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Tragamanzanas


Abre el libro... ...haz que ocurra


Texto: Óscar Rull y Sara Nicolás Ilustraciones: Olalla Ruíz Edición primera: Mayo 2013 Manzanares el Real, Madrid

© LOS CUENTOS DE TRAGAMANZANAS www.tragamanzanas.com editorial@tragamanzanas.com

Impreso en Madrid, España. El papel que usamos en nuestros libros procede de bosques gestionados para la sostenibilidad.

Este libro fue personalizado para Ana G. G.

Colección Nialas


Sara Nicolรกs

Olalla Ruiz

Tragamanzanas

ยกNo te manches!

ร“scar Rull


A

quel era un día muy especial. Los padres de

Ana se iban a casar. Por eso Ana llevaba

puesto un vestido blanco

muy blanco. Unos zapatos blancos también muy blancos. Y unos calcetines blancos que eran los más blancos de todos los calcetines blancos. Y su pelo estaba lleno de

horquillas y lazos

de colores.

¡Ana parecía un delicioso pastel!


Mientras su madre le colocaba la última horquilla en su pelo le dijo: –Ana, cariño, hoy es un día muy especial. Por favor intenta no mancharte. –Lo intentaré, mamá –respondió Ana –. Pero es que las manchas me persiguen. Y con esto Ana no exageraba ni un poquito. Fuera donde fuese o hiciera lo que hiciese, allí estaban siempre ropa.

las manchas

dispuestas a ensuciar su


Aun así Ana se propuso que aquel día no se dejaría atrapar por ellas. Y cuando de repente sintió unas

enormes ganas de hacer pis, echó a correr muy deprisa hacia el baño para que las manchas no la atrapasen.


–Ana ¿a dónde vas? –le preguntó su padre al cruzar el salón.

–Tengo pis. ¡Y creo que mucho! –respondió ella.


Consiguió llegar al baño sin mancharse ni un poquito, y justo cuando iba sentarse en la taza del váter descubrió que el rollo de

papel higiénico se había caído dentro.

Casi podía ver sus dos ojillos pidiéndole auxilio.


¡El papel está en peligro!

-

–gritó.

Pero ni sus padres ni su hermana la oyeron.


¿Cómo podría ayudar al papel sin mancharse? El agujero del váter era un escondite perfecto para las manchas.


Así que Ana tuvo una idea. Cogió una toalla, la enrolló y la lanzó al váter. –Trepa! –exclamó. Pero el papel no trepó porque no tenía ni brazos ni piernas.


Ana retiró la toalla y al hacerlo se empapó todo el vestido.

Al hacerlo recordó lo que le había dicho su madre:

Ana

hoy e s un

día espe

e. anchart m o nta n e t n I . cial

–Bueno, estar mojada no es estar manchada –pensó.


Lo siguiente que se le ocurrió fue fabricarse una

caña de pescar con el hilo dental de su padre y el cepillo de dientes de su madre. ¿Y como cebo? Como cebo usaría las horquillas y los lazos de su pelo.

–¡Pica! –exclamó. Pero

el papel

no picó porque su boca era

demasiado pequeña.


Ana dejó la caña en el suelo y al hacerlo vio en el espejo que estaba completamente despeinada. De nuevo recordó las palabras de su madre:

arte. h c n ntenta no ma

Ana ... I

–Bueno estar despeinada no es estar manchada –pensó.


Para salvar al papel no tendrĂ­a mĂĄs remedio que pedir ayuda.


Mientras tanto, el Gran

Nicopolidis y Oluffsen el gnomo viajero la miraban desde la bañera.

–¡Tenéis que

ayudarme–

les dijo –El

papel está en peligro y yo no puedo mancharme. Pero no os preocupéis, tengo un plan: Yo agarraré por los pies a Oluffsen.

Oluffsen agarrará por los pies a Nico. Y Nico agarrará el papel. Luego yo tiraré muy,

muy fuerte.


Pero para asegurarse que

Nicopolidis

no se

quedase atascado, lo cubrieron bien cubierto con crema

de manos.

Al terminar con todo el bote de crema,

Ana se

dio cuenta de que también se había embadurnado el

vestido, y de nuevo recordó las pala-

bras de su madre:

Ana... no mancharte...

–Bueno, estar llena de crema no es estar manchada –explicó a sus amigos. Y todos estuvieron de acuerdo.


Ana cogió a Oluffsen. Oluffsen a Nico. Y éste buceó hasta el papel.

A la de una. A la de dos. Y a la de...

¡Tres! –gritaron todos juntos.


Y tir贸

tan

fuerte

Ana que los cuatro

salieron disparados contra un mueble.

Un mont贸n de tarros pringosos, polvos y barras de pintura cayeron sobre el vestido de

Ana.


Pero por fin el papel estaba a salvo. –¡Gracias, amigos! –dijo el habéis conseguido.

papel –entre todos lo


En ese momento Ana recordó que se estaba haciendo pis ¡y creía que mucho! Pero justo al sentarse en la taza del váter sus padres aparecieron por la puerta del baño. Al verla mojada, despeinada, sucia y cubierta de crema solo fueron capaces de decir: –Pero Ana...


–¿Lo veis? –dijo

Ana

–No sé

cómo lo hacen, pero al final

las manchas

siempre me

encuentran.

FIN


¡ANA LA LÍA, SEGURO!

Aquel era un día muy especial. Los padres de Ana se iban a casar. Por eso Ana llevaba puesto un hermoso vestido blanco muy blanco. Unos zapatos blancos también muy blancos. Unos calcetines blancos que eran los más blancos de todos los calcetines blancos. Y su pelo estaba lleno de horquillas y lazos de colores. ¡Ana parecía un delicioso pastel! Mientras su madre colocaba la última horquilla en su pelo le dijo: -Ana, cariño, hoy es un día muy especial. Por favor, intenta no mancharte -Lo intentaré, mamá- respondió Ana –pero es que las manchas me persiguen. Y con esto Ana no exageraba ni un poquito. Fuera donde fuese o hiciera lo que hiciese allí estaban siempre las manchas dispuestas a ensuciar su ropa. Aún así, Ana se propuso que aquel día no se dejaría atrapar por ellas. Y cuando de repente sintió unas enomes ganas de hacer pis, echó a correr muy deprisa hacia el baño para que las manchas no la atrapasen. -Ana ¿a dónde vas?- le preguntó su padre al cruzar el salón. -Tengo pis. Y creo que mucho – respondió ella. Consiguió llegar al baño sin mancharse ni un poquito y justo cuando iba a sentarse en la taza del váter, descubrió que el rollo de papel higiénico se había caído dentro. Casi podía ver sus dos ojillos pidiendo auxilio. -¡EL PAPEL ESTÁ EN PELIGRO!- gritó Pero ni sus padres ni su hermana le oyeron. ¿Cómo podría ayudar al papel sin mancharse? El agujero del váter era un escondite perfecto para las manchas. Así que Ana tuvo una idea. Cogió una toalla, la enrolló y la lanzó al váter. -¡Trepa!- exclamó. Pero el papel no trepó porque no tenía ni brazos ni piernas. Ana retiró la toalla y al hacerlo se empapó todo el vestido. Al ver su ropa mojada recordó lo que había dicho su madre. “Ana, hoy es un día muy especial. Intenta no mancharte”. -Bueno, estar mojada no es estar manchada- pensó. Lo siguiente que se le ocurrió fue fabricarse una caña de pescar con el hilo dental de su padre y el cepillo de dientes de su madre. ¿Y cómo cebo? Como cebo usaría las horquillas y los lazos de su pelo.


-¡Pica!- exclamó de nuevo. Pero el papel no picó porque su boca era demasiado pequeña. Ana dejó la caña en el suelo y al hacerlo vio en el espejo que estaba completamente despeinada. De nuevo recordó las palabras de su madre. “Ana….intenta no mancharte” -Bueno estar despeinada no es estar manchada- pensó . Para salvar al papel no tendría más remedio que pedir ayuda. Mientras tanto, el Gran Nicopolidis y Oluffsen, el gnomo viajero la miraban desde la bañera. -¡Tenéis que ayudarme!- les dijo –el papel está en peligro y yo no puedo mancharme. Pero no os preocupéis, tengo un plan: yo agarraré por los pies a Oluffsen, Oluffsen agarrará los pies de Nicopolidis y Nicopolidis estirará del papel. Luego yo tiraré muy, muy fuerte. Pero para asegurarse que Nicopolidis no se quedaba atascado lo cubrieron bien cubierto con crema de manos. Al terminar con todo el bote de crema, Ana se dio cuenta que también se había embadurnado el vestido y de nuevo recordó las palabras de su madre: “Ana….no mancharte” -Bueno estar llena de crema no es estar manchada- explicó a sus amigos. Y todos estuvieron de acuerdo. Ana cogió a Oluffsen, Oluffsen a Nicopolidis y éste buceó hasta el papel. - A la de una, a la de dos, y a la de… ¡Tres!- gritaron todos juntos. Y tan fuerte tiró Ana que los cuatro salieron disparados contra un mueble. Un montón de tarros pringosos, polvos y barras de maquillaje cayeron sobre el vestido de Ana. Por fin el papel estaba a salvo. -¡Gracias amigos!- dijo el papel –entre todos lo habéis conseguido. En ese momento Ana recordó que se estaba haciendo pis. ¡Y creía que mucho! Y justo al sentarse en la taza del váter sus padres aparecieron por la puerta del baño. Al verla mojada, despeinada y cubierta de crema y de manchas solo fueron capaces de decir: -Pero Ana… -¿Lo veis? No se cómo lo hacen- dijo Ana –pero al final las manchas siempre me encuentran. FIN


Querido lector,

gracias por hacer realidad esta historia.


Vista previa ¡No te manches!  

Nº registro propiedad:1502093213989 Ana tiene una extraña relación con las manchas, allá dónde va éstas siempre la persiguen, y sin que ell...

Vista previa ¡No te manches!  

Nº registro propiedad:1502093213989 Ana tiene una extraña relación con las manchas, allá dónde va éstas siempre la persiguen, y sin que ell...