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andéndos

Pensé que era alérgica al sonido de la balalaika Isabel Cañelles

A Germán. Como la mayoría de los jóvenes de su época, o de cualquier época, sin desenvoltura ni medios de expresión sexual, se entregaba continuamente a lo que una autoridad ilustrada denominaba «placer solitario». Chesil Beach IAN McEWAN

PENSABA en el sexo. Siempre pensaba en el sexo. El sexo se convierte en el sexo cuando piensas en él. —Piensas demasiado —me decía mi marido. Entonces pensaba que pensaba demasiado. Miraba a las personas con las que me cruzaba por la calle y me preguntaba si tendrían dentro de la cabeza aquel inmenso globo aerostático lleno de parches a punto de caer al fondo del absurdo. Otras veces pensaba que para qué me había casado. Juro por mis muertos que cuando el concejal me hizo la dichosa preguntita contesté: «Vale». —¿Te apetece hacer el amor? —Vale. En el principio de los tiempos sentíamos el malestar. Quiero decir que al principio pensábamos en hacer algo, en solucionar las cosas. Según los anuncios publicitarios la palabra casarse era incompatible con la palabra rendirse. —Tenemos que compaginar nuestros horarios —decía yo muy seria.

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Cuentos para el Andén Nº67  

Este número 67 de Cuentos para el Andén trae dos directos al mentón del último libro de Julia Otxoa; una historia de pareja, sexo, chapas y...

Cuentos para el Andén Nº67  

Este número 67 de Cuentos para el Andén trae dos directos al mentón del último libro de Julia Otxoa; una historia de pareja, sexo, chapas y...

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