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Un punto de inflexión en la historia de la fábrica fue, precisamente, la fusión con Volkswagen y la creación de Autolatina en 1987. Para los viejos empleados de Pacheco fue un trago amargo el remplazo de la elipse azul por las iniciales “AL” en la icónica cebolla del tanque de agua. Un anodino logo sellaba el casamiento de ambas compañías y marcaba el comienzo de una etapa nueva comandada por la filial brasileña de la marca germana. Para muchos de ellos, esta fusión aceleró la cuenta regresiva para el Falcon y otros modelos de Ford. Mientras tanto, Rojas seguía creciendo. “Ahí tuve 46 personas a cargo y supervisaba la sección del compartimiento motor de la línea VW Senda y Gol hasta 1996, cuando se separaron Volkswagen y Ford. Después, trabajé en mantenimiento, en otros sectores de producción y finalmente llegué a asistente del gerente de planta

de estampados”. Durante más de 30 años fue un testigo privilegiado de la evolución de la fábrica. “Me retiré de Ford el 7 de julio de 2003 y volví en 2006 contratado por el área de Relaciones Públicas para encargarme de las visitas a la planta. Me retiré definitivamente en 2010. A esto, yo le llamo orgullo de pertenencia”. Carlos Rojas es un hombre Ford. Agradecido a la vida por la oportunidad de trabajar en una de las más importantes automotrices radicadas en el país, pero consciente de que sus logros fueron fruto de su esfuerzo y sacrificio personal. “A mí Ford me dio un montón de cosas. Yo empecé pelando papas y terminé como asistente del gerente de planta. Marcó una etapa de mi vida. Logré a través de Ford un montón de cosas, pero no me las regaló. Y dentro de eso estuvo el Falcon. El Falcon nunca va a morir, es inmortal”.z

Rojas y algunos de sus compañeros de trabajo junto a la última carrocería de Falcon.

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Autohistoria 24 04 2017  

Autohistoria, la revista digital de los autos históricos argentinos. Edición nº 24, abril 2017

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