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TRIÁNGULO Por Mario Gómez Prieto Mariana es alta, delgada, tiene cuerpo atlético. Sus ojos azules contrastan perfecto con su pelo rubio, liso y muy largo que cae sobre sus finos hombros. Tiene nariz respingada y pequeña, que deja al descubierto sus labios carnosos de sabor a fresa fresca. Su movimiento coordinado de caderas muestra con firmeza sus grandes y duras nalgas, y deja volando en el aire ese carácter fuerte, que también demuestra cuando abre su dulce boca de dientes muy blancos y labios sabor fresa y me dice – hola-, pasa y yo me quedo con la nariz congelada por el olor a cielo de su perfume. La veo pasar todos los días por esa puerta, luciendo igual de radiante y hermosa. El gimnasio “BigMuscles” se convierte en su aposento en el mismo instante en que empieza a trotar en la tercera máquina junto a la puerta del spa. Yo por mi parte me siento inmóvil ante tanta hermosura y hasta el olor a sudor mezclado con la música electrónica que antes de su llegada me parecían insoportables, se complementan perfectamente con el trote calmado que realiza. A veces me ilusiono pensando que su única intención de ir al gimnasio, aparte de embellecer más su cuerpo, es la de verme ahí parado, perplejo y enloquecido con su presencia, desnudándola con la mirada mientras la veo pasar frente a mí. “BigMuscles” que antes de la llegada de Mariana lucía tan grande y lleno de vida, con Ella adentro se había reducido a una máquina trotadora. Ni siquiera los golpes en las tablas del segundo piso debido a los aeróbicos, me distraían al verla ahí trotando ahora un poco más rápido. Todo este sueño de primavera que estoy viviendo, se desvanece de repente cuando Jorge hace su aparición en el gimnasio; podrá ser muy grande y fuerte, pero es un imbécil; lo primero que hace es sonreírle a Mariana, y luego me aprieta la mano tan fuerte que quisiera quitármela, pero yo soy muy paciente porque estoy seguro de que el pobre no tiene oportunidad con ella, está más que comprobado que mariana solo tiene ojos para mí. Cuando le declare mi amor, renuncio y me voy con mi amor muy lejos. +++ A veces pienso que ver a Jorge con sus grandes músculos, sus ojos negros profundos, sus labios tan rojos como una gota de sangre y su pelo rubio medio largo, se ha vuelto mi única motivación para venir a este gimnasio. Ya nada de lo que hago en la cotidianidad me alegra tanto como verlo entrar todos los días a las


8:30 am, siempre tan puntual, ya tengo calculada su rutina; entra con su seriedad característica y solo sonríe cuando me ve corriendo en la tercera máquina junto a la puerta del spa. Luego pasa frente Carlos, el encargado de las inscripciones, le da la mano muy serio, y alcanzo a ver como aprieta entre sus grandes dedos la mano de Carlos, que apenas suelta una sonrisita que se nota es de dolor. Habla muy poco, cuando nos cruzamos, lo único que puedo ver salir de su boca, es un ¿Cómo estás?- muy seco, muy insípido, que también me dice cuánto le gusto, lo sé, porque la experiencia me ha enseñado que cuando un hombre está interesado en una mujer se hace el indiferente. Pero todas tenemos un límite, ya han pasado tres meses desde que vengo al gimnasio solo por verlo, y nada, trato de pensar que es muy tímido y no se atreve a declararme su amor. Esa idea me mantiene con la esperanza, y me hace esperarlo un poco más. Lo único que sé que voy a hacer es declararme, si pasa más de un mes y él no lo ha hecho. Pero estoy segura de que lo va a hacer muy pronto. Ojala así sea, porque ya me estoy cansado de venir todos los días a “Big Muscles”; es insoportable el ruido, el olor a sudor y sobre todo Carlos, no hace sino mirarme detrás del mostrador, y se le nota demasiado que me desea, no sé porque, si la única palabra que le digo todos los días es –hola- y sigo mi camino hacia la máquina trotadora, mientras él se queda parado tieso como una roca, como si le hubiera dado un ataque cardiaco. Lo único que me motivaría a coquetearle seria que me diera un descuento en la mensualidad del gimnasio, pero ni siquiera por eso lo haría. El día en que Jorge me declare su amor, me largo de aquí. +++ Ya estoy cansado de que se miren así, no se dan cuenta de que para mí es muy difícil verlos coquetear de esa forma, cómo es posible que a Mariana le guste Carlos, eso es inadmisible. Y es de todos los días, cada vez que llego y aprieto las manos frágiles de él, ella está allí en la máquina trotadora mirándolo mientras Carlos suelta esa sonrisita con sus manos entre las mías. Carlos con su apariencia de tipo buena gente estoy seguro que mira a Mariana por respeto y cortesía porque se nota que es gay, sus ojos verdes lo dicen todo el tiempo, me mira y sonríe mostrando sus dientes blancos detrás de esos labios rosados, no es muy alto, pero con su apariencia elegante y limpia podría conquistar a cualquier hombre si se lo propusiera, por eso me molesta tanto que ilusione así a Mariana, que no hace sino mirarlo y mirarlo, la pobre no sabe que muy pronto todo cambiara porque es obvio que tarde o temprano saldrá del closet, nadie es capaz de vivir con un sentimiento tan grande para guardárselo toda la vida. Y en ese momento es cuando entro yo, estoy seguro de que Carlos tiene una obsesión conmigo pero no se atreve a decirme nada, de pronto por miedo a que yo lo


rechace, ¿pero acaso mis apretones de mano no le dicen nada?, estoy obsesionado con él, me encanta y me da rabia que Mariana lo quiera para ella, lo malo es que mi buen corazón no me deja ser malo y por eso tengo que ser hipócrita cuando le digo -¿Cómo estás? Lo único que me anima es la idea de saber que va a ser muy pronto el momento en que Carlos me confiese su amor, me imagino sus palabras: “Jorge no aguanto más, te amo y quiero estar contigo” y ahí yo lo abrazare y nos largaremos de aquí para siempre.

Triangulo  

Por: Mario Gómez Prieto