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El timbre sonó, interrumpiendo la mirada asesina que en ese momento Mia prodigaba con esmero al suelo brilloso, era sábado por la mañana, no había esperado nada ni a nadie, así que lo mejor que se le había podido ocurrir era encerar el piso del comedor. Al fin de cuentas, pensó que no seria nada del otro mundo, la rodilla todavía le dolía de la última vez que había resbalado, había empezado a sudar y la coleta que sostenía su cabello estaba algo caída. El timbre volvió a sonar y ella se levantó del suelo con sumo cuidado sosteniéndose de cualquier cosa que evitara otra caída estrepitosa. Eso se lo tenía bien ganado por estar perdiendo el tiempo con la cera para madera en vez de tomar su vida en dos riendas y hacer algo con su futuro. Se había tratado de convencer que era fin de semana y seria mas conveniente iniciar el lunes, era un caso perdido, el odioso ruido de la puerta sonó otra vez, se miró sus pantalones desgastados y la blusa de tirantes y gimió bajito mientras se encaminaba hacia la puerta. Con una sonrisa radiante y sin ningún traje a la vista David estaba en su puerta, su vecino, el mismo que hace tres días la había hecho sentir como una adolescente ruborizada y luego llorosa por su estupida suerte. Su lengua se había quedado trabada, como si no pudiera formular un solo sonido coherente, el llevaba un pants holgado y una camiseta gris sin ningún adorno, se miraba diferente y aun así la dejaba sin habla, bien eso no tenia que ser así. -¿Qué pasa?-, preguntó ella de repente mientras el fruncía el ceño. Hasta ahora había notado que el permanecía con las manos en la espalda como ocultando alguna cosa. -Nada, ¿por qué?-, replicó el mirando hacia la calle. Mia se dio cuenta que debía estar siendo grosera, pero si la calle no se estaba incendiando y no había ninguna amenaza el no tenia por que estar frente a su puerta, ¿o si? -Lo siento, no esperaba a nadie, buenos días-, saludó apenada mientras el negaba con aquella sonrisa de lado.


-Si, se que no se suele visitar sin invitación pero te traje algo-, comentó mientras le mostrada aquel paquete oculto, una caja cerrada de bolsas para basura. -Aguantan hasta 13 kilos-, mencionó el como un comercial de TV, y ella no pudo evitar reír. -Gracias, es muy considerado-, le dijo con el sarcasmo implícito y el se pasó una mano por la cabeza. -Ya bien quizás no las necesitabas tanto, pero es una buena excusa ¿no?-, siguió David mientras Mia lo miraba buscando la razón de que el estuviera ahí, la razón de por que su mañana ahora parecía alegre y su rodilla había dejado de doler y su mente se había distanciado de la maldita cera, sin mencionar a su corazón que latía mas rápido por momentos. ¡No te olvides quien es! Se repitió mientras abría la puerta por completo invitándolo a pasar. -¿Te puedo ofrecer algo de tomar?-, preguntó ella mientras el negaba y miraba su casa con gesto evaluador. -Eres un poco meticulosa-, le dijo con una sonrisa mientras Mia se encogía de hombros -Desde que tengo memoria-, concluyó dando paso a largos minutos de un silencio expectante. -¿Tienes planes para esta noche?-, preguntó el mientras ella casi se ahoga con su propia respiración, Mia trató de racionalizar sus palabras pero le fue imposible. -Lo siento, no entendí bien-, comenzó ella mientras el se cruzaba de brazos como si no pudiera tener las manos quietas. Volvió a bajarlas un momento después e inhaló profundamente antes de comenzar de nuevo recargándose en la pared que daba a su sala. -¿Quería saber si te gustaría salir con nosotros esta noche?-, sugirió el mientras ella solo lograba mirarlo, aquél nosotros era justo lo que necesitaba para tener los pies en la tierra pero eso no le daba alguna clase de entendimiento. -¿Nosotros?-, preguntó como autómata


-Jason y yo, mira se que no sales mucho, solo es una invitación, nos gustaría ser amigos, ya sabes, somos los únicos en el vecindario sin hijos o menores de 35 -, explicó como si lo hubiera ensayado bastantes veces. -No soy muy buena para salir-, comenzó ella mientras el la miraba riendo. -No hay bueno o malos para salir, solo tienes que pensarlo, en serio nos gustaría que nos consideraras tus amigos-, le explicó de nuevo mientras Mia cambiaba su peso de un pie a otro. -¿Por qué?-, insistió, sabia que se estaba comportando de un modo infantil pero no podía evitarlo. -¿Por qué no?-, le replicó el. Ella se mordió el labio mientras intentaba buscar alguna excusa que fuera creíble, no quería ser grosera, solo quería evitar perder la cordura totalmente, Dios, sabia que ni su corazón ni su mente se lo agradecerían. -Hay un nuevo bar en el centro, sirven buenas bebida y mejor música, pero no es muy liberal, al menos debe ir una mujer en cada grupo-, comentó, algo apenado mientras Mia lograba encajar algunas piezas, sus dedos se crisparon y el antiguo dolor de ser solo una tapadera volvió con fuerza. -Seré su pase de entrada entonces-, le especto mientras el maldecía ente dientes. -No, no, Mia, en verdad lo siento, eso no se oyó muy bien, ¿verdad?...-, comenzó el pasándose una mano por el cabello castaño -Podemos ir a cualquier otro lado, solo era una opción, por favor, danos una oportunidad, vivimos juntos Mia, no necesitamos tapaderas solo amigos sinceros-, pidió David, con la voz suave y atrayente de un experto en convencimiento, Mia trataba de recordar sus peros, ya los sentía ya demasiado lejanos. -No soy divertida, nunca aprendí a serlo-, le dijo sin fuerzas, el le sonrió mientras negaba con la cabeza. -Nadie te ha dicho que jamás se termina de aprender-, le recordó mientras ella sonreía aun contra su voluntad. -Además vives en Los Ángeles, ya debes tener algunas nociones-, siguió David mientras ella negaba


-Las únicas veces salía con…un ex novio-, se quedo en silencio mientras el la miraba fijamente sus ojos verdes parecieron agudizarse antes de que se acercara a ella. Mia desvió la mirada evitando aquella sensación de ser descubierta -Piénsalo, te esperamos a las 8, si… no puedes venir será en otra ocasión-, murmuró mientras le echaba un mechón de cabello que se debía haber soltado de su coleta hacia atrás, causándole leves escalofríos hay donde había tocado. Se quedo en el vestíbulo aun después de que la puerta se cerrara. No iría, era una completa locura, no quería tener nada que ver con ellos, era tan perfecto, hasta el estar juntos, no necesitaba ese recordatorio, no mas hombres amándose. El pensamiento fue ruin e incorrecto, lo supo apenas salió de su mente, David y Jason no eran Cameron y Esteban, no le habían mentido, era quizás lo hombres mas seguros de su relación que ella hubiera conocido y querían acercarse, en medio de aquella soledad que tanto odiaba, ¿rechazaría su amistad? No era tan tonta como para ignorar la respuesta. Terminó de limpiar el piso del comedor quitando el exceso de cera y siguió con una limpieza profunda a los cristales de la casa. Después de las 4 y un sándwich ligero a modo de comida, se había quedado sin mas excusas y se ducho por fin tomándose un largo baño, hasta que su piel estuvo demasiado mojada. Revisó su armario una y otra vez sin saber que era idóneo vestir para salir con ellos No era algo que le hubiera mencionado su madre en su decálogo de las reglas de oro de una dama. Pero Mia no quería ser una dama, perfecta o etérea, fría como la porcelana, llevaba meses sin salir, y David había sido muy amable, no les haría una grosería y esto no era ninguna salida con algún alienígena, ellos eran dos futuros amigos, no había nada detrás, ella lo entendía ahora.


Finalmente escogió su pantalón blanco favorito y una blusa azul de trasparencias que dejaba sus hombros al descubierto, dejo que su cabello se deslizara por ellos y cogio su bolso sintiendo un hueco en el estomago. Se quedo parada justo después de cerrar la puerta de su casa, ¿era patético no?, salir con una pareja de hombres sexy y que la única sin relación fuera ella, por poco y da un paso dentro de nuevo. -Mia-, David dijo su nombre en voz fuerte, ni siguiera un grito pero si un muy inequívoco llamado. Se giro reuniendo todo el valor que ansiaba tener, David había cruzado la calle, la esperaba solo a unos pasos, con una camisa negra y pantalones de idéntico color, el le sonrió mientras ella devolvía el gesto casi sin pensarlo, solo por un segundo se olvido de los temores, solo un segundo antes de levantar la mirada, Jason los esperaba recargado contra el sedan gris. También iba vestido de negro pero ahí donde David llevaba camisa el vestía un suéter de cuello en v de material ligero amoldado a las líneas de su cuerpo. Mia sabía que Jason era policía, había escuchado a otros vecinos y recordaba que alguien se lo había comentado directamente pero ella consideraba que era demasiado intimidante para ser un guardián de la ciudadanía, tal vez un guardián de la noche iba mejor. -Me alegra que aceptarás-, saludo David mientras caminaban hacia su auto, Mia asintió sonriendo apenas mientras en solo un momento se encontraba en medio de los dos hombres Ella levanto la vista hacia Jason obligándose a no parecer cobarde o peor aun, fría, el la miró y después de un segundo le dirigió una media sonrisa. -Gracias por aceptar-, murmuro antes de separarse del auto y abrirle la puerta del copiloto, para su sorpresa David se colocó en el asiento trasero a su espalda. -Fueron muy amables en invitarme-, dijo sintiéndose demasiado formal y seria mientras subía, ellos debieron pensar lo mismo por que Jason miró a David con una sonrisa socarrona y un arqueó perfecto de cejas


Mientras salían de su vecindario solo la música del auto quebraba el silencio, Jason había elegido un estación de baladas que sorprendió a Mia, tal vez ella pensaría en rock al mirarlo, en rock y piano junto a David. Movió la cabeza alejando los estereotipos. -Hubo un ligero cambio de planes, iremos a un bar que conocemos desde hace tiempo, ¿espero que te agrade?, es muy divertido, tiene karaoke… -…y dardos-, concluyó Jason sin dejar de mirar hacia el frente Mia miró levemente a David girando un poco su cabeza, ella sabía que el cambió había sido para que no creyera que ellos querían solo una mujer que los dejara entrar a un estupido lugar de moda con prejuicios. Ese pequeño gesto la hizo sentir seguro y colocó algo calido en el centro de su vientre. Asintió hacia David y miró por la ventana -¿Qué pasa fresita?-, preguntó Jason sobresaltándola, pues se dirigía a ella… ¡claro! ¿Que esperabas que llamara fresita a David? -Jason-, advirtió el hombre en el asiento trasero, haciéndola sonreír sin querer, parecía su mamá reprendiéndolo -Lo siento no me gustan las personas calladas-, explico el policía mientras Mia trataba de ponerse seria -No me llamo fresita-, dijo aun con la sonrisa bailando en los labios, ciertamente no era un buen apodo pero le gustaba, la forma en que el lo decía, medio burlándose, medio disfrutando -Lo digo por tu cabello-, explicó por si a alguien no le quedaba claro -Es rojo-, replico ella -Es fresa-, termino el rodeando los ojos -Le gusta poner sobrenombres-, alego David claramente reprimiendo una carcajada -¿Cuál es el tuyo?-, pregunto Mia alegre -Dave-, dijeron ambos al mismo tiempo, asiéndola reír, como hace muchos días no. -Fresita, mi madre se hubiera desmallado al saber que su nombre perfecto ha sido ignorado a cambio de una “frutita”-, bromeo ella


-La realidad, eso no suena tan mal… Francesca Lawrence vencida-, termino mientras Jason la miraba casi evaluándola de nuevo con una sonrisa en el rostro y David la miraba negando con al cabeza -Tienes una vena cruel Mia-, murmuró David -No has conocido a mi madre-, termino ella significativamente Mas de una hora después seguían riéndose Mia ni siquiera recordaba como había iniciado la conversación, solo sabia que jamás había disfrutado mas de una cerveza en un bar con gente cantando sin ton ni son. Gracias a Dios ellos no la habían hecho subir al escenario, a cambio ella había lanzado dardos sin ningún talento mientras David la apoyaba del desalmado Jason y su innato talento con las cosas puntiagudas. Ellos eran tan diferentes y complementarios que era fácil considerarlos una unidad, tal vez eso eran. Mientras David abría cualquier camino hacia una conversión Jason lo aderezaba dejando caer comentarios sarcásticos que ella apreciaba pues siempre había deseado ser tan ingeniosa al hablar. -Yo me divorciaría-, murmuro Jason mientras miraba a la mujer que había dedicado su interpretación a su esposo sentado en una de las mesas del bar -Es el gesto lo que cuenta-, replico David rodeando los ojos. -Hay gestos mas sutiles-, siguió Mia haciendo que ambos rieran de nuevo. Ella había provocado esa reacción, pequeños gestos, se sentía poderosa, confiada, más ella misma. Jason tomó un trago de su cerveza mientras David reía negando mirando hacia el escenario. -Para suerte de todos ella no esta casada contigo-, le dijo al policía mientras sus miradas se encontraban, Mia solo había visto una vez esa clase de entendimiento sin palabras y el recuerdo fue demasiado doloroso, mas tarde ella entendería que era el dolor sobre el fracaso en su relación con Camarón y el dolor entre el y Esteban lo que la hicieron sentirse como un intruso, pero en ese momento solo quería alejarse, necesitaba hacerlo. Se levantó luchando con mostrar una media sonrisa, saco su móvil de su bolso sin muchas ceremonias y lo señalo mientras se alejaba hacia los sanitarios del establecimiento.


Llego al tocador de mujeres respirando de forma agónica, apretó los ojos reprimiendo el dolor y las lágrimas que venían con el, ellos no merecían sentirse mal y no quería por nada del mundo su lastima, pues no la entenderían Respiró hondo y lavó sus manos dejando que el agua contra su piel relajara su cuerpo, solo un poco, salio dirigiéndose a la mesa con una sonrisa de disculpa. -Tengo que irme, gracias por todo-, comenzó ella mientras Jason se recargaba en su silla mirándola y David fruncía el ceño. -¿Irte a donde?-, preguntó -Una…amiga mía, llamó, ya sabes confesiones urgentes, gracias de nuevo-, terminó buscando su cartera, David levantó al mano y Jason negó. -Nosotros invitamos-, dijo el policía con gesto serio, Mia lo miro y apartó los ojos al instante. -Gracias-, volvió a murmurar sin atreverse a mirar a Dave siquiera y salio del lugar llorando hasta estar en el taxi de regreso a su casa.



Capitulo 3