Cuentos para el andén Nº59

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EN el último episodio de Boreal Everglades, la pequeña Suzy avanza, acompañada de su gato, hacia el ventanal. Descorre la cortina y da un paso definitivo. Va a asomarse a la terraza. Es la primera vez que se aventura en ese luminoso rincón. Después de tres temporadas de penumbra y encierro entre cuatro paredes, después de veintisiete capítulos, más de treinta y seis horas de emisión sin cortes comerciales, los espectadores de la serie de más éxito en la historia de la televisión van a ser testigos por fin, a través de la mirada de la niña que ha encandilado al mundo, del paisaje que existe fuera de la casa. Mientras tanto, en el cuarto de estar de su vivienda en Billings, Montana, Betty Foyles, camarera a tiempo parcial, permanece atenta a los acontecimientos. Sobre la mesa que hay frente al televisor ha dispuesto una frasca de limonada y emparedados de dos tipos: jamón de pavo y pastrami. Ha pedido el día libre. Nadie la va a echar de menos. El diner en el que trabaja, debería estar echando humo en esos instantes. Es viernes, las ocho de la tarde. Un trasiego de hamburguesas, pollo barbacoa y bebidas azucaradas sería lo acostumbrado. Pero no hay nada de eso hoy. Ni un alma. El diner en que trabaja Betty Foyles está tan vacío como todos los demás restaurantes, cafeterías y centros de ocio de Montana y de los otros cuarenta y nueve estados de la Unión. El encargado y el cocinero miran distraídamente la televisión esperando que, tras el desenlace del último capítulo de Boreal Everglades, comience a llegar algún cliente. En realidad, no miran la televisión tan distraídamente. Lo hacen en un ay, con la tensión prendida en el cuerpo, ahogados ante la expectativa de descubrir qué es lo que ha mantenido a la pequeña Suzy un año completo recluida en un apartamento en Manhattan, sin contacto con el exterior y la sola compañía de un gato. Un plano cerrado muestra a la niña y al animal de espaldas. Es una estampa de asombrosa belleza, el final del camino, una imagen épica que podría ser un fetiche, la ilustración en un cartel prendido en cualquier dormitorio de

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