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entrecocheyandén

La huelga fue aprobada por aclamación, todos estaban dispuestos a seguir a su líder. —¡Vencer o morir! —gritó la multitud enfervorizada. Antonio continuaba subido en el bidón, los brazos abiertos en un abrazo inmenso, viviendo su momento de gloria. Después de la asamblea, el Comité volvió a reunirse. Antonio no quería dejar cabos sueltos. —Tovalina traerá los neumáticos viejos. Encárgate tú de organizar los piquetes. Y tú, ¿has conseguido las llaves del almacén? —Todo en orden, conforme a lo previsto —aseguró Carmen. Y así fue. El día de la huelga cerraron todas las salidas de la fábrica con barricadas, hechas con ruedas viejas de camión, e hicieron acopio de cojinetes para lanzarlos, llegado el caso, a modo de proyectiles. Directivos y mandos quedaron así copados. Se disponían a pegarle fuego a los neumáticos, cuando llegaron los antidisturbios y, sin más, dieron su ultimátum: —Retiren la barricada y dejen la salida expedita, o en tres minutos cargaremos. Sonó un toque de corneta. Y, antes del tercer cornetazo, el Comandante Pollero dio la orden de retirar las ruedas y echarse a un lado. Al cabo de unos minutos los directivos y mandos comenzaron a salir. Al pasar cerca de Antonio, el jefe de personal le dedicó una sonrisa burlona. Ahí Antonio se acordó del Ivancito y de su padre humillado. No se pudo resistir; se plantó justo detrás del jefe de personal y le atizó una patada bestial, como la coz de un mulo —en todo el derrière, diría más tarde Antonio—. Lo que vino después fue una hecatombe. Los antidisturbios cargaron bajo una lluvia de cojinetes. Y Antonio, aun molido a golpes y trillado por las botas, sonrió satisfecho: la humillación de su padre había sido vengada.<

tw José María Sánchez-Bustos. Salamanca, 1947. Licenciado en Ciencias Económicas por la

Universidad de Bilbao. Ejerció su profesión en La Rioja, Salamanca y Madrid. En 2006 conoció Escuela de Escritores, donde siguió varios cursos, que le sirvieron para impulsar su metamorfosis en escritor, proceso que continúa desde hace tres años de la mano de Isabel Cañelles. Autor de relatos como Recordando a mi viejo profesor de francés, Pinball, Chapolas del Cafetal o Barkamena publicados en las antologías “Tic Tac”, “En pocas palabras”, “Pájaros en el alambre” y “Error 404”, además del cuento Cabo de Ajo, publicado en la revista “Cuentos para el Andén”.

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Cuentos para el Andén Nº65  

Este mes, Cuentos para el Andén trae reflexiones sobre el futuro; viajaremos con Pedro Barsanti a una nueva sociedad, aún por llegar, que co...

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