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nº19

septiembre 2013

elmuro [3] crowdfunding:agradecimiento [5] andénuno [6]

A la Deriva, Horacio Quiroga andéndos [11]

Porvenir, María José Codes andéntres [14]

La noche de las ranas, Pedro Ugarte dindondin [16] decamino [17] brevemente [19]

El pasillo, Javier Yohn Planells entrecocheyandén [20]

Los Duendes, José Díaz Sánchez metroligero [22] pormotivosajenos [23]

contenidos extra

Pilar Castro

En este número, en la sección Brevemente, abrimos Cuentos para el andén a otro género: el cine, también en formato breve. Disfruta del cortometraje "El pasillo", basado en un relato del director.

Edita: grupo andén comunicación C/ Feijoo, 6 - 4ºA - 28010 Madrid | edicion@cuentosparaelanden.com | www.grupoanden.com Consejo editorial: Alejandro Moreno, Víctor García Antón y Juan Carlos Márquez Publicidad: publi@cuentosparaelanden.com | Diseño: www.jastenfrojen.com Ilustración: © tiagertrudis | www.leticiaestebanilustracion.com | info@tiagertrudis.com

Con la colaboración de:


elmuro

Finalistas:   

Tema: Callejeando

Enamoradas de la calle - Mónica Solís - Madrid Calle-ando - Otoño Suzume - Bogotá Sin título - Merche Valdés - Denia (Alicante)

Ganador: Sin título I de la serie Mujeres al sol - Jorge Boullosa (Bulhosa) - Ceuta

Concurso de fotografía Participa enviando tus fotos a lector@cuentosparaelanden.com Consulta las bases y mira las fotos en Facebook y grupoanden.com Tema del próximo mes: Aceras

Te escuchamos: Cuentos para el andén @cuentosanden lector@cuentosparaelanden.com

www.grupoanden.com

En este número de Cuentos para el andén está presente la voz de los mecenas que nos pusieron alas, los que nos ayudaron a llegar hasta aquí: los relatos de andéndos y andéntres los han elegido ellos. No te quitamos más tiempo, esperamos que lo disfrutes.

tw grupo andén comunicación

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crowdfundingagradecimiento

muchas

gracias a los que nos habéis apoyado

Son embajadores de Cuentos para el andén

Son mecenas: Giuseppe Favale, Mercedes Postigo Bretón, puntocompra, Paloma Gaspar, ceciangelessr, Patizas, denisobrevilla, Nat Muñoz, Kike Lapido, miguelangelbrotherthebest, Luz Bolado, Daniel Martínez Ortega, Mónica Ramírez Martín, pablovazquez, Nuria Sierra Cruzado, Ángela Marcos, serapia, Malek Aro, Rabuja, Livia, rosagloria, Marta Fernández, Luis Urbano, sucaro, Fernando Gupayo Trejo, Gema M García, marisus, Amalia Santizábal, Viganton, Carmela Tortajada Serra, maragata, Pablo Rivero, alvarodrv, blanquiqui, José Javier Rodríguez Hernández, besodelagarto, TallerdeEscrituraFuentetaja, Manuel Labrador Pro, argamasa, Javier Yohn Planells, Teresa Raventos, eugenia20, maricarmenalonso, Andrew MacFarlane, Tere Susmozas, Mariví Aguado, ibayo, maldonado, IciarFernando, celiafm, ricardoalonsom, Miguel Nadal, Ricardo Hierro, Agaragorri, Igor Prieto Hernández, LaGateradelaVilla, jesusbh, mariaescritora, AmigosdeLASLETRAS, escrituracreativa, EdEscritores, Antonio Fernandez Masanes, Wibooki, Luis Miguel Morales Peinado, Ediciones Traspiés, LibreroJavier, Álvaro Piédrola Nadal, Poetisapetisa, Jasten Fröjen, Rokio, crisostomo, Groria Farinas, TallerEscritura, ElLápiz.

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andénuno

A la Deriva Horacio Quiroga

EL hombre pisó algo blanduzco, y enseguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú1 que arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque. El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de plano, dislocándole las vértebras. El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho. El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento. Llegó por fin al rancho, y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche2. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.

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Yararacusú: víbora muy venenosa. Trapiche: molino utilizado para moler caña de azúcar o minerales.


andénuno

-¡Dorotea! -alcanzó a lanzar en un estertor-. ¡Dame caña3! Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno. -¡Te pedí caña, no agua! -rugió de nuevo-. ¡Dame caña! -¡Pero es caña, Paulino! -protestó la mujer espantada. -¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo! La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana4. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta. -Bueno; esto se pone feo -murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla. Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos, y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo. Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentose en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú5 corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú. El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito -de sangre esta vez- dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte. La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloro3 4 5

Caña: aguardiente obtenido de la caña de azúcar. Damajuana: garrafa de vidrio o loza cubierta de mimbre. Iguazú: afluente del Paraná.

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andénuno

so. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a TacurúPucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados. La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho. -¡Alves! -gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano. -¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! -clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva. El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, atrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única. El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración. El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú. El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. 8


andénuno

¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje. ¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos6 cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay. Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente. De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho. ¿Qué sería? Y la respiración también... Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves... El hombre estiró lentamente los dedos de la mano. -Un jueves... Y cesó de respirar.

tw Del libro: Cuentos de Horror. Editorial Traspiés, 2012. Horacio Quiroga (Salto, 1878 - Buenos Aires, 1937). Considerado como uno de los fundadores del cuento hispanoamericano moderno. Sus experiencias como colono en la selva de Misiones le proporcionaron el escenario y los personajes para la mayoría de sus cuentos.

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Guacamayo: papagallo americano.

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Siempre que vuelvo a pasearme por uno de sus relatos fluyen nuevas y sorprendentes historias que van apareciendo en cada renglón. desdevallekas.blogspot.com Historias hermosas, cercanas, casi susurradas de las que se sale con un dedo entre las páginas, media sonrisa y mucho que opinar. entremontonesdelibros.blogspot.com En algunos momentos he creído estar leyendo a Allan Poe. laviejaencinadelazubia.blogspot.com Una especie de realismo mágico del que “El castaño milenario” también deja buena huella. elprocesoimperfecto.wordpress.com Hay que leerlo sin prisas, sin premura. Disfrutando de cada historia. mislecturasymascositas.blogspot.com

A la venta en


andéndos

Porvenir María José Codes HACE frío a esta hora de la mañana. Un indigente se acomoda en el banco entre las esculturas de los reyes godos, a escasos metros de mí. En cuanto despliega sus enseres me descubre y se me queda mirando, sin pestañear. ¿Qué hacer cuando alguien te mira así, sin venir a cuento? Su mirada me apunta como un dedo acusador. Me gustaría decirle que no es mi culpa si las cosas no me van tan mal. Pero guardo silencio, claro. El hombre me mira desafiante, con arrogancia. La suya es una mirada que pone en evidencia, como el reactivo que señala una nube de orín a tu alrededor en las aguas transparentes de una piscina.

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andéndos

Me mira como si me hubiese descubierto, lo que es del todo imposible. Como si callase un largo reproche: "Afróntalo, te han despedido". Me parece ver un amago de sonrisa. Casi puedo oír lo que piensa: "Te han echado, así, sin más, después de ...". Enciende una colilla vieja y vuelve a mirarme, con ganas de soltarme un discurso: "Llegaste a pensar que eras imprescindible, ¿eh? Tú, que habías advertido cien veces, a tus cien subordinados, que nadie, absolutamente nadie, era imprescindible. No, a mí no me engañas como a los otros, a los que has dicho que no te importa lo más mínimo, que incluso te alegras". Ese hombre, con su carrito y sus bolsas, me mira como si me conociese de veras.

tw Del libro: Desahuciados / crónicas de la crisis. Ediciones Traspiés, 2013. María José Codes es autora de las novelas Control remoto (Calambur Ed.) -Premio Río Manzanares Madrid-, La azotea, (El Brocense) -Premio Cáceres- y de la Guía del escritor Intriga y suspense (Alba Ed.). En narrativa breve ha recibido, entre otros, el Premio del Club del Libro en Español de Naciones Unidas.

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andéntres

La noche de las ranas Pedro Ugarte

ERA una madrugada de octubre y, teniendo mucha prisa por llegar a casa, conducía muy despacio: había llegado a esa edad en que la vida se ha convertido en un bien precioso, protegido con madura y sabia avaricia. Los faros del coche iban desvelando con su haz de luz, metro a metro, el asfalto de la autopista. Había unas curiosas manchas sobre la carretera, una especie de archipiélago de pequeños emplastos adheridos. Algunas de aquellas formaciones de materia se movían. ¿Sería el viento? No, no lo era: tardé algunos minutos en comprenderlo todo. Eran ranas, cientos de irresponsables ranas tratando de cruzar la autopista a base de saltos insignificantes vagando de un lado a otro, resueltas o aturdidas. Me pregunté si aquella extraña migración ocurría todas las noches, o si era una conducta marcada por algún reloj biológico, no sé, una movilización que abarcaba solo el mes de octubre. Quizá las ranas de aquel paraje emprendían su absurda peregrinación precisamente un día al año, un solo día al año, dejando sobre el asfalto el inapreciable tributo de sus vidas.

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andéntres

Pensé en cuántas generaciones de estúpidas ranas tendrían que sucederse para que tomaran conciencia del peligro, de que aquel itinerario las conducía a una masacre. Yo no podía hacer nada por ellas. No había mucha circulación, pero los faros daban cuenta de su presencia cuando la reacción era imposible. Por otra parte, había tantas ranas que cualquier voluntariosa desviación para salvar a una de ellas aplastaría irremisiblemente a cualquier otra. Aquella noche acabé con la vida de decenas de ranas. ¿Qué podía hacer? Solo se me ocurrió poner la música y concentrarme en el deseo de llegar por fin a casa. Pero, sobre todo, eran tan pequeñas. Su inteligencia tan elemental. Y seguí conduciendo con el corazón sobrecogido, envuelto en la falsa protección de la música, temblando.

tw Del libro: Mar de pirañas. Ed. Menoscuarto, 2012. Pedro Ugarte (Bilbao, 1963) es autor de una amplia obra narrativa cuyos últimos títulos son Mañana será otro día, Casi inocentes (Premio Lengua de Trapo), El mundo de los Cabezas Vacías y El país del dinero (Premio Logroño). La noche de las ranas pertenece a su libro de microrrelatos La expedición.

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dindondin

Cortogenia. Festival de cortometrajes 14ª Temporada Inscripciones hasta el 10 de octubre de 2013 http://www.cortogenia.es

Concurso internacional de relatos Palabras sin fronteras Hasta el 4 de octubre de 2013 http://www.escritores.org

3.052 Km y un sueño El testimonio desde un cayuco Libro en financiación colectiva http://www.verkami.com/projects/6475-3052-km-y-un-sueno

XVII Premio de Fotografía Humanitaria Hasta el 31 de octubre de 2013 http://www.medicosdelmundo.org/premioluisvaltuena/

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decamino

Bubok es la editorial online que ofrece a sus escritores la posibilidad de autopublicar y vender sus obras de forma gratuita. El propio autor es quien fija el precio al que quiere vender su obra, siendo el 80% del margen del beneficio para él, y quien elige el formato en el que va a publicar: papel y/o e-book. Gracias al sistema de impresión bajo demanda, el escritor nunca pierde dinero, ya que solamente se imprime el número de libros que hayan pedido los lectores. Empieza ya en http://www.bubok.es

tw Próximamente quedará abierta la convocatoria de la VI edición del Concurso de Creación Literaria Bubok. Con éste, pretendemos fomentar la participación cultural y buscar nuevos talentos literarios. Podrán optar al premio los autores noveles que quieran brillar con luz propia y anhelen hacerse un hueco en la industria editorial. El certamen está dotado con un premio de 2.000€ brutos. Si quieres estar informado, regístrate en www.bubok.es y te avisaremos

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brevemente

El pasillo Javier Yohn Planells En este número te ofrecemos un cortometraje basado en un relato breve del director. 

tw Javier Yohn (Palma de Mallorca, 1983) "El Pasillo es un cortometraje protagonizado por Sara Martín y Pablo Viña. Antes de ser imagen fue palabras. Al final, de lo que se trata es de contar historias y eso es lo que intento. Escribo, dirijo, alguna vez he sido el de la claqueta y hasta el figurante que se ve a lo lejos. No se está mal ahí detrás, detrás de la actriz protagonista, de las imágenes, detrás de las palabras."

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entrecocheyandén

Los Duendes José Díaz Sánchez Alumno de Escuela de Escritores

ESTOY convencido de que no se pueden crear personajes sin haber estudiado mucho la humanidad1, y aquel joven no representaba más de 20 años. La vida no le había brindado la oportunidad de ser tan sabio. Hasta la primavera, la casita unifamiliar rodeada del pequeño jardín estuvo vacía, y parecía abandonada; los árboles, arbustos y yerbajos crecían a su libre albedrío, sin más limitaciones que las que unos imponían a los otros. Un buen día del mes de abril apareció el joven deambulando entre la vegetación, siempre atareado, animoso y hasta cantarín. Bien entrada la mañana, iniciaba el trasiego diario: visitaba una a una las casitas de los duendes esparcidas por cada rincón de la minúscula floresta; Daba los buenos días a sus moradores ofreciéndoles trocitos del pastel del desayuno, de fresas recién lavadas y de manzanas convenientemente troceadas en láminas delgadas. Hablaba animadamente mientras les ayudaba a encontrar el camino de vuelta a sus casas, riendo a carcajadas cuando éstos, al sortear un obstáculo, erraban con el camino de regreso y se alejaban del objetivo, llamándoles entre gritos y risas: torpes o descuidados, ayudándoles a recuperar la dirección correcta. Cuando llovía, utilizaba cualquier objeto para proteger las diminutas casitas de los duendes, y cuando escampaba, se esforzaba en aportar material que reparase los daños de las viviendas, dando consejos sobre la mejor forma de reconstruir. Llamaba a sus amigos por el nombre de pila. ¡Lástima que yo tenga esta memoria de pena y no pueda recordarlos!

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Inicio de La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas, edición 1883, libro prestado por mi amiga María Yela, que aún no leí.


entrecocheyandén

En cuanto a las plantas, todo seguía igual, pues el joven únicamente había introducido en el escenario natural una mecedora de madera en la que reposaba largas horas del día. Pensé que vivía solo, hasta que una mañana, salió al exterior, casi detrás de él, un hombre de mediana edad, que con un vaso lleno en la mano, le dijo: -Has olvidado tomar tu refresco vigorizante, -mientras le tendía el vaso. -No quiero tomarlo, hoy necesito estar despierto, los duendes me necesitan. -Contestó el joven. -Por eso has de tomarlo, tienes que estar fuerte para ayudarles. -Replicó. -No quiero, me quedaré dormido, y no podremos reconstruir las casas que los Elfos han destruido la noche pasada. -Manifestó el joven, más dolido que enfadado. -Si no lo tomas no podrás estar con tus amigos los duendes, me disgustarás y todos sufriremos por ti. -Dijo el hombre, sin dejar de tenderle el vaso. El joven, se puso en pie, y tras un segundo de duda, tomó el vaso, apuró su contenido de un sorbo y continúo su tarea. Posiblemente el hombre, aprendió de la vida, la complejidad y la necesidad de crear e interpretar un personaje. Su semblante era pausado, observador y reflexivo, aparentaba haber vivido muchas experiencias, que de seguro le habían aportado ricos conocimientos. Yo, postrado en mi silla de ruedas, seguí observando el jardín y disfrutando de la incansable actividad y alegría del joven. Nunca divisé ningún duende. Mis ojos cansados ya apenas me llegaban para leer. Mi hija aseguraba que siempre estuvieron allí, y que si yo quisiera verlos, los vería. Lo cierto es que en las largas horas de soledad que pasé en aquella terraza, pude reflexionar sobre el asunto. Sin duda los duendes están allí porque todos los ven. Debo pues encontrar mi forma de percibirlos. 

tw José Díaz: “Nací en un pueblo de Castilla en 1953, malos tiempos, a los 13 años me mandaron a estudiar a Madrid donde cursé Derecho y Criminología. Trabajo en Prisiones como Criminólogo. De mi niñez queda el amor a la naturaleza, hoy me intrigan muchas cosas, una, el manejo interesado de la realidad”.

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metroligero - holakokoro

Š Jasten FrÜjen

tw Kokoro es un personaje singular, que se cuela en CpA, para contarte historias en pocas palabras.

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pormotivosajenos Pilar Castro 11/09/13

Lo breve si bueno... es una joya P- ¿En qué tren estás subida ahora? R- Dirigiendo un texto de Alberto San Juan en Microteatro, Los enamorados, con dos grandes actores: Daniel Muriel y Camino Rubio P- ¿Cuál es el peor aprieto en el que te has encontrado? R- Lo peor que le puede pasar a un actor es que se le olvide el texto. ¡A mí me ha pasado y es el horror! P- ¿La obra en la que hayas trabajado con la que más te has divertido? R- El Inspector, con Miguel del Arco. P- Completa la frase: Yo para ser feliz… R- Necesito estar activa. P- Los trenes que se pierden ¿vuelven a pasar? R- Yo creo que pasan, pero por suerte siempre vienen nuevos y a veces mejores. P- Lo breve si bueno… R- Es una joya.

P- ¿Qué libro te ha marcado? R- Libertad de Jonathan Frazen. P- ¿Qué libro estás leyendo ahora? R- Personas como yo de John Irving. P- Cuéntanos un truco infalible R- Vive como piensas o acabarás pensando como vives. P- ¿Cuál es la mejor forma de contar un cuento? R- En la cama con tu hijo. P- ¿Un medio de transporte que prefieras? R- El tren. P- ¿Hacia dónde te orientas cuando buscas refugio? R- Hacia el mar y si hay verde mejor. P- ¿Cuál es la ciudad donde te encuentras mejor? ¿Qué es lo que más te gusta de ella? R- Me encantan San Sebastián y Barcelona. De las dos me gusta todo, sobre todo la comida. 

tw Pilar Castro dirige durante el mes de septiembre la obra de teatro Los enamorados, de Alberto San Juan, en Microteatro por dinero, Madrid.



Cuentos para el andén nº19