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( H is torias con autos )

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prometí como regalo de bodas. Te vas a lucir en la fiesta. Así que te pido encarecidamente que arranques”. Dejé pasar cinco largos segundos y giré la llave de contacto nuevamente. El ronroneo del motor del Falqui inundó el silencio nocturno de la banquina. “¡Viste que vos podías viejo!”, le dije mientras le daba unas palmaditas sobre el tablero. El que no quiera creer en una conexión con el Falqui está en todo su derecho. Pero les digo que están equivocados. Nunca más tuvo esa falla eléctrica. Tampoco me puse a investigarla. En los dos días que estuvimos en Rosario no tuvo el menor inconveniente y eso que fuimos de un lado para otro. El Falqui se debe haber sentido muy elogiado por la canti-

dad de piropos que se llevó. En la fiesta de casamiento de mi prima Inés conocí a Mariela. Una amiga de ella que vivía, por esas casualidades, si es que las hay, cerca de mi casa. Estuvimos charlando mucho, más cuando se enteró que era el dueño del Falqui. Su padre había tenido uno igual cuando ella era chica. La llevé hasta la terminal para que tomara su micro de regreso a su casa. Yo me pensaba quedar un día más. La sorpresa fue enterarnos en el lugar que un paro sorpresivo de choferes había dejado sin servicio a cien-

Autohistoria 23 01 2017  

Autohistoria, la revista digital de los autos históricos argentinos. Edición nº 23, enero 2017

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