Cuentos para el Andén Nº65

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andéndos

El chico se levanta, deja la taza en la mesa y se va a su habitación. El hombre se queda viendo una vez más cómo pateó el balón a la red.

III Air los ve llegar y activa la fragancia p-3894 («lavanda») con la esperanza de que sus asociadas características calmantes funcionen tan bien como su manual contempla. —A tu habitación. Sin omnicomunicación. Air suspende la tecnología del cuarto a la espera de que el chico llegue, pero éste se ha detenido a protestar la orden. —¡No puedes prohibirme nada! ¡Tú nunca has sido mi padre! —¡Pues ahora lo soy! ¡Y, créeme, ya me gustaría no tener que serlo! Por un momento, el chaval se queda inmóvil. A Air le preocupa haberse pasado con la lavanda, cuya emisión corta al instante. —Me refiero a lo de tu madre, claro. Pero el chico ya está de camino a la habitación. Su padre se sienta en el sofá y deja correr el pelo por entre los dedos. Air piensa en una partitura para levantar el ánimo del hombre. Pero concluye que no hay canción capaz de tanto.

IV —Tienes que tener paciencia. Piensa que es un cambio muy grande para él. Air está comunicado con su gemelo en casa de la persona que habla con su dueño a través de la proyección sobre la mesa de la cocina. Con ello, pueden poner a ambos en el mismo ambiente, garantizando el equilibrio ambiental de las partes y generando una mayor sensación de cercanía. —Está insoportable, no permite el menor acercamiento —cabecea el hombre—. Sólo pido un poquito de empatía, a ninguno de los dos nos gusta esto.

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