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Crecimiento Econ贸mico Colombiano Catedra de Negocios Internacionales Este trabajo es realizado con el fin de poner los conocimientos adquiridos en la materia catedra de negocios internacionales de la Universidad Popular del Cesar, Valledupar Marta Lucia Quintero Padilla Facultad de arte y folclor


Que es la Globalización A la pregunta ¿qué es la globalización? lo más habitual es encontrar rápidas respuestas que apuntan, las más de las veces, en direcciones muy diversas. Esta prontitud obedece a que, como desde inicios de la década de los años noventa, la globalización se ha convertido en un término de uso diario e incluso cotidiano, la mayor parte de las personas tiene una idea y cree saber en qué consiste. No es extraño, por lo tanto, que frente a este interrogante, no se vacile en aventurar una respuesta de inmediato: “representa una nueva era en la historia de la humanidad”, “constituye la constatación de que hemos ingresado a un mundo posmoderno”, “son las implicaciones que tienen acontecimientos producidos a gran distancia”, “es el mundo virtual del internet, de la televisión satelital y del teléfono celular, es decir, significa la instantaneidad de la comunicación y de la información”, “son las zapatillas Nike o Adidas, los jeans Diesel o Levys, las camisetas Benetton, los anteojos Police y las hamburguesas McDonalds”, “es el nuevo ropaje con el que se disfraza el imperialismo histórico” o representa “la norteamericanización del mundo”. No puedo negar que me fascinan estas respuestas rápidas, porque aunque considere que las más de las veces sean parte de una reacción un tanto emotiva frente al problema, quizás más verosímil que propiamente verdadera y tiendan a una excesiva simplificación de las cosas, lo que en ningún caso significa que no comporten una porción sustancial de autenticidad y de realidad, tienen la virtud de producir seguridad en quienes las enuncian. Esta actitud de confianza frente a un concepto tan elusivo reviste, a mi modo de ver, una gran importancia porque la globalización nos está planteando a diario una serie de desafíos que requieren de inmediatas respuestas y estas afirmaciones no pueden producirse si no nos hemos formado una mínima idea previa del fenómeno en cuestión. Poco importa, por lo tanto, si estas definiciones son correctas o distan mucho o poco de la realidad. Lo sustancial, es que sirven de faro que orienta las acciones y permiten concebir determinados puntos de referencia que sitúan al individuo de cara al mundo globalizado.

En lo que a mí atañe, debo confesar que cuando me han formulado ese interrogante, nunca sé que responder y las más de las veces, cuando no he optado por recurrir deliberadamente a una frase cliché que me saca por la tangente y que supongo calza bien con lo que esperan los interlocutores de mi saber, la respuesta por lo general nunca ha sido inmediata. Como me estoy confesando debo reconocer además, que mi reserva no está motivada por el ánimo de cautivar la atención de mí o la de mis interlocutores o para producir la sensación de que mi respuesta será más meditada y, en consecuencia, probablemente más inteligente y aguda, tal como se espera de un académico. Mi prudencia no tiene nada de deliberado, ni constituye una pose. Es simplemente la confirmación de las dificultades que experimento al momento de tener que pronunciar mi


respuesta. La pausa será, consiguientemente, el lapso mínimo de tiempo que requiero que nunca es suficiente- para poner en orden algunas ideas.

Para mayor frustración mía, mis dificultades, sin embargo, no paran ahí. El problema que en este plano observo es que, luego de largos años de cavilar sobre este tema, de observarlo desde diferentes ángulos, de publicar varios trabajos que directa o veladamente versan sobre este tópico, el silencio cada vez se hace más prolongado. Cada vez me cuesta más encontrar una expresión adecuada y satisfactoria. El convencimiento al que he llegado es que la prolongación del silencio es más bien una reacción natural que pone en evidencia la complejidad que para mí representa esta cuestión. En el fondo, para mí el problema es que ninguna breve explicación recubre la amplia gama de contenidos reales, discursivos, imaginarios y simbólicos que el concepto de la globalización comporta. Todas las explicaciones antedichas, a las cuales les podríamos sumar otras tantas, hasta componer un listado casi infinito, son portadoras de importantes dosis de verdad, pero el problema no lo resolvemos mediante una simple sumatoria o amalgama de todas estas manifestaciones del problema. Cualquier cuestión de la realidad social y sobre todo un fenómeno tan abstracto, emotivo, y al mismo tiempo, tan real y contingente como la globalización es mucho más que una mera colección de partes, así como también cada uno de estos componentes tiene un alcance diferenciado al que la definición de la globalización puede englobar. se demuestra cuán importante es estar actualizado con el mundo y de esta forma satisfacer toda clase de necesidades que requiere la empresa del siglo XXI, dada la situación cambiante de la modernidad y al nuevo rumbo de la economía mundial, tenemos que pensar en mercados versátiles, y garantizar el éxito de nuestras empresas, si nos quedamos pensando en venderle nuestros productos a la clientela interna, nunca saldremos al mundo del desarrollo. Ejemplo claro es la empresa multinacional Bimbo que no quedo conforme vendiéndole pan a los del barrio, sino que pensó en venderle pan y sus diferentes derivados a todo el mundo. Este caso nos muestra como una compañía dentro de su visión realizo la inclusión de entrar a posicionarse dentro del mercado mundial, alcanzando un éxito rotundo manejando un producto de consumo masivo y con un alto nivel de calidad. Es importante recalcar que Bimbo tiene que estar a la altura de sus productos en todo el mundo, colocando plantas de producción dependiendo la cultura del país domestico y así mismo ejerciendo políticas que se adapten al tipo de país en el que incursione.

Una vez más, empresas como Bimbo nos demuestran que la globalización es parte fundamental en la visión y en los objetivos, que las PYMES tienen que ponerse como meta para poder salir del cliente cercano y verificar que siempre estará alguien necesitando de nuestros productos y servicios.


Es por esto que debemos permanecer al corriente de cada movimiento que se haga mundialmente, no sabemos en que nuevo negocio podemos incursionar y en cual podemos ser exitosos, en los pequeños detalles esta la grandeza y los triunfos están a la puerta de la esquina, siempre y cuando tengamos los ojos bien abiertos.

UNA RESPUESTA PROGRESISTA A LA GLOBALIZACIÓN A menudo se ve la globalización como una gran amenaza al “capitalismo con rostro humano”. La liberalización del comercio presiona a la baja los salarios poco calificados (y cada vez más, a los calificados), aumentando la desigualdad en los países más desarrollados. A los países que tratan de competir, se les repite una y otra vez que han de incrementar la flexibilidad de su mercado de trabajo, palabras cifradas que significan reducir el salario mínimo y debilitar las protecciones de los trabajadores. La competencia en el mundo de los negocios pone proa a la reducción de los impuestos a los beneficios de las corporaciones empresariales, y en general, del capital, en decremento de los fondos disponibles para sostener inversiones básicas destinadas a la gente y a la red de seguridad. Y acuerdos internacionales como el capítulo 11 del Tratado para el Libre Comercio de América del Norte y las cláusulas sobre la propiedad intelectual de la Ronda de Uruguay han sido usados para cortocircuitar los procesos democráticos nacionales.

Sin embargo, Suecia y otros países escandinavos han mostrado que hay una vía alternativa para lidiar con la globalización. Esos países están sumamente integrados en la economía global; pero se trata de economías sumamente exitosas en punto a seguir suministrando robustas protecciones sociales y mantener elevados niveles de inversiones en los ciudadanos. Han tenido éxito, en parte, gracias a esas políticas, no a pesar de ellas. Pleno empleo y robustas redes de seguridad capacitan a los individuos para aceptar más riesgos (con las recompensas proporcionales), sin tener que preocuparse más de lo debido por la posibilidad de un fracaso. Esos países no han abandonado el Estado de Bienestar, sino que lo han reajustado para enfrentarse a las nuevas exigencias de la globalización. Nosotros deberíamos hacer lo propio.

Al mismo tiempo, tenemos que atemperar la globalización misma: no agazapándonos tras fronteras proteccionistas, ni tratando tampoco de promover el bienestar de nuestros ciudadanos a costa de quienes son aún más pobres en otras partes del mundo. Lo que deberíamos hacer es remodelar la globalización para hacerla más democrática, y moderar su ritmo, a fin de ofrecer a otros países una tregua que les permitiera seguirla. Seguirá


habiendo perdedores en una globalización remodelada, pero la gran mayoría de ciudadanos, tanto en el Norte como en el Sur, mejorará con las políticas adecuadas.

Lidiar con la globalización implica reconocer tanto las consecuencias de la globalización, como las limitaciones de las respuestas habituales. Incrementar la educación es importante, pero no basta. Deberíamos introducir una fiscalidad más progresiva, a fin de desbaratar las fuerzas económicas responsables del aumento de la desigualdad, no disminuir el grado de progresividad fiscal como se ha hecho en los últimos cinco años. Tenemos que robustecer, no debilitar nuestras redes de seguridad. Los EEUU tienen uno de los peores programas de seguro de desempleo de los países industriales avanzados. Rediseñar nuestros programas de seguridad social en la línea de un programa de seguridad social que cubra integralmente todo el período vital, de acuerdo con los esquemas de los fondos de previsión de Singapur, podría proporcionar una cobertura aseguradora substancialmente más completa, sin debilitar los incentivos económicos.

Lo más importante de todo: deberíamos tener un compromiso total con el pleno empleo. Los sumos sacerdotes de los mercados financieros han logrado convencer a muchos de los peligros de la inflación, por moderada que ésta sea, sosteniendo que aun leves incrementos en la inflación resultan muy costosos, especialmente para los pobres, y que revertir la inflación es tarea sumamente gravosa. Todo eso son necedades, como tuvimos ocasión de demostrar en sucesivas entregas del Economic Report of the President [Informe económico del Presidente], cuando yo era jefe del Consejo de Asesores Económicos. Hoy debería preocuparnos, no la inflación, sino nuestra falta de crecimiento, que es la causante del gran “déficit de puestos de trabajo”. El pleno empleo es la protección social más importante. Incluso el desempleo moderado, incluso un desempleo encubierto (trabajadores desmoralizados, un número creciente de incapacitados y un número importante de gentes que trabajan involuntariamente a tiempo parcial), presionan a la baja los salarios, exacerbando los problemas que ha traído consigo la globalización.

Hay otros dos elementos de una agenda progresista a los que a veces no se presta atención suficiente. El primero es favorecer el ahorro entre los individuos de bajos ingresos, incluyendo subvenciones igualatorias (por ejemplo, mediante créditos fiscales cobrables en efectivo). Algunos conservadores han adoptado la idea de la sociedad de propietarios –que demasiado a menudo significa simplemente para ellos que quienes poseen más, tienen que poseer más aún—. Pero es importante que los individuos de medios más modestos dispongan de un colchón protector frente a los caprichos tornadizos del mercado.


El segundo es favorecer la inversión en investigación, robusteciendo nuestras ventajas competitivas, tan necesarias para sostener un crecimiento sólido. Hoy, una cantidad desproporcionada de nuestro presupuesto de investigación se gasta en objetivos militares; los fondos para la ciencia básica, o incluso para el progreso de la tecnología aplicada –que podrían mejorar los niveles de vida y ayudarnos a proteger el medio ambiente—, son escasos.

Los abogados de la globalización suelen pintarla como dispensadora de oportunidades sin precedentes. Para quienes estamos comprometidos con la creación de una sociedad fundada en los principios de la justicia social, también presenta desafíos sin precedentes. Éstos son algunos de los elementos de la respuesta progresista a esos desafíos.

COLOMBIANOS VEN CON OPTIMISMO LA ECONOMÍA DEL PAÍS La situación general del país y la economía están mejorando. Así lo señalan los resultados de la encuesta de Gallup Colombia realizada entre el 25 y el 29 de agosto, en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga, entre 1.200 personas. El informe revela que en la mayoría de los indicadores económicos y sociales del país, los encuestados muestran un comportamiento optimista sobre vivienda popular, empleo, atención a la vejez, ayudas al sector agropecuario, medio ambiente, asistencia a la niñez, cubrimiento en salud e insfraestructura de transporte. Así mismo, apenas el 25 por ciento de las personas consultadas cree que el principal problema del país es la economía y el poder adquisitivo, mientras que el orden público y la seguridad preocupan al 38 por ciento de los encuestados. En los últimos dos meses, la opinión favorable sobre el presidente, Juan Manuel Santos, ascendió de 48 a 52 por ciento, mientras que la aprobación al desempeño del primer mandatario subió de 52 a 54 por ciento en el mismo periodo. Uno de los aspectos que más ha influido en la mejora de la percepción sobre el Gobierno es la política de vivienda popular, que registra un 70 por ciento de favorabilidad. También se encuentran en niveles altos de aprobación el cubrimiento y la calidad de la educación, cuyas respuestas positivas fueron expresadas por el 60 por ciento de los encuestados.


El apoyo al sector agropecuario también ha tenido una mejoría, al subir de 41 por ciento de aceptación hace dos meses a 47 por ciento al finalizar agosto. Los encuestados sienten que el país no va bien en el manejo del costo de vida, ni en calidad y cubrimiento de los servicios públicos. Aunque hubo mejoría en el tema de seguridad, la percepción negativa sigue siendo alta.

La Corporación Cosmopolitan Crecimiento poco balanceado y problemas financieros. La amenaza del proteccionismo debido a altas tasas de crecimiento, sobre todo en países desarrollados. Tensiones por razones étnicas, religiosas o lingüísticas, tanto en los países ricos como en los pobres. Y un resurgimiento del secesionismo y del tribalismo. Estos son algunos de los fenómenos que contradicen la historia que nos han contado hasta ahora, es decir, que los mercados mundiales se estaban integrando, que la tecnología estaba borrando las distancias y que los gobiernos nacionales ya no eran relevantes. Pero las secuelas de la crisis del 2008 nos recuerdan lo importantes que siguen siendo las diferencias. Según una encuesta realizada por HBR en 2007, 48% de los encuestados estuvieron de acuerdo con que una compañía verdaderamente global no tiene país de procedencia. Lamentablemente, y a pesar de lo atractivo que suene, esta aseveración no tiene asidero en la realidad. Y nunca lo tuvo. La vasta mayoría de las firmas están profundamente enraizadas en sus países de origen. En 2004, menos de 1% de todas las compañías estadounidenses tenían operaciones en el extranjero. Y, de estas, la mayoría no operaba sino en un país aparte de los EUA. ¿Sigue creyendo que la nacionalidad de las corporaciones no es importante? Entonces, ¿por qué las grandes negociaciones que hacen las compañías privadas en materia de exportaciones se anuncian siempre en las reuniones a las que asisten los jefes de estado? ¿Por qué los empleados que trabajan en compañías extranjeras temen siempre perder su empleo frente a los empleados oriundos del país de origen de la compañía? ¿Por qué en ciertas industrias (medios, aerolíneas, etc.) sigue siendo un requisito que el posible comprador de una compañía sea ciudadano del país de origen de esta? Pero no sólo las firmas y las operaciones siguen profundamente enraizadas sino, además, los clientes, los empleados, los inversionistas y los proveedores. Se calcula que 99% de la


gente nunca dejará su país de origen. Dos por ciento de las llamadas telefónicas son llamadas internacionales. El 95% de la gente se entera de las noticias a partir de fuentes nacionales. Sólo 21% de las noticias transmitidas en EUA son noticias internacionales. La ley de la distancia continúa vigente en muchas actividades. A medida que la distancia (geográfica, cultural, administrativa, política y económica) se incrementa, la interacción entre las fronteras tiende a disminuir. Es posible tener una estrategia global y una organización global en un mundo así. Pero no pueden estar fundamentadas en la eliminación de las diferencias y de las distancias que hay entre la gente, las culturas y los lugares sino en el entendimiento de las mismas. Negar las diferencias no facilita para nada las cosas. El crecimiento del comercio internacional y del flujo de capitales ha sido sustancial en el periodo de la segunda posguerra mundial, llevando a la construcción de un mundo mucho más integrado del que existió entre 1914 y 1945. Sin embargo, se puede argumentar que la cúspide de la globalización fue alcanzada precisamente antes del rompimiento de la primera guerra mundial, cuando el comercio y los flujos de capital habían integrado a todos los continentes con Europa. En ese momento no pasó nada particularmente empobrecedor y destructivo de los países de la periferia. Por el contrario, los que más se integraron a fines del siglo XIX como Rusia, Argentina y México, alcanzaron tasas muy elevadas de crecimiento económico. Haití y Colombia eran los países más pobres de América en 1900 y la inserción cafetera financió el exitoso crecimiento económico en Colombia. La Gran Depresión ocasionó un colapso en el comercio mundial, una práctica desaparición del mercado internacional de capitales y el encerramiento de la mayor parte de los países del mundo en la protección, exacerbando el conflicto de intereses nacionales que culminó en la Segunda Guerra Mundial. En ese momento, los países latinoamericanos utilizaron la capacidad productiva financiada por sus auges exportadores expandiendo sus mercados internos y crecieron en forma muy positiva. Esta experiencia dio lugar a la teoría cepalina de que el aislamiento económico de América Latina era favorable para su desarrollo, que por lo tanto podía descuidar sus relaciones internacionales y su política de aumentar sus exportaciones lo que probaría ser muy cuestionable por la experiencia de los años ochenta.


Colombia en el globo Hay que recordar que Colombia tuvo problemas para participar en la globalización del siglo XIX, que esa participación fue una de las razones de las guerras civiles entre liberales que querían entrar a la globalización y conservadores que pretendían mantener su identidad hispánica sin contaminar y a quienes la riqueza les parecía un valor degradante. Frente a los problemas del transporte creados por la compleja topografía y de los precios del mercado mundial que hacían, según Ocampo, que la producción colombiana fuera marginal, Thomas Fischer ha propuesto otra hipótesis más sensata: “tan responsable como las dificultades geográficas y los precios del mercado mundial fue la continua incapacidad de las élites colombianas para vencer estos obstáculos a través de inversiones para modernizar el transporte y mejorar la productividad de las empresas nacionales. La incapacidad de las oligarquías para coordinar sus intereses, y así crear condiciones favorables para inversiones productivas, se manifestó sobre todo en los frecuentes conflictos internos que afectaron el país” Sólo hasta el siglo XX pudo Colombia insertarse en el mundo exportando café desde regiones bastante conservadoras. La clase política estaba liderada por intelectuales formados en el latín y el griego, especializados en filología castellana, lo que era expresión de su apego a la herencia hispánica y de sus posturas anti-capitalistas. Cincuenta años de protección industrial y agrícola en Colombia en este siglo debilitaron la capacidad tecnológica de sus industrias que, gracias al alto arancel defensivo, podían utilizar bienes de capital de segunda mano, no tener en cuenta la calidad de sus productos y despreocuparse por exportar. La protección a la agricultura significó precios más altos de las subsistencias, salarios más caros para los empresarios pero con menos poder adquisitivo para los trabajadores, una política que en el siglo XIX le sirvió a David Ricardo para deducir su teoría de la renta del suelo y prohijar una alianza entre burgueses y trabajadores a favor del librecambio que derrotara los intereses de los protegidos terratenientes ingleses. Ese mismo arancel contribuyó a que la moneda se revaluara al deprimir la demanda por importaciones, desincentivando exportaciones distintas a las cafeteras, al petróleo, al carbón y a la coca. Los gremios favorecidos vociferaron que se trataba de la protección del trabajo nacional y confundieron a la opinión pública hasta nuestros días sobre la equivalencia del interés público con sus intereses particulares. Hubo otras formas de intervencionismo estatal más productivas y que beneficiaron enmayor medida al interés nacional. Nuevamente en el caso japonés y repetido por los tigres asiáticos, el Estado les ofreció mucho apoyo a las empresas, incluso protección arancelaria, pero estrictamente a cambio de que se modernizaran y exportaran. Es importante despertar esa misma actitud devoradora entre nosotros sobre la cultura y la ciencia, como nos lo sugería el filósofo político brasileño Melquior, que circulan incesantes en una economía globalizada y para eso debemos desplegar las capacidades básicas para hacer esto posible, entre otros enseñar otras lenguas en nuestro sistema educativo.


Es claro entonces que una política de apertura comercial no es capaz por sí misma de lograr el efecto de dinamizar las exportaciones nuevas de un país.

Globalización y liberalismo económico En ninguno de los periodos de la globalización ha sido posible la libre circulación de trabajadores, con la excepción de espacios multinacionales como el desarrollado por la Comunidad Económica Europea, de tal modo que la integración económica internacional se queda corta en relación con el factor trabajo y frena una igualación de sus remuneraciones entre países. Esto es contrarrestado en alguna medida por los flujos de capital que buscan trabajo más barato que el que tienen disponible en otros espacios pero este no es el rubro más importante de la inversión de capital en el mundo. Como lo plantea Ocampo, la globalización avanza primero en asociaciones regionales de libre comercio como la comunidad europea, la comunidad asiática de naciones, MERCOSUR, Nafta y el Pacto Andino, donde se practican políticas de arancel cero que permiten un aumento de la especialización y con ello de la productividad de cada país. Se profundiza en la medida en que se alcance la libre movilidad del trabajo y de los capitales, lo cual es facilitado por la renuncia a las monedas nacionales y el compartir una nueva moneda regional, como es el caso europeo. Pero el hecho de que el capital internacional puede ser excesivo en determinadas coyunturas no debe precipitar la conclusión de que es mejor prohibirlo y contentarse con el ahorro interno que puede ser muy bajo en los países latinoamericanos, porque equivaldría a limitar seriamente el crecimiento de la economía. Algunos países como Chile y Colombia han implementados regímenes que penalizan la entrada de capital mediante encajes que acercan la tasa internacional de interés a la tasa nacional. Sin embargo, no tuvieron suficiente garra como para frenar los excesos de capital que de todos modos llovieron sobre sus economías, en particular fue el caso de Colombia, y que al salir precipitadamente contribuyeron a crear las crisis conocidas de 1998 y 1999. Pero lo cierto es que se debe propiciar la entrada de capital bajo tasas de interés que reflejen la escasez de capital histórico y que preferentemente lo asignen a actividades productivas y de exportación, cuidar de que no sea excesivo y asegurar su mayor permanencia posible en la economía.


COLOMBIA ESTARÍA PROTEGIDA ANTE UNA CRISIS INTERNACIONAL

Colombia y su crecimiento economico  

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