Cuentos para el Andén Nº66

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andénuno

vencerlo, pero Jelland deshacía en cinco minutos lo que nosotros habíamos conseguido. Es posible que aquello obedeciese a un simple magnetismo fisiológico, o como ustedes quieran llamarlo; el hecho es que el hombre pequeño era capaz de arrastrar al mayor lo mismo que un remolcador de sesenta pies arrastra una embarcación de aparejo completo. Habían perdido ya todo su dinero y seguían ocupando sus sillas delante de la mesa, para mirar con ojos centelleantes a los que arramblaban con las fichas. Pero una noche ya no pudieron aguantar más. El colorado había salido dieciséis veces seguidas, y aquello decidió a Jelland. Cuchicheó algo al oído de McEvoy, y luego habló unas palabras al croupier. —Claro que sí, Mr. Jelland —le dijo—. Su cheque es tan bueno como los billetes de banco. Jelland garrapateó un cheque y lo puso al negro. Salió el rey de corazones, y el croupier arreó con el trozo de papel. Jelland se puso furioso y McEvoy se puso lívido. Jelland garrapateó un cheque por una suma mayor y lo colocó en la mesa. Salió el nueve de diamantes. McEvoy apoyó la cabeza en las manos, como si fuese a desmayarse, y Jelland refunfuñó: «¡Por vida de... que no me doy por vencido!» Y colocó en la mesa otro cheque, que sumaba tanto como los dos anteriores. Salió el dos de corazones. Momentos después caminaban por el Bund adelante, sintiendo cómo el frescor de la noche jugueteaba en sus caras enfebrecidas. Jelland, encendiendo un cigarro trompetilla, dijo a su compañero: —Supongo que ya comprenderás lo que esto significa. Significa que tendremos que transferir una cantidad de dinero de la casa a nuestra cuenta corriente. No hay por qué hacer aspavientos por una cosa así. El viejo Moore no revisará los libros antes de la Pascua de Resurrección. De aquí a entonces, con un poco de suerte, nos costará poco reponer la cantidad. —¿Y si nos falla la suerte? balbució McEvoy. —Bueno, hombre, hay que tomar las cosas tal como vienen. Tú no te apartas de mí, y yo sigo pegado a ti, y entre los dos saldremos adelante. Mañana por la noche serás tú quien firme los cheques, y vamos a ver si tienes mejor suerte que yo.

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