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El sol se está poniendo, aunque probablemente no se note. Las clases terminaron alrededor de las cuatro de la tarde, así que no hay chance de que ya esté atardeciendo, no en esta parte del mundo. Pero puedo sentir el sol descendiendo y las sombras volviéndose más largas mientras espero a que mi abuela pase a buscarme y me lleve a casa. Estoy ahí parado, y espero a que su mano arrugada agarre la mía. Espero su sonrisa amarillenta y sus dientes torcidos, su nariz larga, las arrugas alrededor de sus ojos verde oscuro. Espero sus canciones y bromas e historias inventadas. Me pasará a buscar, pero yo sigo esperando. -Es lo que podría llamarse una habitación grande y blanca. Recuerdo una hilera de camas de cada lado, creando un pasillo largo y desembocando en un ventanal, pero probablemente serían sólo tres o cuatro camas en total. O tal vez era sólo una. Una estructura metálica amplia, un colchón fino, sábanas aún más finas. De esas sábanas gastadas a través de las cuales casi se puede mirar. Entonces, supongo que la habitación no era tan grande si sólo entraba una cama. No estoy seguro. Me quedo con la habitación parecía grande, entonces. La habitación parecía grande, a pesar de su reducido tamaño físico, ese que uno mide en metro, pies, cantidad de camas. Yo quería que fuese grande, más grande, ancha. Hay una cama metálica en el medio, con el colchón fino vistiendo las sábanas finas. Hay una mujer vieja, acostada sobre la cama. Es difícil saber si es que el colchón es demasiado fino para cambiar su forma bajo el peso de esta mujer en particular, o si el cuerpo de la mujer está efectivamente flotando a unos milímetros por encima de la cama, sin hacer ningún tipo de presión sobre el colchón. Sus ojos están cerrados. La única puerta, detrás de mí, también está cerrada, y la única ventana, en frente de mí, está abierta de

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