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Mia terminaba de lavar los platos de su ultimo sándwich, su "gran comida" del día cuando el teléfono comenzó a sonar en la estancia, hizo una mueca y se seco las manos con una toalla de cocina mientras iba con paso lento hacia el aparato, solo para comprobar, sabía perfectamente quien llamaba, y empezaba a pensar seriamente en desconectar el odioso medio de comunicación, su madre la llamaba de nuevo, lo había estado haciendo los últimos tres días Como ella no había contestado se estaba volviendo irritante. Sabía que las llamadas no cesarían hasta que ella contestara y oyera todo lo que Francesca tenia que decir, todo: -La salud de su padre -Las preocupaciones que la aquejaban -La fecha de su regreso -El verdadero motivo por el cual había roto con Cameron -La posibilidad de que quisiera volver a salir con alguien Por mencionar solo algunas líneas de la lista de su madre. Sin embargo Mia no tenia las fuerzas necesarias para aguantarlo sin estampar el teléfono y colgarle a su propia madre, estaba cayendo en un poso sin fondo y no sabia como parar, de que sostenerse. Había empezado a odiar el tener que vivir una vida que claramente no la necesitaba, al menos no de la forma que ella quería. Mia no se negaba el hecho de que uno puede ser feliz con no demasiado, que las personas puede encontrar la felicidad en cada instante de su día a día, claro, si no tiene estándares tan altos de felicidad como ella. ¿Como podía ser feliz cuando se rodeaba de hombres que no la necesitaba? Hombres que preferían amarse entre si que mirar hacia la simple y normal Mia, se hizo una mueca a si misma, estaba harta de todo, quizás lo mejor seria regresar con su madre, al menos así dejaría de pensar y de segur siendo una quejica patética. Se mentía a si misma en creer que su problema era la sexualidad de Cameron, de David o Jason, no, ella había llegado a envidiar hasta las parejas en el supermercado, los matrimonios como el del karaoke, ¿Por que nadie podía amarla así?


El teléfono finalmente dejo de sonar mientras ella suspiraba y se sentaba en el sofá frente a la mesa de centro, había dejado su portafolios abierto al noche anterior, sus diseños se esparcían por la madera recordándole que aun podía hacer algo, solo tenía que dejar de desear imposibles. Había avanzado mucho en ellos, no había salido mucho después del fiasco del paso fin de semana. El timbre de la puerta sonó haciéndola fruncir el ceño, su corazón comenzó a latir mas rápidamente y se obligó a negar la posibilidad de lo que fuera que su cuerpo parecía pensar. Abrió después de unos segundos, David la miró sin sonreír con los ojos expresivos, clavándola en su lugar, llevaba el traje perfectamente colocado salvo por el nudo flojo de la corbata, Mia supuso que apenas y regresaba del Banco. -Hola-, saludó el mientras ella parpadeaba. -Hola-, murmuró sin moverse aun No sabia que decir ¡no quería decir nada!, quería que la dejaran en paz, ella no podía estar con ellos, no podían hacerla sentir parte de una...amistad, para luego excluirla con tan solo una mirada. -¿Como estaba tu amiga?-, le preguntó y a ella le costo demasiado saber a que se refería, el sabía que había mentido, podía verlo en sus ojos -Bien, nada que fuera una terrible emergencia-, respondió ella rápidamente, el asintió y señal hacia dentro. -¿Puedo pasar?-, preguntó en tono bajo, ella asintió sin decir nada y se movió torpemente para darle libre acceso. Mia cerró la puerta y esperó un momento antes de girarse y encararlo, el permanecía a unos pasos con la mirada fija en ella, sus ojos mostraban desconcierto y enojo pero mas que nada preocupación. -¿Por que te fuiste?-, le preguntó suavemente -Mi amiga, les dije...-, comenzó ella inocentemente -Podrías decirme la verdad sabes, yo solo quería....queríamos conocerte, considerarte una amiga, parecía que estabas divirtiéndote-, terminó míenlas fruncía el ceño y ella desviaba la mirada, caminó hacia al estancia sin mirarlo,


sin indicarle que la siguiera, sin embargo lo hizo mientras ella se abrazaba a si misma mirando por la ventana -Lo siento-, susurró al fin luchando por tragar el nudo en la garganta. -No necesitamos disculpas Mia, quisiera entenderte, que...confiaras en mi-, le dijo en tono bajo, ella lo miro, aun permanecía en la entrada de la estancia, como dándole espacio y decisión. Ella volvió a ver hacia la ventana respirando hondo. -Hace un año yo estaba preparando mi boda-, comenzó cerrando los ojos. -Era mas feliz que nunca en mi vida, amaba a mi...prometido como jamás lo había hecho, el era todo lo que yo había soñado, pero yo no lo era para el, o no lo fui lo suficiente-, terminó mientras miraba a David que aguardaba en silencio y con la mandíbula tensa -Rompimos cuando me encontró...a medio vestir frente a su mejor amigo-, continuó Mia, dejando deliberadamente en esa parte la frase, era mejor eso a lo que ella sabía que seguía. -¿Por que?-, fue la simple pregunta de David, sin reproches, sin juicios. -Por que quería probar si el era gay, una idea estupida, pero eficaz a fin de cuentas, ellos se amaban...aunque no lo aceptarán-, la voz se le perdió y parpadeo para contener las lagrimas, una mano toco su hombro suavemente y ella sollozo mientras David la giraba y la atraía hacia si. Por un momento solo lo abrazó llorando por aquella noche, por lo que pudo haber sido y por tener tanto miedo a quedarse sola y a no ser suficiente, a envidiar tanto lo que el hombre que la sostenía poseía, una persona a quien amar y que le amara. Caminaron hasta el sofá y se sentaron uno al lado del otro mientras David la escuchaba, ella habló con la voz enronquecida y la piel fría, necesitaba tanto solo decirlo. Al fin David la miró y sonrió tenuemente apartando un mecho de cabello de su rostro. -Lo siento, jamás quisimos lastimarte o hacerte recordar, solo queríamos tener a nuestro lado, antes del sábado, podrías ser una buena amiga, era una posibilidad, después de conocerte deseamos que los seas-, murmuró el mientras Mia limpiaba su mejilla.


-Eres una persona extraordinaria, no puedes seguir escondiéndote, tu ex se equivoco no tu, no puedes alejarte y encerrarte en estas paredes, seria como perder una parte del sol-, terminó mientras ella lo miraba casi perdida en sus ojos verdes. -No digas eso-, negó cerrando los ojos. -No hay ninguna otra intención que ser sincero, quiero ser tu amigo y Jason también, no estamos pidiéndote nada, solo necesitas aceptar lo que podemos ofrecer, aunque sea poco, sostenerte hasta que alguien se de cuenta de lo que realmente vales, ¿lo entiendes?-, preguntó mientras ella sonreía -Eso suena como unos buenos amigos-, terminó mientras el reía bajito. -Muy buenos-, aceptó el mientras sus ojos se encontraban con los diseños en la mesita frente a ellos. -¿Que son?-, preguntó mirándolos fijamente Mia reprimió el impulso de guardarlos y lo miró con una mueca apenada -Si tienes que preguntarlo es que no son muy buenos-, replicó ella mientras el levantaba un diseño mirándolo con ojo evaluador. -Sabes a lo que me refiero-, le cortó -Mis diseños, los hago desde hace años, pero hasta hace poco pensé que tal vez podría crearlos, hacerlos reales y que cualquier persona pudiera tenerlos, ¿entiendes?, no como mirar caros vestidos de desfile, sino hacer que cualquier mujer se sienta como una modelo...-, terminó mientras el la miraba con una sonrisa. -Suena genial-, le aseguro -Pero es solo un sueño-, suspiró Mia mirando los dibujos. -Puede ser mas que eso, puedes hacer mas que eso, hacer que pase de "sonar" genial a ser genial-, replicó Dave mientras Mia miraba su perfil, el seguía con sus ojos fijos en su mas preciado sueño. En solo esos segundos ella sintió algo calido y firme contra su pecho, una sensación que recorrió como una caricia su columna vertebral, estaba empezando a querer demasiado al hombre junto a ella, y su mente sabía que eso no era nada bueno, pero su corazón y su cuerpo no parecieron interesados en razones, el había aliviado sus heridas y nada podía protegerla de eso.


-El desearlo es mucho mas sencillo que hacerlo real, he tratado de iniciar algo, de hacer todo lo que se necesite para ponerlo a funcionar pero simplemente creo que no tengo mas que fantasías-, dijo ella señalando los dibujos. -Tienes talento que sin dudas es un excelente empiezo, todo lo demás es menos complicado de lo que parece, yo...podría ayudarte-, murmuró mientras la miraba, sus ojos buscaron los de ella mientras sonreía. -¿Lo harías?-, le preguntó mas feliz de lo que debía ser saludable. -Claro que si, esto es un diamante en bruto, ¿que no te lo dice tu vena empresarial?-, bromeó el y ella se rió acercándose un poco. -Las mujeres inglesas no tenemos vena empresarial-, dijo en el mejor tono de imitación de su madre, David se rió y la miró mientras ellos oscilaban tan cerca que los ojos de ella miraron sus labios por un momento, la calidez de su mirada la hizo estremecer. El pareció recorrer todo su rostro y finalmente posar también su mirada en su propia boca, Mia comenzaba a escuchar las alarmas en su cabeza pero ella simplemente no podía moverse, alejarse o acercase, era igual, no podía hacerlo, el respiró y su aliento fue percibido por su piel, David se acercó un solo centímetro antes de desviar su rostro, la tensión casi podía tocarse como una cuerda de violín lista para ser tocada. -Suerte para ti, mis padres inculcaron mas venas empresariales en mi de las que soy capaz de contar-, dijo el al fin mientras dejaba el diseño que aun sostenía en la mesita. -Gracias-, murmuró Mia mientras el sonreía. -No lo agradezcas, no todavía-, dijo el con un gesto juguetón -No has visto mis honorarios-, bromeó levantándose, acercándose para besar su mejilla, haciéndola estremecer a pesar de lo efímero del gesto, casi como si hasta el ultimo momento el estuviera discutiendo con sigo mismo sobre el hacerlo o no. -Te traeré una propuesta cuanto antes-, le aseguró, ella lo siguió hacia la puerta, asintió sin poder hablar y cerró la puerta tocándose la mejilla consumiéndose entre el frió y el calor que todo eso significaba.


Capitulo 4