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PREMIO NOBEL

CIEN Aテ前S DE SOLEDAD

EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

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DISEÑO:

TATIANA BEDOYA

DIAGRAMACIÓN:

CINDY YOHANA GARZÓN GÓMEZ

FOTOGRAFÍA:

CAROLINA MACIAS

ESCRITURA:

ALEJANDRO MANTILLA

REDACCIÓN:

IRENE PEREZ

DISEÑO GRÁFICO:

DARWIN GÓMEZ

REVISIÓN FINAL:

LISBETH MONTAÑA

VOLUMEN:

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NÚMERO:

2

CIRCULACIÓN:

MENSUAL

ABRIL DE 2014

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La revista Mariposa se complace en saludar a todos sus lepi-lectores. En esta edición el lector tendrá el gusto de encontrar en sus textos enriquedores el tema acorde al nobel de literatura Gabriel Garcia Marquez.. Como un sentido homenaje en esta edición limitada se encontrará datos inéditos de la vida “GABO”, lo que incluyen análisis y opiniones de diferentes personalidades de gran influencia literaria y política en sus mejores obras.

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A nuestros lepi-lectores les agradecemos su fiel seguimiento e invitamos a quienes no han tenido la oportunidad de disfrutar nuestros textos que nos permitan ingresar en su cotidianidad literaria.

Siguénos en twitter: @Mariposas_Lectura Mari_B@gmail.com


Sección

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Página

Créditos

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Editorial

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Biografia Gabriel Garcia

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Cien Años de Soledad

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Eduardo Galeano: Cómo duele la muerte del Gabo

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Agradecimientos

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G

abriel García Márquez nació en Aracataca (Magdalena), el 6 de marzo de 1927. Creció como niño único entre sus abuelos maternos y sus tías, pues sus padres, el telegrafista Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez, se fueron a vivir, cuando Gabriel sólo contaba con cinco años, a la población de Sucre, donde don Gabriel Eligio montó una farmacia y donde tuvieron a la mayoría de sus once hijos. Los abuelos eran dos personajes bien particulares y marcaron el periplo literario del futuro Nobel: el coronel Nicolás Márquez, veterano de la guerra de los Mil Días, le contaba al pequeño Gabriel infinidad de historias de su juventud y de las guerras civiles del siglo XIX, lo llevaba al circo y al cine, y fue su cordón umbilical con la historia y con la realidad. Doña Tranquilina Iguarán, su cegatona abuela, se la pasaba siempre contando fábulas y

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leyendas familiares, mientras organizaba la vida de los miembros de la casa de acuerdo con los mensajes que recibía en sueños: ella fue la fuente de la visión mágica, supersticiosa y sobrenatural de la realidad. Entre sus tías la que más lo marcó fue Francisca, quien tejió su propio sudario para dar fin a su vida. Gabriel García Márquez aprendió a escribir a los cinco años, en el colegio Montessori de Aracataca, con la joven y bella profesora Rosa Elena Fergusson, de quien se enamoró: fue la primera mujer que lo perturbó. Cada vez que se le acercaba, le daban ganas de besarla: le inculcó el gusto de ir a la escuela, sólo por verla, además de la puntualidad y de escribir una cuartilla sin borrador. Primera novela, titulada entonces La casa, acompañó a doña Luisa Santiaga al pequeño, caliente y polvoriento Aracataca, con el fin de vender


la vieja casa en donde él se había criado. Comprendió entonces que estaba escribiendo una novela falsa, pues su pueblo no era siquiera una sombra de lo que había conocido en su niñez; a la obra en curso le cambió el título por La hojarasca, y el pueblo ya no fue Aracataca, sino Macondo, en honor de los corpulentos árboles de la familia de las bombáceas, comunes en la región y semejantes a las ceibas, que alcanzan una altura de entre treinta y cuarenta metros. En febrero de 1954 García Márquez se integró en la redacción de El Espectador, donde inicialmente se convirtió en el primer columnista de cine del periodismo colombiano, y luego en brillante cronista y reportero. El año siguiente apareció en Bogotá el primer número de la revista Mito, bajo la dirección de Jorge Gaitán Durán. Duró sólo siete años, pero fueron suficientes, por la profunda influencia que ejerció en la vida cultural colombiana, para considerar que Mito señala 6

el momento de la aparición de la modernidad en la historia intelectual del país, pues jugó un papel definitivo en la sociedad y cultura colombianas: desde un principio se ubicó en la contemporaneidad y en la cultura crítica. Gabriel García Márquez publicó dos trabajos en la revista: un capítulo de La hojarasca, el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo (1955), y El coronel no tiene quien le escriba (1958). En realidad, el escritor siempre ha considerado que Mito fue trascendental; en alguna ocasión dijo a Pedro Gómez Valderrama: "En Mito comenzaron las cosas". En ese año de 1955, García Márquez ganó el primer premio en el concurso de la Asociación de Escritores y Artistas; publicó La hojarasca y un extenso reportaje, por entregas, Relato de un náufrago, el cual fue censurado por el régimen del general Gustavo Rojas Pinilla, por lo que las directivas de El Espectador decidieron que Gabriel García Márquez saliera del país rumbo a Ginebra, para cubrir la conferencia de los


Cuatro Grandes, y luego a Roma, donde el papa Pío XII aparentemente agonizaba. En la capital italiana asistió, por unas semanas, al Centro Sperimentale di Cinema. Su estancia en Europa le permitió a García Márquez ver América Latina desde otra perspectiva. Le señaló las diferencias entre los distintos países latinoamericanos, y tomó además mucho material para escribir cuentos acerca de los latinos que vivían en la ciudad luz. Aprendió a desconfiar de los intelectuales franceses, de sus abstracciones y esquemáticos juegos mentales, y se dio cuenta de que Europa era un continente viejo, en decadencia, mientras que América, y en especial Latinoamérica, era lo nuevo, la renovación, lo vivo.

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P

ublicada en 1967, Cien años de soledad relata el origen, la evolución y la ruina de Macondo, una aldea imaginaria que había hecho su aparición en las tres novelas cortas que su autor había publicado con anterioridad. Estructurada como una saga familiar, la historia de la estirpe de los Buendía se extiende por más de cien años, y cuenta con seis generaciones para hacerlo. La crónica de los Buendía, que acumula una gran cantidad de Buendía, se niega a que el matrimonio se consume por temor a que también les nazca un hijo con cola. Ello da pie a que Prudencio Aguilar eche en Huyendo del fantasma del muerto, y al frente de un grupo de compañeros, José Arcadio llega a una aldea de apenas "veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río" y se queda a vivir en ella. Esta aldea se llama Macondo, mítico escenario de ésta y otras obras del autor.

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El único contacto que sus habitantes tienen con el exterior lo constituyen las periódicas visitas de unos gitanos capitaneados por un tal Melquíades, que, además de conocer el sánscrito, introducen en Macondo el hielo y el imán. El libro se inicia, precisamente cuando Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, hijo de José Arcadio, recuerda aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Así comienza el libro, pero no la historia, que abarca, en realidad, cuatrocientos años y nos informa acerca de innumerables antepasados de José Arcadio y de su esposa Úrsula, revelando en su construcción, como gran parte de la narrativa hispanoamericana del momento, la influencia de Faulkner:


su acción no avanza de manera cronológica, sino a brincos, por flashes que nos permiten conocer fragmentos de ella y sólo luego, al final, proporcionamos una visión global. El realismo mágico (también llamado lo real maravilloso) hace posible que la objetividad de la vida material se vea matizada por la subjetividad de la fantasía. Lo insólito (situaciones parecidas a los cuentos de hadas, levitaciones, premoniciones, la extrasensorialidad presente) da lugar a una atmósfera mágica que atenúa la miseria social y humana, de forma que lo mágico subraya la dureza y desajuste de la realidad, la violencia que domina la vida cotidiana.

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E

l escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de Las venas abiertas de América Latina, expresó congoja por la muerte de su amigo Gabriel García Márquez, fallecido el jueves a los 87 años, y llamó a recordarlo a través de su obra. “Hay dolores que se dicen callando. Se dicen callando, pero duelen igual. Cómo nos duele la muerte del „Gabo‟ García Márquez”, dijo en una entrevista telefónica desde Rio de Janeiro con el programa Telenoche de Canal 13 de Argentina la noche del jueves. “Lo que más duele está en las bellas palabras que la muerte nos ganó de mano y nos robó. Yo creo que ellas, las palabras robadas, se escapan a la menor distracción, huyen de las páginas de los libros de Gabo y se nos sientan al lado en algún café de Cartagena o Buenos

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Aires o Montevideo. O aquí, en Río de Janeiro”, dijo. Acongojado por la noticia de la muerte de su amigo colombiano, prefirió no explayarse acerca de la profunda relación que los unía. “Yo estoy en contra de „la inflación palabraria‟, a mí me gusta decir con poco. Lo que yo tengo que decir sobre él y la amistad que nos unió está dicho en estas pocas palabras”, se excusó. El autor llamó a celebrar la obra de García Márquez y recordarlo a través de la magia de sus personajes. “Juntos bebamos más de una copa a la salud del saludable Gabo para reírnos juntos, porque vivo seguirá mientras sus palabras vivan y rían y digan”.


Periodista, narrador y ensayista, Galeano ganó reconocimiento por su obra de 1971 “Las venas abiertas de América Latina”, en la que denunció la opresión en el continente, libro que fue traducido a una veintena de idiomas. García Márquez, Nobel de Literatura y autor de la obra maestra “100 años de soledad”, falleció el jueves a los 87 años en su vivienda de Ciudad de México. Su familia aún no ha informado si sus restos reposarán en esta ciudad o en su país natal.

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En nuestra pr贸xima edici贸n queridos lepileptores abordaremos al misterioso Julio Cort谩zar, su vida, sus cuentos y La Rayuela, como la obra m谩s conocida de este gran escritor. Disfruta el aleteo de una enriquecedora lectura con nuestra revista: Mariposa. Gracias por preferirnos.

PASATIEMPO

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Revista mariposa  
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