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Tragamanzanas


Abre el libro... ...haz que ocurra


Este libro está inspirado en

Aina A. R.

Colección Nialas

Título original: Una historia peluda Primera edición en Noviembre de 2014 Texto: Sara Nicolás y Óscar Rull Ilustraciones: Daniel Estandía © LOS CUENTOS DE TRAGAMANZANAS Manzanares el Real, Madrid Teléfono: 91/140 92 17 editorial@tragamanzanas.com www.tragamanzanas.com

Impreso en Madrid, España Depósito Legal: M-11992-2015 ISBN: 978-84-944440-2-9 El papel que usamos en nuestros libros procede de bosques gestionados para la sostenibilidad.


Sara Nicolás

Daniel Estandía

Tragamanzanas

Una historia PELUDA

Óscar Rull


Este cuento va de pelos. Bueno de los pelos de una niĂąa llamada Aina.

A Aina le gustaban tantas cosas como pelos tenĂ­a su cabeza.


Le gustaba salvar bichos que se ahogan, comer masa cruda de los pasteles y hacer amigos en cinco minutos.


Pero claro, tambiĂŠn habĂ­a cosas que no le gustaban. Casi tantas como enredones se formaban en su cabeza.

Detestaba ordenar su habitaciĂłn, comer verduras, volver caminando del parque y peinarse. Especialmente peinarse.


Y es que en esta historia de pelos lo que Aina realmente odiaba era lavarlos y peinarlos.


Cada vez que llegaba la hora del baño Aina lloraba, chillaba y pataleaba. Su madre entonces le preguntaba: –Si tanto odias lavarte y desenredarte el pelo, ¿por qué no te lo cortas? Pero tampoco se lo quería cortar. Lo que en realidad quería era no volver a lavárselo jamás.


Así que cierto día sus padres, cansados de tanta rabieta, le dijeron: –¡De acuerdo, Aina, tú ganas! No volveremos a lavarte el pelo. Aina se puso tan contenta que corrió a guardar el champú en lo más profundo del cajón.

¡Por fin se acabaron los tirones!


A partir de ese d铆a su pelo empez贸 a tomar formas muy divertidas.


Por las mañanas nada más levantarse Aina parecía un león.


Cuando llegaba al colegio cualquiera dirĂ­a que llevaba un enorme sombrero. Y al caer la noche su pelo estaba tan enredado que le servĂ­a de almohada.


Aina se sentĂ­a muy feliz, aunque a veces le picaba un poquito la cabeza.


Al llegar el invierno su pelo estaba tan adornado como un ĂĄrbol de navidad. En su cabeza habĂ­a plumas, briznas de hierba y pedazos de papel.


Hasta tenĂ­a pegado un trozo de chicle que se habĂ­a comido en verano.


Había que reconocer que con todas esas cosas en la cabeza, Aina tenía un aspecto muy extraño.


Pero eso a ella no le importaba.

En realidad lo Ăşnico que le molestaba era ese terrible picor.


En primavera el pelo de Aina estaba tan enredado que unos pájaros decidieron que era un buen lugar para hacerse un nido Pusieron tres huevos de los que nacieron tres crías, feas, hambrientas y muy chillonas:

–¡MÁS COMIDA! ¡QUEREMOS MÁS COMIDA! ¡TENEMOS HAMBRE! –decían en su idioma de pájaro.

Aunque Aina les pidiera que se callaran ellos continuaban piando.


Piaban en el colegio, piaban mientras Aina veía los dibujos de la tele

e incluso piaban cuando llegaba la hora de dormir.

Por mucho que Aina quisiera a aquellos pájaros, era imposible vivir con tal jolgorio en su cabeza. Además estaba el insoportable picor…


Así que Aina decidió ir a hablar con sus padres, y con la cabeza llena de pájaros les dijo:


– Creo que lo mejor serå cortarme el pelo. Necesito un cambio de look.


Finalmente, este cuento que va de pelos, termin贸 con todos ellos en el suelo de la peluquer铆a.


Aina se cort贸 la melena y coloc贸 el nido en un 谩rbol.


Porque verlos desde su ventana siempre serĂ­a mejor


que vivir con un nido en la cabeza.

FIN


UNA HISTORIA PELUDA Este cuento va de pelos. Bueno de los pelos de una niña llamada Aina. A Aina le gustaban tantas cosas como pelos tenía su cabeza. Le gustaba salvar bichos que se ahogan, comer masa cruda de los pasteles y hacer amigos en cinco minutos. Pero claro, también había cosas que no le gustaban. Casi tantas como enredones se formaban en su cabeza. Detestaba ordenar su habitación, comer verduras, volver caminando del parque y peinarse. Especialmente peinarse. Y es que, en esta historia de pelos, lo que Aina realmente odiaba era lavarlos y peinarlos. Cada vez que llegaba la hora del baño Aina lloraba, chillaba y pataleaba. Su madre entonces le preguntaba: –Si tanto odias lavarte y desenredarte el pelo, ¿por qué no te lo cortas? Pero tampoco se lo quería cortar. Lo que en realidad quería era no volver a lavárselo jamás. Así que cierto día sus padres, cansados de tanta rabieta, le dijeron: –¡De acuerdo, Aina, tú ganas! No volveremos a lavarte el pelo. Aina se puso tan contenta que corrió a guardar el champú en lo más profundo del cajón. ¡Por fin se acabaron los tirones! A partir de ese día su pelo empezó a tomar formas muy divertidas. Por las mañanas nada más levantarse Aina parecía un león. Cuando llegaba al colegio cualquiera diría que llevaba un enorme sombrero. Y al caer la noche su pelo estaba tan enredado que le servía de almohada. Aina se sentía muy feliz, aunque a veces le picaba un poquito la cabeza. Pero rascarse era mucho menos desagradable que peinarse. Al llegar el invierno su pelo estaba tan adornado como un árbol de navidad. En su cabeza había plumas, briznas de hierba y pedazos de papel. Hasta tenía pegado un trozo de chicle que se había comido en verano.


Había que reconocer que con todas esas cosas en la cabeza Aina tenía un aspecto muy extraño. Pero eso a ella no le importaba, en realidad lo único que le molestaba era ese terrible picor. En primavera el pelo de Aina estaba tan enredado que unos pájaros decidieron que era un buen lugar para hacerse un nido. Pusieron tres huevos de los que nacieron tres crías, feas, hambrientas y muy chillonas: –¡MÁS COMIDA! ¡QUEREMOS MÁS COMIDA! ¡TENEMOS HAMBRE! –decían en su idioma de pájaro. Aunque Aina les pidiera que se callaran ellas continuaban piando. Piaban en el colegio, piaban mientras Aina veía los dibujos de la tele e incluso piaban cuando llegaba la hora de dormir. Por mucho que Aina quisiera a aquellos pájaros, era imposible vivir con tal jolgorio en su cabeza. Además estaba el insoportable picor… Así que Aina decidió ir a hablar con sus padres, y con la cabeza llena de pájaros les dijo: – Creo que lo mejor será cortarme el pelo. Necesito un cambio de look. Finalmente este cuento que va de pelos, terminó con todos ellos en el suelo de peluquería. Aina se cortó la melena y colocó el nido en un árbol. Porque verlos desde su ventana siempre sería mejor que vivir con un nido en la cabeza.

FIN


Querido lector,

gracias por hacer realidad esta historia.


Vista previa UNA HISTORIA PELUDA  

Nº registro propiedad:1501163014402 ¿Cuántas veces has deseado que tus padres no volvieran a desenredarte ni peinarte el pelo? ¿Te has preg...

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Nº registro propiedad:1501163014402 ¿Cuántas veces has deseado que tus padres no volvieran a desenredarte ni peinarte el pelo? ¿Te has preg...

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