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andéndos

escribir con regularidad, dos veces por semana, una carta a Boles y la respuesta de Boles a Teresa… Esas respuestas me salían muy bien… Ella, a veces, las escuchaba y lloraba a lágrima viva… daba alaridos con aquella voz suya de bajo. Y a cambio de arrancarle las lágrimas con las cartas del imaginario Boles, me arreglaba gratis todos los agujeros de los calcetines, las camisas y demás… Más tarde, unos tres meses después de esta historia, la metieron por no sé qué en la cárcel. Ahora, seguramente, ya habrá muerto”. …Mi conocido sopló la ceniza del emboquillado, miró pensativo al cielo y terminó: “Pues sí… Cuanta más amargura ha saboreado una persona, con mayor violencia ansía el dulce. Pero nosotros esto no lo comprendemos, envueltos en nuestras vetustas virtudes y mirándonos unos a otros a través de un velo de arrogancia y convicción en nuestra infalibilidad absoluta. Resulta bastante estúpido y… muy cruel. Al parecer, la gente perdida… ¿Y qué es eso de la gente perdida? Ante todo, gente, con la misma osamenta, la misma sangre, la misma carne y los mismos nervios que nosotros. Nos hablan de ello siglos enteros, día tras día. Pero nosotros lo escuchamos y… ¡el diablo sabe lo absurdo que es todo esto! En esencia, nosotros también somos gente perdida, y tal vez, incluso muy profundamente perdida... en el abismo de la arrogancia absoluta y la convicción de la superioridad de nuestros nervios y cerebros sobre los cerebros y los nervios de quienes únicamente son menos astutos que nosotros, que fingen peor que nosotros ser buenos... Y además, basta de hablar de eso. Todo ello es tan viejo... que hasta da vergüenza hablar…”.

tw Del libro: Los vagabundos. Ed. Reino de Cordelia, 2012. Maksím Gorki (Nizhny Nóvgorod, 1868 - Moscú, 1936). Este relato se publicó por primera vez el 14 de mayo de 1897 en la revista Nizhegorodski listok (La hoja de Nizhegorod) bajo el título "La carta". En 1899 fue incluido con el título "Boles" en la segunda edición del segundo tomo de De los ensayos y relatos.

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Cuentos para el andén Nº59  

En este número veraniego traemos grandes dosis de penumbra. Sombríos relatos para masticar despacio: de la helada Rusia de finales del XIX d...

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