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andéncuatro

Él, el elefante marino, come con sencillez, y tiene ojos bonitos, pero cuando se enfada, su nariz en forma de trompa se dilata y asusta a todo el mundo. El guarda que lo cuida no le hace daño.¡Nunca se sabe lo que puede pasar! Si todos los animales se enfadaran, protagonizarían una buena historia. Os lo podéis imaginar, amiguitos, el ejército de los elefantes de tierra y de mar llegando a París. ¡Un auténtico caos! El elefante marino no sabe hacer otra cosa más que comer peces, pero es algo que hace muy bien. Parece ser que, antiguamente, había elefantes marinos que hacían malabarismos con armarios, pero resulta imposible saber si es verdad… ¡Ya nadie quiere prestar el suyo para comprobarlo! El armario podría caerse, el espejo romperse y eso sería muy costoso; porque al hombre le gustan mucho los animales, pero le tiene más cariño a sus muebles. El elefante marino, cuando no lo molestan, es feliz como un rey; mucho más feliz que un rey, porque puede sentarse sobre la barriga cuando le da la gana, mientras que el rey, incluso en el trono, siempre está sentado sobre su trasero. tw Del libro: Cuentos para niños no tan buenos. Jacques Prévert. (Título original: Contes pour enfants pas sages). Traducción: Juan Gabriel López Guix. © Ilustraciones: Elsa Henríquez. Editorial Libros del Zorro Rojo, Barcelona - Madrid, 2011.

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Cuentos para el andén nº23 (Especial Infantil)  

Este Número Especial es un homenaje que Cuentos para el andén quiere hacer a los lectores más pequeñuelos, una invitación a refugiarnos tod...

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