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La confianza En nuestra sociedad, es preciso trabajar interiormente para no perderla. Creer en uno mismo y en los otros. En el universo, en la verdad, en la vida. Hacer lo propio y soltar el resto. De eso se trata.

Dr. Alejandro Di Grazia Rao Director del Colegio Humanista de MĂŠxico director@cuhm.com.mx

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Al igual que la paciencia, la confianza debe aplicarse en todos los dominios de la existencia y convertirse en una parte de nuestra personalidad. En primer lugar, debemos aprender a tener confianza en nosotros mismos, ya que todos poseemos cualidades, facultades, aptitudes y dones que hacen de nosotros personas únicas y seres útiles a los demás. “Tener confianza en nosotros mismos es saber que merecemos ser felices”. Es la sensación interior de poder realizar nuestros deseos, es la que nos permite actuar. De todas las opiniones, la que tenemos de nosotros mismos es la más importante. Existe la misma diferencia entre una buena y una mala estima de nosotros mismos que entre la pasividad y la acción, el éxito y el fracaso. Poseer esta confianza básica es una cuestión de supervivencia. Reconocer lo que nutre nuestra estima y lo que la deteriora es uno de los desafíos más importantes de la vida. Pero no debemos confundir la confianza con la euforia, ni la ilusión de felicidad que aporta el uso de una droga, un auto súper moderno, un aumento de salario o un nuevo amor. No proviene del exterior, ni de los padres, amigos o amantes, ni un terapeuta ni un grupo de apoyo. El que vive conscientemente se da cuenta rápidamente que la confianza aportada por el exterior es efímera y poco satisfactoria. La confianza en nosotros mismos es ante todo una experiencia. Es percibir que podemos hacer frente a los desafíos de la vida cotidiana. Es tener confianza en nuestra capacidad de pensar, de aprender, de elegir, de decidir, de adaptarnos a los cambios. Es un acto espiritual que se construye a partir de una práctica cotidiana, consistente en reconocer quiénes somos y quiénes no somos, en ser honestos en lo que descubrimos sobre nosotros. Sugiero que tenemos que “coachear” nuestras vidas. Esto consiste en levantarse todos los días diciéndose a uno mismo: “Hoy voy a hacer un esfuerzo para superar lo que no funciona en mi vida”. Es absolutamente necesario controlar nuestras preocupaciones cotidianas, las que nos impiden seguir creciendo. La confianza es una actitud hacia el futuro, indispensable para lograr un crecimiento sostenido y seguro.

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Si bien es cierto que merece ser desarrollada, debemos tener cuidado en no mostrarnos demasiado seguros de nosotros mismos, ya que el exceso es más del orden de la inseguridad. De hecho, presumir de nuestras fuerzas físicas, nuestras actitudes mentales, nuestras facultades físicas o de nuestro grado de evolución espiritual es una forma de arrogancia. En los casos extremos, puede tener consecuencias graves para nosotros mismos o para los otros, sobre todo cuando nos conduce a emprender actividades que superan nuestras posibilidades reales. Como en todo, la ley de la justa medida debe guiar nuestra conducta. CON LOS OJOS CERRADOS Pero no debemos limitarnos a tener confianza en nosotros mismos, ya que podríamos caer en un egocentrismo exagerado. Debemos asimismo tener confianza en los otros, ya sea nuestro entorno familiar, profesional u otro. Al actuar así, les permitimos adquirir confianza en sí mismo, si les hiciera falta. Es decir, les daremos la posibilidad de expresar sus propias competencia así tener consciencia de sus posibilidades. La desconfianza, es decir, la no confianza, corresponde, de hecho, a un estado de espíritu negativo, ya que se acompaña siempre de una cierta sospecha con respecto a los demás. Sin embargo, la confianza no debe excluir la prudencia. En virtud de este principio, no se debe confiar no importa qué a no importa quién, sino actuar con cordura. No es razonable pedir a otra persona hacer algo que supera sus competencias reales, tanto físicas como psicológicas, porque es exponer a una situación de fracaso. Toda confidencia compromete tanto la responsabilidad del que la brinda como la del confidente. Es más difícil guardar un secreto que confiarlo. “Algunas personas son intrínsecamente desconfiadas”, “Esta actitud sobreviene en gran parte de la relación entre el niño y sus padres. Si la confianza básica ha sido traicionada, si el niño duda de sus padres, le será muy difícil tener fe en algún otro.

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También, si los padres expresan sin cesar su desconfianza con respecto a los otros, su aprehensión acerca de los que no conocen, el niño terminará sospechando de todos, llevándolo a un progresivo aislamiento. A la inversa, tampoco es positiva una confianza ciega. Los niños deben aprender a mostrarse prudentes, sin exagerar. Ya que de otro modo podrían ser abusados, engañados, explorados. La excesiva confianza puede llegar a la ingenuidad, a una falta de realismo, que genera, a menudo, graves decepciones”. “Si la desconfianza sentida por un individuo está muy anclada y es inhibidora, se debe buscar ayuda en un terapeuta para remontar la propia historia personal. En algunos casos, ayuda practicar algunos ejercicios para entrenarse en la confianza en el otro. Si, por ejemplo, en el trabajo, no consigue tener confianza en los colegas como para delegar algunas tareas, comience por hacer una lista de todos los puntos que le parezcan “peligrosos”, explíquese por qué. Luego revise cada punto, verificando si los riesgos que se había imaginado se concretizaron o no. Si no es el caso, pase a la etapa siguiente. Es importante avanzar progresivamente, ya que lo propio de los desconfiados es también interpretar de modo negativo las actitudes, las palabras o las acciones de los otros, una manera de fortalecer el propio razonamiento. No ir demasiado rápido en el aprendizaje, es dar a la confianza una oportunidad de incorporarse lentamente pero con seguridad”. La confianza es un elemento constructor de la personalidad, un requisito indispensable en las relaciones afectivas y también el cimiento por medio del cual la vida social suaviza las normas. Suficientes razones para comenzar a practicarla.

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EMPEZANDO POR CASA Las seis claves de la confianza en nosotros mismos: 1. Vida consciente: respetar los hechos, estar presente en lo que estamos haciendo, curiosos y abiertos a lo que nos rodea, nos roza y nos enriquece. 2. Aceptación de nosotros mismos: darnos el permiso y tener el coraje de apropiarnos de nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones, sin escaparse de ellos, ni negarlos ni denigrarlos. 3. Responsabilidad: comprender que somos los creadores de nuestras elecciones y conductas, que somos responsables del cumplimiento de nuestros proyectos. Plantearnos la pregunta: “¿Qué hay que hacer?”, y no “¿A quién culpar?” Nadie vendrá a salvar nuestra vida. 4. Auto-afirmación: ser auténticos en nuestros encuentros, rechazar falsear la realidad de quiénes somos para evitar la desaprobación. 5. Identificación de nuestros objetivos: discernir, a corto y largo plazo, cuáles son las acciones necesarias o las conductas adecuadas para conseguir nuestros objetivos. Verificar cada etapa para estar seguros de estar yendo por el buen camino. Observar los resultados para reconocer lo que debemos cambiar, y hacer los ajustes necesarios. 6. Integridad personal: vivir en armonía entre lo que sabemos, lo que profesamos y lo que vivimos. Decir la verdad, cumplir nuestros compromisos y dar el ejemplo de los valores que admiramos.

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Dr. Alejandro Di Grazia Rao Director del Colegio Humanista de México director@cuhm.com.mx

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