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andéndos

Porvenir María José Codes HACE frío a esta hora de la mañana. Un indigente se acomoda en el banco entre las esculturas de los reyes godos, a escasos metros de mí. En cuanto despliega sus enseres me descubre y se me queda mirando, sin pestañear. ¿Qué hacer cuando alguien te mira así, sin venir a cuento? Su mirada me apunta como un dedo acusador. Me gustaría decirle que no es mi culpa si las cosas no me van tan mal. Pero guardo silencio, claro. El hombre me mira desafiante, con arrogancia. La suya es una mirada que pone en evidencia, como el reactivo que señala una nube de orín a tu alrededor en las aguas transparentes de una piscina.

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Cuentos para el andén nº19  

En este número de Cuentos para el andén está presente la voz de los mecenas que nos pusieron alas, los que nos ayudaron a llegar hasta aquí:...

Cuentos para el andén nº19  

En este número de Cuentos para el andén está presente la voz de los mecenas que nos pusieron alas, los que nos ayudaron a llegar hasta aquí:...

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