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mayo 2008 ejemplar gratuito

Hidalgo Texto: Isauro Rionda Arreguín DIRECCIÓN MUNICIPAL DE CULTURA


Honorable Ayuntamiento de Guanajuato 2006-2009 Eduardo Romero Hicks Presidente Municipal

directorio Texto: Maestro Isauro Rionda Arreguín Compilación: Jesús Antonio Borja Colaboración: Joseline Bermúdez Martínez Hugo Avalos Gómez Nadia Vanessa Regido Pichardo Diseño: V. y L. Marmolejo Garduño Captura: Hidalgo Ilhuicamina Rionda C. Presidencia Municipal Plaza de la Paz No. 12 Zona Centro Tel: (473) 732 1213 y 732 0422 www.guanajuatocapital.gob.mx Dirección Municipal de Cultura Calle 5 de Mayo s/n Zona Centro Tel: (473) 732 7491 y 734 0136 direcciondeculturagto@hotmail.com

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Teresita Rendón Huerta Síndico

Luis Eduardo Enríquez Chico Síndico

Dolores Elena Álvarez Gasca Regidora

Silvia Irene Cuéllar Mata Regidora

Sebastián Caldera Mendoza Regidor

Juan Francisco Reyes Millán Regidor

Mónica Susana Barrera Stephenson Regidora

Jorge Luis Hernández Rivera Regidor

Patricia Elain Sánchez Stevenson Regidora

José Luis Camacho Trejo Luna Regidor

Marco Antonio Figueroa Sierra Regidor

Jorge Ignacio de la Peña Gutiérrez Regidor

Samantha Smith Gutiérrez Regidora

Salvador Flores Fonseca Regidor

Eduardo López Goerne. Secretario del H. Ayuntamiento Jesús Antonio Borja Pérez. Director de Cultura y Educación

Portada: Miguel Hidalgo y Costilla, José Inés Tovilla, Oleo sobre Tela, 1912. Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec; México D.F.


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Honrar la memoria de don Miguel Hidalgo y Costilla es reconocer la lucha y valor que muchos hombres y mujeres han ofrecido para que nuestra nación pueda contar historias de valor, identidad, amor a la patria pero, sobre todo, de unidad en un pueblo íntegro que sólo busca trascender a través de su cultura, su historia y su deseo de ofertar un país y una vida mejor a las futuras generaciones de mexicanos. En Guanajuato inicia la verdadera lucha por la Independencia de México, por eso es que nuestra ciudad es asociada con la libertad y, siendo esta el mayor don al que el s e r h u m a n o p u e d a a s p i r a r, n o s congratulamos por ser un país libre, por la gran oportunidad de disfrutar nuestras coincidencias, dialogar para resolver aquello en lo que no estamos de acuerdo y encontrar las mejores soluciones para el bien común. En este camino que México ha iniciado para conmemorar el Bicentenario de la Independencia de México, nos sentimos orgullosos de ser parte fundamental en la historia de México y reconocer en la vida de Hidalgo un profundo apego a los ideales de los hombres y, por supuesto, un inconmensurable amor a la patria.

Eduardo Romero Hicks Presidente Municipal

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Datos biográficos de

Don Miguel Hidalgo y Costilla, Padre de la Patria Mexicana Isauro Rionda Arreguín. Cronista vitalicio de la ciudad de Guanajuato e Investigador del Centro de Investigaciones Humanísticas de la Universidad de Guanajuato. A mis queridos nietos: Aida Berenice, Rafael Yunuen, Hidalgo llhuicamina, Allende Tlacaelel, Bárbara Paloma, Yuriria Yoloxochitl, Ángel Mauricio, Rebeca Lia, Isauro Adrián y Clara Esther. Esperando que esta ejemplar vida les sirva para formar la suya.

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Dice don Ignacio Manuel Altamirano que “mantener vivo en el espíritu de los pueblos la memoria de los hombres a quienes deben su libertad, es un deber de patriotismo y de gratitud para los ciudadanos y una necesidad política para los gobiernos”. Por lo tanto la memoria de los sucederes de carácter heroicos y de los grandes hombres que los realizaron sostiene fuerte el nacionalismo y fortalece en la conciencia de los pueblos la resolución de mantener firme el gran valor de la independencia, tan duramente logrado y heredado por los hombres héroes, que muchas veces lo hicieron en detrimento de sus existencias. Tomando muy en cuenta lo anterior, desde los primeros años de nuestra vida independiente, los mexicanos hemos conmemorado periódicamente la iniciación de nuestra revolución de Independencia, principiada con el Grito de Dolores de 1810, gracias al que México dejó de ser colonia y se convirtió en nación libre y soberana. El principal actor de dicho principio fue Don Miguel Hidalgo y Costilla, caudillo y Padre de la Patria nuestra, ya que fue el primero que tuvo la grandiosa y heroica decisión de levantarse contra la nefasta dominación ibérica que nos oprimía desde hacía tres largos siglos. El insigne y preclaro Don Miguel Hidalgo y Costilla en el momento del Grito de Independencia era párroco de la Congregación de Dolores, lugarejo situado en el corazón de la

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opulenta Intendencia de Guanajuato, aunque era mayor de edad no había llegado a la decrepitud, pues apenas sumaba 57 años de existencia, aunque ya había arribado a edad en que los hombres no realizan empresas de mucho riesgo y de grandes magnitudes, sino que desean y buscan una vida tranquila y pacífica para mayor placidez de los años últimos de la vida. Pero no obstante el vivir y experimentar en carne propia y sobre todo ajena, las desgracias que se vivían por la conducta de los españoles hacia los mexicanos, cambiaron su existencia de paz en inquietud y de transformar drásticamente la realidad social, rompiendo las ataduras que los sujetaban a los gachupines, transformando a la población mexicana de siervos y esclavos que eran, en una nación de hombres en plena libertad. Lo sublime de este notable creador de la independencia y libertad, nos requiere que tengamos un conocimiento pleno de su persona. Don Miguel Hidalgo y Costilla, vio la luz primera un 8 de mayo del año del Señor de 1753, en el casco de la hacienda agrícola de San Diego Corralejo, situada dentro de la jurisdicción del pueblo de Pénjamo, lugar que actualmente forma parte del Estado de Guanajuato. Fue el segundo hijo del matrimonio formado por don Cristóbal Hidalgo y Costilla y la señora Ana María Gallaga.


Los primeros años de su existencia los pasó en la hacienda de Corralejo y cercanías, de donde su padre era administrador; seguramente aprendió las primeras letras bajo la dirección de su madre, luego pasó a Valladolid a estudiar, primero en el colegio que los jesuitas tenían en esa ciudad, luego fue inscrito en el colegio de San Nicolás Obispo, donde hizo todos sus estudios en forma distinguida, dado su claro talento y apego al estudio, siendo pronto catedrático de Filosofía y Teología y otras disciplinas. De maestro pasó a tesorero de su amado colegio, luego fue vicerrector y finalmente rector. Viajó a la ciudad de México a graduarse de bachiller en Artes y en Teología; luego fue ordenado de sacerdote y fue sacristán de las parroquias de Santa Clara del Cobre y Apaseo el Grande. Políticas malsanas se operaron en su contra y se vio obligado a dejar para siempre su amado colegio y fue designado cura de Colima, donde permaneció menos de un año, luego lo cambiaron a San Felipe Torres Mochas, donde permaneció un poco más de dos lustros, de donde lo cambiaron a la Congregación de Dolores que tenía una ganancia anual de nueve mil pesos. En Dolores se dedicó al cuidado de su curato y trató de implantar la enseñanza de

industrias nuevas que no se conocían en la localidad, según reza su biógrafo Altamirano: “que mejorasen la suerte de sus feligreses, a quienes amaba entrañablemente y de quienes era querido y venerado como un padre y un benefactor. Extendió mucho el cultivo de la uva, de que hoy se hacen en todo aquel territorio, considerables cosechas y propagó el plantío de moreras para la cría de gusanos de seda, de las cuales existen todavía en Dolores ochenta y cuatro árboles plantados por él, en el sitio en el que se ha dado el nombre de “Las moreras de Hidalgo”, y se conservan los caños que ordenó hacer para el riego de todo el plantío. Había, además, formado una fábrica de loza, otra de ladrillo, construido pilas para curtir pieles e iba estableciendo talleres de diversas artes. Todo esto y el ser no sólo franco sino desprendido en materia de dinero, le había hecho estimar mucho de sus feligreses y especialmente de los indios, cuyos idiomas conocía, y apreciar de todas las personas que como el obispo electo de Michoacán, Abad Queipo, y el intendente de Guanajuato, Riaño, se interesaban en los verdaderos adelantos del país. No parece, sin embargo, que en todos estos ramos tuviese conocimientos bastante positivos, ni menos el orden que es indispensable para hacerles hacer progresos considerables... No obstante esto, había conseguido muchos adelantos, hasta

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hacer con la seda algunas piezas de ropa para su uso y el de la señora última esposa de su padre. Había aumentado también la cría de abejas y de éstas hizo trasladar muchos enjambres a la hacienda de Jaripeo cuando compró esta finca. Era muy afecto a la música, y además de haberla hecho aprender a los indios de su curato, en donde había formado una orquesta, hacía ir la del batallón provincial de Guanajuato a las frecuentes diversiones que en su casa tenía”. Hasta aquí la cita de Altamirano. El gobierno colonial vio con sumo recelo y aún con odio los humanitarios quehaceres que hacía el cura en beneficio de sus feligreses, pues creían que lo hecho en su pobre población podría crecer e ir a competir con la industria

española y así terminar con sus monopolios peninsulares. Por lo tanto Hidalgo no se escapó a la persecución y mal querencia de los funcionarios colonialistas, por la tendencia del sacerdote a difundir la civilización y su apego a los menesteres de todos. El Nigromante Ignacio Ramírez dice sobre Hidalgo en 1810: “La vejez, le había dado sabiduría y majestad sin agostar en su pecho las pasiones de una edad florida y sin apagar las luces de su inteligencia; quiso un día ser sabio y fue sabio, pero la Universidad le cerró sus puertas; quiso un día entronizar una industria en México y los gusanos de seda le donaron sus regias vestiduras, pero el monopolio extranjero entregó a las llamas sus rivales; quiso ser agricultor y las viñas sonreían desde los collados, pero la espada ibera decapitó sus racimos; fecundo en proyectos benéficos y audaces, siempre encontraba al gobierno español cerrándole el camino. Si había sufrido las penas del labrador, del industrial y del sabio perseguido, también se había iniciado con los que sufren por medio de los inocentes goces de la familia; en esta entra el porvenir el día que nos nace un hijo y su cuna es un altar consagrado a la esperanza. ¡Cómo arrancar del pecho de un padre la patria, cuando tiene entre sus brazos a quien dejarla por herencia! Los semidioses entre los bárbaros simbolizan la fuerza y la hermosura; pero en las naciones civilizadas la fuerza se convierte en sabiduría y la hermosura en amor; el conocimiento de todas las ciencias, el amor de toda la humanidad, el representante de todos los padecimientos, éste fue Hidalgo. Felices los

El gobierno colonial vio con sumo recelo y aún con odio los humanitarios quehaceres que hacia el cura en beneficio de sus feligreses, pues creían que lo hecho en su pobre población podría crecer e ir a competir con la industria española y así terminar con sus monopolios peninsulares.

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que sufren si se sienten con la voluntad superior a los caprichos del destino; la humillación despierta su orgullo, el dolor alumbra su inteligencia y en sus órganos encallecidos encuentran fuerzas suficientes para imponer la ley a sus contrarios, para levantarse sobre las generaciones humanas y para revelarse como una nueva divinidad ante los pueblos asombrados”. La irritación de Hidalgo va en ascenso; en 1808 los peninsulares destituyen arbitrariamente al virrey lturrigaray; quien simpatizaba con la política separatista de los criollos. Un año después en la provinciana ciudad de Valladolid hubo una conspiración de criollos de varios lugares, que perseguían juntar en la capital virreinal un congreso representativo de todos los confines de la Nueva España, para gobernar esta colonia en representación de Fernando VII rey de España, en el muy posible caso de que la metrópoli ibérica cayera bajo las armas de los galos capitaneados por Napoleón Bonaparte. Esta conspiración fue denunciada, detenidos los comprometidos y procesados. Ignacio Allende y Mariano Abasolo estuvieron en comunicación con los vallesoletanos y no así el cura Hidalgo, pues al contrario consta por las actuaciones de su juicio legal, que su empresa era diferente a la de Valladolid, que buscaba otros resultados, como fueron los iniciados en 1810. En la villa de San Miguel el Grande, pero sobre todo en la ciudad de Querétaro, mediante juntas secretas de vecinos, se planeaba la conspiración de 1810. Con exactitud no se sabe la fecha en la que Hidalgo se incorporó a la lista de conspiradores, pero se tienen noticias ciertas que desde los principios de 1810 estuvo en comunicación con los principales comprometidos, como fueron Allende, Aldama, y el corregidor de Querétaro Miguel Domínguez, la esposa de éste, Doña Josefa Ortiz y

otros. El mismo Hidalgo manifiesta: “Que había tenido anticipadamente varias conversaciones (con Allende) acerca de la independencia, sin otro objeto, por su parte, que el de un puro discurso, pues, sin embargo de que estaba persuadido que sería útil al reino, nunca pensó a entrar en proyecto alguno, a diferencia de don Ignacio Allende, que estaba pronto a hacerlo, e Hidalgo tampoco lo disuadía, pues lo más que llegó a decirle, en una ocasión, fue que los autores de semejantes empresas no gozaban del fruto de ellas”. Principiando el mes de septiembre de 1810, Hidalgo pasó a Querétaro, invitado por Allende, donde vio los contingentes con que se contaba para iniciar la lucha; al cura le parecieron de poca significación y manifestó que no se contara con él de momento; pero transcurriendo algunos días y ante nuevas pláticas con Allende, Hidalgo definitivamente se decidió a encabezar el movimiento libertario de México; de inmediato ordenó secretamente hacer armas en los locales de sus mismos talleres, también en la hacienda de Santa Bárbara y en la aldea indígena del Llanito. Llamó a mucha gente, a quienes les hizo partícipe de su proyecto, sobre todo a sus obreros dependientes, varios vecinos de confianza de Dolores, algunos militares, al tambor mayor y a los sargentos Domínguez y Navarro del batallón provincial de Guanajuato, etcétera. Cerca de la mitad del mes de septiembre dieron principio las denuncias de los traidores; primero en Querétaro y luego en San Miguel el

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Miguel Hidalgo y Costilla Óleo sobre tela, 1865 Joaquín Ramírez Palacio Nacional, México, D.F.

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Pintura al fresco Fragmento del Mural, 1966 José Chávez Morado Museo Regional Alhóndiga de Granaditas, Guanajuato, Gto.

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Grande y después en Guanajuato; como consecuencia de tales se dictaron órdenes de aprehensión contra Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo, y varios otros sospechosos habitantes de Querétaro. Notificado el corregidor Domínguez de Querétaro, del cual aún no se tenía sospechas firmes, se vio obligado a proceder contra sus compañeros, pero antes encerró bajo llave a su esposa doña Josefa Ortiz, pues conocedor del carácter fogoso y francamente decidida a favor de la independencia temió diere aviso a los futuros insurgentes. Domínguez cateó la casa de Epigmenio González, donde encontró acopio de armas y pólvora, por lo que fue detenido junto con varias personas que se encontraban en esa casa. Doña Josefa Ortiz logró por medio de un confidente, Ignacio Pérez, mandarle avisar a Ignacio Allende lo que sucedía en Querétaro. El patriota Pérez inmediatamente se puso en camino y llegó a San Miguel en la noche del día 15 de septiembre de 1810; buscó a Allende y al no encontrarlo se dedicó a buscar a Juan Aldama, a quien notificó su encomienda. Juntos salieron rápidamente de San Miguel y llegaron a Dolores como a las dos de la madrugada del siguiente día (16 de septiembre). Se encaminaron a la casa de Hidalgo, llegaron a ella, tocaron a la puerta, abrieron, entraron y se dirigieron al cuarto que ocupaba Allende, y lo pusieron al tanto de todo lo que sucedía y luego pasaron a la recámara del cura Hidalgo y lo informaron. Hidalgo sin sobresalto ninguno se paró de la cama y comenzó a vestirse e inmediatamente resolvió dar el Grito de Independencia, que expresó en la siguiente forma: “Caballeros,

somos perdidos; aquí no hay mas recurso que ir a coger gachupines”, a lo que temerosamente reparó Aldama. Inmediatamente Hidalgo se puso a llamar gente de su casa o vecinos y les notificó lo que sucedía; encabezando Hidalgo a un buen grupo se dirigieron a la cárcel, donde pistola en mano obligó al alcalde a dejar libres a los detenidos, lo que desde luego se le unieron aumentando el grupo a ochenta personas, a las que armó con las espadas y lanzas de las compañías del regimiento de la Reina, destacadas en Dolores. Luego detuvieron al subdelegado y al recaudador de diezmos y a casi todos los españoles que vivían o se encontraban en el

Ignacio Allende y Mariano Abasolo estuvieron en comunicación con los vallesoletanos y no así el cura Hidalgo, pues al contrario consta por las actuaciones de su juicio legal, que su empresa era diferente a la de Valladolid, que buscaba otros resultados, como fueron los iniciados en 1810.

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pueblo. Como era domingo y se llamó a misa desde muy temprano, ocurrieron a la población los campesinos de los lugares cercanos. El cojo Galván, campanero del templo parroquial, llamó a la primera misa y desde los primeros escalones de entrada al templo, Hidalgo arengó invitando a sus feligreses a iniciar su lucha libertaria. En este momento ya seguían a su cura un número aproximado de trescientas personas, quienes se armaron como pudieron. Como a las once de la mañana un número aproximado de seiscientas personas salieron de la Congregación de Dolores con rumbo a San Miguel el Grande pasando por la hacienda de la Erre, donde hicieron la primera comida del día; en el camino se les unió multitud de gente del campo, principalmente indios otomíes armados con arcos y flechas, palos, ondas, cuchillos, instrumentos de labranza, y otros; caminaban sin orden ni disciplina alguna, siguiendo por jefes a los capitanes de las cuadrillas de las haciendas; los de caballería montados en flacos y malos caballos, pero mejor armados que los de a pie. Orozco y Berra nos informa que: “Aquella chusma marchaba siguiendo el instinto bien sentido que la impulsaba y que no podía definir, mas no tenia bandera; al pasar por Atotonilco, Hidalgo encontró una imagen de nuestra Señora de Guadalupe, la hizo suspender del asta de una lanza y aquel fue el estandarte del ejército: en todos los guiones se puso una estampa del sagrado simulacro y la usaban los partidarios por distintivo en el sombrero. La inscripción colocada del lado de la imagen, expresión en las guerras de lo que se ama y de lo que se aborrece, de lo que se pretende alcanzar y de lo que se ha de destruir, eran: ¡Viva

la Religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y Muera el Mal Gobierno!. Expresiones muy largas, compendiadas por el pueblo, para su grito de combate, en: ¡Viva la Virgen de Guadalupe; Mueran los Gachupines!. Su amor y su odio, su bandera y su enemigo”. A este estandarte se unieron otros, como unos con la imagen de San Miguel y otros con el águila indígena. Pardeando el día dieciséis llegaron los insurgentes a la villa de San Miguel, la que tomaron sin oposición ninguna, aprehendieron a todos los españoles, se les unieron muchos elementos del pueblo y se armaron los mas que se pudieron y se hicieron de dinero que mucho les sirvió. Después de días salieron con rumbo a Celaya, pasando antes por Chamacuero, a donde llegaron el veintiuno de septiembre. Los integrantes del movimiento insurgente hasta este momento reconocían como máximo jefe al Cura Hidalgo, por su relevancia sacerdotal, su edad y buena fama. Estando en Celaya, el día veintidós de septiembre, en presencia del ayuntamiento, de todos los jefes de armas y la tropa, que mas bien era chusma, por consentimiento unánime de todos los jefes, Hidalgo fue nombrado: capitán general; Allende, teniente general y mariscales, coroneles y otros grados a muchos más. El ejército que ya sumaba aproximadamente cincuenta mil elementos

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salió de Celaya y pasó por Salamanca, donde se le unieron entre otros, Albino García, Cleto Camacho, el padre Garcilita. Continuaron a Irapuato, donde como en todos los lugares fueron recibidos con gran entusiasmo. El día veintiocho de septiembre llegaron a la rica Guanajuato, la que tras cruel y sangrienta batalla, sobre todo en la alhóndiga de Granaditas, cayó la ciudad en manos de los insurgentes. Al respecto nos dice el historiador Orozco y Berra: “Las casas de los españoles fueron saqueadas y se cometieron varios desórdenes; el capitán general quiso ponerles coto, publicando el día treinta un bando con graves penas contra los contraventores, más produjo poco efecto y para lograr su intento mandó hacer fuego contra los ladrones, en la mayor parte individuos de la plebe de la ciudad, que fue la que cometió los mayores excesos atribuidos malamente a los indios pusilánimes del ejército insurgente. Pasados los primeros días y con ellos la confusión, se dedicó Hidalgo a organizar el Ayuntamiento; nombró empleados, puso mano

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a establecer una fundición de cañones, una casa de moneda y se dedicó, en cuanto pudo, a sacar provecho de su conquista”. La ayuda del alto clero católico al gobierno español no se hizo esperar, primero el obispo de Michoacán excomulgó a Hidalgo y a los que lo siguieran, luego el arzobispo de México confirmó dicha excomunión, le siguió la Inquisición y el obispado de Guadalajara. Hidalgo dejó Guanajuato el día diez de octubre y pasando por Irapuato, Salamanca, Valle de Santiago, Jaral, Yuriria, Salvatierra, Acámbaro, llegó a Valladolid, donde las autoridades lugareñas pensaron defenderse, pero al no reunir suficiente gente, el obispo, el intendente, muchos canónigos, varios españoles y sus familias, huyeron de la ciudad. Los insurgentes se hicieron fácilmente de la ciudad. Después de sumarse el regimiento de infantería de milicias provinciales y el de dragones de Pátzcuaro, tomar cuatrocientos mil pesos de las arcas catedralicias y otros dineros


de particulares, nombrar intendente, abandonó Hidalgo su querida ciudad el día diecinueve de octubre y se dirigió con rumbo a la ciudad de México. Al volver por Acámbaro, se hizo otra promoción militar y el capitán general Hidalgo fue elevado al rango de generalísimo, revestido de mayores facultades.: “Esto explica, los adelantos de la revolución: El primer título correspondía al que el virrey gozaba, y era como poner dos autoridades iguales, una frente a otra; ahora nombrando a un generalísimo, dictado no conocido en la Colonia, se hacía al jefe insurgente muy superior en categoría a los funcionarios españoles”. Según dice Orozco y Berra. Prosiguieron su camino los insurgentes y llegaron hasta el Monte de las Cruces, lugar boscoso muy cercano a México y el treinta de octubre se enfrentaron con los realistas encabezados por Torcuato Trujillo, saliendo derrotados estos últimos. Sobre lo siguiente escribió Orozco y Berra: “con esta victoria, quedó abierto el camino de la capital; Allende era de opinión que se avanzara sobre ella, aventurando un golpe decisivo, Hidalgo se opuso alegando la falta de municiones, la pérdida sufrida en la batalla, que había infundido gran terror en la gente bisoña, la aproximación de las tropas realistas al mando de Calleja y de Flon y el éxito dudoso de un combate contra la guarnición no despreciable de la ciudad. Ambos jefes sostuvieron su aserto, y como no llegaran a convenirse, se agrió con

mucho el disgusto que alimentaban, por celos de autoridad, dando con esto motivo a que recrecieran el desorden y el desconcierto. Sin saber hacer nada se estuvieron a las puertas de México hasta el primero de noviembre y el dos comenzaron a retroceder por donde habían venido, con ánimo de ir a apoderarse de Querétaro abandonada por Flon para venir a reunirse con Calleja. El primer mal, resultado del paso retrógrado, fue perder la mitad de la gente por deserción. Los insurgentes ignoraban el rumbo que traía el ejército realista y las operaciones que había ejecutado; la noticia de su aproximación la supieron por los dispersos de una partida que en la hacienda de Arroyozarco encontró la descubierta enemiga y quedaron grandemente sorprendidos; la misma sorpresa tuvo el general español, ignorante también de los movimientos de sus contrarios, de modo que ambos ejércitos se encontraron sin buscarse; vinieron a las manos porque la ocasión se les presentó. Era ya inevitable la batalla; a pesar de sus bajas, los insurgentes contaban con más de cuarenta mil hombres, con doce piezas de artillería y tomaron posesión en la loma casi rectangular que desde el pueblo se extiende hasta el cerro de Aculco; al amanecer el día siete de noviembre fueron atacados y se dispersaron completamente sin combatir, dejando en el campo sus equipajes y útiles de guerra”. A toda carrera Hidalgo y algunos de los suyos se fueron a Valladolid y Allende a Guanajuato. El once de noviembre Guadalajara cayó en poder del insurgente José Antonio Torres, el Amo Torres, e Hidalgo fue invitado a pasar allá y el veintiséis de noviembre entró a Guadalajara en medio de la alegría del pueblo.

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Calleja atacó a Allende en Guanajuato el veinticuatro de noviembre y el realista se hizo de esta ciudad, donde ordenó varias ejecuciones de todo tipo de gentes. Por San Felipe salió Allende rumbo al norte hasta Aguascalientes, donde se dirigió a Guadalajara a reunirse con Hidalgo. En este lugar se organizó el gobierno, se crearon dos ministerios, el de Gracia y Justicia y el de Estado y Despacho; se expidió un decreto que abolió la esclavitud y la contribución de tributos, que pagaban las castas e indios; se organizó la audiencia y se nombró al primer embajador mexicano frente al gobierno de los Estados Unidos de América; se creó el primer periódico insurgente, “El Despertador Americano”, y se dedicó a armarse y equiparse. Calleja y su ejército se acercaron a Guadalajara, los insurgentes les hicieron frente el catorce de enero de 1811 y el diecisiete se dio la batalla siendo totalmente derrotados los mexicanos patriotas y se desbandaron, Hidalgo y demás se fueron hasta Aguascalientes de donde pasaron a Zacatecas y en Pabellón los máximos jefes militares destituyeron a Hidalgo de todos sus cargos, tanto militares como políticos, aunque su destitución no se publicó y en apariencia conservaba toda su autoridad. Continuaron su camino norteño por Salinas, El Venado, Charcas, Matehuala y el Saltillo. En este último lugar decidieron continuar hasta la frontera del norte y pasar al país vecino. Encaminaron sus pasos por el desierto y ya cerca de Monclova, en las Norias del Baján, el treinta y uno de marzo fueron aprehendidos los principales cabecillas insurgentes por el traidor Ignacio Elizondo. Bien amarrados los caudillos, fueron mandados a Monclova, y el veintiséis de marzo los condujeron por Álamo y Mapimí a Chihuahua, a donde llegaron el veintitrés de abril.

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Se les sujetó a un proceso sumario que inicio el día seis de mayo siendo las actuaciones según Ignacio Manuel Altamirano: “El testimonio irrefutable de la noble entereza y de la majestuosa dignidad con que el Padre de la Patria se condujo ante sus enemigos, a pesar de la fuerza con que lo oprimían y del cadalso que de antemano sabía que lo esperaba. Él asume con orgullo, pero sin miedo, la responsabilidad de todos sus actos, aún de los que podían haber atribuido a la exaltación popular o a la imperiosa exigencia de las circunstancias. Él no se intimida ni se disculpa, ni denuncia a nadie, como algunos de sus compañeros, que por debilidad o quizá manteniendo alguna esperanza, negaban su participación espontánea en la insurrección y echaban sobre su jefe todo el peso de aquella empresa”. Terminado el juicio se le sentenció a la pérdida de la vida; pero como era sacerdote se le dio parte al alto clero de Durango y el obispo determinó se le degradase de su embestidura sacerdotal, como así sucedió y el treinta de julio a las siete de la mañana, Hidalgo fue sacado de su celda y conducido por una escolta a un patio exterior del edificio que le servía de prisión y fue fusilado; luego el cadáver fue expuesto en la plaza pública; posteriormente y en privado, se le decapitó y su cabeza se remitió a Guanajuato, junto con las de Ignacio Allende, Juan Aldama, y Mariano Jiménez. Siendo estas colocadas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, donde permanecieron por diez largos años. Así fue la vida de Don Miguel Hidalgo y Costilla, bien nombrado Padre de la Patria, porque fue él quien la fundó y agradecidos quedamos por morir por ella. Pero, ¡aún hay alhóndigas por incendiar!


Ruta de Hidalgo en Guanajuato SAN FELIPE

Nuestra Señora de Dolores Hacienda la Erre Atotonilco San Miguel el Grande

Guanajuato Hacienda de Burras

Chamacuero

Irapuato

Celaya

Salamanca

SANTIAGO MARAVATIO

Iniciada en Dolores la guerra por la Independencia, don Miguel Hidalgo y Costilla y todos los que se unieron a este movimiento libertario, realizaron un recorrido por territorio guanajuatense que terminó, en una primera etapa, el día 28 de septiembre con la Toma de la Alhóndiga de Granaditas en la ciudad de Guanajuato. Días después, el ejército insurgente partió con rumbo hacia Valladolid (hoy Morelia). Las estaciones de la primera parte de este recorrido fueron las siguientes: 16 de septiembre Del pueblo de Dolores a Atotonilco, municipio de San Miguel el Grande, pasando por El Mezquite y por la Hacienda de la Erre. De Atotonilco partieron a San Miguel el Grande. 19 de septiembre De San Miguel el Grande a Hacienda de Santa Rita, pasando por Chamacuero, Empalme de Escobedo y San Juan de la Vega. 20 de septiembre De Hacienda de Santa Rita a Celaya

23 de septiembre De Celaya a Salamanca, pasando por Crespo, Estación de Cortazar, Villagrán y Molino Sarabia. 25 de septiembre De Salamanca a Irapuato 26 de septiembre De Irapuato a la Hacienda de Burras, pasando por las Caleras, Jaripitío y Aldama. 28 de septiembre De Hacienda de Burras a la ciudad de Guanajuato, pasando por el poblado de Puentecillas.

Esta página contiene la ubicación de las poblaciones por donde pasaron las huestes insurgentes encabezadas por don Miguel Hidalgo y Costilla. Puedes iluminar o enumerar estas poblaciones para conocer cómo se fue conformando la Ruta de la Independencia.


Fragmento del Mural Pintura al Fresco

Diego Rivera

Palacio Nacional, MĂŠxico, D.F.

Siglo XX


Hidalgo