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Cuentos para el anden.qxd

25/10/2011

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hecho ninguna muesca, no ha doblado la esquina de la página, tampoco ha insertado ningún marcador. Debe de haber memorizado el punto exacto en que interrumpió la lectura. Bendita memoria. Huele a hierba y a jabón de abuela y un poco a sudor. Es un sudor nervioso por la incertidumbre de no saber a qué hora llegará hoy a clase, conjetura él. El metro sigue sin reanudar la marcha. Eva llega hasta la posición que ocupa Hilario, que continúa de espaldas a ella con las pupilas clavadas en la ventana, como si hubiera algo interesante que observar en la porción de muro desconchado que hay más allá del cristal. Eva reposa la mano sobre el hombro de Hilario. Él no acierta a discernir si se trata de una caricia o de una llamada de atención. Parece que, con ese gesto, se limitara a aguardar a que él se gire, a que le diga algo; pero Hilario calla entre temblores y sucumbe a un sudor gélido y va menguando hasta hacerse muy pequeño, casi microscópico, poco más que una mota de polvo; tan diminuto que logra deslizarse por la estrechísima ranura que hay en la base de la puerta, fuera del compartimento. Hasta que está seguro de hallarse en el exterior, no voltea la cabeza. Atrás queda el zapato aumentado de Eva y el pespunte de su falda verde, que cae como un telón al fondo de su huida. Hilario trata de reconocer el enorme túnel oscuro en el que ahora se encuentra. Huele a humedad y hace un frío de muerte. El metro arranca y se aleja llevándose la última oportunidad de decirle algo a Eva. Como dos faros, se le echan encima a Hilario dos ojos amarillos y un hocico desmesurado. Los colmillos, de tan blancos, parecen postizos. Babean. Son los colmillos de la reina de las ratas que pueblan los corredores deshabitados del suburbano. Detrás de ella van llegando muchas más ratas enormes en siniestra procesión. Salen de debajo de las vías, se desprenden del techo cóncavo y de los agujeros de las paredes, llegan por delante y también por detrás. Todas bailan. Están bailando mientras agitan las colas. Por fin han dado con un humano minúsculo que echarse a la boca. 

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Ϯϭ

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