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Antonio R. Rodríguez Moñino NOTA EL CAPÍTULO “DE TOROS Y TOREROS” EN “MISCELANEA”, DE LUIS ZAPATA DE CHAVES” Madrid, 1930

Esta curiosísima relación es una de las primeras o más antiguas que conozco sobre este tema. Reseñan las fiestas con extensión Fr. Francisco de Coria en su “Descripción general de Extremadura”, Fr. Juan de Trinidad en su “Crónica e la Provincia de San Gabriel” y Fr. Juan de San Antonio en su libro “San Marcos defendido en el milagro que Dios obra todos los años en amansar un toro por sus méritos”, Madrid 1690. Dos manuscritos cita Barrantes, que no hemos podido obtener: uno de Manoel de S. Cayetano: “Apología acerca de Touro de S. Marcos”, y otro de Dr. Jerónimo de Belén: “Parecer a favor de se festejar a S. Marcos com o touro”. En el Archivo Municipal de Cala existía un curioso documento fechado en 16 de mayo de 1772, referente a la realización de este milagro en Alosno y Castillo de la Guardia, que fue publicado en la revista “Folklore Frexonense”. Véase la bibliografía que a este respecto trae D. Vicente Barrantes y Moreno, cronista de Extremadura, en su “Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura”, tomo I, pág. 367 a 373. Por parecerme que no estará mal en este lugar, copio lo que acerca del caso dice Fr. Juan de la Trinidad en la “Crónica de la provincia de S. Gabriel”, libro II, cap. XLI: “Un caso extraordinario, memorable, se experimenta en esta villa de las Brozas cada año (de que yo también fui testigo de vista), el día de la fiesta del evangelista San Marcos, desde sus primeras vísperas. Hay fuera, y cerca de las casas de esta villa, una ermita de este gloriosos evangelista, frecuentada de la gente de la comarca por la devoción que tienen al santo.

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La víspera de la fiesta, después de haber confesado y comulgado el mayordomo y oficiales de la Cofradía, van de ellos tres o cuatro a la vacada del lugar a pie, con unas varas delgadas de cuatro o cinco cuartas de largas, con que no pudieran defenderse si algún toro les acometiese. Suele tener la Cofradía algunos, que personas devotas de San Marcos, le ofrecen; pastan con el demás ganado hasta que, pasados dos o cuatro años, los matan y pesan para reparos y ornatos de la ermita. En llegando el Mayordomo con los diputados y oficiales que le acompañan a la vacada, se acercan al toro que aquel año determinan de traer, sin temor alguno de la ferocidad, siendo así que en aquel tiempo, por estar en celo, suele ser mayor le dicen: “Anda acá, Marcos, que ya es hora”. Con esta sola diligencia se aparta el toro de las vacas y vacada, y se torna muy doméstico. A la entrada de la villa le aguarda mucha gente, pero de nadie se esquiva ni nada le embravece, y entre multitud de hombres y mujeres y muchachos, va como si fuera capaz de razón y de modestia. Aquel día asiste a las vísperas, que canta en la ermita la clerecía, y dichas, le llevan los cofrades diputados por las calles sin violentarle de ninguna manera, ni llevarle atado, porque siempre en estas ocasiones anda suelto y libre, dejándose gobernar por los que le dicen: Ven acá y vuelve acá, Marcos.” Entranle en las casas, donde pide limosnas para el santo, sin que el aprieto de la gente, ni lo estrecho de algunos pasos, le detenga. El día siguiente, que es el de la fiesta del glorioso evangelista, por la mañana le traen a nuestro convento de la Luz la clerecía en procesión, y allí entra en el claustro, sacristía e iglesia, y para poder pasar por algunas puertas tuerce la cabeza, porque no pudiera de otra suerte. Yo le he visto subir al dormitorio y claustro alto del convento, y lo que más me admiró fue que subiese y bajase la escalera, por ser estrecha y agria, y esto tan paso a paso y con tanta facilidad como si anduviera por llano. Continúase la procesión, y yendo en ella el toro junto a las andas donde va la imagen del santo, hasta que llega a su ermita. Cántase con solemnidad la misa y se predica, y siempre está el toro con tanto sosiego cerca de las gradas del altar, que provoca a suspensión y devoción. Concluida la misa, le sacan los cofrades diputados del concurso de la gente, y diciéndole: “Vete, Marcos, se vuelve corriendo a la vacada con muestras de tanta fiereza, que nadie se atreve a acercarse a él. Nunca se

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trae un mismo toro, sino tan solamente una o dos veces, o tres cuando más…” El documento de Cala es una certificación de Orden del Real Consejo cuyo texto dice así: “En diez y seis de mayo de mil setecientas setenta y dos se dio cuenta al Consejo de que varios pueblos de ese Arzobispo como son el Castillo de las Guardias y el de Alosno, se mantiene el abuso de llevar en procesión al toro Marcos en el día de la festividad de este Santo, y que con él se ejecutan diferentes ceremonias supersticiosas, como son: Que antes de las vísperas va el Mayordomo con el Estandarte a un cercado donde está el toro, le inclina dicho estandarte sobre el lomo y le dice: “Ven, Marcos”. Efectivamente, le toca con él, obedece y viene como una oveja; pero si no, se embravece o huye: Que para entrarle en la iglesia ha de ser precisamente sobre la mano derecha, porque si lo vuelven de la izquierda se embravece. Sobre el contenido y certeza de esta noticia se pidió informe a V. S., y habiéndolo ejecutado con fecha de quince de julio; en su vista y de lo expuesto por el Sr. Fiscal, ha resuelto este Tribunal Supremo que esa Real Audiencia comunique orden a las justicias de las villas del Castillo de las Guardias y el Alosno y a los demás pueblos de esa provincia donde aún continúa dicho abuso, para que bajo la multa de cuatrocientos ducados, los Alcaldes y particulares de ellas no den permiso ni consientan en igual día u otro alguno, salga en procesión o se ejecuten con el Toro Marcos las ceremonias supersticiosas que quedan expresadas.” Tratan, además de este milagro curioso, el licenciado Jacinto Arias de Quintanadueñas en sus “Antigüedades y Santos de Alcántara” (Madrid, 1661); el P. Eusebio Niewremberg, “De miraculis naturae in Europa”, capítulo 36; el Dr. Andrés de Laguna y Velázquez, en el “Comentario de Dioscórides”, cap. 119; el P. Valdemoura, tratado “De Incantationibus”; el Dr. Torreblanca., “De Iuris Spiritualis”, Libro IX, cap. 2º, núm. 7; el Dr. D. Juan de Quiñones, en su “Discurso de la Campana de Velilla” (Madrid, 1600), folios 14 y 15; Fr. Antonio de Yepes, “Crónica de San Benito”, centuria 3, año 715; y otros varios recogidos por Arias. Los pueblos en que se celebraba este milagro son, según hemos visto, Alcántara, Brozas, Cala y Alosno. Todavía Fr. Juan de la Trinidad trae un caso aún más curioso, que copia de esta forma Quintanadueñas: “…refiere este último Cronista dos casos, sucedidos en la villa de Brozas, donde nse hace la festividad de San Marcos de la misma manera que en Alcántara. El uno que pasó en tiempos 5


antiguos más ha de 150 años, según él se informó de personas fidedignas, y fue, que habiendo mandado cierto juez eclesiástico, con grandes penas, que para la celebración de la fiesta no se trajese el toro, y obedeciendo el Mayodomo, y cofrades, estando junto al pueblo para empezar las vísperas en la ermita, vieron, que sin traerle persona alguna entró el toro en ella, y asistió mientras se cantaron; y el día siguiente de la misma manera estuvo presente a la misa, y anduvo en la procesión por las calles, siguiendo la imagen del santo en la forma que otras veces, sin llamarle Marcos, ni hablarle ninguno de los Cofrades, ni otra persona, como antes solía, por no incurrir en las penas impuestas; lo cual visto se pidió de ello testimonio por los Cofrades, y e puso la causa en el Tribunal del Nuncio, donde se ventiló, y hecha averiguación de todo, se pronunció sentencia a favor de la Cofradía, dándole licencia para que en la fiesta del Santo se trajese el toro mandando que ningún Juez inferior lo impidiese.” El gran cronista P. Yepes no se le pasó por alto esta interesantísima fiesta y costumbre popular, y perdido entre el inmenso fárrago de páginas de su voluminosísima “Crónica de la orden de San Benito”, aparece un reflejo exacto tal como ha de aparecer luego en los escritores más modernos. Aporta, sin embargo, un detalle que no aparece en éstos, y es el testimonio del primitivo cronista inglés Mateo West, atestiguando la existencia del milagro en Inglaterra en el siglo XII, aunque bajo distinta advocación. En efecto, hablando de San Juan, monje del monasterio de Hilda, obispo Hagustaldense, dice que para hacer su fiesta “buscan los toros más bravos que se hallan, y que echándoles maromas, los traen con mucho cuidado amarrados, hasta ponerlos en el cementerio del templo, donde S. Juan está depositado. Y es cosa muy de notar, que en entrando en aquel puesto, les quitan las maromas, y con ellas la braveza y furia que traían, y quedan tan mansos como unas ovejas, y juegan, y se regocijan, habiendo sido antes terribles, y fieros. Vivió este autor pasados los años 1110, y dice que hasta su tiempo se hacía este milagro.” Esto en cuanto a su celebración en el extranjero. En España, ofrece uno de los más fidedignos y veraces testimonios como el del Dr. Francisco Sánchez de las Brozas, testigo de visus y nada sospechoso. “Un milagro semejante a este cada año acontece en las Brozas, pueblo de Extremadura, de la Orden insigne de Alcántaradonde tiene su Encomienda el Comendador mayor de aquella Religión, y las iglesias son gobernadas por 6


los religiosos de la misma Orden. En una della es la vocación de San Marcos, con quien en Brozas tienen gran devoción, y cuando llega el día, le celebran con gran contento, y regocijo. De tiempo inmemorial a esta parte, por que la fiesta sea más solemne, acostumbran los mayordomos de la cofradía de San Marcos traer un bravo toro, para regocijar al pueblo, el cual no es violento, ni con sogas (como el que decíamos de Inglaterra), sino con palabras dichas por los mayordomos, en nombre de S. Marcos, en cuyo poder le mandan se vaya con ellos. Es para loar a nuestro Señor, que aquel animal tan feroz, y cruel, oye, y obedece a las palabras que le dicen, y se va manso como una oveja, y al día siguiente van los mayordomos, y con las mismas palabras le mandan vuelva con ellos, y el toro obedece como el día pasado, y se va con la misma mansedumbre a la iglesia, y asiste aquel día a la misa y procesión, donde las mujeres, y muchachos, por pasatiempo se llegan a él y en los cuernos le ponen roscas de pan, y le coronan con guirnaldas e flores, y con esta mansedumbre acaba la procesión, la cual fenecida se vuelve a su vacada, y se queda tan bravo, intratable y fiero como antes. Uno de los primeros que me contó este milagro fue Francisco Sánchez Brocense, bien conocido en España por su doctrina y eminencia en letras de humanidad; después como entendí que el pueblo de Brozas era de los Comendadores de Alcántara, cuya casa principal tiene en Salamanca un Priorato, me quise informar de los Colegiales (que residen en él personas graves y escogidas para aquel puesto de singular talento y ventajas de ingenio) y todos concuerdan en lo que tengo dicho.” Hablando de las palabras mágicas, el Dr. Juan de Quiñones, en su “Discurso de la Campana de Velilla”, refiérese a Pablo Guillando, quien, según nuestro autor, “dice que vio en Roma a un griego mago y hechicero, que con palabras solas hacía que un toro bravo y feroz se rindiese asiéndole por los cuernos, le ataba con una cuerda hecha con arte mágica, y lo llevaba adonde quería; pero atribúyelo a encanto y que era con ayuda del demonio.” Tomando ocasión en este caso, fray Rafael de la Torre, refiere que “se hace en el lugar de las Brozas la víspera de San Marcos, y es que los oficiales que son cada año de la cofradía deste santo, procuran buscar y escoger el toro más bravo y feroz de que se tenga noticia, y le dan por nombre Marcos. Van a los montes, donde están las vacas, y sabiendo cuál es el toro, sale de entre las vacas y deja los montes, y caminando hacia el pueblo en seguimiento de los oficiales de la cofradía , entra en la iglesia, 7


donde asiste la víspera y el día de fiesta, junto al altar, cuando se celebran los divinos Oficios, con tanta sujeción y mansedumbre que le llegan a los cuernos las mujeres, y niños, y ponen guirnaldas en ellos; y acabada la fiesta se vuelve al monte con la ferocidad que antes tenía. Habiendo referido este caso frey Rafael de la Torre, y dicho que en otras partes donde se funda semejante cofradía, sucede lo mismo con el toro, no se atreve a resolver si esto tenga superstición o no; y así dice que lo ignora: yo me espanto que varón tan docto ignore, y que no hubiese llegado a su noticia (pues escribió 14 años después) una bula del Sumo Pontífice Clemente VIII, en que prohibió semejante ceremonia (no sé si digo bien) del toro de San Marcos, a petición del obispo de Ciudad Rodrigo, donde da a entender, que es superstición esto, como dice Valle de Moura, que refiere la dicha bula. Laguna dice que emborrachaban al toro, y que con el vino que le daba, la amansaban; yo no traro de disputar cómo se haga esto, allá se lo hayan con su toro.” Esta chabacana explicación de la borrachera, la expone el Dr. Andrés de Laguna y Velázquez en su “Pedacio/Dioscorides/anazarbeo,/acerca de las materias/medicinal, y de los venenos mortíferos”, impreso en Valencia por Claudio Maçé, en 1651, capítulo CXIX, folio 450, en donde hablando de la Onagra, dice: “… Y así en algunas partes la víspera de San Marcos suelen tomar un ferocísimo toro, y emborrachándolo con el más fuerte vino que hallan, no dándole a comer ni a beber otra cosa, de suerte que por esta vía le reducen a tanta mansedumbre y blandura, que al día siguiente los niños y las doncellas le llevan asido con cordoncicos y trenzas hasta la iglesia, adonde el borracho animal, mientras los Oficios se dicen, se está todo cabeceando y cayendo a pedazos de sueño, y se deja poner mil candelas en los cuernos y en los hocicos; al cual dos días antes desta fiesta el diablo no se le parara delante no se le atreviera persona a esperarle dos horas después, en siendo ya cocido y digerido el vino; la cual mudanza tan súbita suele atribuir el simple pueblo a milagro.” Debe de haber una estrecha relación entre los apéndices córneos y el bueno de San Marcos, porque en el folklore no deja de haber frecuentes alusiones a este punto, tales como llamar a los novios “abanderados de San Marcos” y decir de los recién casados que “ya ingresaron en la cofradía” del mismo santo. Una copleja popular que anda en todas las colecciones, dice:

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La primer noche de novios registrando por el cuarto, me encontré por un rincón la bandera de San Marcos. Al buscar los datos sobre la supervivencia de la fiesta en los pueblos extremeños y andaluces, me encontré dolorosamente burlado. ¡Nadie recuerda ya la tradición de antaño! En Alosno me dijeron que algo se había oído de las corridas de toros de San Marcos, y en un lugar de Extremadura me indicaron únicamente una curiosa leyenda que viene a decir en resumidas cuentas que la esposa de San Marcos le era infiel; enterado Jesucristo de ello y de que la culpa la tenía el santo por su poco cuidado de la casa, convirtió a la esposa en un toro para que el marido, recordando los apéndices córneos, tuviera sobre aviso a todos los fieles cristianos y les hiciera presente lo que a toda costa debían evitar. A los puntos de la pluma se me vienen estas coplillas populares que hacen referencia a San Marcos y los cuernos: ¡Mi marido en el monte guardando ovejas, y yo con perendengues, en las orejas! ¡Viva mi Marcos, que me da lo que gana allá en el campo! Si te casa llevarás de San Marcos la bandera, que es larga la cofradía y hay muchos cabos en ella. Bastantes hermandades aquí encontramos, pero es la más completa la de San Marcos. Y con sus fondos se mantienen a veces los mayordomos.

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Alusivo a esta misma fiesta y toro es un cantar que corres por Extremadura que dice así: Ven conmigo a Talayuela, a la feria de San Marcos, y allí verás a un torito arrodillado ante el santo.

COMPROBAR QUE NO FALTA TEXTO. MIRAR LIBRO.

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NOTA EL CAPÍTULO “DE TOROS Y TOREROS”