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La Paradoja de la Felicidad Luis Medina Avila*

Resumen Aunque nuestra civilización ha alcanzado innegables progresos técnicos y económicos y pese a que en la actualidad se generan enormes niveles de riqueza, el mundo está aún muy lejos de ser justo y dichoso. Los suicidios, la depresión, el alcohol y la drogas, azotan silenciosamente a millones de personas en todo el mundo, y ni siquiera las regiones más prósperas han podido sortear esa otra pobreza, la que no se cura con un gran ingreso per cápita. El propósito de este artículo es proporcionar antecedentes sobre esta problemática y explorar el vínculo entre felicidad y crecimiento, además del concepto de bienestar. Se concluye que el PIB como indicador de bienestar es muy limitado, y que su expansión sostenida sólo provee de felicidad social hasta cierto punto, después de lo cual son otros factores los que pasan a ser relevantes. También se establece el escaso aporte de la ciencia económica tradicional y la economía del bienestar al análisis de estos temas. Palabras claves: economía del bienestar, felicidad, ingreso, aspiraciones

Abstract Although our civilization has reached undeniable economic and technical progresses and despite that currently enormous levels of wealth are generated, the world is still very far from being just and happy. The suicides, the depression, the alcohol and the drugs, they whip silently to millions of people everywhere, and not even the most prosperous regions have been able to avoid that another poverty, the one that does not cure with a great income per cápita. The purpose of this article is to provide antecedents on this problematic and to explore the bond between happiness and growth, besides the concept of welfare. It is concluded that the GDP as indicator of welfare very is limited, and that its sustained expansion only provides of social happiness up to a point, after which are other factors that pass to be prominent. It is established also the little contribution the traditional economics and welfare economy made to the analysis of these themes. Keywords: economy of the welfare, happiness, income, aspirations

*

Chileno, Economista, Doctor en Economía (c) Universidad de Barcelona, Académico de la UCSH, lmedina@ucsh.cl


Aunque en el mundo se han generado niveles de riqueza nunca vistos en la historia, con una producción de alimentos que alcanzaría para satisfacer las necesidades alimenticias del doble de la población mundial, los grados de desigualdad y pobreza están aún muy lejos de ser resueltos: 815 millones de personas sobreviven en estado de desnutrición1, casi 1.200 millones lo hacen con menos de 1 dólar al día2, la brecha entre el quintil más rico y el más pobre se incrementó desde 30:1 en 1960 hasta 74:1 en 19953 y el 78% de la población total habita en las regiones más pobres del planeta4. Pero nuestra civilización, que para algunos incluso constituye el fin de la historia, también oculta tras bambalinas, otro tipo de pobreza, mucho más invisible e ignorada, que, por cierto, está presente fuertemente en las regiones más prósperas del planeta. La evidencia empírica corrobora ciertamente esta realidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2002, 873.000 personas se quitaron la vida en el mundo (una cada 40 segundos), mucho más que las 172.000 muertes por enfrentamientos bélicos o las 559.000 víctimas de homicidios5. No obstante la magnitud de la cifra, y a diferencia de los fallecimientos por móviles políticos o criminales, que tienen una mayor repercusión pública y más presencia en los medios de comunicación, los suicidios y los parasuicidios6 reciben un tratamiento mucho más displicente. Este problema adquiere una dimensión mayor si consideramos que, según advierte la misma OMS, cada suicidio va acompañado por 10 a 20 parasuicidios, que dejan una secuela de discapacidad, y pérdidas millonarias en los sistemas de salud de los diferentes países, las que se han estimado, a nivel mundial, en 1,4% de la carga de morbilidad. Además, como sostiene el mismo organismo, cada suicidio tiene un serio impacto sobre al menos otras seis personas, y sus efectos psicológicos, sociales y financieros sobre las familias y la comunidad no son mensurables. El suicidio se ha incrementado especialmente en los individuos jóvenes, cuyas edades fluctúan entre los 15 y los 35 años, convirtiéndose en una de las tres causas mas frecuentes de muerte en este grupo etáreo a nivel mundial y la primera entre las jóvenes adolescentes7. Pero el suicidio constituye sólo la punta del iceberg, ya que es un flagelo que deriva de uno aún mayor y mucho más masivo, el cual ha sido considerado como la enfermedad de la modernidad: la depresión. Aunque no existe la suficiente conciencia de lo que significa padecer esta enfermedad, 1

Aguiló, S. / et al. (2002). The World Bank Group (1999). 3 Programa de Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD) (2002). 4 Annan (2000). 5 Organización Mundial de la Salud (2004a). 6 Provocación voluntaria de autolesiones sin llegar a causar muerte. 7 Organización Mundial de la Salud (2000, 2004b), Diario Médico (2004). 2


ésta se encuentra entre las que más daños producen a nivel mundial y constituye para sus víctimas un sufrimiento inconmensurable, imposible de dimensionar si no se ha padecido. La depresión se caracteriza por un humor deprimido y por la pérdida de interés o satisfacción, además de sentimientos de desesperanza y melancolía, los que suelen venir acompañados de crisis de ansiedad y abuso de alcohol y drogas. Se estima que dos tercios de los individuos que padecen el trastorno depresivo mayor se plantea el suicidio, y el 15% lo consuma efectivamente8. Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos neuropsiquiátricos afectaron en 2002 a 193.278.000 personas en el mundo9, siendo la depresión unipolar la de mayor magnitud. De hecho, según estimaciones del mismo organismo, esta última patología, que en el año 2002 ya ocupaba la cuarta posición en la carga mundial de morbilidad (ver cuadro 1), se convertirá en el 2020 en la segunda causa de incapacidad y muerte prematura10.

Cuadro 1

Enfermedades con Mayor Número de Afectados a Nivel Mundial 2002 Patología

Número de afectados

Afecciones perinatales

97.335.000

Infecciones de las vías inferiores

91.374.000

VIH / SIDA

84.458.000

Trastornos depresivos unipolares

67.295.000

Enfermedades diarreicas

61.966.000

Fuente: Informe Sobre la Salud en el Mundo 2004. Organización Mundial de la Salud.

Al introducirnos en el tema de los trastornos depresivos y revisar sus cifras mundiales, podemos percatarnos de la gravedad de una realidad que tiende en general a ser poco comprendida por el ciudadano común. Esta poca comprensión involucra también a los afectados, en especial aquellos que viven en medio de la comodidad de los bienes materiales, y que según nuestros prejuicios, no tendrían razón alguna para sentirse insatisfechos con la vida. A primera vista, esta percepción no resulta descabellada. ¿Dónde mejor se podría cultivar la depresión que en aquellos países o regiones donde abundan la pobreza, los trabajos malos y mal pagados, los gobiernos incompetentes, los políticos indolentes y corruptos, las mentiras institucionalizadas y la inseguridad física y laboral? Sin embargo, y aunque nos genere inicialmente una cierta resistencia mental, la verdad es que una gran parte de las víctimas de trastornos depresivos y suicidios provienen del denominado primer mundo. De hecho, actualmente, el suicidio es la segunda causa de muerte en los jóvenes de la Unión Europea, y la tasa de problemas 8

Medicina (2004). El total de estos trastornos ocupan el segundo lugar mundial en la carga de morbilidad detrás de las enfermedades infecciosas y parasitarias, las cuales afectaron en 2002 a más de 350 millones de personas (OMS, 2004a). 10 Organización Mundial de la Salud (2004a/2004c). 9


emocionales como la ansiedad y la depresión ha aumentado en torno al 70 por ciento entre los adolescentes11.

Cuadro 2

Distribución Mundial de las Muertes por Autolesiones en 2002 (1)

Número de víctimas Cantidad por cada 100.000 habitantes

África

América

Asia Sudoriental (2)

Europa

Mediterráneo Oriental (3)

Pacífico Occidental (4)

34.000

63.000

246.000

163.000

34.000

331.000

5,06

7,39

15,46

18,57

6,76

19,27

Fuente: Informe Sobre la Salud en el Mundo 2004. Organización Mundial de la Salud. (1): Las cifras no necesariamente coinciden debido a algunas diferencias de cálculo entre la OMS y los Estados Miembros. (2): Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, Bangladesh, Bhután, India, Maldivas, Myanmar, Nepal, República Popular Democrática de Corea, Timor-Leste. (3): Arabia Saudita, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Jamahiriya Árabe Libia, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Qatar, República Árabe Siria, Túnez, Afganistán, Djibouti, Egipto, Iraq, Marruecos, Pakistán, Somalia, Sudán, Yemen. (4): Australia, Brunei Darussalam, Japón, Nueva Zelandia, Singapur, Camboya, China, Fiji, Filipinas, Islas Cook, Islas Marshall, Islas Salomón, Kiribati, Malasia, Micronesia, Mongolia, Nauru, Niue, Palau, Nueva Guinea, República de Corea, Lao, Samoa, Tonga, Tuvalu, Vanuatu, Vietnam.

La distribución mundial de las muertes por autolesiones y de los mayores trastornos neuropsiquiátricos se presentan en los cuadros 2 y 3. El cuadro 2 señala a los países del Pacífico Occidental como la región con el mayor número de suicidios, 19,27 por cada 100.000 habitantes, seguido de Europa con 18,57 y Asia Sudoriental con 15,46. Estos índices son reducidos en África, los países árabes y Latinoamérica. Según los datos del Informe Sobre la Salud Mundial 2004 de la OMS, en el continente americano, el 55,5% de los suicidios (35.000) se concentra sólo en tres países: Canadá, Estados Unidos y Cuba, con 10,49 suicidios por cada 100.000 habitantes12. En el resto del continente, la cifra es bastante más baja, llegando sólo a 5,4. Precisamente es Cuba el país que presenta los mayores índices de suicidios de Latinoamérica. La Sociedad de Psiquiatría de ese país informó que la tasa de suicidios en 2001 alcanzó la preocupante cifra de 13,6 víctimas por cada 100.000 habitantes, aunque esta cifra es baja en comparación con los 21,3 de 199213.

11

Diario Médico (2004). En el año 2000, según la OMS, Canadá y EEUU presentaron una tasa de mortalidad por suicidio de 11,6 por cada 100.000 habitantes (Tierramerica, 2003). 13 Tierramerica (2003), Cubaeuropa (1996), La Nueva Cuba (2004), Infomed (2000). 12


Cuadro 3

Carga de Morbilidad Mundial en 2002: Algunos Trastornos Neuropsiquiátricos (1) (Miles de Personas)

Trastorno

Mundo

África

América

Asia (3)

Europa

M. O. (4)

P. O. (5)

T. depresivo unipolar

67.295

4.327

11.998

20.568

9.341

5.013

15.933

T. afectivo bipolar (2)

13.952

1.731

1.771

3.698

1.546

1.249

3.934

T. por consumo de alcohol

20.331

913

6.348

1.948

4.662

99

6.325

T. por consumo de drogas

7.388

1.316

1.858

986

1.455

1.374

379

T. de estrés postraumático

3.335

322

425

900

465

276

941

T. obsesivo-compulsivo

4.923

852

872

1.009

809

540

827

T. de pánico

6.758

787

875

1.857

809

614

1.804

Insomnio (primario)

3.477

302

644

979

625

196

725

127.459

10.550

24.791

31.945

19.712

9.361

30.868

20,48

15,69

29,08

20,08

22,45

18,62

17,97

Total Cantidad habitantes

por

cada

1.000

Fuente: Informe Sobre la Salud en el Mundo 2004. Organización Mundial de la Salud. (1): Las cifras no necesariamente coinciden debido a diferencias de cálculo entre la OMS y los Estados Miembros. (2): Llamada también maníaco-depresivo. Se refiere a un trastorno caracterizado por los cambios radicales del ánimo, los cuales oscilan entre la depresión y la manía (euforia). (3): Asia Sudoriental. (4): Mediterráneo Oriental. (5): Pacífico Occidental.

Por otro lado, en la región más próspera de Europa se concentra el 39% del total de los suicidios europeos, habiendo 11,55 de ellos por cada 100.000 habitantes. En Europa oriental el problema es mucho más dramático, ya que la tasa de suicidios más que duplica al de la región más occidental: 24,86 por cada 100.000 habitantes14. Una realidad similar se vive en los países de la región de más altos ingresos del Pacífico Occidental15, siendo especialmente grave en Japón, donde en 2003, más de 34.000 personas acabaron con su vida, lo que supone un aumento de más del 7% con respecto a años anteriores y una tasa de suicidio de 27 por cada 100.000 habitantes, una de las más altas del mundo16. En cuanto a los trastornos neuropsiquiátricos presentados en el cuadro 3, los mayores índices se presentan en América, Europa y Asia Sudoriental, con 29,08, 22,45 y 20,08, respectivamente, por cada 1.000 habitantes. Aquí cabe destacar que a nivel mundial los trastornos depresivos, más aquellos derivados del abuso de alcohol y drogas, constituyen el 56,38% del total de las enfermedades neuropsiquiátricas, con 108.966.000 personas afectadas17.

14

Organización Mundial de la Salud (2004a). Australia, Brunei Darussalam, Japón, Nueva Zelandia y Singapur. 16 El Mundo Salud (2004). 17 Otra aspecto que cabe destacar son las muertes directas vinculadas a los trastornos neuropsiquiátricos. En 2002, fallecieron 13.000 personas por trastornos depresivos unipolares, 1.000 por trastorno afectivo bipolar y 177.000 por abuso en el consumo de alcohol y drogas (OMS, 2004a). 15


A pesar que los individuos depresivos tienden a disimular y a aislarse, y los suicidios a minimizarse o a ocultarse, la depresión es una de las mayores pandemias que afecta a la humanidad en los últimos decenios.

El dinero y la felicidad La idea de que la felicidad se consigue a medida que se incrementan los niveles de ingreso está bien enraizada en el inconsciente colectivo, y es recurrente en las declamaciones políticas y empresariales. Sin embargo, la vieja y enraizada creencia de que el dinero hace la felicidad ha sido y será siempre fuertemente cuestionada. Aunque nadie duda que muchas necesidades se resuelven en la medida que se incrementa el nivel de ingreso, la tesis que correlaciona este último con la felicidad es refutada por gran parte de los estudios empíricos, por lo menos en lo que respecta a sus niveles corrientes y absolutos. Una investigación empírica realizada por Alois Stutzer de la Universidad de Zurich en el año 2003, reafirma precisamente la tesis de que el bienestar individual no depende de los niveles absolutos de ingreso y consumo, sino de las aspiraciones de cada individuo. El autor concluye que entre más altas son las aspiraciones de ingresos de la gente, menor es su nivel de bienestar. Esto es, a mayor brecha entre las aspiraciones de ingresos y su nivel actual, menor es la satisfacción de la gente con la vida. Esto revela la relatividad del concepto de bienestar. El autor también afirma que las aspiraciones de ingreso de la gente dependen positivamente del nivel de ingreso previo, aunque la incidencia de la elevación de este último es mayor que el efecto negativo de las mayores aspiraciones. Esto explicaría la menor brecha relativa entre las aspiraciones y el actual nivel de ingreso que experimenta la gente rica. Además sostiene que estas aspiraciones son sistemáticamente afectadas por el ingreso promedio de la comunidad donde vive el individuo, y que la gente más rica con la cual éste interactúa pasa a representar el modelo aspiracional más alto. En un intento de medir el grado de aspiraciones materiales de la gente, el Portal Yahoo realizó en 2002 una encuesta on line, difundida en Londres, a 2.500 usuarios con el objetivo de averiguar cuánto dinero se necesitaría para ser feliz18. A los entrevistados se les consultó sobre diversos temas, como la casa y el auto soñados, las vacaciones ideales, lo que les gustaría comer, beber y hacer en sus salidas nocturnas, el tipo de ropa que les agradaría vestir, los niveles de salarios y ahorros que soñarían tener, etc. En base a los datos entregados, Yahoo determinó que para financiar todos los sueños e ideales de la gente, cada individuo debería poseer en promedio la impactante suma de £2.658.144 (libras esterlinas), las que a pesos chilenos equivalen19 a $2.942.070.893. ¡He aquí el precio de la felicidad! Lamentablemente, o tristemente para muchos, pagar este precio implicaría ganar, en pesos chilenos, un sueldo mensual promedio de $2.608.219 por 94 años, sin gastar un solo peso. El 18

Yahoo Uk & Ireland (2002). Find a Property (2004). Editorial LUN (2004). Utilizando una paridad libra esterlina/dólar de 0,5430 y una paridad peso/dólar de 601, del 4 de noviembre de 2004.

19


estudio indica además que el precio de la felicidad crece con los años, desde £2.560.917 ($2.834.458.779) para los individuos con menos de 24 años, hasta £2.901.733 ($3.211.678.698) para los que se encuentran entre los 44 y 55 años. Los mayores de esta edad enfrentan un costo menor. También hay diferencias por género. Las mujeres necesitarían £96.000 ($106.254.144) más que los hombres para alcanzar su estilo de vida soñado. Si aplicáramos la cifra obtenida por Yahoo para el caso de los sueldos mensuales promedios de los trabajadores chilenos20, concluiríamos que los profesionales necesitarían 586 años para alcanzar la felicidad; los técnicos, 1.031; y los trabajadores no calificados, 2.333 años. Obviamente, la condición es que nadie gaste un solo peso por todo ese tiempo. La investigación de Yahoo identificó además 4 tipos de perfiles en los encuestados: los playboys y playgirls, con un 45%, que vivirían fascinados pasando todo el año en fiestas; con un 39% están los que serían felices si contaran con una fortuna para gastar a manos llenas, y, con un 1%, los que, obsesionados por el dinero, no gastarían un peso de la fortuna y sólo se dedicarían a ahorrar y esperar rentabilidades. Finalmente, la cuarta categoría, con un 15%, corresponde a aquellos que se declaran felices con lo que tienen, y en vez de sufrir por lo que no tienen, se dedican a disfrutar plenamente de la existencia. Claro que el problema de las aspiraciones o de las condiciones que garantizarían la felicidad, van más allá del tema específico del nivel de ingresos. La empresa Adimark21, intentando replicar un estudio similar publicado en 2001 por Richard Easterling en el Journal of Economics, realizó en noviembre de 2003 una investigación en las 16 principales ciudades de Chile sobre qué tan felices son los chilenos. Utilizando una muestra de 1.046 entrevistas segmentadas a mayores de 18 años, esta empresa hizo a los encuestados una simple pregunta: ¿qué tan feliz es usted? La información obtenida se ordenó en los siguientes segmentos: género, edades y nivel socioeconómico. Los resultados arrojaron que los hombres serían más felices que las mujeres, la gente rica más feliz que los sectores medios y bajos, y los individuos más jóvenes (18 a 25 años) más felices que los de mayor edad. Aunque el estudio podría considerarse limitado y las conclusiones esperables, los resultados constatan la existencia de una cierta creencia común de que la felicidad descansaría en ciertas condiciones básicas y necesarias, como la riqueza y la juventud, las cuales, además, en combinación, se potenciarían mutuamente. En cuanto a la existencia de la correlación entre género y felicidad que se observó en Chile, y que no se encuentra en estudios internacionales similares, derivaría de los menores niveles de ingreso que obtienen las mujeres, la excesiva carga que enfrenta la gran cantidad de jefas de hogar que existen en el país, la mayor discriminación laboral que sufren las mujeres después de cierta edad, el aún fuerte machismo existente, etc. Aunque el debate de si el dinero hace la felicidad quizás nunca se despeje, el aspiracionismo es un elemento relevante y no parece adecuado eliminarlo de la discusión. No cabe duda que las aspiraciones humanas constituyen un poderoso impulso para el progreso individual y social, pero cuando se genera un vínculo emocional y psíquico inadecuado con la brecha entre lo que se desea y lo que se tiene, es decir, cuando se fortalece excesivamente el concepto de felicidad, las consecuencias sobre la felicidad humana pueden ser nocivas. 20 21

Para datos de salarios promedios, ver CASEN 2003. Adimark (2003).


El PIB como indicador de bienestar Es usual que muchos economistas, políticos y empresarios, utilicen el ingreso o el producto interno bruto (PIB) per cápita como el más importante indicador del nivel de desarrollo de un país, y por cierto, de su nivel de satisfacción. Éstos aplauden el crecimiento del PIB como si esto se tradujera directamente en un mayor nivel de bienestar de la población. Sin embargo, el indicador del PIB dista mucho de cumplir este propósito. Las razones son variadas. Existen muchas actividades económicas que no se registran, otras no se hacen apropiadamente, y no se distingue entre aquellas que producen beneficios de las que producen perjuicios. Así por ejemplo, el PIB no registra aquellas actividades que componen lo que se denomina economía “informal” o “gris”. La economía gris consiste en actividades legales que están al margen de las regulaciones o no pagan impuestos, como las labores de las dueñas de casa o el comercio callejero; mientras que la economía informal, de acepción más amplia, incluye además actividades ilegales como la prostitución o el tráfico de drogas. El tamaño de la economía informal es tremendamente significativo. Según Schneider (2002), la economía informal en los países en desarrollo fue equivalente, en el año 2000, al 41% del PIB oficial, mientras que en los países de la OCDE alcanzaba la no despreciable cifra de 18%. Tampoco el PIB contabiliza los daños y la degradación del medio ambiente producidos por la polución y la externalización de costos, ni la incidencia de ciertos factores fundamentales para el bienestar social, como la distribución del ingreso. De hecho, el PIB per cápita constituye un pseudo indicador de distribución. En el cuadro 4 se presentan algunos indicadores que permiten visualizar las limitaciones del PIB per cápita a este respecto.

Cuadro 4

PIB por Habitante y Algunos Indicadores Sociales para Cuatro Países

PIB per cápita 2002 (PPA en USD)

Esperanza de vida al nacer

10% más rico respecto del 10% más pobre

Gasto público en salud 2001 (%PIB)

Alemania

27.100

78,3

6,9

8,1

Guinea Ecuatorial

29.780

49,1

---

1,2

Chile

9.820

76,1

40,6

2,9

Polonia

10.560

73,9

9,3

4,4

País

Fuente: Informe Sobre Desarrollo Humano 2004, la Libertad Cultural en el Mundo Diverso de Hoy. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.


A pesar que Guinea Ecuatorial presenta un PIB per cápita un 9,89% superior al de Alemania, nadie podría afirmar que esto constituye un reflejo de un mayor nivel de bienestar para un país cuya esperanza de vida al nacer ni siquiera alcanza los 50 años y donde el gasto público en salud apenas supera el 1% del PIB. Magnitudes incluso inferiores al de naciones como Chile y Polonia que cuentan con un PIB por habitante bastante inferiores. Asimismo, aunque el PIB per cápita de Chile sólo es un 7% inferior al de Polonia, ¿disfrutará nuestro país de similares niveles de bienestar que este último? Difícilmente la respuesta será positiva, a no ser que se ignore el hecho que en Chile el 10% más rico obtiene ingresos ¡40,6 veces más! que el 10% más pobre, diferencia que en Polonia sólo es de 9,3 veces. Por último, aunque países como Alemania, cuyos indicadores económicos y sociales alcanzan valores ideales, lo que reflejaría un alto estándar de bienestar material, ¿significará esto que necesariamente sus habitantes son más felices? Un estudio realizado por World Values Survey (WVS) en 65 países entre los años 1999 y 200122, y publicado a fines de 2003 por la revista británica New Scientist, responde negativamente a este tipo de interrogantes. El estudio corresponde a una investigación mundial sobre los cambios en la conducta política y sociocultural realizada cada cuatro años por una red internacional de científicos. Se basa en una encuesta donde se pregunta al entrevistado qué tan feliz es y cuán satisfecho está con su vida. Los resultados de la investigación no son novedosos comparados con otros estudios similares que se realizan periódicamente, pero constituye una vez más un fuerte golpe a la creencia de que el bienestar material es sinónimo de felicidad. El estudio concluyó que Nigeria es el país más feliz del mundo, seguido de cuatro países latinoamericanos: México, Venezuela, El Salvador y Puerto Rico. Por el contrario, la región más triste se ubica en Europa Oriental, con tres de sus países en los últimos lugares: Rumania, Armenia y Rusia. En tanto, las mayores potencias económicas y políticas de occidente, Estados Unidos y Gran Bretaña, sólo ocuparon los lugares 16 y 24, respectivamente. Es la paradoja de la felicidad. ¿Por qué razón la felicidad habitaría más en países pobres o en desarrollo y no en los poderosos países industrializados? El estudio de World Values Survey (WVS) establece que el poder económico, la competitividad y el éxito individual tienden a desplazar a aquellos elementos que conducen a una vida más feliz. Estos elementos, entre otros, serían los siguientes: las buenas amistades; el desear menos bienes materiales; hacer el bien a los demás; el tener fe, sea o no religiosa; no compararnos con los otros; no preocuparse de no ser un genio; envejecer con “gracia”, y el matrimonio. Estos factores están fuertemente presentes en los países que ocupan los primeros lugares del ranking de felicidad, países cuyos habitantes se caracterizan por su tendencia a la hospitalidad, a la ayuda mutua y a la costumbre de compartir sus bienes. WVS subraya que el fuerte sentido de la propiedad y el deseo de lograr bienes materiales, son “represores de la felicidad”23.

22 23

BBC News (2003), Daily Times (2004), The Mirror On Line (2003). CNEC (2004).


Estos aspectos evidenciarían cómo el hombre moderno, en su intento por establecer las condiciones que le permitan tener una existencia materialmente más cómoda, ha sacrificado felicidad y libertad. Al respecto, existe un breve pero lúcido relato acerca de los efectos de la complejidad artificial de la vida del hombre civilizado, que aparece a modo de introducción en el famoso film de 1980 Los Dioses Deben Estar Locos, comedia tipo documental que trata acerca del choque cultural que se produce entre un habitante del Kalahari24 y el hombre moderno: “Pequeños, hermosos, alegres y graciosos son los bosquimanos (la pequeña gente del Kalahari). Deben se los más felices del mundo. No tienen crímenes, ni violencia, ni leyes, jueces, gobernantes o autobuses. Creen que los dioses sólo pusieron cosas buenas y útiles en la tierra. La gran característica que hace diferentes a los bosquimanos es su nulo sentido de la propiedad. Donde ellos viven no hay nada que les pueda pertenecer, sólo árboles, pasto y animales. Viven en un mundo amable donde nada es duro como roca, acero o concreto. A tan sólo 900 kilómetros al sur hay una gran ciudad. Aquí encontramos al hombre civilizado. Este hombre se rehúsa a adaptarse al entorno, en cambio adapta el entorno a su medida. Entonces construye ciudades, caminos, vehículos, maquinaria y pone sistemas eléctricos para el funcionamiento de muchos de sus aparatos. Pero al parecer no supo cuando detenerse. Entre más mejoró el entorno para facilitar su vida, más complicada se la hizo. Ahora sus hijos deben pasar entre 10 y 15 años en la escuela sólo para aprender a sobrevivir en este complejo y agitado habitat en que nacieron. Y este hombre que se negó a adaptarse a su entorno natural, ahora debe adaptarse cada día y cada hora al entorno que él mismo se fabricó. Con razón algunos pierden la cordura25.”

Por último, otra proposición que se plantea frecuentemente es que la correlación entre felicidad y creación de riqueza sólo se establecería hasta cierto punto. El estudio de WVS afirma que el vínculo ascendente entre los ingresos y la felicidad sólo perdura hasta los USD13.000 per cápita, después de lo cual, los aportes de este último son marginales. Esto explicaría por que los países industrializados, que han incrementado considerablemente su ingreso per cápita desde la segunda guerra mundial, han mantenido sus niveles de felicidad prácticamente inalterados desde entonces26. Esta misma tesis se reafirma en un estudio del WorldWatch Institute, organización estadounidense de defensa del medio ambiente, donde se expresa que a pesar de haberse duplicado en los Estados Unidos el salario medio entre 1957 y 2002, la proporción de la gente que se declara muy feliz, un tercio, permaneció inalterada27. Otro estudio empírico publicado por Kenny (2004) señala que la utilidad marginal28 de los ingresos absolutos es bastante menos significativa de lo que en general se presume, en especial en los países desarrollados. En otras palabras, existiría un rápido descenso en los niveles de crecimiento del bienestar, o simplemente estos se reducirían, a medida que se expande el PIB per cápita de un país. Argumenta también que, al igual que el estudio del WVS, sólo es posible encontrar un vínculo entre la felicidad y el ingreso hasta cierto nivel, después del cual la relación que se establece es insignificante. Así por ejemplo, indica Kenny, en Japón la felicidad informada permaneció prácticamente igual entre 1958 y 1988, mientras que, en el mismo período, el ingreso promedio se incrementó 5,4 veces.

24

Corresponde a la extensión de tierra más grande del mundo. Se encuentra en Botswana, una del las naciones más estables y pacíficas del sur de África. 25 Los Dioses Deben Estar Locos (The Gods Must Be Crazy) de Jamie Uys. Twentieth Century Fox, 1980. 26 CNEC (2004). 27 WorldWatch Institute (2004). 28 Aumento de bienestar derivado de la última unidad monetaria de ingreso obtenida.


¿Hedonismo o felicidad? Al revisar las múltiples opiniones, puntos de vista, estudios e investigaciones respecto al tema de si el dinero hace la felicidad, nos encontramos con una problemática fundamental que parece necesario despejar, pero que usualmente no es mencionada, o bien, no es tratada de manera explícita: ¿qué es felicidad, o por lo menos, qué no es? Desde siempre, la religión y la filosofía han estudiado esta problemática, pero la ciencia la ha ignorado sistemáticamente. Si una persona realmente feliz hace feliz a su entorno, vive más tiempo, tiene iniciativa, es más creativa, y más encima, es más productiva, resultaría obvio averiguar cuál es su secreto. Martin Seligman, profesor de la Universidad de Pennsylvania, considerado como el máximo exponente de la escuela de la psicología positiva, y creador de una encuesta que nos permite detectar nuestros “talentos” para ser felices29, afirmó que había tres tipos de felicidad. A la primera la llamó la vida agradable, la cual se refiere al bienestar que nos invade cuando disfrutamos de la comida, la bebida, del cine o del sexo. Para Seligman este tipo de felicidad está marcado por las apariencias y la hipocresía. Se asocia con lo que él denominó el “estilo de vida hollywoodense” o las campañas publicitarias, donde las “estrellas” lucen relucientes y sonrientes ante las cámaras, pero que a solas tienen que consumir drogas para poder matar la angustia. Es un tipo de felicidad marcada por sensaciones muy efímeras. Al segundo tipo la llamó la buena vida. Esta felicidad surge cuando disfrutamos haciendo algo en lo que somos buenos, o incluso talentosos. Es la felicidad que nace de la vocación. Pero el estado superior de felicidad está en el tercer tipo. Seligman la llamó la vida con sentido (meaningful life). Esta felicidad se disfruta cuando buscamos todo aquello en lo que realmente creemos y ponemos todas nuestras fuerzas a su disposición. Aquí encontramos las obras de caridad, sonreír al vecino o la militancia política. Todo vale, dice Seligman30.

La “economía del bienestar” Es usual que los economistas relacionen la felicidad con conceptos tales como el de bienestar o utilidad, los cuales se asocian a la satisfacción que obtiene un individuo producto del consumo de los bienes, y otros elementos tales como sus interacciones sociales, etc. Pero dado que la ciencia económica se aboca generalmente al estudio de las elecciones racionales entre opciones cuantificables, permaneciendo constante cualquier otro tipo de consideración, esta disciplina tiende a generar modelos demasiado reduccionistas del bienestar. Para operacionalizar el análisis del bienestar, además de evitar arbitrariedades, los economistas se plantean de manera explícita ciertos supuestos iniciales, tales como que el individuo es el mejor juez de su bienestar, que existe coherencia entre las elecciones y la utilidad obtenida (si se elige Z a W, implica que Z involucra más bienestar que W) y que el individuo busca siempre satisfacer sus propias necesidades. Sin embargo, cuando el análisis se encuentra con el problema de establecer niveles de bienestar agregados o sociales para determinados sectores de la sociedad o grupo de 29 30

Ver www.authentichappiness.com Arco Atlántico Psicología (2004).


individuos, los economistas entran a un terreno demasiado escabroso e incómodo, debido a que se hace necesario comparar las utilidades interpersonales, tanto en sus niveles como en sus intensidades, no habiendo una forma científicamente válida de hacerlo31. Esta reticencia a no realizar análisis que impliquen llevar a cabo ese tipo de comparaciones y la tendencia a centrarse sólo en aquello aspectos que pueden ser medibles, ha llevado a la ciencia económica a descuidar áreas cruciales para el crecimiento y el bienestar, como los factores intangibles que componen la función de utilidad humana, las actividades económicas que se realizan al margen del mercado, los reales impactos del progreso tecnológico sobre la productividad y el desarrollo humano, y la distribución del ingreso. Estas limitaciones condicionan fuertemente el tratamiento que realiza la economía en cuanto a proporcionar un significado del concepto de optimalidad en el empleo de los recursos limitados y la formulación de proposiciones que permitan evaluar si una política o un determinado acontecimiento ha mejorado o dañado el bienestar social, elementos que configuran lo que se conoce como economía del bienestar. De hecho, gran parte de la economía del bienestar elude por completo los juicios sobre la distribución del ingreso, enfocándose sólo en aquellos temas que no impliquen un conflicto entre individuos, grupos o clases diferentes. La tendencia a ignorar esta problemática conlleva un fuerte sesgo hacia los criterios de eficiencia y a la preocupación casi total por el óptimo de Pareto32, cuya finalidad es precisamente eliminar la necesidad de abordar el tema de las distribuciones. Se hace necesario enfatizar que el principio o criterio de Pareto33 constituye un criterio de eficiencia y no de distribución de ingreso. Esto se puede visualizar perfectamente en el primer teorema de la economía del bienestar, en el cual se establece el vínculo entre los equilibrios competitivos y el óptimo de Pareto. Esto es, no toda asignación de recursos que satisfaga la condición de Pareto implica la obtención de un óptimo social, ya que esto último depende de la función de bienestar social34. No es casualidad que el gran economista de la India Amartya Sen, ganador del Nóbel de Economía en 1998, haya ya afirmado hace más de treinta años que “una sociedad o una economía puede estar en el óptimo de Pareto, y seguir perfectamente fastidiada35”. Es cierto que la aplicación del criterio de Pareto permite una mejora en la utilidad de la comunidad, pero dado que ningún individuo puede verse dañado en su bienestar, este criterio sólo admite distribuir las ganancias generadas con los cambios viables, no la redistribución de la riqueza previa36. Por tanto, este principio es la base de la economía del no conflicto. Esta cuestión es de

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Miller & Meiners (1990). El óptimo de Pareto es aquel punto donde, según el criterio de Pareto, no existe la posibilidad de hacer cambio alguno. 33 Una asignación factible es Pareto óptima si no existe ninguna otra asignación factible en la que todos los individuos estén mejor. Este criterio no necesita establecer ningún tipo de comparación interpersonal de utilidad. 34 Sólo la función de bienestar social es la que indica cómo intercambiar las ganancias que percibe un individuo por las pérdidas de otro. 35 Sen (1970). Citado por Villar (1996), pág. 147. 36 Este criterio tampoco proporciona elementos para comparar las asignaciones óptima entre sí. 32


especial interés, ya que aspectos tales como el bienestar de la comunidad o el bien común no juegan ningún papel en el proceso de asignación de recursos37. Aunque han existido importantes intentos por generar modelos y establecer juicios distributivos que superen el óptimo de Pareto, como los contornos de Scitovsky, la función social de bienestar de Bergson-Samuelson o la función de bienestar social minimax recomendada por Rawls, los cuales permitan ordenar y comparar todos los estados de óptimo de Pareto, se sigue recurriendo a las funciones de utilidad social de tipo individualista38, descartando cualquier consideración de tipo holístico. Con esto se sigue manteniendo el carácter utilitarista que dominó a la antigua economía del bienestar, cuya tradición se encuentra representada en la función de utilidad social utilitarista clásica o benthamita39, en la cual el bienestar social es la simple suma no ponderada de las utilidades individuales40. De este modo, la antigua economía del bienestar se encuentra demasiado entrampada en su función de bienestar social aditiva como para preocuparse del problema de la distribución; la nueva economía del bienestar elude los juicios distributivos al concentrarse sólo en los aspectos de asignación óptima de recursos, y el método convencional de las funciones de bienestar social, enfocada exclusivamente en el carácter ordinal de las utilidades individuales, dejando de lado las comparaciones entre personas, no proporciona ningún elemento útil para el análisis de la distribución41. Sen no sólo relativiza absolutamente la utilidad de la economía del bienestar y el principio de Pareto, sino que también rompe con la concepción utilitarista de la libertad cuando enfatiza una categoría intermedia entre los medios y los fines, los recursos y el bienestar, y que denominó “funcionamientos” (functionings). Estos funcionamientos se refieren a la capacidad de las personas para traducir los medios en fines, como tener buena salud, educación, estar integrado socialmente, etc. Este planteamiento difiere totalmente del concepto de libertad instrumental del utilitarismo, en el cual todo queda reducido a un determinado conjunto presupuestario que entrega todas las posibilidades factibles de consumo y donde el logro es la utilidad y el medio es el ingreso para adquirir bienes. La libertad para Sen no sólo es instrumental, también posee una valoración intrínseca. No sólo proporciona las posibilidades de emprender uno u otro proyecto de vida, también 37

La filosofía neoliberal recoge y se identifica plenamente con los principios utilitaristas del bienestar y rechaza de plano la aplicación de criterios distributivos no paretianos, argumentando que estos entorpecen la asignación óptima de recursos que lleva a cabo el mercado. La economía neoliberal, que siempre dice actuar en nombre de la ciencia, intenta aplicar un proyecto económico, político y social que no explicita la vigencia ni menos la consistencia de ciertos principios éticos y morales, ni la democracia. La filosofía neoliberal, cuyo elemento distintivo es la importancia que le otorga a la libertad individual y al derecho de propiedad, y que defiende la neutralidad del Estado y la competencia a todo nivel, propone desmantelar todas aquellas instituciones, hábitos, prácticas y valores que no son compatibles con las concepciones ultraliberales. Por esta razón promueve el individualismo, el utilitarismo y el hedonismo, y crea símbolos de éxito y felicidad asociados al estatus y al consumo individual (Zahler, 1982). 38 Es decir, la utilidad social depende exclusivamente de las utilidades individuales. 39 En honor al Jeremy Bentham (1748-1832), líder teórico anglo-sajón y uno de los fundadores del utilitarismo. Bentham y sus seguidores sostenían que el “mayor bien para el mayor número” se alcanza a través de políticas educativas y punitivas, las cuales promueven los tipos de opciones individuales que maximizan la felicidad humana. 40 Esta función hoy es fuertemente cuestionada por el hecho que supone que la utilidad es cardinalmente medible, lo que en la actualidad ya no se acepta con tanta facilidad. 41 Sen (2001).


puede ser entendida como un funcionamiento en sí misma. De esta forma, para Sen, la libertad está dada por las capacidades, las cuales constituyen vectores de funcionamientos que entregan posibilidades para enfrentar proyectos de vida de acuerdo a las aspiraciones de cada individuo42. Por otra parte, Robert Fogel, profesor de la Universidad de Chicago, y Premio Nóbel de Economía en 1993, ha otorgado un enérgico espaldarazo a todos aquellos que rechazan la tendencia de muchos economistas de insistir en la identidad bienestar material - felicidad y en la especificación de modelos de bienestar en base sólo a factores cuantificables43. Fogel advierte sobre aquellas áreas descuidadas por los economistas que tienen una gran trascendencia para el crecimiento y el bienestar, descuido que pasa principalmente por el eterno problema de la medición. Una de esas áreas es la multidimensionalidad de la felicidad humana. Fogel culpa a los economistas de ignorar los aspectos espirituales, cabe decir, todos aquellos elementos que no provienen de factores materiales. Afirma que la mejoría del bienestar espiritual es la clave de la felicidad para la mayoría de la gente. De hecho, asevera que la mitad de nuestro consumo real consiste en bienes espirituales. Lamentablemente, esto tiende a ser ignorado, especialmente en el mundo occidental, donde la ansiedad por consumir eclipsa toda necesidad más trascendente. En los países desarrollados, donde están completamente satisfechas gran parte de las necesidades materiales, y el mayor tiempo libre es cada vez más una realidad, la no satisfacción de las necesidades espirituales se hace más angustiante y golpea fuertemente la felicidad de los individuos, aunque estos no sean plenamente conscientes de ello.

Conclusiones La civilización actual ha alcanzado niveles de satisfacción de necesidades materiales y adelantos técnicos sin precedentes en la historia. Pareciera que por fin el mundo tiene al alcance de su mano las condiciones tecnológicas, técnicas y económicas para el establecimiento global de la felicidad. Sin embargo, el mundo dista mucho de ser dichoso. No sólo los beneficios de la civilización se han repartido muy desigualmente, sino que se ha ido generando una saturación de cosas superfluas y se han magnificado una serie de actitudes que atentan finalmente contra el bienestar individual y social, como el consumismo y el utilitarismo. Los niveles mundiales de desigualdad, suicidios, consumo de alcohol y drogas y la proliferación global de enfermedades psicológicas, constituyen un indicador de que la solidaridad y la felicidad humanas habrían quedado rezagadas respecto al desarrollo tecnológico y económico. El dinamismo del PIB no lo es todo. Este cuestionamiento no sólo se sustenta en sus limitaciones como indicador de bienestar, sino también en el hecho que el crecimiento sostenido del ingreso sólo incidiría hasta cierto nivel sobre la felicidad. Elementos tales como las aspiraciones de cada persona

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Medina (2001). Idea House (1999).


o la falta de satisfacción de las necesidades espirituales, son muy relevantes a la hora de alcanzar un mayor grado de comprensión sobre el complejo tema de la felicidad humana. La economía tradicional no se cargo de estas problemáticas. La economía del bienestar y el método tradicional de las funciones de bienestar social no proveen elementos que permitan explorar y explicar la paradoja de la felicidad, así como el acuciante problema de la distribución del ingreso.

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