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andéndos

Sobre la imposibilidad de publicar Antonio Fernández York

MIS escritos han peregrinado por decenas de editoriales de habla hispana sin despertar interés alguno. Ocasionalmente he recibido en mi casa alguna carta de tal o cual editorial agradeciéndome el envío de mi manuscrito, para luego recurrir al clásico «lamentamos tener que comunicarle...». Guardo esas cartas como algo valioso, como algo que debo conservar por proceder de editoriales de prestigio. A menudo fantaseo pensando en las manos que han podido tocar esas cuartillas. Manos de famosos editores contando el número de autores rechazados en la última semana. Los veo sonreír, atusarse el cabello, producir un chasquido, una mueca. Les escucho pensar mientras toquetean las cartas: «pobres diablos», «indigentes de la escritura», «cuánto esfuerzo en vano». Y escucho lo que piensan mientras palpan mi carta: «Antonio Fernández York. ¿York? Carajo, ¿madre inglesa?, ¿norteamericana?». Ignoro por qué nadie me publica. Mi madre, mi mayor detractora, me dice que escribo raro, incomprensible, minoritario, absurdo. Me aconseja que lo deje, o que cambie el estilo, el tono, los temas, que escriba sobre cosas cotidianas (una pareja que se casa, un matrimonio que viaja, un niño que hace amistad con un mimo). Yo le digo que no sé escribir de otra forma. Anoche, mientras tratábamos de dormir —mi madre y yo dormimos en la misma habitación debido a la estrechez de nuestra casa— le dije: —Mamá, ¿crees que publicaré algún día? —No, no lo creo, sinceramente no lo creo. —¿Pero por qué no lo crees? —Porque no, porque no escribes lo que ellos quieren. Déjame dormir.

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Cuentos para el andén Nº62  

En Cuentos para el Andén vamos a amasar pan con Almu Ballester, recibiremos un curso acelerado de Antonio Fernández York sobre qué debe hace...

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