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andéntres

Nochebuena Ernesto Tancovich

RECORDÉ el aire de otros diciembres, ya lejanos, colmados de aromas. De césped cortado fermentando en parvas a la vera de las calles, del que exhalaban hornos y parrillas, del humo sulfuroso de la pólvora, de valses, tangos y pasodobles alborotando los patios recién baldeados… Este nuevo veinticuatro, ansioso por huir de las detonaciones, la música espantosa y el parloteo enloquecedor de la parentela, volví a pensar en la máquina del tiempo que nos legara el abuelo. La sabía guardada con sus demás cosas —ropa, libros, cuadernos de notas, cartas, fotos, pipas, herramientas, discos de 78 rpm— en el cuarto que lo había visto partir por última vez. Madre lo tenía clausurado con cadena y candado, bajo prohibición de tocar nada. «No hay que usar cosas de muertos», dijo entonces. «La parca es una mujer vieja. Se le borran las caras y, confundida, creyendo haber olvidado algo, puede caernos de visita». Mucho antes, cuando las excursiones de aquel inventor loco aún tenían pasaje de regreso, solía advertirme «No lo molestes. Anda de viaje por los tiempos». Y yo, espiando por la puerta entreabierta, lo sorprendía quieto en su poltrona, la boca abierta y la cabeza metida hasta los ojos en uno de esos cascos de peluquería de damas. Un par de cables que partían desde la altura de las sienes se conectaban a pulseras provistas de diminutas pantallas con cuatro teclas cada una.

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Cuentos para el Andén Nº66  

Este mes abrimos con un grande entre los grandes, Arthur Conan Doyle, nada menos, que nos trae un relato de intrigas y de tintes marineros;...

Cuentos para el Andén Nº66  

Este mes abrimos con un grande entre los grandes, Arthur Conan Doyle, nada menos, que nos trae un relato de intrigas y de tintes marineros;...

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