Cuentos para el Andén Nº66

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andéndos

Cuando mi corazón dejó de martillear, me dije con firmeza que no había de qué asustarse. La gente siempre se dejaba caer por casa de Bucko para beber. Volvieron a llamar a la puerta, atravesé la habitación con firmes zancadas y la abrí. Envuelto por el resplandor del crepúsculo, un hombre alto me miraba con aspecto malvado y un destornillador en la mano. No soy un hombre valiente. Me di la vuelta, grité y salí corriendo. Meterme corriendo en la casa era la mayor estupidez, porque la única salida de aquella tumba subterránea era la puerta principal. No contemplaba volverme y enfrentarme a aquel destornillador, por lo que seguí corriendo. En dos segundos había llegado lo más lejos posible, que era la cocina. Cerré de un portazo la puerta de la cocina y me apoyé contra ella, todavía gritando. Alguien empezó a llamar a la puerta y a decir algo con un fuerte acento extranjero. A duras penas lo oía entre mis gritos. Luego mi mente sembrada de pánico reparó en que me encontraba bajo la luz del sol que provenía de la claraboya tubular. Un hombre lo bastante desesperado podría trepar y reptar a través de ella. La puerta, a mi espalda, vibró tras otra llamada. Estaba lo bastante desesperado. De un pronto me alejé de la puerta y salté sobre una silla. Me lancé a la claraboya y empecé a trepar hacia la salida. Era difícil pero posible, me sentí vagamente esperanzado. Luego me quedé atascado. No soy delgado. Al parecer, la claraboya se estrechó en la mitad y yo no lo hice. Empecé a pedir ayuda a gritos. Debajo de mí el hombre del destornillador gritaba, pero mi cuerpo atrapado amortiguaba unas palabras que de todos modos mis propios gritos hacían inaudibles. Y luego vino la guinda al horror. Dos manos me agarraron los tobillos y empezaron a tirar de ellos. Estaba perfectamente atascado y no era fácil moverme, pero descendía poco a poco. Apreté las paredes de la claraboya con los codos y seguí gritando. Una sombra se interpuso en lo alto de la claraboya. Miré hacia arriba y vi asomar a M.B., preguntándose qué estaba pasando.

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