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al piso sistema Hurst, derivada del Daytona Barracuda. Otra diferencia con el resto de la línea era el puente trasero. Si bien todos estaban equipados con el Dana 30, el GT disponía de una relación más corta de 3,31:1, contra 3,07:1 de las otras versiones. Con esta mecánica, la velocidad máxima superaba los 168 km/h, según el test realizado en 1969 por la de la revista Corsa. El exterior denotaba más un aspecto de auto de lujo que deportivo. El techo vinílico consolidaba esa imagen. El anagrama “GT” en la parte superior del guardabarros trasero lo identificaba. Sin cromados excesivos, solo en el zócalo, bordes del techo vinílico y de los pasaruedas y en los marcos de las ventanillas, el auto denotaba sobriedad. Un pequeño agregado ornamental lucía en el extremo del capot. Un cuestionado detalle lo constituían las tazas cromadas con seudo mariposas que imitaban (con muy mal gusto, por cierto) las mazas de las ruedas Rudge. Por su parte, el paragolpes trasero integraba dos luces de marcha a atrás. El interior se destacaba por sus butacas individuales con cinturones de seguridad, pero con respaldos no reclinables. Entre ellas, se ubicaba una consola central de madera que complementaba la capacidad de la guantera. Los paneles de puertas estaban totalmente cubiertos con un tapizado de diferentes texturas y áreas acolchadas en la zona de contacto con los hombros. Insertos de madera le daban un toque de calidez. Las manijas interiores fueron diseñadas priorizando la seguridad, eliminando o reduciendo las áreas salientes. El panel de instrumentos estaba integrado por tres cuadrantes. El derecho disponía de los indicadores de presión de aceite, tem-

Lo más. Aire acondicionado y caja automática.

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Un suntuoso interior en el Coronado. Asientos delanteros con respaldos inclinables y apoyacabezas. Los traseros, con apoya brazo central.

Autohistoria 24 04 2017  

Autohistoria, la revista digital de los autos históricos argentinos. Edición nº 24, abril 2017

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