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Espacios verdes

También en el ecosistema urbano Desde que las ciudades derribaron sus murallas y empezaron a extenderse ilimitadamente sobre el territorio, el ciudadano que deseaba huir del asfalto se empezó a extender por una naturaleza cada vez más antropizada. Para evitar este éxodo colonizador, parques, jardines, huertos y corredores biológicos son algunos de los espacios que han intentado imitar e introducir la naturaleza en la ciudad. texto:

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Luis Guijarro

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racias a las opciones de algunas herramientas como Google maps, si nos disponemos a contemplar el plano de cualquier ciudad, en una primera comprobación observaremos la existencia de una zona edificada, junto a un conglomerado de comunicaciones, calles y plazas entre los que

surgen superficies sin edificar, como sucede con los patios, espacios libres íntimamente ligados a la edificación y que a diferencia de las calles o plazas tienen un carácter privado frente al uso público de aquellos. También observaremos, casi siempre en color verde, multitud de parques y jardines con distintas denominaciones y formas. Estos son los encargados de introducir en la ciudad añorados elementos naturales como la vegetación, el agua y la tierra, en la medida de lo posible de manera controlada y ordenada según las corrientes estéticas de la época.

Conquistar territorio La ciudad surgió como un lugar para defenderse de los demás pero también de lo desconocido, de los animales, de las inclemencias del tiempo y de los desastres que se podían controlar. La ciudad despejaba la incertidumbre y permitía el desarrollo humano físico e intelectual. Hasta la más humilde de las ciudades tenía unos límites definidos y algún sistema de control, aceso o filtro. Una fórmula que en sus inicios funcionó muy bien. Pero mientras la dimensión de la ciudad medieval mantenía una relación muy directa con la naturaleza, la necesidad de espacio físico para alojar más población y la demanda de un mayor contacto con la naturaleza trajo consigo un consumo acelerado de la misma. Actualmente cada vez es más necesario alejarse de la ciudad para encontrar el medio natural. Las ciudades crecen y se van tropezando unas con otras, grandes extensiones de territorio quedan urbanizadas, mientras que las zonas que circundan las urbes aparecen como terrenos baldíos. Para evitar esta colonización se hizo necesario introducir la naturaleza en

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las ciudades, basándose en criterios armónicos y buscando la creación de un ecosistema urbano en el que se conjugase la actividad económica y social con el ocio y la vida natural.

La ciudad se beneficia del arbol

Ecosistema Urbano La Organización de Naciones Unidas (ONU) define el ecosistema urbano como “una comunidad biológica donde los humanos representan la especie dominante o clave y donde el medioambiente edificado constituye el elemento que controla la estructura física del ecosistema”. Los ecosistemas urbanos cubren actualmente cerca de un 4% de la superficie de la Tierra (más de 471 millones de hectáreas), lo que supone cuatro veces más que los ecosistemas de agua dulce. En ellos viven, según “El informe sobre el estado de las ciudades del mundo 2008/2009” de ONUHABITAT, la mitad de la humanidad (en Europa este porcentaje aumenta hasta el 70%). Dentro de dos décadas, será el 60% de la población la que resida en estos entornos urbanos. En este ecosistema las zonas verdes han satisfecho las demandas recreativas y de ocio de los ciudadanos, mejorando la calidad de vida de los mismos y ayudando a estructurar el entramado urbano. Estas funciones son de vital importancia para la vida de la población dentro de las ciudades. Sin embargo, aunque la consideración social de estos reductos verdes es muy positiva, se ha comprobado que para integrar la naturaleza en la ciudad se necesitan más espacios naturales y una mayor implicación de todos los actores responsables del urbanismo que permitan disfrutar de unas ciudades más sostenibles.

Ciudad de los ciudadanos Inevitablemente, el ecosistema urbano está sometido a una gran cantidad de ruidos y contaminación que reduce la presencia de la flora y la fauna, disminuye la vitalidad, acelera

• Un solo árbol de tamaño mediano tiene la capacidad de transpirar hasta 450 litros de agua por día, consumiendo 1.000 mega julios de energía calorífica en el proceso de evaporación.

• Un estudio de la ONU para la ciudad de Chicago estima que los árboles eliminan 5.575 toneladas de contaminantes atmosféricos por año, lo que supone un “servicio de limpieza” de nueve millones de dólares.

• Los árboles y espacios verdes en las ciudades disminuyen significativamente la temperatura, que puede ser entre 0,6 y 1,3 grados más elevada que en las zonas rurales, reduciendo el consumo de energía.

• Al plantar árboles y arbustos y cubiertas vegetales adecuadas, volvemos a un medio ambiente más natural y menos artificial. Los pájaros y otros animales silvestres son atraídos a esos espacios, Los ciclos naturales de crecimiento, reproducción y descomposición de las plantas vuelven a estar presentes, tanto en la superficie como debajo de la tierra. Se restablece la armonía natural en el medio ambiente urbano.

• Los árboles proporcionan elementos naturales y hábitats para la vida silvestre en los alrededores urbanos, lo cual aumenta la calidad de vida de los habitantes.

• Un árbol absorbe de media los gases tóxicos que emiten 100 coches en un día.

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• Los árboles reducen considerablemente la contaminación atmosférica (dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono, ozono, partículas y metales pesados).

el envejecimiento de los habitantes, aminora la biomasa y altera la capacidad reproductora de las especies vegetales y animales. La evolución de la ciudad como paisaje cultural densamente edificado conlleva a la destrucción de los ecosistemas naturales originales y a la desaparición total de la vegetación autóctona. Incluso en los espacios libres y zonas verdes, las especies autóctonas se sustituyen por otra vegetación planificada y por plantas ornamentales que no son propias del lugar. Las zonas verdes y los espacios libres deben impedir esa destrucción y ser los garantes de la presencia

• Una ciudad Europea con una población de un millón de habitantes genera cada día en la combustión de combustibles fósiles 25.000 toneladas de dióxido de carbono. Los árboles consumen buena parte de este dióxido de carbono y producen grandes cantidades de oxígeno.

de la naturaleza en la ciudad. Lo ideal sería, según recogen Sukopp y Werner en el libro “Naturaleza en las ciudades”, que estos espacios ornamentaran la ciudad, proporcionaran espacios recreativos para la expansión de la población y favorecieran el contacto de ésta con la naturaleza. También deberían me-

• Los árboles cumplen diversas funciones de tipo arquitectónico o de ingeniería. Dan privacidad, enfatizan vistas u ocultan aquellas que son desagradables. Reducen la luz intensa y la reflexión. Dirigen el tránsito peatonal y proporcionan trasfondos. También suavizan, complementan o realzan la arquitectura.

jorar las condiciones climáticas de la ciudad aumentando la humedad y control de la temperatura reduciendo la contaminación ambiental, ya que las hojas sirven para el depósito de las partículas contaminantes en suspensión, actúan como filtro y freno a la velocidad del viento, amortiguan el ruido de baja frecuencia,

• Los árboles producen una reducción muy significativa de los niveles de ruido en las ciudades. Un cinturón de 30 metros de árboles altos, combinado con superficies suaves, puede contribuir a reducir los niveles de ruido en un 50%.

proporcionan espacios adecuados para el desarrollo de la vida animal e, incluso, reflejan los cambios estacionales a lo largo del año. ¿De qué forma puede estar presente la naturaleza en la ciudad? Una tipología tópica en la cultura urbanística la recoge el director del Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, Agustín Hernández, en el libro “Parámetros rotacionales para la ciudad de los ciudadanos”, de donde destacamos como soportes naturales a las áreas de juego y estancia, jardines, parques urbanos

y parques supralocales, terrenos baldíos, cementerios y árboles de alineación. Un interesante listado que se completa con áreas verdes circundantes a la ciudad en forma de cinturones verdes, tejados ecológicos, huertos de ocio, cuñas verdes que lleguen casi al interior de la ciudad, terrenos agrícolas y hasta las fachadas de los edificios. Todos, en su conjunto deberían contribuir para conseguir una ciudad más confortable, diversa y natural. Los parques, en cualquiera de su características, son los ejemplos más representativos del acercamiento de la naturaleza a la ciudad.


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Pero existen otros no tan conocidos como los anillos verdes, los jardines verticales, los huertos urbanos e, incluso, los corredores biológicos que están siendo adoptados por numerosas entidades locales para disfrutar de una ciudad más natural y que merecen una explicación.

Corredores biológicos

Surcos naturales en la ciudad En la naturaleza, los corredores biológicos o ecológicos, conectan entre sí dos o más áreas para permitir la dispersión de los seres vivos y contrarrestar la fragmetación de los hábitats. El objetivo de los corredores ecológicos, según el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, es facilitar el flujo genético entre poblaciones, lo cual aumenta la probabilidad de supervivencia a largo plazo de las comunidades biológicas y, en última instancia, de los procesos ecológicos y evolutivos.

Anillo Verde de Vitoria En su conquista de territorio natural, el ciudadano ha creado unos espacios periféricos de transición entre lo urbano y lo rural, unas zonas sin vocación de uso definido que están sometidas a una serie de actividades incontroladas, ilegales y conflictivas como chabolismo, vertidos incontrolados, talas de bosques, incendios, desecación de zonas húmedas, etc. Actividades que convierten estas zonas en áreas peligrosas y altamente degradadas. En el caso de la ciudad de Vitoria, Green Capital 2012, esta situación suponía una continua amenaza para la desaparición de pequeños elementos naturales relictos, con alto valor de conservación que aún sobrevivían a estos usos (bosques isla, setos arbustivos, pequeños ribazos de vegetación natural, arroyos, pequeñas zonas húmedas, etc.). Como comentan desde el Centro de Estudios Ambientales de VitoriaGasteiz, para evitar esta amenaza se aprovecharon las directrices que ofrecía la Agenda 21 y se puso en marcha el Anillo Verde de VitoriaGasteiz. Se trata de un proyecto de recuperación de una serie de espacios naturales que actúan como pulmón verde y que sirve de transición entre el medio urbano y el medio rural. Los responsables del proyecto vieron que las zonas verdes periurbanas, debido a su proximidad al ciudadano, podían ser unos espacios perfectos para la expansión y el ocio, con unas grandes posibilidades científicas y educativas que se debían recuperar. Después de más de 18 años trabajando en el proyecto, durante los cuales se han llevado a cabo impor-

Los corredores constituyen una de las estrategias posibles para mitigar los impactos causados en los hábitats naturales por actividades industriales, la agricultura y forestación industriales, la urbanización y las obras de infraestructura, tales como las carreteras, líneas de transmisión y represas. Diversos lugares del mundo ya cuentan con alguno de estos corredores o se proyecta su realización, en algunos casos de forma muy llamativa. Por ejemplo el Corredor Biológico Mesoamericano, propuesto en 1996, abarca los países de América Central y el sur de México, y permite la libre circulación de animales y semillas, conectando áreas valiosas para la biodiversidad. En España destacan las vías pecuarias que, además de servir para el tránsito de reses, suponen una especie de corredores ecológicos que se distribuyen por más de 40 provincias.

Los parques son los ejemplos más representativos del acercamiento de la naturaleza a la ciudad. Pero existen otros como anillos verdes, jardines verticales, huertos urbanos y corredores biológicos tantes actuaciones de restauración ecológica y paisajística de zonas degradadas y de acondicionamiento para el uso público, el Anillo Verde cuenta actualmente con cinco parques ya consolidados: Armentia, Olarizu, Salburua, Zabalgana y Zadorra. No obstante, en la periferia de la ciudad quedan todavía algunas zonas degradadas pendientes de recuperación y está por completar el sistema de conexiones que enlazará unos espacios con otros a través de sendos corredores ecológicos. Este proyecto posee una gran diversidad de ambientes que atesoran en conjunto una notable riqueza naturalística. Bosques, ríos, humedales, praderas, campos de cultivos, sotos y setos son una muestra de los variados ecosistemas que coexisten en la periferia urbana de esta ciudad, algunos de ellos internacionalmente reconocidos por su elevado valor ambiental, como es el caso de los humedales recuperados

de Salburua o el ecosistema fluvial del río Zadorra. Su puesta en marcha ha frenado numerosas prácticas irrespetuosas con el medio ambiente y ha eliminado las zonas y focos incontrolados de vertido de residuos y otras agresiones ambientales. También se han disminuido los efectos de la industria como la contaminación acústica y atmosférica sobre la ciudad, actuando como un excelente filtro mitigador de dichos procesos contaminantes. Igualmente, en las 401 hectáreas de espacios verdes periurbanos acondicionados para el desarrollo de actividades de ocio, se han mejorado las condiciones de biodiversidad que estaban altamente amenazadas, contando hoy con la presencia de 200 parejas reproductoras de aves acuáticas y 1.700 ejemplares invernantes. Además se han regenerado los suelos contaminados y se ha mejorado la calidad del agua del acuífero.

Jardines verticales Cuando en muchas ciudades parecía que no quedaba espacio para levantar nuevos jardines, Emilio Ambasz en la década de 1990, como en un gesto poético de resarcimiento de la naturaleza, vio sus muchas posibilidades y se convirtió en uno de los pioneros del desarrollo del jardín vertical. Se trata de un jardín que tapiza muros y tejados con plantas que crecen sin ningún tipo de suelo, como hacen las epifitas, musgos, líquenes, orquídeas, helechos y bromelias, y que usan de soporte a otras especies en lugar de enraizar en el suelo gracias a la ligereza de su peso, así como por su óptima instalación en el exterior de edificios, incluso sometiéndose a diferentes climas. De la mano de los jardines verticales se confeccionan superficies vegetales que sirven de filtros de aire

y reguladores térmicos, reduciendo hasta ocho grados la temperatura exterior y hasta diez decibelios la contaminación acústica. Los primeros ejemplos de jardines verticales aparecieron en Alemania, y actualmente más de cien ayuntamientos de ese país ofrecen incentivos para la construcción de cubiertas ecológicas. El Jardín de la sede de la Obra Social “la Caixa”, un “muro vegetal” diseñado por el botánico francés Patrick Blanc y también presente en ciudades como París, Nueva York, Bangkok y Nueva Delhi, es el primero instalado en España y el mayor implantado sobre una fachada sin huecos. Ubicado en la ciudad de Madrid, ocupa 460 metros cuadrados de superficie vegetal y alberga 15.000 plantas de 250 especies que dibujan un gran tapiz sobre un plano vertical. También, y a una altura de 250 metros, Patrick Blanc ha diseñado

Las ciudades no podían escapar al poder de seducción de estos corredores y, en su afán por integrar la naturaleza en la urbe, también ha intentado imitar los corredores ecológicos naturales. Así ha sucedido en Madrid con el soterramiento de la M-30 y la creación de Madrid Río. Es una intervención a lo largo de casi ocho kilómetros, que ha dejado una superficie de 1.200.000 metros cuadrados justo en el centro de la ciudad. Se han rehabilitado o construido 32 puentes y pasarelas, se han plantado más de 33.000 árboles y se han creado 429 nuevas hectáreas de zonas verdes. Madrid Río conecta la capital con el exterior por el cauce del Manzanares. En los extremos, conecta con dos grandes parques históricos, El Pardo y el Jarama. El proyecto también “acerca” la ciudad a la Casa de Campo. Para ello, se han plantado más de 33.000 nuevos árboles de 47 especies diferentes (predomina el pino, luego el ginkgo biloba, plátano, fresno y castaño de Indias) y 460.000 arbustos de 38 especies, sobre todo, plantas aromáticas y trepadoras. El río es, además, un corredor de la fauna migratoria que se desplaza entre la Casa de Campo, el parque del Oeste y El Pardo (los parques al noroeste de la ciudad) y los del suroeste, el Manzanares Sur y el de Tierno Galván, que actúan como un espacio abierto de comunicación de las aves y de los animales de vuelo nocturno.

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Los parques urbanos más impactantes del mundo Acudiendo a diferentes fuentes, hemos elaborado un ranking con los parques urbanos más importantes del mundo por ser verdaderos oasis en medio de la jungla de cemento. Auténticos pulmones verdes donde, además de sus valores ambientales, permiten la realización de numerosas actividades.

TRIBUNA

¿Qué cosechan los huertos urbanos? • Parque del Retiro, Madrid. Es sin duda el parque más emblemático de la ciudad de Madrid, tanto por su gran tamaño como por su emplazamiento en pleno centro de Madrid y su singular belleza y la de los distintos elementos que lo componen.

• Parque Guell, Barcelona. Construido entre 1900 y 1914 por el arquitecto Antonio Gaudí, nació con la finalidad de ser una especie de Ciudad Jardín.

• Central Park en Nueva York. Uno de los parques urbanos más famosos y que todos conocemos de verlo en películas y series de televisión. Fue el primer parque público de Estados Unidos y, sin duda, es el más visitado del país.

• South Mountain Park. Situado en la ciudad de Phoenix, es el parque urbano más grande de Estados Unidos.

• Hyde Park, Londres. Uno de los más importantes de Londres, considerado como el auténtico pulmón verde de la ciudad.

• Vondelpark, Ámsterdam. El parque más famoso de los Países Bajos por las numerosas actividades que se pueden desarrollar en él.

• Stanley Park, Vancouver. Situado en el límite del centro de Vancouver, en Canadá, es un extenso parque público con más de 500.000 árboles, acuario, granja, parque acuático y campo de golf.

• Ueno Park, Tokio. Situado junto a la estación de Ueno, el parque es famoso por sus museos, galerías de arte y por sus más de 1.000 cerezos que florecen en primavera.

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• Parque de Chapultepec, Ciudad de México. Ubicado en plena capital, es además de un área verde el escenario del Museo Nacional de Historia, la residencia presidencial, el zoológico y el Castillo de Chapultepec, entre otros atractivos.

• Englischer Garten, Munich. Famoso por sus numerosos jardines, su lago y las tres islas que alberga.

un espacio vegetal, “un faro verde”, desde la cota 210 hasta la 250 de La Torre de Cristal de Madrid, el segundo edificio más alto de España. Se trata de una obra ambiciosa, pues además de contar con un marcado carácter estético y ornamental característico de las obras de Blanc, en la Torre de Cristal estos valores adquieren un significado absoluto donde no se trata de ocultar la fealdad de un aparcamiento o de embellecer una fachada poco atractiva. El jardín de la Torre de Cristal es un homenaje a la naturaleza y una constante llamada al hombre urbano hacia ésta.

• Jardines de Luxemburgo, Paris. Además de su elegante diseño paisajístico posee una gran colección de esculturas del siglo XIX y otros sitios dedicados a la arboricultura, la apicultura, la jardinería y el tenis

Agricultura entre rascacielos Otro ejemplo representativo para llevar la naturaleza a la ciudad son los huertos urbanos, donde el ciudadano, además de contemplar como crecen sus propias hortalizas, puede recuperar zonas verdes y mitigar la acumulación del calor en las ciudades. Se trata de espacios verdes y ecológicos plantados entre rascacielos, fábricas y polígonos industriales. Los huertos urbanos representan dentro de los núcleos urbanos una vía de contacto con la

naturaleza, al mismo tiempo que aportan beneficios educacionales, sociales, ambientales, terapéuticos y, en algunos casos, económicos. No es necesario para su creación y desarrollo disponer de grandes extensiones de terreno; se puede utilizar un solar que está en desuso, las azoteas de los edificios o los balcones y terrazas de la propia vivienda. En este sentido ha surgido Huertoscompartidos.es (Tú cultivas, yo te dejo la tierra). Se trata de una iniciativa de la asociación Reforesta que pone en contacto a quienes quieren cultivar y no disponen de terrenos,

• Parque Metropolitano de Santiago de Chile. Uno de los parques urbanos más grandes del mundo, también conocido como Cerro San Cristóbal. Desde aquí se disfrutar de la mejor vista de la ciudad.

con aquellas personas que tienen terrenos, pero no tienen tiempo para trabajarlos, fomentando la cesión gratuita de los mismos a cambio de compartir la cosecha. Huertos Compartidos promueve los huertos urbanos ecológicos, creando una comunidad de nuevos hortelanos. Esta reciente iniciativa ya tiene unos 250 participantes (entre hortelanos y propietarios) y en apenas dos meses su web ha recibido más de 15.000 visitas. Huertoscompartidos.es, según su impulsor, Santiago Cuerda Cañas, “es una contribución a la socie-

• Tiergarten, Berlín. Hogar de muchas oficinas e instituciones parlamentarias, es un verdadero bosque urbano con su propio ecosistema, además de esculturas y monumentos.

dad en transición hacia un modelo de economía verde, una firme apuesta por la horticultura urbana ecológica, que nos ayudará a hacer más habitables las ciudades, a recuperar nuestros pueblos, a reducir CO2 y a emplear el tiempo de ocio en una actividad gratificante, saludable y económicamente rentable, ya que nos proveerá de hortalizas para el consumo familiar. Además, fomenta la ayuda mutua entre propietarios y horticultores y mejora las relaciones sociales. En definitiva, tendremos unas ciudades más amables”.

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a ciudad debe de reconciliarse con la naturaleza, y una de las múltiples estrategias para lograrlo es la puesta en valor de la actividad agrícola. Una tarea que se debe realiza tanto en las fronteras peirurbanas, donde destacaría su dimensión de producción hortícola de cercanía, de protección de espacios de alto valor ecológico vulnerables ante la expansión urbana o de mantenimiento de la identidad cultural y paisajística, como en el interior de los cascos urbanos donde acentuaría su dimensión de herramienta privilegiada para la recuperación de espacios urbanos degradados, la educación ambiental significativa, la puesta en marcha de nuevas iniciativas de participación ciudadana, el abordaje de cuestiones relacionadas con la soberanía alimentaria en las ciudades (promoción horticultura, grupos de consumo, circuitos cortos comercialización…). Los espacios, las tipologías y las imágenes que asociamos a la agricultura urbana son mucho más plurales y diversos que la parcela de tierra con surcos. La pluralidad de lugares, formatos, motivaciones y grupos sociales que promueven la agricultura urbana evidencian que su rasgo más característico sería la hortodiversidad. La proliferación de iniciativas durante los últimos años ha seguido ese patrón en el que conviven experiencias individuales y colectivas, formales e informales, de entidades de la sociedad civil o institucionales. Una dinámica que se concreta en programas municipales de huertos familiares o de ocio, huertos comunitarios impulsados por colectivos vecinales, azoteas, terrazas y patios interiores reconvertidas por comunidades de propietarios o ocupaciones informales. Una actividad que mientras siembra hortalizas además cosecha nuevas relaciones sociales e inspira nuevos modelos de ciudad. Jose Luis Fernandez Casadevante Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental

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Ciudad Sostenible