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Sweet Temptation ~Huellas~ . . ¿Cómo era posible que por tan poco arriesgase tanto? . Porque podrían culpar a la lujuria que envolvía la inmoral situación, podrían alegar que era normal, ella poseía un cuerpo que te invitaba a pecar, y sucesivamente se podrían enumerar cientos de excusas, pero pese a eso existía una única verdad ineludible. Si estuviese enamorado, como había estado convencido de que lo estaba, jamás hubiese cedido tan rápido, así se hubiese encontrado a la mismísima Venus transitando desnuda en su cocina. Estúpida, estúpida, estúpida— que sentía por su accionar no delgada línea imaginaria que expertas manos de aquel joven no correcto.

se maldecía internamente la muchacha. La vergüenza tenía punto de comparación. Acababa de traspasar la separaba lo correcto de lo bueno. Porque sentir las era mucho más que bueno, era grato y placentero, más

¿Qué pensará de mí en este instante? — se lamentaba Bella. Sus vidriosos ojos se encontraban adoloridos de tanto llorar. Una súbita melancolía la invadió cuando recordó como el tibio aliento de Edward le golpeó de lleno en el cuello al segundo de que Alice había abandonado la morada. Le llevó toda su fuerza de voluntad resistirse a aquel monumento a la hermosura, lozano y glorioso. Sin embargo, lo hizo, no por ella claro está, si fuese por pensar en sí mismo hace horas que se hubiese entregado a los deseos que dictaba su cuerpo. Esta vez, se trataba de un tema de lealtad, debía de pensar en Tanya, la dulce mujer que le abrió las puertas de su hogar, la misma que estaba siendo burlada cruelmente por su esposo y su hija. La culpa aumentó en la adolescente cuando se vio a sí misma más preocupa por lo que Edward pudiese pensar de ella que lo que opinaría su amiga si se enterase de la aberración que se llevaba a cabo en su propia casa. Nuevamente las lágrimas no se hicieron esperar, pero de qué servía aquello ahora. El daño ya estaba hecho, no existía punto de retorno. Ya era tarde, y Bella sabía muy bien que las cosas a partir de ahora pasarían a ser de difíciles a imposibles. Sintió el crujir de la madera bajo los nerviosos pasos de su molesto padre y se odió. Por ponerlo en esta situación tan incómoda e inmoral. Por llegar a un hogar resuelto y


desmoronarlo todo, porque a sabiendas de que Tanya y él llevaban una relación estable y convencional no se lo pensó dos veces al corresponder su beso. El vacío en su pecho se acrecentó cuando le sintió acercarse hasta su puerta y golpear. Bella no supo la frustración, remordimiento y confusión que invadía la mente de Edward. Tampoco estaba al tanto de que simplemente deseaba hablar, pedir disculpas y tal vez, sólo tal vez intentar reparar en algo el daño ya hecho, aunque para ambos esta ultima idea les significase un imposible. Oyó el agudo tintineo de la cuchara contra la loza y cuando se sintió el metal rozar la madera del suelo ella supo que Edward había dejado en la puerta una merienda. Se conmovió… Su pecho se contrajo hasta lo imposible en cientos de emociones que ella no supo descifrar. ¿Por qué tuvo que arruinarlo todo con sus estúpidos arrebatos hormonales? ¿Tan difícil sería verle como lo que se suponía debía ser? Su padre. Isabella tuvo la respuesta para su interrogante al segundo. Sí lo sería, aquello sería un imposible, no debería pensárselo dos veces. Se volvería loca si continuaba aquí. Ella debería irse. Tal vez no ahora, es más quizás no fuese necesario hacerlo de una forma física. Sin embargo, la joven sabía que necesitaba con suma urgencia abstraerse. Mantenerse alejada del peligro, porque Edward Cullen para ella más que representar una constante tentación representaba un riesgo, un camino pedregoso que terminaría por catapultarla a su fin. Y obviamente ella no quería cavar su propia tumba. En cuanto estuvo segura que él se encontraba alejado de su dormitorio abrió la puerta a toda velocidad, como si fuese un asesino quien rondaba aquel sitio y no su padre, y tomó la fina bandeja. Se instaló en su cama y comenzó a comer. Al parecer el estrés le había despertado el apetito, ya que no desperdició una migaja de aquella merienda. O quizás se debiese a que su padre adoptivo poseía un don innegable para la cocina. Bella alejó de inmediato ese pensamiento. Edward en su habitación no cesaba de inventar excusas para justificar su accionar, por desgracia ninguna de ella conseguía mitigar su ansiedad. Cuando el reloj al fin marcó las doce en indicación de que se avecinaba un nuevo día cayó en cuenta de que su mujer aún no daba señales de vida. ¿Qué clase de esposo soy?—se dijo a sí mismo el atormentado joven, mientras se pasaba la mano por su tenso rostro, poniendo tanta fuerza e intensidad en aquel gesto, como queriendo arrancarse por completo la piel. Rendido como se sentía se sentó en la punta de la cama y comenzó a desabotonar uno a uno los botones de aquella sucia camisa- y no es que lo estuviera en verdad, como quería convencerse él, sino que el simple hecho de que estuviera impregnada de aquel dulce y juvenil aroma le hacía excitarse a lo sumo. Y Edward claramente ya había


tenido demasiado por hoy. Terminó su cometido y con la prenda abierta se encontró a sí mismo con la vista clavada en la pared desierta, observando hacia la nada. Debatiéndose en su fuero interno si llamar o no a su mujer, tal vez se encontraba bien. Si fuesen malas noticias ya habría llamado — se respondió a sí mismo, mientras una forzada sonrisa se situaba en su rostro. Debe estar bien… Tiene que estarlo — una vez se encontró indeciso, y es que no tenía un ápice de control en su retorcida mente. Ya que obviamente Edward no estaba seguro si aquello lo decía pensando en su esposa o en la joven que se encontraba a escasos metros de su cuarto, durmiendo plácidamente a diferencia de él, quien no paraba de analizar y desmenuzar una y otra vez cada uno de sus actos. Se levantó mientras deslizaba la camisa por sus hombros y la arrojó al piso, mientras avanzaba hacia el baño, su baño. Esta vez no quería exponerse, lo mejor sería mantener distancia. Ahogó un gemido cuando se encontró frente al espejo del lavatorio dispuesto a afeitarse y una mancha rojiza se mostraba soberbia sobre la piel de su cuello, como claro recordatorio de que su nerviosismo no era en vano. Su mente no dejaba de trabajar en la inútil labor de inventar alguna excusa válida para justificar aquella marca. Su marca. Desesperado como se encontraba hizo lo primero que se le ocurrió en el instante. Sin siquiera pensarlo claro está y llamó a su hermano y amigo Emmett. Demasiado tarde cayó en cuenta de que no podría contar con él para este asunto. — ¿Dónde demonios estás? — la tensión e irritabilidad en su voz era palpable, pero Edward considero que lo mejor sería hacer caso omiso a la ira que destilaba su hermano mayor. — En casa— respondió con fingida calma. — He de suponer que me llamas para hablar con Tanya ¿no? Apenas nos enteramos de lo ocurrido vinimos con Rosalie a apoyarla. No me extraña que no te contestase al teléfono, ha de tenerlo apagado. En cuanto tiempo estarás por acá. Quieres que le avise, o te la paso para que hables tú mismo con ella. Edward no comprendía absolutamente nada, él había llamado sin siquiera inventar una excusa coherente. Sin embargo, nunca imaginó que su hermano se encontraría en casa de los padres de Tanya. Peor aún fue saber que existía una motivación lo suficientemente grande para que, no sólo la menor de los Cullen estuviese haciéndole compañía, sino que prácticamente toda su familia se encontraba haciéndole compañía su mujer. — Lo siento hermano he estado fuera de casa todo el día, y cuando llegué tuve que lidiar con la chica que Tanya trajo a casa. Se encontraba indispuesta y tuve que


ayudarla. — Edward nunca se sintió tan ruin como se estaba sintiendo en este momento, y eso era decir mucho. — Perdona Edward, no comprendo ¿Me estás tratando de decir que no sabes nada? — básicamente eso era lo que un muy nervioso e inseguro Edward intentaba explicarle a su ya de por sí molesto hermano. — Bueno, Tanya salió de casa cuando me encontraba dormido— aquello era mentira, una vil injuria. Sin embargo, no podía confesar lo obvio, no era capaz de decirle a Emmett que fingió dormir mientras su esposa contestaba el teléfono, ya que minutos antes se había negado a cumplir con sus obligaciones maritales porque no conseguía arrancarse de su cabeza a la adolescente que dormía bajo su mismo techo. Y le parecía simplemente enfermizo tener relaciones con su esposa mientras fantaseaba con otra mujer, eso rayaría en lo enfermizo y él no era un enfermo o de eso intentaba convencerse. — Cuando desperté me encontré una nota sobre el velador que explicaba su salida por la madrugada, ella sólo dijo que era una "emergencia familiar". Como era domingo supuse que se quedaría a comer con sus padres. Salí a trotar en la mañana y luego me dispuse a comprar menesteres para cocinar algo a la invitada, en vista de que mi mujer no llegaría a comer. Cuando llegué una muy nerviosa Bella me recibió—aquello no podía ser más cierto, se dijo Edward. Y se sintió feliz porque al menos en ese pequeño detalle no faltaría a la verdad. — Me sentí incómodo, comprenderás que soy un asco en temas de lidiar con adolescentes inestables. Tanya es la que inició todo este tramite de la adopción, es más, tú bien sabes que si no fuese por ella jamás lo hubiese aceptado, el caso es que Bella no hablaba, sólo se mordía sus uñas. Le pregunté qué le pasaba, ella sólo negó y continuó sin emitir palabra. Finalmente conseguí sacarle información. Y tal parece que la muchacha no estaba acostumbrada a relacionarse con muchas personas, y Alice decidió venir a hacer una visita, con la excusa de que Tanya había pedido que trajese algunos útiles o algo así, la chica no quiso entrar en detalles, pero no soy idiota Emmett. Estoy seguro de que Alice vino con la intención de ver como era Bella, mi hermana y tu mujer nunca han visto con buenos ojos la decisión de mi esposa. Y por mucho que en un comienzo yo odiase todo este asunto, lo terminé por aceptar, porque la amo, y se que esto la hace feliz. Mira, sin caer en redundancias la historia es así, tuve que lidiar con una niña inestable e insegura, al borde del colapso, como si tuviera una crisis de ansiedad. Por un minuto me temí lo peor, yo veía que se desvanecería en cualquier instante. — Un cínico, el peor de los embusteros, así se sentía Edward, pero ya no podía dar marcha atrás, la mentira ya había sido soltada, ahora sólo le quedaba seguir con aquel engaño. Después de todo, no era del todo incierto el hecho de que Bella por poco se desvanece en sus brazos, aquel pensamiento logró que una sonrisa ladina se tatuase en sus labios.


— Dios hermano, al parecer seré yo quien se vea en la obligación de añadir más dicha a tu día… Edward se lo veía venir, pese a estar demasiado distraído con sus retorcidos y egoístas pensamientos. Muy en su interior comprendía que nada bueno podría significar la dilatada ausencia de su esposa. — Suéltalo. — Tu suegro murió.


Sweet Temptation_06