Cuentos para el Andén Nº68

Page 16

andéntres

sar en su vida de después. La erección no es más que un síntoma de que algo no va bien en su trabajo y, por ende, en su vida. Ella tiene razón y hay que estar a lo que se está y la pernera de su malla le delata. Podría matricularse a distancia, encontrar tiempo mientras vigila la ciudad y sacarse, cuando menos, el graduado básico. Podría, pero ahora solo puede pensar en ella, en ella y en sus besos mientras aguarda a que el supervillano termine su maldad para detenerle, regresar a casa y, más allá de salvar a la ciudad, intentar hacer lo mismo con su matrimonio.<

Descerrajado SUS ojos, imberbes todavía, miran con el brillo de lo novedoso la copia que el ferretero está realizando. Se siente como el guerrero al que le estuvieran haciendo una espada, arma que podrá guardar en su bolsillo y emplear cuando le venga en gana. Ya está, una vez terminada, su madre se la entrega para que la estrene. Nervioso, llega a casa, saca su llave del bolsillo, abre y, sin llegar a comprender del todo lo que sucede, cierra tras de sí la puerta de la infancia.<

tw Del libro La vida sin Murphy. Ed. Enkuadres, 2017.

Manuel Rebollar Barro nació en Écija en 1971; conocedor de las altas temperaturas que por estas tierras detienen a los circunspectos termómetros, lo hizo en febrero. Quiso ser dibujante, pero sus pinturas solo podían competir con las de Altamira —maldito mundo tridimensional—. Así que, al ver lo bien que le salían las letras, comenzó con “mi mamá me mima” y desde entonces no ha dejado de dibujar ni un solo día el alfabeto.

16