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andénuno

El lamento de la viuda Mark Twain

UNA de las historias más tristes que he oído (dijo el empleado del banco) ocurrió en Corning durante la guerra. Dan Murphy se incorporó como voluntario y peleó con gran coraje. Los muchachos lo querían y cuando alguna herida lo debilitaba tanto que le costaba cargar su arma, ellos se encargaban de hacerlo. El dinero que Dan iba ganando, se lo enviaba a su esposa para que lo guardara en el banco. Ella era lavandera y planchadora y sabía, por experiencia, cómo cuidar el dinero recibido. No gastaba ni un céntimo. Por el contario, empezó a vivir de manera miserable mientras su cuenta bancaria iba engordando. Pobre mujer, dos veces en la vida había sufrido en carne propia el hambre, el frío, la soledad y la enfermedad sin tener nada de dinero, y la espantaba la idea de revivir lo mismo. Como sea, finalmente Dan murió; y los muchachos, en honor al afecto y el respeto que le tenían, telegrafiaron a la señora Murphy preguntándole si deseaba que embalsamaran a su finado esposo y que se lo enviasen de esta manera a su casa, cuando lo usual era arrojar al pobre muerto en un zanjón e informar de ello a sus seres queridos.

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Cuentos para el andén nº17  

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