gente de Carhué. Todos los días le escribía una carta a mi mamá pero no le podía contar la situación real”. Julio recordó que cuando terminó el conflicto “nos llevaron en un barco inglés hasta Argentina. Desembarcamos en Puerto Madryn y de allí nos trasladaron en colectivo hacia Trelew, donde empezamos a notar cosas raras. Los colectivos estaban tapados, no podíamos tener contacto con la gente…” “Y cuando llegamos a Trelew -continuó-, hablé por teléfono con mi hermano y quedamos en que me venía desde Bahía en auto a darle la sorpresa a mi papá, porque era el Día del Padre. Pero nos llevaron directa-

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Ciudadano ilustre Julio Hinding fue uno de los ex combatientes de Malvinas que fue reconocido recientemente por el Instituto de Previsión Social (IPS) en Punta Alta. En un emotivo acto los ex combatientes de los distritos de Punta Alta, Guaminí, Daireaux, Adolfo Alsina, Puan y Villarino, recibieron sus condecoraciones y fueron declarados ciudadanos ilustres de la provincia de Buenos Aires, según lo establecido por la Ley 14.486.

Reconocimiento del Concejo Julio Hinding. Participó del conflicto como integrante de la policía militar 181 de Bahía Blanca. mente a Campo de Mayo, en Buenos Aires, a los Liceos Militares. Nos bañaron y nos dieron ropa limpia y nos hicieron firmar un acta donde nos comprometíamos a no hablar por muchos años porque nos podían venir a buscar. Fue muy difícil porque no podíamos hablar y la gente nos preguntaba”. “Gracias a Dios fuimos y volvimos sanos”, manifestó en referencia a toda la Compañía de la Policía Militar. “No llevo en mis espaldas la mochila de haber tenido que matar gente. A quienes les tocó entrar en combate, les quedaron secuelas psicológicas por ello y esa es una de las causas de que haya más suicidios que muertes en la guerra. En mi caso, tuve pesadillas en la primera época, pero luego ya no”. “Cuando volví, me pude insertar de nuevo a trabajar

en la Cooperativa (Agrícola Ganadera Ltda. de Adolfo Alsina), continué con mi novia, que hoy es mi esposa, y conté con el apoyo de la familia y de los habitantes de Carhué. Comenzamos hablando de a poquito, pero nos hizo bien poder hablar, sacarnos eso de adentro y tenemos la necesidad de reunirnos todos los años varias veces. Todos hemos pasado por psicólogos y hemos tenido apoyo familiar, laboral, y hemos tenido vidas comunes”, dijo en relación a la necesidad de contar lo vivido. “La oportunidad histórica de recuperar Malvinas ya la perdimos. Si en 1982 el Reino Unido afrontó el gasto económico y político de la guerra, lo hizo pensando que esas islas serán suyas de por vida. Por más esfuerzo diplomático que se haga, es

muy difícil que devuelvan las islas, además no es el único territorio que ellos tienen ocupado”, reflexionó. “No iría a Malvinas, mientras tenga que ir con un pasaporte. Incluso, tengo miedo de mi reacción personal si vuelvo a Malvinas, así que prefiero no ir”, concluyó Julio Hinding.

El Concejo Deliberante de Adolfo Alsina hará un importante reconocimiento a los veteranos de Malvinas el próximo 7 de julio en un acto que tendrá lugar en el recinto del HCD y al cual han sido invitados todos los héroes de Malvinas de nuestro distrito, oriundos y residentes. Una buena iniciativa, sin dudas.


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RAÚL CALDERIA

“Pensábamos que íbamos sólo a custodiar porque las islas ya habían sido tomadas” El ex soldado contó su experiencia en las islas australes como parte de la Policía Militar e indicó que la comunidad de Carhué lo incluyó laboralmente al poco tiempo de terminado el conflicto, gesto que aún hoy agradece. Raúl, como muchos jóvenes de 18 años, se encontraba haciendo el Servicio Militar Obligatorio en abril de 1982 y se enteró que iría a Malvinas al regresar de un franco. Sobre esa experiencia, reveló: “Al regresar a la compañía nos informaron que teníamos que armar todo el equipo para salir de viaje rumbo a Malvinas. Yo no iba a ir, porque había quedado como chofer de la Policía Militar y fui porque insistí a mis superiores para ir, ya que veía que todos iban y yo no. Tenía 18 años y pensábamos que íbamos sólo a custodiar porque las islas ya habían sido tomadas”. “Era otra época, porque aunque teníamos 18 años las responsabilidades eran más que las que puede tener hoy un chico de esa misma edad. De todas maneras, éramos pibes”, opinó. Sobre la misión que cumplió, comentó que “como Policía Militar nos encargábamos de mantener el orden en el pueblo, en Puerto Argentino. Hacíamos pa-

trullajes para evitar que las tropas argentinas compren o roben en los comercios ingleses y desabastezcan a la comunidad. Cuidábamos lugares como la planta de YPF, la Casa del Gobernador, etc. Al poco tiempo de estar allí sufrí una infección en una pierna -no podía usar borceguíes- y fui enviado al Servicio de Inteligencia, como cocinero”. “Siento que fui un privilegiado en la guerra porque si bien estuve en ese conflicto, estuve bajo techo, en un lugar donde podía bañarme, comí -mal, pero comía-. Uno de los trabajos que realizaba era ir al aeropuerto cuando venían los (aviones) Hércules a traer correspondencia. Recibí cartas, encomiendas que enviaba mi familia, otra que envió la esposa de quien era el Jefe del Correo aquí en Carhué con gorros de lana para repartir”, rememoró. Consultado sobre la dificultad de hablar de la guerra, sostuvo que “al principio” le costó hablar del tema. “Nos pedían que no comentára-

Raúl Calderia. Era chofer de la Policía Militar y pidió ir a Malvinas. mos lo sucedido. Tampoco teníamos nada grave para comentar”, dijo. “Éramos dos soldados, cuatro oficiales, cuatro suboficiales y cuatro radio operadores civiles. Aunque eran oficiales y suboficiales oficinistas estaban preparados para la guerra, y lo que hacían en Inteligencia también es parte del combate. Recuerdo que (Mario Benjamín) Menéndez -que era el Gobernador de Malvinas- iba todos los días a Inteligencia a hablar con Galtieri”, reveló. “El 1ro de mayo, cuando comenzó el combate aéreo sobre Puerto Argentino, fue emocionante. Veíamos a los aviones en vuelo rasante ametrallando, antiaéreas disparando balas trazantes cuya trayectoria se ve, miedo

tuvimos siempre. No podíamos fumar porque la brasa del cigarrillo se ve desde una gran distancia, recuerdo eso. Con mi compañero estábamos haciendo guardia en una ventana de la casa y esa noche de los nervios nos comimos una caja de galletitas Express”, contó Raúl Calderia. “Una guerra es lo peor que puede haber. Jamás se tiene que llegar a una situación semejante”, reflexionó y contó su experiencia con un misil que no llegó a explotar durante los últimos días de la guerra en una de las casas que custodiaban. “En la casa donde estábamos cayó un misil, que por suerte no llegó a explotar. Se había cortado la luz, eran antes de las ocho de la mañana, estábamos pre-

parando el desayuno y nos asustamos mucho. El misil entró por el techo, derrumbó el primer piso e hizo un pozo en la planta baja. Segundo antes se había levantado el Mayor que estaba acostado en un sillón, justo donde el misil cayó. Un capitán y un teniente coronel que se estaban yendo a dormir, se salvaron de milagro. El capitán se quebró un brazo con una viga y el teniente coronel se salvó porque se había puesto el casco para subir la escalera y se le clavó una astilla entre la fibra de vidrio y el casco. Si hubiese explotado, hacía un cráter de 50 metros”, relató. Luego se refirió al recibimiento de la comunidad tras el final de la guerra. “Desde el principio nos reconocieron, y creo que es algo que

sucedió en los pueblos y no en las ciudades donde no se les prestó atención. Por ejemplo, por el hecho de ser ex combatiente, yo siempre he conseguido trabajo. Eso es algo que sucede en los pueblos, a lo mejor en las ciudades hay un prejuicio de parte de los empleadores de que somos ‘locos de la guerra’”. Luego, indicó que por parte del Estado no tuvieron mucha contención, y que recién “transcurridos unos 15 años de la guerra vino del gobierno una nota para hacernos un estudio psicofísico”. “Después del sacrificio de tantos argentinos, que perecieron allá, que no se continúen las gestiones diplomáticas sería una picardía. Pero si hubiera que llegar a una guerra nuevamente para recuperarlas, no estoy de acuerdo”, concluyó. Por último, se refirió al contacto que mantiene con sus camaradas. “Quienes formamos parte de la Policía Militar tenemos contacto telefónico con nuestro ex jefe de compañía, y nos juntamos desde hace un tiempo a esta parte, bastante seguido, en distintas localidades, como Buenos Aires, Olavarría, Los Pocitos, acá en Carhué y ahora nos han invitado desde la Policía Militar de Buenos Aires -que es el único cuerpo que queda- para que pasemos un día con ellos y brindemos una charla”, concluyó Raúl Calderia.


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JORGE NELSON SELESAN

JORGE ROBLES

Oriundo de Gascón y radicado actualmente en Rivera, contó cómo vivió la Guerra cuando lo llamaron para que se reincorporara a los pocos días de que le hubieran dado la baja definitiva.

El médico veterinario de Rivera, que fue a Malvinas como parte de la Agrupación “Perros de Guerra”, sostiene que la vía diplomática es la única para recuperar las Islas.

“Fueron los peores 74 días de mi vida”

Jorge Selesan. “Me gustaría que me devuelvan los 74 días que le robaron a mi juventud”. Jorge Nelson Selesan, quien desde hace algunos años se radicó en Rivera -donde tiene un comercio de comidas-, recibió la baja definitiva del Servicio Militar Obligatorio, con DNI firmado, el 16 de marzo de 1982. “Comencé a trabajar, como cualquier ciudadano civil, pero el 3 de abril me vuelven a reincorporar nuevamente como soldado”, contó a CAMBIO 2000. “El 7 de abril a las 5 de la mañana nos suben a los camiones y partimos hacia el Sur. Comodoro Rivadavia. Se formaron distintos grupos y fuimos destinados a distintos lugares... nadie

sabía dónde éramos trasladados. A mí me tocó la base de almacenamiento y abastecimiento de alimentos y armamento. Diariamente cargábamos aviones Hércules con destino al frente de combate... eso nos decían. Así me enteré. Ya estaba en la guerra sin darme cuenta”, relató Selesan, oriundo de Gascón, quien a los 18 años, cuando debió asistir al Servicio Militar, se estableció en Bahía Blanca. Al ser consultado respecto a si combatió en la guerra, expresó: “Si combatir llaman a enfrentar cuerpo a cuerpo al enemigo, no. De los 11.500 soldados destinados

en Malvinas, 1.500 entraron en combate efectivo”. “Sí combatí el frío, el hambre, el maltrato diario de los superiores, no saber que nos pasaría... sí... los combatí... no me quedaba otra cosa que hacer”, añadió. “Solo quería volver a casa con mi familia que no sabía en qué lugar estaba... no nos dejaban decirlo en las cartas... las teníamos que entregar abiertas, ya que elegían al azar y las leían”, apuntó. Para Jorge “fueron los peores 74 días de mi vida. Fui parte del último grupo en volver, ya que teníamos que recibir y atender a los muchachos que volvían de Malvinas, algo que no quiero contar… sólo imágines tristes y dolorosas”. En cuanto a reconocimientos, dijo que solo ha recibido “una medalla y un diploma de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires, nada más”. “¿Pensión, obra social? No... tampoco las quiero, sólo deseo que me dejen vivir en paz... dicen que no estuve en la guerra…”. Por último, dijo: “De los políticos no hablo... primero que solucionen el hambre en el país, después que recuperen Malvinas”. “Sí me gustaría que me devuelvan los 74 días que le robaron a mi juventud”, concluyó Jorge Nelson Selesan.

“Fue una triste experiencia desde todo punto de vista”

Jorge Robles, actual médico veterinario que reside en Rivera, se enteró que iría a Malvinas el 4 de abril de 1982. “Me enteré que iría a las Islas cuando me puso en conocimiento mi comandante en la Base Naval Puerto Belgrano”, contó a este medio. “El día 6 de abril partí rumbo a las Islas Malvinas como parte de la Agrupación Perros de Guerra, en el buque ARA Bahía Buen Suceso. Éramos un oficial a cargo de la sección veterinaria (que era yo), un sub oficial para el manejo de tropa, 21 soldados y 18 perros. Arribamos el día 9 de abril. Allá nos esperaba un oficial como Jefe de la Agrupación”, expresó. Jorge Robles recuerda la guerra como “una triste experiencia desde todo punto de vista”. Cuando se le preguntó si había combatido, respondió: “Es una pregunta muy difícil de responder... ¿qué significa combatir en una guerra? Tirar tiros, manejar un avión, disparar un obús, transportar municiones, transportar víveres, manejar un arma antiaérea, atender un radar, atender las comunicaciones, cocinar para los soldados, transportar y atender heridos, construir un refugio, podría seguir con una lista innumerable de cosas. Desde su puesto de tarea, todos combaten en la guerra”. Por otro lado, dijo que nunca tuvo problemas en

Jorge con la bandera que flameó en Malvinas. En la foto, junto a su esposa Brenda. hablar de Malvinas “si es que se da el tema, pero en general prefiero no hacerlo”. En cuanto a reconocimientos por su participación en el conflicto del año 1982, Jorge Robles dijo que “reconocimientos oficiales he recibido dos: distintivo y medalla, ambos de la Armada Argentina. La medalla del Honorable Congreso de la Nación no fui a recibirla. El

reconocimiento más importante que he recibido siempre es el afecto de la gente”. Por último al ser consultado respecto a si está de acuerdo con la gestión diplomática encarada por los distintos gobiernos para recuperar las Islas Malvinas, Jorge Robles respondió: “Sobran las palabras. Creo que la vía diplomática es el único camino”.


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Carhué, JUEVES 29 de JUNIO DE 2017

HÉCTOR GALLARDO

“Estuve a la deriva en una balsa por más de 48 horas”

Con mucho dolor se animó a contar su experiencia como sobreviviente del hundimiento del ARA General Belgrano. Además, habló de la pérdida de ex compañeros que se suicidan e indicó que por esa razón prefiere evitar los actos conmemorativos a la fecha. En diálogo con CAMBIO 2000, Héctor Gallardo hizo lo que pocas veces ha hecho, contar su experiencia en la Guerra de Malvinas como sobreviviente del hundimiento del ARA Crucero Gral. Belgrano, en el que perdieron la vida 323 hombres. Aunque reconoció que le costó mucho poder hablar del tema, el ex soldado, que actualmente se desempeña como DT de Vóley en Olimpo de Bahía Blanca, dijo que “hoy ya lo tomo mejor en todo los sentidos”. Sobre el momento en que supo que iría a Malvinas, Héctor recordó: “Estaba en mi casa y me faltaba poco para la baja. Un día me llamaron para que me presentara en Puerto Belgrano porque teníamos que salir a altamar y ya en el mar nos dijeron lo que ocurría. Lo tomamos dentro de todo bien, si bien sentimos miedo, estábamos convencidos de defender lo nuestro. La misión del Belgrano, que estaba cerca de las islas de los Estados, era no dejar pasar a los buques ingleses a cargar combustible a Chile. Un día salimos a cargar

combustible y provisiones y trascurrida una hora, nos atacaron”. Era el 2 de mayo, a las 16.01 y 16.11 horas dos torpedos del submarino inglés HMS Conqueror impactaron contra el ARA Gral. Belgrano, provocando daños graves en el barco. Una hora después, el buque se hundía y con él, 323 vidas se iban también a las heladas aguas. En el momento de los impactos, Héctor estaba “en la tercera cubierta, merendando. Gracias a Dios conocía el interior del Belgrano, ya que contaba con siete cubiertas a bordo. En ese momento, sólo pensás en salvarte. Fue una experiencia muy fea. Estuvimos a la deriva en una balsa por más de 48 horas. Éramos unos 20 y andábamos en pantalón corto, remera y descalzos, porque así estábamos vestidos cuando ocurrió todo. Cuando nos rescataron estábamos en las últimas, casi congelados”. Sobre el día del rescate, rememoró: “Salió el sol y a los 15 minutos nos vio un avión y dio aviso para que nos vinieran a rescatar. La bocina del buque que venía

a auxiliarnos es el recuerdo más grande que tengo. Una vez en el buque nos llevó por lo menos dos horas entrar en calor porque estábamos prácticamente congelados. Luego, no recuerdo mucho porque sufrí un desmayo”. Gallardo señaló que fue reconocido “por el gobierno nacional y provincial. En ese sentido, estamos bien”, aunque admitió que “se nos reconoce más ahora, algo que tendría que haber sucedido en un primer momento”. Luego, comentó que le costó hablar de sus vivencias. “Me costó un tiempo hablar. Actualmente, gracias a dedicarme al deporte, puedo hablar del tema y en cada oportunidad que puedo, lo hago”.

“Otra cosa que me cuesta es asistir a encuentros con ex combatientes, entre otras cosas porque no me siento bien y porque en oportunidades he asistido y, al año siguiente, iba y algún compañero no estaba más”, dijo con respecto a la alta tasa de suicidios que hay entre los ex soldados. Por último, al ser consultado acerca de la posible recuperación de las islas por la vía diplomática, indicó: “No sé, en este momento de eso no se habla más. Ojalá que se recuperen, que se haga lo que se tiene que hacer”.

Héctor Gallardo. “Cuando nos rescataron estábamos casi congelados”.

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