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entrecocheyandén

Probabilidad de lluvia Olga Sesa

Alumno de Escuela de Escritores

UNA mañana de luz incierta, un hombre apresurado tropezó, en un paso de cebra, con una mujer de cabello rojo. El día había amanecido con probabilidad de lluvias débiles y chubascos dispersos, aunque algún tímido rayo de sol asomara a través de las nubes grises. A punto estuvo la mujer, que llevaba en su mano derecha una bolsa llena de naranjas de perder el equilibrio. Vaciló un instante. Se recobró. Pero no pudo evitar que la bolsa cayera al suelo, ni que las naranjas salieran despedidas sobre el asfalto en todas direcciones, como bolas de billar al comienzo de una partida. Disculpándose con torpeza, el hombre ayudó a la mujer a recoger las naranjas mientras la observaba a hurtadillas. Su pelo llameaba bajo la luz de aquel sol improvisado. A mediodía, ese mismo hombre, volvió a ver a la mujer en un restaurante, tomando un café, con sus cabellos color de fuego. Llevaba un vestido de flores y unos zapatos de tacón con una pequeña hebilla metálica. Sin más razón que la casualidad del reencuentro, al hombre le pareció casi bella y creyó conocerla del todo. La mujer también lo reconoció. Apoyó sus manos sobre la mesa y presionó con fuerza la punta de sus zapatos brillantes sobre el suelo, en un claro y espontáneo gesto de levantarse y acudir junto a él, pero después se arrepintió. Se limitó a bajar la mirada, sus zapatos se relajaron y continuó hablando, confusa y visiblemente nerviosa, con las personas que la acompañaban. Por la tarde el cielo se cubrió de nubarrones cobrizos y los edificios, antes de disolverse definitivamente en las sombras, se difuminaron en rojo. El hombre sintió una inexplicable emoción, seguida, como cualquier esperanza, de una no menos inexplicable tristeza. La noche se cerró en negro. Aquel día no llovió, pero la probabilidad de lluvia perfumó el aire e hizo zozobrar todas las hojas de los árboles en los parques de la ciudad.< tw Olga Sesa. He nacido y vivo en Madrid. Con veinticinco años dejé de escribir y me zambullí de

lleno en la vida real. Tras un verdadero empacho de “no ficción” regreso ahora a la literatura, de donde nunca debí salir. Soy alumna de Ángel Zapata en la Escuela de Escritores de Madrid.

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Cuentos para el Andén Nº72  

Este mes, en Cuentos para el Andén, queremos celebrar nuestro séptimo aniversario como se merece, con siete (más una) joyas en forma de afor...

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