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andéndos

Carlettino pasó de ser un paria simpático a ser nuestro único embajador. Recuerdo con claridad esa primera llegada a la puerta del Mendoza. Él se bajó de un coche grande y brillante que conducía un chófer que le debió de poner la discográfica. Estaba más guapo: el lustre del éxito le iluminaba la cara. Hubo gritos y empujones. Llevaba una tralla recia de oro en el cuello y las ropas recién compradas. A su lado un gitano con una guitarra. Carreras en el mercado y en diez minutos había más de doscientas personas alrededor de la terraza. Comieron lo mejor que se podía en el Mendoza, cantaron y repartieron besos y abrazos. Había alegría en la vuelta de Carlettino al barrio pero también en aquella comida y en su exposición había algo de desquite. Cuando se cansó de cantar se subió saludando al Seat 1500 y volvió hacia el centro o a algún pueblo de la costa donde decían que tenía un bolo. En esos años de triunfo vino poco por el barrio, un par de veces a lo sumo: cuando la muerte de su tía y para un festival benéfico en el Círculo para reparar los techos de la parroquia. Las dos venidas de Carlettino fueron un acontecimiento y en una de ellas llegué a estar cerca de él. En aquel único encuentro él paseaba un perro enorme, un gran danés casi tan alto como él y mi madre se le acercó en la puerta del mercado: era cordial con mi madre, sonreía, se acercó a mí, me dijo algo y me tocó la cabeza y yo me sentí ungido por el ídolo, como Jesús bendijo a los niños en la orilla del Jordán. Me pasé una semana repitiendo con orgullo en el colegio que había hablado con él. Mi admiración pasó en aquel momento a ser fervor, fui engordando la historia y llegué a presumir de que era amigo de Carlettino. Tras aquella última visita desapareció para siempre del barrio. Se decía que se había ido a vivir a un pueblo turístico de la costa y que había abierto una taberna donde se cantaba y a la que acudían famosos. Por las revistas nos fuimos enterando de que se había casado con una azafata danesa

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Cuentos para el Andén Nº72  

Este mes, en Cuentos para el Andén, queremos celebrar nuestro séptimo aniversario como se merece, con siete (más una) joyas en forma de afor...

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