Cuentos para el Andén Nº68

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Mi madre me abraza, mi madre me besa, mi madre me quiere, yo la miro sin decir nada, cómo puede estar pensando en cortarme. Mi hermana mayor ríe. Los blancos no son como nosotros. Nosotros somos diola y nuestra estirpe es de herreros, me confunde. Mi hermano manda dinero todas las semanas. Deberían hacerle caso. Rezo para que mi hermano amenace a mis padres con no enviar más dinero. Qué comeríamos. Ni ser diolas ni proceder por apellido de una estirpe de herreros tiene nada que ver con que nos corten, dice mi hermana. Otro de mis 5 hermanos se ha casado con una diankading. ¿Es mi cuñada una mujer impura? ¿Le importa a mi hermano? ¿Acaso le importa a alguien? Mi padre se ha lavado las manos. Me ha fallado. Tenía que haberme defendido, él, que sabe de mi temor. A las impuras las violan, dijo a mi padre el segundo de mis hermanos. Tiene miedo. La impureza es una vergüenza, le gustaría que las cosas se hicieran como deben hacerse y que todo siga en su sitio. Lo que más me duele por dentro es el amor de mis padres, me confunde y me retuerce. He pensado que debo huir. Mi tía solo se ha acordado de mí para llamar a mis padres y decirles que deben cortarme. Es lo único que le importa de mí. Tengo hermanos que no dicen lo que les parece y se mantienen al margen. No creen que deban decir nada. Ni a favor ni en contra. No deciden. No quieren decidir. Deciden otros por ellos. Y les parece bien que así sea. A muchos hombres ya no les importa eso. Es un acto de amor, ¿es que no quieres a tu hija?, ha preguntado mi tía a mi madre. Una madre responsable no permite que su hija sea impura. ¿Acaso no quieres para ella lo que tus padres quisieron para ti? Yo quiero ser una diankading, digo. Mis hermanas ríen. Ser una diankading es lo peor. Asco. Sus carcajadas recorren las estancias de la casa. Yo quiero ser impura, ríen, yo quiero ser impura, ríen, yo quiero ser impura, jajajaja. Luego se apiadan de mí. Comprenden

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