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andénuno

El juego de bridge de la señora López Yuri Herrera

SONÓ el despertador. La señora López abrió los ojos y su cuerpo se puso alerta sin modorra de por medio. Estaba acostumbrada. La reina del hogar se levanta primero que nadie. Le dio un beso en la mejilla al señor López para que empezara a desperezarse y salió de las sábanas. Despertó a los niños. Les abrió el agua de la regadera. Bajó en camisón de seda a preparar el desayuno. Dejó a los niños en el camión escolar después de que terminaron sus hot cakes, y al señor López en su auto último modelo después de que tomó su antiácido. Que tengas un buen día, se dijeron. La señora López levantó la cocina, tendió las camas -hoy no venía la sirvienta-, se bañó, hizo una lista de los asuntos de casa y las citas de la mañana. Comprar las croquetas del perro, ir con el marido de la señora Baisigoitia, luego al salón de belleza y después cita con el ingeniero Canet. Pero no. Primero salón y luego cita con el ingeniero Canet no. Siempre que trabajaba con el ingeniero terminaba hecha un desastre. Cómo le gustaban al ingeniero las correas y mordazas. Y, consecuentemente, los moretones. Iba con el trabajo, por supuesto, pensó la señora López, pero a veces terminaba tan cansada. Llamó al salón para posponer el maquillaje y el permanente. Miró el reloj, pero qué tarde se le ha hecho. Ya que había ido al súper por el alimento del perro decidió hacer la compra de la semana. Gelatina sabor chicle para

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Cuentos para el andén nº22  

En Cuentos para el andén, queremos colaborar con otros proyectos que, como el nuestro, buscan hueco en el panorama cultural mediante financi...

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