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época cuando se había habilitado como acceso principal la que así funciona hoy en día. El interior del templo es una planta rectangular en tres secciones, el primero el del acceso con un pequeño sotocoro, con lo que se divide la altura interior en dos niveles. La segunda sección está bajo la cúpula, lo que se dice, “falso crucero”. La tercera sección es el presbiterio con un notable altar de cantera que invade del todo el espacio, allí en la cima está San Sebastián, y en el sitial de honor, una cruz que recuerda, por su color, la cruz de los esclavos negros.

3. 3.

Del tiempo prehispánico al coloniaje

En los trabajos que realizó el arqueólogo Carlos Castañeda en el cementerio, describió usos y costumbres de entierros de tradición prehispánica. En las proximidades, a la llegada de los españoles, habitaban los chichimecas en cuevas en los cerros de Chichíndaro, Sirena y El Meco, desde donde baja el río de Pastita. Los anticuarios del siglo XIX recogieron armas y artefactos prehispánicos de la cañada de Pastita la que, es voz náhuatl y significa el lugar donde abunda el paxtle. Todavía en la capilla de Gutiérrez sucede una festividad de concheros, danza azteca, y danza chichimeca una vez al año en la velación a la Santa Cruz, cuando practican “limpias”, el canto de alabanzas, rituales más identificados con los grupos trasladados y conducidos hacia el sincretismo de la adoración de la Cruz de los conquistadores: otomíes, puréhpechas, y mexicanos fueron trasladados para poblar las minas de Guanajuato. Les destinaron habitación en cuadrillas dentro de haciendas a los indios trasladados al trabajo forzoso, al tequio, al tributo, o a las tandas que obligaban a los pueblos de indios, a ciertas leguas a la redonda, a aportar mano de obra. La ubicación entonces del templo va por el camino a las minas de Sirena, de Peñafiel, del Monte de San Nicolás, subiendo el río, y por otra vereda hacia las minas del Cubo y de San Antón, subiendo por el otro arroyo de La Presa, hasta llegar a San Miguel el Grande. El templo era el punto para entrar a la población de Santa Fe por el barrio de los Desterrados, de donde, el año de 1759, veinticuatro vecinos solicitaron autorización para tener en San Sebastián

una hermandad de las Ánimas Benditas del Purgatorio, “comprometiéndose a visitar cada domingo el camposanto, rezando el rosario caminando entre las tumbas, y asistir a misa en la capilla de Gutiérrez; todas las semanas daría cada hermano medio real, con lo que pagaría esa misa, el aceite de la lámpara del Santísimo y las velas que portarían en la procesión”. Esta hermandad fue apoyada y sostenida a lo largo del siglo XVIII, llegando a ser de las principales fuentes de apoyo para el templo de San Sebastián. Un propietario del año de 1766 dejó escueta descripción del entorno: “un solar y sitio de tierra que tengo… en este paraje donde habito, conocido por el camposanto de San Sebastián, en el barrio de Los Desterrados, de esta ciudad… con más de diez jacales de piedra y lodo y adobe en él construídos; el corto ajuar y menaje de mi casa con una capilla que dediqué al Sacratísimo Cristo Crucificado que llaman de Gutiérrez, la cual me pertenece con todas las imágenes y adorno… “

4.

4. La capilla de Gutiérrez y el camposanto

Este otro recinto de lo sagrado es casi desconocido, y por su ubicación, pasa desapercibido, muy estrecho, propio de capillas domésticas que proliferaron en haciendas, pueblos de indios, o propiedades familiares. No tiene servicio de culto religioso y sólo se abre una vez al año para la fiesta que organizan “las mesas” de danzantes. Por el análisis formal se asocia a las construcciones del siglo XVI: planta rectangular con un ábside poligonal, ciego, esto es, sin que se le hubiera abierto vano

alguno para recibir la luz. La puerta es de hojas entableradas que puede remontarse a la mayor antigüedad de la capilla, y no deja de hacernos recordar otras puertas como las de la parroquia de Santa Fe de Guanajuato que es de finales del siglo XVII. La techumbre la hicieron sobre vigas de madera, tejamanil y terrado, en el plano de Rozuela Ledezma de 1750 se ve el techo de dos aguas. Tiene pequeños tragaluces, éstos y la ventana polimorfa del coro son las únicas vías de luz hacia el interior. Por su ubicación, de la capilla y el camposanto, se distingue que la eligieron para preservarlas de inundaciones ya que un amplio meandro del río abraza este espacio urbano, y además se le unen las aguas que bajan de la cañada del Cubo y Calderones, por el actual Paseo de la Presa. Se ve en el plano de 1750 lo que corrige el dato que indica el año de 1782 como el de sus orígenes; una placa en el paño de la fachada así lo refiere. De 1760 en una hipoteca de Esteban José Magaña se mencionan dos casitas de adobe con techado de zacate, donde hay un fuelle, un arrastre, y una pila, todo por él fabricados, la propiedad la recibió por herencia de su padre en el barrio de San Sebastián o de Gutiérrez, donde está “construída una capilla del Señor Crucificado que llaman de Gutiérrez, y el camposanto de San Sebastián, en el barrio de los Desterrados”. Para 1766 se contaban “más de diez jacales de piedra y lodo y adobe” en el solar construídos. De 1775 hay otra escritura donde Vicente Rubio vende a Pedro Luciano de Otero el “sitio y fábrica de una hacienda de minas, San Agustín, extramuros de la ciudad, en el camino y paraje que llaman de La Olla, barrio de San Sebastián y frontero a su camposanto y de la iglesia nueva, pegada a la misma el puente de San Agustín, que le sirve de entrada y a la junta que hacen los dos ríos, el uno que viene de Pastita y el otro de la presa común de agua”

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Templo de San Sebastian  

Templo de San Sebastian en Guanajuato capital

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