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par en par. Es un día luminoso, principios de la primavera diría – es decir, fines de septiembre o principios de octubre en Buenos Aires. Pero eso sería cerca de mi cumpleaños, y no recuerdo ninguna conexión entre mi cumpleaños y este evento en particular, en la habitación-no-tan-grande que veo en mi recuerdo. Entonces, parecía el principio de la primavera, un día soleado pero no demasiado cálido, y muy luminoso, aunque probablemente no fuese el principio de la primavera. Veo hileras de camas alineadas hacia la ventana, pero era probablemente una sola cama, y ella acostada encima, con los ojos cerrados. La ventana está abierta y, así como la luz de este día del noprincipio-de-la-primavera, entran cierta cantidad de ruidos. Entre ellos, creo recordar claramente: sonidos del tránsito, bocinas, tubos de escape, frenos; trabajos de mantenimiento en la calle, utilizando algún tipo de maquinaria pesada de forma intermitente; el murmullo constante de las multitudes; una voz particularmente estridente llegando desde alguna ventana abierta; el sonido cortante de algún tipo de tijeras o podaderas. De todas formas, puede que la mayor parte de estos sonidos ni siquiera esté ahí. Puede que la habitación esté en silencio, pero hay ruidos en mis oídos cuando la pienso. Los oigo desde la distancia, ahogados, como si tuviese algodón en los oídos. Estoy parado en esta habitación, la ventana en frente de mí. No me puedo acercar demasiado. Estamos en un edificio bastante alto, supongo, o al menos un quinto piso, y no me llevo demasiado bien con las alturas. En ese día en particular siento vértigo, aunque normalmente un quinto piso no debería molestarme. Me quiero acercar a la ventana, pero siento nauseas. Me enferma tan sólo pensarlo. ¿Por qué? No puede ser tan alto. Siento vértigo, parado en esa habitación, pero tal vez no sea por la altura a la que estamos. Tal vez sea el olor: es un olor denso, que parece estar en toda la habitación –sábanas, colchón, cuerpo, cortinas, decoraciones–. Casi todos los objetos a mi alrededor son blancos, o parecen serlo, en ese momento y cada vez que pienso en ese lugar. Las cortinas son aún más finas que

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