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TEXTOS HISTÓRICOS PARA EL TEMA DE AL-ÁNDALUS 1. El tratado de capitulación de Tudmir ante Abd al-Aziz: "Abd al-Aziz escribió un pacto [ahd] donde se estipulaba [aqada] "En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso. Este es un escrito [concedido] por Abd al-Aziz b. Musa a Tudmir b. Gandaris, cuando se acogió a la capitulación [sulh]. "1- [Tudmir queda cubierto] por el pacto y la garantía [ahd wa mitaq] de Dios y las [normas] que envió mediante sus profetas y enviados. "2- Adquiere la protección [dimma] de Dios (ensalzado y honrado sea) y la protección de Muhammad (Dios le bendiga y le salve). "3- [No será destituido de su soberanía]. "4- En nada será alterada [la presente situación] tanto suya como de cualquiera de sus compañeros [ashab]. "5- No serán reducidos a cautiverio, ni separados de sus mujeres e hijos. "6- No serán muertos. "7- No serán quemadas sus iglesias, [ni tampoco despojadas de sus objetos de culto]. "8- No se les obligará a [renunciar] a su religión. "9- Esta capitulación cubre siete ciudades: Orihuela, Mula, Lorca, Balantala, Alicante, Ello y Elche. "10- [Tudmir] no dejará de observar el cumplimiento del pacto y no rescindirá lo acordado. "11- Ha de cumplir sinceramente lo que le impusimos y está obligado a [seguir] lo que le ordenamos. "12- [No ha de dar asilo a ningún siervo fugitivo nuestro, ni albergar enemigo nuestro, ni dañar a nadie que haya recibido nuestro aman]. "13- No ha de ocultarnos noticia alguna [acerca del enemigo], que llegue a su conocimiento. "14- A él y a sus compañeros incumbe el pago de la yizya. Ello es que todo hombre libre pagará [cada año]: un dinar [de oro], cuatro almudes de trigo, cuatro de cebada, cuatro qist de vinagre, uno de miel y uno de aceite. "15- A todo siervo incumbe el pago de la mitad de estas cantidades. "Actuaron de testigos de este [pacto]: Utman b. Ubayda al-Qurasi, Jabib b. Abi Ubayda al-Qurasi, Sadan b. Abd Allah al-Rabii, Sulayman b. Qays al-Tuchibi, Yahya b. Yamur al-Sahmi, Basar b. Qays al-Lajmi, Yais b. Abd Allah al-Azdi y Abu Asim alHudali. "Fue escrito en rayab del año noventa y cuatro [abril 713]." Tomado de CHALMETA, P.: "España musulmana", en Historia General de España y América, III. Madrid, 1988, p. 466.

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2. La toma de Mérida por los musulmanes. Confió Muça la guarda de la ciudad a los judíos y se dirigió a la ciudad de Mérida, donde residían algunos grandes señores de España y que también tenía monumentos: un puente, alcázares e iglesias que exceden a toda ponderación. Cercó la ciudad y la guarnición salió contra él, trabándose un fuerte combate a una milla de distancia de las murallas. En tanto descubrió Muça una cantera de piedra, en la cual ocultó por la noche infantería y caballería, y al día siguiente, al amanecer, cuando fue contra ellos y salieron a rechazarle, como el anterior, atacáronles los musulmanes que estaban emboscados e hicieron en ellos una gran matanza, refugiándose los que escaparon en la ciudad, que era muy fuerte, y tenía unas murallas como no han hecho otras los hombres. Por espacio de algunos meses continuó el cerco hasta que fabricaron los muslimes una máquina para acercarse al muro y, cubiertos con ella, llegaron a una de las torres, de la cual arrancaron un sillar; mas encontraron en el hueco un macizo, que en lengua española se llama laxamaxa (argamasa), que resistía a sus barras y picos, y mientras se hallaban ocupados en este trabajo cargaron sobre ellos los cristianos y perecieron los musulmanes bajo la máquina, por lo cual la torre se llamó de los Mártires, nombre que aún hoy día conserva, aunque son pocos los que saben esta anécdota. Al cabo fue conquistada la ciudad en Ramadhan del año 94. Tomado de Ajbar Machmua (Colección de tradiciones). Crónica anónima del s. XI, dada a luz por primera vez, traducida y anotada por don Emilio LAFUENTE Y ALCANTARA. Madrid, 1867, 29. 3. Sublevación de los beréberes contra los árabes en España. Aconteció, en tanto, que los berberiscos españoles, al saber el triunfo que los de Africa habían alcanzado contra los árabes y demás súbditos del Califa, se sublevaron en las comarcas de España y mataron o ahuyentaron a los árabes de Galicia, Astorga y demás ciudades situadas allende las gargantas de la sierra (de Guadarrama), sin que Ebn Katan tuviese la menor sospecha de lo que sucedía hasta que se le presentaron los fugitivos. Todos los árabes de los extremos del norte de la península fueron impelidos hacia el centro, a excepción de los que habitaban en Zaragoza y sus distritos, porque eran allí más numerosos que los berberiscos y no podían éstos acometerles. Derrotaron a los cuerpos de ejército que Abdo-l-Mélic mandó contra ellos y mataron a los árabes en varias comarcas, visto lo cual, temiendo que le sucediese lo que había acontecido a los de Tánger y con noticia de los aprestos que hacían contra él, no halló el walí medio mejor que solicitar la ayuda de los siriacos. Envióles barcos en que se trasladasen a España por pelotones, les remitió víveres y mantenimientos y púsoles por condición que le entregasen diez personajes de los más importantes de cada división para tenerlos como rehenes en una isla y que, terminada la guerra, los transportaría de nuevo a Ifrikiya. Convinieron en ello y aceptaron el pacto, exigiendo a su vez que se les trasladase después a Ifrikiya todos juntos y no separadamente y que se les llevase a punto donde no fuesen inquietados por los berberiscos. Veía con los siriacos Abdo-r-Rahmen ibn Habib, cuyo padre había muerto en Nacdora. Tomado del Ajbar Machmua, etc, p. 48-49.

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4. Sobre las actividades de Umar ibn Hafsun. Cuando Abd Allah, al subir al trono califal, recibió de las provincias pruebas de su fidelidad y todos reconocieron su autoridad, Umar ibn Hafsun, no obstante su rebeldía y a pesar de su orgullo y de las devastaciones que venía realizando, creyó que debía volver a la comunidad de los fieles y someterse a las leyes de la debida obediencia al príncipe. Envió a Córdoba a su hijo Hafs y a algunos de sus partidarios, para concluir con el emir un tratado de paz solemne y definitivo, que nada pudiera alterar y que ninguna dificultad pudiera obstaculizar, con la condición de que Umar permanecería en Bobastro en calidad de súbdito fiel y obediente. El emir aceptó sus buenas disposiciones, consintió en dejarle en Bobastro, trató con generosidad a su hijo y a sus enviados, les hizo numerosos regalos y envió con ellos a Abd al-Wahhab ibn Abd al-Rauf, nombrado gobernador del distrito de Málaga y encargado de participar con ibn Hafsun en la administración del país y en el nombramiento y reemplazo de los funcionarios. Tal comunidad de poderes duró hasta que ibn Hafsun venció y expulsó del cantón a Abd alWahhab, despojado de todo. Entonces dio aquél libre curso a sus crímenes, redobló sus hostilidades y sus razzias hasta el extremo de que las poblaciones estuvieron a punto de quedar vacías y el pueblo a punto de emigrar. Todas las aldeas de la campiña de Córdoba estaban infestadas de jinetes de ibn Hafsun y se hallaban sometidas a sus fechorías. Y el maldito se apoderó de Ecija y de Archidona, las puso en estado de defensa e instaló en ellas toda clase de máquinas de guerra. Cuando el emir Abd Allah vio a Córdoba cercada y devastados sus alrededores por una guerra nefasta, hizo plantar la tienda real en el arrabal de Secunda. Colocados sus pilares y tendidas sus cuerdas y lazos, ibn Hafsun lanzó su caballería contra Secunda con intención de apoderarse de la tienda real y de precipitarse sobre la ciudad y de sitiarla. Pero al punto, jinetes del emir se lanzaron contra los agresores, le alejaron y llegando hasta ibn Hafsun le rechazaron e impidieron avanzar. El rebelde se refugió entonces en el castillo de Cabra, y el emir, reuniendo alrededor de catorce mil cordobeses, marchó contra él, que disponía de cerca de treinta mil soldados. El ataque de las tropas de Abd Allah les puso en desbandada, cayeron sobre sus espaldas los sables y corrieron tras ellos hasta que regaron la tierra con su sangre. El emir penetró entonces en los castillos que habían abandonado su obediencia y que volvieron a la sazón a reconocer su autoridad... Después de su vuelta a Bobastro, ibn Hafsun reunió sus compañeros, hizo redactar una nueva lista de los mismos y marchando con ellos hacia Elvira, emprendió en tal región una guerra salvaje y con tal éxito que se adueñó de ella y mediante un ardid apresó al gobernador. El emir Abd Allah envió entonces contra él sus tropas mandadas por ibn Abí Abda. Cuando las dos huestes estuvieron frente a frente, la caballería de ibn Abí Abda se precipitó sobre la de ibn Hafsun, la destrozó e hizo desaparecer hasta sus huellas. El rebelde, herido de gravedad, hubo de retirarse, de desandar los lugares abruptos, de soportar la humillación y la ignominia y de regresar vencido, dañado y envilecido al fuerte de Bobastro. Pero volvió enseguida a sus antiguas costumbres, a su rebeldía y a sus devastaciones. Sin embargo, el emir Abd Allah le venció otras veces y los golpes que recibía amedrentaron su corazón, atenuaron sus ardores y sembraron el desánimo entre sus compañeros y auxiliares. Tomado del Bayan al-Mugrib de IBN IDHARI (según versión francesa de Fagnan, 217).

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5. La jornada del arrabal. En 198 [31 de agosto de 813] tuvo lugar en Córdoba la revuelta llamada del arrabal. Los hechos pasaron de la manera siguiente. El príncipe omeya reinante Al-Hakam ibn Hixam casi no se ocupaba más que en jugar, cazar, beber y en otros placeres semejantes y, por otra parte, la ejecución de muchos de los principales habitantes de la ciudad le hizo odioso a la población, que era injuriada y maltratada por los mercenarios del emir. El desorden llegó a tal punto que, cuando se convocaba a la plegaria, el populacho gritaba: "(Ven a rezar, borracho, ven a rezar!" y cuando alguno lanzaba esta injuria, los otros aplaudían. Entonces, Al-Hakam comenzó a rodear Córdoba con un recinto fortificado, guarnecido de zanjas: acuarteló la caballería en la puerta de su palacio, donde había siempre una tropa armada, y aumentó el número de sus mamelucos. Todas estas precauciones no hicieron más que acrecentar el odio de la población, que estaba persuadida de que quería vengarse de todas sus afrentas. En seguida estableció el impuesto del diezmo sobre las mercaderías, impuesto que habría de cobrarse cada año sin remisión, lo que fue mal visto por el pueblo. Al-Hakam se apoderó de diez de los principales exaltados y los hizo ejecutar y crucificar, con lo que dio ocasión de cólera a las gentes del arrabal. Añádase a todo ello que un mameluco del príncipe llevó su espada a casa de un bruñidor para hacerla limpiar, y como éste la remitiera a su dueño más tarde de lo convenido, el mameluco tomó la espada y golpeó con ella al obrero hasta dejarle muerto. Ocurrió esto en Ramadan [abril-mayo 814] del año referido. Las gentes del arrabal meridional empuñaron los primeros las armas, y todos los otros arrabales les siguieron. El chund, los omeyas y los esclavos negros se concentraron en el palacio y Al-Hakam procedió a la repartición de los caballos y de las armas, así como a la reunión de sus compañeros. Se entabló la lucha y fue favorable a las gentes del arrabal, que cercaron el palacio. Entonces Al-Hakam descendió de la terraza donde se encontraba y fue a caballo y armado a reanimar el valor de los suyos, que se batieron a su vista con encarnizamiento... Al-Hakam consultó con Abd al-Qarim ibn Abd al-Wahid ibn Abd al-Mugayth, su último confidente, quien le aconsejó clemencia. Tal fue el partido que tomó el príncipe, a pesar del dictamen contrario emitido por otro, y perdonó a los rebeldes, pero con amenaza de muerte y crucifixión para todos los habitantes del arrabal que no hubiesen partido de la ciudad en el plazo de tres días. Los supervivientes salieron a escondidas, expuestos a toda clase de penas y humillaciones, llevando lejos de Córdoba a sus mujeres, sus hijos y sus riquezas de más fácil transporte. Los soldados y malhechores estaban al acecho para saquearles y mataban a quienes osaban resistir. Terminado el plazo de tres días, Al-Hakam dio orden de respetar a las mujeres, a las que reunió en el mismo lugar, e hizo destruir el arrabal meridional [de Secunda]. Tomado del Kamil fi-l-Tarif de ibn Al-Athir. Según versión francesa de FAGNAN pp. 165 y 177.

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6. Abd al-Rahman III toma el título califal en 929. En este año ordenó al-Nasir li-din Allah que se le llamase en las cartas a él dirigidas y se le invocase en los púlpitos con el título de "Príncipe de los Creyentes", por cuanto era digno de esta denominación, que en realidad era sólo suya, y en cualquier otro plagiada y postiza. Vistióse, pues, dicho título en este momento como túnica adecuada a su dignidad y como herencia ... a él ... En este sentido, el sábado día 2 de du-l-hiyya de este año [17 enero 929], fueron despachadas cartas suyas dirigidas a los ummal de sus diferentes provincias, conforme a una redacción única. He aquí la copia de una de estas cartas: En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso. Bendiga Dios a nuestro honrado profeta Mahoma. Los más dignos de reivindicar enteramente su derecho y los más merecedores de completar su fortuna y de revestirse de las mercedes con que Dios Altísimo los ha revestido, somos nosotros, por cuanto Dios Altísimo nos ha favorecido con ello, ha mostrado su preferencia por nosotros, ha elevado nuestra autoridad hasta ese punto, nos ha permitido obtenerlo por nuestro esfuerzo, nos ha facilitado lograrlo con nuestro gobierno, ha extendido nuestra fama por el mundo, ha ensalzado nuestra autoridad por las tierras, ha hecho que la esperanza de los mundos estuviera pendiente de nosotros, ha dispuesto que los extraviados a nosotros volvieran y que nuestros súbditos se regocijaran por verse a la sombra de nuestro gobierno (todo ello por la voluntad de Dios; loado sea Dios, otorgador de los beneficios, por el que nos ha otorgado, pues El merece la máxima loa por la gracia que nos ha concedido). En consecuencia, hemos decidido que se nos llame con el título de Príncipe de los Creyentes, y que en las cartas, tanto las que expidamos como las que recibamos, se nos dé dicho título, puesto que todo el que lo usa, fuera de nosotros, se lo apropia indebidamente, es un intruso en él y se arroga una denominación que no merece. Además, hemos comprendido que seguir sin usar ese título, que se nos debe, es hacer decaer un derecho que tenemos y dejarse perder una designación firme. Ordena, por tanto, al predicador de tu jurisdicción que emplee dicho título y úsalo tú de ahora en adelante cuando nos escribas. Si Dios quiere. En consecuencia y conforme a estas órdenes el predicador de Córdoba comenzó a hacer la invocación en favor de al-Nasir li-din Allah, dándole el título de Príncipe de los Creyentes, el día 1 de du-l-hiyya de este año [16 de enero de 929]. Fue este el primer sermón en que se le dio ese título, que empezó a llevar con mejor derecho que los demás que se lo arrogaban y que luego siguieron usando los califas descendientes suyos (Dios concede su gracia a quien quiere! Tomado de LEVI-PROVENÇAL, E y E. GARCIA GOMEZ: Una Crónica anónima de Abd al-Rahman III al-Nasir, editada por primera vez y traducida. Madrid, 1950, pp. 151-153.

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7. Aceifa musulmana contra los Velasco, señores de Pamplona, probablemente fieles a los carolingios (año 816). En este año fue la campaña del hayib Abd al-Karim ibn Abd al-Wahid ibn Mugit con la aceifa contra el enemigo de Dios Balask al-Yalasqi, señor de Pamplona. Este había pedido ayuda por al-Andalus contra los musulmanes y se le habían reunido los contingentes cristianos. (El emir) envió al hayib Abd al-Karim en contra suya, al frente del ejército de los muslimes, y les presentó batalla durante trece días, combatiéndoles sin tregua, hasta que los enemigos de Dios quedaron desbaratados y emprendieron la huida. Murieron muchos, entre ellos Garsiya ibn Lubb, hijo de la hermana de Barmud, el tío materno de Idfuns; Sanyo, el mejor caballero de Pamplona; Saltan, el mejor caballero de los Mayus, y otros. (Los demás) se defensieron de los musulmanes tras de ríos abruptos y barrancos a que se acogieron, obstruyendo sus accesos con maderos y fosos, que los musulmanes no pudieron franquear y, en vista de su impotencia, emprendieron regreso desde las tierras cristianas a comienzos de du-l-qada de este año. Tomado de IBN HAYYAN: Muqtabis. Ed. LEVI-PROVENÇAL, E. y GARCIA GOMEZ, E.: "Textos inéditos del "Muqtabis" de Ibn Hayyan sobre los orígenes del reino de Pamplona", en Al-Andalus XIX (1954), pp. 295-315, pg. 297.

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