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A Federico GarcĂ­a Lorca

___________________________________________________________________ Sociedad General de Publicaciones (Empresa Colectivizada).- Borrell, 243 – 249. Barcelona 3


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ORIGEN Y FORMACIÓN DEL

ROMANCERO DE LA GUERRA DE ESPAÑA por A. R. RODRÍGUEZ MOÑINO

TRESCIENTOS textos, espigados de una copiosa colección que casi les

triplica en número, testimonian auténticamente la pervivencia en el espíritu español de una forma métrica neta, castiza y esencialmente popular: el romance. Este viejo metro, nacido con los albores de la poesía hispánica, enraizado de tal modo a nuestro suelo que se podría afirmar que si bien apenas se produce hecho histórico dentro de la península que no lleve una expresión literaria romancera, muy rara vez canta expansiones extraterritoriales (v. gr.: el tema americano), este viejo metro es el cauce eterno por donde discurre anchamente la vena poética popular. De tal modo responde su construcción a las necesidades expansivas espirituales, que podemos afirmar la coexistencia del hecho conmocionador del espíritu del pueblo y del romance que lo canta. Severo, limpio, extensísimo a veces, el romance, que en los campos castellanos nació y que supo cantar la primera reconquista, hoy, al cabo de mil años de aquel acontecimiento, resurge lleno de vigor y de lozanía para acompañar la gesta gloriosa de un pueblo que lucha por la independencia patria y por alcanzar las conquistas de un orden social más equitativo, más justo y más digno que el que se desmorona entre los cimientos de una civilización decadente. Cuando un puñado de escritores jóvenes, en los duros días del agosto madrileño, ideamos publicar un boletín periódico, que atestiguara la actividad de los intelectuales en nuestra guerra nacional y fuera indicador de caminos, de consignas y de propaganda; cuando la Alianza de Intelectuales decidió sacar a luz El Mono Azul, nos encontramos sorprendidos al recoger los primeros paquetes de original destinado a la imprenta, considerando que en su mitad casi lo constituían versos. ¡Versos, romances todos, sencillos y efusivos los unos, bélicos o satíricos los otros, que sin que existiera previo acuerdo, desde los frentes y desde la retaguardia nos enviaban compañeros de letras o trabajadores, no profesionales de la literatura! En todo un grito de protesta contra la barbarie que clava su hacha sangrienta en comarcas regadas con la sangre del pueblo. En muchos, canto a los caídos, a Lina Ódena, a Durruti, a Antonio Coll, a Fernando de Rosa, a José Colom y a otros tantos héroes de España que dieron la 5


vida por la causa. En algunos la heroicidad anónima, la del miliciano que quedó muerto abrazando la tierra, después de una hazaña gloriosa, y cuyo nombre nadie nos ha conservado: uno del batallón del Campesino, uno de la brigada de Lister, uno de los de Galán…; ese uno cuya persona revive en todo soldado que contribuye al aplastamiento de las divisiones italianas en Guadalajara, en todo hombre que apoya la resistencia de Bilbao, en cualquiera de los bravos milicianos que rompen el cerco de Madrid. Ante esta magnífica eclosión del metro popular, Rafael Alberti, nuestro gran poeta, propuso que en El Mono Azul se dedicasen las dos planas centrales a publicar exclusivamente esta clase de composiciones. Y así surgió el Romancero de la guerra de España. En cada uno de los números de nuestro periódico aparecía un puñado de poesías que apenas veían la luz pública comenzaban a circular profusamente e incorporadas a la gran corriente popular por medio de la radio, el teatro y el cinematógrafo, poco tardaron los ciegos en unirlas a su repertorio y en cantar por calles y plazas el Romance del Mulo Mola, el del Último Duque de Alba y cien más, del mismo modo que hace siglos ocurría con El conde Alarcos, Lanzarote del Lago o el del buen Dardín Dardeña. ¿Qué mayor gloria para los poetas populares y para nuestro metro nacional que ésta? En las páginas de El Mono Azul en que se publicaba el romancero, figuraron, al lado de escritores todavía inexpertos, de soldados y campesinos que por primera vez escribían y podían leer su nombre en letras de molde, intelectualidades tan destacadas como las de Antonio Machado y José Bergamín, cuyo Romance del Mulo Mola ha llegado hasta más allá de nuestros parapetos, ha pasado las trincheras enemigas y ha contribuído en cierto modo a abismar las diferencias entre las bandas facciosas de franquistas y molistas; Rafael Alberti, que aguzó el dardo satírico de sus romances del Duque de Alba; Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Pedro Garfia, Quiroga Pla, el gran chileno Pablo Neruda, y junto a esta auténtica plana mayor de nuestra poesía contemporánea, un grupo de otros excelentes escritores, cuya juventud no excluye madurez intelectual, profundo sentido literario y ágil sensibilidad poética: Miguel Hernández, Herrera Petere, Juan Gil Albert, Serrano Plaja, Pla y Beltrán, Antonio Aparicio, Lorenzo Varela, Pérez Infante, Alcázar, Camarero, Boda, etc., etc. Señalado el camino por El Mono Azul, poco tiempo hizo falta para que se recogieran los frutos, y en multitud de periódicos y revistas, de boletines y hojas de propaganda, fueron publicándose una enorme cantidad de romances de todas clases: periódico hay que estableció como sección diaria la del romancero. Pero por la misma índole de los papeles volantes en que aparecía esta clase de composiciones, no estaban destinados a gozar de larga vida, 6


ya que la acumulación progresiva de sucesos iba haciendo envejecer más rápidamente que nunca las noticias, y rara será la persona que haya releído un boletín, revista o diario, en estos últimos diez meses. Urgía, pues, en cierto modo, recopilar en uno o varios volúmenes esta colección de romances que andaban desperdigados y reuniéndolos en apretado haz difundirlos por el frente y la retaguardia, para que sirviera de solaz, ejemplo y estímulo a cuantos están en condiciones de entender nuestra lucha española. En esto, como en tantas otras cosas, tomó la iniciativa nuestro glorioso Quinto Regimiento, el cual, y en colaboración con la Alianza de Intelectuales, en la serie de Documentos Históricos, que comenzó a publicar, incluyó un precioso volumen titulado Poesías de guerra, que no aspiraba en modo alguno al título de exhaustivo, sino al de selección. Bastantes romances, y ciertamente de los mejores, pueden leerse en dicho cuaderno, que tuvo, inmediatamente, un sucesor, como vamos a ver. El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que desde los comienzos de la lucha ha venido publicando una copiosa literatura de agitación y propaganda, pidió a la Alianza de Intelectuales Antifascistas una colección de los romances impresos en nuestro Mono Azul, para reunirlos en volumen aparte. Recogidos por varios compañeros, se entregaron al Ministerio, el cual preparó y ordenó la edición aparecida en Madrid, noviembre de 1936. Y éstos son los dos antecedentes cronológicos del presente libro: en ambos, como se ve, ha tenido intervención la Alianza de Intelectuales Antifascistas, ofreciendo el material de que disponía y entregándolo a quienes se propusieron la tarea de imprimirlo. La formación del presente volumen Débese con exclusividad a la Alianza. Convocado en Congreso Internacional de Escritores para una reunión que habría de celebrarse en España, en el proyecto de tareas para realizar figuraba la edición de un Romancero de la guerra española que se pudiera ofrecer a las delegaciones extranjeras, y al mismo tiempo destinado a ser difundido por nuestro país con la profusión necesaria. Discutióse ampliamente sobre cuál habría de ser el contenido de la obra, y aunque hubo partidarios de una estricta selección y partidarios también de formar un corpus en cierto modo exhaustivo, predominó, sin embargo, el criterio de que la recopilación se hiciese, si bien con un carácter amplio, con una cierta depuración que nos permitiera ofrecer en sus líneas generales lo más saliente de entre lo publicado. Comisionóse al poeta Emilio Prado para que se encargara de reunir y seleccionar los romances, y su actividad, constancia y trabajo, logró coleccionar al pie de novecientos textos, algunos buenos, muchos decorosos literariamente y todos dignos del espíritu español en estos momentos crueles de su historia. 7


Pero publicar un caudal tan abundante, sobre que hubiera sido empresa dilatada y costosa, no podría realizarse con la premura que las circunstancias requerían y Prados, volviendo sobre su trabajo, reunió los que le parecieron más apropiados y con ellos, teniendo en cuenta que todos los sectores de la lucha estuvieran representados, formó el presente volumen, a manera de muestra de lo que podría ser un Romancero General de nuestra hora bélica. No se busque, pues, en este libro lo que deliberadamente está fuera de él: predominio de tal o cual partido, de esta o la otra fuerza de las que integran el Frente Popular, y mucho menos afanes de agotar la materia. Téngase presente que la obra es una selección y no una acumulación. Reunidos los textos, hacíase preciso clasificarlos en grupos que ordenaran las materias tratadas, y ocho son las grandes divisiones que ha habido que hacer: 1) Defensa de Madrid, 2) Frente del Centro, 3) Frente del Sur, 4) Frente del Norte, 5) Frente de Extremadura, 6) Frente de Aragón, 7) Romances de la Retaguardia y 8) Romances varios. Una aclaración se impone: el encabezamiento del grupo séptimo no quiere, en modo alguno, significar que se trate de obras realizadas por poetas no combatientes. Se refiere exclusivamente al tema, y bastará pasar la vista por los nombres de Miguel Hernández, Antonio Aparicio y tantos otros, que si como soldados del pueblo figuran en las avanzadas, como intelectuales se incorporan con fervor y entusiasmo a este magnífico movimiento literario. Los títulos de los restantes grupos expresan claramente cuál es su contenido; en el Romances varios figuran aquellos que no pudiendo incluirse en las demás secciones, se han reunido allí. Como a pesar de esta clasificación podría darse el caso de que un texto deseado no se recordara exactamente a qué se refería, se ha preferido, para facilitar la búsqueda, formar sendos índices de autores y de primeros versos. Terminada la parte literaria del Romancero, la sección de artes plásticas de la A. I. D. C., tomó a su cargo la tarea de ilustrar las páginas del libro, y buena garantía de cómo se ha logrado el acierto ofrecen los nombres de Souto, Luna, Prieto, Vicente, Puyol, Gaya, Carreño, Morales, Cortezo, Carnicero y otros, que por medio de sus magníficos dibujos han sabido dar vigoroso realce a los romances. Los que manejen nuestro libro encontrarán en él una soberbia expresión antológica de lo que de más popular, y por tanto más castizamente español, tienen el arte y las letras contemporáneas. Pensó en un principio la Alianza de Intelectuales Antifascistas publicar con sus fondos esta obra, que a la colaboración provechosa de sus miembros activos se debía: las “Ediciones Españolas” recabaron, sin embargo, las primicias editoriales, y es con su cooperación pecuniaria con la que hoy ven la luz estas páginas. Al rasgo económico de la 8


“Ediciones Españolas” ha correspondido nuestra organización entregándole sin reserva su labor, la tarea en que todo le pertenece, desde el nombre de sus más ilustres colaboradores literarios y artísticos, hasta el del recopilador y el autor de las líneas presentes. Nada valen las aportaciones individuales, aisladas; ha sido la Alianza quien pudo dar de su seno, no sólo muchos intelectuales que cayeron para siempre, sino también los cantores de estos héroes y los que supieron ilustrar las páginas mejores; a ella pertenecen, pues, el éxito y el esfuerzo; bien pueden parafrasearse en su honor los viejos versos del anónimo romancero español: … supo vencer reyes moros y engendrar quien los venciera.

A R. RODRÍGUEZ MOÑINO

Valencia, junio de 1937.

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ÍNDICE DE LOS ROMANCES POR GRUPOS ____________ Páginas

Romances de la Defensa de Madrid….. Romances del Frente del Centro……… Romances del Frente del Sur…………. Granada……. Málaga……… Jaén…………. Córdoba…….. Varios……….. IV Romances del Frete del Norte………… V Romances del Frete de Extremadura…. VI Romances del Frete de Aragón……….. VII Romances de la Retaguardia………….. Políticos........... Morales………. Burlescos……... Líricos………… I II III

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Romance varios…………………………

____ 17 65 115 122 138 156 160 172 177 187 197 211 213 221 231 241 253

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V ROMANCES DEL FRENTE DE EXTREMADURA

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HOMBRES DE HIERRO Por carreteras desiertas y caminos polvorientos, sudorosos, jadeantes, sin desmayo ni sosiego, llenos de gloria y de fe, erguido el rostro sereno, hacia futuras conquistas marchan los hombres de hierro… ¡Son los héroes de la patria, los defensores del pueblo, los honrados, los leales, orgullo del mundo entero!... ¡Adelante, camaradas, sin cejar en vuestro empeño! ¡Subid al pico más alto, pasad el desfiladero y que al fin de la jornada no quede un palmo de suelo que no esté bajo el airón de la bandera del pueblo!... ¡Que cuando la razón sobra y donde no existe el miedo, son dulces los sacrificios, y los esfuerzos, pequeños!... ¡Adelante, camaradas, hacia el triunfo completo! ¡Si ahora es muy duro el camino, si ahora es muy fuerte el empeño, a vuestro arrojo y valor pronto se abrirán senderos de amores y de alegrías, de canciones y de ensueños! ¡Y todos lo corazones de ilusión y asombro llenos, sentirán admiración por nuestros hombres de hierro!... ¡Adelante, camaradas! ¡Adelante, compañeros! ¡España entera os abraza con abrazo tan estrecho, que se confunden las almas 13


al apretarse los cuerpos!... Francisco Alfaro.

◊ LA PRIMERA VICTORIA DE LOS CAMPESINOS Silvestre del campo era en uso ded la palabra. Los campesinos atentos, a su lado se apiñaban. El viento había traído la triste nueva de España. Los carlistas, otra vez, sobre sus vidas avanzan, arrasándoles la tierra de su dolor y esperanza; los carlistas, ¡tan siniestros!, en memoria de la anciana. La honra de las mujeres, de sus hijos, de sus casas, ha de ser botín de guerra de los carlistas que avanzan. Todos estos pensamientos torturan entera el alma de Silvestre, capitán digno de la mejor causa. Un convecino le dice a Silvestre con voz llana: –¡Para defender lo nuestro contamos con las guadañas! –¡Esas armas ya no sirven para luchar con sus armas! Afuera, en la calle, se oye batir la primera salva. Son los fascistas del pueblo, que van sembrando la alarma. ¿Qué hacemos, mi capitán? –vuelve a decir la voz llana. Silvestre piensa y resuelve con decisión capitana. En la casa del marqués 14


a manos esperan armas, manos de nobles guerreros, guerreros de noble causa. La casa del marquesado a cuatro leguas se halla. La hora del amanecer ya se anuncia en las ventanas, cantan pájaros obreros y la luna ya se marcha. Los campesinos, alegres, inician prestos la marcha. El río, el monte, el molino, ya van quedando a su espalda. ¡Qué bien resuenan sus voces! ¡Qué encendidas sus palabras! –¡Para mí el primer fusil! –¡Yo la escopeta de caza prefiero! –¡A mí la pistola! Y así llegan a la casa. Sin resistencia, sin lucha, se apoderan de las armas. Sus dedos van floreciéndose pronto con peines de balas. Era tanto su alborozo y su alegría era tanta, que perdonaron la vida a la marquesa y sus criadas. Los hombres se habían ido a fila de carlistada. Los campesinos dijeron únicamente: –¿Qué lástima! Ya los bravos campesinos por su campo regresaban. En sus manos los fusiles bailaban graciosa danza. Iba a hacerse la justicia tantas noches anhelada. La piedra, el árbol, el río, animales y besanas parecían animarse al contacto de su marcha. ¡Cómo se reconocían hermanos en la mañana! Y Cayeron sobre el pueblo 15


que solo les esperaba. Los fusiles atronaron con sus lenguas liberadas. ¡Poco tuvieron que hacer, poco duró la batalla! Cayó el alcalde mayor, usurero sin entrañas, los guardias municipales, cumpliendo sus ordenanzas; los cuatro o cinco ricachos, que fascistas se llamaban; el embaucador del cura, y al lado su barragana. Y el pueblo fué redimido de indignidad heredada. Al terminar el combate, en el centro de la plaza se reúnen los guerreros para escuchar la palabra de Silvestre, capitán digno de la mejor causa. –¿Qué hacemos ahora, Silvestre? –Oídme bien, mi compaña. Somos pocos, y ellos muchos los carlistas que ya avanzan. Nuestra guerra ha terminado aquí, pero en nuestra España hay otra guerra mayor que nos espera y nos llama. Soltemos los animales a libertad de pastada. Llevemos nuestras familias a sitio de seguranza, salvemos nuestros recuerdos, cerremos bien nuestras casas, que aluego regresaremos cuando termine la “danza”. Su discurso, bien pensado, alegró todas las caras. Silvestre se confirmó capitán de buena causa. Al otro lado del monte, proletarios camaradas, con los puños bien cerrados, 16


cantando, les esperaban, para la lucha seguir hasta conquistar la calma. Mariano G. Fernández

◊ JOSE COLOM Por España, por el aire, vuela el capitán del pueblo, y ve los ríos de sangre regando los cementerios; ríos de sangre, ríos de sangre, reflejando los incendios. Todo lo que ve lo mira con tristeza desde el viento. Triste, entre nubes, vigila al enemigo sin miedo. Si el campo de los rebeldes parece visión de infierno, vuelve los ojos y mira para el campo de los nuestros. Capitán José Colom, mira el mapa que te ofrezco: son las tierras de Levante, que elevan el pensamiento; las tierras que tú defiendes contra moros y extranjeros. Capitán José Colom, si lloras, yo te comprendo; si media España está libre, media sufre cautiverio, y más te mueven las penas de los que están prisioneros que las voces de triunfo, que las palabras de aliento. Capitán, mis voces suben por el aire, por el cielo, que si estoy fuera de mí es por conocer los hechos; que si sufro es porque hablo tan sólo con tu recuerdo. 17


Capitán José Colom, yo sé que estás en tu puesto, que quien muere como tú no abandona nuestro Ejército. Tu nombre glorioso está firme en las líneas de fuego, y hazañas como la tuya son el mejor parapeto para impedir el avance del desalmado armamento. Tú te quedaste sin armas, pero aún te quedaba el cuerpo, te quedaba tu aeroplano, y no dudaste un momento en derribar con tu muerte al invasor traicionero. Si sin vida te quedaste, ¡viva siempre tu recuerdo! Manuel Altolaguirre

◊ UNA BATALLA Para José R. Clemente, inteligente escritor y luchador infatigable.

I El aire de azul caliente maduro bayonetas. La tarde, recién nacida, de proyectiles cubierta, huele a pólvora y a sangre, duele con dolor de guerra. Bultos que corren y viven saltan desde las trincheras. Masas de carne caliente chocan en ruda contienda; ¡un avance de los nuestros! Cuerpo a cuerpo se pelea. 18


Pechos peludos de obreros duros, como fortalezas. Cien banderas proletarias adornan la tarde tierna. Sangre roja de Ideales circula en todas las venas. En la trinchera enemiga el miedo va haciendo presa. Cuerpos calientes sin vida están mordiendo la tierra. Todos los jefes fascistas dan la espalda a la contienda. Un hombre se ha vuelto loco, loco de horror y miseria: sobre los restos cornudos de un oficial, bailotea. (Le deja en el aire, muerto, un frío de bayoneta.) Son filas uniformadas, compradas y sin bandera. El dinero mal pagado no les echa el miedo fuera. II La naranja de la tarde se ha puesto madura y tierna. Con limones amarillos unta el sol toda la tierra. Un crepúsculo sangriento nos trae la victoria ¡nuestra! Las heroicas Milicias han ganado las trincheras. Los oficiales fascistas corren con la espalda vuelta. La alegría de los nuestros les va siguiendo ligera. Les va pisando las botas que adornaron con espuelas, con espuelas de hojalata queu un asistente pusiera; limpias con betún que sirve para fabricarse ojeras 19


las zorras de sus mujeres que allá, en Salamanca, esperan “entreteniendo” a los nazis entre tragos de cerveza. Los oficiales fascistas corren con lengua fuera. La alegría de los nuestros les va siguiendo de cerca. Los oficiales fascistas corren, mugen y cornean. Leopoldo Urrutia.

◊ ROMANCE DE LA MUERTE Por las llanuras de España, la Muerte, a solas, cabalga.

Atraviesa las campiñas, por tibia sangre empapadas, y las ciudades fascistas, silenciosas y enlutadas, con cadáveres de obreros que se hacinan tras las tapias, y la Muerte, siendo muerte, se horroriza al contemplarlas. Mira a Cáceres, Sevilla, Ávila, Burgos, Granada, todos los sitios que mira destilan gotas de almas de trabajadores muertos y de mujeres violadas. Y la Muerte, siendo muerte, se horroriza al contemplarlas. Vuelve su vista la Muerte hacia la leal España, y ve a todo un pueblo unido que corre a empuñar las armas. Y lo ve en los parapetos, juntas, fundidas, las almas, avanzar frente a los tanques, 20


aviones y granadas. Y ve, en las ciudades, niños con la alegría en la cara, pensando en el porvenir de una España liberada. Y ve el trabajo en los pueblos, y en los llanos y montañas, y todo un pueblo que anhela ver sus cadenas truncadas. Y la Muerte, siendo muerte, retrocede avergonzada. Gabriel G. Narezo

◊ EL TENIENTE MORENO ¡Qué pena lleva el río Tajo, qué pena lleva hacia el mar! En el mar los marineros blancos pañuelos le dan para que seque sus ojos, turbios de tanto llorar. Por las tierras donde pasa, en batalla desigual, con moros y legionarios lucha el Ejército leal. Los vientos son enemigos, muerte los vientos traerán; pero el teniente Moreno a luchar con ellos va. ¡Ay del teniente Moreno, teniente no, capitán; capitán no, comandante, que bien lo pudo ganar! Su avión, gastadas las bombas, tenía que aterrizar. Les faltó la gasolina, y no pudieron llegar a las avanzadas nuestras, y en combate desigual con aviones enemigos 21


en tierra fueron a dar. Por el aire, por el aire, los vientos se han de marchar; él mismo quebró su vida, como se quiebra el cristal; el río lleva la pena, lleva la pena hacia el mar; que en las líneas enemigas, con una herida mortal, está el teniente Moreno, muerto por la Libertad. Cuando avanzan las Milicias lo consiguen rescatar. Manos amigas lo cogen; no lo pueden ni mirar, que gumías y machetes lo quisieron destrozar. El cielo bajó la frente; vergüenza le vino a dar. ¡Ay del teniente Moreno, teniente no, capitán! Capitán de rosas frías, que ya no podrá luchar. Dejad que lo lleve el Tajo en lágrimas hacia el mar; por mucho que lo llorase nunca bastante será; que en las líneas enemigas, con una herida mortal, está el teniente Moreno muerto por la Libertad. Beltrán Logroño

◊ ROMANCE DEL MORO HUIDO Por el camino adelante venía un moro, venía, jinete en caballo negro 22


huyendo de las Milicias, de la luz de la mañana que a sus espaldas se abría. Con el cántaro en la mano a la fuente iba una niña, el moro se le acercó los ojos echando chispas. –Tengo seca la garganta de tantas leguas corridas, y un cansancio de paisajes oscuros en las pupilas. Dame la boca del cántaro, que es darme la tuya misma. Deja despierten mis manos en tus caderas precisas, y tiemblen bajo mis dientes las dos palomas heridas de tus pechos. –Sigue, moro, el camino por que ibas. Si tienes sed, he de darte agua como nieve y limpia. Pero no toques mi cuerpo, que caro te costaría. –Lo que no me das de grado, por fuerza tomaré, niña.– Las lágrimas y los besos se mezclan en las mejillas. Dos rosas lleva en el pelo y una en el vientre, encendida. Sobre la tierra quedaron tendidos cántaro y niña, por entre la hierba verde corría el agua encendida. A media mañana el moro echó por el monte arriba; entre unas peñas lo hallaron, allí terminó su vida. Felipe C. Ruanova .

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VEN, HERMANO CAMPESINO Ven, hermano campesino; ven y charlemos un rato. Ahora regreso del frente y tú regresas del campo. Los dos –cada uno a su modo– contra el fascismo luchamos; yo, con pistola y fusil; tú, con azada y arado. Yo, protegiendo tu vida. Tú, la mía asegurando. Los dos con fe, con firmeza, con vigor, con entusiasmo. Ven y charlemos, amigo. Ven y charlemos, hermano. Los dos sabemos de lucha, los dos sufrimos engaños, los dos –con nosotros, muchos– como siervos vejetamos en los años dolorosos en que delito nefando era pensar y sentir el dolor de ser esclavo. Yo te contaré la lucha de la montaña y el llano; el tronar de los cañones, el rugir de los disparos, la alegría de vencer y de clavar en lo alto de las lomas la bandera roja del proletariado. Tú me dirás los afanes febriles de tu trabajo. Tu ansiedad por la cosecha, tu sudor por el sembrado, la alegría de crear sábanas de oro en el campo. De acuerdo los dos vivimos; unidos los dos luchamos. Después de charlar iremos cada cual por nuestro lado; yo volveré a la trinchera; tú, a los surcos de tu arado. 24


Pero nuestros corazones nadie podrĂĄ separarlos. Porque tĂş y yo, campesino, somos, por igual, soldados. L. H. A.

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Romancero Gral. de la Guerra de España